Summary: Hay dos cosas que debes saber sobre la venganza; la primera que es un plato que se come frío y la segunda que es el platillo favorito de Isabella Vulturi.
Disclaimer: Todos los personajes que aparecen en la siguiente historia no son de mi propiedad, le pertenecen a Stephenie Meyer.
Buenas noches; antes de que empiecen a leer el primer capítulo del fanfic, me gustaría recomendarles las siguientes canciones:
1) "After Dark" -Tito&Tarantula
2) "Final Masquerade" - Linkin Park (Official Acoustic Version 2015)
Fueron escuchadas conforme se desarrollaba la fiesta, pero pueden escucharlas mientras leen el capítulo; no hay problema.
Nos leemos abajo, disfruten y comenten.
Capítulo 1 Masquerade
—¡Corre!—la voz se escuchaba lejos de mí. Mis pies ardían, no llevaba zapatos y con cada pisada sentía una fuerte punzada en el pie.
—¡No tiene caso que corran, idiotas!—la risa de un hombre me asusto y caí de boca en el suelo. No me moví, permanecí quieta mientras la oscuridad del bosque era interrumpida por luces y personas.
Me hice chiquita entre los arbustos y las rocas que estaban a mi lado.
—¡Maldita sea!
—No debe andar lejos, pront…
—¡La tenemos, señor!—bramó una voz a mis espaldas, casi me muero de la impresión. Sin embargo nadie dijo nada de mí, todas las personas, todos hombres en mayoría desaparecieron al instante.
Estaba por salir corriendo nuevamente, pero un grito me detuvo.
—¡Noooooooooo! –gritaron.
Apenas y alcancé a cubrirme los oídos ante el grito, pero nada evito que escuchara los demás gritos, seguidos de disparos.
Todo a mí alrededor se llenó de ruido.
Ruido.
Ruido.
Ruido.
Me sentí caer y entonces... mis ojos se abrieron de golpe.
La luz se filtraba por entre las cortinas de gran ventanal, tuve que respirar lentamente por varios segundos y hacerme recordar que todo lo anterior había sido sólo una pesadilla: la pesadilla de mi vida. No demoré casi nada en recuperar la compostura, los primeros años habían sido duros, me despertaba gritando, llorando e incluso con crisis nerviosas que podían llegar a durar hasta una semana, pero eso era antes; ahora las pesadillas eran el combustible que necesitaba para llevar a cabo mis planes.
Hoy era el gran día, mejor dicho la gran noche. Hoy me reuniría con los Cullen y que mejor escenario para hacerlo que una fiesta, desde luego fue mi idea, en un principio Aro estaba planeando algo 'sencillo' y pequeño, obviamente me negué y sugerí hacer algo espectacular: una masquerade, un baile donde todos los invitados usaríamos máscaras y al final de la velada las dejaríamos caer, era el plan perfecto para acercarme a cada uno de mis enemigos. Con ese pensamiento me despojé de las sábanas y me levanté de la cama, fui hasta la gran ventana y abrí las cortinas de par en par; desde ahí pude ver trabajar al personal que habíamos contratado en la organización del evento, suspiré, di media vuelta y recordé que ellos no eran los únicos con trabajo por hacer.
Caminé hacia el ropero para sacar lo que usaría, tenía prendas de casi todos los colores y de los diseñadores más reconocidos, eran las ventajas de estar a cargo de los Vulturi, pero el vestido rojo había sido de mi elección; en apariencia era largo, como cualquier vestido de noche, aunque también era opulento y descarado, eso lo hacía perfecto. Dejé que mis dedos resbalaran por la seda antes de dar media vuelta para irme a duchar: aún disponía de mucho tiempo para arreglarme, pero estaba segura de que las horas se pasarían volando, hoy en la noche, después de casi veinte años tendría a merced mía a los Cullen y no lo desaprovecharía.
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—Luce hermosa, señorita Vulturi.—sabía que era hermosa, bastaba con mirar la belleza despampanante del espejo. No necesitaba que terceros alabaran mi belleza, pero Bree siempre era así; tan sonriente y cantarina, incluso ahora mientras acomodaba los rizos con sus ágiles manos.—Robará todas las miradas de la fiesta, se lo prometo. Tanto por su arreglo como por el hecho de que va tarde y…
—Eres muy parlanchina y voy tarde por decisión propia, me gusta que me vean.—no obtuve respuesta, pero noté que mi comentario la sobresaltó. Quizá haya sonado más ruda de lo que planeaba. Ella me agradaba, pero era tan enérgica y feliz que contrastaba conmigo, esperaba que hiciera otro intento de iniciar plática conmigo, pero no lo hizo.
