El olor a muebles antiguos, a madera vencida, llenaba la estancia. Miles de recuerdos se encontraban almacenados allí, olvidados en un rincón bajo una fina capa de polvo.
El pequeño Roderich había tomado un viejo cojín como asiento, listo para escuchar la historia, la verdad que su padre quería contarle.
Klaus se aclaró la voz y comenzó a narrar:
"Yo en aquella época, no era más que un estudiante de la facultad de física. Hacía una vida relativamente normal, hasta que un día un amigo sugirió la idea de ir a ver la ópera. Yo no sabía nada de música, pero acepté a ir.
Allí fue donde la conocí. Tenía una voz melodiosa y atraía todas las miradas cuando cantaba. Seguramente tu gusto por la música viene por ahí" – Klaus se quedó pensando-
"Sigue contándome, papá" -le exigió su hijo.
"Está bien, está bien. Como habrás podido imaginar, ella era la cantante principal. Me quedé embelesado viendo cómo bailaba y cantaba. Desde entonces siempre que podía acudía a las obras en las que participaba ella.
"La Estrella Polar", la llamaban. Porque en el escenario brillaba con luz propia, pero a la vez era serena y fría. Para mí, un pobre muchacho desencantado, no era más que una utopía, algo inalcanzable. Además, parecía tener bastantes pretendientes, pero no aceptaba a ninguno.
Un día, vi en la entrada del teatro un gran cartel, que pedía a alguien cualificado para reparar algunos elementos del escenario que se habían estropeado. Inmediatamente, me presenté, ya que en aquel entonces casi todos los hombres de mi edad habían ido a luchar en la Gran Guerra y no había casi nadie con esos conocimientos.
Además, también tenía la ilusión de poder ver a La Estrella Polar de cerca.
Resultó que lo que había que reparar eran algunos de los focos del escenario, tuve hasta que subirme en un andamio.
Lo pasé realmente mal, trabajar con vértigo es muy estresante. Sin embargo, el escenario estaba justo debajo y la veía a ella ensayando desde arriba.
Me consideré un afortunado por estar donde estaba. La veía como era en realidad, era bastante perfeccionista, cada uno de los bailarines debía realizar los pasos exactos, en el tiempo exacto.
Entonces, mientras estaba arreglando el cableado, tropecé con la caja de herramientas y me caí del andamio.
Pasé mucho, mucho miedo, de veras. Mi grito debió de oírse hasta en China" –dijo Klaus entre risas-
No sé cómo, pero ella consiguió cogerme a tiempo antes de que me estampara contra el suelo. Supongo que trabajar en el escenario te hace tener reflejos felinos.
Sin embargo, no se cayó al atraparme, porque yo era muy ligero, según me dijo después.
Lo pasé bastante mal, e la gente se nos quedó mirando porque tuvo la mala suerte de sujetarme… mm.. Los ingleses lo suelen llamar "Bridal Style".
"Bziidar Steir…" El pequeño Roderich intentó pronunciar aquellas palabras sin demasiado éxito. "Nunca lo había oído"
Klaus se aguantó la sonrisa porque le parecía muy mono el cómo intentaba pronunciar inglés, pero no quería que su hijo pensara que se estaba burlando de él.
"Es como normalmente lleva el novio a la novia en las bodas, algo así"
Tomó a Roderich pasándole un brazo bajo la axila y le levantó por debajo de las rodillas con el otro.
Klaus entonces tuvo un cierto sentimiento de nostalgia, cuando lo acunaba él siendo un bebé.
En cambio, Roderich se empezó a reír y se dio la vuelta, extendiendo los brazos.
"¿Qué pasa?"
"Que ahora soy una avioneta, mira cómo vuelo" Imitó el sonido de las aspas de la avioneta haciendo pedorretas.
Klaus sonrió sin poder evitar esa risa tan estridente que le caracterizaba.
"¿Y qué problema había con el "Briiedal Steil" ese?"
"Es muy simple, es que eso se suele hacer en las bodas, y nosotros para empezar ni nos conocíamos y además se supone que la que es levantada es la mujer y no al revés.
Yo lo pasé fatal, todo el mundo riéndose, mi amor platónico sujetándome en brazos en público, quería que me tragara la tierra. Sin embargo, ella dirigió una mirada intimidatoria a los demás y se callaron como un chucho.
Me depositó suavemente en el suelo y me preguntó si me encontraba bien.
Yo temblaba como una hoja y mi timidez sólo me dejó responder con un pequeño gruñido.
Entonces, ella se dio cuenta de que me había hecho una herida en la palma de la mano, para mí pasó todo tan rápido que no me di ni cuenta. Al parecer, me había intentado agarrar a un saliente un tanto afilado al caer. Mira incluso ahora sigo teniendo la cicatriz"
Sonrió ampliamente mientras se señalaba la palma de la mano donde, efectivamente, una cicatriz la recorría de lado a lado.
"Me llevó a enfermería y consiguió curarme, me sorprendió el cuidado con el que me vendó."
Klaus tenía aún vívido aquel recuerdo en lo más profundo de su memoria.
"No le hagas caso a esa gente, lo que importa es que al menos estás bien, … No sé tu nombre, ¿eres?"
"K-klaus.."
"Pues Klaus, que no te preocupes por eso. Yo soy Anne, encantada."
"¿Sabes? Soy fan tuyo, cantas muy bien. La actuación que más me gustó fue la de La Flauta Mágica."
Recordaba cómo, en aquel instante, una ligera sonrisa se dibujaba en su serio rostro.
