Resumen: Tercera parte de la serie "Constelaciones". Con la amenaza de Ginny eliminada, Draco y Harry finalmente pueden disfrutar de su relación en paz; pero, ¿es eso realmente cierto? Ambos descubrirán que los problemas están lejos de terminar. ¿Podrá el amor vencer todos los obstáculos que se les presenten? ¿O esta relación estará condenada a no tener un final feliz? DRARRY
Disclaimer: el universo de Harry Potter no me pertenece, todo es propiedad de Rowling y Warner Bro.
Notas de autora: ¡Hola a todos! Antes de dejarlos leer, quiero agradecer a quienes han añadido a alertas y favoritos. En verdad lo aprecio muchísimo. Ahora sí, espero que disfruten el capítulo.
Advertencia: el capítulo contiene en el inicio del mismo sexo oral explícito, rimming y fingerfucking.
Cosmos: Descubiertos in fraganti
3 de enero de 2011
Ya era una especie de costumbre despertarme la mayoría de las mañanas con la agradable calidez que desprendía el cuerpo de Harry acurrucado contra mi costado izquierdo, lo que sin duda no era normal era ser despertado por un excitante calor que se arremolinaba en mi pene; uno que, aun sin haber abierto los ojos, podía saber que se encontraba completamente duro. ¿Qué estaba provocando ese calor en mi entrepierna? No recordaba haber estado teniendo un sueño húmedo, y mi soñoliento cerebro tampoco parecía ser capaz de comprender de dónde provenía esa excitante sensación de calidez que estaba volviéndome loco.
Un fuerte sonido de succión resuena en el silencioso dormitorio y de inmediato siento un apriete en mi erecto miembro que sólo podría conseguirse al haber sido apretado con las manos, o succionado con vigor al ahuecar las mejillas. Afortunadamente, mi cerebro comienza a despertar y a atar cabos sueltos para descubrir el origen de ese calor que estaba haciéndome ver las estrellas. Un gemido se escapa de mi boca cuando siento otra fuerte succión, esta vez más profunda que la anterior y que abarcaba una mayor cantidad de mi pija, aunque no por completo. El obsceno sonido de chupadas y ligeras arcadas que seguían escuchándose un tanto amortiguadas sobre mi entrepierna me hacen abrir los ojos al instante con el único propósito de confirmar aquello a lo que mi cerebro había arribado.
Poso la vista en mi entrepierna y allí puedo apreciar un gran bulto que se encontraba oculto debajo de las sábanas que todavía me cubrían; aunque eso no era lo que más me sorprendía de esto. No, lo que más me llamaba la atención y me forzaba a contener un necesitado gemido era ver con claridad el movimiento de sube y baja que la oculta figura estaba realizando sobre una zona tan delicada de mi cuerpo. Con manos algo temblorosas, consigo apartar las sábanas que me impedían ver lo que de seguro era el panorama más caliente de la historia. Y estaba en lo cierto. Cuando mis manos terminan de retirar la sábana, veo que la misteriosa figura no era otra más que mi adorable y pervertido gatito. Harry estaba ubicado de rodillas entre mis piernas y con el trasero algo elevado hacia la cerrada puerta del dormitorio; pero lo que terminaba de hacerme perder la cordura, aquello que estaba haciéndome soltar un necesitado y vergonzoso gemido, era ver lo que estaba haciendo, o, mejor dicho, en dónde tenía puesta su boca. Porque sí, mi cerebro había arribado a la conclusión acertada, aunque verlo en persona era algo que mi imaginación nunca podría igualar.
Allí, ubicado entre mis piernas y con toda su atención puesta en ello, se encontraba un Harry que tenía mi pene dentro de su boca y que estaba encargándose de alternar pequeñas lamidas, con fuertes succiones y chupadas por toda mi longitud. Sus dientes estaban cubiertos para evitar lastimar la piel a la que le estaba brindando tanta atención, y sus mejillas se ahuecaban de vez en cuando para enfatizar las sensaciones de placer que me estaba haciendo sentir. Los sonidos que Harry estaba haciendo mientras llevaba lo máximo que podía tomar de mi pija a su boca sin atragantarse eran tan sucios e impúdicos, pero a la vez tan eróticos, que no hacían nada más que elevar mis deseos por enterrarme en lo más profundo de su garganta y follarlo con fuerza hasta acabar dentro de ella.
Un gruñido de placer se escapa sin mi consentimiento de la boca al notar la traviesa sonrisa que Harry me dirige al verme despierto, aunque ésta es dada sin dejar de chupar la cabeza de mi excitada erección. Y como si esto no fuera suficiente para hacerme perder por completo el control, Harry continúa sonriéndome de esa manera que lo hacía ver como un malicioso gatito y utiliza una de sus manos para comenzar a acariciarse a sí mismo mientras seguía chupándomela con aún más intensidad. Y aunque esta vista era completamente caliente, no quería que Harry se corriera de esa forma. No, quería que lo hiciera gracias a mis atenciones y no debido a que se hubiera tocado a sí mismo. Con esa determinación en mente, acerco mi mano derecha hasta que consigo tomar con fuerza un puñado de los mechones de su cabello, y les doy un fuerte tirón para llamar su atención. Harry suelta una especie de gemido al sentirme sostenerlo de esa forma, y esto hace que perciba una placentera vibración por toda mi pija que casi consigue hacerme correr.
─Deja de tocarte.
Harry saca mi erección de su boca con un fuerte pop que es a la vez sucio y muy erótico, y me observa con inocente confusión a través de esas pestañas que eran infinitas. ¡Merlín! Eran indescriptibles las emociones que me hacía sentir este tierno y descarado gatito.
─¿Por qué?
Harry me pregunta esto con tanta inocencia que casi puedo sentirme llorar de frustración y deseo. Honestamente, él iba a ser el responsable de mi prematura muerte. Y a pesar de toda la inocencia que Harry parecía tener, eso no le impedía seguir dándole eróticas lamidas y succiones a la cabeza de mi pija; y todo esto sin dejar de mirarme con esas brillantes esmeraldas que tenía por ojos, las cuales estaban cargadas de deseo.
Salazar bendito, dame la fuerza necesaria para no correrme aquí y a ahora.
Tomo una gran bocanada de aire y consigo calmar un poco mi excitación, lo suficiente como para no hablar con nada más que gruñidos y gemidos, y vuelvo a jalar sus cabellos para apartarlo de lo que parecía haberse vuelto su comida favorita, antes de comenzar a explicarle el por qué no iba a dejar que se corriera de esa manera.
─Porque tengo una mejor idea para hacer que te corras. Súbete encima de mi cuerpo, ponte mirando hacia la puerta, y acércate hacia atrás hasta que tu entrepierna esté sobre mi cara.
Harry se sonroja automáticamente al comprender qué era lo que quería que hiciera, pero afortunadamente no opone resistencia y hace como le indico; aunque el ligero temblor que tienen sus manos y piernas me da una idea de lo mucho que lo avergüenza hacer esto. Quiero reír por su repentina mortificación al hacer la postura sexual de un sesenta y nueve, en especial cuando hacía unos segundos atrás estaba chupándome la pija como si su vida dependiera de ello, pero consigo reprimir mi diversión a tiempo. Estaba seguro de que Harry no apreciaría mis burlas en estos momentos, y yo estaba demasiado cerca de alcanzar mi orgasmo como para ponerlo en peligro al hacerlo enfadar.
