Under fire (+18)
Las cosas que me haces sentir… están fuera del guion
Paradis Studios es considerada como una de las empresas más grandes e importantes en el mundo cinematográfico. Desde sus inicios se ha encargado de la dirección y producción de una serie de cintas que se han llevado diversos premios, tanto a nivel individual como colectivo debido a su calidad e innovación, superando las barreras invisibles que otros no se han atrevido a sortear.
Las variedades multifacéticas de sus producciones han mostrado la fácil adaptación a cualquier género, empezando por la acción y pasando por la comedia, drama, thriller y la ciencia ficción. Y dentro de esta última estaba uno de sus más recientes proyectos: Under Fire. Una historia desarrollada en tiempos lejanos y vinculados a la mitología.
Cinco días después del anuncio, se llevó a cabo el casting para los papeles secundarios y se presentaron los guiones principales a actores y actrices de marcada y reconocida trayectoria, dentro de los cuales se encontraba Mikasa Ackerman.
A pesar de haber comenzado su carrera hace cuatro años, la azabache ha mostrado una gran versatilidad al momento de adentrarse en un personaje y encarnarlo con mucha seguridad y profesionalismo. Su trabajo ha sido catalogado como uno de los mejores en la rama femenina, recibiendo buenas críticas por parte de los expertos de la Academia. Es por ello que, tanto la directora como la productora no lo pensaron mucho para integrarla al staff.
Particularmente para ella fue una gran sorpresa ser elegida por una industria de renombre, y mayor fue la emoción al saber que sería la protagonista de la historia.
De verdad estaba completamente dispuesta a dar lo mejor de sí y sumar más experiencia a su incursión cinematográfica.
Cuando ya se completó todo el equipo, fueron llamados a una reunión general para explicarles cómo se desarrollarían las grabaciones, cuál sería la vestimenta y todo lo relacionado a la ambientación y caracterización de los personajes. Fue entonces que Mikasa pudo conocer a mucha más gente con la que trabajaría a partir de entonces.
Y puso especial énfasis en quien sería su compañero en el otro papel protagónico.
Luego del estudio minucioso de los guiones, se dio inicio a las filmaciones. Las primeras tomas se centraron en ella y sus antecedentes como enviada de la Diosa de la Protección. Fue relativamente sencillo, sin mayores pormenores al momento de acoplarse al carácter guerrero de Nasly.
—¡Excelente! Estos cuadros son perfectos. ¡Muy buen trabajo! —la felicitaba Hange Zoё, la directora, cada vez que podía.
Pero no era la única que la halagaba. Los otros actores y actrices también reconocían esa facilidad de darle vida a la protagonista. Si hubiesen sido ellos capaz y les tomaba mucho más tiempo adaptarse a las exigencias de la productora Frieda Reiss.
Mikasa se tomaba los elogios con humildad, ya que no estaba acostumbrada a ellos cuando llegaban en gran cantidad. Sin embargo, con el paso de los días y el avance de las filmaciones, esta dinámica presentó un ligero cambio, asociado a la intervención de Levi Ackerman.
Su desenvolvimiento en el personaje de Ilkay como hijo del Dios del Caos era impecable. Y esto, por supuesto, estaba asociado a sus diez años de experiencia ejerciendo esa profesión, cosa que Mikasa sabía muy bien.
No fue complicado para ambos coordinar sus papeles. Es más, hubo situaciones en las que se entendían sin manifestar palabra alguna, como si se conocieran de toda la vida.
Pero fuera de los escenarios la situación era muy distinta. En los tres meses que llevaban de trabajo conjunto, eran contadas las veces que hablaban, y más que nada tenía que ver con la poca disposición de él para hacerlo.
Ese aspecto le traía si cuidado a la azabache, ya que había escuchado de sus compañeros que esa actitud no era ninguna novedad. Sin embargo, y a pesar de ello, le intrigaba no saber qué existía a través de esos orbes azules que la mayor parte del tiempo permanecían serios y fríos.
Quizá pudiera descubrir algo si él estuviera dispuesto a colaborar, pero como sabía que eso no iba a pasar, mejor decidió no darle más alas al asunto y centrarse en lo que realmente importaba.
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—¡Qué bueno es volver a verte!
Había pasado algunos meses desde la última vez que Mikasa se reunió con Sasha. Ambas estudiaron en la misma escuela de actuación en el Distrito Trost, pero sus preferencias y objetivos las llevaron por caminos diferentes. Aun así, mantuvieron el contacto y planeaban uno que otro encuentro como el de ese día en una cafetería en el centro de la ciudad.
Como siempre, la efusividad y alegría de la castaña la recibieron en un cálido y añorado saludo.
—Lo mismo digo —se sentó en la silla de al frente y dejó su bolso en su regazo—. ¿Esperaste mucho?
—Para nada. Recién me libré de un compromiso y estoy que muero de hambre —llamó al mesero con una seña y este les trajo el menú—. Gracias —sonrió y este se retiró.
