N/A: Ohayo!!! Ueno, este capi salio rápido, pero practicamente hice trampa D: Lo tenia escrito desde hace un siglo, aunque me faltaba la parte final, la cual he terminado ayer y que no se, me parecio medio linda :D En este capi se revela el pasado de Kankuro y su relación con Gaara, aunque no explica su existencia siendo que no es un vampiro (lo cual es bueno, aun que da algo de misterio XD) Asi que buen! Espero que alguien disfrute la lectura! ;D

Ah! Y perdonen por este capi que salio medio corto, digo yo xD Eso es porque el próximo estará mucho mas largo :D

Enjoy! nOn


Capítulo 13: Sueños que son Memorias


Kankuro dejó que sus músculos se relajaran, sintiendo el embotamiento que siempre era precedido por los inimaginables sueños que se repetían con asiduidad. Pudo sentir, sobre su frente húmeda, la mano que siempre limpiaba sus hebras de cabello y las apartaba de su vista.

-Descansa, amor- dijo el fantasma de siempre, aquel que había estado desde el comienzo, mucho antes de la aparición de las niñas.

Esas eran siempre las palabras, con el mismo tono de cariño y preocupación impresos en la delicada aunque varonil voz. La pálida mano a veces se sentía suave, calmaba sus nervios, sus sentidos, y todo su interior vibraba porque sentía que le conocía, a pesar de no poder ver su rostro o definir sus facciones. Pero había algo inminente en el roce, como un delicado manto que le separara de aquella tremenda verdad. Entonces, cuando sus fuerzas eran drenadas, esa misma voz le instaba a cerrar los ojos y perderse en las escenas que se presentarían frente a sus ojos, cuando Kankuro podía ver más allá, mucho más, de lo que él mismo a veces deseaba.

Y cerró los ojos entonces, como le ordenaban. Su cuerpo se relajó y prontamente no tuvo consciencia de nada, tan sólo del tan común olor del desierto que de pronto mareaba sus sentidos...

XxXxX

"¿Dónde estoy?", se preguntó Kankuro mientras sus pies cansados deambulaban por las estrechas calles y sus ojos se perdían sobre las casas que parecían estar hechas de barro.

Las personas lo saludaban al pasar, le sonreían y le llamaban por su nombre. Sí, cuando él caminaba, ellos decían "¡Buenas tardes, Kankuro-kun!" o "Qué te vaya bien, Kankuro-san". Y él no hacía más que sonreír y saludarles tímidamente fingiendo conocerlos, a pesar de que esa era la primera vez que los contemplaba.

En cambio ellos parecían conocerle tan bien...

Tan bien que llegaba a asustar e incluso en contadas ocasiones le hacía cuestionarse si aquello que estaba viviendo era un sueño o una realidad. Normalmene no eran más que sueños, y luego despertaba en su solitario departamento lleno de miradas indiscretas y cuchicheos debajo de la cama. Sí, había momentos en que Kankuro deseaba despertar de verdad y saber a ciencia cierta donde estaba, si en aquella villa tan llena de arena y rostros amistosos o en su ciudad tan abarrotada de luces y colores y de personas alejadas y altaneras.

Otras veces, normalmente mas sombrías y oscuras, Kankuro deseaba nunca despertar, tan sólo permanecer allí donde tenía una familia, un hermano, una hermana, un padre, un tío...

-¡Kankuro!- llamó entonces la inconfundible voz de Temari.

El castaño siempre lograba sorprenderse cada vez que le veía, y una emoción indescriptible se anidaba en su pecho y le impedía respirar con facilidad. Era el ver sus cuatro coletas perfectamente peinadas, con el rubio cabello brillante que resplandecía a causa del sol, y ser consciente de que la amaba más allá de todo amor posible e imaginable. Era amarla con tanta intensidad que incluso el mismo pensamiento hería. El dolor, en sí, no podía ser más grande, porque esa que se presentaba, con los azules ojos preocupados, era su hermana. Sangre de su sangre y carne de su carne. Pero no tan suya como él quería... nunca suya.

-Temari-chan- respondió él, deseando poder vivir eternamente junto a ella.

-Gaara no aparece- dijo su hermana con la voz en un hilo.

Ah, y entonces Kankuro recordó. Era imposible olvidar a Gaara, porque en todos los sueños estaba él. Toda su figura era imponente, con ese aire de soledad que le caracterizaba y esa férrea determinación al buscar algo que nadie podía darle. Gaara era el pelirrojo de sus sueños, sí, su hermano más pequeño, el que siempre desaparecía y reaparecía días después, moribundo, delgado, casi sin vida. Y Temari lloraba al tomarlo entre sus brazos, al acunarlo contra su pecho, al besar su fría frente como si estuviera muerto.

