Hola otra vez :) Me he portado bien e intento ponerme al dia con mis historias jeje porque la verdad las he extrañado mucho. Quiero primero que todo agradecer sus reviews, follows, favorites, o el sencillamente pasar a leer anonimamente :)
Primero que todo, quiero a modo general decir que entiendo cuando dicen que Draco perdona demasiado facil a Hermione y que ella es muy mala... y no ha sido todo lo mala que puede ser con el :( Pero tienen que entender que este hombre esta entregado al 100000% a ella, cegado por el amor, creo que a mas de alguno alguna vez le ha pasado... a mi tambien me da penita, y quiero lamentablemente decirles, a modo de spoiler, que sufrira mas todavia :/
Bueno, no digo mas, solo los dejare disfrutar de este capitulo. No se cuantos mas queden, pero no creo que sean muchos mas. Espero que les guste :)
Por supuesto todo pertenece a J.K :)
- Bien, ya que todos tienen claro lo que tienen que hacer, reúnan sus cosas - estaban sentados en la improvisada mesa de la tienda, tomando un ligero desayuno.
Cuando había despertado aquella mañana, estaba solo. Al salir a buscar a Hermione, la había encontrado con Potter, muy juntos conversando. Cuanto le había molestado. Odiaba tanta cercanía entre ellos. Odiaba que él hubiese osado acercarse a ella de forma amorosa.
Pero se había contenido. Sabía que en el fondo Hermione lo amaba. Bendito Salazar, debía estar revolcándose en su tumba al darse cuenta que el gran Draco Malfoy, defensor de los sangre pura, acérrimo enemigo de los sangre sucia, el descendiente más puro que pudiese haber en su casa, estaba profundamente enamorado de una sangre sucia. Profunda y locamente.
¿Qué era lo que esa mujer había hecho con él? Le había destruido todas las defensas. Lo había obligado a suplicar. Lo había destruido y reconstruido a su antojo. Era su dueña, ya no sabía lo que era vivir sin ella. Podría perdonarla una y mil veces. No importaba lo que hiciera, siempre tendría su corazón en sus manos.
Por eso había mantenido la paz. Quería demostrarle que era digno de ella, de su hijo, e incluso de sus amigos. Quería enamorarla cada día hasta el último de su vida. No quería vivir arrepentido de lo que no había hecho por retenerla a su lado.
Que patético sonaba en aquel momento en su mente.
Sacudió la cabeza, obligándose a recobrar la compostura. Tenían mucho trabajo por delante. Esa noche era importante. Si lograban destruir el relicario esa noche, solo quedaría la tiara. Ya le había contado a Potter acerca del diario que había destruido en segundo año, y el anillo que el viejo había encontrado antes de morir.
Después de eso, Voldemort había tomado precauciones. Y él, cómo mano derecha, lo había acompañado. Habían viajado por lugares impensados para lograr recuperarlos todos, y reubicarlos. Evidentemente antes de que su amado señor supiera que lo estaba traicionando.
Solo quedaban 3, y después de eso la parte más difícil. Matar al propio Voldemort. Pero eso se lo dejaría a Potter, ya ahí dejaba de ser su problema. Él había cumplido su parte del trato. Esperaba que el ministerio cumpliera la suya.
- ¿Están listos? – pregunto cuando se reunieron fuera de la tienda. Estaban listos para realizar un pequeño viaje.
- Mas que listos – murmuro Blaise con una sonrisa junto a la pelirroja.
- Entonces, ya todos saben dónde ir y que buscar – volvieron a asentir, esta vez en silencio. – Al atardecer nos reuniremos aquí mismo –
Se acercó a Hermione, dispuestos a desaparecerse, pero Potter y Weasley se acercaron. Ginny y Blaise ya habían desaparecido.
- Creo que es mejor que tú vayas con Harry – murmuró la castaña con voz de ultratumba. Sabía que la idea no le gustaría nada. En efecto, la idea no le gustaba nada.
- Seremos más rápidos – contrataco fríamente. Esta situación comenzaba a cansarlo.
- Por lo mismo, así quedamos en igualdad de condiciones en caso de cualquier eventualidad – siempre tan correcta. Como la detestaba en momentos como estos.
