Capítulo 8: La llamada de medianoche.
La mañana, los rayos del sol descendían del cielo y se filtraban por entre las desteñidas cortinas del apacible hotel. Hope estaba sentado sobre un mueble de madera detrás de la ventana, contemplando tranquilamente el clima. Entre sus manos sujetaba un pequeño y viejo listón rosa. Un ruido seco lo distrajo, el sonido de un cuaderno cerrándose lo hizo voltear.
–Es hora de irnos amigo, regresa–
–¿Huh?, ¿qué te sucede Hope?– preguntó extrañado el joven al ver como el pokémon se rehusaba a regresar a la pokebola.
Hope lo miró, colocó el pequeño listón entre sus dientes y saltó del mueble. Trepó por la pierna izquierda de su entrenador, llegó hasta el hombro y de ahí escaló hábilmente por el cuello para llegar a la cabeza. Se acomodó entre los cabellos del joven que lo cuidaba y se quedó quieto.
–Creo que ya te hartaste de estar encerrado ¿no?, si así lo deseas puedes quedarte ahí. Sólo no vayas a colocarme ese listón ¿de acuerdo?, me haría ver ridículo– dijo su entrenador bromeando pero Hope pareció no reaccionar ante la broma. Se quedó callado y no manifestó respuesta alguna.
Al muchacho le pareció raro aquel comportamiento pero no le dio mayor importancia, poco después; mientras guardaba sus cosas de vuelta en la mochila, le causó curiosidad saber de dónde Hope había sacado aquel listón. Ya que él no recordaba habérselo dado. Planeaba guardar el listón dentro de la mochila, pero mucho antes de que pudiera tan siquiera tocarlo, Hope le mordió suavemente el dorso de la mano. La mordida no fue fuerte y se sintió más como un pellizco que a un mordisco.
–¡Ouch!– exclamó adolorido.
–De acuerdo, de acuerdo. Si no quieres que lo guarde en la mochila puedes quedártelo– replicó el joven un tanto molesto.
Terminó de guardar sus cosas, colocó la enciclopedia de su padre con especial cuidado dentro de su mochila, no quería que se fuera a maltratar. Se aseguró de acomodarla bien y se preparó para salir. Contó su dinero y procedió a salir del cuarto.
Le tomó la mayor parte del día pero por la tarde llegó a la jefatura de ciudad Azulona, una vez ahí preguntó específicamente por la oficial Jen.
–¿Asunto?– preguntó una de las recepcionistas.
–Tengo que hablar con ella sobre un tema urgente–
–Lo siento, pero si no tienes cita temo que no hay mucho que pueda hacer, la capitana Jen está ocupada y tiene mucho trabajo por hacer. Tendrás que aceptar que otro oficial te vea–
–La puedo esperar si es necesario, ¿a qué hora sale?–
–Esa es información que no puedo brindarte, es exclusiva del personal. Debo insistir en que si es urgente hables con otro de los oficiales, la mayoría están ocupados pero estoy segura que uno podrá atenderte siempre y cuando seas breve–
–Bien, en ese caso podría dejarle un recado. Dígale que Scott Witham Gabler vino a buscarla, ella entenderá–
El joven tomó un papel y anotó su nombre junto con el teléfono del hotel en el que había pasado la noche.
–Tome, déselo. Es el número del hotel en el que me estaré hospedando, la extensión de mi habitación viene anotada allí. Tal vez sea pedir demasiado pero por favor, dígale que me contacte lo antes posible, poseo información que podría interesarle–
Le agradeció a la recepcionista por la atención brindada y se fue de regreso al hotel. Al salir se percató de que había cometido un terrible error, hubiera sido mejor buscar un hotel en Ciudad Azulona a haber dado el de Ciudad Carmín, por lo tanto tendría que volver a viajar hasta allá y rentar la misma habitación para esperar la llamada.
« Soy un tonto, como no pensé en eso antes » se dijo molesto a sí mismo. En el trayecto pensó en si Jen realmente le llamaría, de lo contrarió no podría pasar más de tres noches en el mismo lugar o lo que tenía destinado para su viaje se terminaría. Acongojado se detuvo, sacó el boleto que aún guardaba en el bolsillo de su pantalón y lo miró. No pudo evitar pensar en que había desperdiciado el poco dinero que su padre le había dado pero entonces recordó que de haber tomado el barco no hubiera habido nadie que fuera testigo de lo que él vio. Estaba determinado a hacer todo lo humanamente posible para hacer pagar a los responsables. Era una situación de moral que no le permitiría vivir a gusto consigo mismo hasta que no se resolviera.
Por la noche, cerca de las doce, el teléfono de la habitación donde Scott residía comenzó a sonar. El sonido retumbó tres veces seguidas en la habitación antes de enmudecer. Scott se encontraba adormilado, a duras penas había podido despertar debido al ruido. Sentía que su cabeza le dolía, nuevamente el teléfono volvió a sonar, esta vez, Scott pudo contestar.
–Diga– dijo adormilado. Lo siguiente que oyó lo hizo despertar en ese mismo instante.
