Ranma y Medio no me pertenece y este fic. Es solo y exclusivamente para entretener.

Por fin ya llegamos al final de esta romántica historia jajaja o al menos espero que les haya parecido un poquitín romántica.

Muchas gracias a todos los que me siguen acompañando en mis historias, los amo con el alma y con el corazón.

Muchas gracias a mi Beta Mamá Nodoka por siempre estar ahí apoyándome en los momentos en los que quiero dejar de escribir y ella me jala las orejas y me impulsa a hacerlo.

Te quiero tía, como tú no tienes una idea, eres mi mejor amiga.

Y bueno ya, me dejo de cosas y les presento el último capítulo de Con A de Akane, con A de amor.

Feliz lectura.

Capítulo Tres. Tú no la mereces.

— ¡Oye, oye espera!

— ¿Ahora qué quieres niño? Tengo que ir a la oficina. Buenos días Shoun.

—Buenos días joven Ranma—Contestó el guapo hombre como todas las mañanas abriendo la puerta del jaguar.

—Tú estás loco ¿Cómo es que también trabajas en domingo?

—Hoy es miércoles Taro.

—Ah ¿En serio? Vaya…

— ¿Qué solo yo trabajo en esta casa?

—Buenos días madre—Contestaron los hermanos, saludando a la hermosa mujer que a pesar de la delgadez que ahora lucía, sin duda un estrago de la viudez, seguía siendo toda preciosura.

—Yo voy de salida pero tu hijo necesita hablar conmigo.

—Ay por Dios Taro, habla con Ranma en la oficina, para eso también tienes una en la empresa.

—Si quieres te mando la dirección y nos visitas, adiós niño.

—Solo dame un minuto ¿Quieres?

—Treinta segundos… Habla.

—Escucha, hace dos semanas estaba en la fiesta de Tsubasa.

— ¿El travestido?

—No es travestido, es solo excéntrico.

—No quiero saber lo que tienes con tus amigos. Adiós.

— ¡No espera, no!

—Ok… Dime ¿Qué hacías ahí? Ay no… ¿Vas a empezar a robarle vestidos a mamá?

—Deja de decir estupideces ¿Quieres? Él… O… Ella, da fiestas divertidas, bueno, eso no es lo que importa. Estábamos en la fiesta cuando Lenny, se emborrachó más de la cuenta y en eso el tarado se aventó a la alberca pero se enredó con la estola de plumas y…

—Me voy…

— ¡No, no, espera! Se lastimó la cabeza y tuve que llevarlo a urgencias y ahí, conocí a alguien.

— Qué raro… Ok ¿Cuánto va a costarme tu amorío?

— ¡No se trata de eso Ranma! Esta vez es distinto.

—Taro… Por favor, siempre es distinto, todas son distintas.

—En serio sí lo es, es hermosa, inteligente, independiente, es médico especialista en pediatría, ella le dio la consulta a Tsubasa porque estaba de guardia, no es ninguna oportunista.

—Pues entonces no es muy lista si sale contigo.

—Solo porque eres el mayor no te parto la boca.

—Quiero ver que lo intentes niño, sabes que siempre he sido más fuerte que tú. En fin, ¿Qué quieres?

—Quiero invitarla a cenar para que los conozca.

—Soy un hombre ocupado y de verdad no tengo tiempo para esto.

— ¡Ay por favor! Date un tiempo para conocerla, nunca quieres ver a nadie, es más, tu idea de una cita romántica es en la bolsa de valores y solo va a durar hasta que ella pida el postre, diablos Ranma tu vida es solo trabajo.

Estaba subiendo al auto y se detuvo, Taro casi choca con su ancha espalda cuando imponente lo miró y fulminó.

— ¡Mi vida hace posible tú vida Taro! Que no se te olvide.

—… Sí claro, eso ya lo sé pero en serio solo date una escapada una noche de la oficina, anda, por favor.

Ranma suspiró sin estar convencido de la nueva locura de su hermano.

— ¿Cómo se llama?

—Azusa Shiratori.

Entonces lo miró por fin con atención y ligeramente sorprendido.

— ¿La hija de Kenzo Shiratori?

—No… No lo sé ¿Por qué?

—Por nada… Está bien, el viernes a las 6 de la tarde aquí. Yo me encargo de todo y trae a su familia, nos encantará conocerlos.

— ¡Genial hermanito, lo haré, muchas gracias, me voy al golf! Ah y por favor, hablen bien de mí.

— ¿Quieres que mienta?

— ¡No! ¡Sí!, bueno tú sabes, no hables de mis escándalos, las novias anteriores ni de que pensé que hoy era domingo.

—Mentiré entonces.

— ¡Sí, perfecto! Sólo háganme quedar bien.

—Créeme niño… Quedarás bien.

Lo vio alejarse contento y saltando como un chiquillo y pensó que por fin uno de los amores fugaces de su hermano servirían de algo y él se encargaría de que no se tratara de algo fugaz, pues si la joven era quien creía le daría a la familia Saotome la entrada a volverse billonarios, ya que, Kenzo Shiratori no solo era el dueño del banco Interasiático de Finanzas y socio fundador de Telecomunicaciones Industriales Shiratori, era el hombre que había desarrollado lo último en micro y nano tecnología, y Ranma desde hacía un año buscaba el acercamiento para una fusión con Kenzo, pero el viejo era un hueso duro de roer porque sabía que no era tan poderoso como los Saotome, pero lo respetaban y era por la adquisición de esta nueva tecnología, una que Ranma quería y tendría a toda costa.

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— ¡Naya! Santo Dios estás hermosa— Akane se encontraba con su amiga después de meses de no verse— Dime ¿Cómo te trató Inglaterra?

— ¡Fue maravilloso!, mucho trabajo, pero estoy muy feliz Akane.

—Me alegra mucho cariño.

— ¿Y tú? Cuéntame ¿Cómo van esas hermosas fotografías arqueológicas e inmobiliarias?

—De lo mejor, he viajado mucho y en serio me siento muy bien, soy directora ahora.

— ¡Felicidades! Oye, pero esperaste mucho para contármelo ¡Eres muy mala!

—Perdona es que quería decírtelo personalmente pero esto merece un brindis.

—Um… Cariño, no puedo beber.

En ese instante Akane sintió un vuelco en el corazón lleno de júbilo y alegría porque entendió que una nueva vida llegaría a este mundo y la amaría, aún más si se trataba del hijo de Naya.

— ¡Yo voy a ser la madrina! Ven acá y abrázame de nuevo.

—Gracias, hermosa.

— ¿Cuánto tiempo tienes? No se te ve nada.

—Apenas un mes y medio.

— ¿Y cómo te sientes?

—Bueno… Fuera de las náuseas matutinas, me siento muy bien, James está como loco con esto del embarazo, no deja de consentirme, pero en serio, solo puedo comer croissant con mermelada ¡Y de zarzamora! todo lo demás lo vomito.

—Jajajaja y aun así sigues teniendo el cuerpo de una modelo… Oye pero ¿Entonces qué va a pasar con la campaña de perfumería? ¿Vas a hacerla?

—Oh sí cariño, solo es un mes, y de ahí en adelante me daré el tiempo para disfrutar mi embarazo, de hecho, acabo de salir de una video conferencia con los ejecutivos de la línea, ya sabes, detalles.

—Vaya, es genial, he estado muy alejada del mundo de la moda desde que salí de la revista para trabajar en lo inmobiliario y arqueológico, ¡Oye dame croissants, no te los acabes tú sola!

—Lo siento, toma.

—Gracias—Contestó Akane mientras llenaba de dulce su pan— ¿Y quién va a llevar tu campaña?

—…

Al no obtener una respuesta Akane dejó lo que tenía entre las manos y miró a Naya que se veía ligeramente preocupada.

— ¿Naya?

—… Jerome.

La joven miro un tanto consternada a Naya, desde hacía años que ni siquiera escuchaba su nombre. En el momento en el que ella dijo que no quería casarse con él, salió del departamento disparado como una bala para no volver a mirarla. No le preguntó por qué ni le pidió razón alguna, nada. Escuchó la negativa, se dio la vuelta y no volvió a dirigirle la palabra.

Akane regresó a la oficina el lunes siguiente y supo que simplemente no volvería.

En cuanto pudo fue a Villennes Sur Seine y Alphonse le hizo verla y enfrentarla. Así que hablaron.

Jerome se veía muy afectado y fue por eso que Akane entendió el que se estuviera ocultando de ella, así, en nombre del amor que le tenía, lo escuchó completamente, entendió su dolor por el rechazo y cuando fue su turno, un Jerome mucho más comprensivo la dejó ir.

Al final de ese día Akane lo pasó con los LeBlanc completamente felices, tal como había sido el primer día, así fue el último.

Se despidieron deseándose lo mejor de la vida y en ese momento Jerome más convencido que nunca, telefoneó a Australia y les hizo saber que si le conseguían un apartamento en seguida, él se iría sin más, que los asuntos pendientes en Francia estaban terminados. Y por asuntos se refería a Akane.

Voló el lunes siguiente y desde ese día no volvió a saber de él si no es por Naya que ahora le informaba que sería LeBlanc el responsable de su campaña.

—Ya veo ¿Cuándo regresó?

—Lo hará la semana que viene, me informaron todo en la conferencia.

—Es muy pronto. ¿Qué pasó con su empleo en Australia? ¿Lo perdió? — Preguntó genuinamente preocupada porque ese empleo era el sueño de su ex novio ¿Qué habría pasado con él?

—No, para nada. Pero él es el director y se tomará dos semanas para esta campaña, me parece que es solo una licencia, de todas formas seguirá pendiente con lo de Australia.

—Se volvió exitoso.

—Mucho... Cariño—Naya extendió su mano y tomó fuertemente la de Akane para hacer que la mirara, la joven estaba completamente perdida en sus pensamientos—Eso no es todo.

— ¿Qué quieres decir?

—Por favor… Tómalo con calma.

—Me estás asustando.

—… Jerome pidió una colaboración especial contigo en la campaña… Quiere que seas la subdirectora del proyecto.

— ¿En serio?

Preguntó más confundida que nunca, después de que Jerome se fue no volvieron a hablarse jamás, ella salió de la revista en busca de su propio destino, uno que labró en las fotos arqueológicas e inmobiliarias, las amaba y era la mejor captando la esencia de un lugar, siempre sabía cómo decorar una habitación o que elementos colocar con la luz adecuada para hacer un lugar hermoso y poco a poco su nombre fue conocido y logró escalar hasta la dirección, se dedicó, estudió, practicó e innovó y ese era el resultado, una mujer independiente y exitosa como la que más.

—De verdad… pero yo entiendo cariño, obviamente todavía tienes cosas que resolver con Jerome.

Akane entonces regresó de sus pensamientos.

—No es así Naya. Yo no había pensado en él en este tiempo, solo que me sorprendió mucho que quiera hacer una colaboración conmigo.

—Por lo que nos comentó, más que nada quiere tu asesoría para las locaciones, dice que siguió tu trabajo y que eres la mejor manejando la luz de Francia y los lugares.

—Bueno… En eso tiene toda la razón. Jajaja, lo digo con modestia.

—Jajajaja ¿Aceptarás?

—Pero aún no me han ofrecido nada.

—Créeme que lo hará.

— ¿Por qué estás tan segura?

—Debo advertirte cariño. Es un hombre sumamente apuesto, ahora exuda éxito y seguridad. No sé si tu profesionalismo sea un pretexto, pero en serio, va a buscarte.

Akane simplemente se quedó callada reflexionando en las palabras de su amiga e inmediatamente su mente viajó a Japón, ya había conocido hombres mucho muy exitosos, el primero dolorosamente había fallecido, pero el segundo seguía vivo y sí, era muy apuesto a decir verdad. Además de que si había algo de lo que no carecía Ranma era seguridad, y en ese aspecto, Jerome y todos los hombres del mundo tenían mucho que aprender.

Ranma… ¿Cómo estaría ahora? ¿Seguiría sintiéndose solo? ¿Y Taro? Su amado Taro, tan guapo o más que antes y tan sin ella, como siempre había sido.

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Esa mañana, su secretaría le había informado que Jerome LeBlanc estaba en espera para poder hablar con ella.

—Así que Naya tenía razón.

—No la escuché directora.

—… ¿Tengo citas pendientes ahora?

—No directora.

—Entonces dile que puede pasar, por favor.

Las puertas de ese enorme lugar se abrieron para dar paso a la visión de la hermosa Akane Tendo.

El hombre que entraba a esa blanca e iluminada oficina era ligeramente más alto de lo que ella recordaba, de espalda más ancha, hombros marcados por el notorio ejercicio y que ahora llevaba el cabello castaño un poco más largo que antes y peinado hacia atrás, un conjunto negro de pantalón, camisa de manga larga y zapatos contrastaban con el abrigo color café claro a medio muslo, el pañuelo en el bolsillo de este y que casi se queda sin habla cuando la vio de nuevo, fue como volver a sentir la punzada de esa flecha de las que Akane era la arquera más letal.

Los altísimos tacones siempre fueron su sello personal pero ahora la espigada figura enfundada en una falda lápiz azul zafiro en conjunto con la camisa de seda que marcaba sus formas y ese sedoso cabello ahora sumamente corto la hacían ver como toda una ejecutiva sencilla, elegante e inconvenientemente hermosa.

La miró sorprendido hasta que ella rompió el silencio.

—Qué sorpresa verte Jerome ¿Cómo estás? —Lo saludó con la más cálida de las sonrisas y él se enamoró una vez más.

