Capítulo 14.- Sobresaltos.
Natsu no podía creer que Lucy lo estuviera besando, pero una gran alegría se apoderó de él, pues eso significaba que le iba a dar una oportunidad. Se prometió no echarlo a perder, se esforzaría para demostrarle que su amor por ella era sincero.
Mientras sus labios se unían sus corazones se llenaban de una calidez reconfortante.
El beso se terminó cuando el oxígeno comenzó a hacerles falta. Los dos estaban apenados y no sabían cómo actuar, sólo se miraban en silencio.
—Lucy ¿lo que acaba de pasar quiere decir que me estás aceptando? —preguntó él.
—Sí. —respondió ella con una sonrisa.
Ya no podía seguir negando que Natsu despertaba en ella muchos sentimientos, su carácter tan noble y sincero y sus detalles la habían convencido de aceptarlo.
Todavía tenía miedo de salir lastimada, pero se iba a dar la oportunidad de creer en Natsu, de que él le demostrara que en realidad podía hacerla feliz y de que no la haría sufrir.
—Ya es tarde y es peligroso que andes tu solo en la calle, ¿Por qué no te quedas? —preguntó Lucy.
—pero dormirás en el sillón. —se apresuró a aclarar.
—Está bien. —Natsu aceptó con una sonrisa. Y tomados de la mano entraron a la casa de Lucy.
En la madrugada Lucy se despertó porque tenía sed, y al bajar a la sala vio que Natsu estaba destapado, así que se acercó para arroparlo bien.
Se sentó en la orilla del sillón y después de cubrir a Natsu con la cobija, se quedó contemplándolo.
Su semblante se veía tranquilo y feliz. Lucy acarició con cuidado su cabello y luego su rostro.
Las lágrimas comenzaron a recorrer sus mejillas y no sabía porque, quizá porque era tanta la alegría que sentía al estar a su lado que no podía contenerla en su cuerpo.
Llevó una mano a su vientre, mientras la otra la colocaba sobre el pecho de Natsu, que seguía dormido. Deseaba con toda el alma que en verdad lo de Natsu y ella fuera verdadero, para que su hija tuviera la familia que ella no tuvo.
Después Lucy regresó a su cuarto.
Horas más tarde, cuando amaneció, Natsu se despertó y después de despedirse de Lucy salió para su casa a bañarse y cambiarse. Ella comenzó a alistarse para ir a su trabajo.
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Yukino se encontraba preparando el desayuno en la cocina de su casa. Frente a su hijo aparentaba estar feliz, pero en realidad estaba triste, ya que aunque Sting había regresado a la casa, gracias al trato que habían hecho, su esposo se mostraba un poco distante cuando estaban a solas. Compartían el cuarto y la cama, pero él siempre le daba la espalda. Cuando lavaba su ropa se daba cuenta de las marcas de labial en el cuello y del perfume de mujer que se impregnaba en las camisas.
Y Yukino se sentía terriblemente mal ante el hecho de que su esposo siguiera enredándose con Minerva.
Ella terminó de preparar los alimentos y llevó los platos a la mesa. Sting salió de la recámara con una pequeña maleta negra, que colocó en el piso antes de sentarse a la mesa.
—Tengo una conferencia, así que vendré hasta en la noche. —le informó él.
—¿De verdad vas a una conferencia? —preguntó Yukino. —¿O te vas a ver con esa?
Sting se puso de pie enojado.
—Pensé que no interferirías en mi vida. —dijo con disgusto. — se me quitó el hambre.
Sting tomó su maleta y caminó hacia la puerta, salió sintiéndose culpable por mentirle una vez más. Yukino tuvo que contenerse para no pedirle que se quedara, se quedó llorando cuando la puerta se cerró.
Minutos después de que Sting se fuera, Gray bajó a ver a Yukino y le comentó que Rogue quería hablar con ella y le indicó el lugar de la reunión.
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Al medio día Yukino llegó al lugar acordado, una cafetería del centro. Ahí ya la esperaba Rogue, quien al verla llegar se puso de pie y le ofreció una silla para que se sentara.
—Disculpa por haberme ido así la última vez. —se disculpó Yukino apenada.
