Algún lugar al que pertenezca
Disclaimer: No soy dueña de Harry Potter, ni de sus personajes, ni de nada de lo relacionado con los libros; todos los derechos son propiedad de J.K. Rowling. El título del fan-fic, así como los nombres de los capítulos, están inspirados en la canción "Somwhere I Belong" del grupo Linkin Park. Fuera de eso, la idea es 100 mía.
Advertencias: No hay ninguna; es un fan-fic apto para todo público. POV de Severus Snape.
Sinopsis: La vida de Severus Snape, contada desde su punto de vista.
Capítulo V. And I've got nothing to say
"No puedo creer que no caiga sobre mi cara ahora mismo."
Ya debo estar muerto... es decir, no es probable que aún siga con vida... ¿o sí...? Pues sea lo que sea, no veo ningún túnel, ni tampoco una luz brillante... sólo espero que esto no signifique que voy a convertirme en un fantasma. Mi vida fue lo suficientemente mala como para tener intenciones de permanecer en ella.
Cometí demasiados errores; errores que le costaron la vida a las pocas personas que en verdad me importaban... no sé que es lo que siga ahora, pero si existe un lugar llamado infierno, es ahí en donde yo debería de estar...
Primero mi madre y luego ella... mentiría si dijese que la amaba... nunca estuve seguro de cuales eran mis verdaderos sentimientos hacia ella; no obstante, el poco tiempo que pasamos juntos se quedó grabado en lo más profundo de mis recuerdos... siempre permaneció ahí...
Fueron unos días muy extraños. Había pasado casi un mes desde la visita que Lucius me hiciera; yo me encontraba caminando distraídamente por las calles de Londres, con la mente inmersa en pensamientos vagos. Jamás imaginé lo que me esperaba a la vuelta de la esquina.
- ¿Severus? –Me di la vuelta de inmediato al escuchar mi nombre y me quedé muy sorprendido al ver de quien se trataba. Ella debería haberse alejado de mí en ese mismo instante, al ver que yo me quedé ahí parado sin decir nada; posiblemente las cosas hubiesen sido más fáciles para ambos... yo me le quedé mirando simplemente... a estas alturas, no me avergüenza aceptar que era un auténtico idiota, tratándose de mujeres... no obstante, ella no se dio por vencida: -¿Te encuentras bien? –Continuó ella, al ver que no respondía. Nunca le había hablado frente a frente. Lo cuál era lógico, porque siendo ella una Gryffindor y yo un Slytherin sería demasiado sospechoso... claro que, eso a ella no le habría importado.
- Por qué no habría de estarlo. –Dije tan tranquilo como pude, pero la voz me temblaba un poco. Ella tomó aire y en voz baja me dijo:
- Supe... me enteré de lo de... tu madre... lo siento mucho, Severus. Si hay algo que pueda hacer por ti... –Yo me quedé aturdido. Me bastó mirar en esos ojos verdes para saber que sus palabras eran sinceras y de corazón; muy distintas al "pésame" que Lucius me había dado un mes antes. Siempre supe que ella era una persona muy noble; me odiaba a mí mismo cuando recordaba la forma en que solía insultarla cuando ella trataba de que Potter y sus estúpidos amigos me dejaran tranquilo... "gracias" era lo que debería haber respondido... ¡maldición! ¡Qué tan difícil habría sido decirle simplemente "gracias"! En vez de eso, lo único que se me ocurrió decir fue...
- Cómo fue que te...
- Slughorn. – Respondió ella simplemente.
- Ah... bien, no te preocupes... yo puedo arreglármelas solo...
¡Pero que estúpido! ¿Cómo pude decirle semejante cosa? Ella solo estaba siendo amable, por qué tuve que actuar así... Ella se cruzó de brazos y me dijo con fastidio:
- ¿Por qué siempre tienes que actuar como un imbécil?
- Si te parezco un imbécil, por qué siempre tienes que meterte en donde no te llaman.
- Porque el que actúes como un imbécil, no significa que lo seas.
- ¿Qué se supone que significa eso?
- Te lo dejo de tarea, Snape. Mejor me voy, estoy perdiendo mi tiempo. – Ella se dio la vuelta y se encaminó hacia una cafetería. Yo me quedé ahí atontado, viéndola marchar... si al menos yo hubiera hecho lo mismo...
- ¡Evans, espera! –Ella no se detuvo, así que la seguí. Me adelanté hasta la entrada de la cafetería y me planté frente a ella, pero simplemente se cruzó de brazos y desvió la mirada.