En parte, Bree tenía razón: era tarde, pero no me importaba. Si conocía suficiente a los Cullen, estaba segura de que todos aguardarían por mí.
Se dio prisa en terminar con mi cabello, el maquillaje había corrido por mi cuenta; era sencillo, pero acorde a la ocasión: máscara de pestañas, delineador negro y labial rojo en los labios, estaba por aplicarlo justo cuando golpearon la puerta.
—Abre y déjame a solas con Demetri.—noté su desconcierto en el momento que abrió la puerta y en efecto, el que apareció fue el interpelado.
No cruzaron ni media palabra, Bree se fue y él ingreso en mi habitación, se acercó y me sonrió en el espejo.
—Hermosa es poco—su sonrisa se hizo mayor.— Estoy a punto de ponerme celoso, todo esto es para los Cullen, ¿no?
No le respondí hasta que termine de pintarme los labios.
—Sí, ante tu enemigo siempre debes de mostrar tu mejor cara y hoy es la perfecta ocasión.
—Bien—carraspeó—recogí tu antifaz como lo solicitaste, es un diseño muy bonito.
Me giré y él retrocedió.
—Bonito no era lo que tenía en mente, más bien, sofisticado—le quité la caja de sus manos, la abrí y tomé el fino antifaz negro —es perfecto. Ahora bien, supongo que no estás aquí sólo para darme el último detalle de mi arreglo, empieza con el interrogatorio.
—Hoy es la gran noche, Isabella. No puedes fallar, nadie puede—medio sonrió, se irguió y me tendió la mano. Enarqué una ceja un tanto desconcertada, esperaba la lluvia de preguntas, pero no sucedió. Tomé su mano y tiró de mí.—no habrá interrogatorio, porque ya sabes lo que debes responder, lo has memorizado todos estos años, ahora depende de ti y sé que lo harás bien—con la mano que tenía libre acarició mi mejilla.
—Puedes estar seguro—estaba por alejarme.
Sin embargo, me tomó desprevenida cuando sus labios hicieron contacto con los míos, pudo ser apenas un roce, pero lo atraje hacia mí con prisa, mis brazos se enredaron en su cuello y sus manos fueron firmemente hacia mis caderas, me eché para atrás y lo supo de inmediato, porque con una mano me sujetó y con otra hizo caer todo lo que se encontraba en mi tocador.
Mi espalda golpeó con la frialdad del espejo mientras los labios de Demetri le exigían más a mi boca, dejé que mi lengua se deslizara con la suya y ambos jadeamos. Él se posicionó entre mis piernas y sentí su erección rozar, lo cual me hizo restregarme en él, ¡carajo, ambos queríamos hacerlo! Empecé a soltar los botones de su camisa a medida que Demetri levantaba mi vestido y acariciaba mis piernas.
—¡Señorita Vulturi!—el grito de Bree hizo que nos separáramos.
—Demonios, voy a despedirla—solté de golpe, mi respiración era irregular.— ¿Qué quieres?
—El señor Aro manda a decir que sus invitados especiales llevan tiempo esperándola y es momento de dar su discurso.
Eso fue todo lo que necesité para encontrar cordura en aquella situación, hice a un lado a Demetri, arregle mi vestido y antes de abrir la puerta me coloqué el antifaz, había llegado el momento de jugar.
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El camino fue breve, al menos así lo sentí: salí de la gran mansión y fui directo al jardín donde sabía que Aro estaría esperándome, bien todos podían estar usando máscaras, pero sabía dónde estaba él. Aro me hizo señas en cuanto me vio, casi salgo corriendo, pero había esperado años por esto para arruinarlo por un arranque tan primario.
Noté como mis piernas pesaban con cada paso que daba, pero no me importaba, no pasé inadvertida pues más de un hombre se me quedó mirando atentamente mientras llegaba hasta el escenario.
—Llegas tarde, Isab…
—Los demás se han adelantado, querido.—dije interrumpiéndolo y tomé el micrófono que descansaba en sus manos.—ve a sentarte con los lobos, en breve estaré con ustedes.