—No te preocupes. —contestó el chico mientras se sentaba. —Creo que te preguntaras para que quería hablar contigo.
—Sí. —respondió ella tallándose las manos por los nervios.
En ese momento un mesero se acercó para tomar la orden, consistente en dos cafés con leche, luego se marchó.
—Pues lo he estado pensando y he decidido ayudarte con lo de tu esposo. —informó el chico.
—¿En serio? —preguntó con sorpresa. —gracias. —agregó cuando Rogue asintió. Estaba feliz de tener una oportunidad de recuperar a su esposo.
—Y bien ¿Qué quieres hacer? —preguntó el chico de cabello negro.
—No sé. —respondió la chica apenada. —no sé me ocurre nada, la del plan era Juvia.
Rogue se tomó la barbilla con la mano y se adoptó una pose pensativa.
—Ya sé, creo que lo primero que hay que hacer para que tu marido rompa con esa mujer es dejarle ver a ella que tú sigues en la vida de él, así se enojará.
En ese momento el mesero se acercó y dejó los cafés sobre la mesa. Yukino no comprendía muy bien la idea de él.
—¿Qué quieres decir?
—Pues que no los dejes salir alegremente, tienes que hacer que se sientan culpables, al menos un poco.
Yukino no sabía si era buena idea
—¿Están juntos en este momento? —preguntó él.
—No lo sé, creo que sí. —respondió cabizbaja.
—Pues entonces llámalo. —sugirió Rogue.
Ella alzó la vista asustada.
—No creo que sea buena idea. —señaló Yukino.
—Recuerda que debes hacerlos sentir culpables o por lo menos arruinarles el momento. Anda llámalos. —le volvió a pedir el chico.
Yukino sacó su celular y le llamó a su esposo. Tardaron en responder.
—¿Por qué llamas? —le respondió Minerva, sonaba agitada. Yukino sintió una opresión en el pecho, su primer impulso fue colgar, pero Rogue le hizo una señal para que continuara. —Creo que habías aceptado no meterte en la vida de Sting. —agregó ante el silencio de Yukino.
—Pásame a mi esposo, tengo que hablar con él. —pidió Yukino, tratando de no perder la compostura.
—No puede hablar en este momento. —dijo Minerva entre gemidos. —Creo que no es necesario decirte porque.
Yukino colgó enseguida. Sting vio la tristeza y frustración en su rostro y sin decirle nada, la agarró de la mano y la sacó de la cafetería, Yukino se dejó guiar sin resistirse.
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Minerva cerró el celular con una sonrisa en los labios. Ella estaba sentada en la sala de espera de un hotel. Había viajado con Sting a una pequeña ciudad a la afueras de Fiore ya que junto con otros tres médicos fueron comisionados a asistir a un congreso de medicina.
Cuando escuchó timbrar el celular y vio de quien se trataba, su primer pensamiento fue no contestarlo, pero después reflexionó sobre que tenía que dejarle en claro a la esposa de Sting que ya estaba afuera de su vida.
En ese momento llegó Sting que regresaba del baño. Se extrañó de verle su celular en la mano a ella.
—¿Llamó alguien? —preguntó él sentándose a su lado.
—No. —respondió la chica de cabello negro. —sólo quería ver la hora. —le devolvió el celular.
—Te he notado muy pensativa ¿Qué tienes? —le preguntó.
—Por qué no dejas a tu esposa, no creo que sea necesario el año que quiere que esperes. —le sugirió.
—Minerva ella necesita tiempo para acostumbrarse a vivir sola, ya te lo había explicado. —respondió el hombre de cabello rubio. —además mi hijo está muy pequeño y no quiero que sufra.
—Sufrirá igual después de un año. —dijo cruzándose de hombros.
—Pero estará más grande y podrá superarlo más rápido.
Su conversación se dio por terminada pues sus compañeros se acercaron a ellos.
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Rogue había llevado a Yukino al gimnasio de un amigo, en ese momento se encontraba vacío.
—¿Qué hacemos aquí? —preguntó confundida.
—Quiero que te quites el estrés. —comentó él.
La llevó hasta el área de boxeo, donde le indicó que le pegara al saco para desquitar su furia. Al principio ella se sentía avergonzada y golpeaba levemente el saco.
