N/A: Jo! No queria hacer un capi tan corto, pero ni modo ;o; Así salió! De todos modos espero que disfruten con la lectura n3n


Capítulo 10: La Locura anda cerca


Llegaron a la casona oscura. Esta vez ningún ruido podía destruir la apacible calma. Todo esto y, sin embargo, Kakashi se movió nervioso por entre los caros sillones. Su corazón palpitaba violentamente dentro de su pecho, como si padeciera el embrujo de un presentimiento. Muy en el fondo, o tal vez no tanto, intuía que sus palabras y acciones, esa noche, definirían si seguía con vida o no. Dependía de Gaara, principalmente, el peligroso inmortal que se paseaba, cual bestia enjaulada, batallando contra los sanguinarios sentimientos que buscaban dominar sus acciones.

Pero no podía.

Gaara sabía que no le estaba permitido tocar a Kakashi. Claro que decir "permitido" sería una equivocación. Nada ni dadie podía prohibirle algo a Gaara. Pero Lee... le había pedido que le salvara la vida, ¡prácticamente había abogado por él! Y esto era algo que no terminaba de entender, asimismo no podía caber en su cabeza el hecho de que una persona pudiese perdonar con tanta soltura, con tanta facilidad.

-Toma asiento- dijo muy a regañadientes, tratando de contener la infinita furia al ver a Kakashi hacer lo que le ordenaba.

Se sentó sobre el hermoso sofá de cuero y sus cabellos plateados brillaron con magnificencia.

Le miró entonces fijamente, sus ojos azules perturbadores que resplandecían en la penumbra de su propia sombra. Le osbervó, como se observa a un condenado a muerte que sabe que su sentencia está cerca. Le miró, como queriendo devorar su alma, o encontrar hasta lo más profundo, allá donde yacen los secretos y las palabras ocultas. Pero, por sobretodo, le perforó con sus perlas como vidrios, duras como diamantes y filosas como espadas.

Allí, si Kakashi se atrevía a dar un paso en falso, caería definitivamente al abismo de su presencia, y nada ni nadie podría salvarle de la condena verdaderamente eterna; esa que Gaara preparaba especialmente para aquellos desafortunados seres que tentaran su mísera suerte.

Pero esto no era algo que Kakashi tenía pensado hacer. En cambio, se acomodó lo mejor que pudo sobre su asiento, tratando de que la presencia del pelirrojo no resultara demasiado apabullante, cosa que parecía imposible cuando le contemplaba, inmóvil como una gárgola y con aquel mismo efecto escalofriante que poseían las antiguas iglesias que a menudo solía visitar. Tal vez ese era el encanto del vampiro inmortal, el que es verdaderamente viejo y no necesita de falsas leyendas que respalden su poder sin límites. Pero la pregunta era entonces, ¿de verdad que no tenía limitaciones?

Por más que trataba de convencerse de ello, sabía que la realidad distaba mucho de lo que el pelirrojo buscaba demostrar. Sí, era extremadamente fuerte, despiadado y cruel en su naturaleza, pero como un cuervo herido se alzaba frente a la tumba, en espera de una mano bondadosa en la cual descansar, una mirada de ojos puros los cuales picar y, al parecer, ya había encontrado al indicado.

¿Picaría también a ese joven de ojos negros?

-Más vale que tengas una buena razón que me convenza de que debo dejarte con vida- anunció el vampiro pelirrojo cruzando los brazos a la altura del pecho.

Kakashi casi pudo haber temblado ante el inminente peligro que se dejaba entrever en sus palabras; y su tono amenazante que parecía absorber su propio ser.

-De hecho sí la tengo- respondió de forma nerviosa, sonriendo levemente y sudando algunas gotitas de color carmesí.

Gaara le miró fijamente, alentándole a continuar.

-Es tu maestro- mencionó débilmente, temiendo que la pronunciación de ese nombre desencadenara la temible bestia que descansaba en el interior de Gaara.

¡Y casi pudo haber sido invadido por el pánico cuando vio las facciones de su rostro cambiar!

