Aquí está el tercer capítulo, siento que la semana pasada no hubiera actualización, pero estas cosas pasan, exámenes y complicaciones varias. A cambio, este capítulo es bastante más largo que los otros dos. Como siempre, espero que lo disfrutéis.
Copyright: Himaruya y eso.
Roderich entrecerró los ojos, y gracias a los primeros rayos de sol, pudo identificar perfectamente a Vash, el que solía ser su amigo cuando era pequeño. Esbozó una leve sonrisa. Hacía mucho tiempo que nadie lo llamaba "Roddie". Aquello para él era como una vuelta al pasado, a ese niño feliz y despreocupado que una vez vivió en las montañas. Vash en cambio, se sonrojó, pues era tremendamente inadecuado, tanto en la situación como en él mismo; es decir, ya no eran los mismos que antes. Ya no eran pequeños ni amigos. Pero claro, la costumbre, arraigada en lo más profundo de su corazón, le había jugado una mala pasada. Tosió y agregó :-Es decir, Roderich.
-Vaya, vaya…qué coincidencia…-respondió Roderich- Que de todos los mercenarios que haya te hayan elegido a ti para esta misión….-dijo con un deje de ironía-
-¿Qué significa ese tono?
- Nada…- miró de reojo a Vash-
- No deberías portarte así con quien te acaba de salvar la vida.
-Yo sabía que tarde o temprano alguien acabaría sacándome. No iba a morir.
Vash le miró, extrañado.
-A los superiores-continuó Roderich- les gustaban mis conciertos de piano mientras se emborrachaban en el cuartel. Además…digamos que sé….cosas. Alguien tarde o temprano vendría a por mí y mi información.
-Ya veo….y qu-
-Bueno, ¿se puede saber donde está el coche?-pregunta Roderich, cortándole en seco lo que iba a decir el otro-
-¿Coche? No pretenderás que vayamos en coche por las montañas que nos separan de la frontera ¿no?
-…
Se hizo un gran e incómodo silencio mientras andaban. Roderich miró de reojo a Vash, escrutándole. No había cambiado un ápice. Sólo su inocencia de niño ( lo cual es normal que perdiera al crecer) y su entusiasmo. Esas ganas de vivir ya no se veían en sus profundos ojos verdes. Estaban vacíos, sin nada más que odio y tristeza en ellos. Es muy posible que lo que pasó cuando eran niños le afectara, pero, ¿hasta ese extremo? Se había hecho mercenario, lo cual quiere decir que no le importaba arriesgar su propia vida. Roderich, tan observador como siempre.
-Casi se me olvida, toma. –le lanza Vash una especie de abrigo- No sobrevivirás mucho al invierno que está por venir con esa fina ropa de presidiario.
Roderich se lo puso y esbozó una pequeña sonrisa, sincera.
-Gracias
-Recuerda que esto lo hago por la recompensa, no es nada personal. –dijo fríamente-
Y volvió el silencio. El viento susurraba entre las hojas amarillentas de los árboles, a su paso, que ya pocas quedaban. El resto era un lecho de hojas en el suelo, tan grueso, que el camino original ni se veía. Pasaron las horas, sin pronunciar ni una sola palabra. Se miraban de vez en cuando, de reojo, como si pudieran leerse el pensamiento el uno al otro.
Caminando, llegaron a un claro en el que sobresalían grandes rocas. Vash se sentó en una de ellas y empezó a sacar comida de su zurrón.
-Vamos a comer y descansar un rato aquí, luego ya seguiremos. ¿Quieres un poco?-le ofrece un pedazo de queso-
Roderich asintió. Entonces Vash partió el queso en dos mitades, una para él y la otra para su acompañante. Roderich comió con ansia, pues era la única comida decente que había probado en meses. Vash sacó entonces una botella de vino y empezó a beber. Le ofreció un poco a Roderich, y este aceptó, turnándose para beber.
En poco tiempo, reanudaron la caminata.
-Vash, ¿Qué has estado haciendo mientras yo estaba fuera? Es decir, ¿Sabes lo que implica ser mercenario…?
Preguntó Roderich, para dar pie a alguna conversación, ahora que veía que Vash estaba más abierto y alegre, gracias al vino.