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Cuando Ranma Saotome vio entrar a Kenzo Shiratori en su mansión y detrás de él a su hermosa hija del brazo de su hermano sonrió internamente muy complacido, por primera vez en su vida, Taro había sido sincero. La preciosa Azusa sí era médico y no buscaba el dinero de su familia. Además, ser la hija de los Shiratori le permitiría sin duda alguna la posibilidad de la fusión, Kenzo aceptaría, los Saotome eran poderosos y los mejores en negocios.

Le tendió la mano recibiéndolo como un amigo.

— ¡Kenzo!

— ¿Cómo estás Ranma?

—Feliz de tenerte en nuestro hogar.

—Muchas gracias por recibirnos—Saludó efusivamente la linda chica de mirada dulce a Ranma.

—Gracias a ustedes por estar aquí—En ese momento todos volvieron la vista hacia la entrada en la cual triunfal y elegantemente vestida se encontraba Nodoka.

— ¿Cómo estás linda? Vaya, no sabía que la novia de mi hijo era tan hermosa.

—Muchas gracias señora Saotome, soy Azusa Shiratori. Es un honor conocerla.

—Gracias, de verdad que eres una delicia. Kenzo ¿Cómo estás? Que gusto verte, creo que no nos habíamos visto desde el festival del año pasado.

—Hola Nodoka, es cierto, ya tenía mucho tiempo ¿Cómo has estado?

—Oh, ya sabes Kenzo todo es trabajo por ahora, desde la muerte de Genma hemos estado más ocupados.

—Lo entiendo y lamento los momentos difíciles que pasaron.

—Gracias, pero ahora pongámonos contentos por nuestros hijos y dime ¿Qué te sirvo de tomar?

—Lo que tengas estará bien para mí, y por cierto, Ranma me dijo que tiene un proyecto importante del que quiere hablarme.

—Recuerdo que te gustaba el Whisky… Y oh sí, hay algo que queremos proponerte.

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Mi amada hija:

Esta carta la he escrito no solo para saber si estás bien y cómo te encuentras.

Sé que tu trabajo va de maravilla y eres una importante mujer ejecutiva, lo cual me llena de orgullo, creo que Francia fue la mejor decisión para ti, he visto tus fotos y lo mucho, muchísimo que has crecido en estos casi cuatro años fuera.

Todos aquí te extrañamos sobremanera, nos hace falta tu sonrisa pícara y traviesa y la alegría de tus hermosos ojos color chocolate dulce, perdona si soy demasiado empalagoso, finalmente tú eres mi hija y no hay nada en este mundo que ame más que a ti.

Tal vez esta carta te parezca de lo más extraño, ya que siempre te llamo por teléfono pero simplemente no quería que mis palabras se olvidaran, te escribo porque en mi sentir es más tangible esta noticia que voy a darte porque es necesario que sepas, por tu bien, una cosa: Y es que Taro va a casarse.

Se ha prometido en matrimonio con la hija del empresario Kenzo Shiratori. Escribí estas líneas tan pronto como fue publicado en el diario. Ya es una noticia nacional.

Entiendo que en estos momentos puedas estar sufriendo por la noticia, pero también confío en que tu madurez, tu inteligencia y la enorme adultez que ahora llevas en tus manos, no permitan que te sientas derrotada y lo superes como lo has hecho hasta ahora. Confío y sé que así será.

Te amo.

Esperaré ansioso tu respuesta.

Tu padre.

Shoun Tendo.

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—Jajajaja vaya has pasado mucho tiempo divirtiéndote Jerome.

—La vida en Australia ha sido muy buena conmigo Akane. Pero tú para nada te ves mal.

—Gracias. Salud.

— ¡Salud!

Estrecharon los vasos y estos emitieron un alegre tintineo, toda la mañana se la pasaron hablando del nuevo proyecto y de las cosas maravillosas que podrían hacer juntos, la mañana se volvió tarde y la hora de comer, salieron juntos, y ahora, estaban en un bar poniéndose al día con todos sus asuntos.

Hablaron y platicaron entre copas, risas y ese pasado amoroso que los unió una vez.

Eran aproximadamente las cuatro de la mañana cuando salían del último bar que pudo seguirles el paso.

—Pronto va a amanecer.

—Siempre extrañé los amaneceres parisinos. Son hermosos.

—Son rosas.

—Como tus labios.

Akane entonces lo miró y él se acercó con la determinación que años antes ya había tenido ese día tan lejano. La tomó del cuello y la llevó hacia él.

El sabor era conocido y su aliento el recuerdo de que una vez lo amó.

Lo abrazó fuertemente y sin saberlo de pronto se encontraban en el departamento de Akane.

—Te extrañé mi vida.

—…

Ella no contestó, solo cerró los ojos y siguió besándolo de manera hambrienta, lo guio hacia su habitación y simplemente cayeron sobre la cama.

Akane entonces tuvo como un rayo los destellos como el flash de una cámara en su mente.

Ella subida en un árbol mirando las fiestas de los Saotome, ella riendo con Taro siendo niños, ella bailando con Ranma cuando tenía ocho y el joven de los profundos ojos azules dieciséis y estaban practicando las eternas clases de baile que Nodoka los obligaba a tomar, ella bailando torpemente con Taro en su turno, ella llorando cuando la voz de Ranma entró en su alma y la hizo sentir su propia tristeza el día que Genma Saotome había dejado este mundo y el joven se sinceró con ella.

Lo entendía mientras Jerome intentaba dulcemente despojarla de la ropa, si daba ese paso, ya no habría marcha atrás. Tal vez su futuro sería Australia, Jerome estaba ahí por ella y no era justo que se ilusionara cuando ni sabía lo que quería.

Entonces solo sintió el peso de su ex novio recostarse a su lado mirándola con toda la ternura de la que era capaz.

— ¿Sabes linda? Hay muchas cosas que si no pueden arreglarse en el alma y desde dentro, mucho menos pueden tener una solución en la cama.

Lo miró perpleja mientras él sonreía amigablemente.

—Te entiendo— Se levantó, cerró su camisa y tomó su abrigo—Los amaneceres de París siempre me parecieron tan bellos como tú. Los voy a extrañar mucho… A ambos.

Se sentó en la cama que se encontraba revuelta cuando escuchó la puerta del departamento cerrarse y todo quedó entonces sumido en silencio. Suspiró y cuando volvió su vista miró un papel que sobresalía del buzón de su puerta, era una carta.

Se levantó y la tomó sin más. Se dio cuenta que su padre la había escrito y leyó con atención todo lo que en ella se plasmó.

Cuando terminó, suspiró hondamente y cerró los ojos con fuerza, Jerome tenía razón, ella no podía olvidar, así que lo decidió porque ya era el tiempo… Volvería a casa.

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— ¡Eres un idiota Ranma!

Un enfurecido Taro irrumpió en la oficina de su hermano tan abruptamente que los ejecutivos que se encontraban reunidos con él, saltaron de su asiento.

—No le hagan caso, está loco.

— ¡Explícame esto! —En ese momento, Taro estampó un periódico en el escritorio de su hermano.

—Ah… Pensé que lo tuyo con Azusa era público— Contestó fingiendo leer el papel.

— ¡Me utilizaste! Y por favor, salgan ustedes de aquí.

—El que saldrá serás tú Taro, ellos producen el dinero que te gastas.

—Por favor Ranma, yo jamás pido hablar contigo— Contestó suplicante.

Por fin el mayor levantó la vista, lo miró seriamente y sin dejar de hacerlo les dijo a los hombres que estaban con él.

—Por favor señores, déjenos solos. Mi hermano jamás pide hablar conmigo en esta oficina.

El silencio solo fue roto cuando Ranma se levantó de su asiento dirigiéndose a una cajonera enorme.

— ¿Y bien?

— ¡¿Cómo pudiste hacer esto eh?!

—Um, bueno, tú estabas muy emocionado sobre Azusa y mamá y yo creímos que era buena idea.

— ¿Mamá está inmiscuida en esto? ¡Es mi vida privada Ranma!

— ¡Ay por favor! Taro tienes veintiséis años y no haces nada con esa supuesta vida privada, tomaste lecciones de instrumentos que no tocas, de idiomas que no hablas y de carreras universitarias que jamás has ejercido, eres un niño que solo despilfarra el dinero que mamá y yo ganamos en esta compañía, tienes una oficina y una secretaria que te apuesto ni siquiera sabes dónde está, noviazgos de una semana y que me cuestan millones porque tus aventuritas me sacan dinero para no ir a la prensa y achacarte paternidades que ni siquiera sé si son tuyos ¡Eres un zángano!

— ¡No me ofendas!

—Las verdades no son ofensas Taro, me pediste que hablara bien de ti delante de ella ¡Miente! Dijiste, y lo hice.

— ¡Lo hiciste porque te conviene, no por mi felicidad, es la hija del hombre con el que quieres hacer una fusión, no te hagas el idiota!

Entonces un muy enojado Ranma volteó en seguida con un revolver en las manos.

—Vuelve a decirme idiota.

Taro abrió los ojos completamente y trastabilló al mirar a su ahora demente hermano portar un arma.

— ¡Estás loco, loco Ranma! —Dijo intentando correr, sin embargo el otro era mucho más rápido y lo tomó del cuello de la camisa— ¡Suéltame!

—Ven aquí estúpido, observa esto.

El hombre apuntó hacia un cuadro en la pared de la oficina, respiró y calmó sus latidos, apretó el gatillo y solo segundos después el cristal del cuadro salía disparado convertido en añicos, cuando volteó a ver a Taro el mismo se encontraba hecho un ovillo en la alfombra y las manos las tenía en los oídos.

—Jajaja vamos no seas cobarde, levántate.

— ¡Estás enfermo Ranma!

—Mira esto—El joven descolgó el cuadro de la pared, y justo donde debía estar la bala, se encontraba una placa de plástico completamente intacta.

Taro la buscó entre los vidrios y la encontró achatada en el suelo.

— ¿Cómo es posible?

—Tu futuro suegro.

— ¿De qué hablas?

—Kenzo buscó y trabajó durante muchísimo tiempo en una tecnología plástica indestructible. El muy maldito lo logró y lo van a usar para hacer transistores, pequeñitos y que irán en naves y armamento de gobierno de Estados Unidos. Solo Kenzo tiene esta tecnología, nadie más en el mundo y es por eso que vas a casarte con su hija y la vas a hacer feliz, estamos planteando una fusión entre empresas porque Kenzo no tiene las relaciones suficientes para llevarlo al gobierno pero yo sí y no quiere venderlo, es listo, quiere participaciones y está bien, voy a darle lo que pide, pero me dará lo que quiero. Seremos billonarios con esto.

—No.

— ¿Qué?

—Dije que no.

—El compromiso está anunciado.

— ¡Que no!

—Escúchame bien, mocoso, toda la vida te he cuidado y de verdad esta vez vas a ayudarnos.

— ¡No quiero casarme!

— ¿Y por qué no eh? Tú mismo lo dijiste, es hermosa, inteligente, independiente y muy pronto billonaria ¡Cásate ya y sienta cabeza! ¿O acaso es que ella no quiere?

—Si quiere, me lo ha dicho.

— ¿Entonces?

— No entiendo por qué quiere casarse ¡Y conmigo! ¿Eso, eso no te parece raro?

—La verdad es que tú no la mereces Taro. Esa es la única realidad en todo esto. Pero ella está enamorada y tú no vas a arruinar la fusión. Te casas.

—No.

—La primera vez no usé el revolver contigo, pero siempre puedo arrepentirme… Cásate, después me vas a agradecer tu felicidad.

—… Está bien pero más te vale que sí nos hagas billonarios.

—Nadie es mejor que yo en los negocios Taro. De sobra lo sabes.

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Querido papá:

Te escribo estas líneas porque al igual que tú, también quiero que mis palabras queden plasmadas en algo tangible, y mientras lo hago, suena la vida en rosa y no hay una canción más acorde para este lugar, en París, la luz es naturalmente rosa. Pero no te escribo para darte esos detalles y tal vez esta carta la recibas después de mi regreso, pero no importa.

Lo decidí y ya es tiempo de curarme de Japón y de Taro, sea lo que sea que signifique este remedio o lo que pase en la búsqueda de mi olvido.

Volveré el próximo fin de semana y estaré dos semanas contigo.

Hace unos días Jerome estuvo en Francia, lo vi pero realmente entendí que mi corazón está en algún lugar y debo averiguar exactamente dónde.

Te amo padre y ya quiero verte. Te he extrañado con toda el alma, estaré muy contenta de verlos a todos de nuevo.

Por favor no te preocupes por mí, Francia ha sido muy buena conmigo, y si es mi destino, regresaré aquí.

Aunque esta vez tomaré parte activa en la vida para ser feliz, no voy a hacerme a un lado y hare saber que esta boca es mía, no voy a huir y buscaré mi felicidad.

Te amo papá.

P.D. No te preocupes por recogerme, llegaré a verte y me reconocerás porque he cambiado, pero no lo suficiente para que no conozcas a tu hija.

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— ¿Qué hace ese perro corriendo por la mansión?

—Ah, Azusa se lo mandó a mamá.

—Vaya… ¿A qué hora llegará?

—No vendrá, está en Brasil en un simposio de medicina pero su padre sí vendrán a la fiesta.

—Entiendo.

—Pero te tengo buenas noticias, Azusa me dijo que Kenzo se siente emocionado con la fusión.

—Me encanta cuando hablas con palabras obscenas.

—Te veré más tarde.

— ¿Adónde vas?

—Por el regalo de mamá. Le compré un Degas.

— ¿Y cuánto va a costarme?

—No mucho ¿Qué le vas a regalar tú?

—Un tostador.

—Eres un hombre muy sentimental Ranma. Regreso y comemos juntos.

—No tardes niño, tengo hambre.