- ¿Qué ocurre, no has terminado de insultarme? O tal vez se te olvidó llamarme sangre-sucia.
- Es que... mira yo... lo siento.
- ¿Qué es lo que sientes?
- Siento... siento mucho haber actuado como un imbécil... sé que solo intentas ser amable pero... bueno yo... no estoy acostumbrado a este trato.
Ella se me quedó mirando y con una media sonrisa dijo:
- Bueno... ya vamos progresando. Escucha, aunque no lo creas, entiendo por qué te portas así conmigo en la escuela. –Y añadió en voz baja y a mi oído -pero no estamos en Hogwarts ahora, los únicos magos aquí somos nosotros. –Estando tan cerca de ella, sus ojos tan verdes clavados en mí... no pude reprimir un escalofrío. Respondí nervioso:
- Yo... no puedo...
- Oye, tranquilízate. Por qué no te sientas un momento conmigo aquí en la cafetería. Yo estoy esperando a mi madre y a mi hermana, que fueron de compras.
- Es que...
- ¿Tienes algo más que hacer?
- ¡Sí! ¡Eso es! –dije aliviado, al haber encontrado una excusa para marcharme- Mira, yo no puedo quedarme a hablar contigo ahora... es mejor que me vaya... y gracias. – Me alejé entonces, deseando poder desaparecerme en ese mismo instante, pero ella permaneció ahí mirándome, como si esperara algo. Por más que trato, no logro recordar la razón por la que regresé con ella y le dije titubeante:
- Sabes yo... llevaré algunas flores a la tumba de mi madre, mañana... tal vez quisieras...
- ¡Por supuesto! Es decir, si quieres que te acompañe, con mucho gusto lo haré.
Al día siguiente nos vimos y ella decidió permanecer a distancia prudente mientras yo me quedaba ahí frente a la tumba de mi madre, meditando. Lily Evans siempre había despertado en mí una serie de sentimientos encontrados... era muy bella; pero no solo era bella, sino también inteligente y graciosa... la mejor bruja que había en nuestro curso; tenía ese talento especial para las pociones, que solo algunos poseen; pero lo que más me confundía respecto a ella, era que siempre estaba tratando de defenderme... eso, lejos de hacerme sentir especial, me hacía sentir como si ella me tuviera lástima... no podía permitir que nadie pensara eso; ya bastante trabajo me costaba ser el mejor en todo y aún así, nadie me daba mi lugar... Después de un rato dejamos el cementerio y caminamos un rato en silencio. No se me ocurría nada que pudiera decirle y eso me incomodaba; ella no parecía molesta, sonreía dulcemente, mirando hacia delante. Yo no lograba descifrar lo que ella esperaba de mí, así que opté por continuar en silencio. Pasamos cerca de un cine y entonces ella tuvo una idea:
- ¡Mira un cine! Tiene años que no entro a ver una película; ¿quieres entrar?
Me quedé un poco sorprendido por esa propuesta. Yo recordaba vagamente que alguna vez mi padre me había llevado al cine... eran esos tiempos en que él estaba tan obsesionado con la idea de que yo no fuera un mago, que buscaba llevarme a los lugares más "normales" que él conocía... ni siquiera puedo recordar que película vimos en aquella ocasión... Accedí a lo que ella quería; después de todo, no habría peligro de que nadie nos reconociera ahí; hasta donde podía recordar, la sala debía estar bastante obscura.
Pagamos un par de entradas, ella compró palomitas de maíz y entramos en la sala en penumbras. Parecía ser una película muy popular, porque el cine estaba repleto; aún así encontramos un par de lugares y nos sentamos. Era una película romántica y casi de inmediato me arrepentí de haber accedido a entrar; había varias parejas en el cine, la mayoría de ellas más interesadas en besarse que en ver la película... yo no me atrevía a moverme un milímetro, porque temía que si lo hacía, Lily pensaría que quería abrazarla o besarla... ¡Vaya que era un idiota! El martirio terminó y salimos del cine. Ella comentaba que la película había sido bastante mala y que ahora se daba cuenta de que el cine no era lo de antes... yo simplemente asentía a sus comentarios, aunque casi no prestaba atención, excepto al hecho de que ella caminaba junto a mí, sujetando mi brazo derecho.
