Hola otra vez! Lamento si me demore demasiado en actualizar :( creo que fue menos que la vez pasada si jaja. Primero que todo, muchisimas gracias a todos quienes se pasan a leer :) a quienes han agregado esta loca idea a sus favoritos o followers.. me emociona pensar que mas de 50 personas nos siguen jeje me hace tan feliz! tambien por supuesto a quienes me han dado su opinion en lo PM, que por supuesto siempre siempre siempre contestare!
Para este capitulo, les recuerdo que es M, no tanto porque sea lemmon, sino porque describo una escena igual mas fuerte... y que para acompañarlo, escuchen la cancion Oceans de Seafret!
Todo es de la increible J.K :)
Oscuridad. Frio y un fétido aroma. Intento moverse, pero sus huesos estaban rígidos. Le dolió el alma ponerse de pie. Enfoco la mirada buscando algo de luz a lo que aferrarse. Nada. Apenas distinguía sus manos frente a su nariz. Se aferro a los barrotes, recargando su cabeza sobre estos, comenzando a sollozar. Sentía su cuerpo destruido, su dignidad pisoteada, y su alma rota.
Lloro por un largo rato. No sabría decir si fueron minutos, horas o quizás días. Solo sentía el agua mojar sus labios, sacándola de la sequía que amenazaba con matarla lentamente.
Se incorporo con rapidez, cuando a la distancia observo un par de antorchas encenderse. Su corazón latía rápido, lo más rápido que podía dada su debilidad. Respiraba con dificultad, segura de que alguno de sus pulmones había terminado realmente dañado. Hizo amago de tragar, no tenía nada en la boca, ni una gota de saliva.
Vio una sombra acercarse. Se estremeció dolorosamente cuando logro identificarlo. Sintió el miedo esparcirse por cada una de sus células. No quería volver a sufrir todo lo que había sufrido durante esos días. Había aceptado cooperar. Había aceptado con tal de ver a su hijo vivo, libre de la maldita guerra.
- Buenas noches Hermione – así que ya era de noche. Se alejo instintivamente de los barrotes hasta el otro extremo de su celda. Tembló cuando escucho la reja abrirse, dando paso a la luz, y a él. – Te ves destruida – podía notar la burla en su voz. – Destruida, pero aun así hermosa – el sonido sordo del golpe del fierro la hizo saltar en su sitio. Volvía a estar encerrada, y esta vez con el dentro. Miro angustiada para todos lados, buscando un lugar seguro.
- ¡Aléjate!
Una carcajada ronca, rota y vacía lleno el lugar. Otro sollozo escapo de sus labios. Odiaba sentirse así de vulnerable. Si pudiera defenderse, lo habría matado. Pero ahí estaba, mal herida, desprovista de su varita y a merced de lo que él quisiera hacer con ella.
- Jamás podría alejarme de ti – grito con todas sus fuerzas cuando estuvo tan cerca de ella que sintió su aliento rozar su mejilla. - ¿Por qué me traicionaste Hermione? ¿Por qué si yo te amaba tanto? – su cuerpo entero se sacudió al contacto de su mano contra su sensible mejilla. Ya no podía aguantar los gritos ahogados que acompañaban sus lágrimas.
- Tu… tu jamás me… amaste – apenas lograba hablar. Era como un susurro al viento. – Si lo hub… hubieses hecho… no estaría aquí – tomo aire con fuerza, mientras el dolor se apoderaba de su pecho. Le dolía hablar, y aún más respirar. Llorar resultaba una tortura, pero no podía evitarlo.
- Estas aquí porque lo elegiste a el – su voz era fría, pero, aun así, podía distinguir el dejo de dolor. Alzo la cabeza, y entre la nebulosa de lágrimas, distinguió su rostro. Sus ojos azules la electrocutaban, su piel morena y pálida llamaba a ser acariciada. Sus labios, antes tan apetitosos, ahora se fruncían en una línea, incapacitados de demostrarle amor ni felicidad.