La luz del reflector siguió mis pasos hasta que me paré a la mitad del escenario. Yo misma había asignado la distribución de lugares, fue por eso que supe dónde estaban los Cullen antes de que Aro se sentara.
Había cinco personas sentadas en la tercera mesa principal; Carlisle, acompañado de su prometida Victoria, Emmett Cullen con su esposa Rosalie y Edward Cullen, ¡maldita sea! Faltaba Riley, bueno, tres de cuatro, ¡juguemos!
—Buenas noches, socios y futuros amigos de la familia Vulturi. Es un honor que todos hayan respondido a la invitación, me enorgullece formar parte de un equipo de trabajo tan dedicado como al que pertenecen todos ustedes. The Vulturi House siempre se ha caracterizado por brindar lo mejor y obtener lo mejor, por ello la sociedad que hace varios años fundó mi familia en compañía de la empresa Em-sé Cullen's and Business hoy en día cumple diez años, una década se dice fácil, pero implica trabajo, esfuerzo, dedicación y constancia, características con las que cumplo en su totalidad, hoy le decimos adiós a uno de los fundadores de la sociedad Cullen-Vulturi, ustedes lo conocen como Aro Vulturi o el Rey Midas de los negocios, pero yo lo llamo 'tío'— todos rieron ante mi comentario— tío eres una de las mejores personas que he tenido la oportunidad de conocer, cuando mis padres fallecieron no tuviste la menor duda en hacerte cargo de mí—fingí que se me quebraba la voz, incluso hice una larga pausa antes de seguir hablando. Odiaba tener que fingirme débil, pero era necesario, si 'abría' mi corazón y exponía mis sentimientos, nadie dudaría en hacer lo mismo— te debo todo lo que soy y estoy segura de que mis padres estarían tan infinitamente agradecidos como yo, es por eso que no temo en tomar tu lugar dentro de la empresa, no tengo la menor duda de que me educaste tan bien que llevare los negocios hasta la cima y si alguna vez tengo dudas sobre cómo debo hacerlo, sé que estarás ahí para brindarme tu consejo—coloqué el micrófono en el pedestal y agarre con delicadeza la copa de champagne que estaba a mi lado—por la sociedad Cullen-Vulturi, que la década que cumplimos juntos sea sólo el comienzo de nuestra historia, salud—levanté la copa en señal de brindis y bebí de ella, mientras el licor bajaba por mi garganta todo el mundo estallo en un sonoro aplauso ¡Los tenia justo donde quería!—disfruten de la velada—concluí.
No había bajado del escenario cuando la música comenzó a sonar, de hecho cuando llegue a las escaleras más de una mano fue tendida hacia mí para ayudarme a bajar, pude haberme negado, pero al ver de quienes se trataban sólo pude sonreír con inmensa satisfacción
—Los Cullen vienen a mi rescate, ¿cómo podría elegir?—hice un ligero puchero antes de tomar la mano del que estaba más cerca de mí: Emmett.
—¡Vaya! Una joven empresaria hermosa, pero que escondidito se lo tenían ¿qué clase de treta nos han preparado?—dijo el hijo mayor de Cullen, la tal Victoria sonrió ante el comentario, pero la rubia que Emmett llevaba del brazo torció la boca. No necesitaban presentación: Emmett y Rosalie, el matrimonio más falso sobre la faz de la tierra.
—Basta, Emmett—me reí con fingida timidez—harás que me sonroje.
—Sa… ¿Sabes mi nombre?—balbuceo. ¡Pobre idiota, perdía la cabeza con muy poco! Aunque eso podía ser de ayuda más adelante.
—Por supuesto—respondí con amabilidad— no necesitan de presentaciones. Tú eres Emmett Cullen—la sonrisa que puso era de un hombre totalmente idiotizado, no demoro nada en depositar un beso en mis nudillos y la reacción de la rubia no se hizo esperar.
—En efecto y yo soy Rosalie, su esposa—estiro la mano hacia mí, casi a regañadientes Emmett me soltó para que yo pudiera corresponder el saludo a su esposa.
—Encantada—Rosalie me miraba con ojos asesinos. ¡Estúpida rubia!
El patriarca de la familia habló para aliviar la tensión.
