Hola otra vez :) la verdad me senti inspirada para este capitulo jiji y me gusto mucho, espero que a ustedes tambien! para este capitulo, les recomiendo la cancion let it all go de Birdy, para que la escuchen de fondo :) Muchas muchisimas gracias a todos aquellos que se dieron el tiempo de pasar y agregar la historia a sus favoritos o follows, o simplemente leer :) muchisimas gracias!

Nada me pertenece, todo es de J.K!


Los gritos a su alrededor lo obligan a abrir sus ojos, aunque todo es oscuridad. Se da cuenta que esta recostado sobre fría piedra. Intenta moverse, pero sus manos y sus pies están atados con cadenas. ¿Qué estaba pasando? No tiene noción en su cabeza de lo que está pasando. Escucha los gritos lejos, casi como un susurro llevado por el aire. Intenta recordar. Obliga a su mente a recordar. Un niño. Solo recuerda al niño. Un ahogado sollozo escapa de su garganta. ¿Que había pasado con los demás? ¿Los habrían capturado? Comienza a sentir la desesperación apoderarse de su cuerpo. Hermione. Por Merlín que estuviese a salvo.

Un grito brota de lo más profundo de su alma. Unas cuantas lagrimas le recuerdan que aún está vivo. El corazón se le encoge en el centro del pecho. Vuelve a gritar. Quien lo tuviese apresado, se enteraría que estaba despierto. Tenía que saber lo antes posible que era lo que había pasado. Otro gutural grito. Le dolía la garganta. Le raspaba la sequedad.

De pronto la puerta se abre. El corazón casi se le sale del pecho. Los ojos le duelen cuando intentan acostumbrarse a la luz. Demonios. No podía identificar el rostro de quien lo tenía atrapado en esas frías mazmorras.

- ¿Malfoy? - aquella voz era conocida para sus oídos. Enfoco más sus ojos y la ira se apodero esta vez de sus entrañas.

- ¿Qué significa esto Weasley? - pregunto con la voz ronca.

- ¿Como que significa? - se escuchaba furioso. Expresaba con su voz la rabia que debía estar sintiendo en su interior.

- ¡Me tienen malditamente atado! ¡No debí confiar en ustedes nunca! - comenzó a removerse desesperadamente, mientras las cadenas rasgaban la piel de sus muñecas y sus tobillos.

- ¡Tienes que estar bromeando! - grito Weasley arrodillándose a su altura. Sus ojos se encontraron, los azules del colorín irradiando odio. - ¡Casi la mataste idiota! - "La mataste".

- ¿Que…? - definitivamente no estaba entendiendo nada. Su cabeza comenzó a dar vueltas, su corazón palpitaba dolorosamente, la angustia estaba apoderándose de todo su ser. - ¿De que estas hablando? - Intento sonar calmado, pero la voz le salió estrangulada.

- ¡De que estoy hablando! - entrecerró los ojos. No logro reaccionar cuando el pelirrojo se levantó y lo pateo con fuerza en el abdomen. El dolor se irradio por todas las terminaciones nerviosas, haciéndolo bramar. Otro golpe en sus entrañas y su boca se llenó del sabor metálico de la sangre. Ron volvió a agacharse y esta vez agarro con rudeza sus rubios cabellos, obligándolo a enfocar su mirada en él. - No te hagas el idiota Malfoy, si algo le pasa te juro por mi vida que te matare con mis propias manos – y tan rápido como había empezado su arrebato, lo soltó y salió, dejándolo solo con la incertidumbre, destruyéndolo.

Las lágrimas derramaron sin vergüenza de sus grises ojos. Se encogió lo más que le permitieron las cadenas y dejo que el dolor se apoderara de su ser. Solo tenía dos alternativas. Podría haber estado a punto de matar a Ginny, lo cual sería terrible considerando lo mucho que la amaba su amigo… o a Hermione. Su Hermione. Su mujer. Porque no importaba cuantos años pasaran, no importaba cuanto sufrieran juntos, ni cuánto daño pudiesen hacerse, siempre seria su mujer, siempre la amaría. Y no podría perdonarse haberla herido. No podría perdonarse jamás si la perdiera… lloro, simplemente dejo que el dolor se apoderara de su alma, y deseo, deseo con todas sus fuerzas que fuese una maldita pesadilla…

