Capítulo 4

Afuera estaba fresco, mi piel se erizó apenas salí, no había llevado abrigo. Ella me hubiera prestado su chaqueta roja, pensé y las lágrimas comenzaron a caer sin cesar.
Mis piernas no reaccionaban, con un movimiento de manos una nube morada me envolvió y aparecí en mi habitación. Prendí la luz y dejé los tacones junto a la cama, bajé el cierre del vestido y lo arranqué furiosa de mi cuerpo, lo arrojé contra la pared y me desplomé en la cama. Con un pequeño chasquido, un fino pijama apareció en mi cuerpo y me tapé completamente con las sábanas, abracé mis piernas y seguí con el llanto que no quería parar.
Me sentí ilusa por creer que era una cita a solas, ridícula por esmerarme tanto en mi apariencia, idiota por aceptar aquella petición que sería como una muerte lenta, débil por no poder negarme a esos ojos suplicantes. Debo aprender de una vez por todas que no tengo un final feliz.


Alguien movió con suavidad mi cuerpo y susurró mi nombre, abrí con dificultad mis ojos y fruncí el ceño al ver quien me despertaba.
—Hola, cielo.
—¿Qué haces tú aquí? ¿Cómo lograste entrar?
—Henry me prestó su llave sin problemas —se encogió de hombros y yo pasé mis manos por mi cara, estaba tiesa porque me dormí llorando, tenía los ojos hinchados y rojos, todo me delataba.
—No por eso puedes llegar y entrar como si fuera tu casa. Vete —me tapé dándole la espalda y suspiré.
—¿Por qué aceptaste ser la dama de honor? —soltó luego de unos eternos minutos de silencio.
—Snow... —me giré y la miré con ojos suplicantes, no me sentía apta para hablar el tema.
—Te lo pregunto en serio, no me es lógico que hayas aceptado.
—Ni yo sé por qué lo hice —confesé y tragué saliva, la simple remembranza del momento humedecía mis ojos y hacía temblar mi labio inferior. Me metí bajo las sábanas y me estremecí cuando el sollozo salió. Snow se recostó a mi lado y ni siquiera me importó, acarició mi cabello y tarareó una canción suave que supuse la aprendió en el Bosque Encantando. Mis ojos apenas se mantenían abiertos, los párpados me pesaban y en unos pocos minutos me dormí profundamente.
Desperté al día siguiente y me senté en la cama ordenando mi cabello. Escuché dos golpes en la puerta y, antes de poder preguntar quién era, se abrió y la cabeza de Snow se asomó.
—Espero no haberte despertado.
—Tranquila, ya lo estaba —sonrió calmada y entró con una bandeja llena de comida en sus manos.
—Lo siento por ocupar tu cocina —dejó el desayuno sobre mis piernas y se sentó en el borde de la cama. Miré con detenimiento lo que había preparado y reí al ver una manzana trozada en un recipiente.
—No está envenenada, ¿verdad? —apunté la fruta y se encogió de hombros, tratando de mantener su expresión neutra. No le resultó y al par de segundos estalló en risa, yo negué con la cabeza y una pequeña sonrisa, me agradaba la complicidad entre nosotras— ¿Dónde está Henry?
—En su habitación. Por cierto, ronca bastante fuerte.
—¿Tú... dormiste aquí?
—Sí, en la habitación de invitados.
—¿David sabe que estás aquí? —Snow asintió— ¿Y no vino a rescatarte? —rodó los ojos y ambas reímos.
Desayunamos en silencio y, al terminar, dejé la bandeja sobre la mesa de noche. Snow se veía ansiosa por decir algo, su pierna no paraba de moverse y jugaba con sus dedos, mirando puntos cualquieras de la habitación.
—Adelante, di lo que da vueltas en esa cabeza.
—Regina...—Me miró a los ojos y suspiró — ¿Cuántos años buscaste venganza?
—Creí que ya habías superado el tema de la maldición ¿A qué quieres llegar con eso? ¿No vas a reclamarme todo el daño que les hice?— Snow estaba a punto de interrumpirme pero me adelanté, un enojo súbito se apoderó de mí— ¿O vas a decirme que ser la dama de honor de Emma es mi pago por ser mala, que no la merezco? — solté con los ojos llenos de lágrimas, aunque no supe si de impotencia o tristeza.
—Hey, alto ahí. Quiero que veas que te has enamorado nuevamente y...
— ¿Y qué? ¿Crees que buscaré venganza porque ella no me quiere?— alcé mi mano al ver que pretendía hablar — Suficiente vergüenza pasé ayer pensando que Emma y yo tendríamos una cita como para que restriegues en mi cara que la Reina Malvada no merece un final feliz.
— ¿Por qué te sigues viendo así? ¿Acaso no has aprendido?
— ¿Aprender a qué? ¿A amar? Tus cánticos en el bosque sobre el amor no funcionan para mí. Primero fue Daniel, luego intenté con Robín y ahora no puedo dejar de pensar en tu hija. Irónico, ¿no? Me enamoré de la hija de quien quise matar por asesinar a mi primer amor — decir aquello en voz alta era extrañamente liberador, nos miramos a los ojos y ella tomó mis manos, fruncí el ceño para apartarla pero ella las apretó con suavidad.
—Prefiero ver a Emma contigo que con Killian.
— ¿Qué? — la miré confundida.
—Te he visto amar a alguien verdaderamente y sé que entregas todo de ti, como también sé que cuando sufres, te destruyes a ti misma.
—Yo no me...
—Lo haces, Regina — bajé la mirada y tragué saliva — Quiero ver a esa Regina llena de coraje y valentía que hace años conocí— busqué su mirada, ella se veía decidida — ¡Debes luchar por ella!
—No lo haré — dije seria y cortante.
—No me obligues a decirle.
—No te atrevas a arruinar mi felicidad de nuevo—amenacé — Oh, espera, de todas formas ya está destruida— solté una risa triste y evité sus ojos.
Snow apretó sus labios con una mueca y acarició mis manos en un intento desesperado de consolarme. Me sentí vulnerable, había sacado por un instante la coraza de mi corazón y ya no podía retroceder.
—Deberías intentarlo.
—¿Para qué? Solo saldré más lastimada de lo que ya estoy.
—Algo me dice que hay esperanza.
—Debes dejar de hablar con aves, querida —rodó los ojos y solté una disimulada carcajada.
—Te hablo en serio, Regina. Sé que cuando quieres algo, lo consigues.
—Claro, porque conseguí estar con Daniel a pesar de lo mi madre opinaba, conseguí vengarme de ti luego de años, conseguí amar y ser feliz con quien supuse mi verdadero amor, y ahora conseguí estar con Emma —solté con sarcasmo y amargura.
—No seas pesimista. Si es necesario, yo te ayudaré a conquistarla. Será más fácil ahora que pasarán más tiempo juntas —dijo con un entusiasmo absurdo, sonriendo esperanzada.
—Planeando su boda —alcé mi ceja para recalcar lo obvio.
—Ella estará muy pendiente de ti, créeme —suspiré pesadamente—. No te desanimes, estoy segura que Emma siente algo por ti, solo necesita darse cuenta, necesita sacar ese sentimiento a la luz.

