Summary: Hay dos cosas que debes saber sobre la venganza: es un plato que se come frío y es el platillo favorito de Isabella Vulturi.

Disclaimer: Todos los personajes que aparecen en la siguiente historia no son de mi propiedad, le pertenecen a Stephenie Meyer.


Capítulo 2 Mantén cerca a tus enemigos

Demetri dibujaba figuras irregulares con los dedos en mi desnuda espalda. Había sido una noche agitada, tras molestar a Edward Cullen no tuve humor de seguir en la fiesta, le pedí a Bree que me disculpara con Aro y los demás invitados. Inventaron que seguía sin acostumbrarme a los husos horarios de Norteamérica y que, si debía ponerme en marcha en el mundo de los negocios tenía que estar lo más descansada posible. En fin, suponía que era temprano pues mi habitación seguía en penumbras: el alba aún no despuntaba y yo ya estaba planeando lo que iba a hacer hoy.

Después de la discusión que tuve con Demetri, él se dio prisa en actualizar el informe sobre Riley Cullen y, en efecto, había cosas nuevas. El joven llevaba desaparecido casi dos semanas, cuando me enteré casi abofeteo a Demetri, sin embargo el paradero exacto del menor de los Cullen apaciguó mi ira. Riley Cullen estaba en una clínica de rehabilitación cerca de Long Island llamada Ocean, era como el doble A, pero para ricos.

Al parecer los excesos de Riley habían terminado por pasarle factura y su padre no dudó en tomar medidas, pero sí se tomó las molestias suficientes para ocultar el paradero de su primogénito; para todo el mundo Riley Cullen estaba de vacaciones en Río de Janeiro, sólo la familia sabía la verdad, bueno, ahora nosotros también estábamos al tanto de la situación e iba a utilizarla para mi entera conveniencia.

Primero que nada iba a ganarme la confianza de los Cullen y los demás empleados de Em—sé Cullen's and Business; una vez conseguido eso haría que Edward o Emmett confesaran de viva voz lo que pasaba con su hermano, no inmiscuiría a Carlisle en algo tan básico, para él tenía planes a futuro. Mi segunda tarea era inspeccionar terreno, es decir, abrir mis horizontes y hacer del corporativo el lugar ideal para llevar a cabo mi juego; tenía que conocer cada rincón, contar cada paso, ver cada puerta, ventana y elevador, pues nunca sabia cuando tendría que huir, si es que llegará a ser necesario. Eran sólo dos los trabajos que iba a realizar, pero si al final del día lograba hacerlos, podría quitarlos de mi lista de objetivos.

—¿Por qué tan seria?—los dedos de Demetri fueron sustituidos por sus labios. No pude evitar estremecerme ante el contacto.—Responde, sé que llevas despierta un buen rato—dijo sobre mi piel.

Suspiré y me giré para encararlo.

Estaba totalmente despeinado, sus ojos azules me miraban atentamente y los labios estaban hinchados por todos los besos de la noche anterior. Él era guapo, no podía negarlo y era un amante excelente. Con el pulgar acarició mi mejilla y con sólo ese gesto me puse alerta.

—No—le sujeté la mano y la aparté de mí— no me gusta que me toques…

—Eso no decías ayer, de hecho, por el cómo gemías puedo asegurar que te encanta como te toco—dijo con una sonrisa de suficiencia.

¡Mil veces maldito!

—Sabes bien que tolero tu toque en el plano sexual—mientras hablaba me fui acomodando entre las almohadas—pero después del sexo es mejor mantener la distancia.

—¿Sexo?—refunfuñó y de una patada se deshizo de las sábanas que lo cubrían—siempre se trata de eso para ti—caminó desnudo por la habitación en busca de su ropa—acaso nunca vas a llamarlo de otra manera, esto es ha…

—¿Hacer el amor?—no pude evitar reírme, la escena era de lo más cómica: Demetri desnudo y con sus bóxer en las manos mientras hablaba de 'hacer el amor'.—Siempre he sido clara contigo, lo que hay entre nosotros es sexo y si vienes a la cama conmigo pensando que hacemos el amor puedo prescindir de ti.

Dejó de vestirse cuando me escuchó decir aquello.

—¿Meterías a otro en tu cama?—lo miré fijamente antes de responder.

