N/A: Uish! Aca el cuarto capi X3 No tengo mucho que decir, asi que... Enjoy! XD
Capítulo 4: Fuego
-Yo soy…- los sensuales labios se movieron seductoramente, hipnotizando sus sentidos-… un vampiro.
Y en la cabeza de Lee esta palabra se repitió una y otra vez.
Un vampiro. Un vampiro. Un vampiro. ¿Un vampiro?
¿Podía ser eso posible? Lee quiso reír ante tal declaración pero una parte de él, mucho más racional, parecía aceptar tan increíble realidad. Pero aún así resultaba... impactante. ¡No! ¡No podía creerlo! Sin embargo ahí estaban esos ojos que lo miraban, lo estudiaban, que parecían observar directamente a su alma. Esos ojos, eran hermosos, fríos y duros pero hermosos. Su mirar denotaba antigüedad, dolor por guerras pasadas y soledad, muchísima soledad.
Lee comprendió de pronto que no podría reírse aún si quisiera.
Demasiada verdad para ser soportada.
¿Pero por qué le decía eso, justamente a él?
-Porque te amo...-respondió Gaara leyendo sus pensamientos.
El joven mortal ahogó una exclamación. ¡Amor! ¡Un vampiro decía amarlo! No supo entonces si sentirse feliz o desdichado. Por un lado dolían sus recuerdos, pero esa piel pálida le llamaba, y esos brazos delgados pero fuertes lo sostenían, lo acunaban, ¡y era tan hermoso!
Lee nunca había visto tanta belleza junta en un solo ser. A él no le habían atraído antes los hombres, pero este jovencito era simpemente irresistible. Era una belleza que iba mucho más allá de lo físico. Era una atracción inevitable y abrumadora que cautivaba su ser por completo, que lo atraía como el canto de la sirena a los navegantes.
"¿Por qué...? ¿Por qué eres tan hermoso?", pensó Lee sintiendo su corazón encogerse.
El pelirrojo mostró una débil y triste sonrisa.
Los ojos mortales dolieron. ¡Porque contemplar esa belleza etérea dolía! ¡Hería en lo más profundo de su ser! Porque aceptar que el otro era un ser inmortal era aceptar definitivamente el horror, el holocausto de su pensamiento, de sus creencias, de su mundo, su vida entera. Y sintió miedo, sí. El miedo siempre estaba presente, porque las manos blancas y frías también parecían garras, y los labios rojos que todo lo succionaban también querían succionarlo a él.
-¿Tienes miedo?- preguntó con voz inmortal, eterna e imperecedera.
Lee, aturdido, no supo si negar o asentir.
-Tengo miedo de ti...- susurró al tiempo que su azabache mirada se perdía en las cristalinas aunque turbias orbes del vampiro- tengo miedo de entender lo que eres... Y temo por mí, porque mi corazón presiente el peligro pero quiere entregarse a él.
Gaara sintió su cabeza expandirse al escuchar estas palabras. Tanta confusión, tanta contradicción, tantos deseos. ¿Había pasado alguna vez él por toda aquella batalla interna? No, él nunca había padecido aquello. Cuando conociera a aquel vampiro que le brindara la inmortalidad, él ya estaba preparado para morir, para dejarlo todo atrás y comenzar una nueva vida, claro, si es que a aquella existencia se le podía llamar así.
Él nunca había tenido que lidiar con cruentos enfrentamientos que azotaran su realidad. Porque él le había quitado todo, pero le había entregado un mundo aún mucho más rico, un horizonte mucho más amplio y un corazón mucho más reducido.
No... no quería pensar en él...
Ahora únicamente tenía pensamientos para Lee, para su precioso niño mortal que ahora yacía, desesperanzado, sobre el mullido colchón.
-¿Qué es lo que quieres de mí?- preguntó el humano con cierto temor.
Sí, era esa la pregunta prohibida. ¿Qué quería el cruel chupador de sangre del hermoso joven mortal? Todo. Lo quería absoltamente todo. Quería arrasar con su fuerza y su debilidad, quería hacerse dueño de su vida, de su cuerpo, hasta del más ínfimo e inocente de sus pensamientos. ¡Lo quería a él! Quería ese muñeco que se movía con tanta gracia, que saludaba tan amigablemente al caminar, que jugaba con sus manos cuando se sentía nervioso y se sonrojaba con tanta facilidad. Quería apropiarse del hermoso cuerpo de formas perfectas, de los labios incitantes que invitaban al pecado, de las hebras brillantes que danzaban al compás del viento, de las caricias que pudiese siquiera regalar o imprimir en cada acción. Pero lo que más anhelaba era el corazón.
