Hola! Se que me he tardado bastante en actualizar! Pero esto de tener una nueva vida laboral no me deja mucho tiempo libre! Ademas me habia costado un poco hilar ideas con este bebe. Asi es que espero que les guste. No creo que sean muchos capitulos mas, porque en verdad el final ya va tomando forma en mi cabeza :) Asi es que espero con ansias que nos acompañen hasta el final de nuestros dias. Muchisimas gracias a todos quienes pasaron por aqui, dejaron un maravilloso review para alegrar mis dias, a quienes nos agregaron a sus fav o follows. Gracias gracias a todos :D

Por supuesto nada me pertenece, todo es de nuestra amada, idola J.K. :)

Ahora a disfrutar! Espero que les guste :)


Por mucho que le costara reconocerlo, en lo profundo, Malfoy tenía razón. Deberían haberlo escuchado cuando les "recomendó" esperar hasta que Hermione se recuperara. Pero Harry cegado por la desesperación había decidido no perder más tiempo, obligándolos a salir antes… solos. Tenía miedo. La última vez habían estado a punto de perder a Hermione, y no es que la actual misión fuera mucho mejor.

Llegaron bordeando el claro esta vez, separándose. Le sudaban las manos y apenas podía sostener su varita. Había escuchado muchas historias de su hermano, y por mucho que Harry había enfrentado a uno, no podía dejar de tener miedo. Y es que tener a semejante bestia frente a ti, una y otra vez, lograba destruirte los nervios.

Tomo un par de respiraciones profundas, y se dispuso a hacer su parte del nuevo plan. Observo a la distancia a Blaise, concentrado en sobrevolar el área para lograr al fin atrapar al maldito dragón.

Y en ese momento sus ojos se posaron sobre la criatura. Dormía, y al parecer lo hacía profundamente. Colgando de su cuello, el dorado resplandecía. El bendito relicario estaba ahí, tan cerca, pero a la vez tan difícil de alcanzar.

De su bolso saco una malla de hierro forjado que habían conseguido en un pueblo lejano. La hizo levitar hasta que Blaise sostuvo la otra punta. El moreno la direcciono hasta el otro extremo, donde Harry la recibió. Cayo con todo su peso sobre el dragón.

Suspiro.

Dio un par de pasos hacia atrás.

Pestaño.

Y todo de pronto se ilumino.

El fuego paso rozando donde estaba. El dragón se levantó esplendoroso. Sus ojos rojos le congelaron el alma. Era el momento de salir de ahí.

Echo a correr lo más rápido que sus piernas le permitieron. Sin mirar atrás. Llego hasta el punto de encuentro. Blaise lo esperaba ahí dando vueltas como un animal enjaulado. Harry llego minutos después, con la piel negra.

- ¿Cuándo será el día en el que podamos ganarle a esa maldita bestia? – grazno Blaise metiéndose en la tienda. – Llevamos dos malditas semanas y aún no logramos nada. ¡Tus planes apestan Potter! –

- Si tienes alguna mejor idea, me gustaría escucharla – el niño que vivió, entro en la tienda. Aquí venían de nuevo.

Decidió quedarse fuera de la riña esta vez. Siempre era igual. No lograban acercarse un par de metros y resultaban casi calcinados. Dos semanas llevaban intentándolo. Noche tras noche llegaban al bendito claro. Noche tras noche hacían lo imposible por alcanzar el relicario. Y cuando creían acercarse, resultaban a punto de morir quemados.

Estaba claro que el plan de aquella noche había sido el peor. Pero lo habían intentado y había resultado como lo habían previsto.

Por suerte parecía estar encerrado en una especie de burbuja. Nunca salía de aquel pequeño claro. Pero así mismo, parecía estar rodeado de la más pura magia oscura. Los hechizos eran repelidos. Lo habían intentado en primera instancia. Todo hechizo, incluyendo las imperdonables, rebotaban en una especie de escudo.

Malfoy no les había dicho como irrumpir en aquel escudo. No les había dicho como vencer al dragón ni menos como obtener el relicario. Cada día que pasaba comenzaban a desesperarse más.

Harry salió de la tienda con evidente molestia. Había dejado de escuchar los gritos hace mucho. No le interesaban las peleas entre ellos.

- Ese idiota cree que es muy simple – bramo el ojiverde tomando asiento en el húmedo suelo. El simplemente se había mantenido de pie, observando el bosque.