—Me pregunto cuándo será el día que dejes de pensar en comida.
—Creo que sabes muy bien la respuesta —tomó una de las cartas y la escaneó. No tardó en pedir una serie de platillos y un par de bebidas. En el caso de Mikasa, esta solo ordenó un pudín—. Pero bueno, no hablemos de ello, sino de tu papel protagónico en Under Fire. ¿Qué tal ha sido la experiencia?
—Sin mentirte, ha sido una de las mejores cosas que me han podido suceder. No imaginas la emoción que sentí cuando me contactaron y propusieron el guion. Creí que estaba soñando.
—Pero ya viste que no —en ese momento llegaron sus pedidos y los pusieron sobre la mesa—. ¿Quién lo diría? Yo, una simple actriz de novela, amiga de una estrella del cine. Algo sin precedentes.
—Sí, pero no soy una estrella.
—Lo serás, y estoy segura de que Under Fire te catapultará a la cima. Grábate muy bien mis palabras.
No esperó más para abalanzarse sobre las delicias que atraparon su atención desde el primer instante.
Ese día en particular el cielo estaba despejado, mostrando al sol en un movimiento lento hacia el horizonte.
—Ah, cierto —tomó una servilleta y se limpió los labios—. Si mal no recuerdo, tu compañero en el papel masculino es Levi Ackerman, ¿no?
—Así es.
—¿Y qué tal?
Mikasa tomó un poco de pudín y lo observó unos segundos antes de llevárselo a la boca.
—No me desagrada ni le tengo en alta estima. Se podría decir que es un término medio.
Jugueteó un rato con la cuchara, sacándola y metiéndola en el postre con parsimonia. No fue sino hasta un momento después que se le hizo extraño la falta de palabras de su amiga y alzó a mirarla, encontrándose con sus ojos que la observaban como si fuera un bicho raro.
—¿Qué?
—¿Hablas en serio?
—Sí.
—Wow —dejó de lado el pastel que faltaba por terminar—. Todavía no puedo creerlo.
—Al parecer no esperabas esa respuesta.
—¡Por supuesto que no! Honestamente imaginaba algo más de emoción al describirlo, algo como… —suspiró—. Mira, conozco a muchas actrices que darían lo que fuera por estar en tu lugar y poder trabajar con Levi durante toda una cinta.
—Ah, entiendo a lo que quieres llegar —probó otro poco de pudín—, pero eso es lo único que puedo decirte.
—¿No te atrae nada de él?
Negó levemente.
—¿Ni siquiera algún rasgo?
Mikasa recordó sus orbes y el misterio detrás de ellos —que más que nada era mera curiosidad—, pero en lugar de hacer alusión a eso respondió así:
—Creo que la mayor parte de sus cualidades quedan opacadas por su carácter.
—También he escuchado al respecto, pero existen formas de domesticar a la fiera. Creo que tienes la oportunidad.
—¿Qué insinúas?
—Oh, vamos. ¿No has pensado que ambos hacen una linda pareja?
La ojigris elevó ambas cejas. No sabía de dónde Sasha había sacado esas ideas descabelladas.
—Dentro de la película puedo considerarlo, pero fuera de ella… no.
—Está bien —levantó las manos en señal de falsa rendición—. Puede que pienses eso ahora, pero sé que luego se entenderán.
—Lo dudo —terminó lo que quedaba de pudín y dejó el plato con la cuchara a un lado—. Ok, ya hemos hablado mucho de mí, así que ¿cómo te ha ido?
—De maravilla. Estoy por protagonizar la nueva novela "Los demonios de la Isla". Ya a ser mi segundo debut de este tipo y estoy muy emocionada.
—Puedo verlo. Sé que vas a brillar.
Continuaron conversando sobre otros temas y una que otra trivialidad hasta que dieron las siete de la noche. Salieron del lugar, caminaron un par de cuadras y al llegar a una intersección se despidieron, deseándose éxitos en cada una de sus labores y prometiendo volverse a ver en otra ocasión.
Mikasa continuó su camino hasta llegar al edificio donde vivía. Subió a su departamento en el tercer piso y entró al mismo para luego cerrar con llave. Dejó su bolso en una silla y se dirigió a su habitación. Tomó algunas prendas y se duchó rápidamente mientras escuchaba canciones de su repertorio. Salió del baño con el pijama puesto, guardó su otra ropa en el armario y fue a la cocina a prepararse algo ligero. De verdad estaba muy contenta por haber pasado tiempo de calidad con Sasha, aunque sus preguntas respecto a lo que pensaba de Levi fueron algo inesperadas y bastante extrañas.
Aun así, prefirió no darle tanta importancia. Cenó, lavó los platos, revisó un rato las redes sociales y a las 9:30 se retiró a descansar, sin imaginarse que al día siguiente se llevaría una gran sorpresa.
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—¿Qué?