- No me arrepiento – alejo su rostro bruscamente, lo que le significo un gran dolor. – El jamás… me habría hecho… algo como esto – aquellas palabras acababan de marcar su destino. Acababa de terminar de romper su espíritu. – Lo elegiría una… y mil veces
- ¡Calla estúpida sangre sucia! – grito, golpeando su rostro con fuerza desmedida, aturdiéndola un poco, y haciéndola gritar de dolor. Lloro, lloro desconsolada. – No sabes lo caro que te saldrá haber elegido a ese traidor
Grito, se removió, araño, lo golpeo, lanzo patadas al aire. Lo hizo todo cuando los labios de él atacaron los suyos con una violencia exagerada. La besaba enojado, mordió sus labios hasta que el sabor de la sangre le provoco arcadas.
- Te arrepentirás todos los días de tu asquerosa vida
Entre las lágrimas lo miro, tratando de encontrar algo del antiguo Theodore Nott. No había nada más que maldad en él. Nada más que crueldad. Odio, furia, traición y dolor. Era un mortifago herido. La mezcla más peligrosa de todas. Le suplico, lloro y grito, hasta que él se cansó de escucharla.
Entro en desesperación cuando su mano, grande y fría, se aferró a su cuello, apretando con más fuerza de la que podía soportar. Se retorció en sus manos. La volvió a besar, humillándola con sus mordidas, denostándola cuando una de sus manos apretó con fuerza bruta su pecho derecho. Apenas le salían los gritos. Apenas le llegaba oxígeno a su cerebro para seguir luchando. Quizás así sería mejor. Perder el conocimiento. Pero de pronto la soltó, dejándola absorber todo el aire de su alrededor.
- Si creías que había pasado lo peor, estabas equivocada
La volteó entre sus brazos, presionando su rostro contra la fría y húmeda pared de piedra. Por más que luchaba, no pudo detenerlo. Su ropa, aquella camiseta y sus desgatados pantalones, fueron rotos, descubriendo su cuerpo maltratado. Solo le quedaban su sujetador y sus bragas. Solo eso la separaba de la completa y más absoluta humillación. Merlín la ayudara.
- ¿Recuerdas todas esas tardes en que te folle y tú lo disfrutaste? – su voz ronca resonó en su oído. Grito cuando le mordió la espalda. Le dolía la mejilla que estaba contra la pared. Le tomo el cabello y lo jalo con tanta fuerza que sintió que se quedaba calva. – Esta vez me encargare de que sufras, como jamás lo has hecho en tu asquerosa vida
- Por… por favor
Pero no valió de nada su suplica. Bramo de dolor cuando lo sintió entrar en ella, seca como un desierto. Grito como jamás había hecho en su vida. Grito cuando lo sintió moverse contra sus ásperas paredes, mientras le tiraba del cabello, mordía su espalda y apretaba uno de sus pechos hasta que doliera. Grito con tanta angustia, con tanto dolor que creyó que moriría. Estaba muriendo. Estaba segura de que una parte de su ser acababa de morir en esa asquerosa celda. Lloro hasta que de pronto no pudo más. Se entrego a la humillación. Lo escuchaba jadear en su oído, decirle una y otra vez que se lo merecía por haberlo traicionado, por haber elegido a Malfoy. Sentía el doloroso vaivén de sus caderas. Le dolía el alma saber que él, precisamente el, era quien la había terminado de destruir. Un par de brutas estocadas más, un gruñido a su espalda, y el dolor de su intimidad, le dijo que había acabado.
Cayo al piso como un peso muerto, vomitando, abrazándose las piernas, intentando cubrirse. No levanto la mirada nunca.
- Esto es lo que te mereces sangre sucia – se arrodillo frente a ella, y le levanto la barbilla para obligarla a mirarlo. Pero ya no veía nada. Estaba vacía. – No creas que ha acabado. Te dije que te saldría caro, y esto… - se acercó y le beso los labios con desconcertante ternura. – Esto es solo el comienzo querida
...