—Señorita Vulturi, es un placer conocerla—estrechó mi mano con un fuerte apretón y sonrió enérgicamente, traté de ignorar el frío que me invadió y pasar por alto el hecho de que estaba ante el autor intelectual de la tragedia que le había ocurrido a mi familia—su tío no hace otra cosa que hablar maravillas de usted, me fascina la idea de que parte de los negocios que tengo con la familia Vulturi estén a punto de quedar en las manos de alguien tan capaz.
—Basta, Carlisle—sonreí restándole importancia.— estoy segura de que tío Aro exagera, siempre lo hace.
—Tengo entendido que es la primera vez que estás en New York—la voz de Carlisle sonaba curiosa, era obvio, después de todo él quería saber en manos de quién iban a estar sus negocios de ahora en adelante.
No pude evitar reírme, antes de responder me permití jugar con él.
—¿Acaso me investigaste?—por un segundo juraría que se puso pálido. ¡Claro que me investigó! Pero no encontró nada fuera de lugar, nunca lo encontraría—volví a reírme para romper el hielo.—Es una broma, estoy segura de que se enteró por Aro. En efecto, desde muy pequeña viví en Europa, cuando mis padres fallecieron Aro no me trajo a América de inmediato, prefirió que continuara con mi educación allá; de vez en cuando iba a visitarme y nos escribíamos a menudo, es como un padre para mí—mencioné lo de mis fallecidos padres para incomodarlos a ellos y que no preguntaran más, pero la curiosidad seguía ahí, lo supe cuando escuché la otra pregunta.
—¿Hace cuánto que murier …?—Emmett no terminó de formular la pregunta pues recibió más de una mirada de advertencia.
¡Vaya, era muy inoportuno!
—¡Emmett!—lo reprendió Carlisle—señorita Vulturi, lamento mucho el comentario tan inapropiado de mi hijo, le pid…
—Descuida, Carlisle. Además de ahora en adelante prefiero que nos hablemos de tú, el "usted" es muy formal para los negocios—lo interrumpí como si nada, y era verdad, los fallecidos Vulturi no eran nada para mí.—Prefiero estar en un ambiente de confianza para llevar a cabo los mejores tratos, créeme que ambas empresas saldrán beneficiadas.
—No podría estar más de acuerdo—fue el turno de Edward para habar— si queremos que los negocios funciones es mejor hacerlo uno mismo, señorita…
—No soporto la formalidad, Edward. Mi nombre es Isabella Vulturi—extendí mi mano y él la estrecho de inmediato, fue un breve apretón, pero por un segundo el frío que sentía fue remplazado por un leve calor. Me solté rápidamente y seguí hablando.—Al parecer olvidaste la temática de la fiesta, ¿dónde está tu máscara?
—Muy observadora.—abrió la solapa del saco negro que portaba y saco un antifaz negro, no tardo nada en ponérselo. —¿Mejor?—se dirigió únicamente a mi persona.
—No sabe cuánto—sonreí, sus ojos verdes destacaban por sobre el antifaz, de hecho, todos los Cullen llevaban el mismo antifaz, a excepción de sus acompañantes, era obvio que cada una quería lucir mejor que la otra y a su manera cada una lo había logrado, pero Edward lucia mejor con el antifaz, de hecho, opacaba a su padre y a su hermano.
La suave música de cuerdas fue remplazada por una canción cadenciosa, ¡maldita sea, era una de mis canciones favoritas! Miré directamente hasta donde estaba el DJ y me topé con Demetri, aunque llevaba antifaz, sabía que se trataba de él pues levantó su copa en mi dirección, lo ignoré después de ese gesto.
—Bailemos—dijo la rubia, Emmett no respondió de inmediato y su esposa tuvo que tirar de él hacia la gran pista que estaba instalada.
Ya varias parejas se encontraban bailando.
—Hijo, porque no bailas con Isabella—sugirió Carlisle antes de tomar a su prometida y dirigirse a la pista.
—Estaba a punto de pedírselo, padre.—Edward extendió su mano y no dude en tomarla.
Si fui el centro de atención cuando aparecí en el escenario, ahora estaba segura que todas las miradas estaban sobre mí una vez más, pero no me importó, a lo lejos podía sentir la mirada de Demetri taladrándome y eso me hizo reír.
—¿Me cuentas el chiste?
