Capítulo IX. I want to heal,

Quiero sentir lo que pensé que nunca fue real.

Los días pasaban y el momento en que me reuniría con Dumbledore, se acercaba. Mientras tanto, procuraba permanecer a la expectativa, temiendo que en cualquier momento fuera anunciada la muerte de Lily y su familia… por algún motivo, ningún mortífago estaba dispuesto a informarme de nada; aparentemente, se sentían demasiado celosos por la confianza que el Señor Tenebroso había depositado en mí. No obstante, Evan Rosier estaba particularmente interesado en acercárseme; tal vez había decidido que era buena idea estar de mi lado, o pudiera ser que había recibido la instrucción de seguirme los pasos… todo lo que Voldemort tenía que hacer era decir algunas palabras vagas, y de inmediato comenzábamos a vigilarnos unos a otros. No me extrañaba, pero tampoco me beneficiaba en lo absoluto. No ahora que había tomado la decisión de abandonarlos… o al menos eso es lo que yo creía.

El lugar, fecha y hora en que me entrevistaría con Dumbledore, me fue anunciado mediante una carta que llegó por correo muggle. Las palabras eran claras y concisas y no tuve problemas para memorizarlas en el acto, así que quemé la carta y me dirigí entonces al lugar a donde se me había asignado esa misma noche. Por sugerencia de Lucius, Voldemort me había enviado junto con Evan, para que secuestráramos al hijo de los Longbottom. La idea era que se creara una especie de distracción, ya que desde un principio, él estaba interesado por el hijo de los Potter. No me hacía gracia tener que participar en esa misión, pero no tenía alternativa; tenía que continuar guardando las apariencias hasta que lograra hablar con Dumbledore.

Evan y yo nos encontramos en el lugar acordado y juntos nos encaminamos hasta una fábrica muggle, que había sido abandonada hacía varios años. Estaba en una zona lo bastante alejada de casas o carreteras principales, pero a tan sólo unos metros de una mansión ubicada en una colina, la cual era perfectamente visible desde la parte superior de la fábrica; o al menos lo era para nosotros, ya que debía tener protecciones mágicas para evitar que los muggles pudieran verla. Desde ahí, armados con un par de omniculares, observábamos todos los movimientos de los habitantes de la mansión.

Comenzaba a hacerse tarde y no había ningún rastro de los padres. Alrededor de las 2 de la mañana, el tedio comenzó a hacerse presente y Evan debió considerarlo como el mejor momento para tener una charla conmigo.

- Severus...
- ¿Sí?
- ¿Alguna vez te has cuestionado... el motivo por el que estás aquí?

Lo miré con cierta desconfianza; misma que no debió pasarle inadvertida, porque continuó hablando con nerviosismo, -lo que pasa es que... me preguntaba... cómo fue que alguien como tú decidió convertirse en mortífago.

- ¿Qué quieres decir con eso de "alguien como yo"?
- Bueno tu... bien, no eres... bueno, técnicamente no eres un sangre sucia, pero...
- Evan, de qué rayos estás hablando. –Respondí yo, con un dejo de impaciencia, mientras permanecía con los omniculares pegados a la cara, aunque ya no vigilaba la casa de los Longbottom.
- Verás, la mayoría de nosotros creemos que esto es lo correcto... tú sabes, la superioridad de los magos de sangre limpia, el dominio sobre los muggles... incluso si las medidas del Señor Tenebroso son algo ehmmm, digamos, extremas.

- ¿Y? Sigo sin entender cuál es tu punto, Evan.
- Es que... yo sé quiénes eran tus padres y como murieron...y me parece extraño que siendo quien eres...
-Y eso qué, a estas alturas ya todos deben saberlo. Tengo mis motivos, al igual que todos ustedes y mientras el Señor Tenebroso considere que son válidos, me da lo mismo lo que tú y todos los demás piensen-, respondí como para restarle importancia al asunto.
- Y qué dirías si te dijera que tengo información sobe el responsable de su muerte.

Solté los omniculares, lo sujeté por el cuello de la túnica y le apunté con la varita. Él estaba muy sorprendido, probablemente no esperaba este tipo de reacción.

