-Jean Luc-
Los rayos del sol se estrellaron con mi cara, obligándome a despertar para empezar una nueva mañana. Yo me encontraba encorvado en el piso, con una sola cobija que rodeaba mi cuerpo como una oruga y me protegía del suelo congelante.
No fue hasta que el sonido de mi celular empezó a resonar por la habitación, debido a lo vacío que estaba el cuarto.
Gemí de dolor al sentarme, pues, sentía que habían pulverizado mi espalda, y a mis hombros los hubieran aplastado, lo único que no me dolía, del cuerpo, eran las piernas y la cabeza, pero el resto, estaba demacrado, tal y como si hubiera salido de una pelea.
Aun con mis ojos somnolientos, tomo el celular y respondí la llamada.
—Bonjour —Dije con la voz ronca.
—Bonjour dormilón. ¿Listo para iniciar el día? —escuche a través del celular. Solté un gran bostezo mientras hurgaba mis ojos.
—Sí, solo necesito darme un baño.
—Date prisa, pasaremos a recogerlos en una hora.
—Claro, estaré listo, y Bluey...
—Dime.
—Gracias por esto —dije mientras me levantaba con dolor y me asomaba por la ventana —, si te soy sincero, aún me cuesta trabajo aceptar que viviré aquí.
—Jean... mis amigos y yo te ayudaremos a sentirte en casa, no será igual que Canadá, pero Brisbane tiene su propio encanto.
—Así veo. Anoche, me quedé apreciando el río y sus edificios, son espectaculares, quiero verlos más de cerca.
—¡Esa es la actitud! Nos vemos en una hora Jean.
—Claro Bluey.
Pronto, mi père y yo nos encontrábamos fuera del edificio. Listos para el tour, o bueno, yo lo estaba.
Algo que debía agradecer de Brisbane era el clima tan natural y fresco, que, fue como si me estuvieran dando un respiro. No lo sé. Solo sentía que me quitaba un pequeño peso de encima.
Papá resopló. Lo volteé a ver con el ceño fruncido y dije.
—Papá. —llame su atención— Lo que sucedió en el campamento, hay que evitar repetirlo. Perdiste una oportunidad para darles una buena impresión a los Heelers y este es la segunda. No la arruines. —Pedí, con mis ojos puestos en él.
—Hijo. —El tono de su voz llamó mi atención. Suave y flexible. —Exactamente qué quieres que les muestre. Apenas llevamos una noche aquí, y no creo que sea suficiente como para cambiar.
"Cambiar" resonó en mi cabeza. ¿A qué se refería?
—¿Cambiar? —Pregunte, arqueando la ceja.
Mi padre se vio nervioso.
—Si hijo, es una buena oportunidad para el cambio.
—¿Por qué lo dices? ¿Esa es la razón por la que nos mudamos? —Cuestione. El enojo estaba empezando a recorrer mi cuerpo, era como tener pólvora en las venas.
Mi père libero un suspiro antes de asentir.
La respuesta se asemejo a un fosforo que prendió el mechero, y genero una explosión de ira en mí. Me sentí engañado y la ira por la mudanza, no hacía más que crecer.
—¿Qué hay del trabajo? ¿Eso era mentira? —Pregunte, pues eso fue una de las supuestas razones por la que nos mudamos.
Père tragó saliva. Los murmullos de las personas, junto con los pitidos de los autos, se volvían insonoros mientras más enfocaba la vista en papa.
—Sí y no...
—¡Es enserio! ¡Dijiste que te habían ofrecido un mejor empleo! —Exclame con enojo ante la respuesta, ambigua, que dio.
A este punto me dejo de importar el gritarle a mi père, porque, nuevamente, me mintió en la cara, y es algo que no tolero. Donde quedo el sujeto que me repetía miles de veces el "Siempre se honesto".
—Si hijo, eso es lo que dije. Lamentó haberte mentido, pero, créeme, esto será bueno para los 2.
—¡Solo para ti! —Extendí mis brazos con enojo —Yo no quería venir aquí, estaba bien haya con mis amigos, con mi ciudad... —Los recuerdos se volvieron el combustible que avivan el fuego dentro de mí.
—Desde aquel día. Siempre hemos mentido con eso... —El pelaje de mi espalda se erizo y desvié la mirada.
—¿Qué cosa?
—"Estar bien".
—¡Yo lo estoy! No me la pasó llorando como tú todas las noches —Le reclame. Mis palabras fueron flamas ardientes que impactaron contra mi père y lo dejaron en silencio por unos segundos.