—Imagina que es tu esposo. —dijo él. —¿Qué tienes que decirle?
Con esa indicación pronto los malos recuerdos aparecieron en la mente de la chica.
—¿Por qué me engañaste? —preguntó enojada mientras golpeaba el saco. —¿Por qué en mi casa? —los golpes se hacían cada vez más desesperados, las lágrimas inundaban los ojos de la chica. —
¡Eres un traidor! —ella seguía golpeando el saco, sacando así todos esos sentimientos que llevaba guardados y que no era capaz de expresárselos a su esposo.
Rogue la veía con pena y tristeza, le dolía verla sufrir de ese modo. Por eso haría lo que fuera para que ella dejara de sufrir.
Cuando finalmente Yukino desahogó todo su coraje, frustración y dolor. Se quedó parada frente al saco de boxeo. Se sentía un poco más aliviada, pero se seguía sintiendo vacía, porque por más que gritara, llorara y golpeara al saco de boxeo, eso no le regresaría su felicidad.
—No te preocupes Yukino, te ayudaré para que dejes de sufrir. —le dijo él, sin atreverse a abrazarla por considerarlo un atrevimiento.
Ella asintió y sonrió con tristeza.
Salieron del local mientras él le daba algunas recomendaciones.
—Lo que tienes que hacer ahora es mandarlo a dormir a una habitación separada.
—¿Pero eso no lo alejará más de mí? —preguntó preocupada. Desde que Juvia le contó el plan, tuvo sus reservas, pues aunque quería darle celos, también había la posibilidad de que él pensara mal de ella y prefiriera alejarse.
Rogue se detuvo frente a una máquina de refrescos y metió algunas monedas por la ranura.
—Pues es un arma de doble filo, pero si no arriesgas no ganas. —comentó mientras oprimía los botones del refresco de su elección. Ella asintió, se tendría que arriesgar, pues ya no podía echarse para atrás. —También necesitaremos un GPS para que sepamos donde está. —dijo recogiendo los refrescos que habían caído. Le dio uno a Yukino.
—¿Y eso para qué? —preguntó mientras se acomodaba un mechón tras la oreja, que el aire había despeinado.
—Así lo podremos seguir y nos apareceremos frente a él para que vea que ya estas rehaciendo tu vida. —comentó él mientras abría la lata de refresco.
Yukino lo miró admirada, casi le parecía un detective de esos que salían en las películas. Sin embargo no sabía dónde conseguiría un GPS.
—No te preocupes, yo lo conseguiré, pero tendremos que dejar pasar un par de días para iniciar el plan, para que no se vea tan obvio. —agregó el chico después de darle un sorbo a su bebida de naranja.
—Sí. —respondió ella más animada.
Esa noche tal como Sting se lo indicó, ella le dijo a su esposo que era mejor que durmieran separados. Eso lo extrañó, pero no puso objeción.
Esa noche él reflexionó mucho sobre lo que estaba haciendo, pero no llegó a ninguna conclusión, pues quería a Yukino y no la quería dañar, pero Minerva tenía algo que lo enloquecía y no lo dejaba alejarse de ella.
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La tarde del día siguiente, Lucy se encontraba en el closet eligiendo que ropa ponerse. Sacaba blusas y más blusas y las dejaba sobre una silla, pues no le gustaba ninguna.
Juvia sentada desde otra silla, la miraba con una sonrisa. Sayumi estaba en una esquina probándose varios de los zapatos de su tía, aprovechando que ella y su mamá no le ponían atención.
—Se te ve muy feliz. —subrayó Juvia, viendo como Lucy elegía un vestido de color azul celeste.
—Pues son imaginaciones tuyas. —respondió ella mientras veía como le quedaba el vestido frente al espejo.
—No lo niegues, estás feliz por tu cita con Natsu. —comentó Juvia. Umi se quedó quieta con las zapatillas azules puestas y prestó atención a la conversación.
—¡No es una cita! —respondió nerviosa volteando a verla. —Todavía no me decido a aceptarlo.
—¡Por favor! ¡Lo besaste la otra noche! —exclamó Juvia exasperada por la terquedad de su cuñada.
Umi abrió sus ojos azules y se llevó las manos a la boca para ahogar las risas. ¡Su tía había besado a un chico!, la acusaría con su papá.