Pero Kankuro sabía, aunque no lo dijera, dónde estaba el chico. ¿Como no saberlo si cada noche era lo mismo? Todos los sueños terminaban de la misma horrenda forma y no importaba cuántas veces tratara de cambiar el resultado, todo finalizaba igual. Por eso ya no lo intentaba, sino que suspiraba, cerraba los ojos y alentaba a Temari a seguir buscando.

Ambos buscaron, entonces, por toda la aldea. Haciendo preguntas, descripciones, su forma de ser, pelirrojo, ojos dementes, da miedo cuando lo ves por primera ocasión, pero es una buena persona, sí, definitivamente; ¿le has visto? Pero nadie veía a Gaara ni aunque el mismo pelirrojo lo intentase con todas sus fuerzas. Entonces el sentimiento de desesperanza se apoderaba de Kankuro al momento de ver las negras nubes arremolinándose en el cielo, augurio de una desoladora noche llena de fríos y envolventes recuerdos que llevaban lágrimas ardientes a rodar por sus ojos.

-¡Temari, tenemos que irnos!- advirtió inútilmente a pesar de saber que la chica no cesaría en su empeño. La rubia jamás se rendía cuando se trataba de Gaara. No lo había hecho antes y no empezaría ahora, aún cuando Kankuro trataba de arrastrarla por la calle frente a las miradas escandalizadas de los aldeanos.

¿¡Pero qué importan las miradas!? Ninguno de ellos sabe lo que sabe Kankuro. Ninguno sabe de la catástrofe que se avecina, ni de los sangrientos asesinatos ni de las horribles muertes que inundan su cabeza. ¡Ya casi es hora!

Se acerca el momento y ya delgadas lágrimas humedecen las mejillas del castaño. No puede evitar llorar porque sabe que la perderá. Su amada Temari desaparecerá antes del alba y él no va a poder hacer nada porque sencillamente también morirá junto a todos los demás.

-Kankuro, ¿qué te sucede?- preguntó la joven notando el desencajado rostro de su hermano.

El chico, por su lado, no dijo nada. Siguió llorando mientras sus pies lo guiaban directo a la casa en la que vivían. Temari le siguió en silencio, hondamente perturbada pero sin intervenir.

Al cerrar la puerta detrás de sí, Kankuro le dio un beso a su hermana. La besó en los labios suavemente y se separó sin decir palabra, a pesar de que la mirada de ella claramente le pedía explicaciones. Pero no podía... No podía decirle que iba a morir, que todos iban a morir en menos de una hora.

Y, justo como en todos los sueños, la puerta se abrió lentamente, con el espectro de la luna llena danzando en el inconmensurable cielo.

-¡Gaara!- exclamó Temari con alegría, pero tan sólo con la pronunciación de ese nombre Kankuro se estremeció.

¡NO! ¡No te acerques a él!

Quiso detenerla, quiso apartarla y llevársela lejos, pero lo único que atinó a hacer fue abrazarse a sí mismo y llorar como un niño perdido. Sus ojos oscuros contemplaron la silenciosa figura de su hermano menor, con el rojo cabello sangriento y los ojos azules resplandeciendo. Tenía un mirar loco, asesino, casi maniático. ¡Y cuando sonrió...! Kankuro fue capaz de ver la locura, el deseo desmedido, ¡el éxtasis oculto!

Su garganta se consumió en un grito agónico cuando las zarpas de Gaara atraparon a Temari y sus desarrollados colmillos ultrajaron la nívea piel de su cuello. Ella, con los ojos cristalinos sumidos en la confusión, el dolor y la muerte, tan sólo se debatió entre sus brazos, tratando de apartarle de sí. Pero mientras más intentaba resistirse, con más bríos el pelirrojo succionaba su garganta, con más ímpetu se llevaba su vida. De pronto la habitación era sólo el sonido de la sangre correr, de las hebras rojizas al moverse al compás del viento y el corazón de Temari debilitándose. Los ojos quedando en blanco, vacíos, desprovistos de toda alma.

A su propia hermana...

Gaara mataba a su hermana, en su sueño, y lucía como un ángel despiadado, con el esbelto cuerpo lleno de marcas sagradas que le condenan pero sin arrepentirse de lo que hace.

