¡Ya llegamos con la actualización! Siempre se me hace cortita porque me gusta mucho escribirla y sale en nada.

Este capítulo llega con nuevo giro argumental (no sólo van a estar de cochinos, oiga xD). Y nos va llevando a traumas… y lágrimas y… bueno, el jardín siempre es un buen lugar para…

¡No me lío! ¡Al lío!


La prometida destinada

8


Mi muy querida Hinata.

Han pasado muchas cosas desde nuestra última misiva. Me gustaría poder detallarte todo en estas letras, pero estoy segura de que mi mano temblaría de la emoción. Descubrir tantas cosas en un solo día fue intenso para mí. Así que ahora puedo comprender un poco tus anteriores palabras. Aunque sospecho que la cúspide de mi información es menor a la tuya.

No es algo triste, desde luego, porque ya sabes que me gusta comprender y saber cuanto deba e incluso más. Por suerte, mi esposo es un hombre paciente. Debo de reconocer que la gran paciencia que obtuvo en su experiencia militar quizás sea lo que ayude a que sea tan permisivo conmigo.

Tomé en cuenta las palabras del señor Uzumaki hacia él, pero mis sentimientos son confusos en este momento. No puedo afirmar que le amo, pero sí que no desagrada. Al contrario que ustedes, yo no encontré el matrimonio por amor y es algo que ambas sabemos. Sin embargo… cuanto más descubro de todo esto, más interesada me siento. Me pregunto si algún día este interés terminará.

Estaré esperando pacientemente la primavera. Tanto para acudir a ti, como tú a mí.

Hablé con el señor Uchiha a cuenta de si podíamos hacer algo por su esposo, desgraciadamente, la negación fue una palabra que ya esperaba. Espero de corazón encontrar alguna otra manera de retener que el tiempo pase.

Siempre tuya, Sakura Uchiha.

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Al despertar se sintió realmente perdida. Con la mente caliente, podía decir. Sus pensamientos no cesaban en concentrarse en otra cosa que no fuera en la sensación tan íntima que vivieran esa noche y ella y su esposo.

Como siempre, no obstante, el señor Uchiha no estaba a su lado en la cama.

Pasó su mano por encima de las sábanas vacías y suspiró, preguntándose si aquel tormento de deseo la asolaba sólo a ella o él se sentía tan frío como quería demostrar. Después de cómo la había tratado, esperaba poder encontrar más al día siguiente. Sin embargo, el alto que él había impuesto aún perduraba.

Se quedó un momento tumbada, con la mirada perdida, hasta que llevó su mano diestra hasta sus labios, acariciándolos.

No pasó mucho tiempo antes de que Konan entrara para despertarla, sorprendiéndose al encontrarla en esa posición.

—Señora. ¿Está todo bien? —cuestionó sinceramente preocupada.

—Sí, es sólo que estaba pensando. ¿Recuerdas que antes solía hacerlo y eso enfadaba a mi madre?

Konan sonrió ante el recuerdo. En realidad, no era algo tan viejo, pero a veces se sentía de esa forma. Como si su vida en su hogar paterno hubiera pasado muy deprisa ante sus ojos.

—Sí que lo recuerdo —admitió Konan preparando sus enseres para asearla—. Yo también solía ser regañada por permitírselo. Ahora, si gusta de hacerlo, nadie la regañara. ¿Quiere que espere algo más fuera?

—No. Me prepararé y desayunaré. ¿El señor Uchiha ya desayunó?

—No. La está esperando.

Eso incentivó sus ganas de prepararse. Que él fuera lejano en ciertas cosas, pero atento en otras la confundía y creaba preguntas que sabía que tarde o temprano iban a escapar de su boca.

Cuando bajó al salón comedor, Sasuke ya estaba sentado en su lugar, levantándose al verla entrar. Ella caminó decidida hasta él.

—Buenos días —se saludaron en una extraña situación de tensión.

Ella sonrió, esperando que eso aliviara la preocupación de su esposo.

—Siento la espera —se disculpó—. Prometo que cambiaré mis hábitos pronto.

