Disclaimer: Los personajes de Harry Potter pertenecen a J.K. Rowling, yo simplemente los utilizo con fines de entretenimiento.

N/A: Esta historia pertenece al grupo de Facebook Harmony (Harry y Hermione), del álbum Ideas Donadas y fue donada por Saphira Bjartskular.

Resumen: Hermione no supera su pánico a las alturas. Es algo que puede más que ella. Harry es un experto en esta materia y en un acto desinteresado, le propone a su amiga darle clases para ayudarla a superar ese problema. En su compañía, Harry descubrirá un nuevo temor: perderla.

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—No he visto que vinieras a las prácticas —fue lo primero que le dijo Harry cuando Hermione se acercó hasta dónde él estaba. Harry miró al campo de Quidditch, que por fortuna, ya se encontraba vacío. Finalmente todos los que no tenían nada que ver con Gryffindor, se fueron—. He elegido a Ron como nuevo guardián. Lo ha hecho bien.

—Me alegro por él. Le felicitaré más tarde —dijo Hermione, quién se quedó mirando a Harry desde cierta distancia. Ella miraba a sus alrededores, confirmando que en verdad el campo se encontrase vacío. Solo ellos dos estaban ahí. Antes de que iniciaran las audiciones ella estuvo sentada en las gradas, pero había tantas personas a su alrededor que se sintió cohibida por saber lo que iba a ocurrir después de que la audición terminara. Así que con los nervios a flote, se fue a dar un paseo por los alrededores—. Me encontré a Luna en el camino, me comentó que muchos de los que participaron ni eran de Gryffindor.

—Ni me lo recuerdes —Harry cerró el baúl—. Ha sido el peor entrenamiento que he dado en mi vida. ¡Y sólo es el primero! Por cierto, recuerda que cuando terminemos debemos ir con Hagrid.

—Por supuesto —Hermione se mordió los labios cuando vio las dos escobas que estaban en el suelo—. Supongo que a Filch no le hizo ninguna gracia devolverte tu escoba.

—Ganas no le faltaron para querer destruirla, sabía que eso le causaría problemas —Harry sonrió amargamente—, pero dejemos esa conversación para otro momento —la sonrisa amarga desapareció de su rostro—. ¡A entrenar!

—Harry…

Harry —Hizo una pésima imitación de su voz y Hermione le lanzó una mirada de enojo, pero en su rostro apareció una mueca de disgusto—. Harry nada, dijimos que está sería nuestra primera sesión de vuelo. Y así será. Ven.

Hermione, quién tenía los brazos cruzados, se acercó mucho más a él, quedando a un palmo de distancia y se retiró los guantes que llevaba encima, ya que ese día no hacía calor precisamente. Harry la miró frunciendo el ceño y se quitó sus guantes para ponérselos a ella.

—Son mejores para ti y así puedes sostener la escoba —dijo—. Yo me pondré los tuyos —Hermione se los sacó del bolsillo y se los tendió.

Harry tomo su saeta de fuego y la hechizó para que se mantuviera elevada, mientras que la escoba extra y el baúl de Quiddicth los llevaba al otro extremo del campo, para que no le estorbaran.

Hermione miró con temor la escoba en la que se iba a montar. Sabía que la saeta de fuego de Harry era de las más veloces, Ron siempre lo repetía y ella llevaba más de tres años viendo a Harry volar encima de ella. Lo hacía ver tan fácil… y Harry le tenía tanto cariño a esa escoba.

Harry era uno de los mejores jugadores de Quidditch que ella admirara. No le gustaba ese deporte pero su amigo siempre volaba a grandes velocidades, frenaba a última instancia antes de chocar contra el suelo y hacía parecer que la snitch dorada era fácil de atrapar. Y luego estaban las volteretas tan locas que hacía en menos de un minuto.

¡Ella no se iba a montar sobre ese monstruo! Ya había volado en tantas cosas…

Harry estaba muy equivocado, ella estaba segura que no iba a pasar de la primera clase. No podía obligarla, ¿verdad? Ella solamente tenía que suplicarle y sollozar un poco para que su amigo se hiciera para atrás con esa locura.

—Sube —Se sobresaltó cuando lo escuchó a sus espaldas. No se lo preguntó, prácticamente, se lo ordenó. Y ella lo miró boquiabierta, ¿su amigo ya era muy consciente de sus emociones negativas? — No vas a subir sola, yo te voy a sujetar.

Harry se encontraba tomando la esquina de la escoba. A pesar del frío, Hermione sentía cómo el sudor se filtraba por los huecos de los guantes. Hermione tocó el palo de la escoba, luego su mano se cerró sobre él, cruzó su pierna sobre la escoba y se subió. Respiró aliviada, sus pies tocaban el suelo húmedo.

—Harry, no le digas que vaya a mucha velocidad.

Harry contuvo la carcajada ante el comentario que ella hizo.

—Yo no le digo a qué velocidad debe ir. Sólo debes concentrarte y pensar que tan rápido quieres volar. Tú misma eres la que debe sentir qué tan veloz ir.

