Algún lugar al que pertenezca
Disclaimer: No soy dueña de Harry Potter, ni de sus personajes, ni de nada de lo relacionado con los libros; todos los derechos son propiedad de J.K. Rowling. El título del fan-fic, así como los nombres de los capítulos, están inspirados en la canción "Somwhere I Belong" del grupo Linkin Park. Fuera de eso, la idea es 100 mía.
Advertencias: No hay ninguna; es un fan-fic apto para todo público. POV de Severus Snape.
Sinopsis: La vida de Severus Snape, contada desde su punto de vista.
Capítulo VI. Looking everywhere
"Sólo para descubrir que no era como me lo había imaginado en mi mente."
Amor… según Dumbledore, la magia más poderosa del mundo… jamás logré comprenderlo… jamás amé a nadie lo suficiente como para poder abrazarme a esa idea... lo más cercano a eso, fue lo que alguna vez llegué a sentir por… pero ella era un sueño imposible; no podría llamársele amor. Ni siquiera Lily estaba tan lejos de mí, como lo estaba ella. Es terrible, ahora que trato con todas mis fuerzas de recordarlo, me resulta difícil traer a mi mente ese momento… no pude evitarlo, tenía que sepultarlo en lo más profundo de mi memoria, y lo logré hasta tal punto, que ahora ya no puedo visualizarlo… todo lo que quedan son imágenes borrosas… como un sueño que nos impacta tanto, pero que al despertar nos es imposible reconstruir en su totalidad… creo que… si… fue…
… yo estaba en la mansión de los Malfoy, a petición específica de Lucius. Habían preparado algo importante, pero él prefería que yo me mantuviera al margen. Todo era parte de sus planes para tomar el poder; decía que sería mejor mantener un perfil bajo y así evitar que alguno de los dos pudiera ser señalado como mortífago; también era parte de lo que el Señor Tenebroso deseaba para mí. Quería a alguien que pudiera estar lo suficientemente "limpio" como para poder acercarse a Dumbledore y estar en posición de espiarlo.
Yo no puse objeción alguna; cualquier cosa era mejor que tener que participar en esas incursiones que hacían a casas de muggles… la verdad es que no tenía el valor suficiente como para realizar ese tipo de "trabajo". El caso fue que Lucius me pidió que permaneciera por unos días en su mansión, mientras él no estaba… supongo que puedo entender el por qué; debió pensar que yo no representaría ningún peligro para su esposa… quién iba a decirlo.
Esa noche, Narcisa había estado actuando un poco extraño; normalmente era muy fría y distante, pero ese día no la había visto en toda la tarde. Me encontraba algo aburrido; no había mucho que hacer, así que simplemente procuré entretenerme con algún libro. Lucius poseía una extensa colección de raros libros sobre magia obscura, algunos tan viejos que parecía que se desbaratarían en cualquier momento. Un viejo elfo doméstico se apareció indicándome que la cena estaba servida, así que pasé al comedor. Todo estaba dispuesto y Narcisa entró desde otro extremo de la habitación. Lucía tan nerviosa, que me pareció prudente decirle que no se preocupara por Lucius y que él volvería muy pronto. Ella no pareció tomar demasiado aprecio a mis palabras, pero no le di ninguna importancia. Jamás esperé que ella fuera amable; sabía cuál era su origen, así que no me sorprendía en lo más mínimo. Cenamos en silencio y ella llamó al elfo y le dio algunas instrucciones en voz baja.
Nos quedamos solos, mirándonos desde extremos opuestos de la mesa. Ella se puso de pie y yo hice lo mismo. Se me acercó y entonces logré distinguir que en su rostro había una expresión extraña; sus ojos parecían irritados, como si hubiese estado llorando. Me tomó del brazo y me condujo hasta el salón, donde ya nos esperaba una botella de vino, con un par de copas de fino cristal cortado.
