N/A: Wao! Se que me he tardado horrores en subir esto, pero mientras terminaba este capi me di cuenta de que la historia estaba quedando mas larga de lo que habia supuesto en un comienzo DDD: Inicialmente esta era solo una idea en la que Gaara era un vampiro que se enamoraba de Lee, un humano; pero se han añadido tantos personajes y tantas historias paralelas que no se cuando todo esto se vaya a acabar D: Aún así, aun con todo eso, siento que quiero acabar esta historia :D Y si alguien ademas de mi puede disfrutarla, pues mucho mejor!! XD
Capítulo 12: Me basta con creer.
"No."
Decirle la verdad estaba fuera de toda discusion. En ese momento lo único que quería era olvidarse un poco de todas las penas que lo atormentaban.
"No puedo decirle."
El vampiro se entregó al abrazo que lo sostenía, sorprendido inmensamente al percatarse de lo abstractas que eran sus propias emociones. En ese momento se sentía más confundido que nunca antes, porque esos brazos que lo cobijaban tenían un raro efecto en él. Abrazar a Lee era como abrazar a una nube. Gaara sentía unas inmensas ganas de estrecharlo él, cerciorarse de que no iba a desaparecer de un momento a otro y que de verdad era una presencia de carne y hueso y no una bruma borrosa inmaterial. Al mismo tiempo le transmitía una sensación de calidez que, se daba cuenta en ese momento, había extranado desde hace mucho.
Había extrañado el calor humano, las caricias humanas que no tenían una connotación de índole sexual. Hacía tanto tiempo que no se acercaba a alguien por el simple hecho de estar a su lado... Mucho mejor, que alguien se acercara a él únicamente para reconfortarlo y de algún modo consiguiéndolo. Aún cuando Lee no pudiese siquiera adivinar la infinidad de cosas que surcaban la mente de Gaara, aún cuando no pudiese siquiera aproximarse a la cantidad de sufrimientos y torturas a las que había estado expuesto, su sola muestra de candidez era suficiente para hacer suspirar al pelirrojo.
Hacerlo supirar como si volviese a ser un niño, un infante. Y se sentía bien, como antes. Gaara sentía como si nunca se hubiese transformado en el sanguinario asesino que era. No, no, claro que no. Él seguía siendo la misma persona ingenua cuya mente maquinaba cientos de cosas y buscaba respuestas en sitios que definitivamente no ostentaban verdad alguna. Sí, era lo mismo de antes, lo mismo de siempre, antes de la catástrofe. Gaara podía mentirse, podía intentar olvidar todo lo que había sucedido. El abrazo de Lee se lo permitía, le daba esa libertad de pensamiento y sensación. Dejar atras cada pecado, cada marca y cada huella y simplemente ser lo que había sido en el pasado. El jovenzuelo que observaba con ojos tristes el atardecer, temeroso de que las sombras lo devoraran y ansioso de volver a casa donde le estaría esperando su gente amada. Sus personas preciadas que eran lo único que tenía, la única razón para su existencia.
Eso había sido antes, cuando buscaba incansablemente el significado de la felicidad sin saber que la tenía justamente a su lado, esperándole eternamente en lo que era una sonrisa sincera, un abrazo cada noche, un beso en la frente y una mano revolviendo cariñosamente sus cabellos. Todo eso era la felicidad que estaba dispuesta para Gaara. Todo eso era lo que había destrozado con sus propias manos. Sin quererlo, sin pensarlo, sin desearlo, había acabado con todo lo que era importante para él. Por eso es que ahora no podía tolerar el hecho de que la simple mención de un nombre pudiese revolver sus memorias de ese modo. Revolver su corazón de esa manera, cuando él mismo se había encargado de sellarlo, aniquilar hasta la más mínima emoción únicamente para evitar lo que sentía en ese instante: arrepentimiento.
"No hay noche que no me arrepienta de lo que hice en el pasado."
No había noche en que su alma no buscase castigo.
Amargamente trancando dentro de su pecho cada nota afligida de una canción que lo condenaba. Pero no más, no en ese momento, cuando la cálida presencia de Lee se sentía como lo único real. Todo lo demás resultaba incierto, desde las fatídicas emociones hasta los altos edificios de la ciudad; desde las esponjosas nubes en lo alto hasta las personas que pululaban en las calles, como miles de hormigas diminutas cuyas existencias no significaban nada. Entonces, cuando mas seguro se encontraba, le miró profundamente. Sus ojos aguamarina taladraron y fueron taladrados, destrozados y reconstruidos en un instante. En una milésima de segundo toda la tristeza se había despedazado, formándose una nueva luz de esperanza que se presentaba inocente, temblorosa, como si el mundo real le atemorizara.