–Te estaré esperando en el puerto de Ciudad Carmín mañana a las 14:00, no faltes – dijo una voz antes de colgar.
« ¿Me estará esperando?, ¿Quién? » se preguntó confundido. La voz ni siquiera le pertenecía a una mujer, era de hombre. Antes de que pudiera preguntar la línea se cortó. Levantaron inmediatas sospechas, dentro de su mente, sobre quién había hecho aquella llamada, no pudo evitar pensar en que tal vez el equipo Rocket ya sabía sobre él. Se sintió asustado, pasmado, un ruido detrás de la puerta de su habitación lo hizo paralizarse. Llamaron a su puerta dos veces, pudo escuchar con claridad los leves pero audibles toquidos que provenían del pasillo.
Temeroso, se levantó de la cama, se acercó a la puerta y miró por la pequeña mirilla que ésta tenía. No había nadie del otro lado, el pasillo se veía en su mayoría oscuro, unos pocos rastros de luz iluminaban los extremos de aquel pasillo. Nada fuera de lo común, por las noches el encargado solía dejar prendidas las luces que daban hacia los escalones y apagaba el resto. Scott asumió entonces que debía de estar imaginando cosas, no había otra explicación. La llamada que había recibido en plena noche lo había inquietado.
Fue al baño y abrió el grifo del lavadero. Juntó sus manos en forma de balde y las colocó bajo el chorro del agua. Las llevó hasta su cara vertiendo el contenido sobre su rostro, la sensación fría del agua lo hizo relajarse, lo refrescó. Lo hizo preguntarse sobre por qué tenía miedo, ¿qué era lo que lo asustaba? Realmente no lo sabía. Regresó a su cama, se acostó y trató de conciliar el sueño. Le tomó un par de horas pero finalmente logró quedarse dormido.
Al día siguiente despertó cerca del medio día, tomó sus cosas y partió rumbo al puerto. Esperó allí hasta la hora designada y se sentó en una banca pública. Hope nuevamente quiso ir montado sobre la cabeza de Scott, el pequeño Pikachu parecía disfrutar de ese lugar. Al poco rato un hombre de gabardina café llegó y se sentó a su lado. Retiró su sombrero con su mano derecha y le dirigió la palabra.
–¿Esperas a alguien?–
–A una oficial– contestó Scott.
–Ese Pikachu que llevas en tu cabeza es bastante peculiar, en fin, Jen me mandó a hablar contigo. Fui yo el que te llamó anoche. Debía ser breve, tuve que hacer la llamada desde un teléfono público y no estaba seguro de si alguien me estaba observando. Descuida, puedes confiar mí, si ella me mandó quiere decir que confía en ti–
–No entiendo, ¿por qué no vino ella en persona?–
–Lo creas o no, su trabajo se ha vuelto peligroso, ven conmigo. Tengo órdenes de llevarte ante ella, iremos a Ciudad Azulona–
–¿Puedo saber tu nombre?–
–Preferiría no decírtelo, este no es un buen lugar. Sé que esto te debe parecer sospechoso pero por favor, confía en mí. Te pondré al tanto en el camino–
Scott dudó en si debía o no acceder a ir con aquel hombre, no le daba buena impresión pero optó por seguirlo, un impulso interno lo animó acceder. Ambos se dirigieron hacia un pequeño coche blanco, el hombre le abrió la puerta del copiloto y Scott procedió a entrar. Tan pronto como ambos estuvieron dentro del auto el misterioso hombre le dijo su nombre, encendió el motor y comenzó a manejar.
–Soy el teniente Eric Wheler, lamento no haberme podido presentar formalmente antes pero actualmente trabajo como un agente encubierto. Ésta ciudad ha tenido un alarmante aumento en índices de delincuencia pokémon. Como debes saber, las personas que aún en día poseen pokémon no son muchas pero de las pocas que quedan la mayoría han reportado que sus pokémon se han ido. Según los reportes, se comportan de manera extraña con sus dueños y al poco tiempo desaparecen sin dejar ningún tipo de rastro. Creemos que esto tiene que ver con el equipo Rocket pero no hemos podido corroborarlo. Las desapariciones se han ido dando de poco a poco, de manera progresiva y, si esto sigue así, pronto no habrá más pokémon en todo Kanto–
–No entiendo la razón detrás de esto, cuando era niño lo último que el equipo Rocket quería era llamar la atención. Claramente algo de esta magnitud no podría pasar desapercibido, ¿Qué es lo que planean? – Scott hizo una breve pausa.
–Imagino que esta información es confidencial, entonces ¿por qué contármelo teniente?–
–Fue la misma pregunta que yo le hice a la capitana en cuanto ella me pidió que compartiera esta información contigo, dado tu pasado, ella piensa que podrías ayudarnos con todo esto. Además del hecho de que lleves pokémon contigo, lo cual te convierte en un potencial blanco–
–De modo que me quieren usar como carnada, ¡vaya consuelo!– mencionó Scott resignado.
–Hemos llegado, la capitana te explicará los detalles–