Su actitud me desconcertaba cada vez más, pero no quería contrariarla, así que simplemente guardé silencio… ahora lo recuerdo con mayor claridad… había un gran piano en un extremo del salón… parecía muy fino… ella se acercó al piano y dijo:
- ¿Sabes tocar el piano? –dijo al tiempo que levantaba la tapa y jugueteaba con las teclas del instrumento
- No, señora, aunque conozco un encantamiento para que toque una melodía –Respondí en el acto y ella se sonrío ampliamente.
- No me llames así, me haces sentir como una anciana y apenas soy unos años mayor que tú.
- Es… una forma de respeto. –Dije algo titubeante y su sonrisa se prolongó aún más… se veía tan hermosa cuando sonreía.
- Sólo llámame Narcisa, por favor.- Repuso, alejándose del piano y caminando hacia un librero, entonces añadió: -Lucius sabe tocar el piano, pero no le gusta hacerlo. Yo no sé nada de música, pero creo que aquí hay algunas partituras. –Revisó en el librero y extrajo algunas hojas amarillentas. Yo me le acerqué un poco y ella tendió hacia mí las partituras; las revisé y encontré una que hizo que se me contrajera el estómago; se trataba de una melodía que a mi madre le gustaba mucho… fue ella quien me enseñó el encantamiento para hacer que el piano la tocara por sí solo. Cerré los ojos pensando por un momento en mi madre y luego sacudí la cabeza; iba a devolverle las partituras a Narcisa, pero entonces ella tomó la última que yo había estado revisando y leyó en voz alta:
- Claro de Luna… Bethoven… Lucius me dijo que a su abuelo le encantaba esta melodía y que solía decir que si el tal Bethoven hubiera sido un mago en vez de un músico, habría sido más grande que Merlin.
- ¿Y a usted le gusta esta melodía? –Pregunté algo nervioso, y luego repetí- Es decir… ¿a ti te gusta esta melodía?
- Nunca la he escuchado -respondió mirándome-, ¿tú puedes hacer que el piano la toque?
Asentí algo inseguro. Tomé la partitura y la coloqué en el piano; saqué mi varita e hice el encantamiento… casi puedo escuchar la melodía ahora mismo… me hacía pensar en mí… en mi propia soledad… jamás fui bueno para apreciar la música, pero cuando escuchaba esa melodía, algo en mi interior se agitaba… Narcisa se aproximó hacia la mesilla en donde estaba la botella de vino y se sirvió un poco más. Se sentó en un sillón y comenzó a escuchar la melodía; al menos eso era lo que yo pensaba, pero no podía estar seguro, ya que ella tenía la mirada extraviada, como si pensara en algo más. Yo me quedé sentado frente al piano, escuchando también… comenzaba a sentirme sumamente incómodo; la melodía terminó y todo quedó en silencio. Yo permanecí observando el piano y entonces escuché sus pasos acercándose a mí; levanté la mirada y de inmediato me encontré con su rostro tan cerca del mío que me sorprendió; me levanté de un salto, pero ella continuaba caminando hacia a mí:
- Severus… te amo… te deseo… hazme el amor… -Su voz sonaba tan rara, como si le perteneciera a alguien más; era algo completamente desconcertante. Caminaba hacia a mí con los brazos extendidos y por varios minutos perdí el control de mi mismo. Caminé hacia atrás hasta que me acorraló contra la pared, me abrazó y comenzó a besarme. Estaba aterrado, porque era algo que jamás me había sucedido; ella murmuraba palabras incomprensibles al tiempo que trataba de besarme… tardé varios minutos en comprender lo que estaba sucediendo, hasta que vi que en la mesa había un pequeño frasco vacío… no me avergüenza admitirlo ahora, pero en aquél entonces era la primera vez que me encontraba con una mujer en esas condiciones… podría haber permitido que las cosas continuaran, pero estaba seguro de que no quería que fuera de esa forma… ella difícilmente recordaría lo que había pasado y en cambio para mí, habría significado mucho más… como pude, logré convencerla de que me permitiera preparar una poción tranquilizante, para que pudiéramos pasarla mejor. Caminamos hasta la cocina y ahí encontré todos los ingredientes que necesitaba para crear el antídoto. Ella seguía abrazada de mí, acariciando mi pecho con suavidad, haciéndome muy difícil el concentrarme. Finalmente terminé y le ofrecí la bebida, diciéndole que la haría sentirse muy relajada y que así disfrutaríamos mucho más… se bebió el contenido del vaso de un trago y luego volvió a besarme apasionadamente… después de algunos segundos, se quedó completamente rígida y abrió los ojos sorprendida. Se separó de mí con brusquedad y comenzó a decir:
- No… -me sujetó por el cuello de la túnica y continuó- ¡No! ¡NO! ¡NO! ¡¿POR QUÉ LO HICISTE?!
