Capítulo 6: Un nuevo estilo de vida.
Los años venideros no fueron fáciles, tuvieron su punto clímax cuando el joven perdió a su padre. Para entonces el ya tenía quince años. Esto lo obligó a regresar a vivir con su madre, quien a duras penas lo soportaba. Aquella habitación en la que lo había colocado no era muy grande pero era mejor a no tener nada. Cinco largos años había vivido con ella desde entonces.
Un fuerte trueno lo hizo estremecerse, el estrepitoso sonido lo sacó de sus recuerdos y lo regresó al presente. Aún era de noche, la tormenta afuera no cesaba. El dolor que, con anterioridad había experimentado, volvió y esta vez se quedó ahí por más tiempo. « Te extraño papá, te extraño a ti y a las historias que solías contarme » reconoció triste momentos antes de cerrar los ojos.
A la mañana siguiente, antes de salir de casa, el joven tuvo una discusión con su madre durante el desayuno.
–No deberías de desperdiciar el dinero que tu padre te dejó de esa manera–
–Es lo que él hubiera querido–
–¿Y qué hay de lo que yo quiero? Deseo ver a mi hijo convertido en un hombre exitoso que pueda mantenerse a sí mismo y que pueda darse el lujo de comprar todo lo que desee. Las fascinaciones de tu padre no le trajeron nada más que problemas a tu vida y deberías olvidarlas. Tienes un trabajo que te permite subsistir, tienes un techo, que aunque no te guste, te permite pasar las noches. Si te vas lo perderás todo y ¿por qué? Por unas simples y tontas historias que tu padre jamás debió haberte contado en primer lugar–
–Pero yo quiero vivir una aventura como ésas. No podría haber mayor logro para mí que ése y eso es lo que me gustaría que entendieras–
–Lo que tú buscas no te dará abasto ni traerá comida a la mesa. Las aventuras de las que hablas terminaron años atrás. Hoy en día sólo tienes a un puñado de gente que aún lucha por vivir en un mundo que ya pasó al olvido. Esa es la misma realidad que tu padre no pudo afrontar y es la misma que te transmitió a ti–
–¡Pero los pokémon son reales!–
–Lo serán pero las cosas han cambiado, ¡el mundo ha cambiado! Tú bien sabes que los que no se adaptan terminan solos y viviendo en condiciones deplorables. ¿Es eso lo que quieres? Siento a tu padre a través de tus palabras y eso no me agrada. ¿Es que acaso no te das cuenta del daño que su influencia te ha causado? Esa fue la causa por la que me separé de él, aferrarse al pasado no hace nada más que llenar tu cabeza de absurdas ilusiones. Tienes que enfocarte en tu presente hijo y pensar en tu futuro, sólo así llegaras lejos en la vida. Tu padre fue alguien que jamás pudo volver a poner los pies en la tierra. No quiero que tú sigas por ese mismo camino. Reconsidéralo y por favor piensa en tu futuro, ya no eres un niño, eres un adulto. Quiero que tomes cualquiera que sea tu decisión basado en eso. Yo ya no puedo hacer nada más por ti. Espero que recapacites y te aclaro, si decides salir por esa puerta ya no volverás a entrar– dijo la madre dando un claro ultimátum.
Un súbito silencio se apreció dentro de la cocina, el joven se quedó unos minutos callado pensando en lo que su madre le había dicho y luego le respondió:
–Si así van a ser las cosas entonces adiós mamá y gracias por todo. Esto es algo que de verdad quiero hacer– dijo poco antes de guardar sus cosas en una mochila y de cruzar la puerta.
Casi inmediatamente un sentimiento liberador surgió en su interior. No era el hecho de que estaría lejos de su madre, sino de que finalmente podría perseguir aquello que tanto anhelaba. En ese momento decidió que no se sentiría orgulloso hasta no haber satisfecho su deseo por aquello que realmente deseaba.
Por su parte la madre se quedo pensando en lo iluso e ingenuo que era su hijo, sabía perfectamente que afuera las cosas eran diferentes. El mundo ya no era amable ni bueno con aquellos que se atrevían a soñar. No podía ni imaginar la cantidad de desilusiones que su hijo encontraría ahí afuera. En el momento en que lo vio partir, supo internamente que ya no lo volvería a ver. Culpó aún más a su difunto ex-esposo por haberle estropeado la vida a su único hijo.