Harry consigue colocarse en la posición que le indiqué y sin que tenga que decirle nada, vuelve a tomarme en su boca para continuar chupándomela de esa manera que estaba volviéndome loco. No queriendo quedarme detrás, pongo mis manos en su respingón trasero y lo siento temblar en anticipación por encima de mí. Mi mano derecha rebusca en la mesa de luz por mi varita, y cuando la tengo firmemente en mis manos, lanzo un hechizo de limpieza a la apretada entrada de Harry. Una vez hecho esto, arrojo sin cuidado la varita de nuevo al lugar en el que estaba, y vuelvo a apartar sus nalgas para descubrir ese fruncido y apretado agujerito que tanto adoraba. Cuando lo tengo frente a mi campo de visión, elevo un poco más la cabeza y dejo una larga lamida por toda su raja. Harry aparta su boca de mi erección y suelta uno de esos gemidos-ronroneos que tanto conseguían excitarme, a la vez que acerca aún más su trasero para facilitarme el trabajo. Tomando esto como una iniciativa para continuar, sostengo con fuerza sus nalgas para dejar descubierta su entrada y me dedico a chupársela con ahínco. Harry hace los sonidos más adorables y excitantes, pero nada se compara con la especie de gritito que larga cuando me siente colar mi lengua en esa apretada entrada.
─¡Oh, Merlín! ¡Sí! Más, Draco. Por favor.
Continúo lamiéndolo y chupándolo por unos segundos más, antes de retirarme lo suficiente como para poder mordisquear suavemente esa zona, y eso era más que suficiente para hacerlo jadear y retorcerse encima de mí. Harry estaba tan perdido en su bruma de placer que ni siquiera se había percatado de que había dejado completamente abandonada mi erección, aunque eso no podría importarme menos. No cuando él estaba haciendo todos esos sonidos tan deliciosos gracias a mis atenciones.
Dejo una última lamida por toda su raja y con una de mis manos masajeo su trasero, mientras utilizo la mano que tenía libre para humedecer uno de mis dedos con mi saliva. Harry deja de gemir al ver que mi boca ya no se encontraba en su trasero, y eso consigue hacerle notar lo descuidada que había dejado a mi pobre erección. Queriendo compensar este hecho, acerca su rostro y vuelve a meterse una gran cantidad de mi pija en la boca. Sin perder tiempo, comienza a realizar un ascendente y descendente movimiento por toda la extensión, asegurándose de utilizar su lengua para generarme mayor placer. Amortiguo un gemido gracias a los dedos que tenía en la boca, y cuando considero que están lo suficientemente húmedos, me los saco de ella. Con la mano que aún estaba acariciando su trasero, vuelvo a apartar sus nalgas e inclino mi cabeza para reanudar por unos segundos las chupadas en su palpitante entrada. Después de que consigo humedecerla con mi lengua, acerco uno de los dedos que tenía llenos de saliva y lo ingreso lentamente en esa apretada cavidad. Y eso es todo lo que necesito hacer para que Harry vuelva a olvidarse de mi erección y reanude sus descontrolados gemidos.
─¡Oh, Merlín! Sí, sí, sí. Más, Draco. Por favor, más.
Y como Harry me lo había pedido tan amablemente, accedo a su petición y añado otro dedo a su apretada entrada. Lo follo con mis dedos durante unos cuantos segundos en un movimiento de adentro hacia afuera que estaba volviéndolo loco, en especial porque estaba consiguiendo rozar su próstata cada vez que volvía a ingresar toda la longitud de estos. Para estas alturas, Harry se había olvidado por completo de su inicial tarea de chupármela y lo único que parecía poder hacer era acercar su trasero a mi cara para follarse contra mis dedos, a la vez que gemía como una vulgar puta por encima de mí. Y ni siquiera necesitaba que él me lo dijera para saber que estaba muy cerca, pero yo no quería que esa fuera la forma en la que se corriera. Él necesitaba hacerlo con algo más que un par de dedos dentro de su trasero. Con esta determinación en mente, utilizo los dedos que tenía enterrados en esa apretada entrada para separarlos dentro de él y brindarme algo de espacio. Una vez hecho esto, elevo mi cabeza y meto mi lengua entre el espacio que mis dedos habían hecho, y eso es todo. Harry grita con fuerza al sentir mi lengua lamiendo despiadadamente dentro de ese agujerito y se corre sin control sobre mi pecho. Su cuerpo tiembla con espasmos debido a la fuerza de su orgasmo, y por un momento temo que colapse encima de mí. Afortunadamente, Harry parece reunir la fuerza necesaria para mantenerse estable, y antes de lo que hubiera previsto, baja de su nube de excitación y vuelve a tomar mi olvidada erección en su boca.
Me aparto de su delicioso trasero para poder soltar un gran jadeo al sentir la intensidad y velocidad con la que su boca sube y baja por mi dolorida pija, pero mis dedos todavía permanecen firmemente enterrados en su trasero. La habitación comienza a llenarse de obscenos sonidos una vez más, y eso sólo contribuye para acercarme a mi culminación. Harry debe haber sentido que estaba demasiado cerca, porque da una última larga chupada hasta tener enterrada tres cuartas partes de mi erección en su boca, antes de retirarse hasta la cabeza de la misma para succionarla con fuerza en un intento por arrancar el orgasmo de mí. Y lo hace, claro que lo hace. ¿Cómo no iba a hacerlo cuando su boquita era así de talentosa?
Sin poder darle una advertencia para que se apartara a tiempo, me corro en su boca dando un gemido tan grande que de seguro me avergonzaría al recordarlo más tarde, aunque en estos momentos eso no podría importarme una mierda. Harry vuelve a soltar un contento gemido al saborear mi semen en su boca y lo puedo sentir tragándolo todo gracias a los movimientos que estaba realizando con su garganta. Otro excitado gruñido se me escapa, en especial cuando saca la boca de mi pija y comienza a darle adorables lamidas (similares a las que daría un gatito) para limpiar los rastros de mi corrida que se le habían escapado de la boca. ¡Y que se congele el infierno si esa no era la cosa más caliente que había visto en mi vida! Por Merlín bendito, Harry realmente iba a conseguir matarme de placer uno de estos días.
Harry le da un último beso a la cabeza de mi pija y es casi como si estuviera despidiéndose hasta la próxima vez que volvieran a jugar. Reprimo como puedo el necesitado gruñido que quería escaparse de mi boca y me enfoco en sacar con suavidad los dedos que todavía tenía enterrados en su trasero. Una vez que lo consigo, le doy un fuerte apretón a esas respingonas nalgas antes de soltarlo y permitirle apartarse de mí. Harry se apresura a darse la vuelta y acercarse hasta donde me encontraba recostado contra las almohadas. Mis ojos estaban cerrados en un intento por recuperar el aliento y bajar de ese excitado estado en el que me había dejado ese magnífico orgasmo, por lo cual ni siquiera registro el momento en el que Harry se había colocado a escasos centímetros de mi rostro; y sólo soy capaz de darme cuenta de este hecho cuando siento sus finos labios conectarse con los míos en un beso que, a pesar de tener la intención de ser inocente, sólo conseguía ser absolutamente erótico debido a que todavía podía sentir el sabor de mi corrida en la boca de Harry. Y si no fuera por el hecho de que acababa de correrme con fuerza, estaba seguro de que eso podría volver a excitarme. Harry también parece pensar algo por el estilo, porque se aparta con un desganado suspiro de mi boca y se inclina hasta la mesa de luz para tomar mi varita. Una vez que la tiene en sus manos, realiza encantamientos de limpieza por todos nuestros cuerpos para eliminar cualquier suciedad que hubiera dejado nuestra excitante actividad.
─¿Sabes? Podría acostumbrarme a ser despertado de esta manera.
Digo esto con marcada arrogancia, mientras le acaricio la cadera de una forma sugerente. Harry suelta una adorable risita contra el lugar en el que se había acurrucado contra mi pecho, y murmura algo que me dejará expectante y muy esperanzado por lo que podría significar para mis futuros despertares.
─Mmm… si te portas bien, quizás lo considere.
Desafortunadamente, Harry vuelve a tomar mi varita, y antes de que pueda responderle algo, lanza un Tempus para que le indique la hora. Un desganado suspiro de su parte me indica que este excitante momento había llegado a su fin y era hora de volver a la rutina de nuestras vidas. Oh, alegría.
─Será mejor que vaya a ducharme, o volveré a llegar tarde al trabajo.
─¿Te gustaría algo de compañía en la ducha?