—No te preocupes. No es como que tengamos muchas cosas que hacer todavía —descartó él esperando que ella ocupara su asiento antes de tomar el suyo—. Continuamos de luna de miel. Así pues, nuestras obligaciones no son tan solícitas a ser resueltas urgentemente.

—Lo sé —aceptó frunciendo el ceño al tomar el cuchillo y tenedor—, pero igualmente, me gustaría despertarme al mismo tiempo que usted y… bueno, no hacerle esperar.

—Mi despertar muchas veces es involuntario —confesó él antes de meterse un trozo de uva en la boca—. Especialmente, por mi servicio al sistema militar.

—Comprendo que tenían horarios regulares.

Una mueca tirante apareció en el rostro masculino. Sakura no sabía cómo interpretarla.

—Digamos que sí —dijo él tajante.

Entonces, pese a las preguntas que rondaban su mente, Sakura se dedicó a revisar su desayuno, hasta que una de las manos de su esposo entró en su visión. Sasuke tenía unas manos grandes y de dedos finos y largos. Marcados por cortes extraños que habían dejado blancas cicatrices en ellos. Si no observabas con interés, apenas eran visibles.

Siguió por sus brazos hasta llegar a su cuello. Siempre iba pulcramente aseado y arreglado. Por ello, su fijación eran más en su musculatura que otra cosa. Se entretuvo en observar cómo su mandíbula se tensaba cuando masticaba o abría la boca para meter algo de comida en ella.

Ahí fue cuando dio con sus labios. Eran algo más llenos de lo que parecían. El superior algo más fino que el inferior. Una boca agradable que no afeaba ninguna parte de su rostro. Justo, al contrario. Podían contarle en pedacitos y todo sería interesantemente atractivo.

Pero es que esa boca había creado un sinfín de sentimientos en ella, despertando un fuego que no terminaba de sentirse satisfecho con las pocas ramas que recibía.

Tragó, preocupada por sentirse de esa forma. Se conocía.

Hubo un tiempo en que se sintió obsesionada con un nuevo estilo de punto al coser. Su madre la regañó para no se enfocase en ello, pero ella, cabezona como era, no paró hasta conseguirlo. El problema residía en que, tras ello, perdió el interés y dejó de considerarlo un reto emocionante.

¿Y si terminaba pasándole lo mismo con el tema de los besos? O a la inversa. ¿Y si su esposo se cansaba de enseñarle sobre ellos?

—Me gustaría hacerle una pregunta —dijo, finalmente harta de darle vueltas al asunto y dejando los cubiertos en la mesa.

Sasuke la miró por encima de su copa elevando las cejas.

—¿Acaso va a dejar de besarme?

El hombre casi se atraganta. Por un momento sintió lástima y se disculpó incluso por ser tan atrevida. Porque incluso algunos sirvientes cercanos carraspearon para ocultar una risita. Ya tenían un nuevo cotilleo servido.

Pero ella hablaba muy en serio.

—Siento si mi pregunta es demasiado directa.

—Puede jurar que lo es —aseguró él limpiándose—. E inadecuada ahora mismo.

—Soy consciente de ello —admitió—, sin embargo, siento la imperiosa necesidad de querer mucho más. De saber más.

—Sakura.

—No, no uses ese tono conmigo para esquivar mis palabras.

Se cubrió la boca ante su descaro. Suspiró una disculpa y se levantó para marcharse de la mesa.

Caminó hasta los jardines traseros y soltó una carcajada al recordar el día en que casi pegó al que era ahora su esposo por llevarle la contraria en el jardín de su casa.

—Sakura.

Se detuvo al escucharle para volverse hacia él.

—Siento mucho mi descaro —se disculpó haciendo una reverencia sumisa—. Pero desde que he despertado y al no verle, no ceso de preguntarme si tan grave fue tener que besarme cuando fue usted mismo quien se detuvo, asegurando que había mucho más tras todo esto. ¿Tan malo es que me gusten sus besos?

El pobre hombre parecía estar realmente en una encrucijada. Por un momento, Sakura pudo verle rogar por volver a la línea de fuego en vez de estar lidiando con ella.

—Sé que puedo parecer caprichosa. Lo sé de sobras.

Se mordió el labio inferior para intentar callarse, pero no sirvió de mucho. Rompió la distancia entre ellos y se acercó lo más que su falda se lo permitió.

