Hoooooola a todos! Aquí os traigo un nuevo capítulo! Sinceramente, no recuerdo cuando publiqué los cuatro capítulos como especial, pero creo que ya era hora de publicar un nuevo capítulo. Ahora que tengo trabajo a hacer y que el ordenador me vuelve a dar problemas hace que no pueda escribir mucho, pero al menos me esforzaré! Bueno, este es uno de los capítulos que más me gustó escribir, y si habéis resuelto el misterio que rodea esta batalla, mis felicitaciones, y sinó, espero que os sorprenda. Y sin más demora, que comience el capítulo!
Capítulo 44: La historia de mi padre
FIN DEL FLASHBACK
-Hah…hah…hah…-jadeaba Seguru corrompido por la espada tras haber atacado a Heiji.
El joven se encontraba en el suelo sin moverse. Kazuha ya se imaginaba lo peor.
-Heiji!-gritaba preocupada Kazuha intentando ir a ayudarle.
-No vayas, Kazuha!-le detenía su padre cogiéndola del brazo-O es que acaso quieres morir!?
-Suéltame!-le pedía ella llorando-No voy a dejar que él muera!
Seguru miró a Heiji que aún estaba quieto.
-Esto es lo que pasa cuando das falsas promesas a tu amor que no podrás cumplir-le decía Seguru habiendo recuperado algo de su razón-Pierdes lo que realmente amas delante de tus ojos y el odio te carcome tú interior. Yo obtuve esta espada para poderlo extraer, pero acabó sacrificando mi humanidad y no pude conseguir recuperar lo que perdí en el pasado. Si sigues así acabarás solo y corrompido por el poder.
-Lo siento viejo, pero no voy a acabar como tú!-se levantaba Heiji.
-Heiji!-decía esperanzada Kazuha.
-Porqué!?-gritaba furioso Seguru-Porqué aún quieres seguir luchando!?
-Ahora mismo estaría en el suelo sin moverme…!-le decía sonriendo Heiji a pesar de sangrar mucho en el corte que le había hecho en la cara mientras se lo tapaba-…pero ahora mismo hay dos cosas que hacen que no me rinda: la primera es proteger a Kazuha, al viejo y a los demás de un monstruo como tú. Y la segunda… es para acabar con todo el odio y sufrimiento que hay en tú interior.
Seguru se desconcertó al oír aquello. Cada vez que él hablaba, más ganas tenía de acabar con él.
-Dices que vas a ayudarme…!?-decía conteniéndose como podía Seguru-No me jodas!
En ese instante, Seguru atacó con todas sus fuerzas a Heiji, quién pudo defenderse de los ataques. Entre los dos mantuvieron una pelea de espadas increíble, sin saberse a ciencia quién tenía la ventaja.
-Cómo vas a poder ayudarme!?-le gritaba furioso Seguru mientras atacaba sin piedad-Lo perdí ya todo, y nada puede consolarme de aquello! Mi hijo, Shizuka,… los perdí a los dos! Y un niñato como cree que me podrá consolar!? No moriré hasta acabar contigo y con todos!
-La rabia y furia que hay en tu interior no te dejan ver más allá de lo que tú crees!-le decía Heiji atacándole-Por eso acabaré con esa oscuridad para que así puedas comprenderlo todo!
Heiji le atacó en el estómago, dejando herido a Seguru que tiró hacía atrás. En ese momento Seguru tiró hacía atrás y los dos espadachines se miraron de frente. Sabían que el combate terminaría pronto.
-Cada uno pondrá ahora todos sus sentimientos en sus espadas!-decía Ginshiro-Este será el último ataque de cada uno!
-Heiji…-decía Kazuha rezando-Por lo que más quieras, no mueras…!
-No voy a contenerme ni un ápice, mocoso!-le advertía Seguru-Esta es tú última oportunidad para retirarte!
-Deja ya de hablar y ponlo todo en tú espada!-le decía Heiji serioso-Si no soy ahora capaz de vencerte, entonces habré fallado como hombre por no haber protegido a los que me importa!