Había amanecido con buenos bríos y desarrolló su rutina de ejercicios como era costumbre. Tras un veloz aseo desayunó y partió rumbo al estudio para continuar con las filmaciones. Mientras caminaba repasaba la parte del guión que correspondía a ese día, aunque no era realmente necesario ya que se lo sabía de memoria.
Su humor era excelente, y lo dio a notar ni bien llegó al saludar a todo el equipo. Pero este tuvo un cambio repentino cuando, antes de empezar, anunciaron que habría una ligera variación en la trama de la película. No es que fuera algo ajeno a ella; de hecho, ya le había sucedido en producciones anteriores y no tuvo inconveniente en adaptarse.
Pero en este caso en específico, sí la desconcertó saber de qué se trataba.
—Estuvo hablando con Frieda y decidimos darle un giro romántico al guion —habló Hange—. Sí, sé que puede parecer algo loco, pero sé que va a quedar bien. Además, solo va a ser una parte, así que no va a haber problema.
—Estas son las líneas agregadas a las que deben prestar atención —Frieda les entregó un par de hojas donde se resaltaba cinco párrafos, incluidas las interacciones entre personajes—. Confío en que sabrán sorprendernos.
Mikasa revisó una y otra vez el nuevo guion y, por inercia, volteó a ver a Levi, quien se encontraba al lado suyo. Él no mostró ni un ápice de sorpresa, ninguna perturbación por los nuevos cambios establecidos.
Frunció el ceño. En serio había veces en las que pensaba que era un robot.
—Como quieran —respondió, tomándola desprevenida, y dejó las hojas sobre una mesa—. Continuemos con la grabación.
Enseguida se retomaron las actividades y cada quien se posicionó en sus lugares. La azabache se olvidó, por un momento, del tema, centrándose de lleno en su papel. Pero luego de haber terminado la toma más larga, volvió a pensar en ello, y para colmo con más ahínco.
En su camerino, sentada al frente del gran espejo horizontal donde veía el arte producido por el maquillaje, le daba una y mil vueltas al asunto. Y no era para menos ya que leyó en las líneas que debía haber un beso entre Nasly e Ilkay justo antes del derrumbamiento del templo consagrado a las fuerzas divinas.
Tomando en consideración las últimas palabras de la productora, se esperaba algo natural, capaz de conmover el más duro de los corazones y transmitir enteramente el sentimiento a quien lo viera.
Se hizo la idea mental de la escena, pero le surgió cierta duda. ¿Qué tal si no salía todo bien a la primera? No quería tener que repetirlo una y otra vez frente al staff completo.
—Mikasa, lo estás pensando demasiado. Es parte de tu trabajo —habló consigo misma.
Pero, aun así, no podía evitar sentirse inconforme.
Tras una larga lucha entre sus pensamientos, decidió que sería una buena idea hablar con su compañero para definir cómo desarrollarían la toma sin tener que recurrir a otras en el caso de no lograr convencer a Hange ni a Frieda.
Con ello en mente, y con la fuerte convicción de que accedería, salió del lugar y se dirigió a su camerino ubicado en el mismo pasillo a unos cinco metros al fondo. Ya en la puerta, y sin nadie merodeando alrededor, estuvo a punto de tocar, pero unas voces provenientes del interior la detuvieron. Extrañada, y sobre todo curiosa, apegó su oído y permaneció quieta, tratando de reconocer al dueño de la otra voz.
—Con que hicieron una modificación al guion, ¿eh?
—Honestamente, no es ninguna novedad viniendo de Hange.
—Pero que Frieda haya aceptado su idea también es sorprendente. No es alguien que ceda con facilidad.
—Tienes razón. Aunque de seguro Hange utilizó todo su arsenal para convencerla.
Mikasa cerró los ojos. Si no se equivocaba, quien estaba conversando con Levi era Farlan, el encargado de los efectos especiales y del sonido.
"Vaya…".
—Entonces, ¿qué piensas al respecto?
—No es nada fuera de este mundo.
—¿Podrías al menos mostrar algo más de entusiasmo?
—Sabes muy bien que ese no es mi estilo. Es una simple escena.
—Sí, pero con una hermosa mujer —dijo seguro y luego suspiró—. Si yo fuera tú, estaría hecho un manojo de nervios.
—Me lo imagino.
—Por cierto, no te lo he preguntado antes pero, ¿qué piensas de ella?
Hubo un pequeño momento de silencio.
—No lo hace mal, pero sigue siendo una mocosa, así que espero que no eche a perder la escena de mañana. Sería muy problemático si no se adapta a los requerimientos.
Al otro lado de la puerta, la azabache seguía sin creer lo que había escuchado. ¿Acaso estaba dudando de sus capacidades?
—Hablas como si nunca te hubieras equivocado.
—Solo digo lo que puede suceder. Es más probable que ella falle antes que yo, es todo.
Mikasa apretó los dientes, controlando las severas ganas de entrar y gritarle toda clase de improperios habidos y por haber.
¿Eso era lo que realmente pensaba de ella? ¿Que no tenía la experiencia suficiente como para estar al nivel del "señor perfección"?