Su corazón.
Esa preciada joya de valor incalculable.
Ese corazón.
-Te quiero a ti- respondió Gaara con su rostro estoico y sin emociones.
Lee se mordió los labios.
Su cabeza se mareó entonces y un terrible vértigo le hizo acostarse nuevamente en la cama. La mirada impasible de Gaara aún permanecía sobre él. ¿Qué estaba pasando? Sus ojos se cerraron pesadamente, como si una mano de hierro se posara sobre sus párpados. Fue perdiendo poco a poco la consciencia, sumiéndose en un sueño profundo. Pero aún desde el fondo de su mente pudo sentir esa extraña suavidad sobre sus ojos.
-Quiero que seas mío- susurró Gaara besando los párpados cerrados-, pero cuando tú así lo desees...
XxXxX
Naruto entrecerró sus hermosos ojos azules y contempló con desgana a la provocativa chica que le sonreía descaradamente. Era hermosa, no lo iba a negar. Tenía un cabello negro y largo, unos ojos verdes bellísimos y una figura que cualquier otra mujer envidiaría. El rubio inmortal también le miró con deseo.
Ese cabello negro... era muy parecido al de Sasuke. Claro, el cabello de Sasuke seguramente era más sedoso. Esa chica, por más hermosa que fuera, no podía competir contra su amado mortal.
Se acercó entonces a ella. Los ojos verdes detallaron la figura que se acercaba con paso galante y mantenía una sonrisa en el rostro. Naruto hizo una reverencia a la antigua, sus rubios cabellos danzando a mitad de la noche, sus pasos como si volaran, transportándole como si se tratara de un dios. Ella ahogó una exclamación al sentir los fríos dedos cubrir sus ojos. Los labios inmortales se sentían como puñales contra la cálida piel de su cuello.
Sonrió.
Envolvió con sus delgados brazos las finas ropas de seda negra y Naruto hundió en su cuello sus afilados colmillos. Y allí había... ni un susurro. El único sonido era esa diminuta succión en su cuello, los labios apresando la tibia carne y la sangre pasando de un contenedor a otro. Sí, para Naruto los humanos eran simples contenedores de deliciosa sangre. Contenedores de hermosos cuerpos y sensuales gemidos, pero seres sin importancia, al fin y al cabo.
Se preguntó entonces, ¿dónde había quedado su humanidad? Según recordaba él jamás habría podido lastimar a alguien, jamás podría odiar a alguien con tanta facilidad. ¿Matar? Eso habría resultado impensable. Y sin embargo allí estaba, bebiendo cada noche, asesinando de la peor maneda, sin discriminación alguna. Niños, jóvenes, ancianos, hombres y mujeres. Asesinos, inocentes, saludables y enfermos. Nadie podía saciar su sed.
¿Cuándo se había convertido en alguien tan reprochable, tan malvado, tan perverso?
Suspiró dejando caer el cuerpo sin vida sobre la dura acera.
Contempló el cuerpo inerte de la chica y suspiró. Acercó sus manos al inexpresivo rostro y tomó un pequeño recuerdo.
Nuevamente sus pasos lo guiaron al tejado más cercano, y desde allí contempló la hermosa y solitaria luna. Sus azules pupilas recordaron todo aquello que había padecido. En primer lugar, cuando aún estaba vivo. Y sí, cuando le habían traicionado, cuando había encontrado a Gaara, esa noche, y el vampiro no acabara con su vida únicamente por una razón:
"Eres hermoso"
No le había matado entonces, bueno, no del todo. Pero se había apoderado de él. Nunca olvidaría esa noche, cuando contemplara por primera vez a ese demonio de cabellos rojos en todo su explendor, cuando sus pies aplastaban cráneos humanos y sus manos acababan con frágiles gargantas. El Demonio Gaara... Y la sed de sangre del demonio era incontenible, y allí únicamente quedaba Naruto, en el salón, llorando ligeramente, con las mejillas sonrojadas, su labio temblando, anonadado ante tal visión de suma maldad.
Gaara se había acercado a él, había acariciado los rubios mechones y los marcas sobre sus mejillas. No había sonreído.
Y Naruto pensó que le mataría, esa noche, o la que siguió, o la otra. Pero cuando el vampiro se coló de improviso a su cuarto, una noche, y le chupó la sangre hasta casi hacerle un saco de huesos, supo que jamás podría separarse de él.
Nunca le abandonaría...
Le necesitaba con locura. Gaara y él habían sido siempre 'ellos', siempre juntos, compañeros, amantes, todo. Pero eso antes de que el pelirrojo encontrara a ese chiquillo. ¡Cuántas veces no había estado a punto de ir a acabar con esa amenaza que crecía paso a paso! ¡Con cuanta desesperación no había rogado a Gaara para que dejaran esa hórrida ciudad!