Un día a la vez. Casi parecía un alcohólico en rehabilitación. ¿Podría simplemente desaparecer? Probablemente nadie se daría cuenta si desaparecía. Podría aprovechar su ventaja y huir antes de que las cosas se pusieran peor. Porque se pondrían peor. El destino de cada uno estaba escrito. Y el suyo era servir a Voldemort. El de Potter era el sucumbir a su señor. El de la sangre sucia era morir… morir. La había estado observando los últimos días después de aquel extraño encuentro en el claro. Resultaba ser una persona intrigante. Siempre tan correcta, tan responsable, tan seria. Podría jurar que la había visto reír apenas 2 veces. Quizás no era tan diferente de el mismo. Había casi memorizado sus movimientos. Cuando estaba nerviosa, cuando estaba enojada, cuando estaba triste, cuando estaba ansiosa… era una mujer no muy difícil de leer, pero al mismo tiempo lograba ser un misterio para él. Sin poder evitarlo había comenzado a dar más vueltas a la biblioteca. Había decidido buscar libros innecesarios. Aunque jamás lo reconociera, le traía algo de normalidad estar alrededor de la chica. Resultaba normal que un adolescente se sintiera atraído por una chica… atraído. Era Granger. Siempre había sido la niña sabelotodo insufrible, con dientes de castor y un arbusto por cabello. Pero resultaba que, a pesar de no vivir de su apariencia, este año había logrado ver el lindo color de sus ojos, el atractivo de sus labios, el embriagante aroma que emanaba de su cuerpo. Y sin querer había comenzado a imaginar si realmente estaba tan falta de curvas como hacía pensar a todos bajo ese uniforme dos tallas más grandes…

Y sin haberlo planeado, ahí estaba otra vez. Detrás de una estantería, observándola como escribía rápido. La mesa estaba en absoluto orden, nada escapaba de su control. Y ahí estaba el, como un acosador observándola desde las sombras. Algunas veces había pensado en acercarse, en hablarle, en conocerla… ¿Estaría volviéndose loco? Era muy probable.

- ¿Alguna vez dejaras de esconderte Malfoy? – se sobresaltó y su corazón comenzó a martillar en su pecho como un carpintero a un árbol. Estaba seguro que el color había subido a sus mejillas. Tenía los ojos abiertos como platos. Nada más vergonzoso que ser descubierto. Respiro profundo, calmo su interior y salió con su porte más frio e indiferente.

- No sé de qué hablas Granger – respondió con su tono más desdeñoso. Ella no había despegado su vista del pergamino, en el que seguía escribiendo rápidamente.

- Te he visto, merodeando en los pasillos… observándome – trago con dificultad y lanzo la risa más falsa de su vida. A pesar de su intento de burla, la joven no dejo de hacer sus cosas, y simplemente sonrió.

- Creo que el egocentrismo de Potter se te está pegando – tomo asiento frente a ella, logrando que por fin despegara su mirada del pergamino y la posara en él. Sus ojos se encontraron, y una electricidad recorrió cada célula de su cuerpo.

- Quizás – volvió a sonreír y eso lo descoloco aún más. Tenía una bonita sonrisa. Se quedaron así largos segundos, con sus ojos fijos en el otro. Disfruto de aquel sencillo contacto. Disfruto de la tranquilidad que lograba sentir en aquella simple mirada. Por Merlín, tenía que salir de ahí. Tenía que arrancar de aquella agradable sensación. Se removió en la silla, y ella reacciono también. Comenzó a ordenar sus cosas, guardar sus pergaminos y sus plumas. Hasta ahí había llegado su acercamiento.

En silencio, tomo uno de los libros sobre la mesa. "Una historia de la magia". Había escuchado los rumores de que la Gryffindor era una verdadera fanática de la obra de Batilda Bagshot, pero parecía ser una obsesión algo mayor. Esbozo una sonrisa.

- ¿De qué te ríes? – pregunto ella estirando sus manos para que le devolviera el libro.

- Realmente te gusta este libro – murmuro observando sus manos estiradas. Eran pequeñas. Podía imaginar la suavidad de su piel. Noto una pequeña dureza en su dedo anular derecho, de tanto escribir.