—Sin dudarlo, no tienes una idea de cuantos matarían por estar en tu lugar. Por tener una noche, una hora siquiera conmigo y tú decides arruinarlo al confundir el sexo con hacer el amor.

—Isabella, yo…

—Será mejor que te vayas—lo interrumpí, me levanté de la cama despojándome de las sábanas de seda que escondían mi desnudes, caminé con paso firme rumbo a la ducha y no me giré para verlo, pero antes alcancé a decirle.— Tengo muchas cosas que hacer, dile a Bree que me suba el desayuno y a Eleazar que tenga el auto listo, si hoy por la noche llego y no estás aquí empezaré a buscar otro que mantenga caliente mi cama.

No dijo nada, pero el sonoro portazo fue la única respuesta que recibí.

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Eleazar conducía excelente, de haber sabido que nos haríamos tan poco tiempo de recorrido habría desayunado algo más que café o al menos me habría forzado a hacerlo, lo cierto es que apenas y logré pasar bocado. En la casa de Aro, es decir, mi casa podía estar segura; había gente resguardándome a distancia, nunca estaba sola y sabía donde estaban las armas por si era necesario, pero fuera de la 'guarida' estaba expuesta a cualquier cosa y claro que sabía cómo enfrentarla, aunque eso no me hacía gracia, pues si me veía en la necesidad de hacerle frente a cualquier enemigo podría quedar en evidencia ante los otros.

Tendría que mantener un perfil bajo, algo más femenino y sumiso de lo que acostumbraba. ¡Carajo, me era imposible aparentar semejante cosa! Quizá me estaba precipitando, lo mejor era concentrarme en las dos tareas que ya había elegido para el día de hoy: conocer territorio y ganar confianza, si las cumplía quedaría menos por hacer.

Eleazar se estacionó y me obligué a permanecer quieta en el asiento de atrás.

Tomé el portafolio negro a juego con el tonto saco de oficinista que Aro había insistido en que usara. Lo único que me había dejado escoger era el vestido azul marino, las medias y las zapatillas, ah y mi ropa interior. Eleazar abrió la puerta y salí en seguida:

—Te llamaré con una hora de antelación para que vengas por mí, puedes tomarte el resto del día libre, por mí parte no voy a necesitarte hasta la tarde—hablé con rapidez mientras veía mi reflejo en la ventana trasera del auto, estaba muy formal: poco maquillaje y una cola de caballo que endurecía mis facciones, casi aparentaba la edad que decía tener. Recuerda, tres años más de los que tienes la voz de Aro apareció en mi cabeza, pero fue sustituida por la de Eleazar.

—Aguardaré su llamada, señorita Vulturi—sonrió y rodeó el Mercedes S55 AMG.

—Eleazar—le hablé antes de que subiera al auto, al parecer se sorprendió de que lo llamara por su nombre de pila. Miré hacia los lados, no había personas por las que preocuparme, pero me recargué en el techo del auto y susurré sólo para que él me escuchara— casi pasas por un chófer de verdad.

Sonreímos a la vez y sin más encaré el gran edificio.

Era inmenso, parecía una torre hecha en su totalidad por cristal y a la mitad en letras gigantes y en tono metálico se podía leer Em—sé Cullen's and Business, el corporativo de los Cullen, una empresa edificada en muerte, destrucción y traición; estaba encantada con la idea de poder destruirla en un futuro. Con esa idea rondando por mi cabeza, ingresé en el edifico.

Aro me había dado un papel con la ubicación exacta de la que sería mi oficina, pero no era necesario. Yo sabía dónde estaba, sólo necesité leerlo una vez 'planta diez, oficina tres' desde ahí comenzaría con mis propósitos. Me encaminé hacia los elevadores, no sin antes notar que más de uno de los y las presentes en el vestíbulo me veían con curiosidad.

—¡ISABELLA!—una fuerte voz me llamó desde el otro lado de la gran sala y supe de quién se trataba, incluso antes de girarme para confirmarlo.

—Emmett—sonreí cuando lo tuve ante mí. El grandulón vestía un traje típico de empresario, pero le quedaba algo tosco, parecía a punto de reventar por tanto músculo.—Buenos días.