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Una hermosísima mujer bajo de un avión y esperaba a tomar un taxi.

Taro Saotome subía un cuadro forrado en papel café brillante cuando la vio.

Se encontraba de pie bajo el sol matinal de ese día, era una mujer impresionante, espigada y larga por los tacones altos, rojos y sexis que utilizaba, usaba un vestido azul cielo que le llegaba a las rodillas, sin embargo la ceñida falda y la abertura de pierna izquierda llegando a medio muslo la hacía lucir espectacular.

Ella levantó la vista de las maletas que descansaban a sus pies y entonces quedó completamente enamorado. Tenía unos enormes ojos café tierra que lo impactaron por completo y cuando lo miró y él pudo sentir que los ojos de esa misteriosa chica que jamás había visto antes lo atravesaron, la vio llevar sus manos al corto cabello acomodándolo detrás de su oreja derecha, y sonrió con esos labios de cereza, la efímera voluntad fiel de Taro Saotome se esfumó.

Se quedó quieto, completamente pasmado mirándola y solo se movió cuando su voz de terciopelo entró por sus oídos.

— ¡Hola! ¿Cómo estás?

—… ¡Ho… Hola! Yo… Estoy bien ¿Y tú?

—Muy bien, apenas estoy llegando, no esperaba encontrarte aquí.

—Ni… Ni yo.

— ¿Vas a la Villa Saotome?

—Ah… Yo… ¡Sí claro! E… e… Es ¿También vas para allá?

—Sí exactamente, pensaba tomar un taxi.

— ¡No!.. —La misteriosa joven saltó en su sitio por el tremendo grito que Taro emitió y después de unos segundos estalló en risas—Perdón no, no quise asustarte, yo ¡Yo te llevo!

—Muchas gracias, no esperaba verte aquí, fue una gran sorpresa— Contestó la mujer sonriendo mientras subía al convertible de Taro Saotome.

—Ah… Sí, para mí también es… Una sorpresa.

—Jajajaja ¿No tienes ni idea de quién soy cierto?

— ¡Por supuesto que sé quién eres! — Aseguró mientras emprendía el camino hacia la mansión.

— ¿Ah sí? Dime Taro Saotome ¿Quién soy?

— ¡¿Me conoces?!

—Jajajaja claro que sí, te conozco desde que nací.

— ¡¿Qué?!

—De verdad… Pero es claro que no me recuerdas.

— ¡Claro que sí! Tú, eres… La chica hermosa que… Acaba de llegar de un viaje de… De…

—París.

— ¡París! Claro, lo imaginaba por las gafas de sol que te acabas de poner, son exclusivas de "Dorothea" pero solo las tienen por ahora en Europa.

— ¡Vaya! Eres todo un conocedor.

—Y tú una modelo ¿Cierto?

—Frío, frío. Las gafas me las regaló una amiga, ella sí es modelo. Pero gracias.

—Entonces, estuviste en París ¿Solo fuiste de vacaciones?

—Podría decirse, pero la realidad es que no.

— ¿Cuánto tiempo estuviste allá?

—Cuatro años.

—Vaya, es bastante tiempo ¿Qué hiciste ahí?

—Fotografía.

— ¡Lo sabía! Sí eres modelo y solo quieres engañarme, ese rostro y ese cuerpo no podrían decir otra cosa.

—Jajajaja tus cumplidos no funcionarán.

— ¡Oh vamos por favor!, dime quién eres.

—Por supuesto que no, esto es muy divertido.

— ¿A qué se dedica tu padre?

—… Transporte.

—Oh, bueno… Ese giro casi no lo conozco, pero Ranma sí sabrá.

Al escuchar su nombre Akane sintió una ligera punzada en el pecho. Ranma.

No había cruzado palabra con él desde el día en que su padre había muerto. Su rostro se quedó serio por unos segundos y Taro lo notó.

—Por tu expresión veo que también conoces a mi hermano. Me disculpo desde este momento si se portó mal contigo, él, solo tiene corazón para los negocios.

—Jajaja no, para nada, siempre fue buen chico conmigo. Vas a doblar en esta curva… Ahora.

— ¡Lo siento! Iba a llevarte a casa, me regresaré.

— ¡No! Es el camino correcto. Vamos a la calle que está repleta de cerezos, aún están ¿Cierto?

—Todos y cada uno de ellos.

—Me encantará verlos de nuevo.

—Florecerán tan solo con tu fragancia cuando pases delante de ellos.

Akane solo sonrió, ella sabía cómo eran las tretas para enamorar de Taro.

—Vas a doblar en esta curva y entraremos a la Villa Saotome.

—En serio sabes quién soy y nunca me dijiste quién eres tú.

—No lo haré. Llegamos ¡Oh vaya, veo que tendrán una de sus famosas fiestas!

—Sí, es el cumpleaños de mi madre ¿Quieres venir a la fiesta de esta noche?

Ella volteó sumamente sorprendida ¿En serio la estaban invitando a una fiesta de la familia Saotome?

— ¿Quieres que esté en la fiesta?

—Sí, por supuesto me encantaría.

—Te esperé para desayunar niño pero tengo que salir a la compañía… Oh… Hola Akane.

— ¡¿Akane?! —Contestó Taro mirando a la desconocida que finalmente creció con ellos.

—Hola… Ranma. —Saludó volviendo sus ojos ahora tímidamente a Taro.

— ¿Cómo te fue en París? Te ves muy… Madura y hermosa.

— ¡¿Akane?!

—Bastante bien, muchas gracias ¿Cómo estás tú?

—No tan bien como tú ¿Ya viste a tu padre?

— ¡¿Akane?!

— ¿Por qué estás repitiendo como loro Taro?

—No, aún no lo he visto, iré a buscarlo.

—Le va a encantar verte.

—Nos vemos después, muchas gracias por traerme Taro.

—Si… Por nada ¿Cómo la reconociste? Está tan cambiada.

—No lo sé, solo supe que era ella, siempre ha sido preciosa.

—Sí, la invité a la fiesta de esta noche, debo irme, te veo después.

El joven dio la vuelta sumamente alegre y feliz viendo el lugar por el que Akane se había ido.

—Taro— Lo llamó su hermano.

— ¿Sí?

—No.

— ¿De qué hablas? Solo la invité a la fiesta.

— ¡No!

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—Son muchos libros Akane.

—Son tuyos papá, sé que te encanta leer y quiero que leas mucho ¿Te gustó la ropa?

—Es muy elegante, muchas gracias y los perfumes están deliciosos.

—Me alegra que te gusten, ah… Necesito mandar planchar este vestido para esta noche.

— ¿Para esta noche?

—Sí, Taro me invitó a la fiesta de la señora Nodoka

— ¿En serio mi amor?

—… Papá, quédate tranquilo, sé lo que hago ya soy una adulta.

—Y estás hermosa mi niña, está bien, me quedaré tranquilo, llevaré a planchar este bellísimo vestido.

—Gracias papá, iré a ver a Hinako y a los demás, les traje muchas cosas a todos.

—Están en la cocina amor—Le contestó Shoun sumamente preocupado por el corazón de su hija.

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Taro esperó a Akane fuera de la casa de servicio, estaba parado en la puerta formal e impecablemente vestido en un smoking negro y con una flor en la mano.

Akane salió enfundada en un hermoso vestido vaporoso en color perla con un ceñido escote de corazón al cuerpo y una ligera transparencia que revelaba una prominente abertura de pierna, estaba tan hermosa que el joven acompañante se quedó sin aliento.

—Estás bellísima.

—Gracias—Le dijo sonriendo y tomando su mano.

Rumbo al jardín donde sería el baile, hablaron de todos los años que no se vieron y en los que Taro ni siquiera se enteró que ella estaba en Francia. El joven convenientemente evitó por completo mencionar a su prometida mientras estaba completamente embelesado y dispuesto a hacer todo porque Akane fuera suya esa noche.

Mientras Nodoka recibía a todos los invitados Taro y Akane tomaron la pista de baile y en un momento cuando en escasos minutos se quedó sola una alegre Hinako con una bandeja llena de aperitivos se acercó a ella.

—Hola Bella.

— ¡Hinako!

—Estos camarones son de trescientos dólares el kilo, los compraron de importación, vamos toma los que gustes, se irán volando.

—Gracias.

—Diviértete mucho mi bella.

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— ¡Dios! Akane es preciosa, su cabello azulado resplandece y se ve sedoso, sus dientes perfectos y blancos, los labios rojos y ese vestido la hace ver más que preciosa. Está bailando con Taro.

—No me gusta, no me gusta nada.

—Ay por favor Shoun, déjala en paz, ella sabe cuidarse sola y es lo que siempre ha querido.

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— ¡Nodoka, muy feliz cumpleaños!

—Muchas gracias Kenzo, me alegra mucho que estés aquí, es una lástima que Azusa no pueda llegar.

—Gajes del oficio ¿Y dónde está mi futuro yerno?

—Oh, está… Está…

—Bailando con esa chica ¿Quién es ella Nodoka?

—Oh bueno, ella es…Es… ¡Santo cielo, es Akane!

— ¿Akane?

—Es la hija de uno de nuestros empleados, oh, no te preocupes ella acaba de regresar de un viaje, pero se conocen desde niños, son como hermanos. Tranquilo.

—Yo tengo una hermana… Y no bailamos así, es más ni siquiera bailamos. Vamos.

—Hola Taro, buenas noches.

— ¡Kenzo! Buenas noches, mira te presento a una amiga de la infancia, ella es Akane Tendo.

—Mucho gusto señor.

—El gusto es mío señorita.

—Señora Nodoka qué gusto verla de nuevo.

—Gracias Akane, igualmente, veo que París te trató muy bien, estás muy cambiada.

—Oh sí, pero sigo siendo la misma, solo me arreglé el cabello.

—No solo es el cabello… ¿Bailamos Kenzo?

—… Quisiera cenar primero, si no te molesta Nodoka, Taro, estaremos por aquí. Mucho gusto señorita, con permiso.

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— ¡Ranma! ¿Dónde diablos está ese muchacho? Hikaru ¿Viste a Ranma?

—Está en el estudio señora, se encuentra reunido con varios empresarios.

—Ve y dile que necesito hablar urgentemente con él, que vaya a la biblioteca en seguida.

—Sí señora.

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— ¿Qué ocurre? Estoy presentando el producto de la fusión.

—Deja de jugar con eso, tenemos problemas.

— ¿Qué pasa?

— ¡Eso pasa! ¡Eso! Tu estúpido hermano embelesado por completo con Akane, no la suelta para nada y su paranoico suegro los mira muy atento, si sus ojos fueran pistolas, Akane ya estaría en el suelo y tu hermano igual ¡Ve y haz algo!

—Ese mocoso, iré en seguida.

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— ¿Te está gustando la fiesta?

—Me encanta, y más porque estoy aquí contigo.

— ¿En serio Taro?

—Claro que sí. Eres la chica más bonita de toda la fiesta, eres preciosa, yo… Debí mirarte más, ponerte más atención.

—Bueno, me miras ahora y eso es lo que importa.

—Akane… No tienes idea de lo que estás haciendo.

— ¿Por qué no me lo dices?

—Estás cambiando mi mundo, todo lo que creí, no puedo apartar mi vista de ti.

—No lo hagas, oh vaya ya acabó la música.

—No te preocupes, pediré una hermosa canción solamente para ti y para mí y después si quieres…

—Iremos al solárium… Pedirás una botella de Champagne y meterás dos copas en los bolsillos traseros de tu elegante pantalón.

— ¡Sí! Y ahí te besaré. Espera en el solárium Akane, iré con la orquesta a pedir una canción y te alcanzo.

Lo vio alejarse con rumbo a los músicos mientras sonreía sintiendo que por fin un sueño se hacía realidad, pasando de ser la chica que se escondía mientras veía las fastuosas veladas de los Saotome pensando en cómo había cambiado, se quedó de pie escuchando la vida en rosa y entonces Taro la miró a la distancia sonriendo y señalándola, entendiendo Akane que la canción iba completamente dedicada para ella, entonces vio que algunos hombres saludaron a Taro así que decidió esperarlo en ese hermoso jardín que tantas veces había visto pero ahora no como servidumbre, sino como una invitada especial de Taro.

Mientras el más joven de los hermanos Saotome se guardaba dos copas de cristal en los bolsillos tal como Akane se lo había dicho, el mayor, se acercó.

— ¿Adónde vas niño?

—Yo…

—Acompáñame.

—No, Akane me está esperando en el solárium.

—Y puede esperarte cinco minutos más, así que ven aquí mocoso.

—No… ¡Suéltame Ranma!

—Si das un espectáculo, te rompo la nariz.

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— ¡¿Cómo te atreves a traicionar a tu novia?!

—Es que tú no entiendes mamá, ella me encanta.

— ¡Ay por favor, todas te encantan!

— ¡Estoy enamorado!

— ¡Deja de inventar tonterías!

—Es en serio madre ¡¿Por qué ninguno de los dos me comprende?!

—Taro por Dios, eres como mi propio hijo…

— ¡Soy tu propio hijo!

—Cuando ibas a nacer los dolores eran terribles, los doctores me suplicaban ponerme medicamentos para soportar y me negué, nada que pudiera dañar al bebé pero ahora, me estoy arrepintiendo de esa decisión ¡Te juro que si arruinas esto te arranco la cabeza!

— ¡Madre!

— ¡Cálmense los dos! Escucha niño, mamá tiene razón no puedes arruinar esto, así que deja a Akane en paz, tú estás comprometido y de verdad no es que la ames.

— ¡¿Tú cómo sabes eso eh!?

