Los pasos crujían en la nieve, se acercaban cada vez más a aquel matorral. El perro olisqueaba el terreno, y los tres que se escondían tenían el corazón en un puño. Vash cargó su arma, lista para ser disparada. Sin embargo, al oler el perro el matorral, dio inmediatamente media vuelta, dirigiéndose en dirección opuesta.

"¿Qué haces Reiner? No te alejes tanto" Le preguntaron los demás hombres de la patrulla.

"Yo que sé, este perro es gilipollas la verdad... Estoy harto de esto."

Mientras, los demás por fin podían dejar de contener el aliento ahí escondidos.

"Ya sabes que hay que obedecer al jefe, es lo que hay. Hasta que no encontremos a ese tío no podrás descansar en esa casita tuya en Baviera" Dijo el de antes, con un tono irónico al final.

"¿Al menos cuando lo encontremos sabremos quién es no?" Intervino otro de ellos. "Pelo parado en punta, gafas y cara de panoli, es fácil de reconocer."

En ese momento, hubo un tenso cruce de miradas entre los tres, que sin decir nada, dijeron muchas cosas. La mirada horrorizada de Roderich al escucharles, la de shock de Gilbert al escuchar tal descripción y Vash mirando intimidante, con un aire de confidencialidad a Gilbert, como diciendo "Ni se te ocurra decir nada ahora o eres hombre muerto, colabora"

El otro oficial, que parecía ser el jefe, le dio una colleja al soldado de antes.

"¿Quieres callarte? ¿El bosque tiene mil oídos, entiendes?"

"Pues si los que van a oír son las ratas y los pinos, que escuchen." Respondió el que se quejaba del perro. Esto pareció relajar los ánimos de la patrulla, quienes comenzaron a reír, animando el paso con ellos.

Los tres se quedaron inmóviles detrás del arbusto hasta que dejaron de oírles. Vash entonces le ofreció un saco con dinero dentro a Gilbert.

"Guíanos y no digas nada sobre esto, ¿Entendido?"

Gilbert asintió, aceptando el dinero, pero estaba escamado, tener problemas con las SS era muy peligroso, y era obvio a por quién iban.

"Ese arbusto tenía orina de lobo". Pensó. "Sabe lo que se hace"

Los tres siguieron caminando, ahora en un silencio bastante incómodo que ni si quiera Gilbert se atrevía a romper.

El sol del mediodía incidía sobre ellos, una luz débil y apenas calentaba, característica del invierno. Pero aún así Gilbert se desviaba del camino común y atravesaba el bosque, el cual conocía como la palma de su mano.

"¿Porqué nos estamos desviando del camino?" Preguntó Vash en cierto momento, estaba ya harto de aquel laberinto interminable de árboles.

"Porque si apareció una patrulla antes puede volver a aparecer otra, y el camino no es seguro. Además, me gustaría poder evitar la luz directa en la medida de lo posible."

"¿Qué pasa, eres un vampiro o algo?" Se burló Roderich un poco por lo de antes.

"Es por esto, señorito idiota" Dijo enseñándole el ojo aprovechando para sacarle la lengua y hacerle una mueca. Roderich iba a responderle cuando Vash les interrumpió, interponiéndose entre ellos. "¿Queréis dejar de discutir de una vez?" Les espetó a ambos duramente y estos se callaron.

Siguieron atravesando el bosque en un silencio muy incómodo entre los tres. Se fue haciendo paulatinamente de noche, se vieron obligados a detenerse en un pequeño claro.

"La montaña está a varios días de aquí"

Indicó Gilbert mirando al cielo, lleno de estrellas, pequeños puntos refulgentes en la oscura y tenebrosa noche que se cernía sobre ellos. Improvisaron una pequeña hoguera, y se sentaron a su alrededor, aprovechando el calor. Roderich tenía la vista perdida en las bailantes y chisporroteantes lenguas de fuego que se retorcían y encogían hipnóticamente. Se bajaba la manga de su abrigo cuidadosamente mientras se mordía el labio, perdido en sus pensamientos, sobre el futuro incierto que le esperaba. Gilbert mientras había ido a buscar algunas ramas para alimentar el fuego, y Vash limpiaba y ponía a punto sus armas. Entonces por unos momentos, las miradas de ambos se cruzaron, en una conversación que no tenía diálogos. La mirada perdida, triste y vacía de Roderich se encontró con la dura, fría y agresiva mirada de Vash, con las llamas anaranjadas interponiéndose entre ellos. Seguía mirándole con aquella fiereza y desprecio que le caracterizaba ahora.

Roderich, sintiendo una presión en el pecho, desvió la mirada y empezó a hacer surcos en la nieve que cubría el suelo.

" Todavía…no me has perdonado ¿verdad?" Musitó levemente.

"Esto lo hago por el dinero, recuerda. De no ser por eso, aún estarías pudriéndote en aquel sitio"

El otro simplemente no respondió y siguió a lo suyo, dibujando en la nieve.