"Vaya, me alegro. No hay muchos de tu edad que se interesen por estas cosas, suelen preferir el teatro…"
Recuperó aquella mirada fría y serena que tanto le gustaba.
"También me sorprende cómo eres capaz de bailar y cantar a la vez, y memorizar lo que tienes que que decir en cada momento. Es decir, yo no sabría…"
"Bueno, es cuestión de práctica…para cantar sí es necesario una voz bonita pero ¿bailar? Todo el mundo sabe bailar…"
Klaus musitó levemente -
"Pues yo no sé bailar…A-aunque no pasa nada, claro! Mi trabajo es distinto, me dedico a la ciencia, no necesito bailar para eso. "
"¿Sabes? No me importaría darte clases en mis ratos libres…"
Klaus no se lo creía. Anne tenía fama por su seriedad y profesionalidad, no por hacer favores a la gente.
"¿E-en serio? Si no hace falta, me da mucha vergüenza bailar delante de los demás…- Se empezó a poner colorado, además era con su ídolo, nada más y nada menos.
"Mira, ahora tengo que irme a seguir ensayando, pero mañana, ven a esta hora y te enseño."
A partir de entonces, empezó a aprender el que para él era el más complicado de los bailes: el vals.
Anne ponía la musica y guiaba al otro, al principio era muy torpe, se confundía, iba a destiempo, pisaba a Anne sin querer, lo que le hizo recibir duras regañinas por su parte, pero nunca perdió su sonrisa, ya que nada podía compararse a los ojos azules de Anne clavándose en los suyos, en las partes de la canción que sí sabía dominar. A cambio, Klaus le enseñó lo que sabía: cómo funcionaba la naturaleza, el universo, y las reglas que estos seguían. Ella le escuchaba atentamente mientras vigilaba sus pasos, y le preguntaba por qué existen los eclipses de sol, y la madera se transforma en ceniza , y él respondía , dando datos y explicaciones muy exactas, pero vacías de sentimiento alguno. Él le preguntaba, "cómo puedo ser feliz, cómo sentir y disfrutar la brisa del viento". De alguna manera, ella llenaba aquel vacío racional con su otra manera, más sensitiva de ver la vida, y él racionalizaba la suya, complementándose entre sí.
Sin darse cuenta, poco a poco se habían hecho cada vez más cercanos, hasta el punto de tener cierto tipo de sentimientos hacia el otro. Klaus recordaba aquellas quedadas clandestinas en su camerino "Para pedirle un autógrafo", y también el cómo a partir de entonces su vida había cambiado significativamente. Una voz familiar lo sacó de estas cavilaciones.
"Papá, puedes seguir, me estoy empezando a dormir….- Dijo, bostezandom
Klaus sacudió la cabeza para despejarse.
"Entonces, acabamos casándonos y te tuvimos a ti. Fueron los mejores momentos de mi vida, eras tan pequeño, siempre te tenía que regañar tu madre porque te escapabas y tirabas los tubos de ensayo al suelo…" No pudo evitar que una tierna sonrisa nostálgica se dibujara en su cara.
"Os tenía a los dos, y fuisteis mi mundo entero. Eso duró…un año y medio. Hasta que nos enteramos de que Anne volvía a estar embarazada. Yo no me lo podía creer, y fui muy feliz hasta entonces, esperando la llegada del bebé. Entonces… - La mirada de Klaus se tornó radicalmente en una seria y terriblemente triste. "Anne un día se puso de parto. Nos pilló de sorpresa, y no había un médico en la zona que pudiera ayudar. Yo hice lo que pude pero… - Amargas lágrimas rozaban sus mejillas- Sólo soy un científico, no médico. Ella tuvo complicaciones en el parto y… no sobrevivió. No fui capaz de salvarla. "
Aquel recuerdo, el ver cómo la persona que más amaba, se moría en sus brazos, como la alegría y vivacidad se apagaba poco a poco, sin poder hacer nada para evitarlo.
Klaus se quedó callado. No era capaz de articular palabra, simplemente, las lágrimas corrían por sus mejillas como una lluvia salada, que dejaba pequeños círculos en el suelo de la madera desvencijada del desván. Roderich se levantó y abrazó a su padre, intentando consolarlo.
Este correspondió al abrazo, rodeándolo con sus brazos.
"Roddy, mi pequeño Roddy…" murmuraba mientras besaba la frente de su hijo. Finalmente se calmó, y pudo enjugarse las lágrimas con su bata. "Eres lo último que me queda, mi pequeño Roddy…"
"Y… ¿Qué pasó entonces con el bebé?"
"También murió. De todas maneras, habría vivido una vida dura, lo supe nada más verlo. Además, no tenía leche materna con que alimentarlo. No le des muchas vueltas al tema ¿vale? Es mejor no pensar en estas cosas…-
Le respondió, desviando ligeramente la mirada.
"¿Y por qué sabías que iba a tener una vida difícil?"
"Bueno, es bastante sencillo, porque…"
Entonces se escuchó unos golpes provenientes de la puerta principal.
"¿Por qué no vas a abrir, Roddy? Yo me quedo guardando esto."
Roderich asintió, y bajando rápidamente la escalera que llevaba al desván abrió la puerta y se encontró a alguien que conocía bien, un hombre de aura misteriosa, a quien conocía bien, que ahora estaba rodeado por palomas a las que daba de comer. Algunas las tenía en la cabeza, y también posadas en el brazo.
"¡ !"