Tan malvado...

Entonces Gaara lanzó a un lado el cuerpo de la joven, ya muerta, como si se tratara de un cascarón inservible, y Kankuro contempló con puro horror la forma en que se acercaba a él, con la sonrisa predadora en los labios. Iba a matarlo, lo sabía, y no podía hacer nada por evitarlo así como no podía dejar de escuchar esas palabras que aquel demonio siempre pronunciaba. Sí, y justo como en cada pesadilla, cuando la oscuridad se hacía aún más terrible y acusiante, Gaara se arrodilló frente a él y con sus pálidos dedos limpió una de las mejillas del castaño.

Le miraba de pronto con devoción, casi con cariño, y el mayor casi podía escucharle decir: "Mi hermoso Kankuro, ¿estás asustado?"

¿Pero cómo no estarlo? ¡Basta! ¡Quería despertar! ¡Quien fuera el que le tuviese en ese sueño, que le dejara marchar! Pero nunca nadie respondía y Kankuro se vió a sí mismo, tembloroso como una hoja, entre las uñas cristalinas que rasgaban su piel con tanto amor, con tanta pasión, que casi lograba convencerlo de que no estaba mal hacerlo; no, para nada, Gaara casi tenía derecho a matarlo.

-¿Tienes miedo, Kankuro?- preguntó Gaara saboreando las delicadas letras, el aire espeso que se trancaba en sus pulmones, pero por sobretodo el chico que se estremecía, con la mirada vacía y ya perdida. Tan hermoso, su propio hermano.

-Gaara... ¿qué has hecho?- preguntó Kankuro, y supo que aquellas palabras no eran suyas así como el sueño no era suyo ni los recuerdos lo eran. ¿Eran recuerdos, en primer lugar?

-No podías estar con ella, Kankuro- susurró el pelirrojo mostrando sus macabros colmillos tan mortales en lo que pareció una mueca de una sonrisa pero que heló la sangre al castaño-. Pero ahora pueden estar juntos, para siempre. Yo me encargaré de eso, Kanku. Tú no tendrás que preocuparte...

Y Kankuro realmente no se preocupó. No le importó que Gaara dejara sus hombros al descubierto, con la dorada piel tan apetecible y la sangre saltando dentro de las venas azules. Ah, el vampiro tuvo que relamerse los labios ante la visión tan tentadora frente a la entrega de su propia carne. Era el cuerpo de su hermano y al tomarlo estaría condenándose a sí mismo, pero la idea resultaba tan enloquecedora y excitante... Estar en guerra con Dios, dejar por sentado que era todo un demonio y tenía las capacidades para ello. ¿Qué otra cosa podía pedir?

Acercó sus labios al cuello expuesto y saboreó el gusto salado de la piel que a diario contemplaba, tan deliciosa, como el mismo elíxir sagrado. Chupó y chupó mientras sus manos se cerraban alrededor del cuerpo trabajado que se debilitaba. Sí, lo mataba lentamente. Y, por su parte, Kankuro sólo cerró los ojos y dejó que Gaara se llevara no sólo su sangre sino sus pecados y sus lágrimas. Justo cuando su alma parecía expandirse y contraerse, revolverse y lanzarse sobre sus propios recuerdos y pasiones que lo habían herido tanto, que le habían dado tanta vida. Sintió entonces que todo quedaba atrás...

Atrás los recuerdos, la noche en el desierto, la figura despiadada de Gaara...

Estaba alto, tan alto, y sus pestañas se movían a causa del viento y sus lágrimas se congelaban por el frío. Sintió dentro de su corazón ese incestuoso amor hacia su hermana, ese terror sin precedentes hacia su hermano, y se confundió todavía más cuando apareció frente a él esa figura que lo abrazaba siempre, al final de cada sueño, y lo besaba con ferocidad y lo sacudía con violencia. Pero era una violencia placentera, además de la confusión que conllevaba el hecho, y tan sólo lograba robarle las palabras, dejarlo completamente expuesto a sombras y figuras que no reconocía.

Entonces la voz, la misma voz...

-No te preocupes, amor, ya todo está bien...

Pero no estaba bien, nunca lo estaba.

-¿Quién eres?- preguntó Kankuro sintiendo los músculos adoloridos y los párpados pesados- ¿Dónde estoy?

Y por toda respuesta tan sólo se afianzaba el amarre en sus costillas y los labios fríos y duros que besaban su cuello.

