Capítulo 7: Crueldad e ignorancia.
– Contiene la ubicación de varios Nidoking, estoy seguro que eso les interesará bastante ¿cierto?–
–Es verdad, a mi equipo le agradaría conocer esa información. ¿De cuántos hablamos para ser preciso?–
–Cerca de unos treinta–
–Entiendo, esa cantidad suena prometedora. Bien, te daré un veinte por ciento si el lugar que mencionas tiene esa cantidad, pero si descubro que esto no es más que una farsa mis amigos y yo regresaremos para hacerte una visita ¿Queda claro?–
–Definitivamente– respondieron ambos hombres encapuchados.
–Tomen su dinero, cuéntenlo y váyanse. Nuestros negocios han terminado–
–Aún queda un último problema, ¿qué hacemos con el cuerpo?–
–No es mi problema, no tengo nada que ver con eso. Ustedes encárguense–
Aquellas palabras levantaron inmediatas sospechas en la mente del joven. ¿Había escuchado bien?, ¿Habían matado a alguien? Y de ser ese el caso, ¿a quién? La curiosidad que sentía pronto se convirtió en temor, acababa de ser testigo de algo que hubiera preferido no saber.
Los hombres encapuchados se dieron media vuelta y comenzaron a caminar hacia la salida del callejón. El joven rápidamente se apartó allí y trató de esconderse detrás de una de las casas contiguas pero entonces escuchó que uno de aquellos hombres le dirigió la palabra:
–¡Oye tú!–
Intentó seguir caminado pretendiendo no haber escuchado nada.
–No te hagas el sordo, tú no eres de por aquí ¿cierto?– dijo uno de los hombres en tono agresivo.
Nervioso por haberse percatado de que le dirigían la palabra se detuvo. Giró lentamente hasta quedar frente a frente con aquellos hombres. Dudó en mirarlos a los ojos pero debía mostrar confianza, si sus nervios lo delataban estaría en problemas. Se controló lo mejor que pudo en esos breves instantes mientras volteaba. Hizo una pausa y cruzó su mirada con la de los sujetos. Sintió el sudor recorriéndole la frente. Finalmente les dijo lo primero que se le vino a la mente.
–Estoy de paso, no tengo tiempo que perder, lo siento– dijo tajante antes de darles la espalda.
Continuó caminado, rogaba internamente para que no fueran a decirle nada más. Por fortuna, así sucedió. Se alejó un par de metros antes de atreverse a mirar atrás. Ambos hombres lo observaron con desconfianza pero continuaron su camino.
–Anda, arrojemos esto y salgamos de aquí– oyó decir a uno de ellos. Caminaron en dirección contraria a la suya y poco a poco se fueron alejando.
El joven quería irse, pero otra parte de él quería seguirlos para averiguar la identidad del cuerpo del que los había oído hablar. Lo pensó bastante y esperó hasta que ambos estuvieron lejos para sacar a Beldum de su pokebola.
–¿Crees poder seguirlos Bel?–
Su pokemón lo miró con aquel extraño ojo suyo y comenzó a alejarse, manteniendo una distancia prudente entre él y los hombres.
Sabía que se estaba metiendo en algo peligroso, incluso estaba consciente de que si lo descubrían podrían matarlo pero para él, el extraño sentimiento de saber que era probablemente el único que podría averiguar la verdad, lo alentaba a continuar. Fue cuidadoso y mantuvo una distancia segura. Siguió a Beldum quien a su vez siguió a los hombres hasta un edificio abandonado. Ambos esperaron un rato y poco después los vieron salir cargando con una bolsa de basura negra.
El aspecto de la bolsa parecía contener un cadáver. No era lo suficientemente grande como para pertenecer a un hombre adulto pero, debido al tamaño, bien podría tratarse del cuerpo de un adolescente ó incluso de un niño. Tras ver esto le quedó claro que ya no había marcha atrás, ya no había punto de retorno. Le ordenó a Bel que continuara vigilando a los hombres y esto los llevó a las afueras de Ciudad Carmín, cerca de un vertedero. Allí los observó arrojar la bolsa junto al resto de la basura. Regresó a su pokémon y se mantuvo lejos. Mientras se marchaban hizo lo que sabía hacer mejor, escuchar.
–¿Hacer esto nos hace malas personas?–
–Nosotros no somos los malos aquí, sólo lo hicimos porque necesitábamos el dinero. Preguntas si esto nos hace malos, no lo sé, ciertamente no encontramos placer al hacerlo pero yo creo que únicamente estamos tratando de sobrevivir y no veo nada malo en ello. Ya sabes, es la ley del más fuerte– explicó a su acompañante.