—Que se joda —musitó y se alejó de la puerta echando chispas. Hasta allí llegaron sus planes previos y toda buena intención de hablar con él—. Al demonio lo que suceda mañana.
Salió del estudio sin siquiera mirar a quien se cruzaba en su camino. El enojo era visible, y así permaneció por un largo rato, no dejándola pensar con claridad.
Y aunque había dicho que no le importaba la escena, al día siguiente, ya más calmada, supo que no era así.
Dejar algo a medias o no intentarlo era imperdonable según su código de ética, así que más valía mantener la compostura y hacer las cosas bien.
Llegó a las dos de la tarde, saludó a algunos compañeros con leves movimientos de cabeza y fue directo hacia su camerino para cambiarse. Ya lista, entró la estilista e hizo su magia, transformándola en la guerrera Nasly.
—Listo —hizo unos últimos toques y finalizó.
—Gracias, Nifa.
—¿Está todo bien? La noto un poco diferente.
—No es nada. Solo no dormí bien anoche —se levantó de la silla giratoria, mostró una diminuta sonrisa y salió del lugar rumbo al escenario. Ya en él, se topó con la presencia de su queridísimo compañero, y aunque le costara, tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no dejarse llevar por el recuerdo del día anterior.
—Estás tensa —comentó él antes de iniciar la toma.
—¿Ahora resulta que te preocupas por los demás? Déjame decirte que no se te da muy bien —respondió en un tono irónico, haciendo que Levi frunciera el ceño.
—¡Muy bien! ¡Todos a sus posiciones por favor! —aplaudió Hange y todos hicieron caso—. Ok, que ruede esta nueva toma.
A su señal, empezó la filmación. Retomando el hilo de la última vez, Nasly e Ilkay ingresaron al Templo del Bosque con las gemas fundadoras. Sortearon una serie de trampas anti-invasores hasta llegar a una especie de altar dividido en dos partes: luz y oscuridad.
Hasta ese punto las cosas se desarrollaron con normalidad, pero no faltó mucho para que la escena más esperada hiciera acto de presencia.
Mikasa percibió cómo todo el mundo concentraba su mirada sobre ella y Levi. Manteniendo su serenidad característica, prosiguió con la colocación de las gemas en el altar, las mismas que se incrustaron y empezaron a brillar de forma intermitente hasta dejar todo en tinieblas.
—¿Qué sucede?
—Tranquila. No temas. Yo estoy contigo.
Nasly intentó agarrar su mano, pero para su sorpresa no la encontró. Tanteó a ciegas, pero las penumbras eran tan espesas que no lograba vislumbrar nada.
—¡Ilkay!
Dos segundos después, las antorchas se encendieron y pudieron encontrarse. Intentaron acercarse el uno al otro, pero un repentino destello se atravesó, como un rayo, en su camino. Se cubrieron los ojos, pero tras volver a abrirlos observaron atónitos cómo su verdadera naturaleza era descubierta, mostrando en sus frentes el símbolo de la legión a la que pertenecían.
—¿Clan de la Luz?
—Hijo de Harens…
En medio de su desconcierto, el suelo comenzó a temblar, agitando las paredes que poco a poco se desprendían en pedazos.
Pero ninguno de ellos hizo un solo movimiento.
—Todo este tiempo tú… ¿fuiste un enviado del Oscuro? —dio un paso hacia adelante, arrastrando el velo blanco que caía por su espalda.
—No te acerques —sentenció—. Magias opuestas pueden ocasionar una catástrofe.
—¿Me pides eso aun sabiendo que estuvimos juntos todo el tiempo?
—No quiero hacerte daño. Mejor olvídate de mí.
—Más doloroso sería alejarme de tu lado.
A paso decidido se aproximó, generando una peligrosa acumulación de energía a su alrededor que ignoró por completo.
—Es imposible, Nasly —cayó de rodillas—. Pertenecemos a mundos diferentes.
—Y yo te digo que eso no me importa —se agachó hasta quedar al mismo nivel—. Peleamos juntos, me salvaste de ser devorada por los oni, ¿y así quieres que te olvide y me marche sin mirar hacia atrás?
Él levantó la vista, topándose con sus orbes. Sin poder evitarlo, la actriz trajo a su memoria aquel detalle desagradable, pero ahora estaba, más que nunca, decidida a demostrarle de lo que era capaz y hacer que se tragara sus palabras.
—¿Estarías dispuesta a desertar conmigo?
"Es ahora o nunca".
Como respuesta, y ante la estupefacta mirada de los presentes, Mikasa lo tomó del rostro y lo besó. Pero no fue algo superficial; de hecho, fue tan intenso que se sorprendió a sí misma y, sin proponérselo, movió algo extraño en su interior.
Levi no vio venir aquello, así que hizo un esfuerzo para seguirle el ritmo y no echarlo a perder.
Aunque, a decir verdad, seguía notablemente perplejo por su iniciativa.