-¿Yo?, me han pasado muchas cosas…Me quedé solo después de que aquella enfermedad se llevara a mis padres, -Roderich se le hizo un nudo en la garganta- tuve que valerme por mí mismo: cuidar el rebaño, conseguir comida por mi cuenta cazando en los bosques cercanos…Un día llegó un joven militar alemán al pueblo, buscaba a tu padre, creo. De casualidad, vio mi destreza con el arco cuando le acerté a un pájaro y cayó a pies del alemán. Dijo que tenía un gran potencial, y me ofreció irme con él a Berlín, a su escuela de tiro. Cuando terminé la instrucción, me recomendó alistarme en el ejército alemán. Lo rechacé. Estalló la guerra y, a pesar de que tanto un bando como el otro intentaron reclutarme, me negué. Preferí mantenerme neutral en toda esta guerra, sirviendo como mercenario a sueldo a cualquiera que requiera de mis servicios. Además, así gano más dinero que estando simplemente en un ejército.
Uno de los últimos rayos dorados de sol se escondió en el horizonte, iluminando de color dorado las hojas que caían lentamente de los árboles, bailando como una especie de vals otoñal. Entonces, la luz pasó a la tenue oscuridad, cerniéndose sobre ellos.
-Está anocheciendo…-comentó Roderich- Sugiero que encontremos algún sitio para pasar la noche.-un escalofrío recorrió su espalda, un mal recuerdo vino a su mente. No le gustaba el bosque por la noche.
-Tengo sacos de dormir, pero debemos encontrar un lugar medianamente seguro, y rápido.
Fueron a paso ligero, pues el reloj corría en su contra. Finalmente, llegaron a un saliente de tierra, que mínimamente los resguardaba. Vash recomendó dormir por turnos; tocándole a él el primero. Roderich se echó a dormir en poco tiempo, con la seguridad de que estando vigilando Vash, estaba a salvo. Este último por su parte, se sentó a su lado. Fijó su vista en los árboles, y se quitó el rifle que llevaba a la espalda, sujetándolo con ambas manos, casi abrazándolo. Columnas de vaho salían de su nariz y boca; se le formaba escarcha en las mejillas. La temperatura, al ser de noche, cayó en picado. Temblando, se levantó a buscar ramas para, al menos hacer un pequeño fuego. Cual fue su decepción al ver que todas las ramas estaban húmedas, siendo imposible así encender cualquier fuego. Se frotó las manos y volvió a sentarse, esperando entrar en calor. Miró hacia Roderich, y pensó en lo mal que le caía ese hombre. Se había vuelto un arrogante, nada comparado con lo que era cuando pequeño. Había sufrido mucho por su culpa. Sin embargo, sentía una especie de afinidad que hacía que, en el fondo, no lo odiaba tanto como el propio Vash pensaba. Entonces, un copo de nieve aterrizó en su nariz, sacándolo de sus pensamientos. La primera nevada del invierno había llegado.
No se oía ni un alma en todo el bosque. Pasaron las horas, y le tocó el relevo a Roderich. Se sentó a su lado, tomando prestada una pistola pequeña para defenderse. Miró hacia donde dormía Vash el mismo tipo de mirada con el que miraría una madre a su hijo. Resultaba que era uno de los pocos momentos en los que era posible ver a Vash sin el ceño fruncido, tal y como debería estar. Roderich sintió una gran ola de frío atravesándole, porque había pasado de el relativo calor del saco al exterior. La nevada se intensificó, y un viento atronador hicieron que ya hubiera una más que decente capa de nieve en el suelo. Lo que primero fue una inofensiva nevada, se había convertido en una gran ventisca.
-Vash, despierta. La nevada ahora es una tormenta de nieve, creo que estamos demasiado expuestos…
Vash se estremeció y dándose la vuelta respondió
-Pfff…todavía no es de día…pero podríamos pasarlo mal, tienes razón, es verdad. Si pudiéramos encontrar una cueva, un pueblo o algo así, sería lo ideal…
Recogieron todo y se pusieron en marcha. El frío se les calaba hasta en los huesos, iban tiritando constantemente, a la vez que deambulaban buscando refugio. Realmente ninguno de los dos había dormido mucho, el frío les había hecho mantenerse despiertos y entrar en una especie de duermevela. Pasaron las horas y era cada vez peor. El viento helador silbando entre los árboles, la nieve metiéndose en sus ojos, y la espesa capa blanca de nieve ralentizándoles la marcha. Tras un largo tiempo, Roderich, que estaba agotado y sus piernas ya no le sostenían más se acabó cayendo al suelo.