En el fondo, sabía que estaba mal el gritarle, pero no puedo evitar sentirme frustrado con él. Primero tengo que tolerar esas noches, en el que la densidad de la atmosfera es horrible y que, encima, me separe de mis amigos, quienes eran los únicos que me alegraban el día y ahora... Estoy a millares de ellos.
—¿Quieres saber por qué nos mudamos?
—Oui. —Respondí de inmediato.
—¡Jean Luc! —llamaron. Bluey terminaba de bajar del auto y empezó a correr hasta mí con emoción— ¡Hola!
Tanto mi père, como yo, volteamos a verlos y dejamos a un lado el tema. Bluey se detuvo en seco al percatarse de nuestro semblante.
—¿Todo está bien? —Pregunto, mostrando preocupación.
Fulmine por última vez a mi padre con la mirada.
—Si —voltee a verla mientras forzaba una sonrisa— Solo que no dormimos bien anoche.
La heeler sonrió.
—¿Por qué? ¿Acaso durmieron en el piso? —Bromeo. Enarque las cejas junto con una sonrisa sarcástica para darle a entender, mientras recordaba el pequeño dolor de mi espalda. —Ooooh. Permíteme, te la trueno.
—Mer... Espera ¿Qué? —Se escuchó el sonido de mi espalda siendo tronada por Bluey. Al principio fue doloroso, pero en cuestión de segundos y ya estaba como nuevo— Guau... esta mejor
—De nada. Ahora vamos, tengo varias cosas que mostrarte.
—Claro —desvié mi rostro al Heeler más alto y con una sonrisa, saludé —Bonjour señor Heeler.
—¿Qué tal Bandit? —Saludo mi père con su mano.
—Vladimir, Jean Luc. Hola, vamos suban. Tenemos mucho que mostrarle.
Bluey abrió la puerta del auto y con una mirada juguetona, dijo.
—Damas primero —bromeo con sus ojos posados en mí e intentando no reír.
Puse los ojos en blanco junto con una sonrisa.
—Que caballerosa mi lady.
Mi enojo se fue desvaneciendo a medida que convivia con aquella chica, quien no dejaba de brindarme sonrisas y diversión, al igual que cuando éramos niños. Los lugares que conocimos fueron: la plaza ANZAC, el puente story y el jardín Botánico.
Lugares muy hermosos que me dejaron encantados. Pero... Aunque deseara evitarlo. Los recuerdos de Canadá volvían a mí; Podía ver Vancouver reflejado en todos lados.
Tenía que darle mérito a Brisbane, y era por su río. Era impresionante ver como este se extendía a varios kilómetros hasta el mar, ver lo limpio que era el agua y, sobre todo, esas brisas tan refrescantes y espléndidas que me recordaban a Vancouver...
"Jean Luc"
De hecho, esto era igual a Vancouver. Es tan semejante que me llega un sentimiento.
"Jean"
Una especie de presión que aplastaba mi pecho y me sumergía en un mar de nostalgia.
—¡Jean! —Salí, abruptamente, de mis pensamientos.
—Oui, sí, estoy vivo —dije incorporándome y recuperando los sentidos.
—¿Estas bien? Te noto muy distraído.
—Perdona, es que tengo tantas cosas en la cabeza.
—Es Vancouver ¿Cierto? —Pregunto con decepción.
—Si. Es difícil olvidar la ciudad.
—Jean, mira el panorama, tienes un nuevo lugar por conocer, solo mira el río. ¿Con que puedes asemejarlo?
Me tome unos segundos para responderle. Buscaba recuerdos.
—Con el False creek. Solía jugar con mis amigos en aquel sitio, las brisas eran similares a estas. Me divertía mucho, a pesar de las cosas absurdas que hacían. Valia la pena lastimarse jugando.
Ella desvió su mirada, sus orejas decayeron y susurro.
—Ellos son muy especiales para ti ¿Cierto?
—Sin duda.
Yo soy una persona muy observadora, pero, esta vez, solo pude percibir una sutil reacción de parte de Bluey, ¿Decepción?
En ese momento, Bluey mostraba un semblante ligeramente distinto. Cada que mencionaba algo sobre Canadá, ya sea: plazas, edificios, parques o amigos; Ella se decepcionaba o enojaba, y me lo hacía saber con algún que otro gruñido.
A pesar que el señor Heeler volteaba a vernos de vez en cuando. Su mirada se enfocaba más en Bluey, podía sentir que el señor Heeler se daba cuenta de aquella actitud, pero lo que más me extraño, fue esa sensación de tristeza, mejor dicho, nostalgia, que él transmitía.
—Muy bien, llegamos. —Dijo el señor Heeler —Les damos la bienvenida a nuestro Hogar.