"¡Ha llegado vuestro asombroso salvador con más leña!" Gritó Gilbert, que acababa de llegar y echó la madera al fuego, ardiendo este aún más.

Sin embargo ambos seguían callados en un silencio incómodo.

"¿Qué callados estáis no? Venga vamos a disfrutar un poco, que yo tengo hambre!"

Vash bufó y desvió la mirada, mientras que Roderich parecía no haberle prestado atención, dibujando en la nieve lo que parecía ser una partitura.

"Eh, sois tan aburridos como mi hermano Lud" Dijo mientras se reía de esa forma tan estridente y característica.

Roderich seguía un tanto confuso. Ahora estaba completamente seguro de que esa risa le era familiar, pero no era capaz de ubicarla.

"Y… la cosa está muy mala ahí fuera según han dicho no?"

Dijo Gilbert, intentando romper el silencio mientras comía.

"Yo he oído que han llegado hasta Francia" Intervino Vash, un poco menos tenso. Roderich no dijo nada mientras comía ya que él apenas había recibido noticias del mundo exterior mientras estaba cautivo.

"Vaya…yo también oí eso. Y también que los otros están haciendo operaciones en Dresden…Yo sólo quiero que acabe esto." Respondió Gilbert en un suspiro. Iba a decir algo cuando Vash le indicó algo.

"Eh…creo que tienes una cosa rara ahí en la cabeza." Le señaló un objeto extraño, como una bolita amarilla que se encontraba en el blanco cabello de Gilbert. Este arqueó una ceja y tocó aquello, viendo que era muy suave. Luego sintió como aquello le estaba sujetando el dedo, sin hacerle daño. Al cogerlo, vio a un pequeño pajarito amarillo acurrucado entre sus manos. Gilbert sonrió al verlo tan mono. "¿Desde cuando llevas ahí, eh amiguito?" Los otros dos se acercaron un poco para verlo. El animal abrió el piquito, sujetándose a su dedo.

Gilbert le acercó un pequeño trocito de pan, el cual comió con gusto tras lo cual se acurrucó aún entre sus manos, escondiendo la cabeza bajo el ala.

"Parece que no se quiere ir"

Dijo Roderich, sonriendo levemente ante la ternura de aquel pequeño pajarito.

"Pero yo tengo que usar las manos para comer"

Se quejó Gilbert mientras acariciaba suavemente el lomo del pajarito a lo cual se le ocurrió una idea. Abrió uno de los bolsillos de la parte superior de su chaqueta, y colocó al ave en su interior, dejando la parte superior entreabierta para que este pudiera respirar. Vash intentaba aparentar una imagen dura y recta pero tampoco pudo evitar esbozar una leve sonrisa en sus labios al verlo. Las cosas adorables podían con su aparente frialdad.

"Anda, pero si te acuerdas de sonreír y todo"

Le soltó Roderich aguantándose una pequeña risa. El otro se puso todo rojo muerto de vergüenza y miró a otro lado.

"Cállate".

"Jo pues si se va a quedar debería ponerle un nombre…"

"¿Qué tal Mozart?"

"Si ha venido conmigo debería ser yo quien le ponga el nombre. Uno mucho más asombroso que ese. ¿Qué tal Gilbird? De Gilbert que ya de por sí es el nombre más asombroso y genial que existe, y "bird", porque es un pájaro"

"Es el nombre más cutre que he oído" Respondieron los otros dos al unísono.

"Pues me da igual, el pajarito me ha elegido a mí y no a vosotros, así que así se queda, ¿verdad Gilbird?" Dijo sonriéndole a la pequeña bola de plumas amarilla que dormitaba en su bolsillo.

"Lo que no entiendo es qué rayos hacía ese pájaro en tu cabeza." Se preguntó Vash. "¿Se habrá caído de un nido?"

"La verdad, no tengo ni idea." Respondió encogiéndose de hombros. "El caso es que ahora se quiere quedar conmigo" Dijo entre risas.

Entonces se turnaron para dormir, era lo más recomendable y más si les buscaban. El primero le tocó a Vash, el cual se agarraba a su escopeta como si fuera su propia hija.

Escudriñó los árboles, buscando indicios de cualquier otro humano. Se asustó y estuvo a punto de disparar al ver algo moverse entre la maleza, pero quitó su dedo del gatillo al ver que no era más que un zorro.

El siguiente fue Roderich, el cual durante el turno del otro apenas había conseguido dormir, atormentado por sus pensamientos.

Decidió dar un pequeño paseo para despejarse, sin alejarse mucho, se sentó en una roca cercana. Dirigió su mirada a la gran luna llena, la cual iluminaba tenuemente las lágrimas que rodaban por su rostro, que él ya no podía retener.

Aquel momento a solas le dejaba desahogarse de la gran presión que sentía en su pecho. Dejaba salir pequeños y tenues gemidos de lamento de sus labios.

Entre esto se encontraba, cuando una mano en su hombro le sobresaltó.

"Oye, ¿te encuentras bien?"