–Tienes razón, nosotros no tenemos la culpa de estar en esta situación. Si no fuera por los ricos seguramente habría más dinero para todos los demás–
Esperó hasta que los hombres se fueron para salir de su escondite. Tan pronto como se fueron se acercó a la bolsa. Se abrió paso por entre la basura, y junto algunos desechos, para llegar a su destino. El olor casi lo hizo vomitar. Contempló la bolsa, se puso en cuclillas y se preparó mentalmente para mirar en su interior. Su pulso se aceleró, sus manos comenzaron a sudar y no pararon de temblar. Decidido, deshizo el nudo de la bolsa y se armó de valor. Finalmente miró dentro de la bolsa, lo que allí vio le abrió los ojos a una verdad que lo dejó inmóvil. Un frío gélido se apoderó de su cuerpo, perdió la noción del tiempo al observar impactado el cadáver del pokémon que yacía dentro. Sintió una desgarradora tristeza que destrozó su corazón, aquel sentimiento pronto se convirtió en odio. Dolido e impactado, no pudo retirar la vista del cadáver al que le faltaba un cuerno en su frente, se notaba que se lo habían arrancado por la fuerza. No pudo entender cómo alguien podía llegar a tal grado de crueldad, inmediatamente la conversación que grabó con anterioridad le hizo sentido. « ¿Por dinero?, ¿sólo por eso? » pensó enfurecido. Entendió entonces que el trato que los hombres encapuchados hicieron con el equipo Rocket no fue otro más que por simple dinero. No supo exactamente cómo pero de alguna manera el equipo Rocket había hecho de los cuernos de los Nidoking todo un negocio. Por su mente pasaron algunas preguntas:
« ¿Para qué necesita el equipo Rocket los cuernos?, ¿qué es lo que hacen con ellos? ¿Cuántos pokémon han tenido que sufrir el mismo destino? »
Quería respuestas y las deseaba rápido. Sin embargo, una frase que su madre le había dicho ante una pregunta incómoda le vino a la mente:
«"La ignorancia es dicha"»
La respuesta de la madre retumbó en su mente como una especie de eco, ahora él comprendía su significado. Entendió entonces que a veces es mejor desconocer la respuesta. Aquellas preguntas que pasaron por su mente deberían quedar así, sin resolver. Se sintió enfermo, incapaz de comprender cómo alguien, deliberadamente, podría hacer aquello. Instantáneamente esa sensación se intensificó a tal grado que no la pudo contener por mucho tiempo más, se llenó de furia e impotencia. Golpeó el suelo con todas sus fuerzas tres veces seguidas y luego se detuvo, algunas lágrimas brotaron de sus ojos. Se quedó allí durante un rato, luego, tras recuperar la capacidad de razonamiento, se convenció de que los responsables no podían quedar impunes después de cometer tal atrocidad. Él debía hacer algo, no podía quedarse de brazos cruzados. Pensó en tomar el cuerpo del pokémon en sus manos y darle un entierro digno pero un súbito impulso lo detuvo. « Esta es una escena de crimen, no debo contaminarla más de lo que ya he hecho o yo podría parecer culpable » recapacitó.
Se levantó y se apresuró en regresar a la ciudad Carmín, buscó desesperadamente a un policía, le costó trabajo encontrarlo y cuando lo hizo le comentó lo sucedido. Para su sorpresa el policía se mostró renuente a creer su historia, sin embargo no tuvo otra opción más que ir con él al vertedero para corroborar la historia tras escuchar la grabación.
–De modo que era cierto. Es un evento desafortunado, pero debes entender que no puedo hacer mucho, la evidencia que posees es útil pero es insuficiente. Traeré a un equipo para que se lleven el cadáver y haré un informe de esto–
–¡Le digo que vi el edificio de donde lo sacaron!, si tan solo lo investigara estoy seguro que encontraría más evidencia que vincule a los responsables– indicó impaciente el joven.
–Para hacerlo necesitaría de una orden y eso toma tiempo. Sé cómo te debes sentir pero cuando eres policía y llevas tantos años como yo entiendes que las respuestas toman tiempo. No es algo que puedas resolver de la noche a la mañana– explicó el policía.
–¿Y qué hay del resto de los Nidoking? Usted mismo lo escuchó en la grabación, el equipo Rocket mostró su interés por ellos, tiempo es algo que esos pokémon no tienen. Necesita averiguar esa ubicación antes que ellos o de lo contrario sus vidas correrán peligro–
–Déjame decirte algo niño, este trabajo no es fácil así que no me digas cómo hacerlo. Seguro hay pokémon que corren peligro pero los tiempos han cambiado y también hay otros casos que requieren de mayor atención. Vidas humanas dependen de ello–
–Ya veo, de modo que prioriza la vida de los humanos sobre la de los pokémon– le replicó el joven.
–No es lo que quise…– respondió el oficial sin poder culminar.
–Estoy seguro que eso es lo que su respuesta refleja oficial, usted no debería priorizar las vidas de nadie. Una vida es una vida y vale lo mismo que cualquier otra, su deber es proteger y servir. No le estoy pidiendo otra cosa más que hacer su trabajo–
El policía hizo una breve pausa y pareció darse cuenta de que su argumento lo había hecho quedar mal.
–No prometo nada pero está bien, haré lo que pueda. Ahora es momento de que te vayas, por cierto necesitaré que me des la cinta de tu grabación. Es evidencia fundamental y sin ella no podré abrir una investigación–
–Si no le molesta preferiría entregarla yo mismo en la jefatura de Ciudad Azulona, esa es la ubicación general de sus cuarteles ¿no es cierto?–
–Sí pero en ese caso yo te puedo llevar, ¿por qué no subes a mi patrulla y te acorto el viaje?–
–No gracias oficial, prefiero caminar–
Al policía no le pareció la idea pero no tuvo más remedio que dejar que el muchacho se marchara. Estaba anocheciendo, el joven regresó al puerto, y como imaginó, el barco ya había zarpado. Sin más opción se fue en busca de algún hotel barato que le permitiera pasar la noche.
Más tarde, en una habitación que rentó, se sentó sobre la cama y sacó de su mochila la enciclopedia que le había dejado su padre. Miró al Bulbasaur que estaba en la portada y se quedó pensando momentos antes de abrirlo.
« ¿En qué punto?, ¿en qué momento esta región dejó de ser lo que era y se convirtió en esto? » se preguntó a la par que veía la información contenida. Dentro, pudo apreciar un mundo que era totalmente diferente al que él conocía, uno que parecía casi utópico.
