Desde que estaba casado, Kuon había tratado de bajarle al ritmo de su trabajo para disfrutar más de su matrimonio y no es que eso fuera un castigo o un sacrificio, no para nada, era más bien una gran recompensa. Ahora eran llamados a trabajar más a menudo juntos, aunque ella continuaba haciendo papeles de antagonista porque según las palabras de los directores quién mejor que ella para darle vida a esos personajes con el matiz con el que ella los actuaba, desde que empezó con su primer rol como protagónico como Mio, había actuado en diversos doramas como villana. Y era increíble ver actuar a la pareja como antagónicos. Inclusive hubo algunos donde los papeles se invertían. Pero era mayor la audiencia de aquellos doramas románticos porque para expresar el amor de la pareja no era necesario actuar.

Dos años después de su boda, Kuon llama a Yashiro muy de madrugada, más que de costumbre.

—Moshi moshi —respondió una voz más que adormilada del otro lado de la línea.

—Yukihito —el altavoz, que había buscado a tientas para no freír el celular con sus manos desnudas, casi le gritó en la oreja, fue tan fuerte el grito que Yashiro hasta tuvo que voltearse para saber si no lo tenía a un lado. Palpó en el buró sus lentes y se los puso para poder checar la hora en el reloj, si no estaba despierto, el saberla lo hizo despejarse en el momento.

—Kuon, ¿pero sabes qué maldita hora es esta para hablarme? —Kuon nunca lo había escuchado hablar de esa forma, pero ese día, con la noticia que tenía que darle, todo le perdonaría.

—Perdón, Yukihito, he estado hablando con mis padres y no me fijé en la hora, es que quería que fueras de los primeros en saber...

—¿Y qué es tan importante como para despertarme a las cuatro de la madrugada, Kuon, si se puede saber? —respondió con un resoplido de resignación, conocía bien a su representado y amigo, así que lo que tuviera que decirle debía ser en verdad importante.

—¿Te gustaría ser el padrino? —Yashiro se quedó sin habla.

—Kuon, por favor, pásame a Kyoko-chan si es que está despierta —dijo mientras se llevaba una mano a los ojos por debajo de sus lentes para frotárselos, definitivamente debía ser la hora, de otra forma su amigo no estaría diciendo tonterías—, porque creo que algo te mordió, ya que se te olvidó que ya tuve el honor de ser el padrino de tu boda —una sonora carcajada le respondió al otro lado de la línea.

—No, no de mi boda, Yuki —usando por primera vez un diminutivo de su nombre que asombra a su amigo—, de nuestro hijo, Kyoko y yo estamos esperando nuestro primer bebé —si Kuon había gritado al principio, este no fue nada comparado al grito de felicidad de Yashiro. Cuando por fin había podido dejar de gritar y empezar a hablar, también recordando la hora que era, y es que en Japón se cuidan muchos los buenos modales y no era representación de estos el ponerse a gritar vivas y aleluyas a las cuatro de la mañana, pudo responder:

—Será un gran honor.