Sentí una ligera esperanza ante sus palabras, sonreí de lado y me lancé a abrazarla, después de mucho tiempo me dejé llevar por mis impulsos, creí que era la mejor manera de demostrarle mi agradecimiento por su apoyo y sus palabras, a pesar de toda nuestra historia.

—Vas a tener que disculparme, linda, pero mi bebé me necesita—dijo luego de revisar varias llamadas perdidas y mensajes por parte de su encantador esposo, le dediqué una sonrisa tranquilizadora y se levantó de la cama—. ¿Estarás bien?
—Supongo—me encogí de hombros.
—No dudes en llamarme si necesitas algo, ¿sí?—asentí y besó mi frente— Nos vemos. ¡No olvides lo que te dije! —exclamó ya bajando las escaleras y yo no hice más que sonreír negando con la cabeza, no quería ilusionarme fácil y Snow lograba hacerlo por alguna razón desconocida.

Tomé la bandeja y fui a dejarla a la cocina, lavé lo usado y lo dejé secando. Al parecer estaba todo en orden, tal y como yo lo tenía organizado, Snow tomó aquella precaución y yo lo agradecí enormemente. Subí a ver a Henry a su habitación, abrí la puerta con sumo cuidado para no hacer ruido y sonreí calmada al verlo dormir desparramado por la cama, con la mitad de las sábanas en el suelo. Nunca cambiará, pensé saliendo y cerrando con el mismo silencio.
Sin tener algo por hacer, largué el agua caliente en la ducha y me desvestí. Saqué un par de toallas del armario, las dejé a mano y me metí bajo el chorro de agua. Pasé varios minutos sin hacer nada más que estar con la cabeza alzada, era mi pequeño ritual antes de bañarme de verdad, siempre me ayudaba a despejar mi mente. Al salir, después de unos veinte minutos, me envolví en la toalla y con la otra sequé mi cabello, me senté en la cama luego de vestirme con algo cómoda y tomé un libro que tenía a mitad de lectura. Avancé apenas un par de hojas cuando sonó mi celular, marqué la página y tomé el aparato. Definitivamente debo sacarle ese estúpido corazón.
—"Hola Regina"— ¿Por qué pone esas caras con hepatitis? Dios, debe estar esperando mi respuesta, está en línea. Tecleé varias respuestas y ninguna me convenció.
—"Hola Emma."—respondí unos minutos después, vi que de inmediato escribía y me emocioné ligeramente.
—"¿Cómo estás?"—envió con otra carita y yo reí, era típico de Emma ponerlas.
—"Bien, ¿qué necesitas que me envías mensaje?"
—"Nada, solo quería hablarte" —suspiré y mordí mi labio, me sentía una adolescente que se emociona ante cualquier palabra de su enamorada, por más mínima que fuera— "En mi defensa, suelo enviarte mensajes de buenos días casi a diario, así despiertas de buen humor y no lanzas maldiciones"—añadió haciéndome reír, sus comentarios idiotas me alegraban y ella no se daba una idea de cuánto.
—"Idiota."
—"Probablemente, pero esta idiota está preocupada por ti. ¿En serio estas bien? Anoche no te vi después de que todos comenzaron a celebrar el compromiso y que aceptaras..."—tragué saliva y me tomé mi tiempo para responder, creí que Emma no había notado mi huida.
—"Lo estoy. Fue un día agotador, mucho papeleo."—mentí, tuve tan poco trabajo que pude irme a casa temprano y así estar lista para la supuesta cita.
—"La próxima vez avísame, quizás pueda ayudarte un poco"
—"Lo tendré en cuenta."