—Porque te conozco. Sí, ahora en estos momentos piensas que la amas pero créeme que cuando pase el efecto de verla por ser una novedad van a pasar dos semanas y la olvidarás, tú no sabes lo que es el amor y está bien, pero la fusión y la oportunidad que tenemos de ser billonarios no vas a arruinarla ¡Por ser un estúpido y por una cara bonita!

— ¿Verdad que lo es? Admítelo hasta tú lo notaste, yo… Tienes qué entender que no lo había notado antes porque siempre estaba escondida en un matorral pero, mírala ahora, es perfecta, en serio Ranma ¿Para qué quieren tanto dinero? Ya olvídense de eso y déjenme ser feliz.

— ¡Te dejaré sin hijos!

— ¡Mamá espera! —Ranma alcanzó a abrazar a su madre por la cintura mientras su hermano retrocedía espantado, sin embargo al darse vuelta el mayor se los Saotome pudo darse cuenta de que el pantalón de Taro guardaba celosamente algo de cristal, rápidamente hizo un plan al menos para ganar tiempo — Por favor mamá, creo que… Debemos comprender a Taro.

— ¡¿Qué dices, es que te has vuelto loco?!

—No, no estoy loco, creo que deberíamos dejarlo decidir y si es a Akane lo que él quiere no podemos hacer nada madre.

— ¡Solo tuve hijos idiotas por lo que veo!

—¿Hablas en serio Ranma? ¡¿Me dejarás estar con ella?!

—Sí claro niño, pero tómalo con calma, escucha, siéntate aquí y yo iré a hablar con Kenzo.

—Pero…

— Hazme caso por favor Taro, debemos calmarnos.

El inocente hombre obedeció, y tan pronto como lo hizo dio un terrible grito.

— ¡Ah!

— ¿¡Qué te pasa!? Taro hijo ¿Estás bien?

—Yo… Yo me senté en cristal.

— ¿Cristal? ¿Quién rayos dejó cristal en el sofá?

—… No… No lo sé, solo estaba ahí… ¡Dejen de hacer preguntas y llévenme al hospital!

—Claro hijo.

—No mamá, ya están cantándote feliz cumpleaños, ve a soplarle a las velas, yo me encargo de esto.

—Ah… ¿No podemos mandar a otra? Está bien, te quedas a cargo Ranma y Taro, levanta… La parte que tengas qué levantar.

— ¿Ya vamos al hospital Ranma? Me duele muchísimo.

—Hola, Buenas noches doctor ¿Puede venir en estos momentos a la Villa por favor? Mi hermano tuvo un accidente, se sentó en cristal y está sangrando, sí, aquí en la mansión, no, no va a demandar a mi madre… ¡Porque él no es como yo!

— ¿Tardará mucho el doctor?

—Diez minutos, quédate tranquilo.

—Akane…

— ¿Qué con ella?

—Me está esperando.

—Iré yo.

— ¡Ranma!

—…

—Ten cuidado con ella, no te perdonaré que la lastimes.

—…No voy a lastimarla.

Mientras Ranma caminaba hacia el solárium pensó en la advertencia de Taro ¿Advertencia? ¿Cómo fue que su hermano menor se atrevía a amenazarlo?, lo pensó más detenidamente, tal vez por fin maduraría y crecería, sí, eso debía ser.

Akane estaba en medio del hermoso jardín, observaba los lirios acuáticos del estanque, siempre le habían parecido de lo más asombroso, y lo cierto era que todo el tiempo trataban de controlarlos ya que crecían en el agua y por doquier, pero parecía que esos lirios eran ingobernables, además de hermosos e incontrolables.

Escuchó la puerta abrirse y unos pasos elegantes, en seguida volteó y entonces su rostro cambió.

—… Ranma.

— ¿Esperabas a Taro?

Akane bajó la vista ligeramente.

—… Sí.

—Lamento desilusionarte, soy su mensajero, él no vendrá.

— ¿Por qué?

—Tuvo un accidente camino aquí, se sentó en vidrio.

— ¡¿Qué?! ¿Está bien?

—Sí, solo que necesitará sutura, no te preocupes, lo verás mañana.

—Entonces ¿A qué has venido Ranma?

El tono de Akane le sorprendió, lo estaba cuestionando, esa niña ya no tenía nada de lo que recordaba, ahora era segura de sí misma y se inconformaba por lo que él podía notar.

—Vine a bailar contigo, no quería dejarte sola.

—Ah.

— ¿No me crees?

—Claro que no, pareces uno de esos abogados de las películas viejas, cuando el heredero se enamora de la niña pobre y lo mandan a negociar para que se aleje del protagonista, cincuenta mil dice el abogado, ella contesta que no, cien mil replica él.

—Doscientos mil.

Akane se quedó de piedra al escucharlo con los ojos como platos y él pudo notarlo. Si no iba con cuidado, ella lo mandaría al diablo.

—Ningún abogado que se respete ofrecería menos—Contestó sonriente y conciliador.

—Ninguna niña pobre que se respete lo aceptaría.

—Chica lista.

—Me voy.

— ¡No!, por favor Akane espera, yo sí vine a bailar contigo ¿Me permites?

Ranma la tomó de la mano suavemente, y a su memoria llegó el momento en el que la tocó por primera vez.

Tomó su manita frágil y la sostuvo con toda cordialidad, era cálida pero firme y amable, muy grande para la edad de Ranma y grande ahora siendo un hombre.

—No… No te gusta bailar— Contestó nerviosa.

—Claro que sí—Respondió sonriendo.

—Nunca te vi bailar en ninguna fiesta.

—Es porque no había encontrado a alguien con quién hacerlo.

— ¿Entre tantas jóvenes no encontraste a ninguna?

— ¿Bromeas? Quiero bailar con la chica más hermosa de toda la fiesta, Akane, ninguna de ellas es tú, me has hecho esperar mucho tiempo para una pieza de baile.

Mientras él hablaba la envolvía en sus brazos, Akane no entendía cómo, desde que lo vio entrar al solárium se paralizó al verlo, su elegante paso, su olor, el cabello suave y esos ojos azules que hipnotizaban. Siempre se sintió así en su presencia, Ranma era intimidante, alto y fuerte como un roble, con la voz potente y siempre elegante, refinado y apuesto, hasta cierto punto ese misticismo e impenetrabilidad daban miedo, por eso, en su memoria, su corazón le perteneció desde un inicio a Taro, porque Ranma parecía no haber sido diseñado para amar.

—Bailas muy bien.

—Las lecciones que mi madre nos obligó a tomar rindieron frutos.

— ¿Las recuerdas?

—Claro que sí, fuiste mi única pareja de baile.

—Recuerdo que te pisaba mucho.

—Eras una niña.

—Una niña que te pisaba.

—Y hoy, una hermosa mujer que es como una brisa fresca en este lugar.

— ¿Aunque esa brisa fresca venga de las casas del personal?

—No pienso en eso, ni siquiera me viene a la mente.

Y era cierto.

Ranma sonreía tranquilo, estar ahí con ella le daba una serenidad poco conocida para él y cierta emoción a la que tampoco estaba acostumbrado, tenía muchos años sin verla y para él seguía siendo la misma, y eso era lo que más le gustaba, que la miraba a los ojos y sumergirse en ellos era como estar en un hogar.

—Akane…—Le habló mirando sus labios y acercándose a ella lentamente

— ¿Sí Ranma? —Contestó apenas sumida en su aroma y levantando el rostro.

—Voy a besarte…

Sin darle tiempo la atrajo y cerró los ojos para sentir sus suaves labios de cereza en los suyos, no recordaba la última vez que había besado a una mujer y pronto sus mejillas se sonrojaron al respirar el mismo aire que Akane, con razón Taro estaba loco por ella, sin duda, amarla era una posibilidad tan placentera, tan plena y tan maravillosa que sintió envidia por no ser el dueño de su corazón.

Sus pensamientos fueron interrumpidos por la sonora cachetada que le volteó el rostro y que hizo eco en todo el solárium.

—Gra… Gracias, creo que lo necesitaba.

— ¡Idiota! — Le gritó saliendo a toda prisa del lugar y perdiéndose en la música que aún sonaba en la mansión.

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Se despertó temprano, como siempre, había pasado toda la noche dando vueltas en la cama pensando en la fusión, en cómo alejarla de su hermano, y en el beso que simplemente le dio. No llevaba un plan cuando fue al solárium, de hecho, se le ocurrió después del bofetón que Akane le dio y que lo hizo regresar a la realidad, vaya que tenía la mano pesada, aun recostado se llevó las manos a los labios, sí, si tuviera la oportunidad la besaría de nuevo sin dudarlo ni un segundo.

Se levantó y fue en seguida al armario, trajes, sacos, chalecos, innumerable ropa formal estaba formada sin que sintiera que ninguna podría impresionar a Akane.

—No… Debe verme diferente.

Buscó, necesitaba algo distinto a lo que siempre era, no entendía porque pero no quería mostrarse como habitualmente lo conocía Akane, serio, formal e incapaz de poder llegar a ser su amigo o al menos despertar en ella algo que no sea una bofetada.

Tomó un pantalón azul de mezclilla ¿Cuánto tiempo tenía sin ponerse algo así? Ni siquiera lo recordaba, buscó entre sus camisas y encontró una de inspiración china color negro que a conjunto con una chamarra de piel del mismo color le dio un aire juvenil y despreocupado que esos trajes tan formales no le permitían.

Necesitaba hablar con su madre así que salió en seguida.

— ¡Santo cielo! No puedo hacer más ejercicio, necesito pastel de chocolate.

—Sí señora.

— ¡Vaya ya te levantaste! ¿Cómo está tu hermano?

—Buenos días madre, está dormido, le ordené al médico que le dé un coctel de sedantes para que no interrumpa.

— ¿Interrumpa?

—Voy a deshacer esto, tengo algunos días para hacerlo.

— ¿De qué estás hablando?

—De Akane.

—No sé de qué me hablas pero yo pensaba hablar con ella ¿Qué tal suena esto? "Akane, eres hermosa pero Taro es un imbécil que te está tomando el pelo, lo conozco, es mi hijo y en dos semanas te olvidará" ¿Puedo decirle eso? ¿Puedo decirle que le están tomando el pelo?

—Déjalo, yo lo arreglaré.

—Con esa vestimenta no creo, parece que vas de picnic.

—Exactamente.

— ¡¿Qué?!

—Me llevaré el avión. Nos vemos mañana.

—Uno de mis hijos es un idiota y el otro está loco y se va de picnic ¡¿Dónde está mi pastel de chocolate?!

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—Hola Akane buenos días.

La hermosa chica abrió los ojos desorbitada ¿Ranma estaba vistiendo esa ropa? No es que no le favoreciera por el contrario, se veía guapo, pero era rarísimo verlo así, es más esto era un prodigio del cielo, ella pensaba que el mayor de los Saotome preferiría morir antes de usar ropa informal.

—Bu… Buenos días Ranma… Linda ropa.

—Gracias, bueno, es que no iré a la oficina, ¿Dormiste bien?

—Sí, gracias ¿Trabajas los domingos?

—… Ah, sí olvide que hoy es domingo—Contestó sintiéndose un completo idiota.

— ¿Y qué haces aquí?

—Yo… Yo quiero disculparme por lo de anoche, no, no debí besarte a la fuerza.

—No fue a la fuerza.

Tum tum, tum tum. Ranma entonces escuchó su propio corazón, sentía el latido en todo su ser y no pudo evitar sonrojarse. La miró incrédulo no esperaba nunca esa respuesta de ella mientras una tranquila Akane lo miraba indescifrable y divertida.

—Entonces ¿Por qué me pegaste?

—Te lo merecías.

—…Tienes razón, lo lamento ¿Podríamos empezar de nuevo?

—Está bien Ranma. —Le contestó riendo.

—Creo que no te lo dije pero me alegra mucho que estés de regreso.

—Gracias Ranma, estoy contenta también ¿Puedo ver a Taro?

—Está dormido, despertará por la tarde, por eso quiero pedirte un favor.

— ¿Un favor?

—Tu papá me comentó que eres fotógrafa ahora, y tengo unas propiedades en Hokkaido a bordo de playa que quiero vender ¿Podrías tomar fotografías para anunciar la venta? Te prometo que regresaremos en la noche y podrás ver a Taro ¿Me acompañas?

—Claro, me encantaría ir.

—Bien, el avión ya está listo.

Ranma le extendió la mano, sin saber realmente si ella correspondería, tenía que intentarlo al menos, si quería enamorarla como era su plan debía arriesgar todo.

—Tienes manos firmes, pensé que serían demasiado suaves.

—No soy un inútil bueno para nada Akane.

—No dije eso.

—Jajaja bueno, pese a lo que pudiera parecer no dependo completamente del personal de la casa ni de la oficina. Puedes preguntarle a tu padre.

—Lo haré y si mientes no te dejaré en paz.

—Entonces, mentiré siempre.

Ranma abrió la puerta del auto y Akane subió sin contestar, no conocía al hombre que ahora estaba viendo, no le desagradaba para nada solo que la dejaba un poco sin habla, aun con esa ropa informal seguía siendo intimidante y seguro, nada, nada parecía mermar en su personalidad, era un hombre exitoso en todo y eso era parte de su elegancia y porte.

—No sabía que manejas.

—Jajaja sí piensas que soy un inútil. Ahora, sujétate porque tenemos que llegar rápido al aeropuerto, lamento haber ido tan temprano a verte, es solo que quería pasar el día contigo ¿Tienes hambre ya?

—Un poco, pero puedo aguantar a llegar.

— ¿Qué? No, eso no será necesario.

—Desayunaremos en el avión, tengo todo preparado, espero que te guste.

