Esta va por ti mi amor, feliz cumpleaños...


Entre Yashiro, Kuu, Lory y el siempre dispuesto Sebastian, terminaron de meter todos y cada uno de los regalos que llegaron para el recién nacido al hospital y a las oficinas en LME. Por motivos de seguridad no se dio a conocer el nombre del hospital, así que la mayoría de los regalos fueron entregados en la oficina de LME. Porque, cuando en la compañía se enteraron del feliz acontecimiento, muchos, si es que no todos, querían conocer al nuevo miembro de la familia Hizuri, además de que era el hijo del fallecido actor Tsuruga Ren. Felicitar a la nueva mamá y a los orgullosísimos abuelos, así como a las tres tías, porque Kanae y Chiori se quedaron cortas ante la reclamación de derecho y propiedad de María. El joven y rubio teñido tío, los otros tres abuelos, que por supuesto eran el Taisho, Okami-san, y Lory, además de que uno no se puede olvidar del padrino-tío-amigo-mánager.

Las flores eran enviadas a la residencia de los Hizuri debido a que por cuestiones de sanidad ya no eran permitidas en los hospitales pero aun así, la residencia parecía un jardín botánico. El cuarto del hospital estuvo a punto de reventar de tanto regalo, para diversión de las enfermeras. Fueron tantos, que Lory se prestó a llevar a Kyoko con el pequeño Ren en el porta bebé, en su limosina junto con Julie que no dejaba de admirar al bebé dormir durante todo el camino. Así que Kuu y Yashiro pusieron todos los regalos en sus respectivos vehículos. Al llegar a casa, parecía más una mudanza que un simple regreso del hospital.

—¿Todavía faltan muchos? —preguntó Kyoko asombrada, después de ver cómo los cuatro hombres daban la quinta vuelta hacia los vehículos. Sabía que eran bastantes pero jamás creyó que fueran tantos. Sonrió agradeciendo dentro de su corazón el interés y el cariño que la gente les demostrabas a ella y a Ren.

—Ya casi terminamos, Kyoko-chan. Faltan algunos más del carro de Hizuri-san, pero la mayoría está ya dentro —respondió con una gran sonrisa.

—Kuu, por favor, Yukihito, te lo he repetido hasta el cansancio —suspiró y puso los ojos en blanco al volver a recordárselo—. Al fin y al cabo pronto seremos familia.

Yashiro se quedó inmóvil abriendo y cerrando la boca como pez fuera del agua y luego, cuando comprendió lo que Kuu quiso decir, su rostro fue el retrato perfecto de un betabel. Kuu malicioso no pudo evitar molestarlo al ver su reacción. Sabía de sobra la cantidad de veces que Yashiro le había gastado bromas a Kuon con temas relacionados a Kyoko en la etapa en la que ninguno de los dos se había confesado, ahora era su turno.

—Me refiero a que serás el padrino de mi nieto, a pesar de que yo soy japonés, Ren y Julie no. Y Kyoko, según ella ha afirmado, consintió en bautizar a su hijo cuando Ren se lo pidió. ¿No te estarás imaginando cosas raras con mi pequeña, verdad, Yukihito? —el pobre futuro padrino nunca antes había sentido tanta opresión en su pecho al escuchar su nombre, así que solo consiguió articular un "voy por lo que resta" ante las miradas suspicaces de Kuu y Lory.

—Ahora sí, esto es lo último, Kyoko-chan —decía mientras trataba de cargar con mucho trabajo, el voluminoso oso gigante de peluche, de tamaño real, por supuesto, cortesía de Sho—. ¿Dónde quieres que ponga esto? —ella estaba de espaldas a la voz y cuando se volteó, soltó una gran carcajada ante un inmenso animal de peluche parlante con la voz de Yashiro y que parecía pronto a derrumbar a su cargador. Cuando por fin pudo hablar, respondió:

—Creo que quedará bien en una esquina del cuarto de juegos de Ren. Y volvió a sonreír al ver los malabares que su amigo hacía en las escaleras ya que tenía la vista por completo obstruida con semejante muñeco, solo a Sho se le ocurriría regalar el oso más grande que pudiera existir en todo Japón.

Al volver a bajar hacia la sala donde todos estaban reunidos alrededor del bebé, Yashiro vio que Kuu y Lory lo estaban esperando a los pies de la escalera con una mirada sospechosa y se preguntó qué demonios podrían estar esos dos tramando.

—Yashiro, ¿sabes?, te faltó un regalo más por bajar —dijo Lory. El castaño puso cara de extrañeza, según él había revisado y el último había sido el oso.

—¿En serio?, ¡qué raro!, creí haber revisado los dos vehículos, pero ha de haber quedado bajo alguno de los asientos —pero algo en la actitud de Kuu y Lory lo tenía en estado de alerta.

—¡Oh!, pero este no es ni para Ren ni para Kyoko. No, no, no, este es muy especial. Es para... ti —respondió Kuu con una gran sonrisa que a Yashiro le pareció como la del gato que se comió al canario. Eso era muy sospechoso. ¿Un regalo para él?

—¿Pa...para mí?, ¿por qué?, es decir, gra..., gracias —la cara de estupefacción del joven hombre era de esas para las fotos del recuerdo, lástima que Julie estuviera usando su cámara para tomarle fotos al bebé y que sería demasiado el que ellos dos sacaran su celular para hacérselas, aunque pensándolo bien...

Fue entonces que Lory sacó de detrás de su espalda una caja envuelta en un papel amarillo chillón, si el rosa de Love Me era de esos de derríteme las retinas, bueno, este le ganaba. Yashiro abrió el paquete con mucho cuidado y no por no romper a desgarrones el llamativo papel sino porque la verdad tenía miedo de lo que fuera a contener la bendita caja. Al abrirla encontró una pequeña maleta, levantó su cara hacia los dos hombres frente a él, y frunció las cejas, eso era cada vez más extraño. Al abrir la dichosa maleta vio que se trataba de un botiquín. Muy bien provista de vendas, algodones, alcohol, y muchas, muchas pastillas para el dolor. Yashiro pensó que ese día estaba compitiendo con los peces en lo de boquear, pues otra vez se quedó sin palabras. Justo en el momento que Kuu habla se hizo un silencio en la sala y entonces todos los presentes alcanzaron a escuchar la explicación.

—Yukihito, eso es para ti, para tu cabeza, nos dijo un pajarito que en el momento más emocionante decidiste visitar a las hormigas —señaló Kuu hacia el lugar donde Yashiro tenía todavía un pequeño chichón producto de su caída en la sala de partos. Yashiro se sonrojó fuertemente, y volteó a ver hacia donde estaba Kyoko con el bebé en brazos, esta negó con la cabeza dándole a entender que no había sido ella quien lo había dicho. Viendo hacia donde estaba mirando, Lory explicó, entre carcajadas.

—No fue ella, Yashiro, fue una de las enfermeras que se acercó a preguntarme si estabas bien, la que nos explicó lo sucedido —le dio una fuerte palmada en la espalda y muy campante se fue a sentar cerca de la nueva mamá. Kuu ignorando la vergüenza de Yashiro se sentó con Julie rodeándole con su brazo los hombros y atrayéndola hacia él.

Yashiro se quedó de pie con su regalo entre las manos, había creído que ese lamentable episodio iba a ser un secreto entre Kyoko y él. Llevó su mano hacia el chichón y se lo sobó lentamente, fue entonces cuando se percató que Kyoko lo miraba y le sonreía.