-¿ Qué te pasa?-Preguntó Vash- No debemos pararnos aquí.
-Ya no puedo caminar más, tengo las piernas heladas, y no me responden.
-¡No me digas eso!-replicó- ¡Vamos, sigue!
- No puedo. –niega- ve tú a buscar ayuda o algo, que yo no me muevo de aquí.
-No puedo dejarte solo, sabes que tengo que protegerte; me pagan por ello –añadió- Y si nos quedamos aquí, nos moriremos de frío..
Tendió una mano a Roderich para ayudarle a levantarse, pero este trastabilló con el suelo resbaladizo y volvió a caerse al suelo, esta vez tirando a Vash consigo. Este último acabó de bruces contra el suelo, estampando su cara en la nieve. Escupió la nieve que se había tragado y replicó:
-¡Pedazo de inútil, mira lo que has hecho!
-No es mi culpa, ¡me he tropezado!
-Venga, vamos a-…-No, no puede ser…-dijo horrorizado- mis piernas…se me han helado…no me puedo levantar…Tengo que seguir.-dijo intentando levantarse. Lo intentó varias veces, sin éxito, cayéndose al suelo una y otra vez.
-Vash, no deberías gastar tanta energía tratando de levantarte, va a ser peor.
-¿!Y qué pretendes que haga?! ¿Quedarnos aquí y morirnos de frío?
-Pues la verdad sí.
-Serás,...con tal de llevarme la contraria.
- No, no es eso,..
–exactamente-, pensó Roderich, quien tenía como pasatiempo el hacer rabiar de vez en cuando al suizo- Si no nos movemos, ¿conservaremos mejor el calor no?
Un gruñido fue lo que obtuvo por respuesta. Cuando se ponía así, no hay manera. Roderich, le ignoró y se apoyó contra un árbol, acomodándose. Entonces se le ocurrió algo.
-V-Vash…-dijo tiritando- ¿T-tú que darías ahora mismo para entrar en calor?
-A-ahora mismo? P-pues casi cualquier cosa..
Entonces, Roderich se acercó a Vash y lo abrazó fuertemente, pasando su abrigo, envolviéndolos a los dos.
-¿¡Q-Qué crees que estás haciendo?!
-Es esto o morir congelados, Vash.
-Hmpf..-regruñó otra vez, no le parecía apropiado que la persona a la que tenía que proteger lo protegiera a él, pero es que tenía toda la razón del mundo y el mercenario era lo suficientemente orgulloso para no aceptarlo.
Roderich notó lo que temblaba el pobre Vash entre sus brazos, temblando como un cachorrillo. Sintió como, poco a poco, dejaba de tiritar, empezaban a quedarse dormidos, con la esperanza de poder volver a ver un nuevo día. Vash, que era bastante más bajo que Roderich, acabó apoyando la cabeza en su pecho, muerto de sueño. Sentía los latidos del corazón del otro, que, como una canción de cuna, lo adormecían poco a poco, haciéndole caer en un profundo sueño.
Un gran san bernardo se alejó de su amo, y se puso a olisquear un gran montón de nieve que había en la vereda del camino.
-¡Ven aquí, chico!
–dijo lanzando un potente silbido. El perro rápidamente acudió a la llamada.
-A ver, qué es esta vez… ¿otro ciervo muerto?
Fue caminando hacia donde indicaba el can. Su cara se tornó en horror cuando vió salir del susodicho montículo una mano semi congelada. Una mano humana.
Espero que os haya gustado este tercer capítulo, un poco más...intenso que los otros. Os agradecería a quienes quieran, que dejen review, pues me ayuda muchísimo: el qué os ha parecido, cosas a mejorar, y lo que es más, me anima mucho a seguir escribiendo, lo digo en serio. No voy a dejar de escribir, pero lo hago con otra cara, ya que veo que no sólo disfruto yo escribiendo, sino vosotros también leyendo y eso... me llena de determinación para seguir. (Perdón perdón, no he podido evitar la referencia, es que va al pelo). Y aunque no dejéis rewiew ni nada, os agradezco a todos los que lo habéis leído que halláis llegado hasta aquí. !Hasta la semana que viene!