- Malfoy, devuélvemelo, tengo clases – se había puesto de pie, con aquella expresión de suficiencia. Se levantó con el libro en su mano, escondiéndolo bajo su brazo.

- Puedo devolvértelo otro día – el rostro de ella se desencajo. Frunció el ceño y alargo sus manos intentando tomarlo. Sonrió y lo levanto por sobre su cabeza en un movimiento rápido. La joven se cruzó de brazos y lo miro entre molesta y divertida. A veces podía ser un rostro agradable de ver.

- Dámelo – sin darle tiempo a reaccionar, se lanzó sobre el haciéndolo perder el equilibrio. La caída fue lenta pero dolorosa. Cerro los ojos ante el inminente impacto. Su cabeza choco contra el piso, haciendo un sonido sordo. El dolor se esparció por toda su cabeza. Y ella de pronto estaba caída sobre él. Instintivamente estiro sus manos y la sostuvo de la cintura. Olvido el dolor y enfoco sus sentidos en sus manos. Una cintura pequeña, sus pechos chocaban contra el suyo y su rostro estaba tan cerca. Abrió los ojos y vio su rostro compungido. Sus mejillas sonrosadas. Sus ojos abiertos, brillando. Sus labios entreabiertos dejando que sus alientos se mezclaran. Quizás estaba loco.

Afianzo el agarre a su cintura y dejo que su conciencia se apagara. Dejaría de pensarlo demasiado. La observo unos segundos más. Sus rostros se acercaron más. Ella simplemente lo observaba expectante, sin alejarse. E hizo lo que jamás imagino. Sus fríos y delgados labios encontraron refugio en aquellos pulposos y cálidos. Cerro los ojos y dejo que la sensación lo embriagara. Su corazón latía desenfrenado, sus manos comenzaban a sudar. El aroma a rosas deleitaba sus sentidos. Había besado muchos labios, pero estaba lejos de sentirse así. Con timidez desconocida, acaricio sus labios con su lengua. Y ella accedió. Lo recibió gustosa. La besó con alevosía… con temor de que aquellos labios se convirtieran en una adicción…

La puerta volvió a abrirse y su corazón salió corriendo por ella. Si alguien no le explicaba que demonios estaba pasando se volvería loco. No podría vivir de los recuerdos. Si le pasaba algo a ella prefería morir.

- Ron me dijo que habías despertado – Potter.

- ¿Qué paso?

- ¿No te lo dijo? – el pelinegro se agacho a su lado y lo observo con los ojos entrecerrados.

- No, decidió que era mejor golpearme – ya le pagaría Weasley aquellos golpes.

- ¿No recuerdas nada? – con su varita Harry arranco las cadenas que atrapaban sus manos y pies. Se incorporó rápidamente y corrió hacia la puerta. Pero Harry fue más rápido y la cerró de golpe. – Tenemos que hablar primero Malfoy –

- Weasley viene y me dice que casi mate a alguien… ¿A quién herí? – trato de hablar calmado, pero la angustia se reflejaba en cada una de sus palabras. La mirada que Potter le lanzo le dio la ligera idea de que era lo que había pasado. – Hermione…

- Esta bien… por ahora – la voz del joven sonaba apagada, sin emoción alguna. Sus ojos verdes estaban oscurecidos. Se quitó las gafas y acaricio el puente de su nariz. Pudo ver, entre sus dedos, como gruesas lagrimas mojaban sus manos. El dolor que sintió no tenía similitud ni con un millón de crucius. Entendía como debía estarse sintiendo Potter en aquel momento. Era su mejor amiga, y mientras él había estado en Azkaban, habían sido algo más, se habían refugiado el uno en el otro. Y aunque sentía ganas de matarlo a veces, en este preciso momento lo entendía.

- Quiero verla – Harry alzo su mirada y asintió lentamente.


El dolor era demasiado. Cada parte de su cuerpo estaba doliendo como los mil demonios. Escuchaba voces alrededor, lejos. Escuchaba sollozos. ¿Qué estaba pasando? ¿Dónde estaba? Apenas recordaba correr junto a Ron en busca de Blaise. Eso era lo último que quedaba en su memoria. Y la angustia hacia aparición.