Père y yo apreciamos aquella vivienda. Eran tan colorida y hermosa desde afuera, que se nos escapó un "Wow" de nuestras bocas.
—Y todavía falta ver el interior. Vengan.
—Vamos Jean. Quiero que conozcas a mis amigos —Hablo Bluey, mientras tomaba mi mano y me adentraba a su hogar.
Bingo, Junto con su madre, la señora Heeler, nos recibieron y daban la bienvenida.
Debo decir que el aroma de su hogar era muy agradable, junto con esos colores tan vivos que me dejaban impresionados y me daba la sensación de estar dentro de un canasto de frutas. Me puse a observar con atención los cuadros familiares, algunos mostraban a los padres y otras mostraban a la pequeña Bluey y a su hermana.
—Nos vemos adorables ¿Verdad que sí? —Comento Bingo.
—Oui... ¿Qué les paso?
Las hermanas no supieron cómo reaccionar. Estaban decidiéndose si ofenderse o echarse a reír.
—¿Me acabas de decir fea? —pregunto Bingo.
—No, no, solo... —Me puse nervioso.
—Ja, ya quisiera verte al despertar —Dijo mientras me desordenaba el pelo —Ya basta de charla. Vamos al jardín.
Su jardín era igual de hermoso, sobre todo aquel árbol que tenía una banca alrededor. Lo que verdaderamente me llamo la atención, fue a las personas que teníamos al frente. Había más adultos que adolescentes.
—¡Hola a todos! —Exclamo el señor Heeler. Las miradas posadas sobre nosotros nos erizo el pelaje, pero intentábamos vernos lo más calmados posible. Aunque de todas esas miradas, hubo una que me puso tenso, era la de un Border Collie, quien me miraba fijamente y me inspeccionaba de pies a cabeza.
Sonreí con nervios.
—Él es Vladimir y su hijo, Jean-Luc.
A diferencia de lo que pensé. Estas personas nos recibieron con una sonrisa, nos saludaron y no tardaron mucho en preguntar sobre nosotros, como: de donde éramos, nuestras edades, la razón por la que nos mudamos y demás cosas.
Me mantuve un rato platicando con aquellos desconocidos, pero, era hora de conocer a sus hijos y amigos de Bluey. Con la primera que me presente fue con su mejor amiga, Judo.
—Salut Judo —Dije mientras estiraba mi mano —Soy Jean Luc.
—Lo sé —respondió —Bluey hablo mucho de ti estos días. —Tal vez sea mi imaginación, pero al estrechar mi mano, pude sentir un apretón un poco más fuerte y eso contrarrestaba un poco la mirada tierna que me lanzaba, como si fingiera su sonrisa.
A su lado, se posiciono el Border Collie, quien forzó una sonrisa.
—Hola Jean Luc... Un gusto conocerte.
Yo sonreí, en un intento de aligerar esa tensión que había entre nosotros, sobre todo, porque Bluey se encontraba en medio.
—Salut Mackenzie —Mi mano quedo tendida en el aire, ya que, ese Border Collie no correspondió.
—Entonces... Me conoces.
—Si... Bluey me ha contado mucho sobre ti. —Intentaba animar las cosas, pero Mackenzie no parecía tener el mismo objetivo.
—Enserio, entonces sabrás que soy...
—Sí, lo sé, su mejor amigo. —Nos fulminamos con nuestras miradas. Era evidente que Mackenzie ya tenía algo contra mí. La verdad, sentía que ambas personas tenían algo contra mí: Judo y él.
—Chicos, él es Jean-Luc —Escuchamos la voz de Bingo en medio de nosotros. Traía consigo 2 personas más. —Jean. Ellos son Banjo y Lila, mis mejores amigos.
—¿Qué tal Jean-Luc? Mucho gusto —Hablo Banjo, mientras estrechábamos las manos y nos brindábamos una sonrisa.
—Vaya, no espere conocer a un canadiense. —Comento la tal Lila, mientras estrechábamos las manos.
—Yo no esperaba mudarme Australia. —Bromee.
—Cuéntanos ¿De dónde eres?
—Soy de Vancouver.
—¿Vancouver? Eh escuchado que tiene una hermosa vista al mar —Comento Banjo.
—Oh oui. Lo tiene, hay variedad y el clima no es tan frío como el resto del país.
—Justo eso iba a preguntar.
Bluey desvió su mirada. Sentí que nuevamente lo había arruinado, pero, no sé por qué. Ella se dirigió a la mesa con bocadillos de la fiesta y no dude en seguirla.
—Denme un minuto. —Me despedí con respeto.