Decidió que lo mejor sería aparecerse en la frontera de la mansión. No sabía cuántos mortifagos podía haber dentro. Observo el antejardín, otrora hermoso, ahora lucia seco y estaba seguro de que alguna criatura indeseable vagaba por entre la maleza. El edificio de fondo, antes perfecto, lucia prácticamente destruido.
Se seco el sudor que empapaba su frente y apretó la varita en su mano. Se sentía extraño, sentía su magia querer fluir libremente, pero aquella varita ajena no lo entendía. Pero al menos podía hacer algo con ella.
Cuadro los hombros y busco a su compañero. El pelirrojo buscaba en su bolso con ahínco. Estaba más pálido que de costumbre y podría jurar que más flaco. Poco le importaba la verdad.
- ¿Qué buscas?
- Quiero comer algo antes de entrar y en estos bolsos nunca encuentro nada.
Rodo los ojos. Ese muchacho le agotaba la paciencia, pero era todo lo que tenía. Abrió su propio bolso, y de uno de los bolsillos internos saco una barra de cereal. Eran las favoritas de Hermione, y eran lo más asqueroso que había probado. Pero después de tantas discusiones en las que le había dicho lo nutritivas que eran, las había adoptado como costumbre.
Se la dio a Weasley y por su cara, supo que tenía un sentimiento parecido por la barra. Pero en silencio, comió rápido. Si la guerra dependiera de quien podía tragar más comida en menos tiempo, no soltaría a Weasley jamás.
Pasado unos minutos, en donde repasaron su precario plan, se dispusieron a hacer ingreso. Solo esperaba que las protecciones de aquella vieja y desgastada mansión no hubiesen cambiado.
Con un movimiento de varita, la reja se abrió. Bien, al menos podrían entrar. Con cautela, varita en alto, caminaron rápido. Hasta ahora todo había resultado demasiado fácil. Le aterraba cuando las cosas comenzaban a ser demasiado fáciles. Con un suspiro, se paró frente a la arruinada puerta de roble. Estiro su mano, pero antes de tocarla, se abrió.
Eso encendió sus alertas. Miro a Weasley. En otro momento se habría burlado hasta el cansancio de su expresión de terror, pero ahora podía asumir que la suya era muy parecida. Le hizo una seña para que esperara ahí. Entro con paso seguro, mirando a todos lados sorprendido.
Dentro la mansión seguía igual. Igual de hermosa como la recordaba. El piso de mármol, las estatuas y los cuadros, las cortinas y las escaleras imponentes seguían igual.
Alcanzo a dar un par de pasos, hasta que la dueña de la casa se presentó. Trago con dificultad, cuestionándose porque estaba ahí. Quería confiar en la mujer que lo observaba con desconfianza. Necesitaba confiar en alguien.
- Creí que nunca más volvería a verte - su voz era música para sus oídos. Era el recuerdo de una vida. Le dedico una sonrisa torcida, esa clásica mueca registrada por los Malfoy que lograba enloquecer a cualquiera.
- Siento decepcionarte
- ¿Qué haces aquí? ¿Y con él?
Volvió el rostro hacia Weasley, que seguía de pie en el mismo lugar, mirando a todos lados, listo para atacar. Tomo una respiración profunda y volvió a mirarla.
- Te necesito - apenas fue un susurro. El no pedía ayuda a nadie, excepto a las personas de confianza y a quienes amaba.
- ¿Sabes que eres un traidor? ¿Sabes que el Lord quiere tu cabeza?
Asintió lentamente y se atrevió a dar otro paso. - No te acerques.
- ¿Me entregaras?