—No hay chiste—mentí—sólo me preguntaba si sabes bailar o tendremos que balancearnos de derecha a izquierda y…
No me dejó terminar, pues apenas y mis pies tocaron la pista de baile él me hizo girar sin el mínimo esfuerzo. Había un número considerable de parejas bailando en el centro de la pista, así que Edward hizo un trabajo excelente al movernos en breve desde una de las orillas hasta parte del centro, donde estaban las luces. Yo sabía bailar, Aro había insistido en que supiera hacer de todo: desde disparar hasta bailar, pero el tener un acompañante que fuera diestro en el arte del baile lo hacía más sencillo.
Sus manos rodearon mi cintura, pero me mantuvo a cierta distancia de él. Puse mis brazos sobre sus hombros y nos movimos al ritmo de la canción sin ningún problema. Estar bailando con Edward era una oportunidad que no iba a desaprovechar, pero primero tenía que empezar por acercarme más pues no quería fisgones en nuestra conversación. Sin previo aviso me acerqué a él y cerré mis brazos entorno a su cuello, él alzo la cabeza y me miro un poco desconcertado.
—Tranquilo, no muerdo—sonreí mirándolo fijamente.
—No temo a que puedas morderme—respondió de inmediato con una gran sonrisa—es sólo que aprecio mucho el espacio personal.
Fruncí el ceño y noté que estábamos casi pegados, pero no me importo.
—¿Te molesta?—casi susurré para hacerlo que se acercara a escucharme.
—No, todo lo contrario—sentí como sus manos afianzaron mejor mi cintura. ¡Vaya, esto podía ser interesante!— planeaba darle… —lo fulminé con la mirada—darte tu espacio, pero si ni tú ni yo tenemos inconveniente en la cercanía, por mí está bien.
Casi me río, pero me contuve. Ahora era mi momento para desestabilizarlo un poco, la única que podía tener el control en esto era yo.
—No me acerque a ti para intentar algo, Edward — miré fijamente sus ojos verdes, incluso a través del antifaz pude adivinar la sorpresa en su mirada— es sólo que me gustaría charlar contigo sin temer que alguien pueda escucharnos—una de mis manos bajó desde su hombro hasta su pecho, se tensó de inmediato. ¡Genial, mi toque funcionaba en él!
—Si… si quieres hablar podemos ir a otro lugar—dijo rápidamente—algo más privado.
Sonreí, ahora tenía el control total de la situación.
—Creo que somos lo suficientemente capaces para bailar y charlar al mismo tiempo—hice el ademán de que sacudía la perchero de su saco y mi mano volvió sobre su hombro.
Vulturi 1 – Cullen 0
—No lo dudo—tragó en seco y respiró profundamente. Detalles como estos eran importantes para saber el siguiente movimiento.— ¿De qué quieres hablar?
—Bueno…—en ese momento comenzó a sonar otra canción. Vaya, las canciones lentas estaban monopolizando la noche.— Sé algunas cosas sobre ustedes: sé que les gusta trabajar con la familia, por ello Carlisle tiene al mando del negocio a sus hijos: Emmett está a cargo de parte de las finanzas de la empresa, por lo que también trabajaré directamente con él, ¿me equivoco?— negó suavemente—y tú te encargas de las relaciones publicas y el otro tanto de las acciones en el mercado. Me sorprende que sólo estén ustedes aquí y no me lo tomes a mal, me encanta tu compañía, pero cuando organicé esta fiesta fue con el propósito de conocer a la familia entera y aquí solo hay tres Cullen—noté desconcierto en su mirar, pero no le di importancia, de ahora en adelante iba a mover las piezas del tablero como a mí me pareciera mejor.— ¿Dónde está tu otro hermano?
El silencio reinó sobre nosotros por unos segundos, antes de que Edward comenzara a reírse.
—No puedo creerlo—dijo entre risas— te interesa saber dónde está mi hermano, ¿acaso estás obsesionada con mi familia?
¡Demonios!
Vulturi 1 – Cullen 1
No hice más que reír ante el cuestionamiento.
—Para nada—me encogí de hombros—únicamente quería poder conocerlos a todos esta noche, al menos conocer a las personas con las que voy a trabajar y…
—Riley no trabaja en la empresa—me paró de golpe, el tono de su voz era seco. Podía jurar que la sola mención de su hermano lo había puesto de mal humor.
—¿Por qu…?
—Es el menor y no le interesan los negocios—no demostraba la mínima emoción al hablar de Riley, quizá era tema prohibido en la familia, pero por qué. Algo no estaba bien y tenía que descubrirlo yo misma, después me desquitaría con Demetri y el resto del equipo por no tener el informe actualizado.