-Cierra ya el pico!-gritaba furioso Seguru cubriéndose el cuerpo totalmente con marcas negras-Muramasa, convierte mi ira en poder y cortalo todo a tú paso!
-Masamune, dame todo tu poder para acabar con toda esta oscuridad!-gritaba Heiji cubriéndose el cuerpo de marcas blancas.
Enseguida, los dos espadachines saltaron hacía su contrincante.
-CORTE DEMONÍACO DE LA ESPADA OSCURA!
-CORTE CELESTIAL DE LA ESPADA SAGRADA!
ZAS!
Con sendos ataques, se cruzaron los dos y se detuvieron. Ninguno de los dos se movió, pero entonces se le abrió una gran herida a Heiji en la espalda que le dejó de rodillas.
-Heiji!-decía preocupada Kazuha.
-Eres bueno, viejo…!-le decía Heiji sonriendo a duras penas-Eres mejor que cualquiera que haya visto hasta ahora…!
-No digas tonterías, mocoso…!-le devolvía la sonrisa Seguru-Está claro que en este duelo…tú has sido el vencedor…!
De repente, se le abrió una gran herida en el pecho a Seguru, que le debilitó y le dejó en el suelo.
-Ah, sí?-decía Heiji-Pues menos mal…!
En ese momento Heiji se cayó al suelo, también debilitado. Kazuha fue a por él y lo puso en su regazo.
-Heiji, Heiji!-la intentaba reanimar Kazuha-Por favor, no te mueras ahora Heiji!
-Cierra el pico, bocazas!-le recriminaba Heiji mirándola con su ojo derecho-Como me voy a morir con los gritos que pegas?
-Eres un imbécil!-le regañaba llorando Kazuha-Me has hecho preouparme! Baka, baka, baka!
-Siento si te he hecho preocuparte demasiado…-le pedía perdón Heiji.
-Mocoso…por favor, acaba ya conmigo…
Quien le decía aquello a Heiji era Seguru derrotado, quien ya no podía moverse.
-Mi plan de destruir este mundo ha fracasado-decía resignado Seguru-Para alguien como yo, lo único que me podría satisfacer ahora sería fallecer cayendo en el campo de batalla contra un digno rival.
-Ya te dije que no te iba a matar, viejo-le decía Heiji-Aunque debas pagar por tus crímenes, alguien como tú no merece morir.
-Crees que dejarme con vida me hará feliz!?-decía indignado Seguru-Yo ya no tengo nada por lo que vivir! Ni familia ni objetivos! Acaba ya con mi sufrimiento y mátame!
Heiji suspiró al oír aquello.
-Kazuha, podrías dejarme al lado del viejo?-le pedía Heiji.
-Pero que dices!?-exclamaba Kazuha-Si te ha intentado matar a ti y a todos!
-Tranquila mujer, que ya no puede ni moverse!-le decía Heiji.
Kazuha, aunque no estaba segura, ayudó a moverle y le dejó al lado de Seguru. Los dos estaban estirados en el suelo sin poder moverse casi.
-Antes, cuando luchaste contra mí, mencionaste a una mujer llamada Shizuka, verdad?-le preguntaba Heiji.
-Sí…-le decía Seguru-Fue mi esposa y la madre de mi hijo. Ella murió hace ya mucho tiempo.
-Y por casualidad esa mujer era una criada de una lujosa mansión?-le preguntaba Heiji.
Seguru se sorprendió al oír aquello.
-Como lo sabes!?-le preguntaba Seguru.
-Bueno, no es por mi trabajo de detective lo sepa, es por unos recuerdos que tengo de mi pasado…
FLASHBACK
Hace unos 10 años, en Osaka…
Heiji estaba paseando por la mansión cuando, en una de las habitaciones del piso superior, vio que su padre estaba sacando algo de un escondite secreto. El niño, curioso, lo observó mirando de entreojo. Lo que sacó fue un cofre antiguo.
-Sé que me estás espiando-le descubría Heizo.