Reino el silencio en el imponente salón. No despego su mirada gris de aquella azul que tan bien conocía. Ella era la única persona a la que podría pedirle ayuda. No importaba que, ella siempre estaba para él. Veía la decepción en su rostro, estaba molesta, y estaba seguro de que dudaba. Pero al final, siempre seria la misma respuesta.
- Sabes que jamás lo haría
Con confianza avanzo lo que restaba hasta quedar muy cerca. La atrapo entre sus brazos, apretándola y respirando su aroma. Ella le devolvió el gesto, aferrándose a su vieja y desgastada camisa. La sintió temblar en sus brazos. El sonido de un sollozo le cerro la garganta. Su corazón latía desbocado, chocando con el femenino pecho. Sus respiraciones mezcladas y las lágrimas perdidas entre sus ropas.
- ¿Qué hiciste Draco?
Se separo de ella y le dedico una sonrisa conciliadora. Acaricio su suave rostro limpiando sus lágrimas. Se acercó hasta besar su frente con devoción. Volvió a mirarla. Esta vez sonreía. La tenía. La tenia y no la volvería a perder.
- ¿Qué necesitas? - se alejaron y ambos miraron a Weasley. El pelirrojo estaba con la mirada fija en el antejardín. Parecía haberse perdido todo el reencuentro.
- ¡Weasley!
Cuando lo hubo invitado a pasar, los tres se dirigieron a otro de los amplios salones. Un amplio sillón de cuero negro, acompañado de dos más pequeños, junto a la chimenea, resultaba el lugar perfecto para una conversación.
Se sirvieron un whisky de fuego para cada uno, mientras una alfa les ofrecía algo para comer. Claramente la comadreja aceptó encantado.
- Ahora sí, habla de una vez
Sonrió ante su autoridad. Siempre igual de impaciente. Bebió de un trago lo que quedaba en el vaso. Lo dejo sobre la mesa, se reclino en el sillón y con una sonrisa comenzó a hablar.
- Sabes que soy un traidor. Me enamore Pans, me enamore de Granger - la facie de incredulidad de ella seria memorable. - Asumo que supiste que me tuvieron dos años presos en Azkaban
- Narcisa casi se murió al enterarse. Tu padre por otro lado...
- No me importan, solo me importa encontrar a Granger - se inclinó sobre su cuerpo, buscando sus manos. Sus ojos azules se veían perdidos, miraban de Weasley a él sin comprensión.
- Pero estas con Weasley, y Weasley siempre esta con Granger
- Estuvimos de viaje, y la secuestraron - el recuerdo de su perdida nublo su rostro. Sus ojos se oscurecieron y las lágrimas amenazaron una vez más. Hacía semanas que no sabía de ella. Solo podía suplicar al cielo que estuviera viva. Ella apretó sus manos reconfortándolo. Volvió a ella, alejándose del dolor de la perdida de Hermione. Sentía que una parte de su cuerpo le faltaba, era como vivir sin corazón, sin pulmones, sin un cerebro para pensar. Estar sin ella era morir poco a poco.
- ¿Crees que fueron mortifagos?
- Estoy seguro. ¿Quién más?
- ¿Qué necesitan? - se sorprendió cuando se dirigió a Weasley en lugar a dé a él. El pelirrojo se sonrojo hasta las orejas, y en un tartamudeo inentendible le dio a entender que su ayuda. No pudo evitar sonreír. Pansy tenía ese efecto cautivador en todos los hombres. Si no fuera por su cabello negro, pensaría que en realidad era una veela
- Necesito que averigües con quien sea, si la tienen prisionera -
- Es difícil, ¿lo sabes?
- Lo sé, no te lo pediría sino fuera de vida o muerte - la joven se puso de pie y comenzó a dar vueltas por todo el lugar. Podía escuchar los engranajes de su cabeza. Todos siempre habían asumido que Pansy era demasiado estúpida por ser tan hermosa. Pero el, que la conocía como a sí mismo, sabia de la inteligencia que ocultaba. Era una verdadera maestra en planes y confabulaciones.
