Sí, ya sé, que F.F. arregló el envío de los avisos de actualizaciones desde hace unos días, pero la verdad he tenido un montón de trabajo. Sin excusas ni pretextos, aquí les dejo ya el capítulo. Muchas gracias a todas por sus reviews.

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Aún recordaba la escena en casa de los Hizuri, no supo quién de los dos había gritado más fuerte, si Kyoko o él, tanto, que, hasta el pequeño Ren se había asustado y fue difícil calmarlo.

Pero ahí estaban en el aeropuerto de Narita, documentando el equipaje, él, por supuesto, porque Kyoko se las apañaba con el pequeño que ya estaba harto, del viaje desde Tokyo hasta el aeropuerto, que tomaba más de una hora de camino y de que llegando ahí lo trajeran en brazos. Él quería caminar, sentirse niño grande, pero, como el aeropuerto estaba lleno a más no poder, Kyoko estaba preocupada de que Ren se perdiera, así que no hubo más que hacer más que soportar sus chillidos y rabietas, apenada porque la gente la volteaba a ver debido al escándalo de su niño.

—Ren, ¿por qué no saliste más con el carácter de tu padre? Él siempre sabía cómo comportarse —susurró Kyoko, pero Yashiro alcanzó a escucharlo y agachó la cabeza confundido. Él se preguntó, ¿a qué padre se refería ella?, porque Kuon Hizuri, uffff. Kuu le había estado platicando muchas de las diabluras que este había hecho de niño y algunas de las travesuras que a cualquiera le sacarían canas verdes, pero claro que ella se refería al reconocido Tsuruga Ren, que siempre mostraba calma y paciencia aun en las peores circunstancias.

—Vaya, creo que a usted le tocó la mejor parte, ¿no? —dijo sonriendo un poco apenada la joven que estaba en el mostrador, viendo cómo Kyoko batallaba con un pequeño que podía competir con todo un batallón de feroces gladiadores. Mientras que Yashiro cargaba con su maletín, la pañalera de Ren que también era la bolsa de Kyoko, al mismo tiempo que le pasaba las tres enormes maletas. La carriola, porque a pesar de que Ren ya caminaba muy bien, se cansaba y había que cargarlo, así que para evitar esto, Yashiro, más que Kyoko, o mejor dicho pensando en ella, decidió llevar también la carriola—. ¿Durante cuánto tiempo viajan? —volvió a preguntar la joven mientras checaba que ninguno de los equipajes sobrepasara el peso límite.

—Será un mes, pero por favor, deje los boletos abiertos. Tal vez sea necesario modificar el regreso —volteó a ver a Kyoko justo en el momento en el que el niño se le escapaba entre las piernas, pero los reflejos casi gatunos del hombre, aprendidos después de pasar años al lado de alguien como Kuon, atraparon al pequeño cuando él creía que le había ganado a su madre—. Ven acá, pequeño travieso. Ya es justo que dejes a tu madre descansar un rato, ¿sí, Ren? Mira, vamos a subirnos en un avión.

—¿Vión? —preguntó emocionado el niño, ya había volado con anterioridad y le encantaba la sensación.

—Sí, un avión, pero si no te comportas, esta señorita que está aquí —la miró apenado, ofreciéndole sus disculpas por adelantado por hacerla interpretar el papel de mala—, no nos dejará subirnos en el avión, porque, ¿sabes, Ren?, en los aviones no se les permite ir a los niños que se portan mal y desobedecen a sus mamás.

—¿No vión?, Ren, quere vión —e hizo un puchero, Yashiro sonrió sabiendo que tenía ganada la partida.

—Entonces, ¿te portarás bien? —el niño solo asintió—. Pues ya solo queda que les pidas perdón a tu madre y a estas personas por tu mal comportamiento —Yashiro lo baja y el niño se voltea hacia la fila de pasajeros detrás de él y se disculpa haciendo una reverencia como había visto a su madre hacer otras veces.

—Peddón —y sonrió con una sonrisa que hizo a más de una de las personas que estaban a su lado enamorarse un poco del pequeño y perdonarle su anterior rabieta y no era para menos, con sus enormes ojos verdes y rubio como el padre el niño tenía la cara de un ángel. "Justo como el padre", pensó Yashiro. "Kuon, Ren es digno hijo de su padre, estarías orgulloso de él". Kyoko le ofrece los brazos y su hijo se abalanza a ellos. Cuando llega al cálido pecho de su madre, la abraza y la besa—. ¿Ren va en vión? —Kyoko se ríe porque Ren le recuerda tanto a Kuon. A sus dos cortos años de edad, este niño estaba aprendiendo el fino arte de ganarse a la gente mediante una sonrisa y una mirada de cachorro a medio morir.

El viaje fue largo y pesado. Si para los adultos ya era difícil mantenerse en una misma posición durante doce horas seguidas, mucho más para un bebé de solo dos añitos. Él quería jugar y correteaba por los pasillos en cuanto Kyoko y Yashiro se descuidaban. Era tan encantador que se ganó a las asistentes de vuelo y ellas le regalaron uno que otro dulce que tenían por ahí.

A la salida del avión justo para bajarse, el piloto que había salido a despedir a los pasajeros, le preguntó a Ren si quería conocer la cabina del avión; "solo un momentito", les dijo, "ya no está permitido que nadie entre, pero por esta personita, no creo que por cinco minutos nos digan nada", y así se lo llevó a conocer por dentro la cabina. Está de más decir que a partir de ahí Ren iba caminando enfrente de Kyoko y Yashiro haciéndose pasar por un avión él mismo, abriendo sus bracitos lo más extendido posible que podía y zigzagueando al tiempo que hacía ruidos de avión.

—Yo piloto, vión.

Kyoko iba tras él por todo el aeropuerto de Londres, mientras dejaba, apenada, de nuevo, al pobre de Yashiro a cargo del enredo de maletas y equipaje que traían. Cuando por fin lo pudo alcanzar, a Ren, no a Yashiro, porque él estaba justo donde lo habían dejado, enterrado tras todas las maletas, lo tomó en brazos y corrió para subirlo, no sin refunfuños de su parte, a la carriola y poderle así ayudar a Yashiro con las maletas. Pero por fin habían llegado. Yashiro volteó a ver a Ren, que después de todo se había quedado dormido al momento al sentir la comodidad de su carriola. Se dirigió a Kyoko.

—Ahora sí hemos llegado, ¿lista? —ella asintió, sabía que Yashiro no se refería a que si ya tenía todo, sino a enfrentarse a un nuevo público, a ser la primera vez que actuaba fuera de Japón y además en un estelar. Ella nunca se había acobardado, y ahora menos que nunca, porque era una Hizuri.

—Sí.