Mil disculpas por tardar un mes en actualizar, pero les juro que tengo un motivo: estoy en mi último año de colegio y a mediados de noviembre cierro por fin la etapa escolar, así que estoy llenísima de cosas; además, a fin de mes debo rendir tres pruebas para entrar a la universidad (maldito sistema) y ando nerviosa preparándome. Así que espero estar de vuelta acá luego de eso, no prometo nada antes. Solo les dejo claro que no voy a dejar de escribir el ff, básicamente porque está todo planificado. No las entretengo más, disfruten el capítulo y que tengan un buen mes. :)
Capítulo 8
Sentí el roce de sus labios con los míos y mi corazón latió a mil por hora. No podía creer que Emma estaba por besarme, algo que solo creí posible en mis mejores sueños.
Y no me equivoqué. En el preciso instante en que el beso estaba por comenzar, afuera se escuchó la sirena de la patrulla. Abrí mis ojos y me encontré con los de Emma a escasos centímetros, brillaban como nunca y sus pupilas estabas dilatadas.
Las luces roja y azul estaban ya tan cerca que se veían desde el interior del escarabajo, aun con la lluvia cayendo y los vidrios empañados.
Por inercia nos alejamos pero sin romper con las intensas miradas, sus mejillas estaban sonrojadas y supuse que las mías igual. Relamió sus labios mirando los míos y tragué saliva, ligeramente jadeante.
Una mano golpeó la ventana del piloto y Emma se volteó a bajar el vidrio para ver quien era. David, tan encantador e inoportuno como siempre, sonrió al vernos y contuve las ganas de lanzarle una bola de fuego por interrumpirnos.
—Henry nos dijo que se quedaron varadas, ¿qué pasó?
—Si supiéramos, no seguiríamos aquí, ¿no crees? —solté con evidente enojo y lo fulminé con la mirada. Emma se bajó y me pidió que la siguiera.
—Vamos a remolcar el escarabajo. Papá lo conducirá, así que supongo que prefieres irte conmigo en la patrulla.
Me limité a asentir y fui por mi bolso al auto, me subí al copiloto del carro policial y esperé a que engancharan y aseguraran bien el amarre entre los dos vehículos. Cuando Emma volvió y arrancó para dirigirnos al pueblo, la tensión entre ambas era casi palpable en el aire. Ninguna se atrevía a hablar. Yo aún trataba de asimilar lo que estuvo a punto de pasar en su cafetera con ruedas.
De la nada, después de varios minutos de trayecto, sentí su mano tibia tomar la mía. ¿Por qué me haces esto Emma? Me miró un instante y me dedicó esa sonrisa ladeada tan típica de ella. Dejó su mano sobre la mía y solo la alejaba para realizar los cambios correspondientes, de vez en cuando me daba sutiles apretones o suaves caricias con sus dedos. ¿Cómo no sentir algo por ella si hasta los más mínimos gestos me desestabilizan? Maldita rubia, sus manos tan suaves no ayudan a mi idea de dejar de lado mis sentimientos descontrolados por ella.
Snow nos abrió la puerta cuando llegamos al encantador departamento. Saltó a abrazar a su hija y yo entré suspirando. Mi bello hijo corrió a mí y me rodeó en un apretado abrazo, le correspondí de forma cariñosa y dejé un beso en su frente.
Cuando ya todos estábamos dentro, incluyendo a Zelena que por algún extraño motivo estaba aquí, Snow trajo una bandeja con bebidas calientes y nos sentamos en el living.
—¿Qué les pasó? —preguntó la anfitriona antes de tomar un sorbo de su té.
—Pasamos el cartel de bienvenida y el auto se detuvo. Tratamos de encenderlo y nada. Ni siquiera con magia pudimos hacerlo andar—dijo Emma encogiéndose de hombros y bebió el chocolate caliente que Snow le preparó especialmente a ella.
De pronto, la cosa más extraña del mundo pasó: Henry y Zelena se miraron fugazmente y trataron de ocultar sus sonrisas, desviando sus ojos a puntos cualquiera de la casa.