—Me gustará y cuéntame ¿Por qué quieres vender las propiedades?

—Oh, es que no voy nunca solo fui cuando las compré y eso fue todo, realmente es una villa muy linda, muy acogedora, es un pueblo muy tranquilo.

—Si es tan lindo ¿Por qué nunca vas?

—Por el tiempo. Compré para descansar y es lo que menos hago.

—Tal vez no deberías vender y sí descansar.

—Tal vez cambie de opinión.

— ¿Tal vez?

—Si te gusta podría no venderlo.

— ¿Si me gusta?

—Podrías descansar conmigo, es muy bonito ahí ¿O ya tienes planes?

—De hecho sí, solo estoy de vacaciones, soy directora de una revista, en dos semanas tengo que estar de vuelta.

—Entiendo ¿Así que regresaras?

—Bueno, tengo que trabajar para comer, aunque sinceramente todavía no sé si voy a regresar.

— ¿Pasó algo en Francia?

—Nada.

—Perdón no quise incomodarte, solo que sonó a todo menos a nada.

— ¿Fue muy obvio?

—Lo fue, pero no hablemos de eso si no quieres.

—El problema es que… Sí quiero.

—Entonces no es problema, te escucho.

—Cuando llegué a Francia dos personas se volvieron importantes para mí, Naya Lafayette que es modelo y el rostro de la campaña y… Jerome Leblanc, fue el que me enseñó de fotografía.

—Y es tu ex novio.

— ¿Se nota?

—El tono triste salta a la vista.

—Yo estaba muy sola allá y él y su familia me recibieron como a una hija, creció como fotógrafo, inclusive ganó un premio muy importante, entonces tuvo la oferta de su vida en Australia.

—No quisiste ir con él.

— ¿Qué lees la mente?

—Akane, no soy idiota linda, es muy lógico que se enamorara de ti y si no es porque se separaron entonces ¿Por qué no quieres tomar esa campaña?

—No dije que no quiero.

—No hace falta que lo digas, es notorio, supongo que te sigue amando y no será fácil trabajar con él.

—Sí…

—En todo caso y, si me permites decirlo, no deberías huir.

—No estoy huyendo.

—Bien.

— ¡¿Por qué no me crees?!

—No tiene importancia lo que yo crea, si no lo que tú sientas Akane.

—Bueno es que ¡No quiero lastimarlo! Sí, sé que me quiere pero yo lo superé.

—Entonces sé profesional, entiendo que quieras ser considerada con sus sentimientos, pero ¿Qué hay de tus logros? Una niña sola en Francia, mi madre me dijo que eras asistente de fotografía, sin conocimiento y apenas unos años después ya eres directora de una revista, aprendiste, te puliste, siempre me pareciste muy linda pero ahora has explotado tu belleza, hasta eres amiga de una top model, sí, sé perfectamente quién es Naya Lafayette y, para ser honesto, no creo que debas renunciar a nada de eso. Supongo que no fue fácil conseguir lo que tienes, incluso estas vacaciones son consecuencia de eso—Ranma se dio cuenta de la mirada sorprendida de Akane y continuo— O... Yo debería dejar de ser un sucio chismoso y dejarte en paz.

Ambos estallaron en fuertes y sonoras carcajadas.

—Vaya tú tienes la solución a los problemas de mi vida Ranma.

—Lo siento, Jajaja, en verdad pero… Ya mejor me quedo callado.

—No… Por favor, de verdad me agradó escucharte.

Ranma solo sonrió mirando el camino que ya casi concluía.

—Vamos sigue ¿Qué más piensas?

—No, nada más.

— ¡Ay por favor! Yo nunca he visto que Ranma Saotome se quede callado.

—Ah, nunca guardo silencio, soy solo hablador.

— ¡No Jajaja! ¡Eres muy sensible!

—Soy un llorón.

— ¡No! Jajajaja ya deja de hacerme reír.

—Me disculpo, vamos preciosa ya hemos llegado.

Ranma sonrió ampliamente y bajó del auto que estaba ya estacionado en el aeropuerto, en seguida abrió la puerta para que Akane pudiera salir dándole la mano.

Hacía viento un poco frío que alborotaba el cabello de la fotógrafa y ella instintivamente se abrazó, en ese momento y como salido de un cuento Ranma le colocó la chamarra de piel en los brazos que le quedaba como una sábana pero que la abrigó con un olor delicioso a mar al que siempre relacionó con Ranma.

Lo vio sonreír y se dejó seducir por el cabello juguetón que se agolpó a su rostro, estaba realmente muy apuesto esperándola al pie de la escalera con la mano estirada y sonriendo con el calor de mil soles. Nunca se habría imaginado ni en el más alejado e irreal de sus sueños que podía ser tan apuesto, tan alegre y tan radiante como un volcán, sí, Ranma en ese momento era un volcán, alto, poderoso, vibrante y entendió por qué era el sucesor del señor Genma, alguien tan dignamente que llevaba la hombría de los Saotome en los hombros, solo él, solo la fortaleza de Ranma podría con su propio destino.

Subió contenta y feliz.

—Buenos días señorita mi nombre es Hanah y yo los atenderé en este vuelo.

—Buenos días Hanah, gracias, yo soy Akane.

—Qué hermoso nombre—Contestó la mujer sonriendo.

—Muchas gracias.

— ¿Desea jugo y ensalada?

— ¿No hay desayuno completo?

—Oh sí señorita, en seguida le serviré ¿Usted señor Ranma?

—Lo mismo que a ella. Eres muy delgada no pensé que tuvieras tanto apetito.

—Yo como mucho así que no me juzgues.

— No lo haría jamás ¿Por qué te llamas Akane?

—Por uno de los libros de mi padre. Lo encontró en un poema que es sobre una virgen condenada a un destino peor que la muerte buscando a su salvadora.

—Akane es la virgen.

—Akane es la salvadora "… Oh hermosa Akane, como tu nombre es tu fuerza, no me abandones, no me dejes o no podré sobrevivir…"

—Es hermoso y te va el nombre.

— ¿Nunca miras por la ventana?

—Nunca, tengo mucho trabajo qué revisar.

—La vista es maravillosa, podrías mirarla, no perderá la bolsa de valores solo porque disfrutes un viaje.

Ranma dejó un momento los papeles que tenía en las manos y miró, se perdió un momento y entonces descansó, sintió tranquilidad y de repente se quedó dormido.

—Ranma despierta. Ya llegamos.

Fue la suave voz de Akane y su mano sacudiéndolo ligeramente lo que lo hizo abrir los ojos.

—Lle… ¿Llegamos?

—Sí ¿Descansaste?

—Yo… Lo lamento Akane no debí dormirme yo te invité.

—No tiene nada de malo descansar Ranma, y créeme que eres merecedor de ese descanso ¿Estás mejor?

—Un poco avergonzado, yo debería cuidarte a ti.

—Oh bueno, para perdonarte me llevarás a la playa.

—Hecho.

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— ¿Cómo es que tienes una propiedad así de hermosa y no usarla Ranma? Es sumamente acogedora y espaciosa.

—Bueno, no tengo tiempo de venir. Por favor, toma fotos de todo, del muelle, la villa, la playa, de todo el interior de la casa, que se vea todo, entre más fotos mejor.

—Um bueno, en ocasiones más no es mejor, solamente es más. Tomaré desde los mejores ángulos de la casa y decidimos qué es lo que se va a utilizar.

—Me parece bien.

Akane comenzó a enfocar pero no tomaba ninguna foto, solo enfocaba, abría ventanas, levantaba cortinas, cambiaba cosas y Ranma la miraba admirado por verla tan concentrada en lo que hacía, realmente lo disfrutaba y eso le hacía sentir bien, no sabía por qué pero lo sentía.

De pronto dejó de sentir felicidad al recordar que estaba tratando de enamorarla para que no se fijara más en su hermano, no debía perder su objetivo o la fusión y posibilidad de volverse billonarios se perdería.

Salió al muelle y se quedó pensando largamente mientras veía el mar y a lo lejos, el enorme faro de la costa, todo era paz, todo era tranquilidad, sin embargo, en su corazón se libraba una batalla.

Ni siquiera se dio cuenta cuando la mujer que invadía sus pensamientos soltó el flash.

Volteó solo al escuchar el sonido que lo sacó de esa lucha que jamás había conocido.

—Perdón ¿Te asusté?

—Ah… No, solo… Solo me sorprendiste.

— ¿Estás bien?

— ¿Yo? Sí claro, es solo que… Me quedé pensando en lo que dijiste sobre descansar, sobre utilizar ya por fin esta propiedad. Realmente ahora que la veo y que estoy aquí y contigo, no me apetece tanto venderla.

— ¿De verdad?

—Oh sí, por supuesto aunque no sé si podré adaptarme a tanta tranquilidad… No me había dado cuenta de que ese faro es hermoso.

Akane miró hacia el lugar que Ranma miraba y de pronto le extendió la cámara.

—No sé tomar fotos.

—No es tan complicado, vamos, solo enfoca y presiona.

Se colocó a su lado y él podía sentir la respiración de Akane cerca de sí, su perfume y esa presencia tan vivaz.

—Hay un hombre caminando hacia el faro.

—Debe ser el cuidador.

— ¿Quién tendría por empleo cuidar de un faro?

—Tal vez no necesita más. A eso también se le llama plenitud.

La afirmación de la chica fue como si algo lo hubiera atravesado ¿Ranma Saotome no se sentía pleno? ¿Por eso siempre estaba buscando más? Bueno es que esa fue su vida, siempre hacer más, no conocía otra manera de vivir pero imaginó que él era ese hombre caminando al faro, silbando alguna cancioncilla que a su pequeño bebé le hubiera enseñado o tarareado para hacerlo dormir, mientras una bella Akane se encontraba sentada en el sillón con un libro en el regazo y él preparaba algo de comer mientras cuidaba a su hijo antes de volver a su trabajo ¿Lo esperarían de noche? ¿Su bebé esperaría a su padre para besarlo? De pronto, eso no sonaba nada mal.

—Va… Vayamos al pueblo, hay muchas cosas lindas ahí ¿Damos un paseo?

—Claro me encantaría.

Sin pensarlo la tomó de la mano guiándola, Akane pensó que era un gesto que él hacía por costumbre y se afianzó a él.

Comieron golosinas y Ranma le compró todos y cada uno de los libros de los que Akane quedaba encantada, encontró un hermoso brazalete de piedras agua marinas y se lo obsequió en seguida, se veía preciosa con él.

Caminaron y pasearon por todo el lugar.

—Mira, ¿ves ese edificio? Es muy antiguo.

—En Francia sería nuevo, es muy hermoso, ojalá no lo demuelan.

—… No lo harán, toda la manzana es mía.

—Vaya ¿Qué harás con esa propiedad?

—Ah… Yo… Em… ¡Construiré un orfanato!

— ¡¿En serio?! Eso es hermoso Ranma, no tenía idea.

—Sí bueno, así somos los Saotome.

—Yo tomaré las fotos de todos los niños a los que vas a ayudar.

—Gracias Akane.

¿En qué diablos estaba pensando? Se daba cuenta que realmente quería impresionarla, era una completa locura plantear la idea de un orfanato, y él solo se había echado la soga al cuello.

— ¿Podemos cenar? Muero de hambre.

—Sí claro ¿En qué restaurante quieres?

—No, vayamos a la casa, podemos cenar en la playa, será muy divertido.

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— ¡No puedo comer más! Estuvo delicioso Ranma, gracias.

—Me alegra que te gustara ¿Estás disfrutando el viaje?

—Creo que solo me trajiste para descansar, no hice nada.

—Bueno, si esas fotos no quedan lindas me sentiré muy desilusionado.

—Uy, y nadie quiere desilusionar al gran Ranma Saotome.

Se quedaron mirando largamente hasta que Akane rompió el silencio.

— ¿Por qué nunca te casaste? ¿No crees en el matrimonio?

—Sí que creo en el matrimonio, por eso no me he casado… Aun.

— ¿Te has enamorado?

—Sí, por supuesto, pero eso ya tiene mucho tiempo.

— ¿Todavía la amas?

—Para nada. No me he casado porque no he vuelto a enamorarme y en mi vida realmente no creo que exista una mujer que acepte a alguien como yo por amor, y de verdad, pese a lo que pudiera parecer, en lo que no creo es en el matrimonio por dinero.

—Eso sí es una sorpresa.

—Y tengo que cuidar de un hijo de veintitantos que es mi hermano y que en estos momentos está dormido con el trasero herido.

— ¿Él va a casarse?

— ¿Eso te pone triste?

—Sorprendentemente no.

—Sorprendentemente sí te creo.

—Taro merece ser feliz.

—Todos lo merecen Akane y de verdad espero que su matrimonio sea próspero, es mi hermano, inclusive lo amo, pero debe crecer.

— ¿Y tú? ¿Tú qué debes hacer?

—… No lo sé.

—… Recuerdo que te tenía mucho miedo.

— ¿Qué?

—Cuando era una niña, me intimidabas mucho porque todo el mundo decía que no tenías sentimientos y eras un extraterrestre disfrazado de un niño guapo.

—Jajajaja ¡Qué alegría saberlo!

—Lo lamento, tú te ganaste a pulso esas habladurías.

—Tengo la ligera sensación de que ya no me temes.

—Oh no, claro que no. Eso dejó de ser cuando tenía nueve.

— ¿Qué pasó cuando tenías nueve?