-Lo siento, pero es que tenía curiosidad-se disculpaba Heiji dejándose al descubierto-Que hay en ese cofre?
Heizo dudó antes de decirle algo.
-Bueno, algún día te lo iba a contar sobre esto…-le decía Heizo-Ven aquí.
El pequeño Heiji, emocionado, se sentó al lado de su padre. Heizo abrió el cofre con una llave y se pudo comprobar lo que había en su interior.
-Y esto que es?-preguntaba Heiji al ver tanto papel y fotografías en blanco y negro.
-Esto tiene que ver con un incidente que hubo hace 50 años-le explicaba Heizo-Fue bastante conocido por la región. En él, el cuerpo policial de Osaka, tras haber completado una operación con gran éxito, fue masacrado por completo en un balneario. Ese incidente fue conocido como…
-Ugh, aunque no se vea en color, hay demasiados cadáveres y sangre!-decía Heiji asqueado e interrumpiendo a su padre-Y porque estás interesado en un caso tan viejo!?
-Es porque estoy interesado en el causante de la masacre. Quiero capturarlo con vida para preguntarle algo.
-Y tienes ya alguna prueba para encontrarlo?-le preguntaba Heiji.
-No, pero tengo algo que puede tener relación con el caso-le comentaba Heizo.
-Y qué es?
-Heiji, alguna vez te han contado la verdad sobre mis "padres"?-le preguntaba Heiji.
-Sí, creó que me lo contó Oka-san-intentaba recordar Heiji devanándose-Que los abuelos no son mis verdaderos abuelos, pero a la vez sí que lo son…
-Ellos son mis padres adoptivos-le explicaba Heizo-Cuando quedé huérfano, ellos heredaron esta mansión y me acogieron. Estoy tan en deuda que me puse su apellido en su honor, Hattori.
-Ah…-decía Heiji-Y la pista?
-Realmente no te importa mucho mi historia, verdad?-le recriminaba Heizo-Bueno, pues resulta que Sayo-san, nuestra anciana criada, explicó a los oficiales que vinieron a investigar el caso sobre una cosa extraña que sucedió días antes. Ella vio en una noche como una mujer con kimono embarazada estaba hablando a escondidas con algunas de las criadas de la mansión. Cuando la chica se fue, ella preguntó a sus compañeras qué quien era esa mujer. Ellas le comentaron qué era una antigua compañera suya llamada Shizuka que trabajó en esta mansión antes de que ella viniera. Les venía a comentar que dentro de poco iba a ser madre para celebrarlo, pero que no le dijera nada al señor porque unos años atrás hubo un incidente en el cual ella fue despedida de forma abrupta.
-Y porqué explicó esa historia?-le preguntó Heiji.
-Porque le mostraron algunas fotos de las víctimas para identificación y reconoció a esa chica. Era una de las víctimas que hubo en esa operación. Fue encontrado su cadáver en el fondo del mar con varios disparos en la espalda. Probablemente iba a escapar y la arrinconaron.
-Pero vamos a ver, que tiene que ver esa mujer, tú adopción y el culpable de la masacre!?-preguntaba confuso Heiji.
-Porque en ella es lo que radica las ganas que tengo de resolver este caso-le eplicaba Heizo- Escucha bien Heiji, esa mujer…
FIN DEL FLASHBACK
Seguru estaba escuchando la historia con atención.
-Hay algo más que Sayo-san, nuestra anciana criada, supo sobre el caso, pero que no lo comentó a la policía, sino a mi padre que luego me lo transmitió a mí. En la noche que hubo el asesinato, ella se despertó y se fue a la cocina a beber un poco de leche. Cuando iba hacia la cama, vio una silueta que entraba en la mansión. Se escondió y vio a un hombre de tez morena y sangrando, cargando con un bebé. Lo dejó al lado de la puerta y se giró. El hombre, antes de irse, le dijo unas palabras antes de irse. Ella no pudo oírlas, pero sí le leyó los labios. Lo que interpretó que dijo ese hombre aquel día fue "Perdóname por no haberos protegido a los dos".