Zelena notó mi mirada sobre ella y se levantó del sillón, pretextando necesitar cambiar el pañal de Robin. Henry también notó mi mirada y se puso rojo como tomate. Definitivamente no sabe mentir. Mi hijo es una mezcla de Emma y yo, no sabe mentir. Aquí hay algo raro...
—¿Qué hicieron durante tanto tiempo en el auto? —preguntó David tratando de buscar algún tema de conversación.
Emma se atragantó con el chocolate y escupió un poco en el piso, luego tosió y se sonrojó de golpe. Justo en ese momento, las paredes del encantador hogar parecían más interesantes que la posible conversación. ¿Qué tanto les puede costar pintar el lugar? La pintura se está cayendo a pedazos.
Ante nuestro silencio y notable incomodidad, además de nuestras mejillas al rojo vivo, Snow osciló su atención entre las dos esperando una respuesta. Se detuvo en mí con sus cejas alzadas, como diciendo "¿qué significa esto Regina?".
—David, cariño... —murmuró Snow con su mejor voz suave y le dio una pequeña caricia en la mano — ¿Qué tal si vas con Emma a ver qué le pasó a su auto? —sonrió y eso bastó para que su encantador esposo obedeciera.
Padre e hija se levantaron de sus respectivos sofás, se abrigaron y salieron hablando de las posibles causas de la falla. Zelena volvió con Robin dormida en sus brazos y la dejó en una cuna portátil que estaba en medio del salón.
—Regina, ¿me acompañas un momento a la cocina? Necesito una receta que al parecer tú conoces muy bien.
La miré con el ceño fruncido. ¿Qué receta quiere? ¿La de mis manzanas envenenadas? ¿Ya se hartó de David? Me levanté arreglando mi ropa y la seguí por inercia. Cuando quedamos lo bastante alejadas de mi hijo y mi hermana, ya dentro de la cocina, me di cuenta de lo que quería hablar.
—Era imposible que de la nada te dieras cuenta que mis talentos culinarios son inigualables, ¿no? —dije suspirando y me afirmé en la encimera, dándole la espalda al living.
—Ahora me vas a explicar qué fue esa tensión con la pregunta de David —exigió con una amable sonrisa y pasé mi mano por mi cabello, como si eso fuese a despejarme.
Tomé una honda bocanada de aire y me crucé de brazos formando un escudo imaginario. ¿Qué más da si le cuento a esta idiota lo que pasó? Ya sabe todo... Quizás me ayude a aclarar un poco la situación...
—Emma... yo... ella...
—¿Ustedes...?
—Estuvimos... ella... —tragué saliva y suspiré— Estuvimos a punto de besarnos —solté en un susurro y cerré mis ojos un momento. Al abrirlos, me encontré con la morena de cabello corto con sus ojos a punto de salirse de sus cuencas y la mandíbula casi rozando el suelo.
—¿QUE TÚ Y EMMA QUÉ? —gritó más alterada de lo usual y la hice callar, no quería llamar la atención de los demás y ella parecía empeñarse en hacerlo.
—Cállate...
—¿Qué pasó con mamá y tú? —dijo Henry detrás de mí y salté del susto.
—Nada cariño —me giré a él y le sonreí falsamente para que no siguiera preguntando.
—¡ESTUVIERON A PUNTO DE BESARSE! —exclamó Snow con emoción y tanto Zelena como Henry embozaron enormes sonrisas. ¿Qué mierda significa todo esto?
—¡¿En que tú no sabes cerrar la boca, idiota?! —dije furiosa e hice mis manos puño.
—¿Es en serio, mamá? —preguntó Henry y quise que me tragara la tierra.
—Henry, yo...
—Te dije que iba a funcionar —interrumpió Zelena dirigiéndose a mi hijo.
—Tenías razón. Te debo diez dólares —respondió Henry y sacó el billete de su bolsillo, dándoselo a la bruja.
—¿Alguien me puede explicar qué demonios está pasando aquí? —miré a los presentes con el ceño fruncido.