- ¡¿Qué es lo que sabes?!
- ¡Tranquilo! En realidad no sé nada, ¡pero Malfoy sí!-, dijo él apresuradamente, pero antes de que pudiera preguntar algo más, el sonido de varias apariciones nos hizo guardar silencio; lo solté en el acto y ambos giramos la vista hacia la puerta la cual se abrió con un fuerte estallido. En ese instante nos ocultamos detrás de un montón de cajas, de espaldas a la puerta. Apenas alcanzábamos a ver algo y el pánico y la inexperiencia nos hicieron permanecer estáticos y sin saber qué hacer. Evan se me quedó mirando y pude ver el miedo en sus ojos. Entonces dijo con voz apenas audible:

- Nos tendieron una trampa…

Me asomé con cuidado por un lado de la caja que nos servía de refugio y logré distinguir claramente la figura de cinco aurores. A dos de ellos los conocía, uno era Rufus Scrimgeor y el otro era Alastor Moody. Los acompañaban otros dos aurores a quienes no conocía y al último lo recordaba vagamente de la escuela.

El lugar dónde nos encontrábamos era una especie de puente que cruzaba la bodega de un lado a otro, y que se encontraba a unos cinco metros del suelo. Eso nos permitía ver a los intrusos sin que ellos nos notaran, pero también nos hacía imposible escapar de ahí sin ser vistos. Seguramente ya habrían usado un hechizo que nos impediría desaparecernos y la única salida de la bodega se encontraba flanqueada por dos de ellos, mientras los otros tres se adentraban, con las varitas en alto, atentos a cualquier señal de nosotros.

Mi mente trabajaba a toda velocidad, tratando de pensar en una forma de escapar de ahí con vida y al mismo tiempo luchando por no permitir que el hecho de que en verdad nos habían tendido una trampa me distrajera.

- ¡Tienes que calmarte! ¡Debe haber alguna forma de salir de esta! -, dije a Evan en voz tan baja como pude tratando de tranquilizarlo, pero él no me escuchaba. Negaba con la cabeza y murmuraba palabras incomprensibles. Me miró a los ojos nuevamente y me dijo con un hilo de voz.
- Yo no voy a terminar en Azkaban.
- ¡No seas estúpido! ¡Nos matarán si los enfrentamos así como así! Tenemos que pensar en algo. –Le dije apremiante, pero seguía luchando conmigo, tratando de librarse de mí, mientras murmuraba rápida y furiosamente:
- ¡No voy a terminar en Azkaban! ¡Primero muerto!

Un rayo de luz dio justo en una vieja caja de madera que ocultaba la cabeza de Evan y el estallido me obligó a soltarlo; el se arrojó hacia adelante, me lanzó una última mirada y entonces salió de su escondite, lanzando tantas maldiciones como pudo. Por un breve instante sentí el deseo de ayudarlo, pero fui incapaz de moverme; estaba paralizado por el miedo... todo sucedió demasiado rápido; en una fracción de segundos, la voz de Evan gritó "sectumsempra" y luego varios rayos de luz verde lo iluminaron todo, algunos rebotaron contra las paredes rompiendo las pocas ventanas que aún quedaban intactas… escuché un desgarrado grito de dolor, la risa triunfante de Evan, una voz que gritó "avada kedabra", un silencio casi absoluto y finalmente, el sonido que emite un cuerpo al estrellarse contra el suelo … no me atrevía a mirar; me quedé pasmado, recostado sobre el puente y bien oculto detrás de los restos de las cajas que me protegían, sujetando firmemente mi varita, pero apenas conciente de dónde estaba. Me latía el corazón, tan rápido y tan fuerte que me parecía increíble que no me delatara; podía sentir el sudor recorriéndome el rostro debajo de la máscara y mi propia respiración me parecía demasiado ruidosa para no ser escuchada… con la boca reseca, me armé de valor para darme la vuelta y tratar de atisbar entre el montón de madera y cajas destruidas que habían servido de escondite a Evan, tan solo unos momentos antes.

Tres aurores permanecían muy juntos, apuntando sus varitas en todas direcciones; uno más, se encontraba arrodillado en el suelo, sujetándose el rostro con ambas manos; abundantes chorros de sangre salían de entre sus dedos, mientras Scrimgeor trataba de detener la hemorragia, apuntándole con su varita. Finalmente se pusieron de pie aunque la sangre no se había detenido por completo. Otro de los aurores se acercó al herido y lo ayudó a tenerse en pie, mientras que Scrimgeor se acercaba al bulto inmóvil que era ahora Evan.

- Llevaré a Moody a San Mungo, revisen el lugar y procuren estar alerta; esta escoria, siempre viene en pares. –Dijo él ásperamente al tiempo que le daba un puntapié al cuerpo inerte de Evan. Apreté tanto la varita entre mis dedos, que creí que iba a romperla. Respiré profundamente, intentando mantenerme sereno. No conseguiría salir de ahí con vida, si no lograba dominarme. Observé la escena, pensando en la forma de escapar: entonces vi a Scrimgeor llevándose a Moody, hacia fuera de la bodega y traté de determinar qué tanto se alejaban para desaparecerse, pero entonces la voz de uno de los aurores, me hizo perder la concentración. Se había aproximado al cadáver de Evan y tras quitarle la máscara, exclamó:

- ¡Pero si es casi un niño! Oye, Grantt, ¿no lo conoces?

