Hola ¿como estan? espero que bien, yo estoy contentisima la verdad es que no esperaba r/r tan pronto, porque como nadie me conoce no crei que le dieran tan buena acogida y pues estoy segura que poder actualizar diaramente o en algunos casos cada dos días, tenga muchas ideas para este fic asi que no se preocupen.
Ahora respondere algunos r/r:
Azrasel: gracias, a mi me encanta de que te agrade, la verdad siempre trato de dar lo mejor de mí a la hora de redactar y escribir, yo tambien lei esa historia y fue lo que me inspiro para escribir está aparte de que me sorprendi que tenemos el mismo punto de vista en cuanto a la carrera de Helga, aparte de que me quede con la piquiña de como iba a terminar, espero que este capi te gustó.
Teddyetere: a mi tambien me gusto la idea, y tranquila que actualizare diarimanente y si no puede cada dos días MÁXIMO!! xD espero que te guste esté capítulo.
Pohla: no desaparecia, sino que como soy nueva en fanfiction y si a eso le sumamos que mi ingles no es muy bueno que digamos me enrede toda pero esté si es el segundo y espero que te guste
Gracias a todos por el apoyo y leer, se acepta de todo en el lindo botoncito verde.
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La Reacción de Bob y cuatro años después
Pasaron dos meses desde la llegada de Caroline a la vida de Helga, quién tuvo que inventar que había salido embarazada y lo había ocultado, le dijo al pediatra de la bebé que la había tenido en casa y recién había podido salir con ella porque tenía miedo de que la niña se enfermase. Phoebe le sirvió de mucha ayuda ese día ya que, la ayudo a comprar todo lo que la nena necesitaba. No había sido para nada fácil acostumbrarse a su nueva etapa de mamá, estaba agotada, su vida se dividía en la universidad en la mañana, el trabajo en la tarde y dedicarse a su hogar y a su hija en la noche mientra estudiaba sus lecciones; lo bueno fue que su vecina la Señora Campbell fue dueña de una guardería cuando era joven y tenía experiencias cuidando niños se ofreció a cuidar a la bebita, con un pago muy favorable para las dos.
Era sábado y Helga estaba lavando la ropa de ella y Caroline mientras la vigilaba desde el lavadero (que quedaba junto a la cocina) como el bebé se quedaba quieta en su silla cochecito jugando con un móvil, cuando sonó el intercomunicador que avisaba cuando había visita para ella.
-¿Alo?-descolgó el aparato después de secarse las manos.
-¡Olga abre la puerta tenemos aquí cinco minutos!-la voz de él Rey de los Localizadores se escuchó del otro lado, mientras Helga se ponía pálida, nunca había pensado en el momento de presentarle a su hija a sus padres.
-Hola Bob te voy a lanzar la llave por la ventana- dicho esto tomó las llaves del recipiente donde las tenia y se asomo a la ventana, efectivamente su familia completa (incluyendo a Olga) estaba abajo-¡Bob!-grito, llamando su atención mientras la llave se precipitaba al suelo, vio como pescó el objeto y empezaba abrir, recogió un poco los libros que estaban en la mesa y detuvo la lavadora mientras pensaba en que les diría, obviamente afirmaría que la niña es suya. En ese preciso momento notó como las manijas de la puerta se abrían y allí estaban: Bob un poco más gordo y canoso de la última vez que lo vio, Miriam con sus lentes grueso y algunas canas resaltando de su rubio cabello y Olga siempre tan linda y perfecta, no había cambiado nada.
-¡Hermanita bebé! ¡Te he extrañado tanto!-exclamó mientras le daba una abrazo, pero Helga estaba más pendiente de la reacción de Bob y Miriam que ya habían notado el cochecito y tenían su vista fija en él; inmediatamente Helga se dirigió hasta allí y vio a la niña profundamente dormida, le quitó el cinturón, la tomó en brazos y la llevo hasta la segunda habitación que era la que ocupaba la niña, la acostó en la cuna, sabía que dormiría por lo menos una hora, ya que ese era su momento del día para dormir, algo que le daría tiempo suficiente para hablar con ellos, los vio repartidos entre el sofá y un mueble individual al lado haciendo juego, se sentó al frente los separaba una mesita de blanca de hierro forjado y vidrio completando el juego. Bob estaba totalmente rojo y las mujeres tensas y sorprendidas, él fue el primero en hablar.
-¡¿Se puede saber que significa esto?!-le exigió mostrándole los papeles de registro de la niña, que horas atrás Helga había revisado, ya que al parecer pusieron la fecha de su nacimiento mala. Helga haciendo acopio de valor, le respondió de manera tranquila.
-Es el registro de mi hija-esa repuesta solo hizo que Bob se enfadara más.
-¡¿Cómo que tú hija!?-gritó exasperado mientras se levantaba del sofá-¡¿Cuándo saliste embarazada?! ¡¿Quién demonios es él Padre?!