—Mejor cuéntanos qué pasó —apuntó Zelena con su malvada sonrisa.
—No hasta que me expliquen de qué hablan —sentencié cruzada de brazos, mirando a mi hermana enfadada.
—Un poco de bididi-badidi-bu y ya —se encogió de hombros sonriendo—. Al parecer un poquito de magia puede causar más magia de la esperada —comentó con dobles intenciones y me sonrojé ligeramente.
—¿Qué le hiciste al escarabajo?
—Un pequeño hechizo, algo inocente... —arrugó su nariz para restarle importancia— Uno inmune a toda magia excepto la mía. Era sencillo, tanto que se puede deshacer con esto —chasqueó sus dedos.
—¿Tú tenías idea de esto? —le pregunté a Snow y negó con una enorme sonrisa.
—Para nada, pero fue la mejor idea de Zelena hasta ahora —dijo sin dejar de sonreír y me tapé la cara con las manos.
—Gracias —mi hermana le guiñó el ojo—, pero la idea no fue mía, sino de Henry. Al parecer mi sobrinito es más inteligente que todos ustedes juntos.
Miré a mi hijo incrédula y sin entender qué pretendía con detener el auto. ¿Acaso Henry está al tanto de todo? No puede ser...
—Regina, ¿me estás oyendo? —dijo Zelena agitando su mano frente a mis ojos.
—¿Me estabas hablando?
—Sí. Te decía que estadísticamente las personas dicen de 3 a 10 mentiras por minuto de conversación.
—¿Desde cuándo tan culta?
—Eso no importa ahora. Mi punto es que debes dejar de mentir al mundo y a ti misma y admitir que cometes un error enorme al aceptar ser dama de honor de Emma.
Sentí un puñetazo justo en el pecho al recordar ese importante hecho. Olvidé por completo que Emma se va a casar... ¿Cómo pude pasar por alto eso? No me culpo, el casi beso me bloqueó.
La tristeza me embargó y miré al techo tratando de no llorar, cosa que últimamente pasaba muy seguido y cada vez era más difícil de controlar. Henry me abrazó con fuerza y apoyé mi cabeza en su hombro correspondiéndole.
Snow me daba una caricia en el brazo cuando David entró al departamento con una enorme sonrisa.
—Hicimos el auto andar, aunque no supimos cuál fue la falla —se paró junto a su esposa y le dejó un beso en la frente.
—¿Y Emma dónde está? —preguntó Snow abrazándolo de lado.
Se escuchó la puerta rechinar y todos nos giramos a ver la entrada: Hook y Emma entraban sonrientes y tomados de la mano. Segundo puñetazo en el pecho, aun más fuerte que el primero. Miré sus manos unidas y apreté el cuerpo de mi hijo, inspirando hondo. Crucé mirada con Emma por un instante y fue como si mil agujas se enterraran en mi corazón. ¿Tan rápido olvidó lo que estuvo a un segundo de pasar? ¿Significa que solo fue un impulso y no lo sintió como yo?
—¿Van a quedarse a cenar? —preguntó Emma con ilusión y abrazó a su prometido.
—Nos encantaría, pero tengo tarea y debo organizar un proyecto de ciencias para la próxima semana —saltó al rescate mi hermoso Henry. Me miró sonriendo y entendí que lo había hecho para ayudarme a salir de aquella incómoda situación.
—Los Mills nos vamos —agregó Zelena tomando a su bebé y abrigándola excesivamente.
Me limité a asentir y fui a despedirme del encantador matrimonio. Snow me apartó un momento y me dio un fuerte abrazo, susurrando en mi oído:
—Que esto no te detenga, Regina. Ten esperanza, algún día tendrá su recompensa —nos miramos a los ojos y sonreí de lado.
Cuando ya estaba a punto de salir, Emma me tomó del brazo sonriendo nerviosa.
—¿No quieres que los vaya a dejar? Ahora funciona el auto.
—No, nos iremos caminando, gracias —respondí lo más escueta posible, evitando mirar esos ojos que me volvían loca.