Yo la miraba sin saber que responderle, entonces ella comenzó a golpearme en el pecho con los puños cerrados, mientras continuaba repitiendo "¡NO!" La sujeté por las muñecas y traté de tranquilizarla, pero entonces se dejó caer al suelo llorando con desesperación. Me sentía muy contrariado, pero al mismo tiempo, me intrigaba conocer los motivos por los cuales alguien como ella, usaría un filtro amoroso en sí misma. Casi de inmediato comprendí que prefería no saberlo así que me encaminé hacia la salida, pero…
- ¡Severus, espera! No te vayas, por favor. ¡Déjame que te explique!
Yo no me detuve, sino que seguí caminando, hasta salir al comedor; escuché como se levantaba del suelo y caminaba apresuradamente. Finalmente me alcanzó cuando yo estaba ya en el pasillo rumbo a la salida. Me sujetó por el brazo y me habló titubeante.
- Lo lamento… lo lamento mucho… es sólo que…
- No hay necesidad de explicaciones, señora Malfoy… aquí no ha pasado nada… de hecho, creo que es mejor que me retire.
- Te equivocas, Severus. No es lo que parece, ¡Yo amo a mi esposo!
Me quedé inmóvil, escuchándola y por alguna razón, sus palabras me hicieron sentir furioso y humillado, así que le espeté:
- Beber un filtro amoroso y lanzarse a los brazos del primer hombre que se le pone enfrente, me parece una forma un tanto extraña de demostrar su amor… señora.
-Todo lo que trataba era de pagarle con la misma moneda. –Dijo ella en voz baja y entonces, lo comprendí. Era obvio que Narcisa estaba al tanto de las infidelidades de Lucius y después de tres años de matrimonio, había llegado a su límite de tolerancia. Sentí algo de pena por ella, pero por otro lado, me molestaba que hubiese pretendido valerse de mí…
- Escuche… yo no creo que…
- Por favor, déjate de formalismos… lo siento como una burla después de lo que pasó hace unos minutos. –Sonreí ligeramente, porque eso era precisamente lo que pretendía. Sacudí la cabeza y finalmente voltee a verla. Ya no había lagrimas en sus ojos, pero en su rostro desaliñado había una profunda tristeza que me hizo sentir culpable. La insté a volver al salón, hice que se sentara y le serví algo de vino en una copa limpia. Se lo ofrecí y entonces me senté en una silla, lejos de ella. Entonces le dije:
- Narcisa, lamento mucho lo que te ocurre, pero no creo que esta sea la mejor forma de resolver tu problema. ¿Se te ocurrió pensar en mí y en como me sentiría? Lo siento, pero Lucius es mi amigo y yo no podría consentir en que algo así sucediera.
- Por eso es que tenías que ser tú, Severus. Él confía en ti y…
- Y tú me estás pidiendo que traicione su confianza.
- Para eso era la pócima… -Dijo escuetamente.
- Por supuesto, si no eres dueña de tus actos, no hay mal… eso creíste, ¿no es cierto?
- Hace mucho que Lucius no se ocupa de mí… ya tiene mucho tiempo que ni siquiera me toca… ¡estoy tan harta de sus engaños y de su indiferencia!… solo estaba tratando de llamar su atención.
- Supongo que eso puedo entenderlo, lo que no entiendo es por qué yo… ¿por qué conmigo? Una mujer como tú podría haber escogido a cualquier otro… alguien que por lo menos le resultara atractivo.
- ¿Crees que esto es fácil para mí? ¿Piensas que lo hago por diversión? –Respondió airadamente, poniéndose de pie y caminando por la habitación.