Al oír aquello, Seguru se impactó. Tenía los nervios a flor de piel.
-Sabes, en mi escuela siempre mencionaban acerca mi tez morena-bromeaba Heiji-Me dicen que no viene de mi padre o de mi madre y yo siempre les contestó "La tengo porqué mi abuelo también la tenía así!"
Las lágrimas no paraban de brotar de los ojos de Seguru. No se atrevía a preguntarle lo que más quería oír.
-Entonces…entonces tú…!-decía emocionado Seguru.
-Sé que es un poco tarde después de muchos años sin conocernos y es la primera vez que nos vemos, pero no creo que te llame a partir de ahora…abuelo, verdad?
Seguru no sé contuvo más. Comenzó a llorar como un niño pequeño. Incluso tapándose la cara, no podía contener su alegría.
-Aaaaaaahhhh….aaaaahhhh-lloraba Seguru.
-Espera, que demonios estás diciendo Heiji!?-exclamaba alucinada Kazuha-Que este hombre es tú verdadero abuelo!?
-Bueno, yo creo que sí-le contestaba Heiji-Las pruebas lo confirman. Además, mi intuición me dice que él es el verdadero.
-Yo…yo…!-decía dolorido Seguru-Creía que lo había perdido todo, y hoy que por fin me reencuentro con lo que más quería, casi acabo con ellos envuelto en mi propia oscuridad! No merezco que me perdonéis!
-Pero que dices?-le contestaba sonriendo Heiji-Si esto no ha sido más que una estúpida trifulca familiar entre un padre, un hijo y un nieto. Al final todo se perdona.
Heiji le cogió de la mano y le dijo:
-Ahora ya da igual los crímenes que hayas cometido o lo que perdiste. Puedes estar orgulloso de que al final protegiste aquello que amaste hasta el final.
Seguru se emocionó al oír aquello. Por fin, sus ansias de destrucción se habían acabado tras recuperar lo que perdió.
-Heizo, has escuchado lo que…!?
Ginshiro se detuvo al ver sorprendido a Heizo llorando mientras se tapaba la cara para que nadie le viese.
Entonces, Seguru contuvo aire y grito:
-ESCUCHADME TODOS AHORA MISMO! BAJAD YA LAS ARMAS Y ENTREGAOS!
El grito se oyó por todo el edificio y tanto yakuzas como policías se detuvieron al oírlo.
-Po-porque!?-preguntaba uno de los yakuzas.
-Ellos ya han acabado conmigo-les decía Seguru-Ya no quiero ver a más gente morir. Ustedes fueron unos buenos subordinados que siguieron las órdenes de un viejo senil ansioso por la destrucción. Ahora que ya no tengo esas ansias, podemos dejar ya de crear más caos. Hacedlo y vuestra condena será más corta, para que así luego viváis una vida en paz. Eso es lo único que os pediré por última vez, chicos.
Los yakuzas le escucharon y, en un gran acto de fidelidad, lanzaron las armas al suelo y pusieron las manos arriba.
-Uau…-decía impresionado Shiratori.
-Se han rendido todos…!-decía impresionado Chiba-Debe de ser un hombre muy respetable para que le sean tan reales…!
-Muchas gracias por haberme hecho abrir los ojos, nieto mío-le agradecía Seguru-Ahora puedo ya descansar en paz.
Seguru cerró los ojos y se quedó quieto.
-Oh dios mío, ha muerto!?-gritaba preocupada Kazuha.
-Claro que no, está inconsciente!-le corregía Heiji-Aunque los dos estamos heridos, ninguno de nosotros vamos a morir!
Al pronunciar esa palabra, recordó algo muy importante:
-Oh dios, es verdad!-recordaba apresurado Heiji-Que ha pasado con los heridos!?
-Vamos a verlos!-le decía Kazuha cogiéndole por el brazo para ayudarlo.
Fueron a verlos, y se alegraron de verlos en buen estado.
-Joder, como escuece!-gritaba Jugo tras habérsele tratado las heridas.
