Capítulo 6

— ¿En serio castigaste a Henry?

— ¿Por qué no me crees?

—Estoy segura de que él te pidió permiso a ti precisamente porque creyó que se lo darías.

— ¿Y en qué te basas para decir eso?

—En que, de las dos, tú eres la madre divertida.

—Eso es mentira, Regina, tú también eres divertida.

—Claro... No me das más opción que ser la estricta, Swan. Eres como una niña.

— ¡Oye! —me miró frunciendo el ceño y yo reí.

— ¡Ojos en la carretera!—dije aún sonriendo victoriosa y ella siguió conduciendo con la vista en frente.

—Cuéntame la historia completa, que todavía tenemos bastante de viaje.

—A ver... —entrecerró sus ojos y aclaró su garganta como si fuera a contar algo largo y necesitara ordenar sus ideas— Ayer Henry fue hasta la comisaría y llegó con una caja de donas, tres con glaseado de chocolate y tres con glaseado de fresa, aunque estaban algo añejas me las comí igual, tenía hambre y...

— ¡Emma! —la detuve— Céntrate en lo importante, ¿sí?

—Claro, lo siento. Henry solo me lleva donas cuando quiere pedirme algo, cuando me lleva comida sin motivo suele ser un sándwich de queso. No quise presionarlo, así que comimos en silencio; no aguantó demasiado, me pidió permiso para ir a una fiesta organizada por unos compañeros de secundaria.

— ¿Lo invitaron?

—Eso fue lo que me pareció extraño, el chico no suele hablar de amigos del colegio. Por muy duro que suene, me fue raro que lo invitaran y él quisiera ir.

— ¿Y lo castigaste por querer ir a la fiesta?

—La historia no termina ahí. Le pregunté directamente mi duda y a medida que respondía se ponía como tomate, fue fácil saber que mentía —se encogió de hombros y sonrió alardeando el uso de su superpoder.

—Sigues sin explicarme el motivo del castigo...

—Ahora viene, no seas impaciente —rodé los ojos y ella rió al verme de reojo—. Después de preguntarle varias opciones de la posible verdad, acerté en una...

— ¿Y...?

—Nuestro hijo tenía una cita.

—Debes estar bromeando.

—Esa no es la peor parte. Él pretendía pasar la noche afuera con su novia.

—¡¿Novia?!

—Exacto, Henry ya oficializó su relación y no nos contó.

—Esto no me gusta para nada —me crucé de brazos con el ceño fruncido.

—No me molesta que tenga novia —soltó y la miré con el ceño fruncido—, me molestó que no nos contara —oculté la sonrisa que salió de mí por su uso del plural—. Cuando le pregunté por la chica, se negó a responderme, ni siquiera quiso decirme su nombre. Y ya sabes cómo soy... Mi paciencia duró poco y lo castigué sin salir.

—Felicitaciones, Emma, por fin asumes tu papel como madre —me dio un juguetón golpe en el brazo y ambas reímos.

No nos percatarnos de lo rápido que pasó el tiempo a causa de la conversación hasta que el cartel de bienvenida a la ciudad apareció. Tomé aire al pasarlo y miré a mi alrededor, de a poco aparecían casas y edificios, grandes y pequeños, antiguos y modernos. Boston era una linda mezcla de lo viejo y lo nuevo.

Con la ayuda del GPS de Emma, llegamos a un hotel en medio de la gran ciudad y bajamos nuestros pequeños bolsos, ninguna llevaba más de lo necesario para el fin de semana. Pedimos una habitación con dos camas individuales y nos entregaron dos llaves de la habitación 4 del piso 11, a petición mía en caso de separarnos en algún momento y necesitar entrar al cuarto.

Al entrar, Emma se lanzó sobre una de las camas como una niña pequeña y yo negué riendo, me acerqué al balcón y miré el panorama que este me ofrecía.

—No sé tú, pero yo muero de hambre —escuché que decía Emma y me caminé hasta ella—. ¿Comemos afuera?

—¿Y pretendías que cocine acá? —solté en tono sarcástico y ella hizo el amago de lanzarme un cojín, mas se detuvo apenas levanté mi mano— Ni siquiera piense en hacerlo, señorita Swan.