Grantt, quién continuaba mirando nervioso hacia todas partes, desvió su mirada hacia el cuerpo que yacía a los pies de su compañero y con voz débil respondió:

- Sí… se llama… se llamaba Evan Rosier… él estuvo conmigo en Hogwarts, sólo que él estaba en Slytherin. – Y dicho esto, alejó la mirada de inmediato mientras continuaba apuntando alternativamente hacia a un lado y hacia otro del almacén. Desde mi escondite, apenas distinguía una parte del rostro de Grantt. Se mordía el labio inferior y los músculos de su quijada estaban tensos. Por un leve lapso de tiempo, me di cuenta de que ambos estábamos pensando en lo mismo: "casi un niño… igual que yo…"

Agité la cabeza tratando de aclarar mis ideas y comprendí entonces que ese era el momento preciso. Scrimegeor regresaría en poco tiempo, y aunque ellos se encontraban distraídos, no tardarían en determinar en dónde me encontraba y seguro se sentían lo suficientemente confiados como para subir a buscarme. Lancé entonces un hechizo "levicorpus" al auror que examinaba el cuerpo de Evan y Grantt se asustó tanto que comenzó a lanzar maldiciones a diestra y siniestra. Su otro compañero le pedía calma pero Grantt no le escuchaba, la distracción creada funcionó perfectamente y el otro auror cayó al suelo víctima de la maldición "petrifucus totalus" que le lancé mientras trataba de cubrirse de los hechizos que Grantt lanzaba en todas direcciones. Una maldición "encarcerum" fue todo lo que necesité para detenerlo a él. Una vez inmovilizados los tres aurores, salí abiertamente de mi escondite y me apresuré a salir de la bodega... todo lo que pude hacer por Evan fue lanzarle una última mirada a su cuerpo inerte… no había tiempo… tuve que dejarlo atrás.

Me aparecí en una zona deshabitada, a varios kilómetros de mi casa y aguardé unos minutos, con la varita en alto, aún cuando sabía que no era posible que nadie me hubiera podido seguir. Una vez convencido, me encaminé lentamente hacia mi casa con la muerte de Evan pesándome en la conciencia como una losa… tras una caminata que pareció requerir de todas mis fuerzas llegué hasta la calle que daba a mi casa y una voz familiar me hizo detenerme en seco.

- ¡Severus!, -era Lucius, llevaba puesta la máscara pero conocía bien su voz. Me quedé petrificado al verlo y ni siquiera levanté la varita; él caminó lentamente hacia mí, observándome fijamente. Se quedó mirándome por algunos segundos sin decir nada más; era como si estuviera evaluándome, finalmente volvió a hablar: -¿… qué ocurre? ¿Por qué estás aquí?

Yo no fui capaz de responderle en ese momento; sentía que si hablaba, comenzaría a gritar y a llorar como un chiquillo, así que simplemente me quedé ahí mirándolo. El pareció comprender lo alterado que estaba así que sólo me sujetó por el antebrazo y me condujo hasta mi propia casa.

Apenas fui conciente de lo que hacía; cuando me di cuenta, ya estábamos dentro, él cerraba la puerta y yo permanecía en medio de la habitación mirando hacia el suelo con la varita en la mano. Una vez que se convenció de que nadie nos espiaba, se bajó la capucha y se quitó la máscara. Yo lo imité aunque con cierta lentitud y en cuanto lo hice, todo el peso de lo que había ocurrido esa noche cayó sobre mí. Mi varita y la máscara resbalaron de mis dedos temblorosos y me cubrí la cara con las manos, tratando de ahogar el grito de desesperación que inexorablemente escapaba de mi garganta. Sentí la mano de Lucius en mi hombro y lo escuché decir:

- ¿Severus, qué fue lo que pasó?
- Lo dejé morir… -, dije yo con las manos aún en el rostro.
- ¿Hablas de Evan? Pero cómo…
- Nos emboscaron… eran cinco aurores y… entramos en pánico, no supimos qué hacer… traté de evitarlo… lo juro, pero él no me escuchaba… todo lo que hacía era repetir que él no terminaría en Azkaban…
- Tranquilízate… estas son cosas que pasan, es probable que no hubieras podido hacer nada.
- Pero es que… -, me descubrí el rostro finalmente sin importarme que Lucius se diera cuenta de que estaba llorando; en ese preciso momento lo comprendí -…si estoy vivo, fue gracias a él… él los atacó primero e hirió a uno de ellos… de no ser por eso yo no…
- ¡Severus, basta! – Dijo Lucius con firmeza, encarándome al fin. Me guió hasta un sillón y me obligó a sentarme. Entonces conjuró un vaso y una botella de vino; me sirvió un poco y me hizo beberlo. Me sentí un poco mejor y al verme algo más tranquilo, Lucius finalmente habló. –Escucha, Severus. Lo que sucedió esta noche no había forma de prevenirlo. No puedes hacerte responsable de la muerte de Evan; sin duda él debió arriesgarse demasiado. Desafortunadamente esto solo prueba que en realidad hay un espía entre nosotros, o de otra forma no podían saber que ustedes estaban ahí...

Lucius seguía hablando pero yo no le prestaba atención, el vino había servido para ayudarme a tranquilizarme y a ordenar mis ideas; ahora me preguntaba qué era lo que había estado haciendo Lucius rondando por mi casa; tampoco recordaba haberle dicho que Evan Rosier y yo estábamos trabajando juntos y más importante aún, acababa de recordar la conversación que Evan y yo estábamos teniendo justo antes de que los aurores llegaran… qué tanto sabría él… por qué estaba ahí diciéndome todas esas cosas… le lancé una mirada de soslayo y me sorprendió ver lo estudiados y controlados que eran sus movimientos… esto no era otra cosa que un teatro, montado exclusivamente para mí…antes de que él pudiera darme alguna otra recomendación o me reiterara una vez más que no había sido culpa mía, alcé la voz y dije con calma:

- Evan me dijo algo interesante justo antes de que los aurores llegaran.

Dije estas palabras sin mirar a Lucius, y esperé unos segundos para ver su reacción. Se quedó callado y me miró con expresión hermética. Después de varios segundos sus ojos se entrecerraron y una leve sonrisa se asomó en su rostro.

-¿Y qué fue eso tan interesante que te dijo? Aunque creo adivinarlo… fue algo sobre tus padres, ¿no es cierto? -, dijo él al tiempo que se acercaba al sitio donde había dejado caer la máscara y mi varita y las recogía. Por un momento pensé que me atacaría con mi propia varita pero simplemente las colocó en una mesa al fondo de la habitación, convenientemente lejos de mí. Yo seguía sus movimientos ya que me sentía seriamente desprotegido; aún cuando Lucius se sentó tranquilamente en una silla frente a mí.

Lo miré con detenimiento y él parecía tan tranquilo que me hacía dudar de lo que estaba a punto de decir:

- Él dijo que tú sabías algo sobre la muerte de mis padres.
- ¿Y se te ha ocurrido pensar que de ser así, ya te lo habría dicho?
- No lo sé Lucius… en realidad ya no estoy seguro de nada…
- ¿Y crees entonces que le tendí una trampa a Evan, para que no te dijera nada de lo que según él yo sé? -, dijo él con una extraña sonrisa. Yo me puse de pie y comencé a caminar nervioso por la habitación. Él se puso de pie también y me encaró: - Escucha, Severus. Si lo que quieres es que sea honesto contigo, permíteme entonces contarte algo. Evan Rosier fue a verme hace unos días con un cuento inventado por su imaginación acerca de que yo había tenido algo que ver con la muerte de tus padres. Dime, si él estaba tan seguro, ¿por qué no te lo dijo abiertamente?
- No lo sé… -, contesté con sinceridad.
- Yo te diré la razón. Lo que Evan pretendía en realidad era extorsionarme. Pensó que podría sacar provecho, incluso me amenazó con contarte todo lo que según él había averiguado. Perdóname si no derramo lágrimas por su muerte, pero para mí él no era otra cosa que un mocoso bribón, con aires de grandeza. – Concluyó Lucius, con voz áspera. Se dirigió hacia la mesa en dónde había dejado mi varita y me la entregó. Yo se la recibí sin atinar a decir nada; sus palabras me confundían y aunque su historia era plausible, no me sentía satisfecho con su explicación…

… para cuando Lucius se marchó ya casi amanecía; me quedé ahí de pie en la habitación tanto tiempo que creí que nunca más sería capaz de moverme. Las cosas más desconcertantes habían sucedido esa noche y yo me sentía tan confundido y vacío que me quedé sin saber qué hacer. Más tarde, recibí una lechuza de parte de Lucius, dónde me indicaba la hora y el lugar en dónde se llevaría a cabo el funeral de Evan.