Esa misma mañana al salir de casa, el joven renunció a su trabajo de medio tiempo. De regreso, pasó a visitar el viejo monte . Tal vez esa sería la última vez que lo vería, esta vez el clima era favorecedor y era un día soleado; muy tranquilo. Subió el monte como acostumbraba hacer antes de de tomar una decisión importante, y al llegar a la cima, contempló el horizonte.
–Sal, Hope– dijo mientras extendía la mano que sujetaba la pokebola.
–¡Pi-pikachu!–
–Es tu turno Bel– dijo al liberar a su segundo pokémon.
–Beel-duum–
Viendo al horizonte se dio cuenta de que el agua ya no era tan azul cristalina como solía recordarla durante su infancia. Con los basureros de la ciudad llenos, algunas fábricas lo usaban para verter sus desechos donde aún había lugar, en el mar. De vez en cuando se podían observar algunos pedazos de basura o de desecho flotando en el vaivén de las olas. « Este ya no es lugar para mí, no quiero quedarme aquí y ver como se pudre esta ciudad » pensó decidido. Metió su mano en el bolsillo de su pantalón derecho y sacó un boleto de barco, lo miró y entonces recordó un fragmento de conversación que tuvo con su padre en una ocasión en la que hablaron sobre la muerte y sobre los giros que a veces da la vida:
– "Si algo me llegara a pasar quiero que sepas que te dejo mis posesiones a ti, he ahorrado un poco de dinero. Quiero que cumplas cualquiera que sea tu sueño. Sé que lo que te ofrezco no es mucho, pero confió te servirá. Úsalo bien y no lo malgastes" –
La muerte de su padre sin duda lo tomó por sorpresa y fue un trago amargo que cambió su forma de ver la vida. Lo hizo darse cuenta de que la muerte no espera a que uno esté listo o preparado, simple y sencillamente ocurre.
El día en que dejaría Kanto había llegado y su viaje no podría empezar sin sus dos fieles amigos. Gracias al dinero que le había dejado su padre, el cual no había podido cobrar hasta que cumplió la mayoría de edad, le permitió comprar el boleto que lo sacaría de allí. Aquel joven había trabajado algunos años y había ahorrado otro poco que sin duda, ahora le serviría.
Entre sus pertenencias su padre le había dejado un par de cosas, las que incluían: una enciclopedia que tenía como portada a un Bulbasaur; repleta de notas sobre el mundo pokémon. Y una pokedex. La cual, aunque vieja y un tanto maltrecha, aún servía. Estas pertenencias las valoraba mucho y, cada que salía de casa, las llevaba dentro de una vieja mochila.
–Admiren la vista, sé que se ha visto mejor antes pero jamás se verá igual a cómo se ve ahora– dijo dirigiéndose hacia sus pokémon.
–Saben, últimamente he pensado mucho sobre las cosas malas que pasan en la vida y creo que existen diferentes formas de verlas. Ustedes saben cómo me gustaría que mi padre aún viviera pero luego pienso, que si lo hiciera, no podría hacer este viaje; me sentiría apegado a él. Tal vez las cosas pasan por alguna razón, tal vez no, no lo sé. Si hay algo cierto en este mundo es que la vida es incierta, nadie sabe lo que va a pasar y es ahí donde muchos ven la aventura. Yo a diferencia de ellos creo que no tengo un mejor lugar al cual ir, lo cual lo hace hasta cierto punto, más sencillo. Vengan, es hora de irnos. El barco zarpará por la tarde. Debemos llegar con tiempo–
Después de regresar a Hope y a Bel a sus respectivas pokebolas el joven bajó del monte y emprendió su camino hacia ciudad Carmín, donde tomaría el barco que lo llevaría a la región Johto.
Llegó antes del atardecer, buscó el barco acorde al puerto y decidió ir a dar una vuelta por la ciudad tan pronto como lo encontró. Ya que todavía le faltaban algunas horas para zarpar. El barco era pequeño, a lo mucho tenía capacidad para unas treinta personas. Nada comparado con el legendario crucero de lujo, el St. Anne, pero al menos cumpliría su función.