Y todo era gracias a Lee...
-¿Estás bien, Gaara?- preguntó suavemente, como si no buscara despertar alguna otra reacción de su parte.
"Mejor que nunca antes", pensó en decir el pelirrojo, pero tan sólo asintió quedamente y, de forma renuente, se alejó del tierno abrazo que lo envolvía.
No había en su mente algún pensamiento coherente. Dentro de él todo había mutado, en su interior, sus órganos, su alma, su sangre, su corazón, todo en constante movimiento, como si de un instante a otro fuese a estallar e inundar el mundo con una masa pegajosa llena de colores transitorios y efervescentes. Temblaba un poco, miraba a todos lados, sus piernas querían salir corriendo y sentir el viento golpearle el rostro. De pronto la temperatura ascendía y ascendía y él estaba ahogándose. ¿Qué podía hacer?
Miró a Lee una vez más. Pero mas que mirarlo, lo contempló. Todo lo que Lee era, lo que significaba para él y, mucho mejor, lo mucho que su corazón lo necesitaba. Más allá de necesitar cuando la otra presencia es todo lo que te ata a este mundo, cuando aquellos ojos negros son la luz que guía tu alma, cuando aquella increíble sonrisa es capaz de iluminar tus más oscuras noches y ese frágil cuerpo capaz de contener todo lo destructivo de tu naturaleza. Sí, así de necesitar y así de amar con desesperación.
-Ven conmigo- la voz de Gaara apenas y se sentía pero resultaba autoritaria y medida.
Lee, sin atreverse a cuestionarle, le siguió en silencio.
Caminaron entonces por largas calles, angostos callejones, sitios que Lee ni siquiera sabía que existían. Curvaron esquinas y se encontraron con personas estrafalarias que les ofrecieron bebidas y sonrisas. Gaara abrazó a una chica de la calle y Lee sintió como si su garganta se secara. Era todo tan diferente... Su ciudad ya no era su ciudad, ni sus gentes eran ya sus gentes. Era como si la presencia del vampiro cambiara todo a su alrededor, como si fuese un dios sobre la tierra. Todo el universo giraba entonces alrededor de los rojizos cabellos, como Lee, quien se veía irremediablemente atraído hacia esa presencia que lo hipnotizaba.
Entonces no supo cuándo, pero Gaara le miraba intensamente, y mencionaba un par de cosas. Lee no pudo escucharle por más que lo intentó, así que se abrazó a sí mismo, tratando de reconfortarse. Agachó la mirada y menos de un segundo después unos dedos fríos y duros alzaban su mentón. Se encontró con un mirar decidido y arrollador. Estuvo a punto de sonreír pero no pudo, porque unos labios furiosos colisionaron con los suyos y una lengua húmeda salió al encuentro, guió una batalla enardecida y Lee sintió que se derretiría en aquel preciso instante.
No le importó estar en medio de la calle o que varias miradas indiscretas se posaran en ellos. Pero de igual forma cuando Gaara se separó un poco, Lee respiraba trabajosamente, pero ni siquiera esto impidió que una débil sonrisa se apoderara esta vez de sus labios. Le amaba demasiado, pensaba entonces, le deseaba con locura sin importar su naturaleza. Entonces debía aceptar todo de él, lo que ya sabía y lo que desconocía; lo que le había revelado y lo que aún estaba por descubrir; porque siendo vampiro o no, Gaara era la primera persona que le amaba de veras.
-Sí, te amo tanto...- susurró Gaara contra sus labios.
Normalmente Gaara no era de los que solían hacer este tipo de declaraciones con tanta soltura, y cualquiera que asegurase lo hacía con mucha facilidad estaba completamente equivocado. No había nada fácil en esta revelación. Simplemente Gaara entendía sus sentimientos, los cuales habían dejado de sorprenderlo desde hacía años atrás. Rápidamente podía identificar cualquier emoción, desde las más sencillas hasta las más abstractas y complejas. Era esa una de las diferencias que tenía con los seres humanos. Mientras siendo un simple mortal daba todo con tal de entender a su corazón, como vampiro estos dilemas dejaron de presentarse. Entendía entonces lo preciado que era Lee y, más que nada, la necesidad que tenía de protegerlo.
