Al funeral acudieron cientos de personas, no solo del mundo artístico, compañeros de trabajo y la mayoría de los que trabajaban en LME, sino también fans y admiradores que querían darle el último adiós. Se había perdido un gran actor, el número uno de Japón, el modelo más cotizado, pero también un excelente amigo, compañero de trabajo, un hijo, esposo y futuro padre.
Las calles por donde estaba planeado que pasara el cortejo fúnebre estaban abarrotadas por miles de personas, unas llorando abiertamente, otras solo tristes, que habían salido a demostrar su amor por él, con pancartas donde se podía leer: "Hizuri Kuon, te amamos, te extrañaremos".
Ya en el cementerio, encabezando la comitiva fúnebre hacia donde iba a ser sepultado Kuon, iba Kyoko entre Kuu y Julie y acompañados de Lory, el Taisho, Okami-san, Kanae, Chiori, María, Ogata, Sawara y por supuesto, Yashiro. Entre los asistentes, también estaba el primer ministro y su esposa. Pero fue a Yashiro a quien buscó con la mirada mientras bajaban lentamente el ataúd hacia su último recinto. Fue a él a quien se abrazó en busca de un consuelo, mientras veía desaparecer para siempre al amor de su vida.
Yashiro se queda viendo cómo a Kyoko se le siguen acercando para darle el pésame, ella no dice ni una sola palabra, solo acepta las condolencias. Sus ojos vuelven una y otra vez hacia el lugar donde la tierra se robaba su vida entera. El destino, los cielos, los dioses, todos le habían arrebatado su gran amor. Yashiro ve cómo Kyoko se vuelve una autómata, otra vez vuelve a ser la muñeca rota que una vez conoció. Y solo una palabra le vino a la mente: "No".
Estaba él pensando en cómo iba a poder cumplir su promesa a Kuon, cuando, una figura rubia, se acerca a ella ya cuando casi todos se han ido, y Yashiro se pone en alerta, situándose entre ambos como un escudo.
—Kyoko —la voz conocida la llama, ella se suelta de Yashiro y se voltea hacia él.
—Shotaro —él hace un chasquido con los labios, ante el sonido de su nombre, e intenta forzar una sonrisa.
—Solo venía a decirte que lo lamento mucho. Sé que me porté muy mal contigo y te perdí, perdí a mi amiga y compañera de niñez. Cuando te casaste supe que el mejor hombre se había llevado tu corazón y aunque no lo creas fui feliz por ti, porque tú lo eras. Y ahora quiero que sepas que puedes contar conmigo para lo que necesites, cuando lo necesites, solo llámame y ahí estaré, lo prometo... —ella solo asiente mientras una lágrima resbala por su mejilla. Y entonces Sho hace algo que nunca jamás pudo hacer antes, la toma entre sus brazos y le regala el más tierno de los abrazos que nunca le dio a nadie más. Era un abrazo para compensar todos los que le debía, pero también para hacerle saber que esta vez no se quedaría sin hacer nada. Se separa un poco para verla a los ojos.
—Por favor, Kyoko, prométemelo —ella solo vuelve a asentir y entonces se dirige al mánager—, Yashiro-san, lo que ella necesite hágamelo saber, se lo ruego, es mi amiga —y soltándola pero viéndola fijamente asegura—, la mejor.
Yashiro solo puede prometerle que lo tendrá informado y que si cualquier cosa se necesitara se lo haría saber, pero que también es decisión de ella, aunque sabía que por un tiempo tal vez ella no sería capaz de hacerlo por sí misma, después de una pérdida así, de un amor como el suyo.
—Se la encargo, cuídela —y esas palabras le llegan al alma, le recuerdan otras que alguien más le dijo en un momento de lucidez en su agonía.
—Con mi vida —responde él. Sho afirma con un movimiento de cabeza y se da la vuelta para irse, pero antes de hacerlo, Yashiro se percata de que este se para frente a la tumba de Kuon un momento, hace una ligera reverencia y después lo ve asentir en silencio e irse.
En el cementerio solo quedan los amigos íntimos y la familia de Kuon. Se encuentran aún frente a la tumba. No han podido separarse de ella. Su padre y su madre rotos, vencidos... Y entre ellos, protegida por todos, Kyoko, su amada, su esposa, la que fue su vida misma y ahora, era su viuda, con el corazón roto, que ahora ningún cofre podría resguardar, y dentro de ella, de la marioneta en que se había convertido, una vida creciendo en su vientre, su legado...
Es en ese momento viéndola tan rota, cuando Yashiro se acerca a la tumba, se agacha y toma un puñado de la tierra y poco a poco, lentamente la suelta sobre el lugar donde ahora descansa su amigo, y con un movimiento de cabeza lleno de determinación, Yashiro renovó su promesa.