—Algo... no me parece bien. —Escuche a medida que avanzaba.
No sabía cuál era el problema y no quería arruinar esta fiesta que tanto le costó preparar a los Heelers; Es un detalle muy bonito de parte suya.
—Christine Heeler —La llame con una sonrisa para obtener rápidamente su atención. Su semblante me mostraba lo decaída que estaba.
—Mmm...
—¿Qué sucede Bluey? Pensé que la íbamos a pasarla bien.
—Yo estoy bien. Pero tu... no pareces del todo entusiasmado.
La mire, confundido.
—¿A qué te refieres?
—No me mal entiendas Jean, pero, False creek, High park —Lo dijo como si estuviera preguntando.
—¿Qué tiene de malo esos sitios?
—Suenas melancólico cada vez que lo mencionas y eso me hace pensar que no te gusta aquí. —La palabra "melancolía" me tomo desprevenido.
—Lo siento, es que, esto no es fácil sabes.
—Lo sé Jean Luc, pero ¿Cuánto tiempo piensas estar así? —Me vio a los ojos.
—Yo, no lo sé... —Es irónico, ahora a mí me parecía estúpido mi propia respuesta— ¿Qué quieres que haga?
—Quiero que olvides Canadá.
De pronto, sentí como una especie de barrera desafiante se interpuso entre nosotros. Y como si nunca se hubiera ido, la tensión volvió a crecer, esta vez, entre Bluey y yo. La mire con indignación, aunque en el fondo estaba sorprendido por escucharla decir eso.
—Bluey, acaso ¿Es una especie de broma?
Ella se designó y con un suspiro, dijo.
—Entiendo que sea tu lugar. Pero ya no vas a poder volver... Solo quiero evitar que te deprimas cada que lo recuerdes —Ella poso su mano en su brazo y yo llevé la mía al cuello.
—Agradezco tu preocupación Bluey, enserio, pero no me pidas eso. Tengo gente importante viviendo ahí.
—¿Y acaso yo no soy importante? —Susurro con la mirada apartada.
—¿Quoi?
—Nada. —Intento alejarse, pero la detuve con mi voz.
—No, no, oí lo que dijiste. —Me estaba poniendo nervioso. No me gustaba generar conflictos, pero... Ya estaba metido en uno. La tome del brazo y la obligue a verme a los ojos— y no tiene sentido. Claro que me importas Bluey, aprendí ingles mucho antes que los demás, solo por ti.
El rubor cubrió nuestros rostros. Estaba apenado por lo dicho, pero era verdad, a pesar de no haberla visto por un buen tiempo, Bluey fue aquel incentivo para aprender inglés. Tuve una pisca de esperanza en volver a verla y no me equivoque.
—Pero ¿Que tiene que ver eso con todo esto? —Continúe.
Ella regreso a verme con enojo.
—¡Mucho Jean! ¡Deseaba con fuerzas que vieras este lugar como tu nuevo hogar, pero no paras de estar llorando por Vancouver! ¡¿Por qué no puedes olvidarlo?!
—¡Porque yo nunca quise mudarme! —Exclamé con furia. No medí las palabras, y sin darme cuenta, las había transformado en dagas que impactaron fuertemente en el pecho de la heeler. Ya fue muy tarde para evitarlo.
Las palabras se habían escapado de mis labios. Los ojos de Bluey se humedecieron, sus labios temblaron y, sin dirigirme una palabra, se adentró a su hogar mientras apretaba los puños con fuerza.
No sé qué era lo que más me dolía, verla llorar o saber que yo fui el causante.
—Bluey, no quise... —Intenté disculparme, intenté seguirla para remediar las cosas, pero, Mackenzie se interpuso en mi camino y, con una mirada seria, dijo.
—Mejor será que la dejes en paz. Ya hiciste suficiente.
No estoy ni 20 minutos aquí y logre dar una verdadera razón para que Mackenzie estuviera en mi contra. Lo único que me tranquiliza, es que los adultos estaban tan enfocados en ellos que no notaron la discusión.
—Mackenzie, te pido que te apartes, por favor —Siempre intento no crear una pelea, pero ese sujeto no colaboraba.
—¿O qué? —Respondió de manera desafiante. Empecé a negar con la cabeza y tomé rumbo a la salida. Necesitaba aire.
—Mackenzie, ahora si te portaste como un idiota —dijo Bingo.
Minutos después. Estaba sentado en las escaleras, frente a la puerta. Restriego mi rostro con mis manos, en un intento de relajarme, pero se me hacía imposible. Intento cuestionarme todo lo que sucedió ahí adentro. ¿Acaso ella tiene razón y yo estoy mal? ¿Debería olvidar a todos? ¿Cómo no me di cuenta de mi manera de hablar? ¿Acaso estoy repitiendo la misma situación de mi madre...?