—Podemos teletransportarnos a la mansión también. No sé si recuerden que eso se puede hacer, aunque me queda claro que lo olvidaron en el auto. Quizás ni les interesaba llegar —comentó Zelena con veneno en sus palabras y Emma se alejó de mí, yendo directamente a su prometido.
No me atreví a ver a la feliz pareja, así que me di media vuelta y salí del departamento seguida de mi hermana con Robin y mi hijo.
Al entrar a la mansión, Henry se fue directo a su habitación y yo a mi despacho. Estaba sirviéndome una copa de sidra cuando entró Zelena y se sentó en el sillón como si fuera su casa.
—Casi matas a la pobre Robin con tanta ropa.
—Hacía frío afuera —dijo sin mirarme y me tomé el contenido del vaso de un solo trago, dejándolo encima de la mesilla donde tenía la botella.
—¿Pasa algo?
—Nada.
—¿Segura?
—Sí —dijo escueta y la miré con el ceño fruncido.
—Algo te pasa...
—No.
—Sí, ¿qué está pasando por esa cabeza además del color verde?
—Nada de tu incumbencia.
—Vamos Zelena...
—No importa lo que te diga —me miró a los ojos y solo vi enojo en ellos—, siempre la vas a elegir a ella.
—¿De qué estás hablando? —la miré confundida.
—De cierta rubia idiota que no es capaz de hacer sinapsis.
—¿Emma?
—Sabía que entenderías esa referencia —dijo guiñando su ojo.
—Como sea. ¿Qué pasa con Emma?
—Puede que llevemos poco tiempo en esto de actuar como hermanas, pero no puedo tolerar que te haga sufrir —dijo mirándome a los ojos y bajé la vista, suspirando—. Hey, mírame, no te hagas la loca —me encontré con su mirada y suspiré hondo—. Suena estúpido, pero me duele verte sufrir.
—Zelena, yo...
—Tú nada, Regina. Te he visto pasar tantos momentos con ella, que me es difícil pensar que te conformas con su amistad —la miré sorprendida y se levantó de golpe, dando vueltas en la habitación—. Incluso mamá se dio cuenta y esa rubia no lo hace —se pasó las manos por el cabello y gruñó.
—¿Cómo que mamá se dio cuenta? —dije estupefacta.
—¿Quién en su sano juicio va al Inframundo y arriesga la vida de su hijo y su "amado" para ver feliz a su "amiga"?
—Era mi deber —me defendí sin mucha convicción.
—Claro —rió con sarcasmo.
—Zelena...
—No puedo ver que te torturas así, por más que hace unos meses era lo que deseaba—se levantó enojada y fue directo a la puerta.
—Nos besamos —dije con los ojos cerrados y apretando nerviosa mis rodillas. No escuché la puerta abrirse, al parecer eso bastó para retenerla.
—¿No que había sido un "casi beso"? —escuché su voz cada vez más cerca, por lo que supuse que se había arrepentido de irse.
—Bueno, eso.
—Adelante.
—¿Con qué?
—¿Pretendes decirme que casi se besaron y no contarme con lujo de detalles todo? Te doy un enorme discurso de hermana mayor y ni un gracias recibo... —giré los ojos y tomó mis manos, para agitarlas como una niña pequeña— Vamos Regina, necesito detalles.
—No te vas a rendir hasta que te cuente, ¿no? —negó con una enorme sonrisa y suspiré— Está bien.
—Esa es mi hermanita —me apretó la mejilla y golpeé su mano.
—No hagas que me arrepienta—dije molesta y me miró esperando a que empezara—. Todo comenzó cuando el intento de auto falló...
—Henry es genial —me interrumpió.
—Déjame continuar, luego hablaremos de eso. Emma y yo discutíamos...
—Problemas en el paraíso —volvió a interrumpir.
—Ya cállate. No hablamos por un rato, me pidió perdón, la conversación tomó un rumbo algo extraño y la situación se tornó...
—¡Caliente! Yo sabía que esa Emma no era tan santa.
