Capítulo 3: Tecnología mejorada.
–¡Beeel!–
Se oyó el gemido del Beldum con el mismo tono inexpresivo.
–¡Shh!, no hagas ruido Bel. Quédate quieto y no hagas nada– murmuró el niño.
–Bel-bel– respondió el pokémon justo como si lo hubiera entendido. Se escondió en el mismo espacio y se quedó totalmente callado.
Los tres ahora estaban a la espera de lo que sucediera. Los pasos se oían cerca del marco del sótano, pudo escuchar las pisadas y también las voces. Los oía acercándose y acortando aún más la distancia.
–Stacey, la puerta fue derribada– se oyó la voz de uno de ellos.
–Debió ser ese maldito mocoso– indicó el mismo hombre con clara molestia en su voz, hizo una breve pausa antes de continuar. –Debió encontrar al pokémon que dejé vigilando la habitación del otro lado– manifestó.
–¡Cómo eres imbécil! Tú eras el encargado de asegurarla. Espero por tu bien que hayas hecho correctamente el proceso de adiestramiento, de lo contrario el pokémon que dejaste encargado ya no regresará. Qué tal que ese niño lo encontró y ya fue con la policía a dar nuestra ubicación– contestó la mujer con su mal carácter.
–Lo siento, pensé que sería suficiente al dejarla cerrada con llave. Además es sólo un niño ¿qué tan listo puede ser?– preguntó.
–Más listo que tú aparentemente– replicó un segundo hombre con voz seria.
–¡AAGRHHH! Ustedes los hombres son tan estúpidos–
–¡Stacey! – llamó una cuarta voz.
–¡AHORA QUÉ! – exclamó furiosa.
–No encontré rastro de huellas más allá de la cabaña, el tonto aún debe estar perdido vagando por ahí– indicó.
–Bien, eso es bueno. Al menos tenemos tiempo suficiente para empacar todo e irnos– aseguró la mujer, recuperando la compostura.
–Pero Stacey, ¿qué hay del Pikachu? – preguntó la cuarta voz.
–Olvida el rescate, ya sabemos la ubicación de su entrenadora, eso era lo importante. Es una lástima pero no podré darle la pequeña sorpresa que tenía en mente para ella. Juro que esa arpía me las pagará personalmente. Tenemos el cargamento completo, eso deberá complacer a los jefes–
–Ahora, ustedes dos háganse de utilidad y bajen al sótano. Encárguense de la última parte del cargamento. El convoy ya no debe tardar en llegar. Tú, el de cuerpo atlético acompáñame, tú y los demás se encargarán de vigilar el punto de encuentro. Ven, te daré las coordenadas–
–Sí Stacey, como órdenes– respondieron los tres antes de hacer lo que la mujer ordenaba.
El sonido de las pisadas se hizo más fuerte, los individuos pasaron del marco de la puerta y entraron al sótano descendiendo por las escaleras. Al bajar, prendieron la luz y se acercaron al montículo de pokebolas, traían cargando una extensa red. El niño pudo ver por entre las rendijas a dos hombres mientras éstos se acercaban a él y rogaba porque no lo fueran a descubrir.
–El nuevo y reformado equipo Rocket ¿eh? –
–Lo sé, suena genial ¿cierto? –
–Sí, lo mejor es que ningún niño de once años nos derrotará esta vez–
–Tú lo has dicho, ese maldito de Red, más le vale que no vuelva a mostrar su rostro por aquí. ¿Cuántos años han pasado? Ya perdí la cuenta. Como sea sé que fácil han sido más de cuarenta. Tomó tiempo pero los jefes dominan Kanto ahora. Si Giovanni estuviera aquí estaría tan orgulloso de lo que hemos logrado, hemos expandido nuestras fronteras a la mayoría de las otras regiones–
–Y que lo digas, sin duda lo estaría. Por cierto, ¿sabes que fue de él? – preguntó el segundo hombre al escucharlo.
–Nah, lo último que supe es que cerró su gimnasio y se retiró a un lugar alejado. Nadie lo volvió a ver, desapareció de la faz de la Tierra. Probablemente ya esté muerto– contestó su compañero.
–Yo también me hubiera desaparecido si un niño de once me hubiera derrotado– afirmó.
–Subestimaron al mocoso de Red, ese niño era todo un prodigio. Ese precisamente fue el error de los antiguos miembros del equipo Rocket, no lo tomaron en serio y mira cómo terminaron–
–Te equivocas amigo, el problema de los viejos miembros es que mojaban sus pantalones ante cualquier adversidad que se les presentaba, además eran pésimos luchando–
–Eso es verdad, ¿oíste hablar de Jessie y James? –
–¿De quién? –
–Jessie y James, toda una leyenda. Los estúpidos más estúpidos que tuvo el viejo equipo Rocket–
–Ahhh, los del gato parlanchín–
–Meowth– corrigió su compañero.