-Todo está bien, amor. Yo te protegeré- la voz era susurrante, aterciopelada, enigmática y sensual. Casi parecía conducirlo por un camino sin salida, allí donde le acariciaba la cabellera de suaves hebras y aroma extasiante.

-¿Quién... quién eres?- preguntaba y preguntaba, pero nunca nadie respondía.

-Falta poco, Kankuro. Poco para que volvamos a estar juntos- decía finalmente mientras se adentraba en él poco a poco-. Lo prometo...

XxXxX

Kankuro abrió los ojos y el estridente sonido de las bocinas de los autos le dio la bienvenida. Intentó moverse pero sintió el cuerpo pesado, como si fuese de cemento. Sudaba a raudales y respiraba con dificultad. La sábana húmeda se pegaba a sus manos y el ventilador en el techo hacía un ruido insoportable que lastimaba sus sensibles oídos. Se mordió los labios cuando un dolor electrizante recorrió toda su espina dorsal hasta llegar directamente al cerebro, haciéndole sacudirse en temblores espasmódicos.

Pequeñas lágrimas se trancaron en sus ojos, pero no lloró.

A su lado, las niñas lo miraban con ansiedad.

Sus ojos dorados le observaban de forma silenciosa, a pesar de que las pupilas muertas y casi fantasmales lograban transmitirle una enorme inquietud. Sí, estaban sinceramente preocupadas a causa del rostro demacrado y de marcadas ojeras, y la forma en que la vida de Kankuro se iba debilitando cada vez más con cada sueño que tenía. Una de las más pequeñas, la más osada, aventuró una de sus delgadas y blancas manos hasta tocar la tersa mejilla hirviendo en fiebre. Con el sutil contacto, pareció preguntar: "¿Estás bien?", y Kankuro sonrió arrobadamente.

-Sí- respondió casi sin fuerzas.

-Es peligroso- dijo otra voz que conocía bien y que pertenecía a la niña de cabellos negros como la noche y a la cual le faltaba el ojo izquierdo. Las demás rompieron en un cuchicheo ininterrumpido dándole la razón. Era demasiado peligroso.

-¿Quién es él?- inquirió Kankuro de forma cansada, deseando que esta vez ellas le dijeran el nombre de aquel que se apoderaba de sus pensamientos, que lo obligaba a soñar cosas terribles y que luego acababa prácticamente con su energía.

-No lo sabemos- respondió otra-. Pero cuando duermes, hace cosas raras con tu cuerpo...

Kankuro no supo a qué se refería, pero una palidez extrema hizo presa de él. Con la mirada exigió una explicación.

Una de las niñas carraspeó, se giró un poco y apuntó a la puerta.

-Se apodera de tu cuerpo y se encierra allí- dijo con voz enigmática-. Dicen que construye algo, pero nadie sabe qué es. No nos deja entrar porque tiene mucha fuerza. Es peligroso...

El castaño cerró los ojos. Esa habitación... Era el cuarto que siempre había estado sellado, desde que se mudara de Japón hacía ya tres años. El dueño del departamento le había advertido que estaba prohibido, por su bien, acercarse allí. Y por más que Kankuro llamó a los mejores cerrajeros, ninguno pudo abrir la puerta.

Suspiró.

Tan sólo quería descansar, reponer fuerzas. Sonrió un poco, débilmente, y les agradeció por su preocupación y les prometió encenderles velas y hacerles una sopa. Las niñas estallaron en carcajadas divertidas y se perdieron cada una a su rincón. Y allí, detrás de la ventana, dos ojos contemplaron la escena y escondieron un rostro melancólico.

-Falta poco, Kankuro...- murmuró antes de desaparecer por completo.

XxXxX

Fue cuando los dolorosos rayos del sol se perfilaron por sobre los altos edificios que Gaara cayó en cuenta que su tiempo era exageradamente limitado, aún cuando sus ansias eran infinitas. Sin decir nada tomó a Lee de la muñeca y le arrinconó contra una pared. Era esa la despedida, pero aún cuando su corazón se negaba ante tal pensamiento, su mente anticipaba el inoportuno desencanto al saberse aparte de la única persona que realmente le importaba.

-Escúchame, Lee- le dijo firmemente-, no quiero que tengas miedo.

Esto último tan sólo para borrar de los profundos ojos negros el pequeño velo de temor que por instantes había empañado su mirada. No; no quería que Lee tuviese miedo de él. Él menos que nadie debía sentirse asustado cuando todo lo que deseaba el pelirrojo era hacerlo completamente feliz y amarlo hasta el final de los tiempos.

