¡Nada me pertenece los personajes son propiedad de Stephanie Meyer.
La historia está preservada bajo derechos autor!
CINCUENTA
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Ivanna.
Dos semanas después.
Miro al público una última vez, siento la misma emoción cada vez que finalizamos la obra, mi corazón late al mismo compás de los aplausos y, aunque mi mirada se pierde en el público, siempre termina en el mismo lugar, donde él está, aplaudiendo como si no hubiese visto la obra por quinta vez.
No ha salido de mi apartamento desde que nos volvimos a encontrar, solo va a su casa a cambiarse de ropa, estuve tentada a pedirle que trajera una pequeña maleta consigo, pero no lo hice. Hicimos el amor en cada rincón del lugar, me dijo te amo cada vez y, aunque siento lo mismo, esta vez soy yo quien no puede decirlo. No he hecho muchos amigos en Rusia, además de Apolo, y en estos momentos resiento no haberlo hecho, alguna vez había leído sobre la metatesiofobia, que no era más que el miedo al cambio y mi vida estaba cambiando a pasos agigantados.
El telón cae frente a nosotros, aún puedo escuchar los aplausos, todo el equipo se abraza felicitándose, la fiesta de hoy también será en Fetiches, pero no iré, estas dos últimas semanas han sido un sueño, hemos eliminado el pasado y el tiempo, y simplemente hemos sido nosotros. Edward ha estado llevándome a citas cuando puede convencerme de salir del departamento
Vimos una película en una pequeña matinée en Hudson River Park.
Cenas en restaurantes románticos, escapadas al cine que incluían un poco de toqueteo en medio de la película. Paseos con Apolo en Central Park, incluso me llevó a mi antiguo hogar, no entré, ni siquiera me bajé de coche, pero vi a Alice desde la puerta de su nuevo hogar con el pequeño Cole en sus brazos y no pude evitar emocionarme por ver sana y salva a la mujer que casi dio su vida por mí, también porque ahora, mi antigua casa se había convertido en un hogar para otra familia.
Conocí a Jaime y su novia Annie, quien es amiga de mi vecina Brithanny.
No hemos hablado con Carlisle, pero sé que Edward está esperando hacerlo, en el fondo de mi alma también siento rencor por lo que nos hizo pasar.
Pero la vida es muy corta y cambiante como para manchar el corazón con situaciones que no podremos revertir.
Los bailarines se dispersan y lo veo con un ramo de rosas, esta vez son rojas, está de pie a un costado del escenario, él luce tan bien, tan sexi, los años solo lo han vuelto más guapo, hoy tiene un traje gris y mientras camino hacia él pienso en unas cien maneras de quitarle ese traje una vez estemos en casa.
Casa…
Niego con la cabeza, esta ha sido la última función, Ludmila, y sobre todo Sergei, nos dieron dos días libres antes de viajar a Alemania.
—Bien hecho, chica sexy —dice Danila dándome un gran abrazo—. ¿Nos vemos en Fetiches? —asiento para no tener que darle explicaciones y camino hacia mi camerino.
Tan pronto como abro la puerta lo veo sentado en el sofá, abre los brazos hacia mí y me refugio en ellos, aún creo que sigo soñando con él. Sus labios se unen con los míos en un beso suave, tienen un toque de güisqui y miel.
Él termina el beso cuando se torna más posesivo.
—Tienes quince minutos —murmura tocando mi rostro.
Afirmo y me levanto para ir a la ducha.
No me ha dicho dónde me llevará, pero me pidió que alistara una muda de ropa y tuviese mis documentos personales conmigo.
Estuve lista para cuando pasaron los quince minutos, él ha salido del camerino y ahora habla por teléfono en el pasillo.
—Lo sé —dice llevando sus dedos al puente de su nariz—. No puedo asegurarte nada —masculla furioso—, lo intentaré, es lo único que puedo prometerte. Bien, te quiero.
—Estás lista —dice al verme, me he puesto un jean azul con mis botas oscuras y una sencilla camisa blanca.