—Solo bromeaba —alzó ambas manos en señal de paz—. Pero en serio, vamos a comer a un restaurante y luego hacemos lo que sea que vinimos a hacer.

—A ver tu vestido de novia.

—Eso —se encogió de hombros y sacó su billetera de su bolso, acción que imité de inmediato.

Comida italiana fue la elegida. Yo almorcé algo ligero, aunque no podía decir lo mismo de Emma. Ordenó un plato enorme de pasta y la comió sin impedimento, hasta le alcanzó espacio para el postre.

— ¿Es idea mía o tu estómago no tiene fondo?

—Probablemente. Por mí no hay problema, adoro comer.

—No me digas, no lo había notado —me miró con falso enojo y sonreí victoriosa por tener la última palabra.

Cada una pagó lo que consumió y comenzamos a caminar sin rumbo alguno por las calles de Boston, comentando hasta la más mínima cosa que veíamos y nos llamaba la atención. Por supuesto para Emma todo era más familiar que para mí, así que se limitaba a hablar lo justo y necesario.

Después de una media hora de caminata, dimos con una pequeña tienda de vestidos de novia... o eso parecía. Al entrar, una amable y elegante señora nos atendió.

—Buenas tardes, ¿en qué podemos ayudarlas?

—Buscamos un vestido —dijo Emma sin interés.

—¿De novia o dama de honor?

—¿También venden eso aquí? —respondió la rubia con evidente sorpresa.

—De novia. Vinimos a ver estilos más que nada.

—Entendido, suelen hacerlo y es lo más recomendable. ¿Quién es la novia? —Emma levantó su mano y sonrió de lado, yo bajé la mirada y tomé una bocanada de aire, no iba a ser sencillo verla de blanco— ¿Y tienes algo en mente? —la rubia negó— En ese caso, vas a requerir de otra persona.

La señora desapareció por una puerta y en menos de un minuto llegó acompañada de una joven. Nos explicó que la chica podía orientar a Emma en su elección y nos guió a unos eternos pasillos, cada uno repleto de vestidos de novia.

— ¿Qué te parece el corte sirena? Tienes curvas, se te vería genial...

—Oh no, nada extravagante. Quiero uno sencillo y ya, no pienso gastar tanto dinero por algo que usaré una vez —refunfuñó Emma y reí inevitablemente—. ¿De qué te ríes?

—Nunca cambias, Swan...

No replicó y continuamos con la búsqueda. Recorrimos toda la bodega sin resultados positivos, ningún vestido encantaba a la rubia y ambas estábamos cansadas física y mentalmente.

—Al menos me doy una idea de lo que quizás me guste.

—Algo es algo... —Emma asintió ante mis palabras y nos dirigimos a la entrada.

Le dimos las gracias a ambas vendedoras por la paciencia y disposición y nos despedimos.

—¡Mira Regina! —Emma apuntó a una de las paredes del lugar y yo miré por inercia.

La pared era de blanco impecable y sobre ella estaba escrita con letra elegante y negra una frase que me dejó paralizada: "Escoge a alguien que te mire como si fueras magia". Tragué saliva, de golpe vinieron a mí decenas de recuerdos y todos eran sobre las miradas que Emma me regalaba. ¿Me mira ella de esa forma? Porque para mí ella es pura magia.

—Hablando de magia... —dijo ella sacando su celular y atendiendo la llamada— ¡Hola Killian! Perdón por no llamarte antes, lo olvidé —se sonrojó de la culpa y mordí mi labio inferior para contener la cantidad de sentimientos contradictorios que llegaron a mí en ese momento, pues me dolía escucharla pero adoraba observarla—. Llegamos bien... Sí, ya comimos... ¡Hola Henry! Sí, Regina está aquí conmigo... Hola mamá... ¿Qué? Pero eso no lo entiendo, ¿qué quieres decir? —frunció el ceño y yo la miré pidiendo explicaciones— Bueno, yo le digo. Debo colgar, nos vemos, cuídense —colgó la llamada y guardó el teléfono en su bolsillo.

— ¿Cómo están por allá?

—Bien, aunque mamá me dijo que te dijera algo, no entendí nada —miró el piso pensativa.

