-Oye, ¿te encuentras bien?
Roderich se sobresaltó al sentir el roce de una mano en su hombro. Se secó las lágrimas como pudo y miró a la otra persona.
-¿Qué haces despierto? Aún no es tu turno, Gilbert.
-No podía dormir. ¿Te importa si me siento por aquí?
Negó con la cabeza, dirigiendo la mirada hacia la blanca luna llena, como si ésta fuera la única que pudiera entender su sufrimiento.
Gilbert se dio cuenta de las amargas lágrimas de Roderich, las cuales brillaban al rodar por sus mejillas.
-Hey… ¿Ocurre algo, señorito?
Roderich era normalmente una persona cerrada, que no contaba sus problemas, prefiriendo transmitirlos mediante su adorada música, dejando que sus manos bailaran por las suaves y delicadas teclas de su piano, emitiendo una melodía triste, melancólica y llena de sentimientos que sólo él y su música llegarían a entender. Piano dejado atrás, que ya no volverá a posar sus finos dedos en él. Roderich estaba completamente derrotado, hecho trizas. Tanto, que algunas cosas empezaron a darle igual.
-Pues sí que me encuentro mal. Tengo un gran problema.
Gilbert arqueó una ceja, mirándole con atisbo de curiosidad.
-¿De qué se trata? Si no te importa contármelo, aunque quizás te sientas mejor si me cuentas, quién sabe.
Roderich miró hacia un lado, exhalando un gran suspiro. Intentó secarse con el dorso de la mano, pero las lágrimas se resistían a dejar de rodar por sus mejillas como rocío de la mañana en la hierba fresca.
-Simplemente amo a alguien que me odia
Gilbert esbozó una sonrisa pícara y dejó escapar una ligera carcajada. -Oh, ¿el señorito se nos ha enamorado y ahora tiene problemas de amor? ¿Y quién es la afortunada si se puede saber?
-Pues…es una persona bastante especial. Es valiente y fría como el hielo. Con bastante temperamento, pero con un buen corazón.
Roderich miró hacia otro lado, estaba todo rojo, sonriendo un poquito, nunca se había sincerado así con alguien.
Gilbert no pudo evitar una pequeña risa.
-Me recuerda a alguien que conozco. ¿Por casualidad no será castaña y usa sartenes como elemento disuasorio verdad?
Su semblante cambió a un tono más serio, mirándole fijamente a los ojos.
Roderich se sintió profundamente intimidado por aquella mirada, el tono había cambiado bruscamente.
-No…No debe ser quien tu dices. No conozco a nadie así. Para empezar, tiene el cabello rubio.
Gilbert suspiró, tomando una piedra y jugueteando con ella mientras hablaba.
-¿No cuentes esto a nadie entendido? Queda entre nosotros. Especialmente lo digo por Vash
El otro asintió, él era un hombre de palabra.
En un descuido, el albino pudo ver cómo una de las mangas del otro se había subido, dejando al descubierto un ponzoñoso, oscuro número que marcaba de por vida su inmaculada piel blanca.
Gilbert dirigió su mirada para otro lado, haciendo como si no hubiera visto nada. Aquello sin embargo, explicaba muchas cosas, como el porqué le perseguía aquella patrulla. Debía de tener cuidado de ahora en adelante.
-Ya no sé que hacer… he intentado olvidar pero es imposible.
-Señorito…¿Quieres que te dé algún consejo? Sé de como lidiar con este tipo de situaciones.
-Bueno, peor de lo que está no puede estar así que… adelante supongo
-Hmm… a ver.. ¿Por qué crees que te odia?
-Porque fui un completo idiota
-Mira, algo en lo que estamos de acuerdo.
Se rió un poco, a costa de recibir un puño en su hombro.
-Au…
Gilbert frunció un poco el ceño, frotándose la zona en la que le había golpeado. Era un debilucho y apenas le hizo daño, pero aún así le molestó bastante.
Roderich se aclaró la garganta antes de continuar.
-Cuando yo era un poco más joven hice algo…que le hirió mucho. Algo que en su momento no me pareció gran cosa pero al pensarlo en frío…fui mezquino por mi parte.
Gilbert asintió, y mientras le escuchaba, deslizó uno de sus dedos en el bolsillo de su chaqueta, acariciando suavemente a su pequeño plumífero amiguito, para comprobar si todavía seguía dormido. Tosió levemente antes de responderle.