- Como quieras. Ven Potter – estiro la mano. Una repulsión innata lo envolvió cuando tuvieron contacto.
Y vino la desagradable sensación de aparecerse.
Potter, como el inútil que resultaba ser, cayó al suelo. Comenzó a caminar dejándolo atrás. No tenían tiempo que perder, y mucho que buscar.
Si todo resultaba, esa noche tendrían la opción que su tía Bella le había enseñado años atrás. Una poción capaz de destruir cualquier cosa. La había inventado ella, y como todo lo que ella inventaba, resultaba letal.
Las horas pasaron, caminaron más de lo que le habría gustado. Pero finalmente lo encontraron. Un erumpent en todo su esplendor dormía sin inmutarse de la presencia de los dos magos. Tendrían que actuar rápido. No debían darle tiempo a replica, sino, estarían perdidos.
Blandió su varita en silencio, realizando el hechizo no verbal. Era un pequeño erumpent, por lo que no debería ser difícil inmovilizarlo. Solo necesitaban un poco de fluido explosivo para la poción y todo iría bien. Saco el frasco del bolso y se acercó lentamente.
La bestia abrió los ojos, pero no se movió. Extendió su mano con mucho cuidado, demostrándole que no le haría daño. Potter lo seguía de cerca, observando cada movimiento.
Saco una pequeña navaja y la escondió entre sus mangas. La bestia lo observaba con detenimiento, pero sin intenciones de atacar.
Eso al menos, hasta que Potter decidió apuntarlo con la varita y hacer crujir las ramas bajo sus pies.
El erumpent se alzó en toda su altura y lanzo un gruñido que resonó por metros a la redonda.
- Quédate quieto – ordenó en un susurro, sin mover un musculo. Idiota Potter. Mataría a Hermione por haberlo enviado con semejante inútil.
Después de gruñir y saltar en su lugar, marcando su territorio, se volvió a recostar. No dejaba de mirar a ambos magos. El corazón le latía desbocado. Era una situación en extremo peligrosa. Pero no algo que él no pudiera manejar. De lo contrario ni habría pensado en ofrecerse. Pero habría sido más fácil con alguien más inteligente y rápido de su lado. Pero tenía a Potter.
- Baja la varita y quédate quieto – se terminó de acercar al animal, estirando la mano. Cuando volvió a cerrar los ojos, supo que podía acercarse sin miedo.
Había sido fácil. Un corte del cuerno y obtuvo lo que necesitaba. Con mucho cuidado lo reforzó y lo guardo en el bolso.
Eso había sido fácil. Quizás demasiado.
Cuando escucho un galope, supo que había cantado victoria demasiado rápido.
- ¡CORRE! – grito a Potter, mientras el hacia lo suyo. Suerte que tenía piernas largas.
Detrás de ellos, un erumpent adulto, probablemente la madre del pequeño, los perseguía sin darles espacio a pensar en aparecerse. No podía arriesgarse a una despartición.
Miro atrás y vio que Potter estaba a metros de ser alcanzado por la madre, y si eso resultaba, sus esperanzas se iban al tacho de la basura. Por el que lo hiciera explotar en mil pedazos, pero nadie le perdonaría haber perdido al gran Elegido.
Disminuyo la velocidad. Se arriesgaría con lo que haría, pero era lo único que se le ocurría. Cuando Potter llego a su lado, tomo su mano y echo a correr aún más rápido. En un ágil movimiento, lanzo una daga por sobre su hombre, con tal experticia que quedo incrustada en el cuerno de la bestia, que lanzo un gruñido ensordecedor.
La explosión los lanzo metros lejos de la bestia, que exploto en cientos de pedazos en el aire. Cuando los restos de sangre llegaron a ellos, sintió que vomitaría. A lo lejos escucho el grito desgarrador del pequeño que acababa de quedar sin madre. No era una escena linda de ver.
- Gracias… - jadeo el idiota con una sonrisa.
- No lo agradezcas. No era la idea matar a ninguno de ellos. Si hubieses sido más veloz y menos idiota, no tendría que haberlo hecho – grazno poniéndose de pie y caminando en círculos. Estaba harto de que el mundo pusiera su vida en las manos de un mago de cuarta, que apenas sabia los encantamientos básicos para aprobar los TIMO's.