Vio el mensaje y se desconectó, dejé el celular bajo la almohada y tapé mi cara con ambas manos. Quería seguir hablando con ella y estropeé la oportunidad perfecta. Bien Regina, sigue así de idiota y no llegarás a ningún lado. Hice el amago de retomar el libro y el celular sonó, esta vez era una llamada. Temblé al leer su nombre, aclaré mi garganta y di click para aceptar.
—Emma, ¿pasa algo?—dije sin titubeos, algo que llego a sorprenderme considerando el escalofrío que me provocó su risa del otro lado.
—Sí, se me acaba de caer el celular en la cara —sonreí aguantando la carcajada al imaginar la situación—. Hey, no te rías, sé que lo estás haciendo.
—No puedes verme —miré a mi alrededor como acto reflejo, ella no podía estar viéndome.
—Como sheriff, debo tenerla vigilada, alcaldesa. Es más, ahora estás mirando a tu alrededor en busca de cámaras — En realidad te busco a ti, Emma.
—Es una idiota, señorita Swan.
—Y usted muy predecible, señorita Mills —ambas nos callamos y relamí mis labios, rebuscando cualquier excusa para seguir charlando—. Perdón si te espanté, solo quería escuchar tu voz —mi corazón se saltó un latido y mordí mi labio inferior. Aquí vamos de nuevo.
Mi voz no tiene nada de especial.
—Sí, para mí lo es. Me regresa a la realidad, es como mi ancla.
—¿Ancla? No creo que Hook se sienta muy feliz respecto a eso, estoy segura que él quiere todas las referencias sobre el mar.
—Regina, tengo miedo.
—¿Sobre qué?
—Casarme...
—¿Y por qué aceptaste entonces? — esperaba su respuesta ansiosa. ¿Tiene Snow algo de razón y Emma siente algo por mí?
Sentí que era lo correcto, no lo sé.
—Debes estar tranquila, me encargaré de cada detalle y haré que tu día sea mágico —casi pude ver la sonrisa aliviada de Emma y el nudo en mi garganta de apretó de golpe, imaginarla en el altar fue la peor imagen.
—Espero que por mágico no te refieras a trolls y ogros... —ambas reímos.
—¿Ves? Eres idiota. Pero para que te sientas segura, lo prometo. —Gina...
—¿Sí?
—Gracias por estar conmigo en esto, en todo en realidad.
—Para eso están las amigas, ¿no? —solté con tristeza y ella no lo notó, me dolía llamarla amiga cuando deseaba ser algo más que eso.
—Eso dicen —rió un poco y mordí mi labio—. Te dejo en paz ahora, al parecer llegó mamá y voy a averiguar dónde estaba. ¡Que tengas un buen día!
—Igual tú, Emma —murmuré y el silencio se hizo presente entre nosotras, ninguna era capaz de colgar. Escuché un suspiro de la rubia, una despedida fugaz y los pitidos que me avisaban el fin de la llamada.
Dejé el celular en la mesa de noche y miré el techo. Una parte de mí quería creer las palabras de Snow y tener esperanza en que había una oportunidad con Emma, y la otra sabía que cada vez que algo me ilusionaba terminaba en desastre, no podía permitirme ser débil y salir perdiendo otra vez.
—¿Qué me has hecho, Emma Swan? —susurré soltando un pesado suspiro.
Sin duda alguna, ser su dama de honor iba a ser una hazaña de la que esperaba salir viva.


Gracias a nuestra querida Gise por hacer la hermosa portada del fanfic, te estimamos mucho (imagina muchos corazones aquí).

Quería aclarar ahora esto: TODO el ff será narrado desde Regina, no me gusta la idea de cambiar de narrador, así que todo lo que verán será exclusivamente desde la perspectiva de nuestra reina. Lo siento si alguien quería verlo desde el punto de vista de Emma. :(