El pequeño Roderich se alegró a volver a ver a aquel hombre que ahora, estaba completamente lleno de palomas, similar a un espantapájaros.
"¡Señor Nick!"
Este le revolvió el pelo al niño como gesto de saludo.
"Hola, Roderich."
"¿Porqué tiene tantas palomas subidas, señor Nick?" Dijo mientras se reía.
"Porque ellas son mis amigas. Aunque no creo que tu padre me deje meterlas dentro. Venga, ya os veré luego" Les dijo a las palomas, las cuales salieron volando y se posaron en un árbol cercano.
Roderich fue corriendo hacia donde estaba su padre. "¡Es el señor Nick, papá, ven!"
Klaus terminó de secarse las lágrimas y guardó la antigua caja de recuerdos en el lugar que le correspondía. Este sonrió al ver a su amigo y le saludó con un amistoso abrazo. "¿Qué tal? Cuánto tiempo sin verte"
Mientras los adultos hablaban, Roderich cogió un coche de juguete y se puso a jugar con él.
"Yo, no muy bien. Estoy harto de mi jefe"
El señor Nick empezó a imitarle con voz de pito y abriendo y cerrando la mano como si hablara.
"Ñañaña señor Tesla hazme esto ñañaña señor Tesla hazme esto otro pero te voy a pagar una miseria y encima luego haré lo que me dé la gana"
Klaus se empezó a reír a carcajadas, de forma muy estridente.
"¿En serio tu jefe se porta así contigo?"
Nick asintió.
"Por eso quería pedirte algo. Que trabajáramos ambos en un proyecto. Y también si podrías alojarme en tu casa. Al irme de la compañía de Edison, me echaron la de vivienda que me habían cedido."
Klaus se sobresaltó pero no puso ninguna pega. "Claro, pasa, no hay problema, tengo una habitación libre…"
Dijo mientras le mostraba el interior de una habitación. Estaba intacta aunque un tanto desangelada, con una cama en el centro y había ciertos elementos que indicaban que aquella había sido en su día una habitación infantil, como el móvil que colgaba del techo o un oso de peluche descolorido abandonado en un rincón. Una gran nube de polvo salió al abrir la puerta
. "Sé que está algo abandonada, ahora no es más que un trastero, pero nada que una buena limpieza no pueda arreglar" Dijo con una risa algo nerviosa.
"Y qué clase de proyecto se trata?" Le preguntó tras notar cómo el pequeño se abrazaba a su pierna, intentando mirar dentro de la misteriosa habitación, a la cual él siempre le estaba prohibido entrar.
"Verás…es algo que podría ser capaz de acabar con las guerras en el mundo." Dijo el señor Nick, con bastante seguridad y entusiasmo.
"Te veo muy emocionado con esto" Aseguró Klaus con una sonrisa.
"Si sale bien, hará morder el polvo a ese idiota. Verás, tengo aquí los bocetos…"
A Roderich le aburría todo eso y tras cotillear un poco aquel lugar, volvió a practicar con el piano, debía pasar aquellas audiciones.
Era un poco complicado ya que se les oía trabajando en el laboratorio pero intentó abstraerse para no distraerse. Practicó y practicó hasta que ya era capaz de memorizar la canción con los ojos cerrados, deslizaba sus finos y delicados dedos por las teclas del piano con inusual soltura para su temprana edad. Estaba ya terminando la pieza cuando paró de tocar, abriendo los ojos. Sentía que alguien lo observaba. Sin embargo, no había nadie en la habitación. Se dio cuenta cuando dirigió su mirada a través de la ventana y vio cómo dos ojos verdes que conocía bien le observaban cómo tocaba. Este al ser descubierto, se sonrojó y desvió la mirada. Luego le saludó con la mano escuetamente.
"Yo es que… vine a contarte una cosa, pero no quería molestarte mientras tocabas. Es… una música muy bonita." Dijo al esbozar una pequeña sonrisa.
El otro niño se sorprendió y no pudo dejar escapar una risilla inocente. "Y qué es eso que querías contarme?" Dijo mientras se acercaba a la ventana para poder hablar con él.
