!Buenas! Al parecer, tras unos pequeños problemillas técnicos, aquí traigo el siguiente capítulo. Como siempre, entrad por propia voluntad y disfrutadlo.

Disclaimer: Himaruya vuelve a juntar a estos dos ya por favor, que desde la 1 temporada...Que son canon, joder y apenas hay fanarts/fanfics ;-; (Una de las principales razones por las que escribo esto, hay que darle más amor al Edelweiss...)

El pequeño Vash corría con todas sus fuerzas. Llegaba tarde, extremadamente tarde, algo que no quería por nada del mundo. Siempre, siempre llegaba puntual, ni un minuto de diferencia. Sin embargo, hoy era distinto. Sus pisadas resonaban por toda la calle "pam ,pam ,pam pam…" Sintió que el corazón se le salía del pecho, su respiración agitada. Finalmente llegó a la puerta color caoba de una casa. Se detuvo en el portal, jadeando, y golpeó la puerta con los nudillos, ya que no llegaba al timbre. Nadie respondía. Se oía jaleo, risas y griterío al otro lado. Vash empezó a golpear más fuerte, incluso propinándole patadas a la puerta. Entonces unos pasos se acercaron y abrieron. El pequeño Roderich asomaba su cabeza por la puerta, sonriente.

-¡Venga, vamos entra! ¡Es ahora el mejor momento, no te lo pierdas!

Roderich tiró de su mano, arrastrándolo por los pasillos de la modesta casa, atolondradamente, haciendo que Vash casi se choque con una de las esquinas de la pared. Giró hacia una habitación de donde venía todo el griterío. Había un montón de niños gritando y riendo, armando mucho jaleo, alrededor de una mesa en el centro de la habitación. Roderich se soltó de su mano, dejando a Vash en un pequeño hueco libre que había alrededor de la mesa. Apenas podía ver, ya que Vash era relativamente más bajito que el resto de niños. Entonces, de repente se hizo el silencio. Un hombre delgado, ataviado con una bata blanca, entró y depositó un enorme pastel en uno de los extremos de la mesa. Entonces, Roderich se sentó justo enfrente del pastel, emocionadito.

Alles zum Geburtstag viel Glück, Alles zum Geburtstag viel Glück, lieber Roddie, zum Geburtstag viel Glück

Cantaban todos los allí presentes al unísono, menos Roderich. El pobre estaba desorientado, ¿debería cantar con ellos? No, se supone que le cantan a él, sonaría egocéntrico. ¿debería callarse? No estaba seguro. Miraba el pastel, al techo, a los invitados, a las paredes, a la mesa, al suelo, con una falsa sonrisa, esperando que se acabara aquella tortura.

Vash, por otro lado, tarareaba la canción, pero muy bajito, cantar era algo que le daba vergüenza, y aún más con tanta gente desconocida para él. Sí, eran niños del pueblo, los veía por la calle, pero quizás lo único que sabía eran sus caras. Debido a su manera de ser, tímido y reservado, solo contaba con un par de amigos aparte de Roderich, muy reducido. Eso, si contamos al perro y alguna que otra cabra a la que el pequeño considerase como "amigos". Por fin terminaron y siguieron con los procedimientos usuales. En cierto momento, el hombre de la bata; el señor Edelstein, entró arrastrando un enorme paquete. Era de grande como un tipo de armario. El pobre venía resoplando, pesaba mucho para él, y este no tenía mucha fuerza física que digamos. Después de numerosos esfuerzos, consiguió finalmente llevarlo al centro de la habitación. ¿Por qué querría regalarle un mueble a Roderich? No tenía ningún sentido. Lo normal era un par de juguetes o incluso una bicicleta, pero en el pueblo no había donde comprar esas cosas, ni tampoco dinero. Seguramente habría tenido que ahorrar bastante para eso. Roderich empezó a rasgar el papel con sus pequeñas manos, teniendo grandes dificultades. El trozo que se había descubierto era madera, color caoba, desgastada. Vash se cercionaba cada vez más de que aquel extraño paquete contenía un mueble. El resto de niños se habían apelotonado caóticamente alrededor, Vash, en cambio, había huido de la masa y se había colocado en una esquina de la habitación. Sin embargo, desde allí sí que no podía ver nada, así que sin que nadie se diera cuenta, trepó hasta la parte superior de una estantería, donde desde veía todo perfectamente. Por alguna razón, Vash se sentía más a gusto en las alturas, algún tipo de vestigio primitivo seguramente. Roderich siguió rasgando el papel, hasta que finalmente se vio el objeto al descubierto. Era de madera desgastada, contaba con cuatro patas, y parecía un armario pequeño pero sin portezuelas sino con una especie de cajón y unas extrañas piezas con forma de pera en la parte inferior. Roderich parecía saber lo que era, pues sus ojos se abrieron de par en par, llenos de ilusión por interactuar con el susodicho mueble. Levantó la tapa del cajón, dejando ver lo que a juicio de Vash parecía una gran hilera de dientes blancos. Vash sintió un impulso de saltar de donde se encontraba, gritarle y advertirle del peligro que corría, aquel armatoste podría comérselo de un bocado con esos dientes. Sin embargo, reprimió este impulso en el momento en el que Roderich rozó uno de los "dientes", haciendo sonar una nota musical. "La" .

Desde aquel día, Vash empezó a notar la falta de Roderich a sus diarias quedadas. Pero a Vash no le importaba, sabía que Roderich estaba mucho más ocupado que antes, yendo a la escuela y con su nueva actividad predilecta: tocar el piano. Se le daba extraordinariamente bien, tenía talento. Esto lo respetaba y lo entendía diligentemente. Aunque lo respetaba su ausencia, esta le perseguía. Iba a pasear las cabras, pero las risas y diversión se habían transformado en meros balidos y ladridos que resonaban en la distancia. Pero todo tiene una parte positiva: se veían más espaciadamente, pero aquellos momentos los acababan disfrutando más, por el hecho de ser exclusivos.

Esta situación se prolongó durante varios meses, hasta que un buen día una carta marcada como "Urgente" llegó a casa de los Edelstein.

Y...esto es todo. Espero que os haya gustado leerlo, tanto como yo escribirlo. Los que quieran que dejen una review y digan que les ha parecido. Gracias a todos por vuestro apoyo y hasta la siguiente se...digo..!Hasta la próxima!