Le murmuro esto con un sugerente tono de voz que le provoca escalofríos, a la vez que muevo hacia abajo la mano que tenía en su cadera para poder masajearle con lascivia el trasero. Harry suelta un interesado gemido, pero no hace más que dejar un pequeño beso sobre mi pecho, antes de apartarse de mí con el fin de sentarse en la cama.
─Eres insaciable. ¿Lo sabías? ─Harry suelta esto entre medio de una de esas risitas que me hacían querer besarlo hasta la inconciencia, pero no parece tener intenciones de querer dejarse tentar por mi oferta. Esto queda confirmado con las palabras que deja salir en un arrepentido tono de voz. ─Por mucho que me gustaría aceptar tu oferta, voy a tener que rechazarla. Lo que menos haríamos si te ducharas conmigo sería tomar un baño, y eso sólo me haría llegar tarde al trabajo. Y después de la grandiosa forma en la que comenzamos el día, no quiero que eso se arruine con el sermón que de seguro me daría mi jefe por no llegar a tiempo.
─Tú te lo pierdes, Potter.
Le digo esto con un encogimiento de hombros, mientras me aseguro de abrir las piernas en una lujuriosa pose que dejaba completamente expuesta mi flácida erección. Harry la observa por unos segundos como si estuviera hechizado por ella y se muerde el labio para reprimir el gemido que de seguro quería salir de esa traviesa boquita. Por desgracia, algo de sentido común acude a él y sacude la cabeza para despejar esos pecaminosos pensamientos que lo tenían atrapado con la vista en mi pene, y se da la vuelta para apartarse de la cama. Luego de tomar su varita de la mesa de luz, dirige sus pasos hacia el baño, y segundos después, puedo escuchar el sonido de la ducha golpeando contra el suelo de la bañera. Suelto un desilusionado suspiro y me obligo a salir de la cama para comenzar el día.
Lo primero que hago es comprobar si me había quedado algo de la corrida de Harry en mi pecho, pero él había hecho un impecable trabajo con el hechizo de limpieza, así que voy hasta el armario y busco algo de ropa limpia que ponerme. Una vez que estoy completamente vestido, tomo mi varita que había quedado olvidada en la cama, y me lanzo un hechizo para refrescarme la boca. Luego, me dirijo a la cocina para hacerle el desayuno a Harry, ya que aún podía escuchar la ducha corriendo en el baño. Si bien cocinar no se me daba tan bien como a Harry, eso no quería decir que no fuera a hacer el intento por prepararle algo simple y rápido que pudiera comer antes de irse a trabajar. Después de que me he decidido a prepararle el desayuno, voy hacia la alacena y agito la varita para convocar pan, mermelada y una crema de cacao y avellanas, la cual era la favorita de los dos. Saco una sartén del estante donde estaba ubicada y la llevo a la cocina para tostar varias rodajas de pan. Mientras esto se hace, vuelvo a otra de las alacenas para buscar nuestras tazas, el azúcar y la caja de té. Caliento algo de agua y luego la vierto sobre las tazas, mientras me aseguro de agregarle a la taza de Harry la insalubre cantidad de azúcar que él siempre le ponía a su té. Una vez que tengo todo el pan tostado y las tazas de té humeando en la mesada, comienzo a preparar una abundante cantidad de tostadas con los elementos que había recuperado de la alacena. Cuando todas tienen una generosa cobertura de mermelada o crema de cacao y avellanas, llevo todo a la mesa de la isla.
Estoy buscando servilletas en uno de los cajones de la mesada, cuando siento las fuertes pisadas que Harry da al estar enfundado en sus reglamentarias botas de cuero de dragón. Me giro con las servilletas en la mano y lo observo con una ceja en alto al ver lo petrificado que se había quedado a unos pocos pasos de mí. Su mirada estaba viajando desde el desayuno que había en la mesa de la isla hasta a mí, y así, ida y vuelta; pero lo que termina de sorprenderme es la embelesada mirada con la que estaba observándome. Aunque no tengo tiempo de preguntarle el motivo por el que parecía observarme como si fuera la cosa más preciosa de su vida, porque de un rápido movimiento acorta la distancia que nos separa y me besa con tanta pasión que en verdad debo hacer un gran esfuerzo para no quitarle ese uniforme de Auror y follarlo contra la mesada de la cocina.
─Gracias por prepararme el desayuno.
Harry me quita las servilletas de la mano y va hasta la mesa de la isla para repartirlas. Luego, y sin ser consciente de la forma en la que me había dejado aturdido en la cocina, toma su taza y bebe un gran sorbo de ella. El satisfecho sonido que hace me indica que la había preparado con la adecuada cantidad de azúcar, lo cual me despierta de ese aturdimiento en el que había caído al hacerme sentir algo de orgullo por conocer tan bien los gustos de Harry. Más complacido que nunca, voy hasta la isla y me siento frente a Harry para comenzar a desayunar. Durante unos minutos, lo único que se consigue escuchar en la sala son las tazas al ser dejadas sobre la mesa y el crujido que hacen las tostadas al ser masticadas, aunque sin lugar a duda lo más interesante del desayuno son los fugaces roces de mano que consigo robarle a Harry cada tanto, los mismos que lo hacen enmascarar una exasperada sonrisa contra su taza de té.
Estamos a punto de terminar el desayuno, cuando la chimenea se enciende y por ella se escucha la impaciente voz de Granger, no, Hermione.
─¿Harry? ¿Estás aquí? Necesito que veas algo, es urgente.
Intercambiamos una preocupada mirada con Harry y de inmediato agito mi varita hacia la chimenea para permitirle el paso a Hermione. Ella parece darse cuenta de esto e ingresa a través de la chimenea sin siquiera esperar a que le indique que puede pasar. Cuando poso la vista en ella, veo que sus ojos estaban llenos de preocupación e indignación, y que en sus manos tenía fuertemente retenido un ejemplar de El Profeta. Hermione se acerca hasta la mesa de la isla y nos observa con una triste mirada que no me gusta para nada, antes de comenzar a hablar con ese decidido tono que tanto la caracterizaba.
─¡Oh! Bien, ambos están aquí. Voy a asumir que ninguno de los dos está suscripto a El Profeta, por lo tanto, no han leído el diario de hoy, ¿verdad? ─Ambos negamos con la cabeza y la observamos desplegar el ejemplar sobre la mesa, aunque nada me prepara para lo que aparece en primera plana. ─¡Esa arpía lo hizo de nuevo! ¡Miren lo que publicó ahora!
Me apresuro a tomar el periódico para conseguir verlo mejor. Harry se levanta de su lugar y se acerca hasta colocarse detrás de mí para poder leer el artículo por encima de mi hombro, aunque ni siquiera logro registrar lo cerca que él estaba de mi cuerpo ya que toda mi atención estaba puesta en la maliciosa noticia que era la portada del diario. En ella habían colocado una gran imagen de Harry y de mí, una en la cual Harry estaba tomándome de la mano y se había recostado contra mi brazo derecho para ver cómo se alejaba el Expreso de Hogwarts. De inmediato reconozco que algún reportero debió de haber estado de incógnito en la estación cuando llevamos a Teddy para que regresara a Hogwarts. Y a pesar de que la foto era bastante buena, a tal punto que incluso podría ser considerada para enmarcar, las hirientes palabras que profesaba el titular arruinaban por completo cualquier felicidad que ésta pudiera haberme brindado.
Tomo una fuerte inspiración con el fin de prepararme para lo que de seguro sería un festín de palabras hirientes y malintencionadas hacia mi persona, y comienzo a leer; aunque claramente nada podría haberme preparado para lo que esa perra de Skeeter había escrito con una saña que era bastante preocupante.
3 de enero de 2011
ATRAPADO IN FRAGANTI. ¿EL NUEVO ELEGIDO DEL NIÑO QUE VIVIÓ?
Por la corresponsal del diario El Profeta, Rita Skeeter.