Pero Gaara era tan terco...
Gara nunca le hacía caso.
El pelirrojo siempre le ignoraba dolorosamente, hacía a un lado sus opiniones y pasaba de él como si no significara nada, ajeno a la forma tan cruel en la que le lastimaban sus miradas despectivas, sus reproches dichos con esa voz tan suave y tan baja. Y cada vez que Gaara hablaba de ese mortal sus ojos se iluminaban, su alma brillaba. ¡Naruto nunca había podido obtener de él ni una reacción la mitad de apasionada! ¡Cuánto había odiado a ese chico, Lee, por arrebatarle lo que él tanto había ansiado! ¿Y si Gaara le abandonaba? ¿Y si realmente le cambiaba por ese mortal?
Pensar esto hacía que el corazón de Naruto se encogiera y, al mismo tiempo, se agitara.
¡Incluso había pensado con ir a matarle él mismo, acabarle con sus propias manos!
Pero no lo había hecho. Porque de pronto su atención había sido captada por otro pelinegro mucho más interesante.
-Sasuke...- susurró pensando en la chica de la cual se había alimentado.
Sintió de pronto una opresión en el pecho. ¡La vida era injusta! Esa mujer malgastaba su vida en el alcohol, las fiestas, no estudiaba, hacía de cortarse las venas un hobbie, ¡y para colmo se ofrecía a la muerte como si su vida no valiera absolutamente nada! Y su Sasuke... su Sasuke era ciego, había sufrido toda su vida, había padecido el dolor y el tormento de no saber cómo es el mundo, de tener que encerrarse en sí mismo y crear una realidad hecha de colores imaginarios y escenarios irreales. ¡Él merecía la vida más que ella!
Naruto contempló con sumo odio las orbes que descansaban entre sus dedos. Los ojos verdes de la chica reposaban en su mano, la sangre escurriendo, manchando un poco sus pantalones.
Pensó de pronto: ¡Sasuke nunca tendría una mirada como la suya!
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
Y aplastó las orbes muertas con su puño.
-¡¡Sasuke!!- gritó con toda la furia que contenía su alma...
Pero nadie escuchó.
Nadie respondió...
XxXxX
La oscuridad siempre había reinado, muchas veces asustándole, pero no en ese momento cuando una mano cálida acariciaba su frente. Y con suma sorpresa constató que el dolor había cesado, aunque la sensación de mareo aún no se marchaba del todo. Decidió entonces no esperar más, simplemente afrontar cualquiera que fuese su realidad.
-¿Está bien, Lee-sama?- preguntó Tenten haciendo a un lado las negras hebras de cabello de su amo.
El chico le miró largamente, confundido...
Abrió entonces los ojos, enormemente sorprendido.
-¡¿Dónde está?!- gritó levantándose rápidamente. Su mirada buscando algo, desesperadamente esperaba encontrarle, algún rastro del rojizo cabello, de los hermosos ojos, de la pálida piel- ¿Dónde está?- volvió a gritar.
-¿Lee-sama, qué sucede?- el miedo reflejado en la voz de Tenten le hizo detenerse, posar los ojos en ella.
La chica lucía asustada y le miraba fijamente.
-Tenten-san, ¿dónde está el vampiro?- la voz de Lee se tornó baja, temerosa y preocupada.
La chica sonrió dulcemente, como si se dirigiera a un bebé. Se acercó a Lee y cuidadosamente le hizo volver a acostarse. Llevó las cálidas mantas a su cuello y volvió a acariciarle la cabeza, sonriendo tiernamente. Lee se relajó ante su toque.
-¿Dónde está?- musitó quedamente combatiendo el deseo de cerrar de nuevo los ojos y sumirse en un sueño reparador y necesario.
-Ha de haber tenido una pesadilla, Lee-sama, sólo eso...
Lee asintió.
Pero... ¿una pesadilla? ¡Imposible! No podría haberse tratado de una pesadilla. Él nunca podría imaginar una situación como aquella. De su mente no podría salir un chico como aquel, con una belleza tan abrumadora. Él no podría crear de la nada un cabello tan sedoso y lleno de vida, unos ojos tan hermosos y fríos, una piel tán pálida y espectral. ¡Tenía que ser real! ¡Ese chico era de verdad, no era un sueño!
Ese chico le había llevado quién sabe a qué sitio, le había desnudado y...
Cayó en cuenta de su error.