Era el terror, y el pánico sin precedentes, cuando estaba plenamente consciende de lo vetado que se encontraba aquel tema. Pero era su as bajo la manga, su última opción si al menos deseaba continuar con vida. Así que, arriesgado y decidido, decidió hacer su jugada. Jugó con sus dedos de forma mecánica, controlando hasta su respiración y reprimiendo un susto cuando el rostro de Gaara se figuró tan cerca del suyo, y él pudo ser capaz de ver el odio sin precedentes que generaba aquella mirada turquesa.

Estaba allí la aversión infinita, cuando Gaara se había jurado nunca más recordar a aquel vampiro que, en el pasado, hubiese de robarle todo, hasta el más ínfimo y mísero de sus deseos. Le había arrebatado su vida no una sino cientos de veces, incluso en aquel instante cuando aquel no era más que una sombra. Sin embargo, cual etéreo e inmortal, parecía susurrarle al oído, recordarle lo terrible que era, lo solos que se encontraban, lo fatal e irónico de la vida al hacerles miserables. Recordando, levemente, como un manto delicado, cuando estaba aquel antiguo maestro, aquel viejo amante, y todas las torturas, los sucesos...

-¡Cómo te atreves!- bramó el pelirrojo, recriminándole con la mirada.

¿Es que acaso Kakashi había perdido la cordura? Buscaba clemencia, ¿¡y se atrevía a mencionar a su creador!?

-¡Tientas tu suerte!- exclamó, tomándole por las solapas de la camisa almidonada. Y Kakashi tembló, reconociendo la muerte en sus orbes turbias.

-No lo entiendes, Gaara- musitó muy bajo, quedamente, de forma prudencial, obteniendo ese efecto macabro y perturbador que poseen las malas noticas, las más terribles catástrofes-. Es algo muy serio. Es tu maestro...

Gaara volvió a estremecerse, esta vez sin poderlo evitar.

-¿Qué hay con él?- demandó sin muchas fuerzas, derrotado ante el pensamiento que lo transportaba al pasado en cuestión de segundos.

Hacía tanto que no pensaba en él.

-Está loco- mencionó Kakashi.

El pelirrojo se alejó de él, incrédulo, y le miró como diciendo: "dime algo que no sepa." Desde su sitio, un tanto más calmado, Kakashi carraspeó.

-No comprendes, ahora sí ha enloquecido de verdad- recordó el fugaz encuentro que tuviera con él, en aquella ciudad donde había conocido el horror y donde, al mismo tiempo, el Amor y la Pasión le esperaban con los brazos abiertos-. Está obsesionado contigo, Gaara; te busca en cada sitio. Vaga por el mundo, sin rumbo fijo, y a cada pelirrojo que encuentra lo seduce, lo convierte en vampiro y, cuando se da cuenta de que no eres tú, lo mata sin mayor recato. Dicen que está muy cerca, los rumores se han extendido. Los novicios lo consideran una bestia y han comenzado a circular leyendas, algunas de ellas tan estúpidas como escalofriantes. Hasta hacen apuestas sobre si te descubre o no.

Sus palabras, hipnotizantes, calaron hondo en Gaara. Buscándole... ¿Cómo era posible eso? No, no podía ser verdad. Hacía siglos que le había dejado, abandonado prácticamente, ¿por qué iba a querer buscarlo ahora?

-Tonterías, no puede llegar a mí- trató de mentirse al respecto, aún a sabiendas de que el mismo pensamiento resultaba flagrantemente falso. Una tenue aunque molesta vocesilla clamaba desde las sombras: "te mientes; sabes que te encontrará; y cuando lo haga será el fin para todos..."

-Claro que puede- rebatió Kakashi con decisión-, es tu maestro. Sabes que es el vampiro más viejo que existe; y te ama.

-No me ama- Gaara arrugó la expresión, contrariado ante aquella expresión tan deliberada e inconsciente. Le dolía siquiera el pensar en ello. Porque era mentira. Él nunca le había amado, y Kakashi no tenía derecho de mencionar algo así. Porque en el fondo, aunque quisiera negarlo, seguía lastimando aquella única traición. El vampiro hizo el rostro a un lado, como los mártires, delicadamente contempló el suelo y sus palabras sonaron amargas como la hiel-. Nunca me amó. Tan sólo me deseaba. Quería hacerme su esclavo, su muñeco.