Sí, mis queridos lectores, lo que están viendo no es una foto trucada, ni tampoco es producto de sus imaginaciones. Lo que están viendo frente a sus ojos es la prueba que confirma uno de los secretos que mejor ha estado guardado nuestro Auror estrella del Ministerio. Harry Potter está involucrado en una relación amorosa con el ex Mortífago y (recientemente descubierto) escritor, Draco Malfoy; pero como siempre digo, mejor comencemos a relatar esta impactante historia desde el comienzo.
Como de seguro todos sabrán, nuestro querido salvador del mundo mágico, Harry James Potter, ha estado enfrascado en una relación (incluso desde antes de que la guerra se desatara) con la hija menor de la familia Weasley, la jugadora de las Arpías de Holyhead, Ginny Weasley. Todo el mundo mágico entero puede recordar lo perfecta que parecía ser su relación, a tal punto de recibir el apropiado apodo de "La Pareja Dorada" por parte de un sinfín de magos y brujas, los cuales habían estado extasiados de saber que su héroe favorito había encontrado un merecido final de cuentos de hadas para su vida. Sin embargo, y contra todo pronóstico, esta historia no tendría un final color de rosa; por el contrario, estaría marcada de oscuridad y horror.
Según fuentes oficiales de San Mungo, la señorita Weasley fue ingresada al hospital el pasado primero de enero por su hermano Ronald Weasley, y su cuñada, Hermione Granger-Weasley; y trasladada de emergencia al ala de Janus Thickey para ser internada de emergencia. Los motivos de su internación se desconocen hasta el día de hoy y, aunque esta humilde reportera puede asegurarles que ha hecho todo lo posible por obtener un testimonio de la familia Weasley, nadie ha querido brindar mayores detalles al respecto. Desde San Mungo tienen prohibido hacer comentarios sobre la historia clínica de sus pacientes, por lo cual sólo nos queda esperar a que algún miembro de su familia decida hacer de público conocimiento el motivo por el cual una jovencita tan talentosa y llena de vida, como lo es la señorita Weasley, ha terminado internada en un ala reservada para personas con severos daños mentales.
Sin embargo, todos ustedes deberán estarse preguntando (y con verdadero motivo, debo añadir), ¿cómo se relaciona todo esto con el titular de esta noticia? Bueno, mis queridos lectores, la historia sólo comienza a ponerse más escalofriante.
Si bien la internación de Ginny Weasley en San Mungo nos ha dejado impactados a todos (en especial cuando hay un extraño secretismo por parte de su familia, quienes ni siquiera han pensado en traer calma al resto de la preocupada sociedad mágica por el bienestar de una de las más talentosas jugadoras de Quidditch de nuestra generación), lo más transcendental no es esto, sino el hecho de que el Auror Harry Potter, quien hasta el momento había sido su prometido, no ha estado allí para acompañar a la que supuestamente es el amor de su vida; y nos consta que esto es así, porque pudimos acceder a la lista de visitantes que ha tenido la señorita Weasley durante el transcurso de estos días, pero en ninguno de ellos ha figurado el nombre de Harry Potter.
¿Por qué el señor Potter no ha ido a visitar a su prometida en San Mungo? Pero más importante aún, ¿dónde ha estado y qué ha estado haciendo todo este tiempo, siendo que en lo único que debería ocupar su tiempo es en acompañar a su prometida en este momento tan difícil que está atravesando? Las respuestas a estas preguntas son mucho más macabras de los que de seguro están pensando.
La pasada tarde, uno de mis camarógrafos se encontraba llevando a su pequeña hija a la estación de King's Cross para que abordara el tren que la llevaría de regreso a Hogwarts después de sus vacaciones de invierno; y allí, mi colega fue testigo de algo que lo dejaría absolutamente impactado. Como habrán visto en la fotografía que acompaña a esta noticia, en ella se puede apreciar a nada más y nada menos que a nuestro Auror favorito, Harry James Potter, tomado de la mano y en una postura muy cariñosa con el ex Mortífago y escritor (quien ha sido descubierta su identidad secreta como Dylam Rocafo por quien les habla), Draco Lucius Malfoy. No sólo el hecho de que Harry Potter se encuentre enfrascado en una relación amorosa con otro hombre ha sido shockeante para todos, sino que, además, se trata de nada más y nada menos que un antiguo seguidor de Quien Ustedes Saben y autoproclamado defensor de los ideales sangre pura que tanto daño le han causado a nuestro mundo mágico.
¿Es Harry Potter consciente de con quién se está involucrando sentimentalmente? ¿Él siquiera puede tener una opinión al respecto, o sólo está siendo víctima de los accionares de Draco Malfoy, quien ha tenido en el pasado una estrecha relación con las Artes Oscuras? ¿Y qué está sucediendo con Ginny Weasley? ¿Es posible que el motivo por el que ella haya sido internada en San Mungo se deba a un ataque por parte del señor Malfoy para apartarla de Harry Potter? Ninguna de estas preguntas tiene respuestas aún, pero esta reportera puede asegurarles que, después de esta noticia que les hemos traído con El Profeta, es muy probable que se esclarezcan, si no todos, al menos algunos de estos hechos. Después de todo, el Ministerio deberá tomar cartas en el asunto y comprobar si su mejor Auror no está siendo víctima de manipulaciones gracias a los accionares de un mago que, incluso después de todo el daño que ha hecho en su vida, todavía parece no contentarse y continúa haciendo todo lo posible por arruinar la paz y la vida de nuestro querido héroe. Sólo nos resta rogar que el ministro y el jefe de Aurores tomen el asunto en sus manos de inmediato y detengan a Draco Malfoy antes de que esta historia termine en una absoluta tragedia.
Decir que estaba sorprendido de ver toda la malicia y el veneno con el que Rita Skeeter me había acusado injustamente de forzar a Harry a estar conmigo mediante Magia Negra sería una mentira. Siempre había tenido la certeza de que, por mucho que eso me lastimara por dentro, el mundo mágico nunca aceptaría que Harry se enfrascara en una relación con alguien como yo. Sin embargo, y a pesar de haber tenido pleno conocimiento de ello, eso no era suficiente para que no sintiera un pequeño vestigio de desilusión al respecto; porque sí, esta maliciosa noticia era todo lo que necesitaba para confirmar algo que siempre había sabido, pero que, muy en el fondo de mi corazón, había tenido la esperanza de que pudiera ser capaz de revertirlo. Esta noticia era la prueba de que, sin importar lo que hiciera, la sociedad mágica nunca dejaría detrás el prejuicio que me tenía sólo por los errores que había cometido en mi adolescencia y mientras había estado bajo amenaza de muerte por parte de un mago psicópata.
Y eso duele. En verdad duele. Duele saber que siempre estaré sujeto al desprecio y la desconfianza del resto del mundo; pero lo que más me duele, aquello que me produce un agobiante nudo en el pecho, es el hecho de saber que arrastraré a Harry conmigo en este desahuciado panorama sólo por ser parte de su vida. Y sé que no es del todo mi culpa, yo tengo muy en claro eso, pero eso no significa que no me sienta en parte responsable de hacer su vida más complicada y llena de problemas. Genial, justo lo que necesitaba para terminar de arruinar mi mañana, culparme a mí mismo y dudar de haber tomado la decisión correcta al confesarle mis sentimientos a Harry.
Algo de esto debió haber traspasado mi máscara de frialdad, porque de inmediato siento la pequeña mano de Harry tomar una de las mías y entrelazar nuestros dedos en un fuerte agarre. Tragándome toda la culpa y las inseguridades que esta jodida noticia habían despertado en mí, elevo la vista y la poso en un lejano punto que daba a la cocina, y comienzo a hablar con un tono de voz que no expresaba emoción alguna, aunque podía sentir internamente lo abrumado que estaba por todas las emociones que me taladraban el alma.
─¿Cómo pudo saber que la comadreja está internada en San Mungo?
Curiosamente, no es Harry quien responde a mi pregunta, sino Hermione.