-Entonces pídele disculpas, lo primero. Luego dile algo bonito, lo que te gusta de ella.
Roderich desvió la mirada, tenía que admitir que el albino llevaba razón.
-Yo siento mucho lo que hice pero…no me atrevo ni a dirigirle la palabra. Tiene una mirada tan penetrante, sus fríos ojos verdes se clavan en mí, y… no puedo.
Roderich sentía cómo sus lágrimas volvían a caer sin control rodando por sus mejillas como rocas colina abajo.
Gilbert le dio una palmadita en la espalda para consolarle.
-¿Y si se lo dijera yo por ti?
-¿Tú? Si ni siquiera sabes cómo es"
-Pues dímelo entonces"
-Bueno…tiene el cabello rubio, ojos verdes.. Pero reconocible sobretodo porque siempre parece tener expresión de enfado.
Gilbert se aguantó la risa, se le acababa de ocurrir algo muy divertido.
-¿Qué ocurre? ¿Qué es tan gracioso?
Inquirió el austriaco, no gustándole que se riera de sus desgracias. Gilbert seguía riéndose mientras hablaba.
-Es que, hablando de alguien así, parece como si estuvieras enamorado de Vash…
-7!¿Q-qué...!? ¡No!
Gilbert empezó a reírse aún más cuando vió su reacción.
-¡Te has puesto todo rojo!
Efectivamente, el rostro de Roderich se había tornado de un rojo bermellón intenso. Él mismo, estaba paralizado. Para relajarle, Gilbert le dio una palmada en la espalda.
-Lo siento, era solo una broma, tranquilízate.
-Es que…
Roderich musitó y se quedó callado por unos instantes.
-Se trata de alguien cercano a Vash. Por eso no puedes decirle nada. Más concretamente de su hermana, se parecen mucho los dos.
Gilbert asintió levemente, tenía bastante sentido entonces. Roderich siguió mirando abajo, a la fría y blanca nieve, ahora sucia al haberla manchado con sus zapatos.
-Entonces supongo que Vash impediría que tú te acercaras a ella ¿no? Tiene pinta de ser un hermano protector. Quítale del medio. En eso puedo ayudarte.
-No. Roderich negó con la cabeza, mirándole fijamente.
-No quiero hacerle daño.
-¡Pero si está entre tú y esa persona!
Roderich le tomó del cuello de la camisa, observándole directamente a los ojos, con gran furia en su mirada.
-No le vas a tocar un pelo a Vash, ¿entendido?
Masculló entre dientes, antes de soltarle repentinamente. Gilbert se había quedado muy sorprendido ante tal violento gesto por su parte. Roderich suspiró, apoyando sus brazos en las rodillas
-Lo siento, no sé qué me ha pasado…
Gilbert tomó un profundo aliento, calentándose las manos, frotando.
-Toc toc.
-¿Cómo que "toc toc"?
-Te toca decir "Quién es".
Roderich suspiró y rodó los ojos.
-Está bien. ¿Quién es?
-"Talanda"
-¿Qué "Talanda"?
-Yo muy bien, gracias por preguntar, ¿y usted?
Roderich se quedó callado unos momentos, mientras hacía un amago de sonrisa.
-Vamos, sé que te ha hecho gracia
Le empezó a picar el otro, con una sonrisa burlona.
"Pero es que es malísimo"
Fue lo que dijo antes de echarse a reír, de una manera en la que no se había reído en mucho tiempo.
Gilbert le animó con un pulgar arriba.
-¿Ves señorito? Ahora deja de lloriquear y ve a decirle un par de cosas.
Roderich asintió, sintiéndose mejor consigo mismo y con mas ánimos que antes, sintiendo que ahora tenía un aliado o posible amigo que le ayudaba en tal pésimo momento de su vida.
Bostezó, dejándole el turno al albino y dirigiendóse a la hoguera donde Vash descansaba, sus mechones rubios caían suavemente sobre su cara, y esbozó una leve sonrisa en su sueño, seguramente debido a lo que estuviera soñando.
Roderich le dirigió una mirada al mercenario de soslayo, pensando en lo que acababa de hablar con Gilbert, antes de irse a dormir.
Entonces, Roderich se acurrucó frente al fuego, con una triste sonrisa, pero llena de esperanza por el futuro.