—¿Y cuándo me lo dirás? —solté algo impaciente.

—Lo siento —sacudió su cabeza riendo—. Mandó a decirte que confiaras en ti misma y en lo que eres capaz de hacer. ¿Sabes a qué se refiere?

—Voy a matar a esa idiota —solté sonriendo con tristeza, era obvio que se refería a lo que ella creía que yo era capaz de lograr con Emma: conquistarla.

—Entonces entiendes... Vamos, dime.

—No, es una estupidez, no me sorprende viniendo de ella —suspiré sintiéndome abrumada de pronto—. ¿Te molesta si voy a caminar un rato?

— ¿Quieres que te acompañe?

—Oh no, no te preocupes. Necesito tomar algo de aire y conocer Boston sin tus constantes palabras —bromeé tratando de alivianar el ambiente y rió al entenderlo.

—Cuídate mucho, ¿sí? —asentí y ella apretó suavemente mi brazo, mirándome a los ojos. Me separé con lentitud y salí de la tienda, comenzando con el paseo improvisado.

Mis pies me llevaron hasta un parque rodeado de árboles, bastante césped y alguna que otra banca. Me senté en una y miré a mi alrededor tratando de calmarme, los pensamientos negativos invadían mi mente y solo quería evitarlos, no pretendía ponerme a llorar en público por una estúpida llamada.

De pronto, algo me llamó la atención a unos metros de mí: dos chicas, una rubia y una morena, se reían a carcajadas. Me quedé mirándolas atentamente, por alguna extraña razón sentía que debía observarlas. La rubia era un poco más alta que la morena, sus movimientos eran pausados y su presencia era casi angelical; la morena, por otra parte, tenía unas largas piernas aun siendo pequeña y su risa era bastante chillona.

La rubia tomó a la morena de la cintura y comenzó a hacerle cosquillas hasta que ambas cayeron sobre el césped, las dos batallaban entre carcajadas y gritos. En menos de un minuto, cesaron la pelea y la rubia se inclinó sobre la otra chica, uniendo sus labios en un beso dulce que dio por finalizado el ataque de cosquillas. ¿Por qué, de todas las parejas de Boston, me toca ver justamente a una que luce como Emma y yo? Las chicas se sentaron abrazadas y la más pequeña comenzó a cantar, bajo la atenta mirada de los transeúntes y la joven que la rodeaba con sus brazos. ¿Qué clase de loca se pone a cantar en medio de un parque sin motivo alguno? Cuando la canción terminó, varias personas le aplaudieron y la rubia llenó de besos su cara. Suficiente por hoy.

Me levanté de la banca con los ojos llenos de lágrimas, ver a esa pareja solo me recordaba que yo jamás tendría algo así con Emma. Mis mejillas se empaparon inevitablemente y la vista se me nubló, caminé cabizbaja para que nadie notara que lloraba a plena luz del día. La letra de la canción retumbaba en mi mente, calzaba tan bien con nuestra situación que dolía. Nuestra situación... Ni siquiera hay un "nosotras". Es MI situación.

Iba concentrada mirando el piso con las lágrimas aún cayendo cuando choqué con alguien, alcé la vista pero no vi nada, mis ojos empapados no distinguían más que manchas.

—Lo siento mucho, no me fijé que venías... —dijo una voz ronca pero femenina, no me atreví a mirarla, me sentía avergonzada— ¿Estás bien?

—Yo... sí, no fue nada —mi voz salió temblorosa y aclaré mi garganta. Alcé la vista para toparme con una mujer bastante alta, de cabello oscuro y ojos claros, marcados por un grueso delineado y ocultos tras lentes ópticos.

—No puedes estar bien si vas llorando así —posó una mano en mi hombro y dio un suave apretón, agachándose a mi altura y mirándome a los ojos.

—Estoy bien.

—Oh no, eso ni tú te lo crees —suspiré y limpié mis lágrimas con torpeza—. ¿Qué te parece si te invito una copa y te olvidas un rato de tus problemas?

—Gracias, pero no puedo aceptar.

—Vamos, yo invito. Tienes cara de no ser de aquí.