—Sí solo falta mi chaqueta. —Entro al camerino y la tomo, él estira su mano hacia mí y unimos nuestros dedos antes de que él lleve mi mano a su propia chaqueta larga.
Conduce en silencio por algunos minutos, sé que algo le molesta, pero el silencio se nos da bien y ninguno de los dos lo interrumpe a no ser que sea completamente necesario. Cuando desvía para ingresar al JFK me alerto.
—Edward.
—Tranquila, es un viaje rápido y estaremos de vuelta antes de tu vuelo a Alemania.
—¿Dónde está Apolo? No puedo dejarlo solo tanto tiempo.
—Está con Jaime, no te preocupes por él.
—No me preocupo por Apolo, me preocupo por Jaime. ¿Y si lo agrede?
—Jaime sabe cómo tratar a perros entrenados, no te preocupes —aparca el auto y saca una maleta de mano que estaba en el asiento de atrás.
—¿Dónde vamos?
—Vamos a cerrar un ciclo, Bella, y créeme, no puedo hacerlo sin ti. —Me da un beso rápido y toma mi mano antes de caminar hacia el interior del aeropuerto.
El viaje a Seattle fue rápido, me hubiese gustado decir que estaba sorprendida por nuestro destino, pero no, sé que él necesita esto, necesita explicaciones.
Edward detiene el coche rentado frente al Olimpo y me ayuda a salir del carro.
Entramos al lugar que está abierto al público, algunas bailarinas en el escenario y otras sirven mesas, él me conduce hacia unas escaleras y reconozco el viejo pasillo que conduce a la oficina de Esme.
Toca dos veces antes de empujar.
ELa mujer luce casi igual a la última vez que estuve aquí, está detrás del escritorio, me alegra verla, pero no es por ella por quien estamos aquí.
Carlisle permanece de pie recostado en el vidrio lateral que da una vista perfecta de todo el club. Mi mano aprieta la de Edward cuando el cuerpo de él se tensa al verlo.
—Hijo. —Edward suelta mi mano y camina hacia Esme.
—Es bueno verla, señorita Daniels, creo que usted sabe el peligro que está corriendo aquí.
—No le hables —sentencia Edward con dureza—. No la mires, no le infundas terror, ya has hecho bastante mal, Carlisle.
Él niega con la cabeza.
—Sabes tan bien como yo que tenerla en la ciudad es un peligro.
—Nadie sabe que estamos aquí.
—Solo mi esposa por lo que veo.
«No tenía idea de que Esme y Carlisle se habían casado».
—Siéntate, Carlisle —masculla Edward—. Nos debes muchas explicaciones, nos hiciste mucho daño y…
—¡Los mantenía vivos! —grita él interrumpiendo a Edward—. Los mantenía vivos a ti y a la mujer que sabía todo sobre la muerte de mi hija, la mujer que tomaste como tuya cuando el cuerpo de mi hija aún estaba tibio.
—Entonces de eso se trataba todo esto, fue una venganza joder mi vida y la de Isabella…Tu hija me engañó y tú lo sabes. Así que no intentes justificarte en una excusa patética —camino hacia Edward y abrazo su costado mientras Esme toma la mano de Carlisle— Ya veo. —murmura con enojo. —Entonces estás de su lado —dice Edward observando a Esme.
—No estoy de ningún lado, pero la testosterona en la habitación es alta y prefiero evitar un conflicto —contesta Esme, altiva—. Carlisle me ha explicado cómo se dieron las cosas, creo que necesitan sentarse y conversar como dos hombres adultos y no como el niño que viene a reclamar por quien se comió el tarro de galletas.
—¿En serio estás comparando cuatro años de sufrimiento con un tarro de galletas? —sentencio—. Las veces que lloré, las que sufrí cuando intenté quitarme la vida —la cabeza de Edward gira con rapidez—. Carlisle nos hizo daño y bien, estoy de acuerdo con que pelear como dos energúmenos no nos devolverá los cuatro años, pero necesitamos saber por qué lo hizo —miro a Carlisle—. ¿Por qué me mintió en mi propia cara?