Lucy suspiró derrotada.
—¿Ahora que tienes? —preguntó Juvia.
—Estuve pensando en que sigo sin querer casarme. —musitó. —además quizá la familia de él no me acepte.
Era un mar de dudas, el día anterior se la pasó pensando en si hacía o no lo correcto, sus traumas de niña la volvieron a rondar.
—No te hagas ideas antes de tiempo. —señaló Juvia parándose y caminando hacia ella. —Y sólo déjate llevar por el momento, no te precipites con lo del matrimonio. —dijo abrazándola. —Confía en Natsu o al menos confía en el juicio de tu hermano. —la morena la soltó.
Lucy asintió y le sonrió. Trabajaría para alejar los fantasmas del pasado y poder corresponder a Natsu sin ninguna duda.
—Y ya le vas a decir a Natsu que... —Juvia se interrumpió pues se le hizo raro no escuchar a su hija, así que volteó a verla. Umi al sentirse descubierta regresó su vista a los zapatos y siguió jugando con ellos. —ya sabes. —a completó mirando el vientre de su amiga.
—Todavía no. —respondió ella. —primero quiero ver cómo funcionan las cosas, así no tendrá motivos para seguir a mi lado.
Juvia ya no quiso seguir con ese tema, así que optó por preguntar otra cosa.
—¿Y cómo te has sentido?
—Pues algo cansada, pero contenta. —Respondió Lucy con una sonrisa.
—Es que trabajas mucho. —la regañó Juvia. —si no descansas y te relajas tu bebé no nacerá bien.
Lucy le prometió que se cuidaría más, luego Juvia y Umi regresaron a su casa para que ella terminara de alistarse.
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Lucy iba en su carro escuchando música clásica pues había leído en un libro, que Juvia le había regalado, que ella estimulaba la inteligencia de los bebés.
El semáforo marcó el rojo, así que frenó, pero el auto que iba detrás de ella no alcanzó a hacerlo a tiempo y la impactó por detrás.
Aunque no fue un golpe muy fuerte, si logró sacudir a Lucy. Y aunque llevaba puesto el cinturón, el tirón tan brusco hizo que empezara a sentir un dolor en la parte de su estómago y vientre.
Se quitó el cinturón y con dificultad abrió la puerta para salir.
—¡Ah! —exclamó mientras salía, el dolor no la dejó quedarse de pie, por lo que cayó al piso, aunque tuvo la precaución de hacerlo lentamente para no lastimar al bebé.
El señor que la chocó se bajó del auto enseguida y se acercó a ella.
—¿Está bien? —preguntó preocupado, pues al principio no le pareció que el golpe fuera tan duro.
—Lla..me a una ambulancia. —pidió ella agarrándose el vientre. Algunas lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos marrones. —("Mi niña, no quiero perder a mi niña") —pensaba angustiada mientras caía en la inconciencia.
Natsu la estaba esperando en un restaurante sin saber lo que le había ocurrido.
La ambulancia no tardó en llegar al lugar del accidente y enseguida la trasladaron al hospital, donde la canalizaron al área de ginecología al darse cuenta que estaba embarazada. La ginecóloga la revisó y le practicó un ultrasonido, afortunadamente ella y el producto estaba bien, aun así la doctora le aplicó una inyección para prevenir un aborto y le indicó que permaneciera algunas horas internada.
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Juvia llegó al hospital al poco tiempo que Lucy le habló, como Gray había salido con Umi al parque no le contó lo que pasó.
—Lucy ¿Cómo te encuentras? —preguntó apenas y entró, su rostro denotaba genuina preocupación, sobre todo por ver a su cuñada un poco demacrada y con el suero puesto.
—La doctora dijo que estoy bien y que mi niña va creciendo sana. —le respondió con una pequeña sonrisa. Ella estaba acostada en la cama y se sentía un poco cansada.
—Me alegro. —dijo Juvia mientras tomaba asiento al costado de la cama. —Me dolería mucho que le pasara algo al bebé. —dijo estirando su brazo para acariciar el vientre de Lucy.
—¡Ni lo digas! —exclamó Lucy. El celular que estaba sobre el buró, junto a la cama, comenzó a sonar. Juvia lo agarró y se lo dio a su dueña. —Es Natsu. —murmuró al ver la pantalla.