—Tus padres y el mío habían ido a la ciudad, y cayó una horrible tormenta llena de rayos y relámpagos, hubo un apagón, y Taro y yo corrimos como locos por el miedo, en serio fue horrible y te encontramos, tú nos habías estado buscando. Encendiste el fuego tu solo, que era algo que nos maravilló porque solo los adultos lo hacían y tú todavía no lo eras, pero lo hiciste y te pusiste a cantarnos canciones. Taro se durmió en seguida y lo arropaste, yo iba a comenzar a llorar y me dijiste que si guardaba el secreto me darías las galletas de chocolate que nos gustaban pero solo para mí porque Taro ya estaba dormido. Después de eso me dormí en tus brazos y cuando desperté estaba envuelta en una frazada tibia al lado de Taro y tú mirabas por la ventana, tenías al perrito de la mansión contigo y un atizador de fuego en la mano. Te pusiste tu uniforme de americano y ahí estabas vigilando, sé que estabas nervioso por la tormenta pero vigilabas, hablabas con el perrito y escuché que dijiste "Vamos viejo, debemos cuidar a los bebés" "No tengas miedo, nada nos pasará eh" "Si esto se inunda o vienen ladrones en seguida nos escondemos", al final el perrito ni quisiera cuidó, también se quedó dormido. Nuestros padres llegaron a las tres de la mañana y tú seguías ahí vigilando. Estabas cansado pero no despegabas el ojo de la calle.

—No tenía idea de que me escuchaste.

—Oh sí, claramente.

—Bueno… Es que siempre me dijeron que tenía que cuidarlos, a ambos.

— ¿A ambos?

—A Taro y a ti… Sí, es lógica esa expresión, te contaré. Yo, estaba por cumplir 8 y tú… Acababas de nacer, yo no tenía idea de que había una bebita en la Villa, mi padre estaba arreglándome la camisa y el corbatín y entonces me dio un regalo envuelto en papel dorado "¿Y esto?" Pregunté, Ah es que ya está en la casa la hijita de nuestro amigo Shoun, me contestó, ¡¿En serio?! ¡¿Puedo conocer a la bebé?! Pregunté muy emocionado, "Sí claro, por eso vamos tan guapos y con regalos, iremos a visitarlos pero ella no es una bebé", ¿No, entonces? "Ella es un ángel" me dijo. Después se arrodilló para atarme los zapatos y habló muy serio: Escucha Muchacho, tú eres el mayor y el más fuerte, ella ahora es muy pequeña y delicada y siempre será más frágil que tú y que Taro, y es por eso que debes cuidarla más que a tu hermanito ¿Entendiste? ¿Me prometes que los cuidarás y más a la pequeña ángel? Sí Señor, le contesté orgulloso porque era una misión que solo yo podía cumplir.

— ¡¿Tu papá me decía así?! Eso es algo muy bello Ranma.

—Sí bueno, pasó algún tiempo para darme cuenta de que yo era la nana de ustedes dos Jajaja pero para ese entonces ya era tarde y ese sentimiento de protección siempre estuvo latente.

—Gracias por cuidarnos.

—De nada, ese día en cuanto te dormiste llamé a "Chico" el perrito de la mansión y nos pusimos a cerrar todo, estaba asustado porque papá me había dicho que semanas antes cuando cayó una tormenta unos tipos habían entrado en la mansión de los Sanzenin a robar y el personal estaba en sus casas, el patio se estaba inundando y cruzar habría sido peligroso, tampoco quise arriesgar a nadie, así que cerré todo y con Chico, buscamos algo anormal pero el perrito estaba tranquilo, no pasó nada, pero en verdad estaba un poco asustado.

—Cualquiera se habría asustado, eras un adolescente aún.

—Papá siempre decía que un hombre de verdad cuidaba a su familia, sus negocios, y su casa, me lo repetía muchas veces, supongo que quería asegurarse de que mamá y Taro no estuvieran solos si algo sucedía y sucedió.

—Lo lamento.

—Lo sé y ahora que hablamos de eso, muchas gracias por esa llamada, sé que no era para mí pero significó mucho.

—No pude haberla tenido con nadie mejor que tú. Espero que un día sí vayas a Francia, aunque tal vez no te guste.

— ¿Por qué?

—Porque la gente sabe cómo disfrutar, son muy trabajadores pero saben cuándo detenerse y se dan el tiempo de descansar ¿Nos vamos ya? Está comenzando a refrescar.

—Claro, gracias por venir Akane — Ranma se levantó de la arena y caminó con Akane, de pronto ella le extendió la mano como una costumbre y él sin duda la tomó, era una sensación muy agradable y el heredero Saotome sentía revueltas no solo las ideas, sino sus sentimientos.

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—Era de madrugada cuando escuché un auto llegar, me asomé, era Ranma.

—En estos días no se ha quedado en su departamento.

—No solo eso Shoun ¡Llegó anoche con Akane!

— ¿Con Akane Hinako?

—Sí Cologne, con Akane.

— ¿Qué no se supone que Ranma es homosexual?

—Ranma Saotome no es homosexual Cologne, no sé de dónde has sacado eso, esto no me gusta, ella es mi hija, no quiero que la lastimen.

—Um, debo decirte otra cosa.

—Taro salió a recibirlos, estuvo todo el día esperando a Akane, no recibió a su novia siquiera y dio vueltas por las ventanas esperando a que llegara, creo que no le importó el dolor de sus heridas, en cuanto vio el auto fue a esperarla.

— ¿Y qué pasó Hinako?

—Sé que es tu hija y quédate tranquilo, solo hablaron dos minutos y se despidieron, ella dio la vuelta rumbo a tu casa y Taro la miró un poco triste, realmente Akane no estaba emocionada por verlo… A lo mejor fue mi percepción o simplemente estaba cansada ¿Crees que ya lo haya olvidado?

—No puedo asegurarlo, eso sería un milagro.

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—Buenos días director Saotome.

—Buenos días Setsuna, necesito que por favor busques para hoy eventos sociales, teatro, ópera, cosas así y compres boletos.

— ¿Para su hermano?

—Para Akane y para mí.

— ¡Va a salir!

—Setsuna…

—Perdón señor, sí claro le confirmaré la hora.

—Gracias.

—Permiso.

—Setsuna…

— ¿Sí señor?

—El edificio de Hokkaido… Necesito la cotización para darle por completo mantenimiento.

—Entiendo.

—Tiene que estar listo rápido y…

— ¿Sí?

— ¿Un orfanato será caro?

—Supongo que sí, camas, ropa, médicos, comida, dirección, administración, escuela hasta que cumplan la mayoría de edad.

—Veintiuno.

— ¿Cómo?

—Hasta que terminen la carrera y debemos ofertar una bolsa de trabajo.

—Entonces será mucho más caro.

—No importa, lo haremos en el edificio de Hokkaido. Pero primero el mantenimiento.

—Entiendo señor.

—Es todo, gracias Setsuna.

—Con permiso.

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—Hola ¿Vas a la cocina?

— ¡Hola Ranma! ¿No fuiste a trabajar?

—Sí, solo que regresé a comer… Contigo.

— ¿Conmigo?

—Sí, um, extrañé verte ¿Tú a mí no?

Ella no podía contestar, no porque no tuviera una respuesta sino porque se había dado cuenta que sí, sí lo había extrañado.

—Estoy jugando, no digas nada ¿Comemos?

—Claro.

—Pedí que llevaran todo al solárium.

—Qué lindo.

—Em, dentro de tres horas hay un concierto de flauta dulce, es un flautista de América, es un evento exclusivo ¿Me acompañas?

—No sabía que te gustaba la música.

—Oh la amo de hecho, no conozco al flautista pero dicen que interactúa con el público contando la historia de cada canción, de verdad me encantaría ir contigo… O bueno si no quieres…

— ¡Sí quiero!... Sí quiero ir.

—Bien, entonces comamos y nos vamos.

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El teatro era elegante y pequeño, Ranma y Akane estaban sentados esperando a que comenzara, de pronto todas las luces se apagaron, y Ranma posó su mano sobre la de Akane, entonces para su sorpresa ella la retiró, Ranma se tensó hasta que la sintió recargarse en su hombro y tomar su brazo.

Entonces ligeramente podían ver en el escenario a un joven musculoso sentado con una flauta en los labios y una dulce nota acabó con el silencio y los hizo soñar.

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— ¡El concierto estuvo precioso!

—Me encanta que estés tan contenta— Contestó Ranma sonriendo.

—Me divertí mucho Ranma, gracias ¡Vaya hace un poco de frío!

— ¿Y si cenamos antes de irnos? Toma ponte mi abrigo.

—Gracias.

Era un restaurante común pero de aura bohemia, tomaron asiento en seguida y la magia que necesitaban para comenzar a enamorarse empezó.

Las velas los hacían ver cálidos y apuestos, adentro Akane dejó de tener frío, pidieron muchos platillos para compartir y lo hicieron entre risas y una extensa plática, bromearon, se hicieron muchas preguntas y cuando Akane tomó un pétalo de una flor que adornaba la mesa y lo jugueteo en sus labios, Ranma supo que podría ser muy feliz con ella, sino fuera porque estaba enamorada de su hermano menor.

Dejó esos pensamientos cuando Akane lo invitó a ir a la pista con ella y, aunque lo pisó muchas veces, él jamás habría dejado de bailar, nunca sintió más regocijo que al verla sonreír, así que Ranma la levantó en brazos y dieron vueltas, se sintió tan pleno que no pudo evitar abrazarla fuerte y en consecuencia Akane reaccionó sorpresivamente llevándolo a sus labios.

Ninguno de los dos cabía en su piel, una tremenda sensación de desahogo y liberación los inundó de pies a cabeza, la pista quedó en silencio, y ellos seguían bailando con sus labios, les faltó la respiración y fue ahí cuando terminaron ese beso hambriento, se miraron sorprendidos y simplemente comenzaron a reír como nunca lo habían hecho.

Regresaron de la mano a la mesa, probaron postres mientras se besaban y abrazaban, solo se dieron cuenta de que debían irse porque los meseros se lo pidieron.

Al salir, Ranma se quedó inmóvil, Akane volteó y él estaba de pie, misterioso, sonriente y tomando su mano, la jalo ligeramente y la regresó a sus labios.

—Debes saber—Le dijo arropándola con su abrigo y acomodándole el flequillo de la frente—Que siempre te he querido.

Sonrió y de nuevo lo besó.

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Ranma conducía camino a la Villa y Akane seguía hablando y riendo besando el dorso de la mano de Akane.

—Fue una deliciosa noche.

—La mejor de mi vida he de confesar, te quiero mucho Akane, tú no tienes una idea de cuánto.

—Y yo te quiero a ti Ranma.

—Ya llegamos, lo mejor será que descanses, te veré mañana linda.

—Hasta mañana Ranma, iré a verte a tu oficina.

—Ya quiero que sea mañana. Descansa preciosa.

Se besaron y Taro sintió una aguda punzada en el pecho, por primera vez sintió celos y no podía creer que una sola mujer no lo deseara ahora y más increíble aún que Ranma, su hermano que parecía no tener alma fuera el responsable de ello.

Tenía sentimientos encontrados ¿Ranma se había enamorado? No era un hombre convencional y mucho menos mujeriego, si él estaba con Akane esto era en serio y lo averiguaría.

Cuando Akane se recostó, con esa vorágine de sentimientos y besos que se quedaron tatuados en sus labios pensó por fin en esos escasos días en los que la mayoría del tiempo estuvo con Ranma, no extrañó para nada a Taro, es más cuando lo vio, fue como ver a un amigo del pasado y nada más, sin embargo, ahora conocer a Ranma, escucharlo hablar, reír, bailar inclusive poder compartirle algo de su padre, besarlo y admirarlo como el hombre que es, su corazón sintió que se había equivocado, nunca fue Taro, no fue Jerome, era el mayor de los Saotome.

¿Cómo sería ser su esposa? Jamás se había detenido en esa posibilidad, ni siquiera cuando Jerome lo dio por sentado, mucho menos con Taro. Si él hablaba en serio sobre descansar, sobre ir a Francia con ella, si le decía de verdad que siempre la había querido entonces significaba que todo esto era en serio, porque a su saber él jamás tenía aventuras, nunca nada casual, no era como su hermano menor, si se iba con ella a Francia, no lo dejaría ir, haría que se enamorara porque entonces descubrió que le mintió cuando dijo que lo quería, no era así. Lo amaba.

Durmió hasta muy entrada la madrugada, pero durmió feliz, esa sensación no la conocía y decidió descansar pensando en él.

Se levantó muy temprano y se vistió, necesitaba ir a revelar las fotos de Hokkaido, y planeaba pasar toda la tarde con Ranma, aunque todavía estaba nerviosa, finalmente sabía que Taro la esperaba pero él iba a casarse y solo podría quererla para un acostón, suspiró pensando en todo lo que podría ser y en el futuro que le aguardaba a su corazón, ya quería besarlo de nuevo, ya quería estar entre sus brazos, ya quería saber qué haría el gran Ranma Saotome para seguir demostrando que la quería.

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—Buenos días Ranma ¿Estás bien?

—No dormí muy bien madre.

—La fusión saldrá, mañana es la reunión, Azusa llegó ayer a Japón y tu hermano no ha visto a Akane, todo estará bien.

—Lo sé.

— ¿Qué te pasa?

—Estoy cansado.

—Pues vete a casa, ve con Akane y cena con ella.

—Mañana partirá a Francia.

— ¿De qué estás hablando?

—Le ofreceré una nueva vida, en Francia, que esté lo suficientemente lejos para que no pueda tentar a Taro, él deberá casarse con Azusa y todo saldrá bien, ya lo dijiste.

—Yo no sabía de esto ¿Y por qué estás tan seguro del resultado?

—Así como supe a simple vista que nuestros negocios florecerían, solo lo sé.

— ¿Te ama?

—…

—Ranma, contéstame.

—Al menos me quiere.