"He descubierto un sitio muy especial" Se podía apreciar un cierto brillo en sus ojos al decirlo. "¿Te acuerdas de aquella flor que te conté? La que es muy rara y que sólo florece en las montañas?" Roderich asintió levemente, se acordaba de las historias sobre aquella mítica flor, la edelweiss. Según decían era la única flor que florecía en lo más alto de las montañas y encontrar una era casi una proeza.
"Pues he encontrado un lugar repleto de ellas. Ha sido este amigo quien lo ha encontrado, dale las gracias a él" Se escuchó un ladrido, y Sonne puso las dos patas en el marco de la ventana, moviendo la cola.
"Me gustaría, pero tengo que practicar…"
Vash parecía un tanto decepcionado y enfadado. "Tengo que practicar, tengo que practicar… ¡siempre dices lo mismo!"
Roderich suspiró. "Está bien, pero no volvamos muy tarde o mi padre se va a preocupar"
"Por cierto… este va a ser nuestro secreto, no puedes decir nada de ese lugar, o las edelweiss se marchitarán si va mucha gente allí." Vash le tendió el meñique, serio. El otro sonrió y aceptó la promesa, sacudiendo el meñique. "Voy enseguida"
Vash aceptó y se pusieron en camino. El perro les guiaba por dónde ir, y los dos niños detrás de él, en una escena un tanto cómica. Se detuvieron ante una de las grandes montañas que rodeaban el valle. Era un lugar no muy frecuentado, llamado entre los lugareños como la Montaña Eternamente Blanca, ya que incluso en verano tenía nieve en su cumbre. Tampoco eran muy originales poniendo nombres.
"V-Vash, ¿de verdad está ahí? Esa montaña…me da miedo." Al pequeño Roderich le parecía una montaña muy imponente y en su imaginación infantil allí había todo tipo de monstruos y brujas.
"Quiero volver a casa" Decía temblando mientras daba un paso hacia atrás.
"No nos va a pasar nada, ya he subido una vez y no es muy complicado, además estamos los dos, no tienes de qué preocuparte, Roddy"
"¿De verdad?"
Vash le tomó de la mano, para tranquilizarle y darle seguridad.
"¿Somos un equipo de exploradores, recuerdas?"
Sonne empezó a tirar del pantalón de Roderich y a ladrarle
"Parece que le caes bien" Dijo Vash con una amplia sonrisa.
Roderich se rió al ver al alegre Sonne. Se dibujó en su rostro una expresión de determinación a continuar.
"Venga, vamos. A la aventura!"
Vash se alegró, era lo que quería oír. Sin soltarle, siguieron adelante, montaña arriba . Sonne trepaba sin dificultad alguna, pasaron por escarpados precipicios, atravesando zonas angostas, escalando, hasta llegar a una parte más plana, donde se abría a la vista un gran campo, donde, efectivamente crecían las edelweiss. Estaba completamente lleno de ellas, parecía que el suelo estaba nevado, cuando en realidad era verano y estaba cubierto de aquellas flores blancas.
Era un paisaje idílico, casi no parecía real. El hecho de que había pasado desapercibido para las personas, había conseguido que se conservase.
Roderich se acercó al borde del prado, donde caía un abismo, pero al mismo tiempo podía verse toda la extensión de montañas, que refulgían de oro con la luz del atardecer, sus ojos brillaban de emoción ante tal espectáculo.
"Roddy, aléjate o te vas a caer" Le advirtió Vash el cual se encontraba cogiendo unas pocas de las flores, poniéndole una a Sonne en el cuello.
"¡Esto es precioso!"
Dijo Roderich lleno de emoción, tumbándose en el lecho de níveas flores, y empezó a reírse porque estas le hacían cosquillas en las piernas.
-"¡Oye, oye Vash! ¿Y si hacemos nuestra base de operaciones aquí?"
-"¿Base de operaciones?" Preguntó Vash mientras se arrodillaba a su lado, Sonne lamiéndole las mejillas.
- "Si somos un equipo de exploradores, necesitamos una base secreta de operaciones." Explicó Roderich muy seriamente.
"Nadie conoce este lugar así que es perfecto."