Caminando por las amplías calles de ciudad Carmín se dio cuenta que, de no ser por los puertos, esa ciudad tendría exactamente lo mismo que cualquier otra: edificios altos, tiendas, calles altamente transitadas; tanto por personas como por vehículos. Llenas de gente apresurada que ni siquiera mira a su alrededor porque está demasiado ocupada pensando en las cosas cotidianas que deben hacer. Pensó en esto a la par que caminaba, en ese momento miró de frente y vio una tienda de electrónicos que llamó su atención. Al verla se imaginó a sí mismo comprando una videocámara, se visualizó documentando su viaje para luego poder volver a mirar aquellos momentos importantes que pudiera tener. Luego recordó que ese tipo de aparatos suelen salir bastante caros, a pesar de esto decidió entrar y echar un vistazo. La cantidad de artículos que encontró fueron bastantes pero efectivamente, cómo había imaginado, los precios de las videocámaras sobrepasaban su presupuesto. Miró por algunos estantes y hubo uno en particular que, sin saber por qué, llamó su atención. Detrás de una vieja repisa de artículos usados, algo polvorienta, encontró una grabadora de voz que se veía en buenas condiciones. Miró el precio y le pareció buena idea comprarla aunque desconociera el motivo exacto por el qué lo hacía. La tomó junto con un casete nuevo y un par de pilas, se acercó al mostrador y pagó los artículos. Tras su compra salió de la tienda y continuó caminando, quería ver que tanto era capaz de explorar de aquella ciudad.
A medida que se alejaba, se dio cuenta de que la calidad de los edificios y de las casas se iba deteriorando. La diferencia en el status social y de la economía se hacía cada vez más evidente. Algunas personas incluso lo miraron extraño, le dio la impresión que, de alguna forma, esas personas creían que él se sentía superior a ellas. Fue una sensación que definitivamente no le agradó. Apresuró el paso y terminó cerca de una casa que tenía mala pinta. Sintió una sensación extraña en cuanto miró a dos sujetos que se veían sospechosos yendo hacia un callejón que daba justo entre la separación de una casa y un muro de pared. Algo dentro de él le decía que esos dos hombres no podían estar tramando nada bueno, sin embargo, su curiosidad por saber exactamente qué, lo hizo acercarse con cautela hacia el mismo callejón para averiguar la respuesta. Fue ahí cuando se percató que toda la gente a su alrededor se había ido. Lentamente, asomó su cabeza por sobre la esquina de la casa y miró hacia el callejón. Vio a dos hombres encapuchados de espaldas hablando con otros tres sujetos. El hombre que hablaba con ellos estaba protegido por lo que parecían ser, sus dos guardaespaldas, uno a cada lado. La pinta de aquello lo hizo colocar el casete dentro de la grabadora y comenzar a grabar la conversación que tenían aquellos sujetos.
–Tenemos lo que nos pediste– escuchó decir a una de las voces de los hombres encapuchados.
–Y no fue nada fácil conseguirlo pero la mercancía es suya si ustedes tienen la paga– aclaró su compañero.
–Tranquilos, la tenemos pero primero déjame verla y asegurarme de que no me están engañando–
–¿Acaso no confías en nosotros?– preguntó indignado uno de los encapuchados.
–Claro que no, esto son negocios y como tal debo asegurarme de que lo que estoy comprando es exactamente lo que pedí. Ahora déjame verlo–
–Está bien, pero si tú y tus hombres intentan algo dénse por muertos–
–Deben ser muy estúpidos ó muy valientes para amenazar a alguien del equipo Rocket, aunque me inclino a creer lo primero–
–¿Qué? ¡Pero cómo te atreves!– exclamó molesto.
–Déjalo pasar hombre, tiene razón. No queremos problemas con ellos, después de todo si nos pagan lo prometido pueden llamarnos de la forma que quieran–
–Deberías escuchar a tu compañero, sería muy sabio de tu parte. Ustedes son dos y nosotros tres, además nosotros tenemos experiencia en estas cosas a diferencia de ustedes. ¿Sabías que los pokémon tienen múltiples usos además de participar en batallas? Por ejemplo, si los entrenas adecuadamente pueden lastimar seriamente a alguien si se los ordenas y créeme no me molestaría el tener que hacer una pequeña demostración–
–No lo hagas, ¿de acuerdo? Aquí está, ten mira– dijo el hombre antes de entregarle un paquete negro que se veía en malas condiciones.
–¡Vaya, pero si es enorme!, debió haberles costado mucho conseguirlo– dijo el hombre a la par que examinaba minuciosamente el contenido del paquete.
–Y si nos pagas un diez por ciento más de lo acordado te daremos también este papel– dijo el sujeto que estaba frente a él al momento de sacar un papel doblado de su bolsillo.
–¿Ohh? – expresó intrigado el hombre. – ¿Pues qué contiene?– preguntó interesado prestando especial atención al papel que el sujeto encapuchado sostenía entre sus dedos.