- Tengo una idea
Los tres sonrieron abiertamente, conectándose por primera vez. Miro a Weasley y le agradeció en silencio el voto de confianza.
...
Salió de la chimenea con una sonrisa. Bien entendido, una mueca similar a una sonrisa. Le había sorprendido la invitación, pero la agradecía. Necesitaba algo para distraerse. Sus días se habían vuelto increíblemente aburridos ahora que Granger había vuelto con sus queridos amigos.
Con un pie dentro y otro fuera de la chimenea, se quedó estático. Pensó en ella una vez más. En su cabello castaño, alborotado y enredado. En su rostro con el dolor impregnado en cada arruga. Sus ojos avellana muertos de miedo, resquebrajados y nublados. Sus labios, por Salazar que esos labios resultaban ser el paraíso. Trago espeso cuando el recuerdo de su cuerpo acaricio sus manos. Ansiaba volver a tocarla, a sentirla. Aun cuando ella no lo quisiera cerca.
Su corazón latió con un dolor que había olvidado. En el tiempo que llevaba siendo un mortifago, había hecho cosas de las que su madre se sentiría avergonzado. Y todo lo había hecho con su conciencia a raya, olvidada en un cajón de su dormitorio. Había matado y torturado a tantas personas que ya había perdido la cuenta. Y no le importaba.
Pero ella. Ella y sus gritos, sus lágrimas. Le había dolido el corazón. Había sentido como su alma se había quebrado esa noche en que la violo. Una lagrima derramo por su rostro cuando entro en ella y la escucho gritar. Ella jamás sabría que también había llorado, se había humillado y roto.
Había llorado la noche entera. Había vomitado apenas había salido de las mazmorras, sintiéndose una bestia. Ni un animal sería capaz de algo así. Ella era la mujer a la que más había amado en su vida. Y él la había destruido. Había llorado al día siguiente, cuando volvió a obligarla. Y la noche en que llego más lejos, llevando a otro mortifago para que se entretuviera con ella, se había desmayado en la entrada al oírla gritar tan fuerte y llorar con tanta angustia. Era un miserable. Merecía vivir y morir solo. Merecía todas las penas del infierno.
El recuerdo de sus gritos sería algo que lo acompañaría el resto de su vida. Despertaba en las noches con el sonido vivo en su cabeza. Mientras sobrevivía a Voldemort y sus misiones, lo único en lo que podía pensar, era en ella.
- Theo
La voz de Pansy en la entrada lo trajo de vuelta a la realidad. Apenas fue capaz de tragar. Con disimulo limpio las lágrimas que bañaban sus mejillas. Su corazón le dolía. Quería gritar y morir ahí mismo.
- Hola Pans
Termino de salir de la chimenea y se acercó a ella con decisión. No había razón para que el resto del mundo se enterara de su culpa. Le dio un delicado beso en la boca, mientras ella rodeaba su cuello. Profundizo el beso y le acaricio la cintura bajo la blusa. Su piel era tan suave. Pero no era su piel.
- Vamos. Pedí que preparan tu plato favorito
Tomo su mano y caminaron hasta el comedor. La mesa estaba perfectamente decorada, como solo Pansy podía hacerlo. Sería una buena esposa algún día.
Tomaron asiento y empezaron a comer en silencio. Luego de algunas copas de vino, sintió que su cuerpo comenzaba a hormiguear.
Cerro los ojos un rato, pero los abrió de golpe. Ver su rostro demacrado. Sus lágrimas y su cuerpo mancillado le provocaban arcadas. Sintió un sudor frio recorrer su espalda. Su corazón latía como si estuviese corriendo una maratón. No podía vivir con el recuerdo de ella diciéndole cuanto lo odiaba. Menos aun con el recuerdo de verla entregada al dolor y a la humillación. Verla muerta en vida era algo que quería borrar de su memoria.
- ¿Estás bien?