—Usted despertó este fuego en mí y considero que es su responsabilidad apagarlo.

Sasuke suspiró con tensión. La miraba fijamente, tratando de procesar todo cuanto ella exigía. Sakura se había sincerado de verdad en su egoísmo, pero era incapaz de comprender qué estaba sintiendo él.

—Entiendo tus palabras y los deseos que implican (y vuelva a hablarme de tú, por favor) —aceptó él llevando sus manos a la espalda—. Sin embargo, hay un momento y un lugar para todo eso. Pese a que este sea nuestro hogar, hay cosas que me gustaría que fueran más entre nosotros que al oído de una futura historia de chismes entre los criados. Mi deber como tu esposo es guiarte y protegerte, lo sé bien, y en parte, sé cuáles son tus límites y cómo no debo sobrepasarlos.

—¿Cómo puedes saber cuáles son mis limites si ni siquiera yo misma los conozco? —Apretó sus dedos alrededor de la tela de su falda—. No puedes saberlo.

—Los sé.

—¡No, no es cierto! —negó indignada—. No tienes idea de cómo me siento ni de cuánto puedo tolerar, igual que tampoco sé tus límites.

—Y ahí está el verdadero problema —exclamó él en voz más alta de lo normal.

Sakura cerró la boca, sorprendida. Incluso Sasuke, quien apretó los labios con más fuerza, retrocediendo y sacudiendo su cabeza, como si no comprendiera su repentino estado de alteración.

—Eres realmente peligrosa —acusó—. Me llevas a límites que prometí no pasar en el momento en que todo esto llegó a un punto entre nosotros. Límites que tú no has sido preparada para rebasar y que podrían asustarte.

—Eso decías de los besos y no me han dado ese miedo. Me gustan. ¡Me encantan, por dios! —exclamó aturdida—. ¿Entiendes cuando te digo que no puedes calibrar mis sentimientos por mí? Además. ¿Qué son esos límites?

—No lo comprenderías.

—Esa no es una respuesta aceptable —acusó—. Tengo derecho a conocerlos. Tengo derechos a descubrirlo por mí misma, hasta lo más ínfimo.

Sasuke chirrió los dientes.

No estaba educado para perder el control. Pero cuando se lanzó sobre ella, Sakura entendió perfectamente que fue así.

Su mano diestra en su vientre, empujando hacia atrás su cuerpo hasta que una de las columnas de decoración la detuvo. Su boca aprisionó la suya con una pasión más arrolladora que esa noche. Como una enloquecida sensación de deseo aplastante.

Aquello llevaba algo más. Mucho más intenso.

Y fue consciente de ello en el momento en que su otra mano pasó por encima de sus pechos. El corsé impedía el contacto directo, pero no que ella se sobresaltara por tal descaro. Sin embargo, el recuerdo de quién era la detuvo de hacer otra acción que aferrarlo del brazo más cercano y suspirar contra sus labios una palabra inteligible.

Luego, Sasuke Uchiha pasó esa barrera, luchando contra los pliegues de su falda hasta levantarla. Y entonces, su mano, tocó más carne de lo que jamás le iba a permitir a nadie, llegando al lugar al que ni siquiera ella se había atrevido a tocar.

Abrió la boca, pegada a la masculina.

—Oh.

Y parpadeó repetidas veces, como si el mundo acabara de cambiar de color.

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Sasuke podría estar ardiendo en ese momento, con el cuerpo temblando ante un impulso mayor. Reconocía que estaba actuando como un estúpido por dejarse llevar al terreno de esa mujer. Su mujer. Sakura había tensado tanto la cuerda que estaba dispuesto a darle un poco de aquel pastel que quería experimentar.

Era tan dócil, tan inexperta y tan delicada, que todo su cuerpo estaba expectante y por eso, cuando llegó a su sexo, dispuesto a detenerse en cuanto gritara, se congeló al descubrir que no era así.

Sakura estaba con la boca abierta, jadeando como respuesta ante su roce. Sus ojos se mantenían clavados en los suyos, mientras él continuaba tocándola. Sus dedos habían pasado la barrera de sus labios, buscando y tanteando el encuentro deseado. Se concentró en aquel punto, manteniéndose alejado de su virginidad.