Sintió las ropas suaves sobre su cuerpo. Estaba vestido. ¿Entonces? ¿Realmente lo había soñado?
No supo por qué, pero pensar en esto hacía que su corazón doliese. De repente se encontró a sí mismo llorando, una vez Tenten hubo abandonado la habitación. Porque él... él hubiese deseado que el otro fuese real, que fuese un vampiro de verdad, que le amara de veras...
¿Cuántas veces no había deseado que alguien le dirigiese unas palabras como aquellas?
Alguien que dijese: 'te quiero'. Pero nadie podía amarlo, ¿verdad?
Nadie...
XxXxX
-¿Cómo está?- preguntó Gai sorbiendo de su taza de té.
La chica puso unas galletas sobre la mesa.
La mirada de Gai a veces resultaba escalofriante, porque incluso en contadas ocasiones era más serio de lo normal, y su voz adquiría un tono grave y fuerte que no daba derecho a réplicas. Tenten había aprendido a respetar y advertir ese tono.
-Se levantó buscando a un vampiro- contestó ella acomodándose la falda.
Gai pegó un puño a la mesa.
Malditos vampiros.
¿Es que acaso nunca lo iban a dejar en paz? ¿Y por qué tenían que meterse con Lee? No, a su amado pupilo no lo tocarían, así fuese lo último que hiciera. ¡Sobre su cadáver! Jamás, jamás le robarían a Lee.
-Demonios...- susurró Gai apretando los puños, su mente recordando aquello que había sucedido años atrás.
Vampiros.
Odiaba a los vampiros, los odiaba con todo su corazón, porque él alguna vez...
XxXxX
La tarde caía lentamente. Lee alzó la mirada y contempló la vieja fachada. Se acomodó los lentes oscuros que le sirvieran para escapar de casa sin ser visto y se apresuró a llegar junto a Sasuke, quien seguramente le esperaba. Afortunadamente había dejado de pensar en su "encuentro" con el vampiro, después de todo tampoco podía llorar para siempre, ¿o sí?
-No era real- se dijo limpiando el camino de una pequeña lágrima.
Sacudió su cabeza con decisión y se acercó a la pequeña puerta de madera.
Golpeó un poco con sus nudillos y esperó. La puerta se abrió lenta y suavemente, y Lee pudo contemplar el rostro de bellas facciones y piel como la seda.
-Buenos días, Sasuke-kun- saludó Lee extendiendo un nuevo y hermoso ramo de flores.
Sasuke suspiró y le permitió entrar.
Nada más haber puesto un pie en la pequeña morada los ojos de Lee se abrieron como platos. Y si Sasuke era bien conocido era por su manía por el orden y su perfeccionismo. Entonces, ¿qué había pasado? No era como que a Sasuke le había dado un ataque y lo había destruido todo... Sasuke no destrozaría las ventanas de esa forma ni destruiría los muebles. Sasuke nunca haría un infierno de su propia casa y Sasuke, definitivamente, nunca dañaría de esa forma su piano.
-Oh, Sasuke- susurró Lee contemplando el destruido piano de cola- ¿Qué pasó?
-Digamos que no le agrado a todo el mundo- respondió echando un poco de basura en una bolsa.
Lee asintió.
-Te ayudaré a limpiar- suspiró colocando a un lado las hemosas flores y tomando una bolsa del suelo.
Pronto comenzó a echar en ella lo que fuesen cristales, piedras, de todo. Con ojos cansados observó las paredes llenas de palabras ofensivas, los muebles destruidos por completo, pedazos de algodón descansando en las húmedas e inservibles alfombras manchadas de pintura. Dirigió sus ojos a la figura de Sasuke, quien aún con su ceguera se manejaba dentro de su casa, de vez en cuando tropezaba con alguna cosa y lanzaba una maldición, pero dentro todo no estaba tan mal.
Lee volvió a lo suyo. Se preguntó entonces, ¿por qué nunca había oído a Sasuke hablar de su impedimento? Tiempo de conocerse tenían y sin embargo Lee no sabía la razón por la que no podía ver, si había sido un defecto de nacimiento o a causa de un accidente u otra cosa. Pero tampoco se atrevía a preguntar, a pesar de que la curiosidad era grande, esa misma curiosidad que le llevaba a preguntarse sobre el paradero de la familia de su amigo. ¿Por qué estaba tan solo? ¿No tenía padres, hermanos, primos o algún otro pariente cercano o lejano?
-Sasuke...- le llamó, pero vio como el pálido moreno descansaba la palma de sus manos sobre el que otrora fuese su eterno compañero.