—¡Pero tu escoba es de las más rápidas! Nos ha dicho Ron que vuela a miles de kilómetros y…

Aunque suspiró exasperado, Harry le sonrió a su alumna y soltó la escoba, pero no se movió. Ajustó las manos de Hermione sobre el palo de su escoba y le ordenó que se inclinara un poco, por cargar tanto libro, ya tenía una leve inclinación de cómo debía estar. Hermione cerró con fuerza sus manos en la escoba y se concentró en un punto vacío del estadio. Harry se hizo para atrás, para mirar que Hermione estuviera en la posición correcta, luego se montó sobre su escoba, quedando detrás de ella.

—En casa de Ron llegaste a elevarte hasta cinco metros —murmuró Harry y sus manos se posaron por delante de las de ella—. Vamos a subir a esa altura. ¿Vale?

—Bien —suspiro la gryffindor.

Harry dio un golpe en el pasto frío y empezaron a elevarse poco a poco. Sonrió para sus adentros cuando escuchó a su amiga soltar un quejido de sorpresa. En verdad que no comprendía del todo a su amiga, en el verano no la vio quejarse mientras volaba. El frío les golpeó a ambos en la cara. Hermione ya estaba temblando, pero no por el frío.

—Cálmate Hermione, si tú te caes, yo me voy a caer contigo —Harry esperó a que ella replicara, pero no hizo nada su amiga. Trató de ajustar su rostro para ver su reacción, su cabeza tocó el hombro de ella y pudo visualizar la expresión en su rostro. Ella mantenía los ojos cerrados con fuerza—. Hermione, abre los ojos. No te voy a soltar, no te vas a caer y mucho menos te vas a lastimar.

Hermione soltó un ¡por Merlín! muy bajito.

Harry sintió como Hermione se apretaba más a él, ya no estaba tomando el palo de la escoba, las tenía encima de él.

—Hermione, no exageres.

—¡Dijiste cinco metros! —le gritó. Harry tuvo que mover el cabello de su amiga con el rostro por el agua que les caía encima.

—Ni siquiera estamos a la mitad del tamaño de las gradas —le dijo. Hermione no notó la sonrisa que llevaba en su rostro—. Hermione, si así te pones estando conmigo, no quiero imaginarme como te pondrás al momento de volar sola.

—¡No quiero volar! ¡Quiero bajarme!

—Lo prometiste, Hermione. Yo lo prometí, tenemos hasta navidad para que la promesa se cumpla. No vamos a practicar todos los días, eso ya debes saberlo. Será una o dos veces a la semana, máximo tres veces en dos semanas. Pon un poco de tu esfuerzo, por favor.

Hermione asintió y le dio un golpe a las manos de Harry. Él retiró sus manos entendiendo el golpe y fue observando cómo ella se alejaba de él y se inclinaba en la posición de unos minutos antes. Harry por su parte puso las manos en la cintura de ella. Las manos de Hermione dejaron de temblar.

—Puedes inclinarte un poco más para elevarnos y…

—¡No! —Respondió de inmediato—, por hoy ya hemos subido y hecho suficiente. ¿No? ¡Siete metros ya es más que suficiente para mí!

—Yo soy el maestro —murmuró en tono de burla—. Yo digo la altura que me parece correcta y la hora en que terminan nuestras clases. ¡No llevamos ni quince minutos aquí! ¡No has aprendido nada!

—Bien, bien, maestro Potter —dijo de manera sarcástica—. Si quiero elevarnos más debo inclinarme. ¿No?

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Hermione miraba a las gradas de un modo diferente, vio el lugar en el que normalmente siempre estaba sentada para lanzarle porras al equipo de Gryffindor. Era una sensación extraña el estar en esa posición y montada sobre una escoba demasiado delgada para su gusto, más aparte su mejor amigo quién la seguía sosteniendo para no caer. Y aunque el día era fresco y lluvioso, no se podía borrar la tranquilidad que ahora sentía, quizás se debía más que nada a que aún no estaba volando.

—Casi siempre duras diez minutos detenido en un mismo punto —Hermione murmuró sin despegar la mirada de las gradas—. Los de Gryffindor o el equipo con el que compiten anotan diez o veinte puntos, antes de llegar a los cincuenta tú ya estás buscando a la snitch.

Harry se sorprendió.

—Antes iniciaba buscándola.

—Sí, pero ahora le has agarrado el ritmo. Ahora ya tienes una idea exacta de donde se mantiene esa pelotita dorada.

Después de cinco años de amistad, Harry se seguía sorprendiendo de que a su amiga no se le pasara ningún detalle.

—Cuando inicies a volar sola, traeré la snitch para ver si la puedes atrapar.

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Muchas gracias por sus reviews, chicas. Siempre es un placer leerlas(: Igualmente, gracias a todas esas lectoras fantasmas y los que agregaron la historia favoritos/followers.

Estaré ansiosa de leerlas. Espero que el capítulo haya sido de su agrado.