-Te adora, Gaara- recordó Kakashi-. Está loco por ti, literalmente.

-Basta- ni siquiera tenía fuerzas para gritar-. Has dicho lo que necesitaba escuchar, ahora márchate.

Kakashi, tras un minuto de silencio, preguntó:

-¿Me dejarás ir?

-Antes de que cambie de opinión y me arrepienta, sí- hizo un gesto con su mano, despidiéndole-, largo de aquí.

-Gracias, Gaara- respondió, esperanzado, levantándose de su asiento y dirigiéndose a la salida. Necesitaba abandonar ese sitio, lo antes posible, antes de que llegara la calamidad y lo atrapara, como tantas veces antes.

-No me agradezcas a mí- susurró Gaara al verle partir, su tono tenebroso y tenso.

Y al verse solo, nuevamente, agachó la mirada y se llevó una mano al pecho. Aún la noticia resonaba dentro de su mente, como si tratara de mentirse al respecto, negando la absoluta verdad tras aquellas palabras. Porque le estaba buscando...

Cuando huyó de él, siglos atrás, deseó nunca más volverle a ver. De verdad pensó que jamás le encontraría. Y sin embargo aquella noticia, de pronto le hacía sentirse expuesto, casi débil. ¿En quién podía confiar? ¿En qué brazos podía cobijarse? Estaba cansado, terriblemente agotado de huir del pasado, de esconderse como una alimaña, pero tampoco quería enfrentarle. Sabía que no podía, porque aún luego de todas las cosas que habían pasado, aún en su pecho permanecía encendida aquella débil llama que, tal vez no de cariño, simbolizaba la más absoluta adoración.

Suspiró en derrota.

Sus pies cansados y muertos lo llevaron hasta su cuarto. El pasillo se le hizo largo, estrecho, laberíntico. Alzó la mirada y encontró aquellos ojos eléctricos y brillantes. Vio el cabello siempre saludable, la piel dordada, la hermosa sonrisa. A su lado estaba, sin embargo, la otra presencia que había notado nada más llegar. Un hombre joven, no más que un niño, un novicio. Naruto le había convertido en vampiro, ¡sin su consentimiento!

Y aquel humano era altivo, engreído, le miraba con arrogancia, como si no supiera que frente a sus ojos tenía al inmortal más peligroso de todos.

-No, Sasuke- susurró Naruto en el oído del pelinegro, como leyendo los pensamientos del otro-. Él es Gaara.

Se acercó hasta estar a su altura, le tomó delicadamente los hombros y besó el kanji en su frente, aquel íntimo gesto que habían compartido desde tiempos inmemoriales. Todo esto lo contempló Sasuke en silencio, de pronto celoso, envidioso al no ser partícipe de aquella muestra de devoción. Pero cuando el rubio volvió a fijar en él su radiante mirada, todo lo demás quedó en el olvido.

-Le has convetido- mencionó Gaara lo obvio, sin recriminarle.

No tenía ánimos para pelear, aún a sabiendas de que a partir de ese momento perdería una de las cosas más valiosas que poseía.

Perdería a su Hijo de las Tinieblas, a su niño rubio de ojos azules.

-No tenía otra opción- se defendió Naruto de la acusación no hecha. Conocía a Gaara lo suficiente como para llegar a leer su pensamiento. Sabía que algo lo perturbaba y sabía también lo mucho que le dolía la situación. Porque Gaara se sentía herido...

-Por supuesto que la tenías, pero querías hacerlo- hablaba de Sasuke como si no estuviese presente, como si no lo devorara con la mirada tratando de captar el hermoso tono de su piel tan blanca, o el extraño resplandor que despedían sus negras ojeras.

Naruto asintió, no pudiendo sostener una mentira. No podía engañarle a él, nunca a Gaara. Le amaba demasiado como para hacerle algo semejante.

