Disclaimer: Nada me pertenece; hago esto solo por diversión. La historia le pertenece K. Montclair y los personajes son de Mizuki e Igarashi, con excepción de algunos nombres que yo agregué por motivos de adaptación.

**ADVERTENCIA** Contenido para adultos - Contiene referencias a abusos y a una violación previa que pueden resultar perturbadoras para algunos lectores.

Capítulo Veintisiete

El día de su boda finalmente había llegado. Ese fue el primer pensamiento que cruzó por la mente de Candy cuando despertó. También se dio cuenta de que sería la última vez que estaría sola en la cama. Como el padre Cliamon había regresado, Dorothy la había obligado para que durmiera sola anoche. Extrañaba a Anthony ahora que se había acostumbrado a dormir en sus brazos todas las noches. No existían pesadillas para ella cuando estaba envuelta en su cálido abrazo.

Candice suspiró, pensando con melancolía en el día por venir. Estaba un poco nerviosa por la ceremonia porque asistirían muchos, pero creía que podría manejarla. La noche de bodas todavía le causaba ansiedad a pesar de que confiaba en Anthony, pero había dejado claro que esperaba que ella lo aceptara por completo esta noche. Varias excusas habían surgido en su mente durante los últimos días, pero había decidido no usarlas. Era tanto lo que le debía a Anthony después de todo lo que había hecho por ella. Además, era incapaz de negar los sentimientos que Anthony despertaba en ella, la curiosidad empezaba a invadirla. Estaba ansiosa por terminar «aquello» que habían comenzado muchas veces, entraría en este matrimonio con pensamientos positivos y esperanza.

Dejar atrás el tema de la primera noche, era otro aspecto positivo de ver su matrimonio inminente. Bueno, dentro de quince días, es posible que a ella no le importara en absoluto el lecho nupcial. Disfrutaba besando a Anthony. Tal vez él le permitiría besarlo cuando quisiera después de que se casaran.

Candy bajó las escaleras para desayunar, notando lo ocupado que estaba el salón y que todos le sonreían. Escuchó la expresión «día especial» una y otra vez. Anthony no estaba por ninguna parte, pero pensó que tal vez era mejor no verlo hasta la ceremonia.

Después de terminar su avena, decidió deambular un poco, para ver la progresión de las muchas actividades que se estaban desarrollando. El gran salón estaba en total desorden para acomodar las mesas necesarias para la gran cantidad de asistentes, por lo que decidió irse. Torra la invitó a volver a las cocinas para probar algo de la comida para el festín. Pasó un tiempo probando con la pequeña Meg, pero decidió que no le cabría el vestido si continuaba. No tenía nada específico que hacer aparte de bañarse y vestirse. Por supuesto, esto probablemente era lo mejor ya que su concentración no era la misma de siempre.

Decidió pasar un tiempo en las almenas, contemplando la tierra, la tierra de Anthony, pero que pronto sería también suya. Pensó en todo lo que había ocurrido en las últimas dos semanas. Tenía un codo en el borde y la barbilla apoyada en la mano, le molestaba que Duncan siguiera libre… y sabía que también le molestaba a Anthony.

En un instante, dos manos se envolvieron alrededor de su cintura y saltó. Volviéndose rápidamente, miró fijamente los profundos ojos azules de su prometido.

—¡Anthony, me asustaste!

—¿Y qué pensamientos te mantenían tan absorta, cariño?

—Realmente no quieres saber —suspiró Candy—. Estaba pensando en Duncan, preguntándome donde estaría ocultándose, o si podría estar merodeando por los alrededores.

—Sí, te he fallado, amor. Prometí encontrarlo y no lo he hecho. Te pido disculpas, pero no quiero que te preocupes por él hoy. —La acercó a su cuerpo. Candy se permitió la satisfacción de acomodarse contra él, sin dejar de contemplar la tierra—. Candice, no creo que Duncan hubiera esperado hasta hoy si todavía estuviera vivo. Habría venido antes para tratar de impedir la boda. No nos molestará, cariño. Creo que tu hermanastro está muerto. No puede haber evadido a mis hombres y a todos los demás en el área, a menos que estuviera muerto. Ojalá hubiera podido traerte una prueba de ello. —Anthony se inclinó y le acarició el cuello—. Te extrañé anoche, milady.

—Yo también te eche de menos. Me disculpo por Dorothy. Ella sintió que se lo debía a mi madre. —Candy se aferró a sus brazos mientras se estremecía de placer.

—Está bien. Hoy podré mirar al padre Cliamon con un poco menos de culpa. Hará que esta noche sea aún más especial.

Candy se sonrojó.

—Anthony, todavía estoy un poco nerviosa —admitió.

—Lo sé. Pero sabes que necesito hacerte mía esta noche, ¿verdad, milady? Iremos tan despacio como necesites, Candy. Si tengo que esperar un día más, creo que puedo explotar. Te necesito desesperadamente —le susurró al oído.