Otro grito brotaba desde lo más profundo de su garganta. Enfoco su cabeza. Tenía que despertar y saber que estaba pasando. Usando las pocas fuerzas que le quedaban abrió los ojos. Todo se veía borroso. Apenas distinguía una pelirroja cabeza sobre ella. Sentía su piel sudorosa. Su pecho subía y bajaba aceleradamente al ritmo de su descontrolada respiración. Su corazón ardía.

- Hermione, por Merlín, has despertado – Ginny la removió con cuidado obligándola a buscar su voz.

- ¿Qué…?

- Shh, no hables, estas muy débil. Iré a buscar a Harry – otra cabeza asomo desde la bruma.

- Nos has dado un buen susto – Blaise. Al menos sabía que Harry, Ginny y Blaise estaban a salvo. Sintió una caricia en su mano y llevo su mirada al otro lado.

- ¿Cómo te sientes? – Ron. Todos estaban bien. Solo faltaba Draco. Su corazón comenzó a estrujarse en su pecho. Él hubiese estado a su lado. Él hubiese estado esperando el momento en que despertara. Si no estaba ahí, con ella, solo podía significar… no, no, no podía pensar así. Harry había prometido que haría lo imposible por mantenerlos a todos a salvo. Pero que promesa podía cumplir su amigo en el estado en el que recordaba haberlo dejado. Cerro los ojos con fuerza, derramando las lágrimas que reflejaban el dolor y la angustia que se apoderaba de su ser. Escucho un par de pasos a la distancia.

- Gracias a Merlín estas bien… - se estremeció ante el sonido de su voz y como la estrechaba entre sus brazos. Estaba ahí. Estaba abrazándola. Sollozo de felicidad. Estaban todos bien. Draco estaba ahí, la estaba abrazando. Como pudo estiro sus brazos y le devolvió el abrazo. Ya no quedaban fuerzas en su interior. Solo alcanzo a escuchar las últimas palabras del rubio antes de que todo volviera a ser negro… te amo.

Entro en el aula con una suave sonrisa. Aunque todo estaba a oscuras, sabía que estaba ahí. Noto como sus manos comenzaban a sudar, y la boca se le secaba. Humedeció sus labios con nerviosismo. Amarro su cabello en una alta coleta. Su corazón se desbordo cuando una mano la jalo a la zona más oscura del salón. Sentía como todo su cuerpo reaccionaba a su presencia. Sin dar tiempo a las bienvenidas, se lanzó a ciegas en busca de sus labios. No tardó demasiado en encontrarlos. Como cada noche que lo besaba, la electricidad acaricio cada terminación nerviosa de su cuerpo, alojándose finalmente en la parte más baja de su vientre. Aferro sus manos a la túnica de él y dejo que sus manos la recorrieran por sobre la ropa. Apenas habían pasado unas horas desde que habían estado ahí, pero para ella había sido una infinidad. Recorrió con sus manos el torso firme, subió con cautela hasta su cuello. Acaricio lentamente con la yema de sus dedos la fría y suave piel de su nuca, notando como se erizaba su piel. Un gemido escapo de sus labios cuando una mano se metió bajo su blusa, acariciando su piel, que de seguro ardía al tacto. No dejo de mover sus labios al ritmo. Se estremecía cada vez que sus lenguas se encontraban. Se separaron despacio unos minutos después.

- Hola – murmuro el contra sus labios.

- Hola – respondió agitada. Sus ojos se encontraron en las penumbras, ambos destellando de deseo. Una sonrisa surco veloz el rostro del joven y no pudo evitar besarla con devoción. No sabía en qué momento, no entendía como había llegado hasta ahí, pero no importaba, porque estaba completa y locamente perdida en aquel joven de ojos grises que lograba sacar los vestigios de locura de lo más profundo de su ser. Se sentía libre, hermosa, única, sensual… se sentía feliz. Por cortos periodos durante el día, se sentía feliz. Olvidaba que afuera de las paredes de la escuela se estaba desatando una guerra. Olvidaba que apenas acabara ese año tendría que salir a luchar. Por unas horas solo eran ellos. Por unas horas todo se sentía completamente normal.

- Te he extrañado hoy – la abrazo con fuerza. Merlín detuviera el tiempo.