─No me sorprende que lo supiera. No es la primera vez que Skeeter se entera de estas cosas. ¿Recuerdas la vez que saliste herido de esa misión en Gales? ─Hermione se dirige a Harry y éste asiente para hacerle saber que lo recordaba, aunque yo no tenía idea de lo que estaban hablando. Al parecer, esta era una misión que Harry había tenido antes de que nos hiciéramos amigos y por eso yo no estaba al tanto de ella. ─A pesar de que les hiciste prometer a los Sanadores que te trataron de que no dijeran nada a nadie de tu internación, aun así, Skeeter se las arregló para saber que habías sido internado. No es de extrañar que ella se hubiera enterado de que Ginny había sido llevada a San Mungo. Ella debe tener alguna forma de saber cuándo y quién ingresa al hospital.
Asiento en silencio, pero no aparto la vista del lugar en el que la había puesto. Harry se remueve a mi lado y me acaricia con el pulgar el dorso de la mano en un tranquilizador gesto, aunque eso no consigue apartarme de ese aturdido estado en el que me encontraba perdido. Él parece notar esto también, porque me gira el rostro para hacerme conectar mi mirada con la suya, y comienza a hablarme en un amoroso susurro muy cerca de mi rostro; y todo esto lo hace sin importarle que a unos pocos pasos de distancia se encontraba su mejor amiga, quien estaba haciendo todo lo posible para brindarnos algo de privacidad al poner la vista en el olvidado periódico.
─Estoy acostumbrado a toda la basura que Skeeter escribe en ese periódico de cuarta. No le des importancia, Draco. Nada de lo que esa arpía ha escrito sobre ti tiene valor para mí porque no son más que mentiras. Ella no sabe nada de ti, ni de mí para el caso. ─Harry se acerca hasta que nuestras frentes se mantienen unidas y murmura algo cerca de mis labios con un tono de voz que estaba cargado de amor, el mismo que era capaz de borrar en un pestañeo todas y cada una de mis inseguridades. ─Superaremos esto, lo prometo.
Hermione parece algo incómoda y avergonzada por tener que ser parte de todo este cursi intercambio, por lo que se apresura a aclarar su garganta y volver a hablar de esa manera decidida que la hacía ver insoportablemente mandona, pero, al mismo tiempo, como toda una defensora de las causas perdidas.
─Creo que deberían considerar demandar a Skeeter y a El Profeta por calumnias e injurias. Si no me equivoco, hay algo estipulado en las Leyes Mágicas acerca de esta clase de acusaciones sin fundamento. Voy a tener que buscar en mi biblioteca, me parece haber leído sobre esto en el pasado. Creo que hubo un caso en el siglo XVIII en el que condenaron a uno de los hermanos de una numerosa familia a presentar una disculpa pública, junto a una remuneración monetaria a las partes damnificadas, por intentar difamar al resto de sus hermanos para quedarse con toda la fortuna de su familia.
No estaba seguro de que demandar a Rita Skeeter, o peor aún, a El Profeta, fuera a ser una gran idea. Después de todo, nadie hubiera tomado en cuenta mi denuncia si hubiera presentado cargos contra lo que Ginny Weasley me había hecho. ¿Qué me hacía creer que por algo tan simple y patético, como lo era mi orgullo herido, los magos responsables de hacer cumplir las leyes fueran a escucharme? Ciertamente tendrían una buena risa de ello. Afortunadamente, no debo encontrar una forma educada de rechazar la propuesta de Hermione, porque la chimenea vuelve a encenderse y por ella ingresa un furibundo Adrian con otro ejemplar de El Profeta apretado en sus puños.
─¡¿QUÉ PARTE DE QUEDARTE ENCERRADO EN TU CASA NO ENTENDISTE, DRACO?!
Adrian arroja con furia el periódico a la mesa y me fulmina con la mirada, aunque no me da tiempo a que siquiera pueda justificar mis acciones, porque de inmediato comienza a pasearse por la sala como un animal enjaulado y a despotricar en un irritado tono que no lo había vuelto a oír dar desde que había venido a reclamarme por el triste final de "Constelaciones".
─¿Sabes lo que ha causado tu pequeña salida? ¡Que volvamos a tener Aurores apostados en todo el edificio de la editorial! Ni bien la noticia salió esta mañana, un grupo de encolerizados magos y brujas intentaron volver a atacar la editorial al pensar que podrías encontrarte allí. Por lo que pude oír de los empleados que estaban en el momento del ataque, esas personas estaban absolutamente disgustadas de saber que un Mortífago hubiera sido el responsable de corromper la dignidad de su querido héroe. ─Adrian se detiene en su constante andar y me observa con marcada irritación, antes de volver a retomar su interminable diatriba. ─¿Tienes una idea de lo que tu descuidado accionar ha hecho, Draco? Esto ha tirado por la borda todo el trabajo que he estado haciendo para recuperar tu reputación desde que se supo tu verdadera identidad. ¡Todo! ¡¿Acaso era demasiado complicado para ti pensar con tu cabeza de arriba, en lugar de la de abajo, antes de hacer algo como esto?!
Decir que mis mejillas se habían sonrojado era un absoluto eufemismo porque, incluso sin verlas, podía ser capaz de percibir el calor que emanaba de ellas. Sin embargo, ese no era el único calor que estaba sintiendo en estos momentos. No, había otro que se estaba acumulando en la mano que tenía unida a la de Harry. Un vistazo hacia abajo me confirma el motivo de este hecho. Las manos que teníamos unidas estaban resplandeciendo con un brillo dorado y que representaba a la magia desbordada de Harry, aunque esto no terminaba ahí; la otra mano de Harry estaba cerrada en un fuerte puño y realmente parecía que la mayor parte de su magia se estaba concentrado en esta, a tal punto que era casi palpable todo su poder. Sin embargo, lo que terminaba de hacer ver a Harry como una especie de peligroso ser omnipotente, era la furibunda mirada que estaba dirigiéndole a Adrian con esas esmeraldas que parecían resplandecer a través de las gafas redondas. Y si esto no era suficiente para asustar a cualquier persona con un mínimo de instinto de supervivencia, el gélido y autoritario tono con el que gruñe las palabras que salen de su boca termina de hacerlo.
─¿Sabes qué, Pucey? La jodida opinión del resto del mundo mágico no podría importarme menos. Draco y yo no tenemos nada que ocultar. ¡Y que le den a quien no esté de acuerdo con esto! Y estás muy equivocado si crees que estaré dispuesto a mantener oculto a Draco como si fuera un sucio secreto, sólo por complacer a una intolerante y prejuiciosa sociedad que nunca ha hecho nada por mí. Además, si lo que tanto te preocupa es la reputación de Draco, entonces saldré en su defensa en una conferencia de prensa y eso debería ser suficiente para aplacar a todos; pero no voy a dejar que ni tú, ni nadie más para el caso, opinen o nos den órdenes sobre qué hacer con nuestra relación y qué no. ¡Lo que Draco y yo decidamos hacer de nuestras vidas es sólo decisión nuestra y de nadie más!
La sala de estar queda en un preocupante silencio después de que Harry termina de hablar, aunque eso no era lo que más me incomodaba de esta situación. No, lo que en verdad me asombraba (y asustaba al mismo tiempo) era ver la aterrada mirada que se había apoderado de Adrian, a tal punto de que se había quedado petrificado en el lugar y sus manos tenían un gran temblor en ellas. Sabía que Harry podía ser intimidante cuando se enfadaba, pero nunca hubiera creído que lo sería a tal punto de congelar en su lugar a una persona debido al terror que le generaba. Harry en verdad era alguien fascinante.
No queriendo que esta incómoda situación siguiera extendiéndose, en especial cuando no podía estar seguro de que Harry no fuera a hechizar el trasero de Adrian desde aquí hasta el continente americano, me apresuro a volver a tomar la mano que Harry había soltado debido a su arrebato, y entrelazo nuestros dedos con firmeza. El simple contacto es suficiente para hacerlo apartar su letal mirada de Adrian y posarla en nuestras manos unidas. Automáticamente, su magia parece retraerse dentro de su cuerpo y el brillo dorado que se había observado hasta hace unos pocos segundos atrás, desaparece en un abrir y cerrar de ojos. Todavía no entendía del todo cómo era posible que un simple roce de mis manos pudiera calmarlo al instante, pero tampoco era como si fuera a quejarme por ello. Al menos había encontrado una forma de mantener a raya su descontrolada magia.