—Oh, eso es —masculló ella parpadeando finalmente—. Eso es…

—Sí —dijo él—. Dime que pare.

Pero ella no lo hizo. Le tomó el rostro entre las manos y lo besó en cortos besos que lo único que logró fue enfebrecerle.

—Sakura —nombró entre dientes. Era capaz de enloquecerle.

Se separó de ella lo suficiente como para arrodillarse. Levantó las faldas hasta que fue capaz de meterse bajo ellas. Notó sus pequeñas manos aferrarle, desconcertada por su acto.

—¿Qué está…? ¡Esper..! ¡Oh! ¡Su boca está!

Sí, pensó emitiendo un gruñido de satisfacción. De nuevo, tenía otros pensamientos otro momento para demostrarle ese acto. Sería hasta demasiado vergonzoso para cualquier otra dama. Sin embargo, Sakura estaba tan embelesada en su descubrimiento que se lo permitió.

Dócil, separó sus piernas cuando se lo pidió y no mostró ningún reparo en que su boca llegara a ese lugar. Se había prometido a sí mismo parar y de nuevo, estaba rompiendo otra promesa hasta el final.

Cuando la sintió estremecerse, con el orgasmo en su boca y su nombre escapó de la femenina, se separó, jadeante, quitándose las faldas de encima y levantándose, estático.

Ella temblaba, con el rostro ruborizado, el cabello despeinado y el vestido totalmente arrugado.

—Eso ha sido… No sabía que yo fuera capaz de… ¿Qué era?

Por todos los… Esa mujer realmente no podía estar haciéndole esa pregunta. Cada vez odiaba más que las madres no hablaran con sus hijas de esas cosas.

—Espere. No vaya a dejarme aquí.

—No voy a dejarte aquí —contestó sorprendido por su acusación.

—Por su rostro parece que quiera escapar.

—Y de nuevo me hablas de usted.

—Perdón, es difícil corregirlo —admitió mirándole fijamente—. ¿No vas a marcharte?

—No —negó permitiendo que se aferrara de su brazo.

Ella tragó, abanicándose.

—¿Por qué pareces tan sereno?

Tuvo que morderse la lengua para no confesarle lo duro que estaba. La necesidad de aliviarse que sentía y el límite de su autocontrol.

—Tengo experiencia en mantenerme sereno —respondió—. Muchos años de práctica.

—¿Con otras damas? —preguntó ella frunciendo el ceño.

—No. En el campo de batalla —respondió—. Y en mi hogar. Y en cuanto a la otra pregunta acerca de las damas, creo que no es adecuado que tengamos ese tipo de conversación.

Ella parpadeó, avergonzada por su interés en esas cosas. Sasuke tomó aire y buscó a su alrededor el banco más cercano para llevarla a él. Le gustaría más subir las escaleras con ella en brazos y terminar lo que había empezado, pero Sakura parecía necesitar procesar todo eso más que él.

Cuando se hubo sentado, notó que le miraba con los ojos muy abiertos, como si fuera capaz de descubrir algo en él.

—Si es por lo que ha sucedido, no voy a disculparme.

—Si te disculparas sería realmente ofensivo para mí —puntualizó ella—. En realidad, sigo teniendo preguntas hacia eso, pero sé que si las hago voy a llevar a un límite al que pareces aferrarte.

—Sakura…

—No, no detengas. Los caballeros tenéis la costumbre de esperar que sepamos correctamente ciertas cosas. Pues lo siento, no sé nada. Ni siquiera sabía que podía sentir placer de tocar ese lugar como has hecho —reconoció las mejillas enrojecidas—. Me ha gustado mucho. Más que un beso. Y sé que pecaré de pesada. Pero… ¿Hay más?

—Sí —admitió frotándose la nuca, incómodo—. Pero no es agradable la primera vez. Al menos, no para una dama.

—Comprendo.

Lo dudaba. Aunque Sakura estaba tomándoselo muy en serio y su imaginación volaba, porque era imposible que realmente lo comprendiera, Sasuke se permitió relajarse de toda la tensión sexual acumulada, si es que eso era posible.