-Siempre te haces el duro, pero a veces eres un blandengue-se reía Sango-Ay, que daño! Que dolooooooor!
-Sí tú exageras más que yo, pazguato!-le decía Jugo.
-Veo que aún no la vais a palmar, chicos-les saludaba Heiji.
-El niñato de Osaka…-contestaba de mala gana Jugo-Me han dicho que has acabado con ese anciano monstruoso. Para alguien de tu edad no está mal.
-Vamos, reconoce que ha hecho un gran trabajo!-le decía Sango intentando escarbar en los sentimientos de Jugo.
-Que no, pesado!-se negaba Jugo.
Y mientras los dos hermanos discutían, Kazuha les pregunto:
-Y Takagi-keiji? He oído que él había sufrido una gran herida contra el abuelo.
-Ah, sí…-decía Jugo mirando hacía un grupo de personas-Por suerte le han tratado rápido, pero no sabemos si saldrá bien parado. La cantidad de sangre que había perdido era mucha.
En ese entonces, el grupo estaba rodeando a Takagi, que estaban esperando a que llegase la ambulancia. Mientras, aquellos con cajas del atributo sol usaban sus poderes para intentar cerrar la herida. Sato le estaba cogiendo de la mano todo ese tiempo.
-Takagi, por favor recupérate!-le rogaba Sato llorando-No te mueras ahora, por favor!
-Sato, déjalo ahora!-le pedía Shiratori-Deja que aquellos con poderes de curaciones le ayuden!
-No puedo!-le decía ella insistiendo-Ahora es cuando más me necesita. Y no voy a dejarlo!
-Por favor, no digas eso, Sato-san…
Quien decía esa frase en las últimas era el propio Takagi, que había "renacido" (ni Leonardo Di Caprio lo haría mejor que él en su situación).
-Takagi-kun!-decía Sato alegrada de verlo consciente-Te encuentras mejor!?
-No mucho…-le decía sonriendo como podía-Me gustaría poder ayudar, pero en mi situación actual no puedo ni moverme. Por eso, Sato-san, quiero pedirte algo: ayuda a los demás policías en la detención de todos esos criminales.
-Estás loco!?-le decía Sato enfadada-Como voy a abandonarte, si puede ser la última vez que nos veamos!?
-Sato-san, recuerda porque hemos venido aquí, porque hemos luchado, porque hemos acabado heridos-le decía Takagi-Somos policías que hemos venido a atrapar criminales para poder proteger a los inocentes. Ese es nuestro deber y debemos acatarlo aunque perdamos algo muy importante para nosotros y los demás.
En ese momento, Sato pensó en su padre, Wataru y Matsuda. Ambos perdieron la vida cumpliendo su deber.
-Por eso, aunque sea una mala situación, debes cumplir con tu deber. Atrápalos a todos ellos para que nuestra prefectura se sienta orgullosa de ti. Eso sí, déjame decirte algo…
Y con el pulgar arriba, le sonrió y le dijo:
-Prometí no morir antes de tiempo, y lo cumpliré sea como sea. Ese es mi deber como policía y como futuro esposo de Miwako Sato.
Al oír aquello, Sato se sonrojo. En ese momento, se oyeron silbidos de romance entre el público.
-No, no digas eso ahora, cabeza-chorlito!-le decía enfadada Sato dejándole y yéndose para ayudar-Ya hablaré contigo cuando te recuperes!
Pero se detuvo un momento para sonreír y soltar una última lágrima antes de secárselas.
-…pero gracias por decírmelo.
Takagi sonrió al verla y dejó que le siguieran curando. Heiji, desde la distancia, sonreía por el buen ambiente que había ahora. Mientras, Kazuha se alegró de ver a dos personas.
-Oto-san! Honbuchou!-les saludaba Kazuha.
Ginshiro ayudaba a moverse a Heizo y fueron a ver a la pareja.
-Que tal está?-le preguntaba Kazuha.
-Estaba bastante herido, pero gracias a que le hemos tratado rápido se pondrá mejor, no?-le decía Ginshiro.
