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Un día antes de regresar a Tokyo, Yashiro, sentado en la parte trasera de la casa de sus padres, viendo hacia el jardín, se percató de que una mano femenina le acariciaba los cabellos.
Él observa a la mujer a su lado, aunque la belleza arrebatadora de antaño se ha esfumado ahora una sutil hermosura perdura en ella, para él jamás dejará de ser la mujer fuerte que siempre estuvo a su lado. Aunque tenía cuatro hermanas y un hermano, todos mayores que él, para su madre siempre fue Yukihito el favorito. Pues después de más de diez años desde la más chica de sus hijas, había llegado a su vida como un vendaval de energía y aventuras. Sus hermanos siempre le solapaban sus travesuras, a veces recibiendo el castigo por él. Así que al crecer se convirtieron en una familia muy unida. Con su madre como su ancla.
Era ella quien ahora estaba a su lado. Sin hablar, sin necesidad de decir nada, comprendía que su hijo sufría. Ella se sentó en una mecedora a su lado.
—¿Por qué ahora, Yuki?, ¿qué te pasó que te hizo recordarlo después de este tiempo? —no había que aclarar a qué se refería su madre, él lo sabía.
—Creo que nunca lo superé, es solo que creo que lo tenía escondido, guardado dentro de mí. ¿Sabes? En ese momento, todo fue tan rápido. Mi dolor no fue nada comparado con lo que ellos sufrieron. Yo... Nunca se lo dije. Para mí no solo era mi representado y mi mejor amigo, madre —se quedó callado tratando de dar voz a sus pensamientos y a su sentir, así que, pasó saliva y continuó con voz quebrada—. Fuera de esta familia, él era mi hermano. Así lo quería yo. Es extraño, madre. Porque cualquiera diría que con el paso del tiempo el dolor se iría haciendo menos fuerte y tal vez sea así. Pero, ¿sabes? —se quedó callado mientras trataba de dar orden a sus ideas.
—¿Qué fue lo que detonó esta angustia en ti? —preguntó su madre afligida, por muy mayores que fueran los hijos uno no deja de preocuparse por ellos y tratar de hacer sus penas menos.
—Una película —al ver la cara de extrañeza de su madre, se explayó en la explicación—. Cuando fui a recoger a Kyoko a uno de los sets, me llamaron de otro donde se estaba grabando una película. Entré buscando al director que quería hablar conmigo, pero la escena que me tocó observar, me hizo recordar cada mísero y cruel detalle de ese día... Uno le ve en películas, en programas policiales, pero cuando sucede en la vida real, no hay nada ni nadie que te prepare para el sentimiento de crudeza y realidad.
Suspiró cansado, soltando lento el aire, dilatando el regreso a los recuerdos.
—Ese terrible día, cuando llegamos al hospital, y lo declararon muerto, Kyoko se puso muy mal, y los padres de Kuon no estaban mucho mejor, así que le pedí al presidente que los ayudara a llegar a casa y le dije que yo me haría cargo de la situación. Muy a regañadientes él aceptó. Me dijo que después de todo lo que yo había pasado no estaba seguro de que yo estuviera bien. Yo pensé que qué demonios, si había visto morir a mi amigo en mis manos ¿qué podría ser peor? —se quedó en silencio, en su rostro se reflejaban los amargos recuerdos. Su madre tomó su mano entre las suyas y este gesto le dio la fuerza de continuar.