—Debe de estar muy preocupado porque no llegaste a la cita, debe pensar que te pasó algo.
Lucy asintió y respondió la llamada.
—Lucy ¿pasó algo? ¿Dónde estás? —preguntó preocupado Natsu, pues ya llevaba mucho tiempo esperándola.
—No pasa nada. —respondió ella. —No te preocupes, es que la esposa de mi hermano se enfermó y me quedé para ayudarlo. —mintió Lucy. Juvia abrió la boca por la sorpresa y la miró con reproche.
—Es que pensé que te había pasado algo. —confesó el chico, respirando aliviado. —¿puedo hacer algo por tu hermano o su esposa?
—¡Ah!... no. —dijo nerviosa. —ya está todo controlado, pero me temo que no podré verte hoy.
—No hay problema. —comentó Natsu, pues entendía que era importante que ella le brindara apoyo a su hermano. —entonces nos vemos mañana. —se despidió de Lucy.
Ella colgó el teléfono y miró a Juvia que seguía viéndola con reproche.
—¿Por qué le mentiste?
—Porque conociéndolo iba a venir a verme y se podría enterar de mi embarazo. —respondió Lucy sentándose. Juvia enseguida se puso de pie para acomodarle las almohadas en su espalda.
—¡Qué terca! —sólo atinó a decirle.
Lucy le sonrió.
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La casa de la familia Heartfilia Fullbuster estaba silenciosa, limpia y ordenada.
Gray estaba sentado en un sillón de la sala tratando de leer un libro, había regresado cansado de jugar en el parque con su niña, y quería relajarse un rato, pero antes de hacerlo se había asegurado de recoger todos los juguetes que su hija había dejados tirados en la sala y de terminar de lavar los platos de la comida, que inusualmente Juvia no había hecho.
Le sorprendió no encontrar a su esposa en casa, pero no podía comunicarse con ella porque dejó olvidado el celular en su recámara. Pero a juzgar por lo que había dejado a medias, lo más probable era que fuera algo importante.
—¡Papi! —llamó Umi. Él desvió su vista de las páginas del libro hacia su pequeña que llevaba un peine en una mano y una bolsita de ligas en la otra. Eso sólo avecinaba problemas.
—¿Qué pasó? —preguntó, aunque deseo no hacerlo.
—¿Jugamos al salón de belleza? —preguntó la niña con una sonrisa, dejando ver el reciente hoyo en su dentadura.
—Mejor espera a tu mamá. —respondió Gray, creyendo ingenuamente que eso bastaría para que Umi se olvidara de su deseo de jugar.
—Papá, juega conmigo. —más que petición sonaba a orden.
—No puedo en este momento.
Umi colocó sus manos en sus caderas e infló sus cachetes.
—No hagas berrinche. —ordenó su papá. —eso no te servirá.
—¡Papá es malo! —dijo la niña y comenzó a llorar, tallándose los ojos de vez en cuando.
—Está bien, juguemos. —Gray se dio por vencido. No sabía si su hija era muy buena chantajeándolo o él era muy débil.
Como por arte de magia, Umi dejó de llorar y soltó una carcajada. Sin perder tiempo se subió al sillón y comenzó a cepillar el cabello negro de su papá. Ya le había comenzado a hacer una pequeña trenza cuando el timbre sonó. Así que para su buena suerte se paró del sillón y fue a abrir.
Se sorprendió al ver a Natsu llevando una bolsa de plástico negra, pero lo invitó a pasar suponiendo que quería hablarle de Lucy.
—Me enteré que tu esposa está enferma y le traje un té. —comentó Natsu dándole la bolsa negra.
Gray la tomó por inercia, pero su alma se había salido del cuerpo.
Por eso no estaba ella en casa, seguramente se había sentido mal y había ido al médico. Y él leyendo un libro, se sintió miserable.
La preocupación lo atormentó, si le pasaba algo a su esposa él no lo resistiría. Pero como Natsu estaba ahí trató de controlarse.
—¿Cómo sabes? —le preguntó cuándo reaccionó.