Estaba harto de que Hermione creyera en el idiota ciegamente, sin darse cuenta que de no ser por él, seguirían donde estaban hace un mes atrás.
- No me culpes a mí, a ti se te ocurrió esta genial idea – volteo bruscamente. Apretó la mandíbula y los puños, calmándose. No quería lanzarse y molerlo a golpes, aunque era más que evidente que le estaba costando contenerse. Sobre todo, con aquellos perspicaces comentarios.
- Claro, había olvidado que en dos semanas habías hecho tanto. Deja de joderme Potter – saco su varita y le estiro la mano. Ya estaba por llegar la noche y tenían que volver. La poción tardaba un día. Y tenía que ponerse a trabajar rápido si quería estar listo para el día siguiente.
Finalmente habían logrado reunir todo lo necesario. Draco estaba dispuesto a realizar la poción, mientras el resto seguía desarrollando el plan para evitar cualquier error.
Pero ella solo necesitaba un momento a solas. Estaba cansada. Llevaban años en una misión perdida, y ahora cuando por fin veían la luz, estaba limitada al hombre al que tanto daño había hecho.
Se había enamorado de Draco Malfoy como jamás creyó que podría amar a alguien. Suena cursi, y probablemente si él no hubiese vuelto a su vida, algún día podría haber encontrado a otro hombre que la hiciera feliz y la amara. Pero el siempre sería el recuerdo presente de la etapa más dolorosa de su vida.
Camino por el borde de los hechizos, sin alejarse demasiado. Todos estaban dentro de la tienda, así es que tenía un tiempo.
Su mente divagaba entre su hijo y el padre de su hijo. Habrían podido ser una familia feliz, quizás en otra época, en otro lugar, en otro mundo. Las lágrimas asomaron y amenazaron con delatar la pena que cargaba en su corazón.
Recordar era doloroso. Pensar en contarle a Draco era doloroso. Cada día sentía más la ausencia de su pequeño, y cada día se culpaba un poco más de lo que había pasado.
La noticia había llegado rápido al cuartel. Se levantó corriendo, apenas coordinando las piernas. Las lágrimas corrían como ríos por sus mejillas. El corazón parecía a punto de salir de su pecho. ¿Qué había pasado? No podía ser cierto.
Todo lo que podía pensar, era en que no podía ser cierto. Habían luchado por mantenerlos a salvo, y ella con su testarudez lo había arruinado todo. Si era lo que Harry había dicho, jamás se perdonaría.
Llego a la cocina donde estaban todos cubiertos de hollín y algunas magulladuras. Se acercó a Harry, se lanzó a sus brazos y suplico. Suplico porque le dijera que todo era una pesadilla.
Pero las lágrimas en los ojos de su amigo le confirmaron lo que no quería creer.
Había oído del ataque de mortifagos a un pequeño pueblo en las afueras de Madrid, donde habían ocultado por última vez a su hijo, antes de volver a reubicarlo. Un incendio había arrasado con todo… con todos.
Cayo de rodillas al piso, gritando, bramando de dolor. Podía escuchar como su corazón se iba partiendo en dolorosos trozos que jamás se volverían a unir para latir otra vez. Boto lo que había cenado aquella noche, y quizás incluso el almuerzo.
Harry se arrodillo a su lado y la abrazo. Cuanto dolor podía soportar una persona antes de morir. Porque no creía aguantar demasiado.
Su hijo, su pequeño al que había entregado para evitar esto, estaba muerto. Muerto…
Se abrazó a sí misma en medio de los recuerdos. No había lagrimas que pudieran devolverle a su hijo. Recordaba haber ido al pequeño pueblo. Eran solo escombros. Fue directo hasta donde debería haber estado la casa de seguridad. Seguridad. Que palabra más falsa en aquellos tiempos. No había nada seguro, no había nadie confiable.
Se sentó sobre una roca al borde del límite donde la mantenían protegida los hechizos. Draco soñaba despierto con su hijo. Habría deseado ser honesta con él. Pero la necesidad tiene cara de hereje, como decía su abuela.