—¡Vaya, no esperaba encontrarme contigo!

¿Acaso eres idiota? ¡Aquí trabajo, era obvio que nos tendríamos que encontrar en algún momento!

Ignoré mi parte sarcástica y me apuré en responder:

—Ya ves, al parecer empecé mi día con el pie derecho. Verás, tío Aro comentó algo sobre la que sería mi oficina, pero mi cabeza es un huracán y este lugar es tan grande que temo perderme entre los pisos, ¿podrías acompañarme?—durante todo momento hice contacto visual con él y supe que no se negaría, pues la sonrisa que tenía sólo se hizo mayor al oírme decir todo aquello.

—Encantado, Isabella—en ese momento el elevador se abrió ante nosotros. Algunas personas bajaron y dos se quedaron dentro.—Después de ti—le sonreí y me acomodé a toda prisa en la parte trasera, prefería ver a los que se bajaban que ellos me vieran a mí. Emmett no tardó nada en empujar a uno de los hombres para ponerse a mi lado.—La oficina te va a gustar, tu tío era un poco apático con los colores, pero al saber que una hermosa mujer iba a ocuparla mandé a redecorarla.

¿Hermosa mujer? ¡Ay, Emmett debería recordarte que eres casado y con una amante en turno!

—Gracias, ahora más que nunca estoy deseando conocer el lugar donde voy a trabajar.

Un suave pitido indicó que estábamos en el piso cuatro. Ambos hombres bajaron, ¡diablos! No esperaba tener que quedarme a solas con él tan de repente. Sin embargo, recordé que podía ser una oportunidad excelente. Las puertas volvieron a cerrarse y noté como Emmett se acercó más a mí.

Tiempo de jugar.

—¡Vaya, Emmett no pierdes el tiempo!—se sobresaltó un poco y yo aproveché eso para ponerme frente a él— apenas y nos quedamos solos decides acercarte un poco más, ¿qué pretendes?

Tragó en seco, señal de que lo puse nervioso.

Pensé que no me iba a decir nada, sin embargo noté como sus manos buscaron tomarme por la cintura y yo se lo permití, pues de otro modo le habría quebrado los dedos ahí mismo. Aprisionó mi cintura en sus manos y me recargó en una de las paredes del elevador.

—¿Te molesta mi cercanía?— murmuró viéndome fijamente, era muy alto pues para hacer contacto visual conmigo tenía que agacharse un buen tanto. Antes de que pudiera responder mis ojos se clavaron en el foco parpadeante de la esquina: una cámara de seguridad. Emmett supo la dirección de mi mirada pues se dio prisa en decir.—Descuida, no funciona.

Era bueno saberlo.

—Te hice una pregunta, Isab…

Fui subiendo poco a poco la mano con la que no sostenía el portafolio por el pecho de Emmett, se puso tieso ante el contacto.

—No me molesta tu cercanía, pero estoy segura de que a tu esposa no le haría la menor gracia, ¿verdad?

Justo en ese instante las puertas se abrieron.

Aparte a Emmett y salí del elevador.

—¡Espera!—se atrevió a tomarme del brazo, no lo hizo con fuerza, pero logró que una secretaria nos pusiera más atención de la necesaria.— ¿Te gustaría un recorrido por la empresa?

—¿En mi primer día de trabajo?—inquirí al tiempo que me sacudía suavemente de su mano—no estoy aquí para dar la vuelta, Emmett.

—Fue una orden de mi padre—dijo nervioso— él dio indicaciones precisas de que tenía que mostrarte el corporativo. ¿Qué dices?

—¿Por qué no lo hace tu padre?

—Está… de viaje de negocios— ¡bingo! Seguramente ese 'viaje de negocios' era una cuartada para ir a ver a Riley. Era una oportunidad que no iba a dejar escapar, después de todo, ya lo dice el refrán: cuando el gato no está los ratones hacen fiesta.

—Un recorrido por el corporativo—repetí sopesando cada una de sus palabras— está bien, no tengo nada que perder, pero antes acompáñame a mi oficina, quiero verla.

—Claro—me regaló una gran sonrisa y nos pusimos en marcha hacia el lugar exacto. Era como si lo ocurrido en el elevador nunca hubiese pasado.