—Sabes que hay una fiesta aquí adentro ¿No? —Hablo mi père, detrás de mí.
—Lo sé... —respondí sin muchos ánimos.
Mi Père se sentó junto a mí.
—¿Qué sucedió?
—Arruine el día. Pude haber terminado con una fantástica noche —Comparé aquella noche del campamento con esta—Pero no pare de mencionar Canadá y, ahora ella está enfadada conmigo. Me temo que lastime sus sentimientos...
—Bueno, te escuchabas muy melancólico en el viaje.
Me di un fuerte bofetón en la cara, tan fuerte que resonó por la casa. Papá solo confirmaba lo que dijo Bluey.
—Y no está mal... Yo también voy a extrañar Vancouver. —Dijo.
Tuvimos unos minutos de silencio, en el que dejamos que las pequeñas brisas del viento sacudieran nuestros pelajes.
—Père —Llame su atención —¿Por qué nos mudamos? Estábamos bien por allá.
—Pensé que deseabas estar con esa chica.
—Claro que lo quiero, es una amiga —dije eso ultimo con algo de duda—, pero... Hablamos de una mudanza, algo permanente; Y tu solo llegaste y me lo dijiste sin preguntar.
El poso su mirada al frente.
—Lamento eso...
—¿Por qué nos mudamos? —Volví a preguntar, deseaba saber la respuesta. Père tomo aire antes de hablar.
—Te acuerdas lo que dije esta mañana, lo de "estar bien". —Asentí— Hijo en el campamento, y hoy, me lo recalcaste. Tenías razón. Yo no estoy bien, tú no estás bien, no estamos bien...
—Yo estoy bien papa. Tu no lo estas.
El frunció el ceño. Saco su celular, indago un rato en la pantalla y prosiguió a dármelo.
—Mira eso Jean. —Tomé el aparato y, con mi dedo, empecé a deslizar las imágenes.
La primera fue un golpe al pecho, porque era de mi madre.
La segunda fue un vacío que sentí, ya que era solo de mi père y yo, sonriendo a la cámara, pero siendo separados por la distancia, como su hubiera una barrera entre nosotros.
La tercera, era una vista de mis calificaciones después de la muerte de maman. Las notas eran bajas.
La cuarta imagen era de calificaciones, pero del año anterior, todas llegaban a la nota mínima para pasar
—Compara esas notas con los de la escuela, o inicios de la secundaria. —Lo vi de reojo— Ana me dice que sueles faltar a algunas clases. Te encuentra, ya sea, en las canchas de hockey, observando un claro o simplemente creando figuras de madera, en esa semana oscura.
"Traidora", fue lo que pensé antes de desviar la mirada del celular.
—Lo siento papa, no quería preocuparte más de lo que ya estas.
—Soy tu père, claro que me voy a preocupar, sobre todo lo que nos pasó a los 2. —La presión empezó a aplastar mi pecho y me esforzaba por tratar de que mis ojos no se humedecieran— Tienes razón. Desde que tu madre partió, ambos vivimos en negación. Es por eso que decidí que es buena idea mudarnos, porque nuestra casa dejo de sentirse cómoda. Vancouver, irónicamente, dejo de sentirse cálida...
Mi mente me empezó a mostrar vagos recuerdos en donde me sentía solo, sin importar en donde estuviese, me sentía solo. Pero, no lo entiendo. Yo estaba alegre con mis amigos o ¿Acaso fingía mi propia felicidad? ¿Yo mismo decidí vivir en engaños?
—Todo perdió sentido porque nosotros lo permitimos —Dijo.
Fue una frase que logro humedecer mis ojos.
—Mira hijo. —Continuo papa —Tu madre ya no está. Pero es momento de volver a tomar las riendas de nuestras vidas, e intentar, seguir adelante.
Las lágrimas empezaron a humedecer mis ojos y resistía para que no resbalaran por mi mejilla. Con una voz quebrada, le dije lo único que pudo salir de mi garganta y aflojar ligeramente aquel nudo que se formaba en mi cuello.
—La extraño. —"Inhala y exhala" resonó en mi cabeza.
—Yo también Jean, yo también...
Mi padre me abrazo, y, hace mucho tiempo que no sentía esa calidez, esa sensación, ese sentimiento... De tener un padre.
—Hijo, estoy dispuesto a cambiar y darle una oportunidad a esta ciudad. La pregunta aquí es:
¿Tú lo harás?