-No te tengo miedo- susurró Lee no muy seguro.

No estaba realmente seguro si aquello que sentía era temor, pero fuese lo que fuese se trataba de un sentimiento que lo desbordaba y lo dejaba expuesto. Sabía que Gaara no iba a hacerle daño (el sólo pensamiento resultaba ofensivo y hasta tonto), pero era lo que podía decir, lo que podía llegar a hacer que resultaba incomprensible para Lee, porque aún no le conocía por completo, aún no sabía de todo lo que era capaz por amor.

Pero de nada valía atormentarse, porque esas gemas resplandecían genuinamente, le calmaban de manera silenciosa y efectiva.

Lee se vio a sí mismo suspirando, expectante por aquellas palabras que vendrían.

-Lee, pequeño- el vampiro se mordió los labios. Tanta cercanía lo mareaba, lo descolocaba por completo. Resultaba tan difícil tenerlo tan cerca y no poder hacer todo lo que deseaba… Pero sólo por Lee haría lo indecible, se reprimiría al máximo porque no podía arriesgarse a perder la cosa más maravillosa que había conocido nunca-, no quiero perderte.

-No me perderás- se apresuró a decir el mortal.

Gaara sonrió y negó suavemente con la cabeza.

-No estás entendiendo bien- pero estaba dispuesto a explicar-. Quiero estar contigo a todo momento, quiero tenerte para mí y saborearte por completo- se detuvo un instante, esperando alguna posible reacción de Lee, la cual nunca vino más que en la sencilla forma de un indetenible sonrojo y un desbocado palpitar-. Quiero ser tu dueño, pero en toda la extensión de la palabra.

Pero eres mi dueño, quiso decir Lee.

Lo era, dueño de sus pensamientos, de su alma y de su cuerpo.

-Quiero que tus noches sean mías, Lee- estableció los términos, manifestó las reglas; y no estaba pidiendo una opinión ni pidiendo sugerencias. Lo que hacía era estipular, hacer a Lee partícipe de este nuevo cambio que ocuparía su vida-. Por el día serás libre de andar a tus anchas, puedes hacer lo que gustes con quién lo desees. Pero cuando el sol se esconda quiero que seas consciente de que todo tú me perteneces. Cuando abras los ojos a la noche quiero que sepas que estaré allí, en el marco de tu ventana, y vendrás conmigo y seré tu dueño. ¿Lo comprendes?

El pelinegro asintió, sobrecogido ante tales palabras, ¿pero cómo negarse ante lo que su propia alma parecía lanzarse con devoción? No hacían falta explicaciones ni nada por el estilo. Lo único que Lee necesitaba saber era que, al caer la noche, aquella segura presencia estaría allí para cobijarle, para protegerle de todo daño posible. Era lo único que Lee verdaderamente necesitaba y era lo que, a fin de cuentas, Gaara estaba prometiendo.

Se besaron entonces largamente, de algún modo como sellando una promesa. Y era todo lo que necesitaban.

Gaara al sentir que su pequeño mortal siempre sería suyo; y Lee al saber que el callado vampiro siempre le amaría. ¿Qué otra cosa podía desear?

Nada más, porque nada más era importante. No le interesaba, en ese momento, ni el pasado ni la historia. No le importaba saber que aquellos sedosos labios que lo atormentaban y le atormentarían durante el sueño, eran armas diabólicas que habían despojado de sus vidas a familias enteras. El humano no tenía necesidad de saber que aquellos ojos traumatizados por la vida habían visto lo que sus propias acciones habían desencadenado, no sólo el término de su familia y sus lazos humanos, sino el convertirse en un demonio despiadado que había recibido con brazos abiertos la oscuridad que se había apropiado de su corazón.

No, Lee no necesitaba saber nada de eso. No ahora, no en ese momento, cuando la figura de Gaara desaparecía en la lejanía y una visible sonrisa ocupaba sus labios, con la irrevocable promesa de que, a la noche siguiente, volvería a buscarle.

CONTINUARA...


N/A:Yay! Al fin salio este capi! :D Estoy contenta porque en el proximo capitulo, del cual ya tengo escrito el 95% escrito, se desvela gran parte del misterio. Al fin se sabra quien es el maestro de Gaara y que busca de él (bueno, no tanto, tan solo saldra su maestro xD).

En fin, hoy fue un buen dia asi que ando contenta. Muchos besos para todos los que leen y comentan! Muaaaak!!!!! n3n