Carlisle suelta el agarre de Esme y camina hacia la silla detrás del escritorio dejándose caer en ella.
—Tú no te irías si te enterabas de que Edward estaba debatiéndose entre la vida y la muerte y los Marshals necesitaban que salieras del país antes que la organización para la que James trabajaba te encontrara.
—¿Cómo sabías lo nuestro? —preguntó Edward.
—Tenía acceso al sistema de cámaras de vigilancia, Edward —tira para ir hacia él, pero lo detengo—. Era tu vida la que estaba en juego, Isabella , hice lo que tenía que hacer.
—Bien, eso explica por qué le mentiste a mi novia —mi corazón retumba con fuerza—. ¿Por qué nunca me dijiste dónde estaba? —Carlisle descorcha una botella y rellena una copa antes de contestar.
—No sabía dónde estaba Isabella.
—Pero tú…
—No lo sabía cuándo preguntaste, Edward, cuando ella salió del hospital los Marshals se la llevaron a una casa de seguridad a las afueras de Seattle, fui en una ocasión, cuando le confirmé que habías muerto. —Aún puedo recordar ese día, todos los gritos, el llanto y sobre todo el dolor, tenía la esperanza que lo que Emmett me había dicho esa mañana en el hospital fuese falso—. Pero una vez la sacaron del país no supe de ella hasta seis meses después que escuché una conversación y me ofrecí a ser su oficial a cargo. Lewis lo hizo como un favor por la muerte de Victoria.
—¡¿Por qué no me lo dijiste?! ¿Por qué no me contaste tan pronto lo supiste?
—Tú ya no eras policía, eras un civil que pensaba irse a Nueva York, yo no tenía por qué decírtelo, Edward, porque al hacerlo estaba quebrantando una de las reglas más importantes del programa. Revelar la identidad y ubicación de la persona protegida. Así que puedes pensar lo que quieras, pero lo hice por protegerlos, a ambos, aunque a ustedes les haya parecido mezquino… si la historia se repitiera, lo volvería a hacer.
—No, no nos protegías, te protegiste tú, protegiste la memoria de tu hija, no vengas a esconder tu egoísmo, poder y egocentrismo bajo una máscara de buena humildad, lo que hiciste tú, Carlisle fue adrede, nos separaste porque no soportaste la idea de que entendí que tu hija solo me había utilizado a su conveniencia y en tus egoístas intenciones nos tuviste separados durante cuatro años —masculla Edward con dolor.
—Encontré la manera de reunirlos de nuevo, Edward, pude no haberlo hecho antes, pero lo hice ahora. Este hijo de puta la trajo a tus brazos de nuevo, así que puedes odiarme todo lo que desees, pero hice las cosas conforme a la ley.
—No quiero volver a verte en mi vida —resuelve Edward y luego alza la mirada y observa a Esme—. No intentes que esto cambie porque te amo, Esme, pero a él lo quiero lejos de mí y sobre todo lejos de ella —sentencia.
Tira de mí y salimos de la oficina, bajamos las escaleras con premura y salimos del Olimpo.
Todo su cuerpo grita ira, suelta mi mano y camina de un lado a otro, subo la capucha de mi chaqueta un poco atemorizada por las palabras de Carlisle. Las manos de Edward están hechas puños cuando lo tomo de la muñeca y lo enfrento a mí.
—Debí darle su merecido —farfulla con desdén—. Debí…
—¡No! —Él abre los ojos mirándome—. Solo tengo dos días más en América y no voy a permitir que los pases en una celda, Carlisle tiene razón en algo, yo no iba a irme si estabas luchando por tu vida, yo me fui porque ya no estabas.
—Incluso eso no le daba derecho para decidir por los dos.
—Lo sé, así como sé que no es buena idea que esté aquí en Seattle.
Eso pareció tranquilizarlo.