—Tienes razón —confesó mientras observaba unas rosas de color rosa, justo como sus labios—. Me he impuesto no pasar una línea, o un límite, como desees llamarlo.

—¿Por qué?

Se rascó el mentón antes de responder.

—Porque no voy a tomar más de lo que desees darme. Nos casamos para mi beneficio más que para el tuyo.

—¿Y sientes que pasar esa línea te dará más beneficio a ti que a mí? ¿Por qué?

Sasuke sintió que acababa de meter la pata totalmente. Carraspeó y cambió de postura.

—Sí. Puede que no lo comprendas ahora mismo, pero sí. Además, eso podría llevar a que tarde o temprano, nuestra familia aumentara y no sé ni siquiera si estamos preparados para algo así.

Ella frunció el ceño.

—Claro, al fin y al cabo, esto es por… beneficio. Tu libertad a costa de la mía.

—No voy a vetarte nada, ya te lo dije.

—Pero sí los placeres del lecho conyugal, parece ser —protestó. Él se quedó con la boca abierta—. Sé de buena tinta que sólo dormir no es lo que hace un matrimonio por las noches en su habitación y que las lunas de miel no son como la que estamos teniendo nosotros.

Se puso en pie, levantando el mentón.

—Si no vamos a tener todo, imagino, es por la línea que te has autoimpuesto.

Sasuke se levantó a su vez. Nunca le había gustado que las personas usaran su estatura para amedrentarlo y ni siquiera a su esposa se lo permitiría.

—O tu decisión —declaró firme.

—No es cierto. Si te pido algo no lo haces hasta que te llevo al límite —objetó ofendida—. Me duele la forma en que subestimas mi inteligencia.

—Eso no es… Eso está… —Carraspeó—. Eso está lejos de mi intención. Sí que reconoceré que estoy actuando incorrectamente tras haber pasado la línea en este lugar.

—Pues no estoy de acuerdo. Me gusta que la hayas pasado.

—Te gusta la novedad, nada más.

Sakura abrió la boca con sorpresa. La cerró.

Sasuke escuchó pasos detrás de ellos, encontrándose a Orochimaru corriendo hacia ellos, más pálido de lo que ya era.

—¡Señor! —exclamó agitando una carta entre sus dedos—. Han llegado dos cartas de la milicia.

Sasuke sintió que se le hacía un nudo en la garganta. Las tomó y se volvió hacia Sakura para inclinarse educadamente.

—Si me disculpa.

Luego, antes de que ella decidiera hablar o no, se alejó.

Eso sí que era algo que no iba a compartir con ella.

Porque le causaba terror.

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Sakura pasó la tarde muy aburrida. No podía concentrarse en las tareas de remodelación ni quería discutir más con los sirvientes a los que les costaba aceptar que tenían una nueva ama a la que servir y con gustos diferentes a su anterior señora.

Cuando estar en su sala de té le fue imposible, decidió dar otro paseo por el hogar y descubrir así otras habitaciones. Había una habitación en especial ya preparada para futuros hijos. Recordó las palabras de Sasuke. Se preguntaba si él no querría tenerlos o realmente era cosa de no estar preparados. Por supuesto, su madre la había preparado para en un futuro encargarse de ellos como ella hiciera.

Aunque para eso debería de pasar eso que tanto le vetaba su esposo.

Se mordió los labios al recordar lo que había pasado en el jardín. Era tan solo un preludio, estaba segura, igual que los besos. Pero esa simple cosa logró que se sintiera de mil formas diferentes.

Llena de un deseo que no comprendía. De ansiedad y también de incomprensión. Porque no lograba entender por qué algo tan placentero podía estar tan censurado. Aunque imaginaba que había necesitado de un hombre para poder ser capaz de desbloquear esa sensación.

Se alejó del dormitorio infantil para dirigirse hacia el siguiente. Era una habitación matrimonial, vieja, asfixiante.

—Konan —nombró al notar algo más cerca—. ¿Te has recorrido la casa y preguntado al resto sobre todo?

—Sí, por supuesto. Como su doncella y ama de llaves, lo he hecho. Aunque no es del agrado del resto de servidumbre, como ya esperaba.

—Sí… ¿Sabes acerca de esta habitación?

—Sí, era de la anterior señora de la casa.