-También te amo- correspondió el pelinegro con un leve rubor en las mejillas.
Para él resultaba infinitamente más complicado, cuando aquellas mismas palabras le hubiesen herido tanto en el pasado. Durante algunos irreparables momentos había llegado a pensar que el amor nunca se acercaría a él, nunca tendría la bondad de mirarle siquiera, de pestañear en su dirección y decir, dubitativamente, "aquí estoy; de verdad existo". Pero eso había sido cuando su mente aún era presa del caos, de la negrura de un mundo sin misericordia y una vida que le había arrancado lo más preciado que tenía. Por supuesto, también muchísimo antes de conocer a Gaara y comprender que dicho amor podía llegar de las formas más extrañas e impensables.
Y entonces estaba allí, sosteniéndole protectoramente, sus cuerpos tan juntos que parecían ser uno solo. Una misma esencia, un mismo sentimiento y un mismo destino.
Deseó poder dar voz a sus palabras y murmurar, con sangre y lágrimas, que no deseaba perderlo nunca, que era lo mejor que había pasado en su vida.
-Lee- le llamó al sentirle perderse dentro de sus pensamientos-, ven conmigo.
Los pozos negros se fijaron en él, le sonrieron con adoración. Asintió sumisamente, como atraído, como hipnotizado.
-Quiero mostrarte mi mundo- añadió el vampiro con complacencia.
Sí, mostrar a su pequeño mortal todo lo que sus ojos no habían visto antes. Se sentía entonces como no se había sentido en mucho tiempo, cuando corría dando largas zancadas y llevaba a Lee apresuradamente de la mano, sintiéndole completamente entregado a él, a esta nueva experiencia que se presentaba lo mismo perturbadora que fascinante. ¿Cómo podía entonces ser tan confiado? Ni siquiera Naruto le había amado tan rápido. Pero Lee...
Ah, debía ser el destino, y no que Gaara creyera en él, pero era lo único que explicaba esa atracción que sentía hacia el pelinegro y que no menguaba con los años. Al contrario, con cada segundo que pasaba sentía que le amaba más y más, a tal punto que su pecho dolía tan sólo de pensar en el amanecer y en las horas que le seguirían que le impedirían estar junto a su amado. Maldita fuese entonces su condición y adorada al permitirle estar junto a él. Entonces era todo como él lo deseaba, lo mejor de una noche fortuita llena de catástrofes. Era Lee, su niño más deseado, quien permanecía a su lado y cuyos labios besaba a cada tanto, cuando el deseo nublaba sus sentidos. Y no sólo deseo de tenerle presente, también era el deseo carnal que lo subyugaba a veces, que lo avergonzaba...
-¿A dónde vamos?- la voz de Lee le hizo detenerse.
Volteó a verle.
Sonrió.
-Vamos al sitio donde mi palabra es ley- fue su única respuesta antes de salir corriendo nuevamente.
¡No podía esperar para introducir a Lee en su mundo!
Se hallaba tan emocionado... Y esta misma emoción parecía sobrepasar al mismo Lee, cuando se diera cuenta de que entraban a una de las zonas más conocidas de la ciudad. Conocida, mayormente, por la cantidad de bares que poseía. A cada paso que daban era una imagen de neón que por segundos lo enceguecía, y risotadas obscenas y hombres y mujeres de ropa ligera y peor consciencia. Aún así, más que causarle aversión, lo que hacía era atraerle. Esta era otra cara de la ciudad que hasta ahora desconocía, y se presentaba tan fascinante como las tantas otras, sino es que hasta más. Porque ese era el reino de Gaara...
-Aquí está bien- dijo el vampiro deteniéndose frente a un local pequeño, poco iluminado y que casi parecía pasar desapercibido entre los enormes carteles que llamaban tanto la atención.
Lee miró largamente la entrada, las letras que rezaban 'Flor de Loto' en color fucsia intenso.
-Ven, apresúrate, no vayas a soltar mi mano- dijo entonces entrando al pequeño sitio.