- Tu decidiste salir apresurados Harry, al menos deberías haber tenido un plan – se sentó junto a su mejor amigo.

- ¿Qué querías que hiciera? ¿Qué me quedara esperando a que Hermione milagrosamente se mejorara? No sabíamos cuánto tardaría – se justificó. Observo a su amigo y sintió lastima de él. Con esta guerra lo había perdido todo. No llego a conocer a sus padres, a todos aquellos que habían sido una figura paternal, a las mujeres que había amado. Todos parecían estar condenados a su lado. El destino parecía querer verlo solo por siempre.

- Debes comenzar a escuchar a los demás Harry. Todos queremos ayudar – le dio unas palmadas en la espalda y noto como este se encogía sobre su propio cuerpo.

- Estoy cansado Ron. Todos esperan que destruya los malditos horrocruxes, y esperan que mate a Voldemort… - suspiro y se quitó las gafas. – No puedo hacer todo lo que esperan de mi – su voz se quebraba poco a poco.

- No esperamos que hagas todo solo. Estamos contigo, queremos ayudarte, queremos ser tu apoyo Harry. Debes dejarnos hacer las cosas, tu eres el que importa para matar a Voldemort, pero el resto podemos hacerlo nosotros – se acercó un poco más y lo abrazo. Entendía lo destruido que comenzaba a sentirse su amigo. Habían dado todo por esa guerra, y no recibían nada a cambio más que perdidas, miedos y tristezas.

- A veces solo quiero huir Ron, a veces solo quiero desaparecer y olvidarme de todo –

- Lo sé, es lo que todos queremos Harry – respondió condescendiente. Se quedaron en silencio. Apenas se oían algunos animales en el bosque.

Los pasos de Blaise se escucharon fuera de la tienda. El moreno se veía arrepentido. Era un buen muchacho. Le agradaba. Y amaba por sobre todo a su hermana.

- Le escribí una carta a Draco. Necesitamos su ayuda, y estoy seguro que Hermione ya debe estar bien – murmuro con un pergamino entre sus dedos. Se puso de pie y se acercó a él. Unas palmadas al hombro y le quito la carta. Necesitaban un momento a solas para arreglar lo que fuese que se había quebrado en la tienda.

...

Habían pasado dos semanas desde que se habían ido y apenas habían recibido una carta. Hermione no les dirigía la palabra. Estaba enojada creyendo que habían sido ellos quienes los habían dejado ir solos. Y estaba sobre todo enojada con él, porque había decidido quedarse con ella, en lugar de acompañarlos.

Abrió la vieja puerta que daba al "dormitorio" de la castaña. La encontró sentada junto a la ventana, leyendo uno de sus tantos libros. Le había explicado que el relicario estaba protegido por un dragón, quien a su vez estaba protegido por antiguos hechizos, todos plagados de la más oscura magia.

- La cena esta lista – a eso había llegado su relación. Un par de palabras al día sobre las comidas. Parecía que de un momento a otro todo se había enfriado. Ella lo observo y asintió. Se sintió desvalido ante aquella castaña mirada. El fuego que habían parecido revivir aquel día antes de partir a todo esto, estaba frio. Al parecer se había extinguido después de que casi la había matado.

- Malfoy – escucho antes de dar la vuelta y desaparecer. Le había hablado. Su estómago había dado un vuelco con aquellas simples palabras.

- Dime – respondió sin mirarla, tratando de parecer frio. Pero a quien quería engañar. Las palabras quemaban en su boca cuando de ella se trataba.

- ¿Han tenido alguna noticia? – cerro los ojos y suspiro. Solos era eso. Solo quería saber de sus amigos. De su Potter. Estúpido san Potter.

- No – no le dio tiempo a decir más. Emprendió el camino de vuelta a la cocina.

¿Qué era lo que esa mujer quería de él? Lograba destruir sus defensas. Con solo decir su nombre, o su apellido, lograba desarmarlo. Aun no tenía noticias de su hijo, y entendía que no las tendría hasta que todo acabase, pero por Merlín. Ella lo había traicionado. Lo había enviado a Azkaban. Había entregado a su hijo. Le había ocultado la existencia de su hijo. Apenas había sobrevivido en Azkaban, gracias a los recuerdos de lo que alguna vez habían vivido. Entregado a jamás volver a vivirlo. Había asumido su muerte. Había asumido que jamás volvería a tenerla cerca, que jamás volvería a besar sus labios, que jamás volvería a beber de su esencia. Lo había asumido.

