Mientras Kyoko estaba en la grabación, Yashiro se llevaba al niño a pasear durante el día. A pesar de las dudas que había tenido cuando Kuu le había "propuesto", por no decir abiertamente y a plena voz, "obligado" a ir. No es que no quisiera, porque ir estaba dentro de sus obligaciones como mánager, pero ir en calidad de ¿qué?, ¿de niñero?, ¿familia? Porque era muy distinto pasar un rato con Ren, a estar todo el día por completo a solas con él. Y algunas noches Yashiro contrataba a una niñera que el director de la película le había recomendado y Kyoko y él salían a conocer el Londres nocturno y hasta hizo que Kyoko probara el famoso platillo de "fish and chips", que es pescado con papas fritas en un cucurucho de periódico.

Pero ahí estaban ellos dos. Habían ido a ver los museos, visitaron el Castillo de Buckingham, el Big Ben y ese día Yashiro había planeado ir a conocer el London Eye o Rueda del Milenio como algunos la conocen.

—¿Has visto eso, Ren? Mira, es enorme, vamos a subirnos mientras esperamos a tu mamá, vamos —dijo mientras de la mano se encaminaban hacia la cola de personas que estaban en espera de poder subirse al London Eye. Con su boleto en la mano, tomó a Ren en los brazos y se subió a la enorme cápsula de la rueda de la fortuna en compañía de varias personas.

—Ren, ¿te gusta? Mira, puedes ver el río desde aquí.

—¡Agua! —gritó emocionado el pequeño mientras señalaba el enorme río bajo él, Yashiro le sonrió al recordar cómo poco antes no quería decir la palabra completa.

—¡Felicidades, Ren!, por haberlo dicho bien, cuando nos bajemos te compraré un helado. ¿Qué te parece? Eso sí, lo guardaremos en secreto de tu mamá, ¿sí?

—¿Se... gre... to...? —preguntó intrigado mientras inclinaba la cabeza, ante la seña del dedo frente a los labios de su tío.

—¡Sí, Ren! Secreto. No quiero que tu mamá me regañe porque te he dado demasiado dulce, pero hoy es un día especial, ¿no es verdad, Ren? Te has portado muy bien y eso merece una recompensa.

Al bajarse de la cabina, tal y como se lo prometió se dirigieron hacia el gran puesto de helados que prometía hacer tu helado en el momento con nitrógeno líquido, sin conservadores ni sabores artificiales, y de lo que uno quisiera. Cuando le llegó su turno, Yashiro pidió una bola de helado de chocolate pero Ren se encaprichó por uno de vainilla que estaba sobre algo que parecía una gran nube rosa y que olía maravillosamente dulce.

—¿Genial!, ahora sí tu mamá va a matarme, en cuanto se entere que no solo te di postre, y helado sino que este venía con... —tomó una probada de la gigantesca cosa rosa que resultó ser malvavisco muy, muy azucarado, e hizo una enorme mueca—. Malvavisco —masculló creyendo oír a Kyoko diciéndole que esas cosas definitivamente no eran para nada sanas y mucho menos para un niño tan pequeño.

Una mujer que pasaba por ahí se volteó al escuchar la carcajada del pequeño.

—Disculpe, amable caballero, ¿le molestaría que me siente con ustedes? —Yashiro volteó a ver la señora que se había dirigido a él, al ver a la anciana se paró y le ofreció una de las sillas que quedaban libre.

—Por supuesto que no, nos alegrará tenerla con nosotros, ¿verdad, Ren? Saluda a la señora, pequeño —dijo en un inglés perfecto, que luego tradujo al japonés solo la última frase para que Ren saludara.

—Hola —la señora que no entendió nada le sonrió al pequeño.

—Disculpe mi atrevimiento, es que no pude contenerme, la risa de su hijo es muy contagiosa —Yashiro se quedó de piedra. Ella no sabía que Ren no era su hijo y por supuesto que él no quería entrar en grandes detalles así que solo asintió.

—Sí, lo es. Ren es un niño feliz.

—Y tiene por qué serlo, tiene un padre de lo más cariñoso, se nota cuánto lo quiere usted —esta vez se quedó incluso más callado, pero la señora no lo notó y siguió hablando—. ¿De dónde son ustedes?

—Somos de Tokyo.

—Ohhhh, siempre quise conocer Japón. Aunque nunca pude hacerlo. Me llamaba mucho la atención su cultura, sus costumbres. Y su comida. Aunque he de ser sincera nunca he podido comer con los palillos chinos, siempre termina mi comida hecha un soberano desastre y al final acabo comiendo con un tenedor —dijo sonriendo y suspirando.

—Es un país hermoso, lo tengo que decir. Pero, ¿sabe algo?, usted puede ir a Japón y comer con tenedores, no nos enojamos —achicó los ojos, como cuando alguien dice un gran secreto. Esta actitud logró sacar una gran carcajada de su interlocutora.