Nadie les impidió el paso ni nadie pareció percatarse de su presencia, pero en el preciso instante en el que el pelinegro pusiera un pie dentro, comprendió que se hallaba en un sitio enteramente diferente de los que frecuentaba. No supo si era el intenso olor a alcohol mezclado con el cigarrillo, o el espeso vaho de sudor que transmitía una sensualidad que se pegaba a las paredes y los cuadros, o talvez pudo haber sido la melodiosa canción de jazz que parecía venir de todos lados y ninguno; pero era un sitio extraño, ajeno a él, pero que parecía llamarle, parecía invitarle abiertamente. Como decir, en voz alta pero sin que nadie escuche: eres libre.
El vampiro le guió suavemente hasta una mesa un tanto alejada, en una de las esquinas tenuemente iluminadas.
Gaara inspiró profundamente, se le notaba excitado, feliz casi. Miró a Lee fijamente, sus labios se movieron como en cámara lenta, deseosos.
-Este es... un punto de encuentro. Un bar vampírico.
Los ojos de Lee se abrieron de estupor. Era la primera vez que escuchaba algo semejante.
-¿Ves a ese chico de allí?- señaló Gaara a un jovenzuelo que no debía pasar de los dieciséis años.
Lee se preguntó como le dejarían entrar siendo un menor de edad, pero la pregunta se vio prontamente respondida cuando, al sonreír, dos filosos colmillos asomaran sobre sus enrojecidos labios. Lee se quedó sin aliento...
-Es un vampiro, como yo- explicó Gaara lentamente, con un leve tinte de satisfacción que hasta para Lee resultó evidente-. Míralo, ¿lo ves bien? ¿Le estás mirando fijamente?
El pelinegro asintió. Estaba... como en trance. Aquel chico era como Gaara, sí, podía verlo. Su piel también brillaba de esa forma tan escabrosa, y sus ojos refulgían en medio de la oscuridad poseídos por ese brillo fantasmal y lóbrego que usualmente portaban las perlas aguamarina que le observaban desde las sombras. Entonces resultaba atrayente, tanto su figura como su vestimenta. Se le notaba tentador incluso, acaparaba muchas miradas, lo mismo atraídas por los pantalones que pendían peligrosamente de sus menudas caderas o la camisa abierta que revelaba un pecho lampiño y joven, con una piel que gritaba por ser proclamada, tatuada por caricias indecorosas que más de uno deseaba depositar en él. Entonces sólo una cosa podía explicar ese deseo, y era el aura sobrenatural que le envolvía, como una niebla siempre presente que distorsionara los sentidos.
-También es un chupador de sangre, y está en busca de su víctima- continuó Gaara, y aunque sus labios dejaron de moverse Lee aún podía escucharle, pero se encontraba demasiado absorto devorando al joven frente a él como para percatarse-. Su presa será el primer descuidado que se ofrezca a comprarle un trago- y como sentencia divina, un hombre ataviado en un costoso traje se acercó al muchacho, quien le recibió con una sonrisa coqueta-. Entonces sonríe, le dice que no es de la ciudad, y entablan una pequeña e insustancial charla- profetizaba Gaara con tono ceremonioso, satisfecho al notar que cada palabra que decía se cumplía al pie de la letra-. El pobre cordero no sabe en lo que se mete, así que le propone ir a un lugar más discreto bajo la tonta excusa de que hay demasiado ruido y no puede esucharle- Lee observaba todo con ojos abiertos como platos, encadenado a aquella historia a la cual ya le presentía final-. Y el lobo sonríe y pagan la cuenta.
-¿Entonces qué sucede?- pregunta Lee con tono desesperado.
Gaara vuelve a sonreír.
-¿Qué crees que suceda?
Silencio.
-Es un vampiro, lo único que sabe hacer es matar- ante esto, el corazón de Lee se encoge. Se muerde los labios y se retrae en su sitio.
No quería pensar en ello, porque esas palabras iban demasiado bien con lo que había dicho Kankuro, y se negaba a creer tal cosa.
-No, no es cierto- dijo Gaara entonces, elevanto el mentón de Lee con un par de dedos largos y cuidadosos-, también podemos amar- el rostro de Lee pareció iluminarse-. Pero no se trata de eso, Lee. ¿Sabes por qué no le ha matado aquí mismo?
El pelinegro negó. Lo cierto es que ni siquiera lo había pensado.
-Porque en los bares vampíricos no puedes matar, no puedes alimentarte- relató Gaara con parsimonia-. Aquel chico, aquel vampiro, era aun novicio, pero sabe las reglas. Sabe quién soy y no puede darse el lujo de desobedecerlas. Un bar vampírico es el lugar más seguro para un ser humano. Por eso, si alguna vez te sientes en peligro, quiero que vengas a este sitio. Este es... mi lugar favorito.