Harry eleva la vista a mi rostro y me da una pequeña sonrisa que expresaba gratitud y algo de vergüenza. Ciertamente él había notado la forma en la que había estado a punto de perder el control, por lo cual no podía estar más que agradecido de que yo lo hubiera mantenido en tierra y hubiera evitado que hiciera algo de lo que de seguro se habría arrepentido más tarde. Le doy un último apretón a su mano y vuelvo a poner toda mi atención en Adrian quien, afortunadamente, había recuperado algo de calma y parecía ser capaz de hablar sin un nervioso gimoteo.
─Prepárate mentalmente para ser el foco de atención, Draco. Hablaré con la gente de El Quisquilloso para que puedas hacer la entrevista mañana. No podemos dejar pasar más tiempo. Tenemos que salir a dar explicaciones de inmediato, antes de que esa perra de Skeeter termine de arruinar la poca reputación que te queda. ─Adrian abre la boca como si fuera a querer decir algo más, pero su vista se posa con incertidumbre en Harry. Era casi como si temiera que sus palabras pudieran volver a hacerlo enfadar. Finalmente, Adrian demuestra tener mayor valentía de la que creía, y suelta en un apresurado murmullo aquello en lo que estaba pensando. ─Intenta mantener un bajo perfil por lo que resta del día, Draco. Al menos hasta que podamos tener esa entrevista con El Quisquilloso.
Y con eso dicho, Adrian va hasta la chimenea y se desaparece en un refulgir de llamas esmeraldas, dejando detrás de sí la sala en un sepulcral silencio. Hermione parece haber dicho todo lo que tenía que decir, porque se levanta de uno de los taburetes de la isla y nos vuelve a dar una triste mirada, antes de empezar a hablar con un solemne tono de voz.
─Será mejor que me vaya, ya estoy llegando demasiado tarde a trabajar. Sólo… ─Ella se detiene y hace un impaciente sonido con la boca, como si no estuviera segura de cómo decir algo. Finalmente, parece ignorar su vacilación y con mayor determinación, termina de expresar su idea. ─Prométeme que me llamarás si algo sucede, Harry. Ambos. Para lo que sea, no duden en buscarme.
─Gracias, Hermione.
Harry me suelta la mano para ir a abrazar a su amiga, y mientras él me da la espalda, Hermione posa la vista en mí y aprovecho para darle un asentimiento, junto a una pequeña sonrisa que esperaba que fuera de agradecimiento. Ella así parece interpretarla, porque me la devuelve al instante, antes de apartar a Harry de ella y darnos una última despedida con la mano. Segundos después, las llamas verdes de nuestra chimenea se llevan consigo a la figura de Hermione.
Me quedo observando ensimismado cómo el fuego de la chimenea vuelve a adquirir la tonalidad anaranjada común y corriente, mientras repaso en mi cabeza todos los acontecimientos ocurridos en menos de una hora. Harry nota de inmediato el extraño comportamiento en el que había caído, porque de inmediato se acerca a mí y trata de calmarme con palabras.
─Draco, basta.
─¿Qué?
─Deja de pensar en eso. ─A pesar de que el tono con el que habla no admite derecho a réplica, éste todavía se encontraba cargado de paciencia y cariño. Harry aprovecha que tiene toda mi atención puesta en él y se acerca hasta colocarse en el espacio entre mis piernas. Como me encontraba sentado en uno de los taburetes, Harry queda a una altura perfecta de mi cuello, con lo cual aprovecha este hecho de inmediato para dejar un pequeño beso en éste. ─Todo va a estar bien, lo prometo. Sólo no pienses en nada de lo que Skeeter o el resto del jodido mundo diga porque nada de lo que ellos crean me hará cambiar de parecer. Te amo, y no voy a renunciar tan fácilmente a ti.Tú lo dijiste hace unos días atrás, estoy atrapado contigo para siempre. Y eso va para ti también, Malfoy. Estás atrapado conmigo por el resto de la eternidad, lo quieras o no.
Suelto una divertida risa al escuchar esto, y lo atraigo de las caderas hasta hacerlo pegar prácticamente a mi cuerpo. Una vez que hago esto, asalto su boca con tanta fuerza y necesidad que por un momento temo dejarle alguna lastimadura en sus labios. Harry sólo hace un sonido de contento y enrosca sus brazos en mi cuello para poder juguetear con mi cabello. Después de unos minutos de intenso besuqueo, el aire comienza a faltarnos, por lo cual debemos apartarnos con desgana. Afortunadamente, Harry no parece tener intenciones de apartarse aún y continúa acariciando los rubios mechones de pelo que tenía entre sus dedos.
─¿Quieres que me quede en casa? Puedo avisarle a Robards que me tomaré el día debido a lo ocurrido.
─No, ve a trabajar.
─Pero…
Harry intenta protestar, pero me apresuro a interrumpirlo. Por mucho que quisiera que se quedara en casa hoy, eso sólo serviría para traernos aún más inconvenientes. ¡Oh! Ya podía ver con claridad todos los titulares que sacarían en el diario de mañana si Harry se ausentara un día al trabajo. "Mortífago secuestra en su sótano al Niño Que Sobrevivió para torturarlo". Sí, claramente Rita Skeeter tendría un día de campo con ello.
─Estaré bien, Harry. Además, el que faltes al trabajo sólo empeoraría la situación. Es posible que incluso especulen cosas irrisorias como el que te esté reteniendo en contra de tu voluntad, o algo por el estilo.
─¡Merlín, tienes razón! Ni siquiera quiero pensar en lo que esa arpía escribiría. Está bien, me iré, pero quiero que me prometas que me llamarás si algo ocurre, sea lo que sea. ─Asiento para hacerle saber que lo haré y eso me gana una sonrisa de mi gatito. Soltando un desganado suspiro, Harry se aparta de mí lo suficiente como para no volver a caer en la tentación de quedarse acurrucado contra mi cuerpo. Una vez que termina de alisar su túnica y de asegurarse de tener su varita consigo, se inclina y me da un casto beso en los labios. ─Trataré de volver para almorzar, ¿de acuerdo? Te amo.
Harry ni siquiera espera a que le devuelva las palabras, y se desaparece con un fuerte chasquido hacia el Ministerio. Y sólo cuando escucho lo silenciosa que había quedado la sala de estar, es que me percato de que había vuelto a quedarme solo en el apartamento por primera vez desde que Weasley me secuestrara. Un escalofrío me recorre al pensar en esto, por lo que me apresuro a apartar mis pensamientos de ello y ponerlos en algo que me tranquilizara. Inconscientemente, suelto en un murmullo unas palabras que consiguen brindarme una paz y seguridad instantáneas.
─Yo también te amo, Harry.
Sabía que Harry no se encontraba aquí para escucharlas, pero eso no era impedimento para que las dijera de todos modos. Después de todo, no eran más que la verdad, por muy cursi que esto fuera. Sacudo la cabeza ante esos pensamientos y determino que el desayuno ya estaba completamente arruinado. Con un pase de la varita, mando todos los platos y tazas a lavarse y guardarse por sí solos. Estoy terminando de quitar algunas migas de pan que habían quedado sobre la mesa, cuando la chimenea vuelve a encenderse y por ella ingresan Pansy y Blaise con (oh, sorpresa) otro ejemplar de El Profeta en la mano.
─¡Draco! ¡Tienes que ver…! ─Pansy se detiene junto al sofá al ver el periódico que les estaba agitando como una especie de bandera, y me obsequia con una sorprendida mirada. ─¡Oh! Ya lo sabes. ¿Te has subscrito a El Profeta?