El tiempo fue pasando y Ren se cansó de jugar cerca de Yashiro, empezó a bostezar y frotarse los ojitos con los puñitos de las manitas. Yashiro al notarlo se levantó de la silla y fue por él. Lo alzó en brazos y lo acunó, al quedarse dormido le dio un suave beso en la frente y lo acomodó mejor sobre su hombro.

Poco después la anciana vio que la cara de Yashiro cambió de expresión y volteó hacia dónde él estaba mirando. Kyoko se acercaba a ellos con una gran sonrisa en su cara.

—Ohhhh, me imagino que ella es la madre del chico.

—Sí, lo es —dijo con una gran sonrisa pero sin percatarse de ello.

—Es muy hermosa.

—Sí, lo es —parecía que las frases de Yashiro para responderle a la señora se limitaban a tres palabras; "sí, lo es"

—Es un atrevimiento por mi parte ya que no lo conozco, joven, pero verá, a mis años ya muchas cosas se me perdonan. Simplemente quiero decirle que tiene usted una hermosa familia y se le nota el gran amor que siente usted por ellos dos. Me alegra ver en estos tiempos una familia en donde la pareja está profundamente enamorada. ¡Lo felicito!

Cuando Yashiro recapacitó y volteó a ver a la anciana, esta ya iba de camino por el puente que conectaba al London Eye. No había podido responderle. ¿Ellos enamorados?, ¡¿pero a qué pareja había visto la señora?! Por supuesto que él los quería, en verdad los amaba, pero no como ella lo había hecho sonar. A través de los años él le había tomado un cariño especial a Kyoko debido principalmente a que ella había rescatado a Kuon, como él mismo lo había dicho, de su agujero negro y lo había hecho creer en el amor. Ella era la mujer elegida por su mejor amigo y la madre de Ren a quien él quería como su sobrino. Y aunque él tenía sobrinos propios, de su misma sangre, el cariño por el niño era inclusive más fuerte. Y por supuesto, la quería por ella misma, por ser la persona magnífica que era, siempre trabajadora, honesta que se preocupaba por aquellas personas cercanas a ella, muy valiente... Pero de ahí a amar a Kyoko... No, no, no, no, no. La señora estaba muy equivocada. Por su edad, obviamente había confundido el cariño con algo más. Además ella no los conocía, no sabía su historia y era lógico confundir las situaciones y asumir que ellos eran una familia, y lo eran, pero no una pareja.

—¿Yukihito-san...? —preguntó Kyoko un poco preocupada porque había visto su rostro cambiar de expresión después de que la anciana que se había retirado le había dicho algo—. ¿Yuki...?

Ante la forma en que Kyoko se dirigió a él, Yashiro volteó inmediatamente y se sonrojó. Cuando Kyoko recapacitó también, puesto que ella tampoco se había dado cuenta de la manera tan familiar (e íntima) en que lo había llamado, se sonrojó a su vez e hizo una reverencia de disculpa.

—Por favor, discúlpame, Yukihito-san, es que no me contestabas y yo...

—No —Yashiro la interrumpió, pero la negativa hizo que Kyoko alzara el torso y lo mirara a los ojos extrañada.

—¿No?, no entiendo, Yukihito-san.

—No tengo por qué disculparte, Kyoko —ella se sonrojó al escucharlo decir su nombre sin el clásico "chan" con el que él siempre la llamaba—. Solo fue que me sorprendiste, eso es todo. Pero no me molesta el diminutivo, es más podría decir que hasta me gusta que lo uses y prefiero que lo hagas de hoy en adelante —y se asombró a sí mismo con sus palabras porque las decía de corazón, hasta que ella no lo había llamado así, no se había dado cuenta de eso—. Nos conocemos desde hace ya muchos años, y fuera de mi familia, solo han sido dos personas que me dicen así, Kuon y tú. Y siendo sincero, me gusta que lo hagas.

Ella sonrió y asintió sin decir nada más, el silencio entre los dos se sentía muy bien, no había necesidad de decir nada por obligación. Y así caminaron hacia el hotel, uno al lado del otro. Yashiro con el pequeño Ren en sus brazos profundamente dormido.

Pero las palabras de la anciana no se salían de su mente: "tiene usted una hermosa familia...", "la pareja está profundamente enamorada...". No, él no estaba enamorado de Kyoko. La anciana se había confundido. Eso era todo. Porque él no podía tener esa clase de sentimientos hacia Kyoko. Porque eso sería faltar a su promesa, romper la confianza de su amigo, casi como robársela, peor aún, porque él no estaba ahí para impedírselo. Y además ella..., ella nunca lo vería de otra forma que no fuera como su mánager y su amigo. Ella lo había dicho en casa de los Hizuri "amo a Kuon y no sé si alguna vez podré olvidarlo". No, los únicos sentimientos que podía tener para con ella eran los que siempre había tenido, de mánager y amigo.

Kyoko..., ya no era Kyoko-chan... Y sin embargo, su nombre sonaba tan dulce en su boca.