Y aquí estaba ahora. A pasos de ella. Concediéndole espacio. Asumiendo culpas que no eran suyas. Dejándose pisotear. Dejando que ella ganara aquella silenciosa batalla. Que se fuera a la mismísima mierda.

La vio entrar en la cocina engreída como últimamente parecía vivir. Intercambio miradas con la pelirroja y decidió alejarse de ella. Quería espacio. Pues bien, tendría muchísimo espacio. No alcanzo a llegar a la puerta cuando una lechuza atravesó la falsa ventana directo a sus manos.

- Es de Blaise – el rostro de la pelirroja se ilumino. Extendió rápidamente el pergamino y comenzó a leer en voz baja. Tal y como sospechaba. – Necesitan algo de ayuda. ¿Te sientes bien para viajar? – pregunto sin interés a Hermione.

- Te lo dije hace días – respondió ella de la misma forma. Como le daban ganas de asfixiarla en ese momento.

- Bien, empaquen sus cosas entonces –

...

Se aparecieron a un par de metros del claro. Blaise les había dado las indicaciones desde ahí. Tendrían que estar con los ojos muy abiertos. Dio la vuelta y observo al dragón, profundamente dormido. Se le erizo la piel de solo verlo.

- Vamos, no nos demoremos – la voz de Draco era autoritaria. Y, sobre todo, fría. Al parecer estaba molesto con ella. ¿Con que cara se enojaba con ella? Había mandado a sus amigos a una muerte segura y encima casi la mata a ella misma. Lo último podía perdonárselo, pero debería haber sido más hombre y haber ido con Blaise y los demás.

Cruzo su mirada con la de Ginny, quien la observaba de la misma forma que Draco había hecho. ¿Por qué estaban tan enojados con ella? No había hecho nada. Ni que le importara tampoco.

Tardaron poco en encontrar el campamento improvisado de los chicos. La emoción la desbordo cuando pudo abrazar a sus amigos. Ron y Blaise la asfixiaron al ver que estaba bien. Harry fue más cauteloso. El abrazo fue largo, acaricio su espalda con ternura y le beso la coronilla con absoluta devoción. Se sintió incomoda al sentir la profunda mirada de Draco.

- Me alegro que estén bien – susurro al ojiverde, quien no soltaba el abrazo.

- Yo me alegro que tu estés bien. Nos diste un buen susto. No sé qué haría sin ti – murmuro el a su vez, apretando el abrazo.

- Harry… - se estaba sintiendo más incomoda a cada segundo que pasaba. Y el que Draco pasara por su lado y los golpeara con el hombro, no ayudo. Pero al menos logro que se separaran.

- Bien, armaremos otra tienda y veremos qué hacer con ese maldito animal – la voz del rubio era profunda. Estaba molesto. No hacía falta conocerlo para darse cuenta.

Cuando la noche se hizo aún más profunda, y luego de hablar largo y tendido sobre lo que harían, decidieron irse a dormir. Mañana sería un largo día.

Entro en la tienda que compartiría con Ginny. Habían decidido que los chicos durmieran en una y las chicas en otra. Se colocó el pijama y se metió en la cama cubriéndose hasta la cabeza.

Estaba insegura. Tenía miedo de todo lo que estaba pasando. Tenían que vencer a un dragón al día siguiente, y ella solo podía pensar en Draco. Apenas le había dirigido una mirada en la cena improvisada. Ahora que estaban todos juntos, no tenía mucho motivo para seguir enojada.

Sintió los pasos de Ginny, y decidió hacerse la dormida. No quería hablar con nadie. Solo quería dormir y despertar cuando todo hubiese acabado. Los pasos se escuchaban pesados. Abrió levemente los ojos para que no se notara y se sorprendió de encontrar a Draco sentado junto a la mesa, bebiendo un trago.

Trago con dificultad. Llevaba la camisa abierta, dejando a la vista cada uno de sus impecables músculos. Su piel pálida relucía a la luz de la única vela dentro de la tienda. El cabello le caía desordenado sobre sus grises ojos y se veía concentrado en un punto cerca de ella. Diablos.