- No iría tan lejos como para decir que esto sería divertido para ti, pero no puedo dejar de sentirme utilizado. ¿Crees acaso que no tengo sentimientos? Seguramente debes haber pensado que no desaprovecharía la oportunidad de tener una hermosa mujer para mí, considerando lo poco atractivo que soy. –Dije sin poder contenerme. Ella caminó hasta mí y se inclinó sujetándome por los hombros, hasta que su rostro quedó a un palmo del mío.
- No te elegí por eso… lo hice porque estaba segura de que no me rechazarías… más de una vez, cuando aún estábamos en la escuela, te sorprendí observándome…- Aparté la mirada y ella me soltó. Caminó unos pasos hacia atrás y entonces agregó: -Eras tú quien me enviaba rosas a mi habitación… cada vez que me sentía contrariada y triste por la falta de afecto que Lucius me mostraba, siempre hubo una rosa sobre mi cama, con una pequeña nota o algún verso… siempre firmado por "el Príncipe Mestizo"
Guardé silencio y procuré no mirarla. Sentía como si ella hubiese desnudado mi alma y me sentía completamente desamparado. No sabía que decirle, estaba desarmado. Tal vez hubiera bastado con negarlo y decirle que estaba en un error, pero no fui capaz de hacerlo, ella continuó:
- Nunca conservé las notas o los versos, porque no podía permitir que un… es decir, que alguien que no era de sangre limpia, estuviese mostrando interés por mí… especialmente porque yo estaba ya comprometida en matrimonio… -Se sentó en un silla y continuó, con mirada reminiscente-, recuerdo cuánto me envidiaban mis compañeras de clase; decían que no había partido mejor, que Lucius lo tenía todo… que era guapo, inteligente, rico y por si eso fuera poco, perteneciente a una legendaria familia de magos de sangre limpia… al principio, no fue tan malo… él tenía todo lo que una mujer como yo, criada en una familia como la mía, podría desear… supongo que lo único que lamento, es el no haber podido elegir por mí misma. Terminé la escuela, vino la boda y entonces mis verdaderos problemas comenzaron… creí que Lucius sería diferente una vez que estuviéramos casados, pero no fue así… el continuó siendo tan frío como cuando éramos novios… todo lo que yo quería era tenerlo a él a mi lado… yo lo amo, pero a él eso no le interesa… para él nuestro matrimonio no fue otra cosa que un magnífico negocio… uno que le permitió incrementar su fortuna y el renombre de su apellido.
Se puso de pie nuevamente y caminó hacia mí con paso firme, se sentó en suelo junto a mí y siguió hablando:
- Tú no eres como él, Severus… sé que no lo eres… yo desconozco los motivos por los que te convertiste en mortífago, pero de alguna manera, sé que no eres como los demás.
- ¿Lo dices porque no soy un mago de sangre limpia?
- Lo digo porque hay algo en tu interior que te empeñas en ocultar… esta misma noche, tú podrías haberme tomado… no habría sido culpa tuya…
- No hay acción sin consecuencia, Narcisa… lo habríamos lamentado… aún si tú no hubieses sido capaz de recordarlo cuando el efecto de la poción hubiese pasado, yo no habría podido olvidarlo… jamás has estado al alcance de mis posibilidades; tienes mucha razón, yo no soy como Lucius; soy todo lo opuesto a él… -Dije con tristeza y me puse de pie. Comencé a caminar hacia el dormitorio que ocupaba, sin atreverme a mirarla nuevamente; escuché entonces sus pasos apresurados hacia a mí y me quedé completamente quieto, se plantó frente a mí y me miró a los ojos… yo no pude contenerme por más tiempo, la estreché entre mis brazos y la besé… después de eso… sólo me quedan imágenes borrosas y sensaciones vagas… su piel tan suave y tersa, el olor de su cabello rubio… sus ojos azules, brillando en la oscuridad… la amé en ese momento… la amé con toda la fuerza de mi alma… lo lamentaría, sabía que tarde o temprano lo lamentaría, pero no pude detenerme…