Me obligué a seguirlo por el largo pasillo, lucía más emocionado que yo cuando se detuvo en una de las puertas y la abrió. Me dejó pasar y él se quedó en la puerta. La oficina era más grande de lo que esperaba, era casi la mitad de mi habitación y estaba pintada en su totalidad de blanco, pero la pared que se encontraba tras mi escritorio era de un azul índigo. Me sorprendí al encontrarla amueblada perfectamente: un pequeño sofá gris pegado a la pared lateral izquierda, el escritorio era de madera pura con apenas una barnizada lo que lo hacía ver muy natural, no había cortinas, en su lugar eran persianas blancas y sólo contaba con un gran cuadro de manchas y salpicones por todos lados: arte abstracto, el peor del mundo, más adelante traería otra cosa con la que decorar la pared.

—Es agradable—me limité a decir.

—Ya lo creo que sí—di media vuelta para encontrarme con que estaba siendo devorada por los ojos de Emmett, no era nada discreto.

Solté mi portafolio sobre el escritorio y el ruido lo hizo salir de su ensoñación.

—¿Vamos?—extendió su mano hacia mí. Estaba segura de que no iba a soportar estar con él más tiempo y menos estar siendo 'acosada' por su mirada. Era momento de darle una pequeña lección: es cuando yo quiera, no cuando tú digas.

—En otra ocasión—su semblante se descompuso, iba a decir algo pero lo interrumpí—no te preocupes, si Carlisle pregunta le diré que dimos el recorrido y listo. Ahora tengo trabajo que hacer, si me disculpas.

Esperaba que se fuera lo antes posible, pero contra todo pronóstico él se acercó hasta mí y colocó una fina tarjeta sobre el escritorio, entonces salió a toda prisa. Cuando estuve sola tomé la tarjeta, ahí estaba su número telefónico, la rompí en pedazos y arrojé al bote de basura. No necesitaba su número, Demetri y el equipo lo habían conseguido para mí desde hace tiempo.

A las diez en punto se presentó mi secretaria, con un café en la mano y media hora de retraso me dijo que se llamaba Maggie. Le dije que si mañana volvía a llegar tarde la despediría.

A las once vi como Emmett rondaba por los pasillos, pero no le presté demasiada atención y fingí teclear a toda prisa sobre la PC del corporativo. Aro me había pasado los balances de las cuentas de hace seis meses y era obvio que alguien estaba desviando dinero.

A la una me puse a trabajar enserio, tenía que ser muy meticulosa con las búsquedas que hacía desde la computadora de la empresa. Usar las palabras adecuadas y no despertar sospechas al tratar de rastrear los fondos imaginarios donde se perdía el dinero.

De una a dos me permití salir de la oficina y conocer el piso donde me encontraba. En la planta diez había tres oficinas: la sala de juntas, la mía y la de Edward Cullen, cuál fue mi sorpresa al notar que él era mi vecino y que hoy no se había presentado a trabajar. Me detuve un momento frente a su oficina y una secretaria no demoró en abordarme:

—El señor Cullen no se encuentra—dijo la rubia teñida.

—¡Genio!—mascullé.—Es obvio que no está.

La tipa me fulminó con la mirada, estaba por meterme de nuevo en la oficina cuando una voz me hizo cambiar de parecer.

—Heidi, es hora de comer. No deberías estar aquí.

Quise pasar por alto todo aquello, pero ya había dado la vuelta para verlo antes de que pudiera reaccionar. ¡Carajo, qué bien se veía de 'hombre de negocios'! Era como si hubiera nacido para portar un traje.

—Lo lamento, señor Cullen—¡qué tipa tan patética, estaba toda sonrojada y balbuceaba!—es que no quería dejar sola la oficina por si se ofrecía algo y…

—Ya estoy aquí, puedes irte—la rubia teñida asintió y se fue corriendo de ahí.

Él iba a entrar en su oficina, me estaba ignorando y no lo iba a permitir.

—Parece que se te pegaron las sábanas, Edward— frunció el ceño y puso atención, quizá no me había visto hasta entonces.

—Isabella, lo lamento no te había visto—se disculpó, parecía sincero. ¡Por Dios, es un Cullen, son todo menos sinceros!—me alegra encontrarte aquí.