La estaba mirando a ella. Fijamente a ella. Bebió un sorbo de su vaso y se puso de pie. El corazón comenzó a latirle desbocado. Sentía un agujero en su estómago. Cerro los ojos con fuerza y sintió como su respiración se volvía irregular.

- Sé que estas despierta – susurro recostándose a su lado. No abrió los ojos. Solo se deleitó con el aroma embriagador que emanaba. Deposito una de sus manos en su cintura, aun sobre la ropa de cama. Sintió piel arder ahí donde él la acariciaba.

Aun con los ojos cerrados, sintió como apoyaba su cabeza junto a la de ella. A pesar de los años que habían pasado, seguía sintiendo esos nervios cuando él se acercaba, cuando la acariciaba o simplemente se dedicaba a mirarla demasiado. Tenía ese efecto que jamás lograría con nadie más.

Se mantuvieron en absoluto silencio. Simplemente escuchando la respiración del otro. Parecía una sencilla ilusión, estar recostados uno al lado del otro. Habían pasado años desde que habían disfrutado de aquella paz.

- Mañana será un gran día – murmuro el rubio sin llegar a romper la atmosfera que se había creado. Bajo un poco la ropa de cama dejando al descubierto su rostro. Sus ojos viajaron hasta los de él, deseando poder perderse en ellos.

- ¿Crees que funcionara? – pregunto con un ligero temblor en la voz. Tenerlo tan cerca le ponía los nervios de punta.

- La verdad, no sé qué esperar – no habían roto el contacto visual.

Con el corazón latiendo fuerte, se dio cuenta como Draco comenzaba a romper la poca distancia que los separaba. Que la besara, solo necesitaba un beso. Sus alientos se entremezclaban. La embriagaba su aroma a menta mezclado con el alcohol. Estaba tan cerca. Su respiración se volvió aún más irregular.

Y el parecía tan tranquilo. Trago con dificultad cuando rozo sus labios. Por merlín, que bien se sentía simplemente un roce. El mundo tembló a su alrededor cuando con fiereza ataco sus labios.

Era como estar bebiendo de un oasis en un desierto. Sentía como si volara y fuera en caída libre. No espero a que el pidiera permiso. Abrió su boca y lo dejo entrar, acariciar su lengua y cada recodo de su cavidad. Agradeció a dios haber estado recostada, sino habría parecido gelatina entre sus brazos.

Se sentía tan natural a pesar del tiempo que había pasado. Sus manos se aferraron a su cabello, deleitándose en su suavidad. En su cabeza pasaban un millón de imágenes de todo lo que habían vivido durante tanto tiempo, y de todo lo que habían sufrido durante otro tiempo.

El afianzo su agarre en su cintura y la obligo a rodar, dejándola recostada sobre su cuerpo. Se sentía segura en sus brazos. Sentía paz en medio de una guerra. Sentía que no había nada que pudiera dañarla si él estaba ahí, abrazándola como en ese momento.

Pero esa seguridad no podría ser para siempre. Su momento acabaría junto con la guerra. Cuando el decidiera que necesitaba ver a su hijo, conocerlo y vivir con él. ¿Qué se supone que haría? Su corazón se estrujo dolorosamente. No habían dejado de besarse y acariciarse.

Pero tuvo que detenerse. No podía seguir si eso significaría volver a romper sus corazones. No había forma en que él la perdonara. Y tampoco esperaría semejante acto de su parte. Ella jamás podría perdonarse.

- ¿Qué ocurre? – pregunto el moviéndose un poco, dejándole sentir cuanto había ansiado tenerla así. ¿Qué debía hacer? ¿Dejarse llevar o detenerse antes de que fuera demasiado tarde?

- No… - susurro con la voz entrecortada. Estaba excitada hasta el cielo, y lo deseaba más que nunca. Pero sabía que si daban ese paso no habría vuelta atrás. Habría sacado a su corazón de aquella jaula, le habría entregado todo, una vez más. Y cuando todo acabara, volvería a sentirse desolada y rota.

- Sé que ha pasado… - comenzó a besarle el cuello. Contra su voluntad, escaparon jadeos y suaves gemidos, que solo lograron animarlo más. – Tiempo – enterró sus dedos en su trasero haciéndola gemir más sonoramente.