—Exacto, por eso no puedo. No voy a ir a beber con una completa desconocida.

—Si te digo mi nombre no seré una desconocida —sonrió algo juguetona y alzó su mano frente a mí—. Me llamo Alex, Alex Vause.

—Regina Mills —tomé su mano y la apreté por cortesía, soltándola de inmediato.

—Lindo nombre —mordió su labio inferior—. Entonces, Regina, te invito una copa para compensar el incidente y te distraes de lo que sea que te tiene mal, ¿sí? —bufé resignada, sabía que seguiría insistiendo hasta que aceptara y no estaba de ánimos para eso— Tomaré eso como un sí.

Llegamos hasta un pequeño bar llamado Groody's, estaba escondido entre enormes edificaciones de una avenida principal de la ciudad. Alex abrió la puerta y me permitió el paso, le agradecí al entrar y buscamos un lugar en la barra.

—Pide lo que quieras, yo invito —me susurró amistosa y alzó la mano para llamar la atención del bartender.

—No sé qué beber...

—Tú tienes cara de beber sidra —solté una carcajada—, ¿acerté?

—Increíble pero sí, adoro la sidra de manzana.

—Entonces que sea sidra.

—De hecho... —me miró atenta y yo relamí mis labios— Pide algo fuerte —abrió sus ojos sorprendida y yo me encogí de hombros, arrugando apenas mi nariz.

—Valiente elección, me agradas ya —pidió tequila para las dos y el chico fue a servir las bebidas—. Así que...

—Aquí están sus pedidos, señoritas. Disfruten —dijo el joven dejando los pequeños vasos frente a nosotras.

Ambas tomamos los vasos, los chocamos y bebimos de golpe, haciendo raras muecas a medida que el alcohol pasaba por nuestras gargantas y quemaba nuestros esófagos. Alex pidió una segunda ronda y se giró a mirarme.

—Entonces... ¿qué te tiene así, Regina? —las bebidas llegaron y bebí las dos copitas de golpe, dejando atónita a mi acompañante— Hey, con calma...

—Solo así podré soltar lo que me está ahogando —tomé una bocanada de aire y miré a Alex directamente a los ojos—. Estoy enamorada de la madre de mi hijo —solté sintiendo las lágrimas llenar mis ojos con rapidez.

—¿Y te sientes mal por amar a tu esposa? —dijo confundida y yo reí triste.

—Ella no es mi esposa.

—Ahora entiendo, se divorciaron.

—Ella y yo jamás hemos tenido algo y jamás lo tendremos —sentencié suspirando.

—Me perdí.

—Ella es la madre biológica de mi hijo, Henry. A él lo adopté unos días después de que nació y, cuando cumplió 10 años, la encontró y fue a buscarla.

—Esto se está poniendo interesante... —alzó su ceja y apoyó su cara en su mano, esperando a que continuara la historia.

—Henry me dejó de lado por ella y bueno, fue una época bastante oscura para mí. La odié tanto que ahora me cuesta creerlo.

—Pero...

—Me di cuenta demasiado tarde de que el odio fue reemplazado por amor —tragué saliva y pasé mi mano por mi cuello—. Ella se va a casar ahora.

—Oh mierda, eso es... mierda.

—Y soy su dama de honor, para rematar con todo.

—Mierda.

—Exacto.

Pidió una nueva ronda de shots y bebimos un par más en silencio. Mi celular se iluminó y vi un mensaje de Emma preguntando dónde estaba, mas lo ignoré y continué mirando a Alex. Después de unos tres mensajes seguidos, guardé el teléfono y tomé el último vasito de tequila.

—No pretendo que esto se llene con silencios incómodos. Háblame de la madre de tu hijo.

— ¿Por dónde comenzar? —reí evidenciando que el alcohol recorría mi cuerpo— Se llama Emma, es rubia, cabello largo y con ondas en las puntas. Suele usar una horrible chaqueta de cuero roja y anda en su escarabajo amarillo por todas partes, aún no entiendo cómo no se desarma esa cosa —miré a la nada detrás de la espalda de Alex, recordando a la sheriff—. Es torpe, idiota, come como una niña y sus bromas son aburridas... Pero es preocupada, valiente, ella creyó en mí cuando ni mi propio hijo lo hacía —tragué saliva al recordar y, después de una pausa, continué—. Ella es quien me dio lo más preciado que he tenido: Henry. Y ella... —entrecerré mis ojos tratando de enfocar lo que creí ver— está aquí.