—Lo siento, sube al auto. —Hago lo que me pide y espero a que él entre antes de tomar sus manos entre las mías.
—No podemos eliminar lo que nos sucedió, Edward y sabes que tengo poco tiempo, por favor disfrutemos de lo que nos queda —beso sus labios y me acomodo en mi lugar, colocándome el cinturón en lo que él enciende el coche. Me siento terriblemente cansada, es tarde y estoy agotada, así que me quedo dormida mientras él conduce.
Despierto un par de horas después, adolorida por la incómoda posición en la que había quedado, noto rápidamente que aún estamos en carretera y que empieza a amanecer
—¿Qué horas son? ¿Dónde estamos? —pregunto a Edward, él sonríe.
—Son las tres y cuarenta y cinco.
—¿A dónde vamos?
—Quiero que veas algo, ¿te gustaría que nos detuviéramos en un lugar para comer? Ya estamos llegando a nuestro lugar de destino.
Niego con la cabeza.
Él conduce por un par de horas más hasta llegar a Olympia y detiene el auto frente a una hermosa cabaña rodeada de árboles.
—No es nuestra cabaña —dice colocándose a mi espalda, rodea mi cintura con sus brazos apretándome a su cuerpo—, pero quería que estuviéramos solos, tú y yo en un lugar similar donde comenzó todo.
Trago el nudo en la garganta y observó la pintoresca cabaña, está apartada de la carretera, en medio de un claro que la rodea de la escasa luz solar y de árboles frondosos que aún son verdes.
No hay nada más, nadie más, el suave viento golpea mis mejillas y cierro los ojos recostándome en su pecho.
—Gracias por traerme aquí… —me giro entre sus brazos hasta que quedamos frente a frente y se inclina para besarme, cruzo mis brazos en su cuello regresándole el beso a la misma velocidad que él lo lleva, disfrutando de sus labios húmedos contra los míos, de su lengua avariciosa pidiendo entrar a mi boca, cada beso que le doy es como encender una pequeña hoguera en mi interior, era como si no pudiera tener suficiente de él,
—Te amo —susurra separándose y apretando mis caderas, me alejo de él caminando hacia la cabaña. Sin responderle, aunque quiero hacerlo, el tiempo se nos agota como agua entre los dedos, no puedo quedarme en Estados Unidos. — solo quiero ser feliz, contigo.
—Tengo que tomar un avión a Alemania en dos días —le digo sin mirarlo—. Yo no puedo quedarme aquí, Edward —me giro para verlo postrado en una rodilla en su mano derecha sostiene una cajita de terciopelo negro en donde reposa un anillo.—. Edward…
—Sé que no puedes estar aquí, pero no hay más nadie en el mundo con quien yo quisiera estar, si me lo permites voy a seguirte donde quiera que vayas, no importa mi vida si tú no estás en ella, estoy cansado de estar solo, cansado del dolor, de no ser amado y aunque no lo has dicho, sé que me amas, Isabella, porque lo veo reflejado en tus caricias, en tu mirada y tus acciones. así que nada me daría más honor que convertirme en tu esposo, que me aceptes con mis virtudes que son pocas y mis defectos que son muchos, si dices que sí, prometo eliminar de nuestras vidas los años que estuvimos separados, y hacerte inmensamente feliz por cada lágrima que derramaste mientras pensabas que estaba muerto, tú lo eres todo para mí. Isabella Swan, Isobel Daniels ¿quieres ser mi esposa?
No puedo moverme, no puedo respirar, tengo un nudo en la garganta que no me deja hablar, él me observa con anhelo, con amor, negando con mi cabeza corro hacia él, caemos al camino de tierra lo beso con todo el amor que siento por él.
—Te amo, te amo, te amo —le digo repartiendo besos por todo su rostro —. Sí quiero.
Y eso es todo, quiero a este hombre con la misma intensidad que él me ama, hemos pasado por mucho, estábamos cubiertos entre las sombras, pero ahora nos convertimos en luz.
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Espero les haya gustado nos vemos pronto con el epilogo.