Esto último salió de sus labios sin siquiera pensarlo. Había en su tono una melancolía evidente y Lee apenas atinó a tomar su mano con suavidad, como haciendo resaltar su presencia, como buscando reconfortarle en ese instante. Todo lo que Gaara decía resultaba casi imposible de creer, pero entonces ya no se hallaba en su mundo normal. Ahora estaba en un sitio donde se aplicaban reglas diferentes, distintas formas de guiarse y comportarse. Descrubió, esa misma noche, que en bares vampíricos podías hacer prácticamente lo que tus instintos dictaran, lo mismo si en cualquier otro lugar hubiese resultado inmoral o si en cualquier otra circunstancia jamás lo harías. Allí no había ningún tipo de tabúes y la libertad era absoluta.
Aún así, comprendió, no todo resultaba perfecto. Había en todo el ambiente cierta nota de congoja, de agonía, de ese mismo pesar que rodeaba siempre a Gaara y que, dedujo Lee al momento, debía ser propia de todos los vampiros.
-Lee- el aludido le miró enseguida-, sabes tocar el piano, ¿no es cierto?
-Así es- respondió con un asentimiento.
-¿Tocarías para mí?
Como si la pregunta fuese necesaria...
Gaara tan sólo tenía que ordenar a Lee perder la vida y este se sacaría el corazón con sus propias manos. A Gaara le daría todo, desde sus canciones hasta su mundo entero. Todo eso le quería, todo eso buscaba formar parte de él, y Gaara asintió, complacido ante lo que su pensamiento captaba, ante la entrega inmediata de Lee que sólo de vez en cuando le hería el corazón. Le tomó nuevamente de la mano y le condujo a una sala un poco más apartada donde no había absolutamente nadie y donde ni siquiera la música del local podía llegar. Pero más que la simpleza y hermosura del sitio, los ojos de Lee se vieron absolutamente atraídos por el esplendoroso piano que descansaba en el centro de la habitación, como un arma que invitara al pecado, a la saciedad total.
Sin decir nada tomó asiento frente al bello instrumento.
Sus finos dedos acariciaron levemente las teclas, dejándose envolver por el ambiente, las emociones que había estado experimentando en esos últimos días y, más que nada, todo aquello que sentía estando junto a Gaara. Sus dedos, de pronto, comenzaron a moverse sobre las teclas. Suavemente, como tanteando un terreno próximo a conquistar. La música sonaba entonces decorosa, casi púdica, una melodía breve que inundó la sala rápidamente.
Los penetrantes ojos del vampiro estaban fijos en Lee, en la forma en que parecía adaptarse al piano hasta formar parte de él. Su cuerpo, entonces, se movía al ritmo de la música, y era como un dios, allí creando tanta armonía, tanta paz que le sobrecogía el alma, que le estrujaba el corazón hasta casi hacerle desfallecer, cerrar los ojos y perderse en el momento. Pero no lo hizo porque la imagen de Lee no podía ser perdida, no podía privarse de semejante placer. Entonces lo único maravilloso no era Lee, sino también la canción que interpretaba y que Gaara no había escuchado antes.
Esta canción relataba sucesos, era especial porque contaba anécdotas, vivencias, historias pasadas. Cada nota era un capítulo vivido que hablaba lo mismo de amores que de desengaños, de traiciones y derrotas que tanto habían herido a ambos, de martirios y tormentas que casi les habían hecho desaparecer. Pero entonces había mucho más que sólamente eso. Contaba entonces de una nueva llama de esperanza, de un sentimiento que resultaba incontrolable y asimismo renovador y nuevo. Una felicidad completa, un deseo exacerbado, una obsesión casi infinita...
Entonces no sólo bastó con demostrar el sentimiento que recorría a Lee. El vampiro se sentó a su lado, tan rápido y tan leve que Lee sólo le notó cuando un par de manos se añadieron a la canción y la tonada se tornaba mucho más rápida y explosiva. Lo que en un inicio resultaba lento e hipnotizante era ahora un huracán de musicalidad y emociones. El ritmo aumentó entonces y el corazón de Lee latió desbocado al comprender el significado de esta nueva melodía, al captar el potente deseo que crecía en Gaara hasta límites insospechados, un deseo que era divino y carnal al mismo tiempo. Era un deseo que abrumó a Lee por completo porque, aunque correspondido, se sentía demasiado intenso. Sus dedos entonces flaquearon, tembloroso, se mordió los labios al sentirse expuesto.