—¿Hay algo que te moleste?—casi me estiro en los tacones para poder verlo mejor—se nota a leguas que esto te incómoda y exijo saber por qué.
Dejamos de bailar, sus manos se alejaron de mi cintura y fueron directo a mi cara, por instinto lo sujeté de los brazos: lucia alterado, pero el agarre al que sometía mi rostro era suave, aunque sus manos temblaban.
—¡¿Qué te importa?!— bramó y el tono en el que lo hizo me heló la sangre.
Sin más me soltó y se fue, trastabille un poco, pero no perdí el equilibrio. Eso había sido intenso, miré a mi alrededor para ver si alguien había prestado atención a lo ocurrido, pero no fue así; todos seguían bailando como si nada. Cuando vine a darme cuenta ya estaba corriendo a la salida, tenía que alcanzarlo, pero con los tacones y la multitud llegué tarde para impedir que se fuera.
Lo vi subirse a un Volvo S60R plateado: ¡Qué buen auto!
Encendió el auto y aceleró, lo perdí de vista de inmediato.
Una sonrisa se dibujó en mis labios, ahora sabía qué Edward Cullen era más que amabilidad y buenos modales: tenía un lado oscuro, uno que si se explotaba correctamente podría generarme grandes beneficios para cumplir con mi objetivo.
Di meda vuelta y fui directo al área de servicio, más de un camarero y cocinera me miro extrañado, pero pasé como si nada. Ya no quería estar en la fiesta así que me apure para ir hacia mi habitación sin que nadie reparara en mí, por suerte no había nade dentro de la casa. Subí la escalera con agilidad y al llegar al tercer piso me quité los tacones, los recogí y corrí lo que restaba hacia mi cuarto. Al abrir la puerta busqué a tientas el interruptor para encenderla luz, pero alguien más encendió la lámpara del buró cerca de mi cama: Demetri.
Él yacía acostado y con la camisa a medio desabotonar.
—Ya era hora, me estaba enfriando—suspiré y dejé caer los tacones.
Me acerqué a paso normal hasta él, no se movió ni un centímetro. Con un rápido movimiento me puse a horcajadas sobre Demetri. Acaricié su rostro y le di una sonora cachetada.
—¿Qué te pasa, Isabella?—estaba por darle otra, pero nos cambió de posición y me dejó bajo su cuerpo.
—¡Eres un imbécil, Demetri!—le grité sin temor a que alguien nos escuchara.—Tu único trabajo es coordinar a otras personas para obtener información sobre los Cullen y mantenerme al día, algo pasó con Riley Cullen y no lo sé.
—Imposible, el informe se actualiza cada día y…
—¡Ahórrate tus explicaciones!—comencé a patalear para que me soltara.— ¡Lárgate de aquí en este instante y ve a hacer tu trabajo!
—NO—enarqué ambas cejas ante su respuesta.
—¡No es para que decidas, es una orden!
—Lo haré después de que terminemos algo que dejamos pendiente, Isabella—necesito de una sola mano para inmovilizar las mías, la mano que tuvo libre fue directo hasta mi mejilla para acariciarla—¿acaso no quieres?—preguntó al tiempo que restregaba su cuerpo sobre el mío.
—¡Oh, Demetri!—sonreí y sin previo aviso le propine un rodillazo en su entrepierna.
No demoró nada en quitarse de encima y aulló de dolor.
—¿Por qué? …
—¡Tienes trabajo por hacer, idiota!—me levanté inmediatamente mientras él se quejaba del dolor. Fui hasta Demetri y lo hice mirarme—hazlo bien y puede que terminemos lo que comenzamos, hazlo mal y no volverás a tocarme. ¡Vete!
No dijo nada y salió corriendo de mi habitación.
Algo había pasado con Riley Cullen y si el idiota de Demetri no podía descubrirlo, entonces recurriría de nueva cuenta a Edward, Carlisle o Emmett, obtendría respuestas de los involucrados. Mañana en la mañana, si el equipo no lograba darme información, la obtendría en la oficina; mañana era mi primer día en territorio enemigo, es decir, en el corporativo Em—sé Cullen's and Business y no podía estar más emocionada.
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Gracias por leer, nos leemos en el siguiente capítulo.