—Si es contigo, puedo ir al fin del mundo —susurró luego de abrazarlo, con los ojos cerrados.
Se prolongó un inusual momento de silencio, como si todos estuvieran conteniendo la respiración.
—¡Corte! ¡Corte! —Hange fue la primera en hablar y levantarse de su silla luego del shock—. Por Kami, ¿cómo les digo esto? —meditó unos segundos—. ¡Estuvo increíble! —chilló de la emoción y aplaudió, siendo acompañada por los demás—. ¡Lo hicieron perfecto! Hasta casi lloro —se secó una lágrima que amenazaba con salir—. Mikasa, debo decirlo: tu corta improvisación fue estupenda. No va a ser necesario repetir la escena.
—Muchas gracias —se levantó e hizo una corta reverencia.
—Superaron mis expectativas —se acercó Frieda—. Los felicito. Por ahora dejaremos esto hasta aquí. Tómense un descanso. Se lo merecen.
Poco a poco el área se fue despejando, retirándose cada quien a sus lugares. Mikasa dejó el escenario y caminó directo hacia su camerino, sonriendo a quien se aparecía por el camino.
Pero ni bien entró, cerró la puerta y se acercó al tablero donde estaba el espejo, apoyando las manos sobre el mismo. Sí, estaba contenta con el resultado recién obtenido, pero por alguna razón, ajena a su voluntad, su corazón latía desenfrenado.
Y mientras más lo recordaba, mayor era el golpeteo contra su pecho.
—No, no, no. ¿Qué rayos te pasa? —sacudió la cabeza y luego la alzó para mirar su reflejo. Un leve rubor adornaba sus mejillas.
Asustada, tomó un poco de agua que había en una botella para intentar calmarse.
No era la primera vez que hacía esa clase de escenas. Las había interpretado antes con mucho profesionalismo y sin dejarse llevar, pero en esta ocasión fue diferente, algo como un cosquilleo agradable que la invadió de pies a cabeza.
—Acabas de enloquecer —cogió un poco de agua en su mano y se la echó a la cara—. Es parte de tu trabajo. No tienes por qué sentirte así.
Afortunadamente la toma se cortó a tiempo, ya que había olvidado totalmente las líneas que seguían, y eso le habría ocasionado severos problemas.
Respirando profundamente, terminó de desmaquillarse y se sacó el traje para luego ponerse su blusa, minifalda y botines. Tomó su bolso con sus pertenencias y salió del camerino, esperando no encontrarse con su compañero hasta poner en orden su cabeza.
—Qué lío… —susurró mientras caminaba por el pasillo, un poco distraída.
—Mikasa.
La voz proveniente de algún lugar le produjo un susto de muerte, haciéndola sobresaltar. Volteó a ver a la derecha y ahí estaba la persona que menos quería ver por el momento apoyada en la pared y con los brazos cruzados.
—Levi…
—Al parecer tenías la cabeza en las nubes.
—No… bueno, sí —se recriminó mentalmente por actuar así de indecisa—. No era… nada importante.
—Pues tu rostro dice todo lo contrario —dejó la pared y dio tres pasos hacia ella—. ¿Te importaría si hablamos un rato?
—¿Hablar? —se mostró desconcertada—. Lo siento, pero debo irme pronto, así que… —intentó seguir su camino, pero el azabache se interpuso.
—Solo va a ser por un par de minutos —habló con tranquilidad—. Acompáñame.
Mikasa quiso refutar, pero a la final cedió y lo siguió hasta llegar a su camerino. Él la dejó pasar primero y después cerró tras de sí la puerta.
—Entonces… —giró a verlo—. ¿De qué querías hablar?
—No sabía que eras tan atrevida.
—¿Disculpa? —alzó una ceja.
—Para serte sincero, creí que tendríamos que repetir varias veces la escena de hace un momento —con las manos en los bolsillos caminó a paso ligero hacia ella—. Pero lo hiciste bastante bien. ¿Acaso fue la presión la que te hizo improvisar un poco? —se detuvo y la ojigris, por instinto, retrocedió.
—Yo... solo hice lo que tenía que hacer —respondió, evitando sus ojos—. Si eso era lo único que querías entonces me voy.
Aceleró el paso en dirección a la puerta, pero antes de poner la mano sobre la cerradura, sintió cómo la jalaban de la muñeca y la acorralaban. Abrió los ojos como platos al ver las manos de Levi apoyadas en la puerta, a la altura de sus hombros.
—¿Por qué estás tan nerviosa?
—Te equivocas. Yo... n-no estoy nerviosa —tenía la vista hacia un costado.
—Lamento decirte que no sabes mentir.
—Te digo la verdad.
—Si es así, ¿entonces por qué no me miras?
Silencio.
—Mikasa. Mírame.
—No puedo...
—Hazlo antes de que obligue.
Con cierta dificultad y mucho recelo, giró su cabeza, encontrándose con sus ojos que denotaban suavidad.
—Déjame ir.
—Solo si me dices por qué estás nerviosa.