—Y ¿Tú?

—…

—Ranma… ¿Y qué vas a hacer tú?

—Me quedaré.

Lo miró completamente extrañada, ese no era su hijo, aunque su semblante parecía el mismo se notaba apesadumbrado.

— ¿Hay algo que no me estás diciendo?

— No.

— Ah… Entonces, vas a engañarla… No puedo creerlo.

—La hará madurar.

—No estoy segura de esto.

— ¿Por qué? ¿No quieres que sufra? Nunca te importo ver el rostro de quienes sacamos del juego.

—Esto es distinto, es la hija de Shoun, y él es nuestro amigo… No lo sé Ranma, debo estar envejeciendo… Me siento muy mal por esto.

—Toma tus medicamentos.

— ¡Cuidado Ranma, todavía soy tu madre!

—Y me enseñaste todo lo que sé.

—Yo no te enseñé esto… Tengo unas llamadas qué hacer, piensa bien lo que haces, no vayas a arrepentirte.

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Akane se acercaba a la puerta y se retiraba, volvía a acercarse tomaba el picaporte y lo soltaba como si quemara, estaba nerviosa y llevaba diez minutos en la puerta de la oficina de Ranma, de pronto algo le decía que detrás de esa enorme puerta su destino cambiaría.

—Yo…

—Hola hermosa.

Sonrió cuando lo vio, su mirada no había cambiado, era él, el hombre que había escogido.

—Hola —Se acercó a él y se fundieron de nuevo en besos, era muy notable que se habían extrañado.

—Disculpe por interrumpirlo director Ranma…

—Sí Setsuna.

—Lo que me pidió está listo y las otras cosas.

—Gracias, es todo.

—Te traje las fotos de Hokkaido.

—Las veré después, te tengo un regalo.

Ranma le extendió dos sobres y al abrirlos los ojos de Akane rebozaron de una indescriptible alegría y felicidad.

— ¡¿Irás a Francia conmigo?!

—Lo pensé y ya no quiero separarme de ti.

Akane entonces saltó a sus brazos.

— ¡Ranma! ¡Oh, por dios soy tan feliz! Ni siquiera te miré, no te veía y no pensé que fueras tú.

—Vaya… Muchas gracias.

—Jajaja No me malinterpretes es que no lo sabía, siempre pensé que era Taro y no tú, hasta me corté el estúpido cabello para cambiar y no sé es que las mujeres somos muy tontas, oh Ranma, te va a encantar París…

No pudo. No podía ilusionarla y luego dejar que se desengañara sola cuando estuviera en París. Y sobre todo no podía quitarle la felicidad que Taro representaba para ella.

—Akane basta.

Ella paró en seco sintiendo de repente que un agujero negro y profundo como la muerte se abría a sus pies.

— ¿Qué pasa? —Preguntó consternada cuando Ranma la tomó de las muñecas y no la miraba a los ojos —Ranma, me estás asustando.

—No puedo, no iré contigo.

— ¡¿Qué?!

—Yo… Yo me envié a negociar, cuando llegaste y Taro te vio, vi que estaba en peligro una fusión con su futuro suegro si te interponías en el matrimonio, por eso me empeñé en que lo olvidaras. Perdóname yo, yo no puedo mentirte.

Akane entonces se soltó horrorizada y se alejó de él, reflexionó en la conducta de Ranma, en sus detalles, en que dejara su empresa que había sido desde que nació, su vida entera, sonrió irónica sintiéndose completamente estúpida por haberle creído.

—Akane.

—No… No me toques—Contestó apenas comprendiendo todo.

—Perdón—Le pidió serio y triste.

Ella se sentó pesadamente en el sillón y cerró fuerte los ojos.

—Mentiste entonces… ¿Era tan impropia para tu hermano? ¿Tan inaceptable para él? —Cuestionó sin emoción alguna.

—No, no fue por eso, no era personal, solo se trató de un pedazo de plástico.

—Entiendo y dime ¿Cuáles eran los planes que tenías para mí?

—Un departamento en París y una pensión para ti siempre.

— ¿Esas eran las otras cosas de las que hablaba tu secretaria? —Preguntó aguantando las ganas de llorar.

—Sí.

— ¿Con cuánto ibas a comprarme?

—Cincuenta mil libras al mes.

Ella suspiró y gruesas lágrimas amargas corrieron por sus mejillas.

—Tu primera oferta era mejor.

—Tendrás más, lo prometo.

—No quiero más —Contestó apenas con el nudo en la garganta, sin embargo, tenía qué encararlo e irse de ahí, él se había equivocado, él fue quién la engaño, ella no tenía por qué sentirse avergonzada de amarlo así que levantó la vista altiva sacando fuerza de Dios sabe dónde para poder enfrentarlo —No quiero nada.

—Akane…

—No. No Ranma, ya no es necesario.

— ¡¿Akane qué harás?!

—Tú no tienes qué preocuparte por eso ¿Puedo? —Preguntó señalando uno de los boletos.

—Por supuesto…

Lo tomó y miró con infinita tristeza.

—No te preocupes por tu fusión, de todos modos pensaba irme porque París es mi hogar. Créeme que te habría encantado. Adiós Ranma.

En cuanto cerró la puerta el heredero del imperio Saotome se derrumbó, cayó sobre sus rodillas como si la vida lo hubiera abandonado y era verdad, ella era la vida misma para él, lloró como nunca inundado por la culpa y por el amor que se le estaba yendo de las manos, mintió, en todo mintió, hasta con él mismo no podía ser honesto, mintió cuando le dijo que la quería, puesto que sus sentimientos eran mucho más grandes que solo el quererla, la amaba con el alma y desde mucho tiempo atrás, nunca lo dijo, porque Akane era muy joven, y siempre la vio feliz con su hermano, pero ahora ella podría ser feliz con Taro y olvidar que por una vez en su vida Ranma Saotome se había cruzado en su camino.

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—Hola ¿Cómo te sientes?

—Ya estoy bien ¿Y tú?

—Bien.

—Creí que nos veríamos hoy ¿Dónde estabas?

—Con Ranma en la ciudad.

En otro momento a Taro le habrían dado celos, aunque ya no tenía sentido por lo que había visto el día anterior, sin embargo, al verla ahora sentía preocupación, los ojos llorosos, la mira triste y esa sonrisa que no era la de Akane le estrujaban el corazón.

—Ah… ¿En serio estás bien?

El solárium ahora le parecía a Akane de lo más lúgubre y falto de vida, sin luz y sumido en desesperanza.

—Sí.

— ¿Me acompañas a cenar?

—No tengo hambre gracias, además, necesito empacar.

— ¿Empacar?

—Me voy mañana a París.

¿Irse? Definitivamente algo malo había pasado con ella y con su hermano y era necesario saberlo.

—Ah... Pues... Buen viaje.

—Gracias.

El silencio en ese lugar en verdad mataba, y a cada segundo ella tenía la necesidad demandante de salir de ahí y perderse, Taro con sus curiosos ojos grises llenos de entendimiento le parecía doloroso solo verlo.

— ¿Qué ocurrió?

—Nada. Todo está bien.

De nuevo mentía, no se necesitaba ser un genio para saber que Akane realmente estaba sufriendo y entonces las alarmas se encendieron porque Taro entendió que era su hermano el responsable.

—Entiendo... Hinako hizo pasteles y está esperándote, habla con ella y cuéntale, y yo pasaré por ahí. Ve, tú no estás bien.

Akane salió a toda prisa con rumbo a la cocina buscando el consuelo de una madre que para ella era Hinako.

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Apenas dieron las ocho de la mañana Taro Saotome entraba en la empresa que llevaba su nombre, no sabía si su hermano estaría ahí pero no importaba, lo esperaría toda la mañana y lo buscaría de ser necesario. Este asunto iba a arreglarse de una u otra manera.

Cruzó el largo pasillo y no vio a la secretaria, tomó la perilla de la puerta y al girar supo que él se encontraba adentro, lo que acrecentó por completo su ira.

Abrió la puerta y no le importó si estaba solo o no, solo vio a un hombre de pie sin corbata, con la camisa remangada a los codos, sin saco y se lanzó contra él.

El puño de Taro era poderoso pese a su delgadez y tan fuerte en su coraje que hizo que el mayor trastabillara y se llevara en seguida la mano derecha a la nariz que comenzaba a sangrar.

Ranma solo hizo una mueca dolorosa y se quedó inmóvil, parecía que lo había esperado, no dijo nada ni se defendió solo lo miró pacientemente.

— ¡De todas las cosas miserables que existen en este mundo tú te llevas el premio, estúpido idiota!

De nuevo el puñetazo se descargó en su hermano haciéndole sangrar ahora el labio superior.

—Déjame en paz...—Contestó con un hilo de voz.

— ¡A la mierda con tu paz!—Gritó rojo y devorado por el odio—Siempre supe qué harías todo por dinero Ranma, ¡Siempre! Pero todo tiene un límite ¡¿Cómo pudiste hacernos esto?! ¡Yo lo merezco! Pero ella no ¡Maldita sea, ella no! ¡Voy a matarte cretino!

Volvió a golpearlo por tercera vez haciendo que Ranma cayera cerca de la chimenea de la oficina.

— ¡Cuando convenciste a Shoun del trabajo en Francia siempre pensé que lo hacías por ayudarla! Pero no ¡Lo hiciste para alejarla de mí, siempre tuvo todo que ver conmigo!

Los ojos del mayor de los Saotome cobraron vida un instante al escucharlo decir eso y entonces se obligó a levantarse cuan largo y corpulento era, tampoco era justo que lo acusaran de cosas que no eran verdad.

— ¡Eso no es cierto! ¡No te inventes películas niño porque las cosas no fueron así! ¡Nunca fue así!

— ¿Ah no? Sí claro, se me olvidaba que eres un desgraciado muy bondadoso.

—Fue por ayudarla.

— ¡Maldito mentiroso! Tú no ayudas a nadie más que a ti mismo ¿Por qué a la hija del chofer? ¡¿Por qué precisamente a ella?!

— ¡Porque los ángeles nacen con alas! ¡Y porque ella más que nadie en este mundo merece ser libre y feliz!

Por fin toda la desesperación de Ranma salió de él, se llevó las manos a los ojos y le dio la espalda a su hermano que se había callado al escucharlo gritar de esa manera.

— ¿De qué estás hablando?

—De nada, ya nada importa, olvida lo que dije.

—No, olvida nada, contesta y deja de mentir, cobarde de porquería.

Lo tomó de la solapa y se sorprendió de que su hermano pese a su corpulencia pareciera lánguido como un espagueti, y entonces lo miró al fin a los ojos y sintió miedo de ver sin vida y sin alma a Ranma.

Se quedó en silencio y su ira despareció ligeramente, su hermano bajó una mirada muerta al piso y Taro supo que algo muy malo había pasado.

— ¿Qué fue lo que hiciste?

Ranma juntó la poca voluntad que le quedaba, no iba a flaquear en ese momento, Akane no podía ser de los dos y si lo dudaba un segundo no tendría la fuerza para dejarla ir.

—Una estupidez... Siempre fue mi sueño volver a nuestra familia billonarios, ya sé, ahora parece algo muy estúpido. Pero cuando vi la oportunidad no quise desaprovecharla, todo estaba en orden, tu matrimonio con Azusa nos aseguraba la fusión con Kenzo. Pero entonces ella apareció. Puso todo de cabeza y me interpuse, pero debes escucharme ahora, este boleto está a tu nombre.

— ¡¿Qué dices?!

—Alcánzala. Huye con ella a París.

—No entiendo.

— ¡Tú eres lo que ella siempre ha querido en la vida! Ve, olvídate de todo aquí y hazla feliz.

—Ranma...

—Ve.

— Es que esto es una locura ¿Y la fusión? ¿Qué pasará con tu sueño?

—No te preocupes por eso, lo lograré, siempre lo hago.

Lo vio tratar de sonreír y sintió pena por su hermano, nunca, jamás había visto tanto dolor en él.

—Entiendo, me voy.

—Taro.

—Dime.

—Dile a Akane que tome esa campaña, que lleve con orgullo su nombre, y cuando sea el estreno de su trabajo cómprale el vestido, los tacones y todo lo que ella necesite para resaltar su infinita belleza, hazte un corte de cabello decente y ponte un esmoquin que te haga ver merecedor de ella. En este momento no me entiendes pero lo harás, promete que no vas a olvidarlo.

—Lo prometo… ¿Y qué tiene de malo mi cabello?

—Solo haz lo que te digo.

—Está bien.

Sonrió entonces aliviado por primera vez.

—Ya vete.

Obedeció y entonces vio a la secretaria de su hermano tratando de disimular haber escuchado todo el alboroto.

— ¿Setsuna?

— ¿Sí señor?

—Necesito hacer una llamada.

—Oh en su oficina tiene un teléfono.

—Claro, gracias... ¿Dónde está mi oficina?

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.

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— ¿Estás segura de que no quieres que te lleve al aeropuerto?

—No papá, muchas gracias.

—Me hubiera encantado que te quedaras un poco más.

—Van a visitarme en navidad papá, créeme que a ti y a Hinako les va a encantar.

—Estaremos felices solo con verte. Lo más importante para mí es que estés bien... ¿Lo estás?

—Lo estaré. Al menos papá me curé de ese amor sofocante por Taro que no me dejaba ser libre, por fin se fue. Y ahora volveré a París... A curarme de la cura ¿Qué ironía no?

—Así es la vida cielo ¿Tienes algún plan?

—Trabajar. Tengo una campaña importante qué hacer y la dirección de la revista ¿Y tú?

—Me encantaría comprar una casa en París y retirarme.

—Podríamos hacerlo, mi salario nos lo permitiría papá.