Pansy tomo su mano y la acaricio con suavidad. Clavo sus azules ojos en ella, deseando amarla tanto como había amado a Hermione Granger. Deseo poder tener a Granger frente a él, pedirle perdón por lo que había hecho. Sabía que no lo merecía. Ella tenía derecho a matarlo con sus manos, pero necesitaba decirle cuanto le dolía el alma.
Comenzó a desesperarse. Las lágrimas nublaron sus ojos y su respiración se hizo irregular. - Theo...
- No puedo
Se puso de pie y comenzó a dar vueltas desesperado. El llanto no lo pudo reprimir. Tampoco los gritos que brotaron de forma involuntaria. Se agarro el cabello y jalo de él, tratando de desviar el dolor que sentía dentro. ¿Cómo podía doler tanto?
- Perdóname
Pansy se acercó rápido hasta el, tomándolo de los hombros, tratando de calmar su angustia. Pero solo podía gritar al aire. Solo podía pedirle perdón al aire. Enfoco como pudo su mirada en la pelinegra frente a él. Pero ya no era Pansy. Era Hermione. Con su cabello alborotado, sus ojos flameando y una sonrisa tranquila. Lloraba, pero no se veía perturbada como el recordaba haberla visto aquel ultimo día. - ¡Perdóname! Por favor...
- Theo, ¿de qué hablas?
Su voz. Aquella voz que era tan suave y aterciopelada. Aquella voz que le acariciaba lo más profundo de su alma y le daba un poco de luz a su vida. Sollozo abrazándola. La apretó tan fuerte que creyó que se rompería. Enterró su rostro en el hueco entre su cuello y su cara, y aspiro su aroma. Aquel aroma a rosas que le embriagaba. La besó ahí donde sus labios rozaban. Lloro cuando escucho el gemido escapar de sus labios.
- Perdóname Hermione, por favor perdóname
Se sobresalto cuando ella lo soltó bruscamente. Abrió los ojos y el pánico se apodero de su cuerpo. Pansy lo miraba contrariada, con el rostro rojo y los ojos iracundos. ¿Qué acababa de hacer?
- ¿Hermione? ¿Por qué debería perdonarte la sangre sucia?
Comenzó a desesperarse nuevamente. Se alejo de ella y tomo la copa que había sobre la mesa. Bebió de un trago su contenido y luego la lanzo con furia descontrolada. Necesitaba sacar de su sistema lo que lo estaba matando.
- Por todo lo que le hice
Vio a Pansy abrir la boca. Después de eso... Nada.
Para quienes leen mi otra historia, saben que Theo es uno de mis personajes favoritos, por eso me encanta el trio que hacen con Draco y Hermione... por eso mismo me costo mucho escribir el comienzo :( la verdad me cuesta imaginar a un Theo asi de cruel... pero al final no puedo dejarlo como un ser insensible y sin corazon... tiene algo de conciencia aun...
Que quede claro, que cuando Pansy lo invita, no es porque dude de el, sino que como es mortifago y de los cercanos a Voldi, puede saber algo. Coincidencia que era el autor de todas las tragedias de la castaña.
Y antes que lo olvide, se que todos odian a Hermione :( era en verdad lo que esperaba desde un comienzo, por eso me enfoque en hacerla asi de fria, calculadora y egoista, y que se merece lo que le paso :( Sea como sea, no se lo merecia :(
Varias personas me han pedido que no los deje juntos jaja y la verdad es que tengo tantas ideas en mi cabeza y tantos finales que me gustarian y otros que no tanto, que no se jaja! No se si al final se perdonaran todo y seguiran adelante... o si estaran tan rotos con la guerra que sera imposible.
Bueno, por supuesto gracias a todos los que leyeron y llgaron hasta aqui. No cuesta nada bajar otro poquito jeje y dejar un lindo y reconfortante review. Tambien se aceptan las criticas por si acaso!
Nos vemos en el siguiente Cap!
Besos y abrazos :D