"¿Decías en serio lo del equipo de exploradores?" Vash no pudo evitar una pequeña risa. "Por mí vale, es divertido. Pero si se hace se hace bien. Para empezar un nombre.. Uh.."
"Creo que Edelweiss es el mejor ¿no? Si nuestra base es así, el nombre debería ser Equipo Edelweiss"
Vash asintió levemente, le gustaba el nombre.
"¡Ayudaremos a todo el que lo necesite, y protegeremos las edelweiss!"
Vash se volvió a reír, le parecía que Roderich se lo estaba tomando muy en serio, así que decidió seguirle el juego. Con voz temblorosa, añadió:
-"Roddy, roddy ¡mira!" Apuntó con su dedo al aire, a un sitio donde no parecía haber nada, sólo las flores que brotaban en el suelo.
"¡Un dragón enorme que escupe fuego! ¡Tenemos que proteger la base! ¡Toma tu espada!"
Dijo mientras le lanzaba a Roderich un palo que había en el suelo, luego cogió otra "espada" para él también. Roderich empezó a pegarle al aire, la vara silbando con sus mandobles.
"¡Toma! ¡Dragón malvado!"
Vash se le unió, luchando con su palo contra la criatura imaginaria.
"¡Una llamarada de fuego, cuidado!" Vash se puso delante de Roderich, simulando tener un escudo que los protegía a ambos.
Roderich volvió a blandir su vara contra el aire. "¡Toma!"
"¡Se va, se va volando, lo hemos conseguido!" Gritó Vash mientras Roderich le abrazaba, saltando de alegría. "Hemos ganado, hemos salvado las flores"
Y así continuaron los días, luchando contra enemigos que no existen: brujas,demonios,dragones... en su pequeño juego. A veces ayudaban también a los vecinos del pueblo como "hazañas" de su equipo, como entregar paquetes o limpiar ventanas.
"¿Y eso qué es?" Preguntó Roderich al ver a Vash clavando una estaca en su "base", con una pañoleta blanca atada a esta. En la pañoleta había pobremente dibujada en carboncillo lo que parecía ser la susodicha flor.
"¿Te gusta? Es nuestra bandera, a partir de ahora proclamamos este lugar como la base oficial del Equipo Edelweiss" Dijo Vash con una amplia sonrisa, muy orgulloso de su trabajo.
"Me gusta el dibujo, es bonito" Le respondió con una dulce sonrisa. "Oh! Yo también tengo algo." Se aclaró la voz y dijo de forma solemne:
" Yo, Roderich Edelstein te acepto a ti, Vash Zwingli por los méritos y ayuda al equipo como miembro oficial de plata. ¿Prometes solemnemente ser leal al equipo en todo lo que necesite?"
"Lo prometo"
Mientras decía esto, le colocaba una pequeña chapa metálica en forma de edelweiss en el pecho, como si fuese una medalla, y una corona de las blancas flores en el pelo, como "ceremonia"
"Mi padre me ha ayudado a hacerlas" Le susurró al oído, dándole otra chapa y otra corona de flores por detrás, para que Vash hiciera lo mismo a Roderich.
"Yo..Vash Zwingli te acepto a ti, Roderich Edelstein como…"
"Miembro oficial de plata" murmuró el otro.
"Como miembro oficial de plata por ayudar y proteger lo propio. ¿Prometes estar siempre y ser leal al equipo, pase lo que pase?"
"Lo prometo"
Entonces Vash le puso la segunda chapa a él. Mientras le colocaba la corona en la cabeza, Roderich le miraba con ternura y emoción.
"Esto más que una ceremonia de nombramiento parece…c-como si nos estuviéramos casando o algo así" Dijo Vash con una pequeña risa.
"Si lo quieres ver así, por mí vale. Al fin y al cabo una boda no es más que una promesa de estar siempre cuando el otro lo necesita" Aclaró Roderich con una sonrisa, tomándole de la mano.
"Oh, Um…Por mí vale también" Aceptó con una escueta sonrisa, sintiendo un ligero rubor subiendo a sus mejillas, y una sensación que hasta ahora nunca había sentido se alojó en su pecho, llenándole de una gran y plena felicidad, sin saber muy bien porqué.
"Esto es… la verdadera amistad…¿verdad?"