Sakura se adentró más, pálida.

—¿Es una broma? Esto es realmente triste. Todo es negro, oscuro… como si fuera un luto eterno.

—Sí. También me inquietó cuando lo vi.

—¿Sabes si la anterior dueña era quien organizaba su casa?

—No, señora. Según Orochimaru no se hacían cambios en este hogar desde que el señor Fugaku lo permitió. Y lo que cambió fueron su dormitorio, el de la señora y el del señorito por encima.

—El señor —supuso.

—Es correcto, señora —afirmó Konan.

—Así pues… toda esta tristeza la colocó el propio antiguo señor, mi suegro —reflexionó—. Dios mío. Sólo llevamos aquí este corto tiempo y ya siento necesidad de huir. No puedo imaginarme cómo se sentía la señora. Hemos de modificar esta habitación cuanto antes, pero antes le preguntaré al señor Sasuke si podemos hacerlo —indicó—. Sé que me dio permiso, pero no quiero tocar nada sensible. Y hablando de ese tema…

Miró a Konan cómplice y esta asintió, cerrando la puerta hasta quedarse a solas.

—Me preguntó que será esa misiva. ¿Has escuchado rumores? Porque sé que preguntarle a Orochimaru es algo impensable.

—No. Ese hombre es fiel hasta la médula a los varones de esta familia —negó Konan—. Además, señora. Puede que esté pecando de confianza, pero debo de advertirle de que sigue un riguroso régimen de años atrás. Todas las órdenes que diera el señor Fugaku Uchiha siguen vigentes para él.

Sakura asintió tocándose la barbilla con toquecitos de sus dedos.

—¿Cree que el señor tenga que regresar al campo de batalla?

—No lo sé, sinceramente, Konan. —Suspiró y miró a su alrededor sintiendo un escalofrío—. ¿Sabes qué? Quiero arreglar esta habitación cuanto antes. Iré a hablar con el señor Uchiha.

Mientras su sirvienta asentía, Sakura salió y bajó hasta el despacho. La puerta estaba cerrada y llamó antes de entrar.

Sasuke estaba sentado en el escritorio con la cabeza entre las manos. Las dos cartas que llevara Orochimaru estaban abiertas sobre la superficie.

—¿Señor? —cuestionó dudosa.

Avanzó hasta llegar a su altura, posando su mano suavemente sobre su hombro. Él la miró con los ojos entornados, incorporándose.

—Las damas realmente sois seres curiosos por naturaleza —protestó.

—Lamento la interrupción. Seré breve —aseguró—. Aunque no negaré que me preocupa que esas misivas hayan creado algún tipo de malestar en ti. Sé que… —Pasó una mano por sus hombros, deseando reconfortarle—, sé que no voy a comprender nada de lo que lleven esas letras, pero le juro que soy buena escuchando y quizás así encuentre algo de confort para usted.

—Oh, Sakura —exclamó agotado—. Simplemente puedo decir que tu madre y el resto de la ciudad tenían razón al decir que nunca debió de casarse con alguien como yo. Por eso las madres ocultaban a sus hijas para frustración de mi cuñada.

—Escuché esos rumores, sí —admitió—. Y fueron justos estos quienes me llevaron a buscarle. La casualidad quiso que fuera el señor Arenas quien lo provocara, pero igualmente, si él no me hubiera estado persiguiendo, yo te habría buscado.

—Pero no tienes conocimiento de cuáles eran.

—No, claro que no —descartó—. Ninguna madre respondería por qué, pero sé que las escandalizaban. Así que pensé que sería algún asunto de faldas.

—Ojalá lo fuera —reconoció frotándose el ceño—, pero me temo que no. Es un asunto más serio. Puede que tengas al señor Madara paseando por aquí dentro de poco. Estas cartas suelen llegarle también.

—¿Puedo preguntar qué consecuencias traen consigo? ¿Debes de regresar de nuevo? —cuestionó con cierto temor.

—No. No voy a volver —respondió observándola cuando suspiró aliviada—. O al menos, eso creo. Tengo que reunirme con mi superior.

—¿En medio de nuestra luna de miel? —preguntó sorprendida.

—A la milicia esas cosas no le importan.