- Solo han sido unas horas – boto una suave risa y le devolvió el abrazo con vehemencia. Como amaba el refugio de sus brazos. Aspiro profundo el aroma a menta… como amaba aquellos momentos… como amaba… como lo amaba. Si, lo amaba. Su corazón dio un salto. No podía negárselo. No podía mentirse. Lo amaba. – Te amo… - susurro tan bajo, que apenas creyó que lo había dicho. Pero cuando él se quedó rígido, y su abrazo se aflojo, supo que la había escuchado.

- ¿Qué…? – su voz sonó estrangulada. La soltó lentamente y clavo sus grises ojos en ella. Aun en la oscuridad podía ver el horror surcarlos. Merlín. Acababa de hacer el ridículo. Acababa de romper la pequeña burbuja en la que estaban viviendo.

- Lo siento, no es lo que quise…-

- No. No te disculpes… yo lo siento, no reaccione… - se quedó en silencio largos segundos. Demasiados segundos. Las lágrimas comenzaron a agolparse en sus ojos. Ansió salir corriendo. Y cuando comenzaba a tomar valor, se lanzó sobre sus labios con rudeza. Pero cuando la beso, sintió tanta ternura, tanto cariño. Fue un beso dulce, cargado de ¿amor? La apretó con fuerza, anclándose a ella. Y ella apenas fue capaz de corresponderle tanta pasión. Se separaron y el beso su frente con aun más dulzura – Yo… Merlín, esto no parece tan difícil – dejo escapar una risa vacía. – Yo… yo te amo Hermione – dijo en medio de un suspiro. Su estómago se volcó y su corazón se desbordo de amor. Lo amaba. Llevaba meses amándolo. Y el correspondía aquel amor. Contra todo pronóstico se habían enamorado….

Cuando volvió a abrir los ojos apenas una luz iluminaba la habitación. El dolor seguía penetrante en su abdomen y cada respiración resultaba tortuosa. Intento tragar, pero tenía la boca seca. Carraspeo buscando aliviar el dolor. Se sobresaltó cuando una mano acaricio la suya lentamente.

- Gracias a Merlín despertaste – apenas pudo reprimir las lágrimas. Se removió en la cama, pero el dolor se volvió a apoderar de su cuerpo. Diablos.

- ¿Dónde están los demás? – murmuro sorprendida de que pudiera decir una frase completa sin bramar de dolor.

- No te preocupes por los demás ahora, tienes que descansar – la puerta se abrió y por el rabillo del ojo vio a Ginny. La pelirroja tenía el rostro pálido, aún más de lo acostumbrado.

- ¿Cuánto…? ¿Cuánto he dormido? – tosió con suavidad. El terror se apodero de ella cuando sintió el sabor metálico en su boca. Decidió que no era momento de hablar de aquello.

- Llevas 4 días durmiendo cariño - ¡4 días! Habían perdido 4 días preciados. ¿Qué demonios le había pasado?

- ¿Dónde están los demás? – volvió a preguntar. Intento incorporarse, pero Draco y Ginny se lo impidieron.

- Debes descansar –

- No lo hare hasta saber de… saber de los demás – solo lograban aumentar su angustia. ¿Por qué no le decían de una maldita vez lo que estaba pasando?

- Se fueron, fueron en busca del segundo – respondió el rubio con brusquedad, obligándola a recostarse más cómodamente. De pronto sintió nauseas. Harry, Ron y Blaise se habían ido en búsqueda del siguiente horrocruxe. No podía ser cierto. Morirían ahí fuera, solos.

- ¿Cómo los dejaron ir? – intento sonar enojada, pero no tenía fuerzas.

- Estamos contra el tiempo. Ahora por favor descansa, si no tendremos que darte una poción para dormir– odiaba la rudeza y frialdad con la que hablaba Draco.

Y aunque quiso seguir reclamándoles, el dolor que sintió en la parte baja de su espalda fue demasiado brutal como para siquiera pensar. Lanzo un gruñido de dolor, aferrándose a las sabanas. Sintió como posaban un paño frio sobre su frente, y luego de eso… nada.


Bueno, Harry, Ron y Blaise se fueron por su cuenta... Hermione no parece estar muy bien! Espero que les haya gustado el cap y ya saben, no cuesta nada dejar un lindo review, tanto si les gusto, como si quieren hacer una critica constructiva :) Muchas gracias por leer! :)