─No, Hermione fue quien lo trajo para mostrarnos la noticia. ─Digo esto con un encogimiento de hombros y termino de limpiar la mesa con un hechizo, aunque por el rabillo del ojo puedo apreciar con claridad el enfadado ceño que se apodera de Pansy. Sin duda no le había caído en gracia que Hermione le hubiera robado su trabajo de mantenerme informado sobre las noticias que salieran en el periódico sobre mí. Para no tener que escucharla despotricar contra Hermione debido a sus celos, me apresuro a aclararle algo que de seguro la dejaría más tranquila. ─Y luego Adrian vino a sermonearme por ser tan descuidado y no haber hecho como me dijo de quedarme encerrado hasta que las aguas se calmaran.
Como lo predije, Pansy parece apaciguarse al oír que Adrian también había venido a darme la noticia, así que su rostro deja de tener ese ceño fruncido y se convierte en uno de genuina preocupación. A su lado, Blaise tiene una solemne expresión, aunque noto de inmediato cómo su vista se desplaza hacia la mesada para buscar lo que suponía que eran los restos del desayuno. Honestamente, Blaise era un glotón insaciable. Él tenía suerte de poseer un metabolismo privilegiado o, a estas alturas, ya estaría pesando más que Greg y Vince juntos.
─¿Estás bien cariño?
─Sí, estoy bien, Pans. ─Le digo con un cansado gesto, mientras doblo por la mitad el periódico que Hermione había dejado aquí, aunque me aseguro de que la foto en la que estábamos Harry y yo no quedara marcada. ¿Quién sabe? Quizás podría guardarla. Había que reconocerlo, era una gran fotografía. ─Honestamente, no es como si esto me sorprendiera. Sabía que algo como esto ocurriría cuando nuestra relación saliera a la luz. Ciertamente no es algo que me haya tomado con la guardia baja.
─Aun así, no puede ser agradable leer toda esa mierda de ti en el jodido periódico nacional.
Blaise suelta esas palabras con firmeza para hacerme saber que no había comprado nada de mi superado estado. Les doy otro encogimiento de hombros y me dedico a girar la varita en mis manos, antes de darles una versión resumida de lo que estaba pasando por mi mente.
─No es como si eso no me afectara, pero tampoco puedo hacer nada al respecto. Ni siquiera pude ser capaz de cambiar la opinión de la población mágica al haberme vuelto un respetable escritor. Era obvio que no conseguiría el apoyo de esa gente con mi relación con Harry. Como yo lo veo, sólo tengo dos opciones; o los ignoro y continúo mi vida como si nada hubiera ocurrido, o les hago caso y me aparto de Harry para no seguir "corrompiendo" a su querido héroe. Creo que todos podemos ver cuál es la opción que pienso tomar, ¿verdad?
Pansy y Blaise asienten para hacerme ver que estaban de acuerdo con mis palabras, y después de que pasamos un rato despotricando contra la arpía de Skeeter y maquinando posibles venganzas contra ella (venganzas que nunca llegaríamos a poner en práctica en la vida real, cabe aclarar, porque muchas de ellas involucraban acciones que serían más que ilegales), ellos se despiden no sin antes hacerme prometerles que los llamaría para lo que sea que necesitara. Después de que mis amigos se van, realizo una lista mental sobre los quehaceres que tenía por delante. Decido comenzar por la habitación, ya que debía cambiar las sábanas por unas limpias, pero vuelvo a ser interrumpido. Esta vez no era producto de la chimenea, sino debido a un insistente golpeteo en la ventana. Me acerco hasta el ventanal y dejo pasar a la lechuza que tenía una carta atada a su pata. Después de desatar el sobre y darle una golosina en agradecimiento, vuelvo a abrir la ventana para hacerla salir. Sin embargo, la lechuza permanece inmóvil y en espera por una respuesta. Soltando un suspiro, llevo la carta al escritorio y la abro para leerla.
Querido Draco:
Primero que nada, me gustaría disculparme. Me siento en parte responsable por lo ocurrido el día de hoy en el periódico. Si hubiera ido con ustedes a despedir a Teddy a la estación, es muy probable que ese molesto camarógrafo no hubiera podido captar una foto como esa y su relación no hubiera salido a la luz de esa manera tan insidiosa. En verdad lamento mucho la forma en la que esa inescrupulosa mujer te ha retratado en el periódico, en especial porque nada de lo que ella dijo es cierto. Honestamente, uno esperaría que en El Profeta tuvieran mejores gustos para elegir a sus reporteras, siendo que son la principal fuente de noticias del país.
Sé que lo que voy a decirte podrá parecerte cliché y poco más que palabras vacías, pero en verdad espero que, aun así, puedan brindarte algo de consuelo. No escuches ni le prestes atención a nada de lo que Skeeter o el resto del mundo mágico tenga que decir, porque nada de eso es cierto; de hecho, es todo lo contrario. He conocido a Harry durante más de diez años, y puedo asegurarte que nunca lo había visto ser tan feliz como lo está siendo en este momento. Créeme cuando te digo que tú, y sólo tú, has sido el responsable de hacerle conocer la felicidad. Así que el mundo entero puede meterse sus desacertadas opiniones donde le quepan, las personas que realmente conocemos a Harry podemos ver con claridad lo bien que le ha hecho a su vida enfrascarse en una relación contigo. Nunca dudes de la influencia que tienes en la vida de Harry, porque esta no es otra más que buena.
No dudes en contactarme para lo que necesites. Estoy a una lechuza o una llamada Flu de distancia.
Con cariño,
Andrómeda
Cuando termino de leer la carta, siento unas agradables sensaciones recorrerme el pecho. Saber que mi tía estaba tan preocupada por cómo me hubiera afectado la noticia del día era más que suficiente para instalar una sonrisa en mi rostro, aunque esta no se debía sólo a ello, sino también a las palabras que había leído en la carta y que me hacían terminar de confirmar lo mucho que yo podía hacer feliz a Harry, a tal punto que el resto de las personas que se preocupaban verdaderamente por Harry podían notarlo. Más confiado que nunca, saco papel y tinta para responderle a Andrómeda por sus amables palabras. Después de que termino la carta, se la ato a la pata de la lechuza que aún esperaba pacientemente en la mesa de café, y vuelvo a abrir la ventana para que pudiera salir por ella. La lechuza se pierde de inmediato por el cielo cargado de Londres, por lo que me apresuro a cerrar la ventana antes de que el frío viento que se percibía afuera continuara ingresando a la sala.
Y sólo en ese momento me percato de la cantidad de personas grandiosas que tenía en mi vida, las cuales no dudarían ni por un segundo en salir en mi defensa. Empezando por Pansy y Blaise, mis incondicionales amigos de toda la vida, y quienes habían estado allí incluso en los momentos más oscuros de mi existencia; pasando por Adrian, mi algo impulsivo editor, pero que había demostrado tener una lealtad ciega hacia mi persona; hasta las recientes incorporaciones a mi círculo interno, como lo eran Hermione y Andrómeda, quienes, con agradable sorpresa, había sido testigo de lo mucho que parecía importarles lo que ocurriera conmigo; y Harry, quien encabezaba la lista de personas dispuestas a hacer todo por mi felicidad. Mi adorable gatito, aquel que era el único capaz de hacerme verdaderamente feliz.
Con renovadas energías y una boba sonrisa pegada a mi rostro, reanudo mis tareas. El resto de la mañana lo paso cambiado sábanas, lavando ropa y limpiando todo el apartamento. Un rápido vistazo al reloj de la chimenea me indica que ya era la hora del almuerzo, así que me dedico a preparar un estofado. Luego de que termino de prepararlo y ponerle un hechizo para mantenerlo caliente, me siento a esperar a que Harry vuelva de trabajar. No obstante, los minutos pasan, y Harry no muestra señales de querer aparecer. Para cuando el reloj marca las dos de la tarde, me resigno a asumir que Harry no vendría a almorzar. Habiendo perdido por completo el apetito, guardo el estofado para la noche y mordisqueo algunas galletas saladas para obligarme a comer algo. Luego de que limpio todo, voy hasta mi escritorio y enciendo la computadora para continuar escribiendo. Necesitaba descargar todas esas emociones que estaba sintiendo burbujear dentro de mi pecho de alguna forma. ¿Y qué mejor manera de hacerlo que adelantando algo de mi trabajo?