Gaara parecía pedir más de lo que Lee, como ser humano, podía dar; o más bien exigía cosas que Lee no poseía y que de haber tenido no habría dudado en otorgarle. ¿Pero cómo decirle eso al pelirrojo?
Lee deseó, en ese momento, poder marcharse, pero una mano en su cintura le detuvo. La canción seguía sonando, en parte por Gaara y en parte por Lee, pero la atención de ambos yacía en el otro. Sin despegar la mirada del piano, la mano de Gaara fue descendiendo hasta posarse sobre el muslo de Lee, quien se congeló en su sitio al sentirle, recordando brevemente la última vez que se encontrara en una posición más o menos íntima junto al vampiro. Aquella noche Gaara le había revelado lo que era, justo después de prácticamente intentar violarlo.
-Lo siento- dijo Gaara leyendo su mente; porque a pesar de desear a Lee de un modo casi enfermizo comprendía que lo hecho no tenía justificación alguna.
-Está bien- susurró Lee con el rostro sonrojado y agachando la mirada para evitar la del vampiro.
-No es cierto, mírame- con una secreta satisfacción en el pecho contempló a Lee hacer lo que le pedía-. No quiero que me malentiendas, Lee. Es cierto que lo que hice antes no fue algo agradable y me disculpo por ello. Lo menos que querría en este mundo es lastimarte.
-Lo sé- dijo el pelinegro con sinceridad. Creía en las palabras de Gaara, estaba plenamente seguro de que sus intenciones eran buenas, pero aún así... no era tan fácil corresponderle en ese sentido tras aquel primer contacto.
El inmortal suspiró.
-Lee, quiero que entiendas que a pesar de que te deseo enormemente- tras decir esto un rubor aún más intenso se apoderó de Lee, su respiración de pronto agitada y sus manos sudorosas; de más está decir que se hallaba sumamente nervioso-, a pesar de que he soñado contigo y con tu cuerpo un millar de veces, aún con todo eso, te amo. Sí es cierto que muero por besar tus labios a cada instante, y a veces siento que no puedo conformarme sólo con eso. También quiero poder tocarte, y poseerte, y amarte como te lo mereces... Pero no quiero presionarte.
Y estas eran las palabras más consideradas que Lee hubiese escuchado.
-Te entiendo, Gaara- correspondió con voz ahogada-. Yo también... quiero estar contigo. Es sólo que... no lo sé, simplemente...
-No importa- le cortó el vampiro para, acto seguido, besarle castamente en los labios.
El mortal cerró los ojos buscando profundizar el beso, pero Gaara tan sólo se separó para continuar con la melodía, la cual volvía a ser lenta y extasiante. Lee no se vio capaz de seguir tocando. Algo en ese beso... le había dejado perturbado. Pero perturbado en un sentido que no desconocía del todo. Porque ese sencillo roce de labios parecía haber desatado en él un fuego imposible de apagar. ¿Qué le estaba sucediendo?
-¿Estás bien?- preguntó Gaara con falsa inocencia.
-S-Sí...- tartamudeó Lee a duras penas.
El pelirrojo, haciéndose el desentendido, continuó con lo suyo.
Sí, amaba a Lee y no iba a presionarlo, al menos no abiertamente. Pero sus habilidad como vampiro iba más allá de hipnotizar personas. También podía hacer crecer el deseo, y definitivamente su pequeño humano sería la persona perfecta para constatarlo. Después de todo... si iba a ser suyo ¿qué más daba que fuese ahora o después?
Lo imparte es que iba a pertenecerle.
Sólo mío y para siempre.
CONTINUARA...
N/A: Uish! Este capi salio bastante mas largo que los anteriores, casi 5000 palabras (lo q para mi es muuuuuucho xD) pero estoy contenta con el resultado. En si este capi no aporta mucho al desenvolvimiento total de la trama, pero muestra mas interaccion entre Lee y Gaara, lo cual era el objetivo principal del fic, así que si a alguien le gusto aunque sea un poco, me doy por servida ;D
De más esta decir que a todos los que leen/comentan, muchisimas gracias! n3n
P.D.: si ven algún errorcillo x ahí, mil perdones xD ha de haberseme saltado D: pero si es muy fatal, pliss haganmelo saber X3