El piano, hermosa obra de arte, yacía casi muerto sobre la alfombra. Sus teclas tristes ya no sonreían, el color negro ya no era tal. Y daba a todo un aspecto tan triste... Lee sintió que de pronto empezaría a llorar. Contemplar la figura de Sasuke, como un ángel junto a su caído amigo. A pesar de que su rostro no mostrara emoción se veía la latente tristeza que parecía sobrepasar su comprensión.
¿Duele, verdad?
Sí. Siempre dolía perder a alguien cercano.
-Podemos comprar otro- se ofreció Lee acercándose al joven, posando una mano en su hombro, reconfortándolo.
El otro negó, furioso consigo mismo.
-No puedes comprar un piano nuevo cada vez que esos bastardos destrocen mi casa- y la furia latente en su voz aseguró a Lee que, de Sasuke haber tenido la oportunidad, hubiese matado a esos pobres infelices.
Él, por su parte, no podía entender aquello que Sasuke sentía. A él nunca le habían arrebatado nada, al contrario, todo había sido predispuesto para él en bandejas de plata y fina servidumbre.
-Voy a preparar algo de té- dijo dirigiéndose a la cocina, sin esperar respuesta. ¿Para qué? De igual forma sabía que Sasuke odiaba aquella bebida.
Suspiró con tristeza al ver todo destruido también en esa parte de la casa. Esta vez sí que se habían excedido. ¿Por qué continuaban tratando de hacerle la vida imposible a su amigo? ¿Por qué le odiaban con tan fiera intensidad? ¡Lee no podía entenderlo! Sasuke era una persona huraña y reservada, sí, pero tenía motivos para serlo. Era ciego, no podía permitirse confiar de buenas a primera. Y la mayoría del tiempo era seco y casi malagradecido, pero Lee podía ver más allá. Podía ver más allá de su soledad, de su furia con la vida, de su tristeza interna, de sus batallas y sus derrotas. ¿Acaso nadie podía ver ese hermoso y herido corazón desgarrado diariamente?
-Sasuke-kun... no voy a dejar que nada malo te pase- hizo esa promesa mientras sus manos inspeccionaban en busca de alguna taza sobreviviente en la que pudiese disfrutar su bebida.
Finalmente dejó que sus pensamientos vagaran mientras la tetera se calentaba.
Con un rostro de profundo aburrimiento dirigió la vista a la ventana de la cocina, que ese atardecer lucía un enorme hueco por donde se hubo colado alguna piedra. El tono rojo del cielo le recordó, nuevamente, a ese ser.
¿Por qué no podía sacárselo de la cabeza? Realmente no quería pensar en él... ¿O sí?
-Quién eres...- susurró al vacío- ¿Qué quieres de mí?
De pronto el cielo fue oscureciéndose, dando paso a la hermosa y aturdidora noche, con su aire frío y sus melancólicos susurros de despedida. Los ojos negros miraron fijamente las nubes altas y esponjosas, oscuras y aparentemente llenas de alguna fría lluvia. Sintió de pronto un olor extraño.
Arrugó el entrecejo.
¿Algo se quemaba?
Dirigió la mirada a la estufa. No, aún no. Entonces... ¿qué era aquello? ¿Por qué sentía tanto calor de pronto? Volteó el rostro, horrorizado, justo a tiempo de enfrentar las feroces llamas que consumían la pequeña casa.
-¡Sasuke!- gritó saliendo a la sala.
Tuvo que colocar una mano sobre su rostro para que las voraces chispas no le hirieran los ojos. Resultaba increíble pero en cuestión de minutos toda la casa yacía devorada por las llamas, que crepitaban incesantemente y hacían su trabajo de eficaz destrucción. Lo buscó entonces. Sí, salir de allí inmediatamente, ¡pronto! Pero, ¿dónde estaba Sasuke? ¿Habría salido ya? Rogó a Dios que sí.
Pero no, le vio. Allí, sentado frente al piano, permanecía el jovenzuelo de mirada apagada.
Lee contempló con supremo horror las vigas danzantes sobre su cabeza que se desprendían y caían peligrosamente. De sus labios brotó un agudo grito. Las pesadas vigas cayeron, incendiadas, sobre el piano y sobre el chico.
-¡¡Sasuke!!
XxXxX
Los ojos de dispar color contemplaron las llamas que se alzaban a lo lejos al tiempo que el sonido de las sirenas explotaban contra sus sensibles oídos. Inhaló profundamente y llenó de aire sus pulmones. Menuda bienvenida que le daba la ciudad. Oh, tan bella ciudad, tan llena de recuerdos.
Cerró los ojos y sus labios se curvaron en una siniestra sonrisa.
Y ahora... a buscar a su querido Iruka.
CONTINUARA...