— ¿Qué? —Alex miró a su alrededor y yo me acerqué a ella, pidiéndole que disimulara.

Efectivamente, Emma estaba en el local y se escondía para no ser atrapada. ¿Qué está haciendo aquí? ¿Acaso está siguiéndome? De pronto, las palabras de Snow llegaron a mí y una idea descabellada se me ocurrió.

—Estoy a punto de pedirte algo extremadamente loco, ¿estás dispuesta a ayudarme? —ella asintió y yo sonreí amplio, acercándome incluso más que antes— Si mis ojos no me fallan, Emma está aquí y no quiere que la vea. ¿Quieres averiguar si... —mordí mi labio inferior con nervios— tengo alguna esperanza de estar con ella?

—Por supuesto, tú dime qué hacer.

—Saquemos a flote sus celos —dije decidida y Alex sonrió con travesura.

Ella se acercó a mí y me miró directamente a los ojos, pasando un mechón de mi cabello detrás de mi oreja. Yo bajé la mirada un momento con una tímida sonrisa y luego acaricié su mano al hacer contacto visual. Nos quedamos así por medio minuto, luego Alex se acercó a mi oído y susurró:

—Voy al baño. Haz como que te dije algo atrevido, actúa nerviosa y arregla tu cabello o escote. Si eso no funciona, está mal la rubia —al alejarse, me guiñó el ojo y se fue directo al tocador.

Obedecí cada indicación de Alex: fingí una sonrisa emocionada y mordí mi labio inferior, arreglé mi cabello para darle naturalidad y mi escote para aumentarlo de forma provocativa. Cuando volvió, acarició fugazmente la parte baja de mi espalda y se sentó a mi lado.

— ¿Y qué tal? —preguntó en un murmullo, con su cara a un palmo de la mía.

—No lo sé, dime tú —miré sus labios por un instante y mordí el mío.

—Eres todo una experta en esto, ¿no? —alzó su ceja y ambas reímos, ella depositó un suave beso en mi mejilla y yo desvié la mirada, buscando a Emma con disimulo— Con esto confirmaremos sus celos —dijo Alex y anotó su número en una servilleta, dejándolo en el bolsillo de mi abrigo.

Al fondo del local, Emma se levantó furiosa y salió apurada del lugar, casi podía ver su ceño fruncido y sus mejillas rojas del enojo.

—Gracias Alex, no te das una idea de cuánto me alegra esto —sonreí de oreja a oreja.

—No es nada. Me divertí haciéndolo.

Pidió la cuenta y la ayudé a pagar, pues ambas habíamos consumido bastante y me parecía justo considerando su ayuda. Salimos del bar prometiendo mantener el contacto, con ella insistiendo en que si necesitaba sacarle celos a Emma nuevamente solo le avisara.

—Te debo confesar algo... —murmuró tomando mi mano y acariciando el dorso de esta, mi cuerpo se tensó y ella se acercó a mí— Al principio te invité porque, sonará tonto, sentí que tenías algo... mágico, quizás esa es la mejor forma de llamarlo —me atreví a mirarla a los ojos y sonreí de lado—. Y ahora me doy cuenta que tenía razón, tienes algo de magia, Regina, no dejes que nada ni nadie la apague. Estoy segura que podrás conquistar a esa idiota.

—Hey, solo yo puedo llamarla idiota —dije riendo y ella abrió sus brazos, pidiendo un abrazo de despedida. Se lo concedí y me separé luego, me despedí con la mano y caminé rumbo al hotel con esperanzas de poder lograr algo con Emma.


Al entrar a la habitación, dejé la chaqueta sobre un pequeño sofá que había dentro y busqué a Emma.

—No mamá, volveremos mañana por la mañana... Sí, tengo trabajo en la comisaría... Papá no sabe hacerlo, por eso debo ir yo. En fin, nos vemos en la tarde, buenas noches —colgó la llamada y continuó cambiando los canales de la televisión, sin siquiera mirarme.