-En agosto y ese nombre no importa.
-¡¿Acaso no lo sabes?!
-Claro que lo sé Bob, no soy una cualquiera-dijo mientras apretaba los puños y se levantaba del sofá.
-¡¿Entonces quién es?! ¡¿Por qué nunca nos dijiste que estabas embarazada?!
-Lo único que te voy a decir fue que me abandono cuando se enteró que la estaba esperando y tenemos casi un año que no nos vemos, acuérdense que cuando fui a casa para navidad ustedes estaban en Francia y no me habían dicho nada-le espetó con resentimiento.
-Siempre supe que esto pasaría contigo, desde que tenías cinco años lo supe- esas palabras calaron en lo más profundo de su corazón-Ja, siempre lo supe, no pudo haber sido que la vida me diera a otra hija como Olga, eso no se repite. Yo no quería más hijos y cuando Miriam salió embarazada pensé que iba a ser varón, cuando nos dijeron que sería niña pensé en la posibilidad de que fueras idéntica a Olga, pero me lleve una decepción muy grande, desde pequeña ya eras un problema, siempre arruinando mis planes, siempre dejando en ridículo a la familia-lo dijo en una voz tan fría que Helga realmente se entristeció, lo peor fue que ni Miriam ni Olga dijeron nada, solo le evadían la mirada-no mereces ser una Pataki-termino indicándole a su esposa e hija que ya se iban.
-Yo tampoco quería ser una-dijo mientras lo miraba a los ojos tratando de ver algo, se arrepintió lo único que había hay era odio.
-Ja, sin el apellido no serías nada, ya que eres lo sifucientemente mayor como para andar engendrando bastardos, también lo eres para independizarte, ya no recibirás mi ayuda económica y no te quito el apartamento porque ya está a tú nombre, nunca debí de firmar los papeles de propiedad-le espetó-te mandare la enmacipación por correo, y olvídate que tienes familia…por cierto solo vinimos a decirte que nos vamos definitivamente a Francia, te veníamos a buscar a petición de Olga, ya vendimos la casa, no nos volverás a ver.
-No llames a mi hija así y eso espero-fue con lo que se despidió mientras ellos salían del apartamento, de pronto escuchó el ruido de la ventana quebrarse y vio la llave tirada en el piso junto con restos de vidrios, en ese mismo momento si hija empezó a llorar, se levantó mientras limpiaba unas lágrimas rebeldes y fue a atenderla. Esa noche cuando doblaba la ropa, lágrimas caían en la mesa, mientras pensaba en como sería su vida sí no hubiera tenido la familia que le toco, lloraba de rabia, amargura y dolor, purificando su alma para que así, en la mañana cuando su hija despierte saludarla con una sonrisa y olvidándose de todo lo pasado con su mal llamada familia.
Cuatro años después…
-Mamá- dijo una vocecita dulce proveniente de una niña de cuatro años, con unos ojos azules claro preciosos sentada en el sillón de su casa, viendo como la mujer rubia sacaba empacaba las cosas que faltaban.
-Dime.
-¿Estás segura que nos va a ir bien en el lugar donde naciste?-preguntó mirando con insistencia, Helga suspiró, era ola cuarta vez en la mañana que su hija le preguntaba eso, se arrodillo al frente del sillón y acomodándole un mechón castaño claro le respondió:
-Claro que sí mi amor, hay la gente es muy buena y amigable, aparte acuérdate que ahí conseguí un trabajo mejor en el periódico regional, y veras que seremos muy felices.
-Sí tu lo dices mami, pero ¿y si no le caigo bien a los niños en el jardín de infancia?- Helga le sonrío sabía que por ahí venía ese tema.
-Claro que les caerás bien, solo tienes que ser tú misma y…-se vio interrumpida por el claxon de un camión-ven ya llegaron las personas del la mudanza, ven- le dijo ofreciéndole su mano, la niña afirmo aun más fuerte su muñeca y se colgó de su mamá.
Cuando bajaron Helga les dio las indicaciones para bajar lo más pesado como el juego de comedor, la cocina, nevera y las camas. Cuando estuvo segura que no se le había quedado nada, subió a su hija en la minivan negra, la cual había adquirido al primer año de haber empezado a trabajar de reportera en el periódico de su comunidad.
Al llevar solamente media hora de camino, al mirar por el retrovisor y cerciorarse que su hija iba bien vio que se había quedado dormida, sonrío y con una sensación de vértigo en el estomago rogó porque hubiera tomado una decisión correcta al mudarse. Ella no le había dicho a su hija que la habían despedido porque hubo un recorte de personal y a eso se debía ese cambio de planes. Lo bueno fue que el periódico regional de Hillwood City tenía una vacante y al mandar su curriculum la aceptaron de inmediato y con un sueldo mucho mayor que en su antiguo trabajo.