Mikasa llevó su mano hacia el pomo de la puerta e intentó girarlo, pero este no se movía.
—¿Buscabas esto? —indicó las llaves en su mano derecha y luego las lanzó hacia atrás, estrellándolas contra la pared—. No son necesarias.
—¿Por qué lo haces? Antes ni me hablabas y ahora me tienes aquí aprisionada.
—¿Por qué? —repitió y sonrió. Se acercó paulatinamente hasta susurrarle al oído—. Debiste haberlo pensado dos veces antes de besarme como lo hiciste.
Sin poder controlarlo, sus piernas comenzaron a temblar y su corazón bombeaba con fuerza. Tener a Levi tan cerca le estaba cortando la respiración.
Y no entendía muy bien las razones de ello.
—Ya te lo dije. Solo hice mi parte —tomó varias bocanadas de aire antes de volver a mirarlo.
—Pero te lo tomaste muy en serio —le acarició delicadamente la mejilla—. Y por eso te lo voy a retribuir.
—¿Eh?
Antes de que pudiera reaccionar, Levi acortó distancias hasta sellar sus labios en un beso. Con la sorpresa reluciendo en sus ojos, intentó de alguna forma apartarlo con sus manos, pero poco a poco comenzó a dejarse llevar, rindiéndose ante aquel suave contacto que le transmitía algo nuevo y acogedor.
"Es una locura. Pero al mismo tiempo... me gusta".
Y no era la única que pensaba eso. Para Levi, aquel arrebato de hace una hora encendió en él sensaciones desconocidas, tan fuertes que no se comparaban con ninguna otra experiencia.
Sin imaginárselo, había quedado totalmente embelesado con aquellos finos, tersos y deliciosos labios de cereza.
Pasaron algunos segundos hasta que se separaron para tomar aire, y permanecieron perdidos en el mundo que reflejaban los orbes del otro, mismos que a su vez resplandecían con un brillo especial.
—¿No que era una mocosa principiante? —mencionó de repente.
El azabache ladeó apenas la cabeza, pero no tardó mucho en recordar a qué venía ese comentario.
¿Entonces ella había sido la que provocó aquellos murmullos extraños mientras conversaba con Farlan? Todo cobraba sentido ahora, pero no se molestó en preguntárselo.
—Lo admito. Me equivoqué —volvió a sonreír, sorprendiendo una vez más a Mikasa—. Me has demostrado cuán provocativa puedes llegar a ser si te lo propones.
Su seductora y ronca voz fue suficiente para que la ojigris, sin pensarlo demasiado, se lanzara a su boca, en un gesto casi desesperado. No había pasado mucho desde su separación, pero sentía que le hacía falta probarla una y mil veces más, sin reservas.
Levi fue tomado otra vez desprevenido, aunque no demoró en corresponderle y profundizar el beso, al tiempo que la abrazaba de la cintura y la atraía más hacia sí, fundiéndose en una ráfaga frenética y sedienta de deseo.
Sin aflojar el agarre, la llevó a tropicones hacia el sofá del fondo y la recostó en él. Continuó un rato más saboreando sus labios y jugando con su lengua y luego empezó a repartir besos húmedos desde su cuello hasta el inicio de su clavícula, mientras sus traviesas manos exploraban por debajo de su blusa con suma cautela, tomándose todo el tiempo del mundo.
Los suspiros y gemidos quedos no paraban de salir de la boca que la azabache. La sensación provocada por sus toques le quemaba la piel, generando descargas eléctricas por todo su cuerpo y alimentando el calor que se acumulaba en su vientre.
—Ah… Levi…
—Shh… no hagas mucho ruido —alzó a mirarla—. Las paredes tienen oídos.
Dicho esto, comenzó a desabrochar su blusa hasta dejar a la vista sus redondos pechos cubiertos con un lindo sujetador azul marino. Los contempló por un momento y luego pasó a rozar sus inicios con sus labios, bajando lentamente y haciendo lo propio por encima de la fina tela. Estos se endurecieron y un estremecimiento recorrió a Mikasa, quien se mordía la lengua para no gemir a los cuatro vientos.
Y fue mucho más complicado cuando el ojiazul le acarició los muslos, zonas explosivamente sensibles y erógenas que la impulsaron a levantarse de golpe y empujarlo, quedando ella encima con ambas piernas a los costados y procediendo a quitar uno a uno los botones de su camisa.
Levi no opuso resistencia. Simplemente la dejó hacer mientras observaba la espléndida figura que se mostraba ante sus ojos. Por supuesto que la había visto antes siendo resaltada por la ornamentación del traje, pero tenerla ahí, semidesnuda y tangible bajo sus manos adquiría otro significado: la oportunidad de descubrir lugares recónditos de su cuerpo y marcarlos como suyos.
Definitivamente estaba loco por pensar de esa forma, pero al mismo tiempo sentía un deseo inmenso de hacerlo… sin arrepentimientos.