—¿No que nos iríamos de vuelta pasado mañana?

—Cambio de planes, nos vamos mañana.

— ¿Y eso a qué se debe? —me senté en la que sería mi cama esa noche y la miré expectante.

—A que pronosticaron tormeta para hoy, no quiero arriesgar un accidente.

—No, me refiero al apuro por regresar.

—Oh, eso. Tengo trabajo por hacer y no pienso seguir perdiendo tiempo aquí, aunque por lo visto tú no lo haces —soltó dejándome boquiabierta, ahora todo tenía sentido—. Voy a pedir la cena, ¿quieres comer algo o ya lo hiciste?

—Pide un café para mí, no tengo hambre.

Se levantó rápido y pidió la comida al servicio a la habitación. En menos de diez minutos, lo solicitado llegó y Emma pagó el pedido. Acercó el carrito hasta dejarlo en medio de ambas camas y comenzó a cenar, tomando el control remoto y volviendo al zapping. Cuando ambas terminamos, Emma fue la primera en usar el baño para asearse y ponerse pijama, mientras yo le enviaba mensajes a Henry deseándole buenas noches. La rubia, al verme con el celular, se puso totalmente seria y se acostó de inmediato. No logré entender su comportamiento hasta unas horas más tarde, cuando en medio de la madrugada su voz interrumpió mi insomnio.

—Regina...

—Emma...

— ¿Estás dormida?

— ¿Tú qué crees?

—Oh claro, que idiota —rió con suavidad y sentí que mi corazón latía a mil por hora—. ¿Por qué sigues despierta?

Porque no puedo dejar de pensar en ti y es tentador tenerte a un metro de distancia, Swan.

—Porque el colchón no es cómodo.

—Por supuesto, Su Majestad no puede dormir en cualquier lugar, ¿cómo pude olvidarlo? —dijo fingiendo un tono solemne y le aventé un pequeño cojín— ¡Auch!

—Agradezca que no fue una bola de fuego, señorita Swan.

—Gracias por tu piedad —dijo con ironía y el silencio se hizo nuevamente—. Regina, yo...

—¿Sí?

Con la poca luz que se colaba entre las cortinas, logré distinguir que Emma se acercaba a la orilla de la cama y buscaba mi silueta. ¿Cómo es posible que vea el brillo de sus ojos si todo está tan oscuro? Por inercia me aproximé al borde de mi cama y apoyé mi cabeza sobre mis manos, esperando oír su voz.

—Lo siento.

—¿Por qué?

—Por mi actitud hace unas horas.

—Oh, tranquila, ya lo había olvidado.

—Regina, quizás mamá tenía razón...

—¿A qué te refieres?

—Que eres libre de enamorarte de nuevo.

—No entiendo a qué viene todo esto.

—Yo... —escuché un pesado suspiro antes de que continuara— te seguí en tu paseo, solo para asegurarme que no te perderías y estabas bien, y te vi con aquella chica en el bar. Es linda eh...

—Emma, ella...

—Hey, no te voy a juzgar, tienes mi apoyo, ¿sí?

—No estás escuchándome, Emma.

—Es que no tienes por qué justificarte. No soy quién para impedirte enamorarte de nuevo, aunque me sorprende que sea tan... rápido. Creí que seguías a enamorada de Robin.

Eso es, ella no está celosa, solo confundida por el repentino y supuesto interés en encontrar pareja de mi parte.

—De todas formas, creo que es apresurado decir que me enamoraré de nuevo.

—Pero no te cierres a la posibilidad, ¿sí, Regina?

—Trataré... —solté sin ganas, la única persona con la que quería estar me aconsejaba sobre amor, irónico, ¿no?

—Esa es la actitud. Buenas noches, Gina.

—Buenas noches, Emma.


Ana (la que idea casi toda la trama) ya se declara Relex shipper jaja, cambió de bando. Gracias por todos los reviews y nuevamente perdón por tardar tanto. Pero tengan claro que no vamos a abandonar el ff, básicamente porque lo tenemos todo planeado jaja. Nos leemos más adelante, cuídense. :)