—¿Si?—bufé— ¿por qué? Aquí trabajo y hoy es…

—Me refiero a que iba a buscarte, el modo en el que me comporté contigo anoche no fue bueno. De hecho, casi no dormí por el cómo te traté y lo siento. No te merecías eso de mi parte.

—No hay problema—me encogí de hombros—todos solemos tener días malos y yo resulto ser muy curiosa, ayer fue una mala combinación. Es agua pasada, no te preocu…

—Déjame compensarte—me interrumpió de golpe—es la hora de la comida, ¿qué te parece si te invito a comer?

El universo conspira a mi favor.

¡Round dos!

—Si eso te hace sentir mejor, pero…—mordí mi labio pensando en algo para hacerlo interesante—no quiero la típica comida empresarial ni de alta cocina a la que estamos acostumbrados.

Soltó una sonora carcajada.

—¿Entonces?—estaba totalmente desconcertado—¿Qué quieres? , ¿Burger King?

—¡Buena idea!—me acerqué hasta él para tomarlo del brazo—vamos por esas hamburguesas.

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Lo estaba disfrutando en serio, tenía años sin probar una hamburguesa. Aro educó mi paladar con comida de la buena, no comida chatarra, pero siempre quise volver a probar una hamburguesa con extra queso y sus buenas papas fritas. De no ser por la compañía, éste, quizás hubiera sido uno de los momentos más felices de mi vida.

Nos encontrábamos fuera del establecimiento, sentados en una banca, por suerte Burger King no estaba tan lejos del corporativo.

—Sí que tenías hambre—comentó Edward tras darle un gran trago a su Coca-Cola.

Tragué un gran pedazo de pan antes de responderle.

—En la mañana apenas y tuve tiempo de desayunar—bebí un poco de refresco y seguí hablando—me encantan las hamburguesas, había olvidado lo bien que sabían—engullí la mitad de mi segunda hamburguesa, así es, la hamburguesa número uno ya era historia y la dos iba a terminar igual.

Estaba tan concentrada en los sabores; en la tibieza del queso, en el suave pan y en el aroma tan encantador de los jalapeños que casi me atraganto cuando me encontré con la mirada de Edward.

—¿Qué?—dije a medio bocado.

¡Vaya, tenía que comportarme!

Él se rió y me tendió una servilleta. No dudé en tomarla, debía recordar que yo era una Vulturi y no cualquier chiquilla comiendo hamburguesas.

—Eres de buen comer, es increíble que no te hayas llenado. ¿Acostumbras comer así?—mientras limpiaba mi boca y me resistía a lamer mis dedos no tuve el menor reparo en decirle "la verdad".

—Sí, me gusta comer. Es uno de los pocos placeres que nos da la vida, aunque no todos podemos cumplirlos—sin querer, mi mente comenzó a llenarse de las imágenes de aquellos días en los que pasé hambre, pero rápidamente las alejé mordisqueando la hamburguesa.

—Tienes razón, el hambre es un problema a nivel mundial. Mientras unos tienen que comer, otros apenas y logran llevarse algo a la boca—lo dijo en un tono tan preocupado y solidario que hizo sonar una alerta en mí. Podía aprovechar estos momentos para obtener información valiosa, pero debía ser cuidadosa para no estropearlo, así que empecé por lo básico.

—¿Ya te llenaste?—él sólo se había pedido una hamburguesa normal, y de hecho la seguía sosteniendo en su otra mano.

—Sí, hoy no tengo mucho apetito… ¿La quieres?—¡rayos, debió notar como la miraba para tener que ofrecérmela!

—Claro—se la arrebaté de las manos y la puse en la montaña de servilletas que tenía sobre mi regazo, cuidando de no manchar el vestido. Sonrió y su cabeza se fue a otro lugar, lo supe por el cómo se quedó mirando a lo lejos: dentro del establecimiento estaba una madre con sus dos hijos, una escena familiar y sentimental de la que me podía valer.— ¿La extrañas?

—Cada día—me sorprendió que respondiera sin chistar, ahora sí lo había agarrado con la guardia baja. Guardé silencio para ver si soltaba algo más, pero no hubo nada. Tal vez necesitaba un poco de impulso, melancolía de mi parte para igualar la situación y que no se sintiera expuesto.