Después de caminar por un rato, llegamos a un parque y nos sentamos en una banca. Me preguntaba en qué momento ella se hartaría de una compañía tan poco placentera, mientras la gente pasaba y se nos quedaba mirando como si fuésemos un par de criaturas extrañas... supongo que no puedo culparlos, formábamos una pareja tan extraña... ella era toda luz y alegría, en cambio yo... toda mi vida me la había pasado rehuyendo de una situación como esa y sin darme cuenta de como, ahora estaba justo ahí, sentado al lado de una chica que siempre me había gustado, pero a la que nunca había tenido el valor de hablarle de frente. Estaba a punto de ponerme de pie, porque ya no soportaba la tensión. No podía seguir así, con la boca cerrada, mientras ella solo se quedaba ahí sentada a mi lado, mirando a la gente que pasaba, pero fue justo ese momento el que ella eligió para decir algo, por lo que tuve que fingir que me estiraba.
- Se ven tan inocentes ¿verdad?
- ¿Quiénes? -Respondí yo, confundido.
- Los muggles... míralos... ellos no tienen ni idea de...
- ¿Te refieres a... al Señor Tenebroso? -Ella asintió y permaneció mirando hacia el frente.
- Las cosas se ven tan mal... quisiera poder hacer algo.
Yo la miraba aturdido, sin saber que decir; entonces toqué levemente mi brazo izquierdo, donde la marca tenebrosa me había sido impuesta. Justo en ese momento descubrí el abismo que nos separaba... qué pensaría ella si supiera que andaba del brazo con nada menos que un mortífago... ahora éramos enemigos y ella lo ignoraba por completo. Entonces me pregunté qué es lo que haría si el momento de mostrar mi lealtad implicaba hacerle daño a ella... a ella que sin importarle nada había tratado de confortarme. Era preciso acabar esta amistad, o lo que fuera. Me libré suavemente de su mano y me puse de pie, sin mirarla.
- ¿Severus, qué ocurre? ¿Ya tienes que irte?
No quise decir nada más. Todo lo que quería era alejarme. Comencé a caminar lentamente, pero entonces la escuché decir:
- "Deja que te cuente algo sobre mi amada; por la noche, las estrellas brillan más intensas en sus ojos verdes; y su cabello arde con el fuego del alba..."
Me detuve en el acto, completamente anonadado... era algo que yo le había escrito cuando estábamos en cuarto... me parecía increíble que aún lo recordara; permanecí ahí de pie, mirando fijamente hacia el suelo; ella se acercó a mí y me habló:
- Tú lo escribiste, ¿verdad? Lo encontré en uno de mis libros, después de una clase.
- Fue hace mucho tiempo... cuando las cosas eran mucho más simples.. -Respondí aún sin mirarla. Habría preferido que ella nunca se enterara. Ni siquiera podía recordar cómo es que se me había ocurrido escribirle algo así, y mucho menos haberme atrevido a dárselo.
- Escucha, sé que no es el mejor momento para hablar de esto pero...
- ¿Pero qué? No me digas ahora que sientes algo por mí, porque eso es ridículo. -Respondí ásperamente. Lo estaba haciendo de nuevo, estaba desquitando mi frustración con ella.
- ¿Por qué? ¿Por qué te parece ridículo?
- ¡¿Pero es que no me ves?! Qué puedes encontrar de atractivo en alguien como yo. - Dije encarándola finalmente.
- ¡Y que importa! Qué importancia tiene el como te veas por fuera, cuando yo sé cómo eres por dentro.
- ¡NO LO SABES! No sabes nada sobre mí. Tal vez ahora pienses que necesito tu lástima, pero te aseguro que me las puedo arreglar yo solo. No necesito de ti y de tu compasión. ¡NO NECESITO DE NADIE!
Ella me miró con resentimiento y noté que algunas lágrimas comenzaban a salirle. Aparté la mirada rápidamente. Me sentía avergonzado.
- Por qué siempre haces esto... por qué alejas a la gente... todos necesitamos de alguien de vez en cuando. - Dijo ella en voz baja, enjugándose las lágrimas con el dorso de la mano.
- Comienza a hacerse tarde... será mejor que te vayas a tu casa. -Dije simplemente y me di la vuelta; me habría gustado pedirle una disculpa, pero entonces comprendí que era mucho mejor así... era mejor que nunca supiera que durante mucho tiempo, soñé con este momento... el momento en que supiera lo que sentía por ella... sin embargo, me parecía que eso había pasado mucho más de tres años atrás... era como si hubiese sido en otra vida; aún así me detuve de nuevo y dije en voz alta, pero sin voltear a verla, aunque ella continuaba observándome:
- No quiero despertar un día y descubrir que ya no te importo... no quiero sentirme abandonado... la única forma de no perder algo, es simplemente no tenerlo nunca.
No esperé su respuesta; seguí caminando por el parque, en busca de un lugar libre de gente, en el cual pudiera desaparecerme.