-Debemos comprarle un ataúd- dijo el pelirrojo, con el tono de una máquina.

-Dormirá en el mío, conmigo- aclaró Naruto.

-No para siempre- replicó; y después dijo, de forma tajante:- Le compraremos uno.

El rubio, entonces, contempló la traición en sus ojos, y presintió que algo malo sucedía. Tenía que ver con Kakashi, por supuesto. Nada que viniera de él podía resultar bueno, porque el peliplata vivía en los caminos de la Pasión, era demasiado descuidado, ocasionaba demasiados problemas con los cuales no sabía lidiar. ¿Qué habría dicho a Gaara que le había puesto así, tan necesitado?

-Aléjale de mí- murmuró Gaara de pronto, su mirada escapando de la situación.

Sintiéndose ahogado, atrapado, sabía que lágrimas de sangre comenzarían a brotar de sus ojos.

No encuentro una salida...

-Gaara, ¿estás bien?- preguntó el rubio, preocupado como nunca antes. Recordó las crisis, los errores, y supo que esta vez era diferente.

-Su sed de sangre me abruma- mencionó a duras penas, como un pez fuera del agua o un animalejo que necesitara urgentemente de oxígeno; su cabeza parecía dar vueltas-. Aléjalo de mí.

En cambio de lo que pedía, Naruto le tomó de la cintura cuando casi lo sintió desfallecer, pero Gaara le apartó de un fuerte empujón.

-Haz que se alimente.

Su voz demandante llamó la atención de Sasuke. ¿Quién era el pelirrojo? Para él no era más que un apuesto joven, de apariencia delicada y de facciones fascinantemente hermosas, pero había algo más. ¿Era acaso porque también era un vampiro? Aún le costaba comprender lo que veía, lo que se presentaba ante él que durante años había estado en penumbras. De pronto esta oscuridad, que era más brillante que la claridad del sol...

-¿Cuándo fue la última vez que te alimentaste?

El pelirrojo guardó silencio, como una estatua, rebelde. No tenía necesidad de contestar, pero pareció derretirse cuando los brazos de Naruto se cirnieron a su alrededor, recordándole tiempos pasados, cuando eran sólo ellos dos.

-Le has hecho tu amante- su voz parecía condenarle; Naruto hundió el rostro en su cuello-. Extraño como eran las cosas antes de que él apareciera.

-También yo... antes de que Lee apareciera en tu vida- contraatacó el rubio, susurrando tenuemente en su oído.

Gaara se congeló en su sitio, recordando.

Mi Lee...

Por supuesto, todo se debía a él, ¿o no?

Se separó del rubio apenas lo suficiente. Muy cerca estaban, se dio cuenta, lo necesario como para besarle. Y acercó sus labios a los de Naruto, y le sumergió en un beso adictivo y especial, cargado de viejas y nubladas emociones de salvajismo y desesperación, cuando vagaban por el mundo bajo el manto del asesinato, la cordialidad de los extraños que resultaban víctimas. Eso era, la vieja sangre y el viejo Rito Oscuro, cuando no eran más que monstruos que vestían harapos y danzaban en la oscuridad, hacían el amor bajo la luz de la luna en los cementerios y organizaban apasionantes orgías que encendían hasta al más helado de los seres.

Todo eso compartieron, ante la atenta mirada de Sasuke, atrapada entre los labios que se comunicaban entre sí. No supo porqué, pero en ese instante no sintió celos. Era como si allí fueran, padre e hijo, diciéndose adiós por última vez.

Y cuando se separaron no hubo más que silencio. Naruto, por un breve segundo, deseó tomar su mano, cuando le vio dar la media vuelta y escapar, y decirle que deseaba estar a su lado, recuperar las viejas costumbres, amarse como antaño. Pero sabía que aquello era imposible ya. No había, en ese presente, algún espacio para las viejas memorias. Allí, ahora, estaba Sasuke, su creación.

Le miró un par de sgeundos antes de sonreír.

-Bienvenido a tu nueva casa.

CONTINUARA...