—Sí, lo sé, quiero que seamos un verdadero matrimonio en todos los sentidos. Te amo, Anthony Andley. Has sido tan maravilloso, y probablemente estaría perdida sin ti. Y tú nunca me has fallado. Solo tienes que saber que probablemente soy diferente a otras mujeres. —Candy se volvió y pasó los dedos por un lado de su cara, acariciando su mejilla—. Realmente lo que más me preocupa es la ceremonia del lecho. ¿Qué hacen exactamente aquí, cuál es la costumbre habitual? No deseo que nadie vea las marcas en mi cuerpo y te avergüence más de lo que ya estás.

—Ah, veo tu preocupación. No te preocupes, cariño, no habrá ceremonia del lecho esta noche. Yo me encargare de ello.

—¿Harías eso por mí?

—Oh, amor, correría a través de brasas ardientes por ti, ¿todavía no te has dado cuenta?

Su sonrisa derritió su corazón. Se inclinó y la besó suavemente.

—Gracias—susurró—.Estaré mucho más tranquila hoy sabiendo que no tengo que preocuparme por eso esta noche. —Ella se sonrojó de un rosa intenso, sonriendo tímidamente.

—Y, milady, nunca me has avergonzado. Pero me has enorgullecido muchas veces. Hoy me considero un hombre afortunado.

Anthony metió la mano en su túnica para sacar un paquete.

—Quería darte algo especial el día de nuestra boda. —Él le entregó el pequeño paquete envuelto en cordel—. ¿Por qué no la abres ahora, milady? Me gustaría saber si te agrada.

Él la miró fijamente, pero parecía un poco nervioso.

—¡Pero, Anthony, no tengo ningún regalo para ti!

—Eres mi regalo, cariño. Ahora abre el tuyo.

Desató el cordel y retiró con cuidado el envoltorio. Dentro había un hermoso juego de perlas.

—Oh, Anthony, son como las de mi madre. —Mientras pasaba sus dedos por las frías gemas, sus manos temblaban. Sus ojos se llenaron de lágrimas—. Mi madre me dio su juego de perlas justo antes de morir. Fueron un regalo de mi padre. Las atesoraba, pero Duncan las vendió.

—Lo sé. Confieso que tuve la ayuda del Padre Cliamon en esto. Se acordó de las perlas de tu madre, así que le pedí que las buscara cuando se fue hace unos días. Sé que probablemente no son las de tu madre, pero espero que sean similares y siempre te recuerden a ella.

Ella envolvió sus brazos alrededor de su cuello.

—Ay, Anthony, gracias. son exquisitas Siempre las atesoraré. ¿Me ayudarás a ponérmelas? —Se levantó el cabello para que Anthony pudiera ayudarla con el broche, luego se volvió con una sonrisa deslumbrante y dijo—: ¿Cómo se ven?

—Casi tan hermosas como tú —sonrió Anthony.

Candy se rio y lo abrazó de nuevo. Ella lo besó apasionadamente y dijo:

—Creo que se verán perfectas con mi vestido. Prometo no quitármelas hoy.

Anthony arqueó una ceja ante su comentario.

—Espero tu promesa, milady. —Cambiando de tema, la tomó de la barbilla, y continuó—: Te das cuenta de que lo que te pasó antes no fue tu culpa ¿verdad?

—Ahora lo sé. Pero Duncan me hizo sentir culpable por casi todo lo que hacía. Era extremadamente crítico y Neil era simplemente cruel. —Candy se encontró mirando al vacío mientras hablaba—. Pero las cosas son diferentes aquí. La gente aprecia lo que hago. Traté de vivir mi vida de una manera amorosa antes, pero fui castigada por ello. Pero las enseñanzas de mi madre todavía están en mi corazón. No puedo cambiar eso.

—Duncan y Neil eran hombres enfermos y retorcidos. Te prometo que nunca será así entre nosotros. ¿Me crees, milady?

—Sí, te creo, Anthony. —Candy se acercó, tomó su rostro y lo besó suavemente.

Anthony escuchó gritos abajo. Rozó sus labios con otro beso rápido y tiró de ella escaleras abajo. Se volvió hacia ella e inclinándose le besó los nudillos.

—Hasta esta noche, milady.


Candy todavía sonreía cuando entró en su habitación. Dorothy estaba de espaldas a la puerta y no la notó. Candy tocó sus perlas distraídamente. Dorothy se giró, jadeó y estalló en lágrimas.

—Oh, Candy, ¿dónde las conseguiste? Son como las de tu madre.

—Anthony me las dio. Hizo que el padre Cliamon las buscara para mí. El padre recordaba las perlas de mi madre y sabía que Duncan las había robado. Son un regalo de bodas de mi prometido. ¿No crees que se verán encantadoras con mi vestido?

—Oh, serán perfectas —dijo mientras abrazaba a Candy—. De hecho, creo que es hora de que empieces a prepararte. Quiero tener mucho tiempo para peinarte. ¿Has decidido si quieres tu cabello recogido o suelto?

—Oh, creo que a Anthony le gustaría más largo y fluido.

—Yo también lo creo. Me gustaría ver esos cabellos dorados sueltos con algunas cintas y tal vez algunas flores tejidas a través de tus ondas. ¿Qué opinas? —Dorothy liberó algunos de sus largos mechones.