Con gentileza, evitando ser brusco, la tomó de la nuca y volvió a besarla. Mikasa, por su parte, acariciaba sutilmente su firme torso y dibujaba caminos imaginarios con sus uñas. Continuó por un instante más y luego sus manos bajaron al cinturón, desabrochándolo con torpeza.
—Veo que… estás ansiosa… —habló contra su boca al percatarse de su maniobra.
—Todo es tu culpa… —contestó entre jadeos.
—¿Mi culpa? —la alejó un poco para mirarla y luego soltó una risita—. Te lo dije antes. Tú y tus besos de fuego acabaron con mi cordura —se irguió hasta sentarse—. Ahora atente a las consecuencias —la agarró fuertemente de la cintura y la instó a frotarse sobre él.
—Mmh… ah… —apoyó las manos sobre sus hombros para sostenerse. Aquel bulto chocando contra su centro le estaba nublando el juicio, elevando las ansias de tenerlo dentro—. Levi… hazlo de una vez.
—¿Hacer… qué? —fingió no entender.
—Eso… sabes a lo que me refiero… Ah —lo miró a los ojos con una expresión profunda y oscura—. Métemelo. Mételo todo por favor…
Levi siguió torturándola un poco más, haciendo que suplique, pero su miembro latía impaciente dentro de sus bóxers, indicándole que no podía esperar más. Por eso, lo sacó de su escondite y, antes que nada, se colocó un preservativo ante la atenta y lasciva mirada de la azabache.
Y antes de que ella atinara a decir algo, le arrancó de un tirón las bragas y las mandó a volar, dejándola solo con la falda. No obtuvo reproches al respecto.
—¿Estás lista? —le besó el vientre.
—… S-Sí.
—Te advierto que no me voy a contener.
—De acuerdo… —sus piernas ya no soportaban seguir de rodillas—. Solo… hazlo ya antes de que…
La frase se desvaneció en el aire ya que Levi, en un veloz reflejo, volvió a tomarla de las caderas y la jaló hacia abajo, hundiéndose en ella.
Por un momento, Mikasa dejó de respirar, pero en seguida una ola de placer se extendió por todo su ser, arqueando la espalda y soltando un sonoro gemido que el azabache calló con un beso.
—Te dije que no gritaras…
—Es más fácil decirlo… que hacerlo.
—Ok. Entonces te pondré a prueba.
—¿Qué?
No obtuvo respuesta. En lugar de eso, simplemente sintió cómo la movía de adelante hacia atrás, de izquierda a derecha. Cerró los ojos con fuerza y se abrazó a su espalda mientras suspiraba y jadeaba. No tardó mucho en tomar el control y moverse por sí sola, saliendo y volviendo a caer sin detenerse y sacándole excitantes gruñidos de goce y pasión desenfrenada.
—Levi… ah, Levi…
—No te detengas… argh… mmh…
Fueron unos segundos intensos que los llevaron a un clímax violento y delicioso, tan magnífico que sintieron tocar el cielo con las manos. Mikasa, exhausta por tanta adrenalina, dejó caer su frente en el hombro de Levi. Ambos respiraban irregularmente, con sus cuerpos perlados de sudor y todavía unidos.
—Acabo de perder la cabeza… —musitó la azabache.
Levi sonrió y le acarició el cabello: —Los dos perdimos la cabeza —le corrigió.
—¿Y ahora qué se supone que haga?
—Haces demasiadas preguntas —ella se irguió y se hizo hacia atrás para mirarlo, encontrándose una vez más con aquellos ojos azules serenos, pero notablemente contentos—. Solo te diré una cosa —su mano derecha recorrió su espalda hasta llegar al broche del sujetador—: disfrútalo.
Y, con la habilidad propia de un maestro, lo zafó, dejando sus pechos libres para un momento más de diversión.
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No fue la única, ni la última vez.
Después de aquel fogoso encuentro, las cosas no volvieron a ser como antes. Y es que había nacido en ellos una necesidad loca y casi absurda de verse a solas y saciar sus deseos plagados de lujuria que se habían apoderado completamente de sus almas.
Durante las filmaciones, todo se mantuvo normal, siguiendo con la trama que incluía la rebelión contra las altas deidades. Pero luego de ello siempre buscaban la forma de alejarse de las personas y reunirse en secreto, discretamente, e iniciar aquel jueguito al que se habían vuelto adictos.
¿Peligroso? Por supuesto, y estaban muy conscientes al respecto. Incluso hubo una ocasión en la que casi los atraparon in fraganti, pero a pesar de ello continuaron haciéndolo hasta que finalmente optaron por ir a un lugar más privado.
Ni bien terminaba su trabajo en el estudio, ambos salían a toda prisa despidiéndose brevemente de sus compañeros y se subían al auto del ojizarco para enseguida abandonar el lugar. Aquella acción llamó la atención de algunos ya que, de la noche a la mañana, pasaron de irse solos, cada uno por su cuenta, a no andar si no era con el otro. Y, de hecho, hasta surgieron sospechas, pero nunca supieron la auténtica verdad detrás de ello, quizá porque todavía les quedaba la duda de si era posible o no.