–Sí, ése. ¿Qué con ellos? –
–Jamás entendí porque Giovanni nunca los despidió. Hasta donde sé lo intentó un par de veces pero jamás fue algo definitivo–
–No sé, es un misterio que jamás tendrá una respuesta lógica–
–Cambiando de tema, ¿qué opinas de las nuevas pokebolas? –
–No sé que tienen de nuevas, lucen exactamente igual que las pokebolas básicas–
–¡Exacto!, esa era la intención pero su diseño interno es muy diferente. Ahora tienen un seguro que sólo se activa con las huellas dactilares del equipo Rocket. Cualquier individuo que intente sacar a los pokémon de ellas no podrá hacerlo sin la autorización de nuestra nueva base de datos. Otra de las geniales ideas por parte de nuestros jefes–
–Ya veo, además de borrarles la memoria a los pokémon que capturan tienen un mecanismo de seguridad interno. Aunque ¿exactamente cómo es que nuestros pokémon no nos olvidan? –
–Por el proceso de adiestramiento por el que los hacemos pasar y porque nosotros sí estamos en la base de datos genio. De qué otra forma crees que podríamos haberle robado sus pokémon a tantos entrenadores y hacer que sus pokémon nos obedecieran–
–Claro, claro el proceso de adiestramiento y la base de datos. La tecnología de hoy en día ya no la entiendo–
–No la entiendes porque eres un tarado–
–¡Oye!– replicó molesto.
–… sólo bromeó– comentó entre risas su compañero.
El chico pensó que eso sería lo último que escucharía de aquella conversación pero a esos dos hombres parecía gustarles hablar mientras trabajaban.
–Stacey me da miedo–
–¿A qué viene eso? – preguntó su compañero.
–Ya sabes, creo que en verdad tiene serios problemas. Oí un rumor que decía que planeaba entregar muerto al pokémon de la entrenadora que se supone pagaría el rescate. Ahora que lo pienso, ¿no fue eso lo que exactamente intentó hacer hace rato? Secuestrarlos y pedir rescate por ellos está bien pero ¿matarlos? Y de todas formas cobrar la recompensa eso es de bestias, de gente con problemas– expresó el hombre.
–Sí y si mal no recuerdo nosotros la obedecimos. Los tiempos cambian, ya sabes cómo es esto, si un superior te da una orden, te guste o no, no puedes negarte. Aunque para fines prácticos concuerdo contigo. ¿Qué habrá hecho esa entrenadora para despertar tal furia en Stacey? –
–No sé, aunque ciertamente no se necesita mucho para hacerla enfadar. Imaginas que haga todo esto, ¿sólo por capricho? ¿Qué tal que lo hace sólo porque considera a la entrenadora más bonita que ella?–
–Quién sabe, podría ser el caso. Como sea no planeo averiguarlo. Recuerda si tienes planes de retiro no metas tus narices en los asuntos de los otros miembros del equipo Rocket, esa es la primera regla y es fundamental para ocasiones como éstas–
–Tienes toda la razón camarada, ¿esa era la última?–
–Sí, así es– afirmó el hombre mientras guardaba la última pokebola dentro de una red.
Ambos sujetos le hicieron un nudo a la extensa red que contenía el montículo de pokebolas.
–Bien, llevemos esto afuera– se apresuró a decir uno de ellos.
–Pero esto ni de chiste cabrá por el marco de la puerta– replicó el otro.
–Claro que no genio, esa era la idea. Si algún mirón descubría este lugar sería incapaz de llevarse todas las pokebolas consigo, a menos claro que fuera de poco a poco, pero honestamente quién haría algo como eso. Para eso sirve este artefacto que dejamos en este lado de las escaleras, mira, me acerco a él, fijo los parámetros, presiono este botón y…–
Un rayo salió disparado del extraño aparato y fue a dar a la enorme red que contenía las pokebolas, desapareciéndolas al contacto.
–¡Ohhhh! – exclamó sorprendido su compañero.
–Listo, en los ajustes establecí la zona en la que deberían aparecer. Ósea en el punto de encuentro–
–Dime cómo funciona–
–Maldición, pareces un niño. No sé nada técnico de su funcionamiento, sólo sé que usa parte de la misma tecnología de transferencia que es usada en los centros pokémon sólo que ajustada a nuestros fines. Una limitación le impide mandar las pokebolas directamente hacia nuestra base, por lo cual debemos mandarlas al punto de encuentro y de ahí transportarlas a nuestra base, o eso creo. En resumidas cuentas algún cerebrito en tecnología de nuestro equipo hackeo el sistema de los centros pokémon y copió parte de su complejo sistema de algoritmos de transferencia. ¿Feliz?–
–Sí, eso es asombroso. Pero, ¿por qué no mejor robar los pokémon directamente de los centros? Nos ahorraría incontables horas de trabajo–
–Porque sólo copiamos parte de su sistema, no metimos ningún virus en él. De hacerlo alertaríamos a las autoridades y eventualmente descubrirían la brecha que usamos inicialmente para copiar su sistema. En resumidas cuentas taparían el hoyo que nosotros cavamos y tendríamos que volver a cavar otro hoyo. Entraríamos en un interminable juego de ingenio y no hay necesidad de complicarnos más las cosas ¿o sí? –
–Claro que no, tienes razón. No lo había visto de esa manera–
Se oyeron nuevamente pasos en el piso superior seguidos de una voz:
–¿Ya terminaron allá abajo par de tortolos? – preguntó impaciente la mujer.
–Sí, Stacey– contestó uno de ellos.
–Bien, porque el convoy ya llegó, nos está esperando en la zona acordada junto con el resto del equipo–
–Convoys, nuevos sistemas, crimen mejorado, montones de dinero. ¡Adoro al nuevo equipo Rocket! – dijo con singular alegría uno de los sujetos.
–Sí, sí. Vámonos que aún tenemos que llegar al punto de encuentro. Lo primero será salir de este bosque y de ahí a las montañas, el resto será pan comido–
En ese momento se escuchó el lejano sonido de varias sirenas. Los dos hombres apresuraron el paso y subieron los escalones.