—Estoy de acuerdo. ¿Estás segura de que no será demasiado trabajo para ti, Dorothy? Estoy limitada con mi brazo.

—No, creo que tengo tiempo. Pero tenemos que subir la bañera rápidamente para poder lavarte el pelo. ¿Dónde pusiste esa pastilla de jabón que te dio Freya? —Dorothy se apresuró por la habitación en busca del jabón—. No puedo encontrar tu jabón, niña.

Candy sonrió ante los apodos de su sirvienta para ella. No sería capaz de llamarla así mañana. Dorothy salió de la habitación para buscar a Adaira mientras Candy recuperaba su jabón. Había mucho que hacer.


Anthony buscó en el patio a sus hermanos. El día se acortaba y aún le quedaba mucho por hacer. Vio a Archie al otro lado del patio y lo llamó a gritos. Stear no estaba muy lejos.

Miró a sus dos hermanos.

—Necesito su ayuda esta noche.

—Sí, sabes que lo haremos —dijo Archie—. ¿Qué ocurre?

—No habrá ceremonia del lecho esta noche y necesito que vigilen las escaleras. —Levantó la barbilla, anticipándose a sus protestas.

—¿Qué? —gritó Archie—. ¿Sin ceremonia del lecho? ¿Has perdido el juicio, Anthony?

—Sí, siempre hay una ceremonia de lecho. Lo esperamos toda la noche al igual que otros. ¡No puedes quitar la mejor parte de la noche! —argumentó Stear.

—Sí, pero es mi esposa, y no quiero una.

—Ay, Anthony, sabes que todos los hombres esperan toda la noche por eso. La mayoría de ellos estarán demasiado borrachos para ver nada de todos modos. Habrá demasiados hombres para detener esta noche. Estás pidiendo lo imposible.

—Como laird, te digo que no habrá ceremonia del lecho. —Los ojos de Anthony se oscurecieron.

Stear argumentó:

—A ti te encantaban las ceremonias del lecho, no puedes cambiar la tradición escocesa. Los miembros del clan se rebelarán.

—Ahora que eres un poco más maduro, Stear, ¿no ves nada malo en ello?

—No, siempre se ha hecho. ¡Todas las mujeres lo saben! —respondió Stear.

—¡Estoy de acuerdo! —dijo Archie.

—¿Sí? Así que cuando sea el turno de la pequeña Meg o de Saorise, ¿quieren ser ustedes quienes sostengan las sábanas para que todos puedan ver los cuerpos desnudos de sus hermanas? Stear, te asigno para ayudar en la boda de Meg y Archie, tú harás lo mismo en la boda de Saorise.

Archie se llevó las manos a la cabeza.

—¡Ay, Anthony, no pongas esa imagen en mi cabeza!

Stear empezó a balbucear:

—¡Anthony, eso no está bien! ¡Sabes que no dejaremos que le pase eso a nuestras hermanas!

—Y tampoco le pasará a mi esposa. Es solo una forma de que algunos ancianos se emocionen. Es una costumbre estúpida. Una joven tiene suficiente de qué preocuparse en su noche de bodas. Y mi esposa no es una doncella. Así que eso no va a suceder. Y necesitan mantener alejados a los borrachos. ¡No permitiré que mi esposa sea torturada esta noche!

Archie y Stear miraron a Anthony. Stear se rascó la cabeza pensativamente. En voz baja, dijo:

—¿Realmente Neil Leagan la ató a la cama y la violó?

—Sí, lo hizo, varias veces. Y no permitiré que le recuerden nada de eso esta noche —susurró Anthony—. Candy ya ha sufrido bastante. Tú lo sabes especialmente, Archie. Fuiste testigo de la crueldad de su hermanastro contra ella.

—Sí, tienes razón, impediremos la ceremonia del lecho. Tal vez Saorise pueda ayudarnos a crear una distracción. Necesitaremos algunos guardias sobrios para que nos ayuden. —Stear agachó la cabeza, avergonzado.

—Hagan lo que sea necesario, hermanos. Cuento con ustedes dos. Ahora me dirijo al lago para bañarme. —Olfateó ruidosamente el aire a su alrededor—. Es posible que también quieras considerarlo, Archie. Es decir, si quieres conquistar algunas faldas más tarde. A las damas les gusta que sus hombres huelan bien. —Sonrió y se dirigió a los establos.

Archie le arrojó una piedra.


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Gracias por seguir leyendo mi historia.

lemh2001: Gracias por leer, Candy cada vez tiene más confianza y va superando lo que la paso, así como toma fuerza para evitar que situaciones como la que ella vivió se repitan.

GeoMtzR: El muchacho es un miembro lejano del clan Andley, no es cercano a nuestros héroes, ni vive dentro de la fortaleza. Espero te guste este capítulo.

Mayely león: Gracias por leer, me da gusto que te agrade.

Mia Brower Graham de Andrew: Fue una suerte para la muchacha que nuestros héroes estuvieran en el establo en ese momento y pudieron salvarla. Estoy segura que Anthony tomara medidas para que todo el mundo sepa que esas conductas no serán permitidas en sus dominios.

Nos vemos la próxima!