—Lucy me lo dijo. —respondió Natsu. Para él no pasó desapercibida la preocupación que Gray reflejaba, pero le pareció raro.
Entonces Gray sacó su celular y le marcó a su hermana, ella debía estar acompañando a su esposa.
—¿Dónde estás? —preguntó en cuanto su hermana contesto.
—En el hospital. —respondió Lucy.
—¿Juvia está bien? —preguntó angustiado.
—Sí, ella me está cuidando. —respondió con extrañeza.
—¿Eres tú la que está internada? —preguntó Gray. Natsu entonces le prestó atención y lo miró confundido. —Natsu me dijo que Juvia estaba enferma.
—¿Él está contigo? —preguntó alarmada, pues la descubriría.
Ante la afirmación de Gray, Lucy le pidió que no le dijera nada más y que lo echara de la casa. Rápidamente le dijo a su hermano porque estaba ahí y que estaba bien, que Juvia se quedaría con ella hasta que la dieran de alta.
Gray tranquilizó a Natsu diciéndole que Lucy estaba bien, que sólo había sido una torcedura de pie, pero tardarían en darla de alta.
Natsu se despidió y fue a comprar algunas hierbas para hacerle un té a Lucy, para ayudarla con el dolor. También le compró algo de cenar.
Después de comprar todo lo que necesitaba, Natsu se fue a la privada en donde vivía Lucy y la espero sentado en una banca del patio.
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Ya era de noche cuando Juvia llegó al edificio donde vivía, Lucy había insistido en caminar sola de ahí hasta su casa, pues quería pensar un poco.
Cuando Juvia entró a su casa, Gray la estaba esperando parado frente a la puerta, apenas y ella cerró la puerta, recibió un fuerte abrazo de su esposo.
—Por un momento pensé lo peor. —le comentó mientras la rodeaba con sus brazos.
—Lo siento, fue lo que se le ocurrió a tu hermana para no delatarse con Natsu. —respondió correspondiendo el abrazo.
No le gustaba preocupar a su esposo, pero tenía que admitir que se sentía bien el saber que él se preocupaba con ella, y una muestra de amor nunca estaba de más.
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Lucy entró a la privada y se sorprendió de ver a Natsu sentado en una banca, y cuando se acercó a él, se dio cuenta que estaba dormido, recargado en el respaldo. Se sentó a su lado.
—Natsu. —lo llamó. Él abrió los ojos. —¿Qué haces aquí?
—Quería ver como estabas. —respondió él. —Te traje algo de comer y unas hierbas para el dolor—le dijo enseñándole las bolsas que llevaba consigo.
Lucy sonrió de forma sincera, era la primera vez que un hombre, además de su hermano, tenía ese tipo de atenciones con ella.
—Entremos. —invitó ella poniéndose de pie.
—¿Pero cómo puedes caminar teniendo el pie lastimado? —cuestionó el chico entre enojado y preocupado.
—Juvia me trajo hasta la entrada. —comentó ella.
—No importa. —dijo Natsu dándole la espalda y agachándose. —sube. —le indicó.
—¿Eh?
—Sube, te llevaré hasta tu cuarto, no quiero que te lastimes más.
—¿Estás seguro? —preguntó desconcertada.
—Sí, sube rápido. —ordenó el chico.
Lucy subió a su espalda y se abrazó de él. Le gustaba esa sensación reconfortante.
—("Desearía estar así por siempre") —pensó ella.
—Me gustaría llevarte así siempre. —señaló el chico mientras se ponía de pie.
Y Lucy de nuevo sintió su corazón acelerado. Y mientras Natsu la llevaba hasta su cuarto, los dos se sentían en las nubes.
Con cuidado Natsu depositó a Lucy sobre la cama, y por azares del destino movieron la muñeca bebé que estaba sobre la cama, haciendo que la mamila se le saliera de la boca y comenzara a llorar.
Natsu miró con sorpresa a Lucy y ella lo vio asustada.
Espero que el capítulo les guste y pues ya vemos como Lucy ahí poco a poco cayendo jejejee TuT Natsu es divino y muy lindo kyaaa a mi me encanta toda esta parte hasta que llega la tragedia :''v ToT no se confíen que esto esta lejos de terminar.
Kaede os quiere que nos veamos en otros capítulos OwO