"…Habían pasado cinco semanas desde la última vez que Leonis había visto a Etamin, y ni aún con el transcurso del tiempo había sido capaz de olvidar el agradable cosquilleo que había percibido cuando sus labios se posaron sobre la mejilla de Etamin. Leonis cierra los ojos y los refriega con sus manos para tratar de quitarse de sí el picor que podía sentir en éstos, el mismo que lo acometía cada vez que pensaba en el guardián de la Constelación del Dragón y que era un indicativo de las lágrimas que comenzaban a arremolinarse en sus ojos verdes.
El sonido de unos pasos lo saca de sus pensamientos, unos en los cuales no podía dejar de pensar en lo frágil que se veía Etamin postrado en esa cama de enfermería, algo que para nada se correspondía con la altanera y orgullosa personalidad de ese sarcástico dragón. Cuando Leonis eleva la vista, observa que no era otro que, Chertan, su mejor amigo.
─¿Qué sucede ahora, Chertan? ─Dice Leonis con marcado cansancio y dejando salir un agotado suspiro. Lo que menos quería en estos momentos era tener que lidiar con alguna otra superficial decisión para el inminente aniversario de la primera batalla en defensa del Cosmos. ─Si es por alguna otra estúpida decisión con respecto al baile…
─Tenemos noticias de la Constelación del Dragón, Leonis.
El corazón de Leonis se detiene al oír esto y parece haberse mudado a su estómago, al mismo tiempo, un desagradable escalofrío se extiende por cada parte de su cuerpo y casi puede sentir cómo el alma se le escapa de su ser; y su mente sólo parece ser capaz de repetir una frase en una especie de plegaria sin fin, una en la que sólo podía pensar en Etamin.
'Por el Cosmos infinito, que Etamin esté bien. No permitas que la muerte me arrebate a mi dragón'.
Leonis se fuerza a salir de ese ensimismado estado en el que se encontraba perdido y se obliga a poner toda su atención en su pelirrojo amigo, quien estaba observándolo con algo de incertidumbre.
─¿Qué…? ─Leonis frunce el ceño al ver lo rasposa que había salido su voz, por lo que se apresura a aclararse la garganta y reprimir a una lejana parte de su subconsciente todas las emociones que lo estaban desbordando para poder hablar con normalidad, o intentarlo al menos. ─¿Qué noticias? ¿Qué ocurrió?
─Creen que han encontrado una forma de hacer despertar a su guardián, pero quieren hablar contigo en persona acerca de ello."
Me estiro en la silla y observo el reloj en la computadora. Habían pasado ocho horas desde que había comenzado a escribir, y aunque había conseguido redactar casi dos capítulos enteros, podía sentir cómo mi ininterrumpido trabajo me estaba pasando factura debido al picor que sentía en la vista. Decidiendo que ya había trabajado suficiente por hoy, guardo el archivo y apago la computadora. Luego, voy al dormitorio para buscar algo de ropa limpia que ponerme una vez que terminara de ducharme. Después de que me doy un largo y merecido baño, vuelvo a la cocina y saco el estofado para calentarlo. Desafortunadamente, Harry parecía haber tenido que quedarse más de lo debido hoy, así que no podía estar seguro de que fuera a llegar para cenar.
Estoy terminando de calentar la comida, cuando siento el sonido de una aparición detrás de mí. Me giro con una sonrisa en mi rostro para saludar a Harry, pero la expresión que veo en su rostro consigue borrarla de inmediato. Harry se hallaba frente a mí con el rostro crispado y sus manos estaban cerradas en puños y brillando intensamente con ese resplandor dorado que era fascinante, pero a la vez muy aterrador. Sin embargo, lo que más me sorprendía y asustaba de todo esto era el casi tangible odio que se vislumbraba en esas letales esmeraldas que él tenía por ojos. Harry no parece registrar del todo dónde se encontraba ni la forma en la que yo estaba observándolo con preocupación, por lo cual decido tratar de sacarlo de ese extraño estado en el que había caído al susurrar su nombre con cautela. Lo que menos deseaba en este momento era que su enfado se trasladara hacia mi persona.
─¿Harry?
Eso parece ser todo lo que Harry necesita para salir de su aturdimiento, porque en un parpadeo acorta la distancia que nos separaba para poder enterrar su rostro en mi pecho, a la vez que sus brazos se enroscan en mi cintura con un fuerte agarre. No tenía una mínima idea del motivo por el cual se encontraba tan perturbado, pero lo único que tenía en claro era que debía hacer hasta lo imposible para apartarlo de ese estado. Suavemente, coloco una de mis manos en su cabello para poder acariciarle la cabeza en un tranquilizador gesto, y la otra la uso para dibujar ininteligibles patrones contra su espalda en un esfuerzo por calmarlo. Mis atenciones no parecían estar dando los resultados que esperaba, por lo que añado palabras de consuelo contra esos desordenados mechones de pelo, y eso parece darme un mejor resultado porque Harry comienza a deshacerse en mis brazos, eliminando por completo toda la tensión que lo acometía.
No sé cuánto tiempo paso así, simplemente abrazándolo y tratando de tranquilizarlo de lo que fuera que lo hubiera puesto en este estado, pero debe haber sido el suficiente como para que la comida (que aún estaba calentándose en la estufa) comenzara a oler a quemado. Harry eleva la mano y la apunta hacia adelante, y de inmediato siento cómo su magia apaga la hornalla. Vuelvo a besarle el cabello para agradecerle el que se hubiera encargado de eso, y continúo trazando dibujos en su espalda con mis dedos. Harry suelta un contento sonido, antes de apartarse un poco para poder observarme con unos ojos que, si bien estaban vidriosos, no tenían lágrimas en ellos. No aún.
─Vamos a cenar. Tengo hambre, no pude almorzar hoy.
Harry se aparta de mí sin darme siquiera una explicación del por qué se encontraba tan exaltado, pero decido que no importaba. Él me diría cuando estuviera listo qué era aquello que tanto lo había molestado. Mientras Harry va al baño a refrescarse el rostro y lavarse las manos, aprovecho para poner la mesa y servirnos un generoso plato de estofado. Harry reaparece unos segundos después con parte de su flequillo algo mojado y evitando adrede mi mirada. Sin decir nada, toma asiento y se pone a comer en absoluto silencio. La cena transcurre en una alarmante quietud, y para cuando terminamos de lavar todo (incluso nuestros dientes), ya son casi las doce de la noche.
Entro en el dormitorio completamente perdido en mis pensamientos, por lo cual no me percato de que Harry ya se encontraba aquí, y sólo consigo notarlo cuando vuelve a arremeter contra mí para colgarse de mi cuello y besarme como si fuera lo único que necesitara para poder respirar. Le devuelvo el beso con pasión hasta que el oxígeno comienza a escasear en nuestros cuerpos. Harry se aparta de mis labios con desgana, pero continúa aferrado a mi cuello y observándome con esa embelesada mirada que me provocaba agradables escalofríos por todo el cuerpo. Sin embargo, nada se compara con lo que me genera el escucharlo decir las siguientes palabras.
─No tienes idea de cuánto te amo, Draco. ─Harry me observa por unos segundos a través de una mirada entrecerrada por el anhelo, antes de pararse sobre la punta de sus pies y susurrarme algo contra los labios que me dejará absolutamente boquiabierto. ─Hazme el amor. Por favor.
Aclaración dentro del capítulo: Chertan (también llamada θ Leonis o Chort) es una estrella de la constelación Leo.
Notas finales: espero que les haya gustado. Como siempre, les voy a pedir un segundo más de su tiempo para que me dejen sus opiniones en un comentario. Ahora sí, me despido. Nos leemos el próximo fin de semana.