—Yo también extraño a mi madre, bueno, extraño a mis padres en general. Mamá era la clase de mujer que te hacia hot cakes cada que quisieras y…

—¿De verdad?—asentí a toda velocidad—me sorprende que una Vulturi encontrara tiempo para consentir a su hija.

¡Rayos, es cierto tenía que hablar de Didyme Vulturi, no de mi verdadera madre!

—Por favor, no me lo tomes a mal—gracias a Dios malinterpreto mi silencio—es sólo que sé lo que es tener padres ricos y ocupados. Apenas tienen tiempo para ti y cuando disponen un día para ti, siempre saldrá algún negocio, contrato o reunión.

—Puede ser, pero trabajan para darnos lo mejor—suspiré, creo que estaba comenzando a llenarme— al menos, ahora tienes el consuelo de que estás en la empresa: trabajando lado a lado con tu padre y supongo que pasan tiempo de calidad de vez en cuando.

—No, hace años que superé el drama de ser hijo de Carlisle Cullen. Por lo menos tengo a mis hermanos, ellos siempre han estado ahí para mí, aunque ahora…

Me estaba acercando al 'tema prohibido', pero no iba a desistir.

—¿Qué pasa?—no lo pensé dos veces y puse mi mano sobre la suya. Tuve ganas de quitarla por la rara sensación que me invadió, pero en lugar de eso, le di un suave apretón.

—Han sido días difíciles, Isabella—dejó de mirar al establecimiento y se concentró en mí.— ¿Nunca te has sentido impotente ante alguna situación?— ¡Sí! –ves como todo se te escapa de las manos y no puedes hacer nada para solucionarlo—¡Sí!— hay dos tipos de impotencia, hacia ti mismo y hacia los demás, estoy jodido en ambas. Ayer por la noche, cuando mencionaste a Riley me desquicié al recordar que no pude hacer nada para ayudarlo… mi hermano menor necesitaba de ayuda y nadie se la brindó, no es que la pidiera, pero había señales, señales que decidimos ignorar y por ello ahora está donde está.

¡Ahora el gran final, Isabella, hazlo!

—Hablas como si tu hermano estuviera muerto…—hice una pausa, el tono de angustia fue perfecto; deberían darme un Oscar.

—Poco faltó—cerró fuertemente los ojos e inconscientemente apretó mi mano—por poco y vuelvo a cargar con otra muerte.

¡Claro, ya tenía un muerto encima! Tanya Denali.

—Entonces… ¿Riley está bien?

Sus ojos se abrieron y finalmente lo dijo:

—Está en una clínica de rehabilitación.

Casi me pongo a bailar la Macarena de pura alegría.

Era un gran paso en todo este asunto, hoy podía presumir que contaba con un poco de la confianza de Edward Cullen.

—¿Sabes? Esto no se lo había dicho a nadie, podrías guar…

—Tranquilo, mis labios están sellados.

—Gracias, Isabella—sonrió de lado, es lo hacía ver muy sexy—ahora veo que además de saber comer muy bien, también sabes escuchar.

—Cuando quieras, siempre estoy dispuesta a escuchar a mis amigos—sonreí con todas mis fuerzas. No podía estar más feliz.

—¿Amigos?—oh, no, no me digas que hablé demasiado pronto—eso está bien. Amigos y socios, qué podría salir mal.

Se rió y yo me uní a sus risas.

Los siguientes minutos hablamos de trivialidades, fue una tarde agradable teniendo en cuenta que comí hamburguesas con el hijo de mi enemigo, el hijo de mi enemigo que ahora era mi amigo. ¡Vaya primer día!


Buenas noches: espero les haya gustado el capítulo, si hay algo que quieran comentar pueden hacerlo en sus reviews, si es que así lo desean. ¿Cómo ven a Isabella en su juego? ¿Qué será lo siguiente que haga? Se vale intuir, por cierto, si llegan a ver esta historia en otra cuenta, no se apuren, soy yo, sólo que olvidé los datos de registro y ahora la seguiré publicando aquí. De ante mano, muchas gracias por darse el tiempo de leer, espero poder actualizar la semana siguiente o antes de navidad.

Esperen más historias, nos leemos en el siguiente capítulo.