— ¿Sabes Akane? El señor Genma siempre viajó con el vidrio del auto abajo, una costumbre que también tiene Ranma. Cuando llegamos aquí tu madre y yo pudimos cómodamente ahorrar y entonces puse atención. Compraba cuando el señor Genma lo hacía, y si vendía yo también vendía. Y aprendí a administrar las ganancias por lo que escuché de Ranma.

— ¿Y ahora vas a decirme que tienes un millón de dólares en el banco?

—Oh no, para nada, solo un poco más de cuatro millones.

— ¿Qué?

—Este lugar siempre excedió las expectativas de tu madre, y tú siempre has excedido las mías. Toma la mitad, es tuya y déjame arreglar algunas cosas para alcanzarte en París.

— ¡Oh papá! No sé qué decir ¿Estás hablando en serio?

—Es en serio. Solo di que sí. Creo que es el mejor momento para irnos.

—No puedo creer que mi padre es millonario, tienes mucho que enseñarme.

—Tú me enseñaste más de lo que crees, solo prométeme que esa carta que me mandaste se hará realidad, tomarás parte activa en tu felicidad y la harás posible.

—Te lo prometo, prometo que no estaré triste, ya no permitiré más días grises y nos buscaré un hermoso hogar.

—Entonces, vamos.

Akane subió al taxi y con la mano se despidió de todos, Hinako la veía llorando puesto que su niña se iba de nuevo.

—Ella y tú se irán para siempre.

—Sí, así es.

—Y todo este tiempo encontraste el modo de hacerte millonario y nunca nos lo dijiste.

— ¿Quieres dinero? Te diré la forma de volverte rica, cásate conmigo y lo serás, mucha gente rica se casa por dinero.

—Eso no me parece para nada gracioso Shoun, nunca me casaría por dinero.

—Bien, no te cases conmigo por dinero… Hazlo entonces por amor.

.

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—Aquí está la ropa limpia y el botiquín que me pidió director Ranma…

—Gracias Setsuna ¿Mi madre y Kenzo ya llegaron?

—Ya, están en la sala de juntas esperándolo.

—Diles que iré en seguida.

—Sí director…

—Setsuna…

— ¿Señor?

—Taro… ¿Taro ya se fue?

—Sí director, en cuanto salió de aquí.

La mujer lo vio cerrar los ojos con fuerza y terminar de curarse las heridas de la cara.

—Entiendo, gracias Setsuna, iré en seguida.

.

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— ¿Puedo pasar?

—Claro Azusa.

—Hola Taro, ¿Qué pasa? Me dijiste que era urgente que viniera a tu oficina.

—Yo… Necesito contarte algo… No es una historia muy agradable pero de tu respuesta dependen muchas cosas…

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—Ranma está tardando.

—Sí, qué raro, debe estar en alguna llamada, ¿Setsuna podrías traer café, té y pastelillos por favor?

—Sí subdirectora.

—Gracias por la espera, Kenzo qué gusto verte ¿Cómo estás?

—… Bien, gracias Ranma.

— ¡¿Qué rayos te pasó en el rostro?! ¡¿Y por qué hueles a alcohol?!

—Me… Me caí madre y el olor es por la curación que me hice, no he tomado nada.

—Y tampoco has dormido por lo que veo.

—No, tampoco… Pero eso no importa, comencemos con la revisión del contrato para la fusión ¿Dónde está Setsuna?

—Fue por bebidas.

—Ah… Ok.

—Ranma… Ranma ¿Estás bien? Te ves bastante nervioso.

—Lo estoy… Lo estoy… ¡Estoy bien! Yo… Estoy bien Kenzo no te preocupes.

—Bueno pues si tú lo dices… Te creemos, por cierto ¿Dónde está Taro?

Ranma tragó duro, el momento de revelar toda la verdad había llegado.

—Bueno Kenzo… Eh verás, él está…

— ¡Llegando tarde como siempre! Hola Kenzo, buenos días.

—Hola Papá buenos días.

Ante la mirada atónita de Ranma justo en ese momento un sonriente Taro tomado de la mano con su prometida entraba en la sala de juntas.

—Buenos días hija, no sabía que vendrías.

—Taro me llamó y me dijo que viniera ¿Revisamos lo de la fusión? Ya quiero acabar con ese tema para organizar lo de la boda.

Ranma miró a su hermano y lo jaló del brazo apartándolo de los demás que festejaban el anuncio de la boda.

— ¿Qué estás haciendo aquí? Te dije que te fueras.

—Yo jamás dije que te obedecería Ranma.

— ¡¿Y Akane?!

Todos voltearon la vista al escuchar el grito y el nombre de otra mujer.

— ¡¿Dónde está?!

— ¿Quién?

—Akane, la amiga de la infancia de mis hijos Kenzo, la conociste.

—Ah sí… La hija de ese chofer.

— ¡No lo digas así Kenzo!

Cuando Taro vio las reacciones de su hermano, supo de inmediato lo que tenía qué hacer.

— ¡¿Es que no hablaste con ella?!

— ¿Y de qué tenían qué hablar?

—Yo te explico papá… Resulta que Akane se había fijado en Taro toda la vida pero cuando se dio cuenta quién era el hermano con poder se decidió por él, solo es un poco arribista.

— ¡Eso no es cierto! Taro, debiste hablar con ella.

—Oh y hablé con ella, le desee un buen viaje ya que no me gustan las migajas de mi hermano, también le dije que no se preocupara por el dinero porque tú eres muy generoso con tus amantes, y se le pagaría bien por lo que te hubiera dado…

Lo único que vieron todos los presentes fue a Taro Saotome volando por los aires y atravesando la sala de juntas de la empresa.

Cayó pesadamente doliéndose de la quijada mientras Azusa intentaba ayudarlo a ponerse en pie.

— ¿Lo ves? ¡La amas!

— ¿A quién?

—A Akane —Le contestó Azusa a su padre sonriendo ampliamente —Perdona Ranma no quise ofenderla, pero tienes qué despertar.

— ¿De… De qué están hablando?

—Escucha, cambiamos el boleto para que salgas en el Lokheed Japan en 40 minutos, si te apuras llegas antes que ella a Francia ¿Cierto madre?

— ¡¿Qué?!

—Así es, tus maletas ya están hechas hijo, la señorita Setsuna las hizo.

— ¿Usted fue a mi casa?

—Sí claro, toqué sus calzoncillos y le empaqué solo ropa linda y con la que se verá muy jovial.

—Tu suegro te espera en recepción para llevarte al aeropuerto.

—El cuarto puñetazo que recibiré en el día seguramente madre.

—Falta el de Akane cariño, es que en serio los merecías, pero ya vete.

— ¿Y la empresa?

—Toma, este es el plan de fusión y de negocios que haremos de ahora en adelante, asumiré la dirección de la empresa y me darás un aumento, analízalo de camino a París y si no tienes objeción me quedo, te enviaremos tu mensualidad como accionista cada mes junto con estados de cuenta e informes, tienes que ir por ella Ranma, porque si no vas, uno, o eres un idiota o dos, eres un cobarde y que yo sepa los Saotome no somos ninguna de las dos… Ah y tu orfanato en seis meses estará listo. Espero que cuando vengas con tu esposa a la inauguración ya nos informes que voy a ser tío.

—Ella no me aceptará… Debe odiarme.

—Lo superará, todos lo hicimos hijo.

— ¡¿Qué, también me odian?!

Nodoka entonces se levantó

—Escucha Ranma, en este mundo no existe una madre más orgullosa que yo, eres el mejor hijo que alguien podría tener, pero ya es tiempo que abandones el nido, te amamos, todo estará bien, y si tu hermano falla lo enjuiciaremos.

— ¿Cómo mamá?

—Ya la oíste Taro, estoy de acuerdo madre así que más te vale que hagas las cosas bien niño… Bueno, una disculpa a todos, tengo que tomar un vuelo, te amo mamá y gracias.

—Suerte hijito, te ves terrible pero aun sigues siendo muy guapo. Hazme abuela pronto mi amor.

Ranma salió como un loco alcanzó apenas a tomar las maletas que estaban en la recepción de la empresa salió corriendo abrazándola a su corazón, Shoun lo miró apresurado y abrió la puerta porque ese no era el joven Saotome sino una bala a toda velocidad.

Entró en el auto lo encendió y entonces al mirar por el retrovisor vio el rostro herido de Ranma, labios y pómulo partidos, la nariz estaba ligeramente inflamada y la mano derecha enrojecida en los nudillos. Siguió el camino hacia el aeropuerto y la tensión entre ambos era sumamente palpable, ninguno hablaba, solo se miraban por el espejo y tensaban la mandíbula, podían cortar el ambiente con cuchillo y entonces justo antes de llegar al aeropuerto el embotellamiento acabó con la poca paciencia de Ranma.

—Vamos Shoun, dígalo ya.

El chofer recordaba que Ranma lo tuteaba, no era algo que le molestara, simplemente así eran las cosas, pero ahora cuando lo escuchó no sonaba altivo ni arrogante, algo que tampoco era característico en él y entonces aprovechó el tráfico y bajó del auto, Ranma en seguida hizo lo mismo preparándose para recibir otro puñetazo sin embargo, Shoun lo miraba tranquilo y lo analizaba, la ropa completamente arrugada, el cabello alborotado, olía a antiséptico y el rostro amoratado y cortado, pero lo más importante en el millonario perfecto e imponente que era Ranma Saotome que ahora no tenía ni rastro de nada de eso era su mirada, infinitamente triste y perdida, obviamente estaba sufriendo sin ella, lo mismo que vio en su hija, y cuando lo vio en ese estado como nunca en todos sus años de servicio, entendió que el joven llegó al punto de la desesperación total por Akane. Lo comprendió, la amaba y por lo que se notaba era un sentimiento mucho más profundo que el que los demás podían entender.

—Tú no la mereces Ranma.

Él bajó la vista y movió la cabeza asintiendo.

—Lo sé, lo sé señor Tendo pero solo quiero hacerla feliz.

—Entonces corre niño, su dirección es Calle 3 rue de la Montagne Sainte-Geneviève –76009, si te apresuras llegas a tu vuelo, y nunca quiero verla triste por tu culpa.

—Gracias y se lo prometo.

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.

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— ¿Es la primera vez que viaja en el Lokheed Japan?

Le preguntó una alegre jovencita vestida de azul claro a un extraño y desaliñado joven.

—Es mi primera vez para todo.

—Que disfrute su vuelo —Le contestó entregándole de nueva cuenta el boleto sellado.

Ya no respondió, corrió a la sala puesto que ya estaba por salir el avión, no podía perderlo o de verdad lo terminaría lamentando por el resto de su vida.

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Ya era de noche cuando la hermosa Akane Tendo bajó de un taxi en la alegre Calle de Sainte-Geneviève no lo había notado pero ahí al pie de una farola estaba un hombre alto de cabello negro terminado en una trenza y cuando lo vio claramente casi muere de la impresión.

Ahí estaba el mayor de los Saotome, alto, en un traje negro y con unas peonias en la mano derecha, con la mirada añorante y el rostro ligeramente herido mirándola con adoración y esperanza.

— ¿Qué… Qué haces aquí? ¿Cómo?

—Vine corriendo y a rogar tu perdón.

Le extendió unas flores que de vida ya no tenían nada.

— ¡Perdón! Olvídalas son horribles y sé que mi aspecto no es para nada el mejor yo… Mentí.

— ¿Viniste hasta Francia para decirme que mentiste? Eso no es noticia.

— ¡No! No es eso lo que quería decir.

—…

—Te dije que te quería, y no es cierto.

— ¡Vete de aquí Ranma!

— ¡Te amo! Yo no te quiero, yo te amo, desde hace mucho tiempo fue así, convencí a tu papá que debías viajar porque quería que crecieras, que vieras el mundo por encima de los muros de la Villa, tú lo merecías, siempre fuiste mucho más que la niña que se subía a los árboles a ver las fiestas, siempre vi tus alas.

—Papá me dijo que un amigo consiguió el trabajo ¿Fuiste tú el que lo hizo?

—Sí, tu papá hizo todo, yo solo ayudé con el trabajo y… Un poco con la estadía.

— ¿Un poco?

—No importa eso, solo quiero que sepas que simplemente quería verte florecer. Me equivoqué con todo, por favor Akane, por favor perdóname.

— ¿Qué te pasó en la cara?

—Taro me golpeó por ti.

— ¿Y en la mano?

—Yo lo golpee a él… Por ti.

—No lo sé Ranma, no sé si puedo confiar en ti.

—Claro que puedes, y sé que sientes algo por mí y te prometo que haré todo para que me ames, que me ames al menos la mitad de lo mucho que yo te amo a ti… Por favor, por favor hermosa Akane, como tu nombre es tu fuerza, no me abandones, no me dejes o no podré sobrevivir.

Sintió el corazón desbocarse al escucharlo, no podía negarlo, lo amaba y parte de su vida también había sido por él, no sabía desde qué momento exacto comenzaron a amarse pero tenía la vida a su lado para descubrirlo, le tendió la mano y lo besó con pasión recordando el cuento que su padre le contaba sobre la mansión, casi un castillo en el corazón de Tokio, y en ese castillo tan grande, tan majestuoso y tan lleno de vida había un príncipe encerrado, un caballero apuesto que podía llenar de magia cualquier vida que tocara, y tocó la suya y la cambió para verla florecer y encontrarse a sí misma y al hacerlo, volvió por él para llevarlo consigo, para salvarlo, para darle la oportunidad de ser feliz, para conocer el amor, cuando la salvadora del caballero le extendió la mano y él la aceptó feliz para no soltarla nunca más.