—Te lo digo, madre. Nada es peor que cuando vas a la morgue y tienes que recibirlo en una bolsa negra. De esas mismas que ves en la tele. Es cuando la dura y cruel realidad me llegó directo a la mente y al corazón, como un frío y letal rayo. Dentro de esa maligna y demoníaca cosa, dormía el sueño final mi mejor amigo, mi hermano menor. Al que nunca volvería a torturar con mis bromas. Cuando vi la bolsa, deseaba con todas mis ganas que él la abriera por dentro y saliera gritando que era solo una broma. Así que esperé y esperé hasta que el encargado de la morgue me preguntó si estaba bien. Yo había aguantado no llorar enfrente de Kyoko, el presidente o sus padres. Pero ahí me volví a derrumbar. El encargado me permitió abrir la bolsa y me dio unos minutos para despedirme de él. No sé si eso fue algo bueno o malo, porque lo vi, frío, sus ojos cerrados para siempre, sus labios no esbozaban la sonrisa que él acostumbraba a tener desde que Kyoko le dijo que lo amaba. Así que solo pude tomar su mano, fría, inerte, y sobre su cuerpo lloré..., lloré porque no podría conocer a su hijo, porque yo perdía a mi amigo, porque no fui yo. Porque Kyoko estaría sola sin él.
A su madre no le pasó desapercibido que él se refiriera a Kyoko-chan sin el sufijo y que él ni siquiera se diera cuenta de que lo hacía. Pero también vio la tristeza, el arrepentimiento y la culpa del sobreviviente que no había sabido superar.
—Yuki, ¿acaso preferías haber muerto tú?, ¿es que piensas que tu vida es menos importante porque no eres un actor de renombre? —él volvió el rostro de inmediato al escuchar el tono enojado de su madre.
—¿Qué?
—¿Acaso nuestro dolor sería menos que el de los padres de Kuon-san?, ¿o por qué piensas que el mundo sería mucho mejor si el que hubiera muerto hubieras sido tú? Escúchame bien, Yashiro Yukihito —demonios, estaba en aprietos si su madre se refería a él con nombre y apellido—. Fue muy desafortunado de que el joven Hizuri muriera, es triste el saber que nunca podrá gozar de la fortuna de ser un padre y de que ese niño nunca conocerá lo increíble que hubiera sido su padre también, es muy cruel saber que Kyoko-chan perdió al amor de su vida, según nos has contado, pero eso no justifica el hecho de que creas que tu vida vale mucho menos que la suya, porque escúchame bien, Yuki, llegaste a nuestras vidas cuando ya no creíamos tener más familia. Y todos te adoramos desde el primer momento en que te vimos, yo te amé desde que supe que te esperaba. Los doctores me decían que tuviera mucho cuidado porque después de tantos años y yo ya no era tan joven, pero aún así desafiaste al universo entero con un embarazo de lo más llevadero y un parto aún más sencillo. Y llenaste de luz y alegría nuestras vidas. Tus hermanas y tu hermano se desvivían por ti y ni qué decir de tu padre. ¿Para ti no valemos tanto como los demás?
—¡No!, ustedes son lo más importante de mi vida. Quienes me dan la fuerza para seguir aquí. Aunque estemos separados por la distancia sé que nuestros corazones están unidos. Es solo que él tenía una esposa y un hijo por llegar y yo no. Pero nunca pensé que si me hubieran perdido su dolor sería menos. Nunca jamás los despreciaría ni a sus sentimientos así. ¡Por favor, perdóname madre!
Él se arrodilló a sus pies como lo hacía cuando era pequeño y se aferró a su cintura, lloró, dejó ir por fin el dolor y la culpa que lo había atormentado desde ese día. Y ahí acunado entre sus brazos supo que había encontrado el motivo por el cual había regresado a su antiguo hogar. Necesitaba escuchar ese regaño y esas palabras de la boca de su madre. Necesitaba hallar la fuerza para seguir adelante y superar la culpa. Y gracias a ella y a su familia, lo había hecho. Ahora podía regresar en paz a casa para cumplir con la promesa que le hiciera a Kuon.
Cuando Yashiro volvió del viaje, vio que en el pasillo de entrada de su departamento había un montón de cajas apiladas, junto con una nota.
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"Esto es todo lo que ella sacó,
creo que usted, mejor que nadie,
sabrá qué hacer con ellas.
S."