-Sí…-decía Heizo-Algo como esto no va a poder aún conmigo.
Heizo vió que Heiji le evitaba verle con la mirada. Después de lo sucedido en la batalla, que se iban a decir el uno al otro?
-Ehmmm… esto…-intentaba buscar las palabras Heiji.
-Gracias por resolver el caso. De todo corazón.
Con esa frase de Heizo, Heiji notó de verdad la gratitud de su padre. Esa vez, el demonio se ablandó y reconoció como debía a su hijo.
-No, no es nada…-decía Heiji ruborizado-Bueno, cuando el abuelo se despierte, ya sabrás lo que decirle, no?
-Sí…-decía Heizo mirando de forma seriosa a su padre, que seguía inconsciente tras su batalla.
Entonces, comenzó a poner los dígitos en el mobil y llamó a un número.
-Llamaré a los de la central-decía Heizo cogiéndolo-Querrán saber cómo nos ha ido.
Heizo llamó por el teléfono y luego se lo dio a Heiji.
-Dales tú las buenas noticias-le decía Heizo-Eres quien nos ha salvado a todos.
-Pero como vas a dármelo a mí!?-decía alucinado Heiji-No me des la responsabilidad!
Clic!
-Sí, Heizo, dinos que ha pasado en el centro comercial!-respondía Matsumoto.
-Además, estoy ensangrentado y sin moverme!-se quejaba Heiji-Tú crees que estoy en disposición de hacerlo!?
-Heizo-san?-preguntaba Matsumoto al no oír respuesta.
-Joder, en que marrones me meten!-decía resignado Heiji-Kazuha, sujeta el teléfono por mí, porfa!
-Heizo-san!? Estás ahí, Heizo-san!?-decía preocupado Matsumoto.
-Sí, sí, sí, aquí estoy!-decía Heiji mientras Kazuha le sujetaba el aparato.
-Ah, eres tú, Heiji-kun!-decía Matsumoto aliviado-Está bien su padre? He llamado a su número.
-Bueno, ahora mismo está indispuesto a hablar-le decía mientras miraba molesto a su padre.
-Es que le ha sucedido algo!?-preguntaba Matsumoto-Como ha ido vuestra batalla!?
Heiji miró a su alrededor. Lo que antes era un campo de batalla lleno de odio y maldad, ahora se había convertido en un lugar seguro con todos los delincuentes atrapados, los policías heridos pero sonrientes, y lazos de amistad y amor más unidos que nunca.
-Todo de perlas!-decía sonriendo Heiji-Hemos conseguido reducir a todos los de la yakuza y ninguna baja que lamentar.
-Oooh, cuanto me alegro!-decía alegrado James al lado de Matsumoto.
SEGUNDA BATALLA: EQUIPO DE LA POLICÍA VS SEGURU Y IZUWARA-KAI
RESULTADO: VICTORIA DE LA POLICÍA
…
Mientras, en el edificio de la policía…
-Por cierto, y vosotros que tal?-preguntaba Heiji-No decían que irían a por ustedes ahora?
-Por eso os llamaba-les decía James-Dentro de muy poco vamos a empezar a luchar, y querímos asegurar de que había salido todo bien.
-Pues no hará falta que te preocupes-les decía Heiji-Pero nosotros ya no podremos seguir luchando, así que os dejaremos a vosotros el resto. Espero que las cosas no sean tan complicadas por ahí.
-Tranquilo, lo tendremos difícil, pero no será imposible-le decía Matsumoto-La próxima vez que os llamemos, será cuando hayamos ganado esta guerra.
-De acuerdo, mucha suerte!-le decía Heiji antes de dejarles.
Cuando se colgó, James pudo soltar el resto.
-…o eso es lo que creemos.
Lo decía porque, junto a Megure, Matsumoto y Kuroda, veía en el exterior a una gran cantidad de coches, con hombres llenos de armas de fuego hasta los dientes, dispuestos a destruir el edificio y a todos los que se encontraban en su interior a toda costa.
El final de una batalla daba inicio a otra igual de peligrosa.