—¡Cierra esa boca y aprende a escuchar! Se acercó a mí y yo no supe qué hacer, me quedé estática, me miró directamente los labios y... David llegó.
—Por eso lo mirabas con esa cara hace un rato...
—No soy buena ocultando mis impulsos homicidas, creo que está más que claro.
—¿Al menos alcanzaron a besarse?
—Nuestros labios apenas se rozaron, Zelena.
—Eso también explica la postura de Emma...
—¿La postura?
—Ya sabes, estaba de brazos cruzados todo el tiempo, no paraba de mirarte aun cuando abrazaba al alcohólico y hasta se ofreció a dejar a su damisela en su amarillo corcel. Por otro lado, tu mirada de dolor cuando los viste entrar juntos te delató.
—Yo no los miré así —mi hombro derecho se levantó al decirlo y Zelena lo apuntó.
—¡Ja! Te dije, te delatas sola. No sabes mentir, querida.
—¿De nuevo con eso de las mentiras? ¿De qué estás hablando?
—Algún día te lo explicaré, pero ahora no es el momento.
—Como digas. El punto es que no sé si solo fue algo del momento para ella o realmente lo deseó como yo.
—Va más por lo segundo...
—¿Y tú qué sabes? ¿Ahora lees mentes?
—No, pero tengo ojos y pude ver a tu rubia mirándote mientras te despedías de Snow. Estaba pegada a Hook como musgo a un árbol, pero no te quitaba la vista de encima.
—No hagas que me ilusione, suficiente tengo con Snow y sus frases motivadoras.
—Agradece que te las da ella y no sus pájaros cantando —dijo seria, pero a los segundos nos miramos y reímos fuerte.
Cuando las risas cesaron, me serví media copa de sidra y la bebí de a poco. Dejé el vaso vacío y me senté junto a Zelena con la suficiente valentía para hablar:
—Hay algo más que deberías saber, pero esto no lo puede saber Snow—la miré a los ojos y asintió—, menos Henry —la apunté con el dedo índice y gesticuló cerrar su boca con candado—. Conocí a alguien en Boston.
—¿Y necesitas alcohol para decírmelo?
—Quizás.
—¿Qué tal el hombre?
—De hecho es mujer...
—A veces olvido que eres...
—¿Que soy qué? —dije algo molesta.
—Una persona capaz de apreciar la anatomía femenina —guiñó su ojo y yo rodé los míos—. No te hagas de rogar, ¿cómo la conociste?
—Después de cierta situación incómoda con Emma, nada sexual para que quede claro, necesitaba despejarme y salí a caminar. En un momento que yo no iba con todos mis sentidos alerta, chocamos y me vio... llorando. Fuimos a un bar, bebí de más y le conté todo sobre Emma.
—Que linda manera de empezar una conversación Regina, te felicito.
—Como sea. Emma se coló en el lugar, nos vio juntas, le pedí a Alex que coqueteáramos y...
—Alex, ahora la desconocida tiene nombre.
—Sonaste igual a Emma.
—¿Cómo reaccionó al coqueteo?
—¿Cuál de las dos?
—La que fue más interesante, tú decide.
—Eres una idiota.
—Vamos, dime.
—Emma se fue del local y me trató distante cuando volví al hotel. Alex dijo que le divirtió fingir el coqueteo e intercambiamos números.
—Eres rápida eh...
—En la noche nos arreglamos y me dijo que debe darle el visto a Alex.
—¿Quién se cree? Ese es trabajo mío como hermana mayor.
—¿Ahora tú con eso? ¡La única persona que debe aprobar a mi posible pareja soy yo!
—¿O sea que admites que esa tal Alex es una posible pareja?
—¡No! Me refería en líneas generales...
—Lo que sea. Necesito información y fotos de ella—se levantó arreglando su vestido y cabello—. Me voy a dormir, estoy exhausta. A diferencia tuya, no todas pasamos el día en el paraíso —lanzó un beso al aire y se fue antes de que pudiera replicarle.
Pasé varios minutos dando vueltas por mi despacho y salí de él solo para ir directamente a lo más difícil: debía hablar con Henry.
