Disclaimer: El universo de Harry Potter pertenece a la maravillosa J.K. Rowling, yo simplemente utilizo los personajes con fines de entretenimiento.
N/A: Esta historia pertenece al grupo de Facebook Harmony (Harry y Hermione), del álbum Ideas Donadas y fue donada por Saphira Bjartskular.
Resumen: Hermione no supera su pánico a las alturas. Es algo que puede más que ella. Harry es un experto en esta materia y en un acto desinteresado, le propone a su amiga darle clases para ayudarla a superar ese problema. En su compañía, Harry descubrirá un nuevo temor: perderla.
En su nota, Saphira Bjartskular deja a la libertad en qué libro/película se encuentra basado el fanfic, así que lo dejaré en el Misterio del Príncipe/Príncipe Mestizo, ya que me molesta demasiado lo frágil que es su amistad ahí.
NOTA: Había mencionado que iba abordar la amistad y cosas de la vida diaria entre Harry y Hermione, me alegró de haberlo hecho, no estaba del todo segura de como continuar con este capítulo y lo que tenía escrito la verdad que no me gusto como quedo, pero en fin. Espero que el capítulo sea de su agrado y muchas gracias por sus comentarios, nos estamos leyendo.
—Harry, ¿te parece que mañana vayamos a entrenar al campo? —Le preguntó Ron, Harry levantó la vista del libro de Historia de Hogwarts que estaba leyendo. ¿Por qué de pronto leía tanto? ¡Condenada Hermione! Pasar con ella el tiempo en la biblioteca le estaba afectando—. Se me han ocurrido unas cuantas maniobras para los siguientes entrenamientos de Quidditch, así le demostraré a Cormac que soy mejor que él y por algo mantengo el puesto de Guardián.
A Harry le sorprendió repentinamente la confianza que el pelirrojo estaba demostrando. Antes de que le pudiera responder, Lavender tomó la palabra, alegando que no tenía que probar nada, ya que era el mejor guardián que alguna vez Gryffindor pudo tener. ¡Qué inocente o tonta era la rubia! Pero tenía que admitir, internamente, que le causaba mucha gracia algunas de las ocurrencias de Lavender. Bueno, no solo de ese año, recordó que la chica quería ser vidente y se creía cualquier superstición.
Entonces recordó que mañana era sábado y eso significaba ir a practicar con Hermione. No podía dejarla, ¿O sí?
—Lo lamento, Ron —Se disculpó y trató de seguir con su lectura mientras respondía—, pero el día de mañana no puedo.
—¿¡Pero qué te pasa!? —Exclamó el pelirrojo enfadado—. Hace semanas que ya no pasas tiempo conmigo, tampoco me has acompañado a Hogsmade.
—¡Ro-Ro, yo voy contigo! —Chilló indignada Lavender—. ¿Te molesta mi presencia acaso?
—Claro que no —Ron le pasó un brazo por la delgada cintura y la atrajo hacía él—. Es sólo que extraño a mi amigo.
—¿Y a tu amiga no? —Preguntó con una ceja arqueada.
—Esa mala amiga no me la recuerdes.
—Sí, Harry —Respondió Hermione a sus espaldas—. No le recuerdes cosas que no valen la pena. Lavender, ¿has visto a Ginevra? Hace días que me ignora por completo. La estuve buscando en los dormitorios, pero no hay rastro de ella.
—Creo que andaba con Dean —Se encogió de hombros—. Salieron hace rato, los encontré besando muy pegaditos cerca de… —se llevó las manos a su boca para callar—. ¡Parvati! —Se alejó de Ron y se acercó a su amiga, quien hacía su tarea—. ¡Quiero contarte algo!
—¿Entonces me acompañaras al campo de Quidditch el día de mañana?
Harry miró a Hermione, quién le miró por unos segundos antes de darse la media vuelta y salir por el retrato de la dama gorda.
—McGonagall me dio una reprimenda por no cumplir con mis deberes de prefecto, estoy seguro de que Hermione le fue con el cuento, ya sabes cómo es de chismosa.
—¡Ron! —Harry le dio un golpe con el libro ante la ofensa que hizo—. No digas eso, deberías ser más responsable con tus deberes.
—¿Tú me hablas de responsable? —Ron bufó—. ¿Aceptas o no ir mañana al campo de Quidditch?
—¡Ginny! —Hermione le gritó a la pelirroja cuando la vio acercarse al retrato. ¡Esta vez no se le iba a escapar! Ya le había pasado tantas al esquivarla.
—Hola Hermione —Le contestó con una sonrisa, que sin duda era muy forzada—, ¿has visto a Harry? Quiero pedirle que mañana practiquemos en el campo y…
—Es tu día de suerte, mañana irán a practicar Ron y él.
—Oh…
—Ginny, por favor, dime que no les dijiste a los chicos de mi beso con Krum, ¿verdad? Que tu hermano se ha molestado porque no le he querido ayudar en clases y con sus tareas, sólo eso, ¿verdad?
—¡No quería! —Chilló apenada—. Es que Ronald me sacó de quicio, ya no lo soportaba y quería herirlo con algo de verdad, no llegué a pensar que te iba a dejar de hablar por tanto tiempo. ¡Te lo juro por el amor le tengo a Harry! —Lo último lo dijo susurrando para que Hermione lo escuchará, a pesar de que no había nadie a sus alrededores.
—Ginny, cuando te cuento algo es por la confianza que te tengo, yo no ando por ahí murmurándole a cada chico con el que sales que te gusta Harry, ¿o sí?
—No, claro que no, pero…
—Pero nada —Hermione suspiró cansada—. No vuelvas a decir ni una palabra de lo que yo te cuento, lo hago con confianza, no me hagas perderla en ti.