—Pero…

No encontró las palabras exactas para negarse y sabía que igualmente, de tenerlas, él no desacataría una orden.

—Necesito que tengas algo en claro, Sakura —dijo. Su rostro tan serio que la asustó—. Esto no es un juego y podría implicar algo mucho peor. Algo que no imaginarías.

—¿Cómo qué? ¿Y qué tiene que ver el señor Uchiha en esto?

Sasuke tomó aire. Su mirada se volvió más dolida.

—Él tendría que encargarse de ti.

—¿Por qué? ¿Acaso no soy tu esposa?

—Sí, pero al ser tan joven podrías tener otra oportunidad de casarte de nuevo y esta vez, no serán tus padres quienes se encarguen de esto.

Sasuke se levantó y le dio la espalda, mirando hacia el exterior por la ventana. Sakura se tomó un momento en absorber esas palabras. Tenía la boca abierta por la confusión, hasta que comprendió.

—No puedes estar hablando en serio —acusó abrumada.

—Lo hago. Puedes leerlo tú misma si quieres.

Sakura entonces se atrevió a tomar las cartas.

Sus ojos fueron llenándose de lágrimas a medida que leía. Pese a la jerga militar era capaz de comprender qué ocurría y por qué ambas cartas estaban selladas y entregadas con tanta presura.

—No puede ser… Algo debería de poder hacerse.

—No se puede, Sakura —descartó él volviéndose para mirarla. Sakura no pudo volverse. Temblaba, con las cartas entre sus manos—. Es mi ejecución.

Sakura soltó un sollozo que salió desde alma. El pánico, el temor, el dolor, todo mezclándose en un llanto incontrolable que no se sabía capaz de sentir por él.

—No es justo… ¡No es justo! —exclamó finalmente volviéndose—. Tú eres mi libertad. Prometiste darme esas cosas que me he perdido por culpa de la sociedad. ¡Prometiste…!

—Lo sé. Sé que prometí mejor que nadie, Sakura —aseguró él con el gesto contraído—. Y sé lo que significa acudir y que muera. Sé qué pasará contigo…

Ella dejó las cartas sobre la mesa y caminó hacia él, abrazándolo repentinamente. Sasuke tembló ante su acción, devolviéndole el gesto.

—No vayas… sé que es un ruego estúpido e infantil, pero no vayas…

—Sakura…

—¡No quiero que te pase nada! No puedo hacerme a la idea de perderte. No podría tener a nadie igual que tú. ¡Oh, nos debemos tanto el uno al otro!

Sasuke frunció el ceño y su boca se tensó justo antes de posarse sobre la de ella. Pasión, dolor, angustia.

Sakura se bebió sus besos, mezclados con el sabor de sus lágrimas. Cuando él la tomó en brazos, ella no protestó. Metió la cabeza con cuidado entre el pliegue de su cuello y dejó que la llevara, pero justo al salir, Orochimaru los interrumpió.

Sasuke parecía dispuesto a arrancarle la cabeza.

—Es una misiva del señor Uzumaki, señor. Es urgente.

Sakura le miró y luego al mayordomo.

—Está bien, léela —aceptó.

Sasuke la dejó despacio en suelo y arrancó la carta de las manos del sirviente. La abrió con cierta brusquedad y leyó, silenciosamente, hasta que suspiró irritado.

—Prepara las maletas, mujer —indicó—. Iremos al hogar Uzumaki.

—Pero has de…

Él se detuvo antes de subir las escaleras.

—El señor Uzumaki y yo nos dirigiremos a nuestra reunión y tú te quedarás con su esposa en su hogar mientras. Al parecer, él también ha recibido una carta antes que yo. Nos ofrecen su hogar, que está más cerca del lugar de destino. Es… Quizás el único viaje que podamos hacer, así que no te lo negaré.

Sakura sintió un cúmulo de sentimientos de nuevo, pero enderezó la espalda y tras dedicarle una mirada a Konan, subieron escaleras arriba.

Con el corazón encogido empezó a dar órdenes en la que, quizás, sería sú última vez en llamar hogar.

Continuará…


Siento mucho los líos con los pronombres…

¡Ya me cuentan! No se corten que los rw son gratis (?