Mientras tanto, nuestros azabaches acordaron reunirse alternadamente en cada uno de sus departamentos. Los convirtieron en sus nidos sagrados donde buscaban complacerse y satisfacer el hambre permanente de sus cuerpos.
—¡Kya! —exclamó Mikasa una vez, retorciéndose sobre las sábanas de su cama.
—Ahora sí puedes gritar todo lo que quieras —le sonreía Levi mientras retiraba sus dedos de su clítoris y se los llevaba a la boca—. Y si es mi nombre, mejor.
Siendo honesta, Mikasa nunca imaginó que una actuación, un sencillo beso dentro de una película, pudiera desencadenar algo tan emocionante y placentero. Sí, reconocía que se le había ido de las manos, pero sería una gran mentirosa si dijera que no lo disfrutaba.
Y solo Levi sabía cuánto.
Su nueva rutina los tenía radiantes y llenos de jovialidad, pero esto cambió cuando la cinta llegó a su fin. Obviamente continuaron viéndose durante su período de vacaciones, aprovechando el tiempo disponible con el que contaban, pero luego les surgieron nuevos proyectos, viajes al extranjero, que redujeron radicalmente sus oportunidades de hacerlo como era ya costumbre.
Si bien las llamadas telefónicas ayudaban en algo, no era suficiente. Extrañaban de sobremanera no solo sus encuentros eróticos, sino también las sonrisas, las conversaciones, la sola presencia del otro…
No sabían en qué momento su relación fue mucho más allá del ámbito sexual, y eso los tenía agobiados e inquietos, sin entender muy bien qué era lo que realmente sentían.
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Había pasado ya varios meses desde el estreno de Under Fire, y aún continuaba siendo tendencia global. Los cines se abarrotaban como la primera vez y los fanáticos no dejaban de hablar sobre el tema, resaltando significativamente la excelente impresión que tuvieron de los protagonistas.
Y precisamente por ese buen recibimiento y la calidad en general, la obra fue nominada en los Premios de la Academia en distintas categorías: mejor actriz, mejor actor, mejor banda sonora, mejor ambientación y mejor guion revelación.
La mayor parte de los premios fueron para Under Fire, por lo que, tanto la directora como la productora decidieron hacer una megafiesta para celebrar los logros obtenidos que inclusive superaron sus propias expectativas.
Esta se llevó a cabo el mismo día para sorpresa de todos, luego de que el evento terminara. La invitación fue para todos los que participaron en la producción y se extendió para amigos cercanos de las anfitrionas. Una multitud de alrededor de 80 personas se dirigió al Hotel Stohess Center donde los esperaba un banquete, bocaditos y licor de alta calidad para todos los gustos.
El ambiente no tardó en animarse, formándose grupos de conversación en cada uno de los rincones que elogiaban la decoración y la organización en general.
Y entre ellos, tras una corta búsqueda, los ojos grises y azules se encontraron.
Ambos ya se habían visto en la alfombra roja, pero con el ajetreo de la premiación y las pláticas con otras personas no habían podido acercarse… hasta ese momento.
Con una frase dibujada en la mirada, disimuladamente salieron a uno de los balcones y, sin nadie que los molestara, se fundieron en un cálido abrazo cargado de añoranza, luego de un mes de absoluta separación.
—No imaginas cuánto te eché de menos.
—Yo también, cariño.
Rompieron el contacto y se regalaron una sonrisa, mientras una leve brisa nocturna bailaba a su alrededor.
—Creo que está demás felicitarte por el premio.
—Digo lo mismo. Trabajaste muy duro para estar a mi nivel.
—¿Satisfecho?
—No tengo por qué negarlo.
La música dentro del hotel cambió a una más movida, por lo que los presentes no perdieron más tiempo y se lanzaron a la pista a bailar.
—¿Deberíamos entrar?
—Prefiero quedarme aquí contigo y admirar tu vestido.
—¿Seguro que es solo eso?
Soltó una risita: —No hay nada mejor que mirarte. A menos que me permitas ir más allá —la acarició suavemente en la espalda baja.
—Oh… —lo miró con diversión—. ¿Acaso quieres ver qué hay debajo?
—No arruines la sorpresa, mi preciosa guerrera.
—Eso jamás, amado príncipe del caos.
Bromearon un poco y luego voltearon a ver a la puerta de cristal. Todos estaban sumidos en sus asuntos y al parecer no se habían percatado de su ausencia.
—Entonces… —Levi le tendió humildemente la mano—. ¿Me concederías el honor de escapar conmigo?
Mikasa sonrió y, sin poder resistirlo más, se acercó para plantarle un casto beso.
—Sabes que mi respuesta es un eterno sí.
Con sus ojos brillando de emoción y sus manos entrelazadas, se escabulleron y abandonaron la fiesta bajo el gesto cómplice de la luna en el cielo.