Harry acarició la oreja de Crookshanks, mientras que el gato se estiraba, afirmando que le gustaba el gesto del chico. Revisó el gran reloj de la sala común; Hermione aún no regresaba de sus rondas y en la sala ya no quedaba nadie, la débil llama de la chimenea se agotaba.
Inició a tambalearse, hace días que no dormía como le gustaba y es que era por las pesadillas que mantenía recientemente, y que no tenían que ver con Voldemort por el momento. Tenía que ver con cierta castaña que volaba en su saeta de fuego.
Cerró los ojos, solamente iban a ser unos cuantos minutos, escucharía cuando se amiga regresará e iba a conversar con ella, pedirle perdón por no ayudarla a practicar el día de mañana, que se lo recompensaría cualquier otro día, que incluso cancelaría alguno de los entrenamientos de Quidditch por ella, a pesar de que los entrenamientos iniciarán en Enero…
—Harry —Alguien lo zarandeó con fuerza. Él no quería despertar, mantenía un sueño agradable, tranquilo, aunque el sentimiento de temor estaba presente—. ¡Harry!
Abrió los ojos rápidamente, tuvo que parpadear en varias ocasiones para adaptarse a la débil luz del sol que se filtraba por la ventana de la sala común. Crookshanks ya no estaba a su lado, incluso tenía una ligera sábana sobre su cuerpo. Los hermanos Weasley lo miraban con curiosidad, Harry alargo la mano para tomar los lentes, que yacían sobre la mesita.
—Te esperamos en el campo en quince minutos —Le ordenó Ginny antes de salir.
—Curioso —Murmuró Luna a su lado—. Hoy no estás con Harry. ¿Se han peleado acaso?
—No —Contestó Hermione y tomó otra piedra del suelo para mandarla al lago, donde creó pocas ondas—, hoy está ocupado. Ya será más tarde.
—Me gusta como vuelas, lo haces muy bien.
Hermione no tuvo la fuerza para lanzar la siguiente piedra que ya estaba sobre su mano, en cambio su mirada se centró en la chica de Ravenclaw. Luna tenía una sonrisa sobre su rostro cuando le regreso la mirada, esa mirada que le decía todo y que no intentará negárselo, de todos modos ella lo había visto.
—¿Cuándo…?
—Hace unas semanas —respondió—. Deberías ser más despistada cuando caminas. El que voltees cada cinco segundos para saber que nadie te sigue te vuelve sospechosa.
—¿Alguien más…?
—Nadie.
Y Hermione confió en la palabra de Luna.
—Harry me ofreció su ayuda cuando pasamos el verano en la Madriguera. Al principio yo no quería, le tengo mucho miedo a las alturas. Pero te confieso que me ha gustado mucho como me imparte las clases, es un gran maestro, es paciente conmigo todo el tiempo, yo me hubiera estresado desde el primer momento. Es gracioso en algunos aspectos, a la hora de volver trata de darme la confianza necesaria, sus consejos son muy buenos, pero a veces no le prestó atención y…
Su mente la transportó a las primeras clases, tuvo que cerrar las ojos para recordar las sensaciones de aquellas primeras clases, en dónde estaba montada sobre la Saeta de Harry y él se colocaba a sus espaldas, pasaba su brazo por su cintura y recargaba su barbilla en su hombro. En esas ocasiones todo lo que tenía que hacer Hermione era voltear su rostro y sus labios quedarían a una pequeña distancia, sólo debía acercarse un poco y sus labios se encontrarían…
—Hermione —Luna chasqueo los dedos, pero Hermione parecía ida, ella tuvo que sonreír abiertamente al verla tan perdida. ¡Eso nunca pasaba!—. ¡HERMIONE! —La castaña se sobresaltó y regresó a la realidad—. Sabía que te gustaba imaginar despierta, como yo. Oh, que lindos, los thestrals están volando, me gustaría montarme en uno de nuevo…
—Luna, iremos al campo de Quidditch.
—¡Lánzale la quaffle con más fuerza, Ginny! —Le gritó Harry al ver como Ron apenas se sostenía a su escoba, recuperándose de la tambaleada que tuvo hace unos segundos.
—¡No es necesario! —Contestó Ron y se acomodó su casco—. No es un entrenamiento oficial, no, no… ¡Espera Ginny! —Por meros centímetros le pasó rozando la oreja.
—¡Velocidad, Ron! —Gritó Luna—. ¡TIENES QUE SER MÁS RÁPIDO!
—Se supone que íbamos a pasar desapercibidas —murmuró Hermione para sí sola.
Centró su mirada en Harry, quién le estaba mandando un saludo con la mano. Luna, sin querer, le gritó y felicitó por ser un gran maestro; Hermione tuvo que darle un codazo para que guardara silencio y no revelará nada o alguna palabra que volviera sospechoso el que lo llamará de se modo.
Maestro y Entrenador eran dos cosas muy diferentes para el Equipo de Quidditch, una cosa era que la profesora Hooch seguía presente e impartía sus clases y Harry era quién entrenaba a su equipo y se encargaba de las planeaciones... y ser un maestro era únicamente con ella.
NOTA II: No haber aclarado lo de Ginny me dio las palabras suficientes para que el capítulo no fuera tan corto. Así que ya hemos visto que al menos Hermione la abordó y le dejó en clarito las cosas, yo como lectora me sentí furiosa al leer semejante revelación por parte de la mejor amiga. De Luna, con lo curiosa que es y que se mantiene atenta de muchas cosas, era obvio que sabría de estás clases, ¿no creen?
Y la razón por la que no hay una clase en este capítulo es simple; no me quiero sentir tan repetitiva.