Lo necesitaban, y el único precio que él ponía era conocer al pequeño Malfoy. Algún día sabría. Y ese día quizás sería su final. Porque estaba segura de que él se encargaría de estrangularla con sus propias manos. Y no podría esperar con más ansias ese momento.
La distrajo una luz a lo lejos. Cerca de donde yacía el Dragon dormido. Miro hacia atrás. Podría ir a buscar a los demás, pero decidió ir a investigar por su cuenta. Saco su varita y cruzo los límites de protección. Volvió la mirada y no vio nada…
Camino un trecho no muy largo.
Un suspiro la hizo detenerse. ¿Qué demonios? Que estúpida había sido. Apretó la varita y dio una vuelta sobre sus pies, buscando el origen del sonido. Obligo a su corazón a calmarse, no quería que sus latidos o su respiración agitada delataran su posición.
- Hermione… - aquella voz. Que bien la conocía. Un escalofrió recorrió su cuerpo y la hizo tensarse. No movió un músculo.
- ¿Qué… qué haces aquí? – susurró con la voz quebrada. El miedo se había apoderado de ella. Si él estaba aquí, lo sabían. Y estaban soñando con poder destruir el relicario.
- Vengo por ti… - su voz apenas le acariciaba el oído. Pero podía sentir el aroma de su piel cortando el aire. Arrebatándoselo a sus pulmones. Estaba perdida. Este definitivamente era su fin.
- Theodore… - pero fue muy tarde. Ya la había atrapado desde la espalda, tapándole la boca. Intento lanzar un grito, pero no le salía la voz.
La volteó entre sus brazos. Y entre la oscuridad encontró sus electrizantes ojos. Merlín cuantos años habían pasado. Todo su cuerpo estaba en tensión, incluyendo su corazón.
- Tengo una propuesta para ti, que te interesará mucho – estaban tan cerca que su aliento golpeo su rostro. Aquel aroma mezcla de alcohol y tabaco que tanto había odiado.
- No tienes nada que pueda interesarme – se removió entre sus brazos, sintiendo como se le erizaba la piel al contacto. – Suéltame
- Sé que Draco está contigo – desvió la mirada y trago con dificultad. – Se lo que están haciendo.
- No sé de qué hablas… ¡Suéltame! – el grito salió ahogado, tembloroso. No tenía defensas.
- Calla mujer, no querrás perder tu oportunidad – volvió a mirarlo. Atravesó su mirada, buscando algo del viejo Theo. Había hielo en su mirada. Estaba vacío. Tan vacío y quebrado como todos los que estaban en esa maldita guerra. Quizás más. Voldemort lo había corrompido hasta convertirlo en su mejor hombre. Todos temían de él. – ¿Confías en mí?
¿Qué clase de pregunta era esa? Claro que no confiaba en él. Era una maquina asesina. La había encontrado, y no dudaría en entregarla.
- Déjame ir – susurro suplicante.
- ¿Sabes cómo me sentí cuando me enteré, querida? - como odiaba cuando la llamaba así. Como odiaba cuando su corazón saltaba en su pecho con sus palabras.
- ¿Enteraste…?
- De tu affaire con Malfoy – volvió a desviar la mirada. Otra cosa que añadir a su lista de heridas a Draco.
- No…
- No intentes negarlo. Tenemos pruebas… la más verdadera y real prueba – le dolió el cuello de tan rápido que volteo a mirarlo. Él había estado implicado. Él había sido parte del ataque a su hijo. Solo así podría haberse enterado de su relación con Draco, y del fruto de esta. Su bebé era la única prueba real de ese amor vivido.
- Maldito hijo de puta – lo empujo con todas sus fuerzas, pero ni con eso fue suficiente para zafarse de él.
- Confía en mí, maldita sea –
Y antes de que pudiera protestar, habían desaparecido.
Y para aquellos que tenian miedo de lo que habia pasado con el pequeño Malfoy... si, esta muerto u.u... la peor parte sera cuando Draco se entere, imaginense como se rompera su corazoncito :( lo pienso y me dan ganas de que no este muerto :(
Espero que les haya gustado el cap, y ya saben... pueden pasar a dejar su review :) jeje
Nos vemos en un proximo capitulo, que espero no pase demasiado tiempo!
Besos y abrazos, y gracias por pasarse :)