- Por favor – puso sus manos en su pecho, y logro incorporarse, quedando a horcajadas sobre él. No es que esa posición lograra mejorar sus ansias de hacerle el amor. Se estremeció de solo pensar en volver a besar cada recodo de aquella suave piel, de imaginar volver a sentirlo en ella, volver a alcanzar la cima con él.

- Te deseo Hermione, te he deseado cada noche que dormí en esa maldita celda, te he deseado desde que llegue aquí, te he deseado siempre y solo quiero volver a sentir que eres mi mujer – un escalofrió la recorrió gracias a sus palabras. Merlín sabía que quería ser su mujer, que quería ser suya siempre. Pero opto por lo que sabía era lo mejor.

- Hay cosas que no sabes – se liberó de él y se levantó nerviosa. El solo la dejo y la observo desde su posición en la cama. No se veía molesto, simplemente contenido.

- No hay nada que pueda alejarme de ti, te lo dije hace años… te amo, y si tuviera que luchar contra el mismísimo Voldemort por ti, lo haría sin pensarlo dos veces, daría mi vida y todo lo que soy por ti – cerro lo ojos con cada palabra. Se había levantado y había llegado hasta ella, abrazándola. No pudo evitar que las lágrimas derramaran de sus ojos. Hacia tanto que había deseado estar así. Se soltó de su agarre y se sentó en la otra cama.

- Te entregue al ministerio, pasaste dos años de tu vida encerrado en esa celda, ibas a ser sacrificado… ¡Te oculte la existencia de nuestro hijo! – se estaba desesperando. Todo sería más fácil si el simplemente la odiaba. – Te he hecho daño en innumerables ocasiones, más de las que yo podría contar – ya no reprimía su pena. Lloraba con sonoros sollozos. El solo la observaba de pie en medio de la carpa, con el rostro inalterable, pero su mirada cargada de un fuego desconocido.

- Si, hiciste todo eso, pero también me hiciste feliz, más de lo que podría haber imaginado Hermione. – intento acercarse a ella, pero logro escabullirse.

- ¡Se supone que deberías estar odiándome! ¡No amándome! – grito ya fuera de sí. Se agarró los cabellos desesperada. – Por favor, por favor te lo pido… solo ódiame – susurro en medio de las lágrimas. Cerro los ojos con fuerza.

- Estoy aquí, ayudando a Potter por ti, por nuestro hijo, porque ansió el día en que esta estúpida guerra acabe para poder ser una familia, poder despertar a tu lado, jugar con mi hijo, llevarlo a dormir, y hacerte el amor cada maldita noche – su voz ya no sonaba imparcial. Estaba cargada de furia. La culpa la devoro desde el interior. Nada de lo que él estaba soñando podría ser. Y, aun así, lo necesitaban.

- No quiero volver a decepcionarte – eso era verdad. No quería volver a romper su corazón como había hecho tantas otras veces. La verdad que le esperaba sería peor que ser condenado al beso del dementor.

- Solo déjame vivir esta ilusión contigo, el tiempo que tenga que durar – se acercó lento y la abrazo. Y esta vez solo se dejó abrazar. ¿Qué más podía pedir?

La obligó a alzar la mirada. Deposito un suave beso en su frente, y luego en sus labios. Podía sentir la devoción que desprendía en cada acto. ¿Qué tenía ella, que había hecho ella para enamorar a Draco Malfoy? Lo había sacado de su zona de confort y lo había hecho sentir. Y no lo merecía.

- Te amo Hermione, y no importa que, siempre lo hare – susurro antes de recostarla en la cama y acurrucarla entre sus brazos. Lloro hasta quedarse dormida, con el corazón desecho. Las cosas serían más difíciles si él se empeñaba en demostrarle tanto amor.


Eso ha sido por hoy. La verdad habia pensado muy diferente el capitulo, sobre todo el final, pero entenderan que a veces las palabras simplemente fluyen y van tomando forma :) Puedo confesarles que amo a mi Draco jaja no se que pensaran ustedes, pero si Draco hiciera todo eso por mi y medemostrara todo ese amor, es que yo ya me habria derretido. Si hay algun/a fans de the vampire diaries, el comienzo de la escena en la carpa lo imagine como la famosa y gran escena del motel de Elena y Damon... Es que los amo jeje Espero les haya gustado! y ya saben jeje No olviden dejar su review un poco mas abajito jeje