Se despertó debido a las voces que, aunque las oía lejanas, casi como susurros, eran lo bastante altas como para escucharlas. Trató de abrir los ojos y levantarse, falló estrepitosamente. La cabeza le punzaba y los pocos rayos de luz que se filtraban a través de las persianas de su habitación le lastimaban los ojos. Un momento, ¿persianas? ¿Desde cuándo tenía él persianas en su casa? ¿Qué había pasado con las cortinas azules que tanto le gustaban? Debía estar peor de lo que él creía si su cama había cambiado también de colcha y tamaño. ¿Cuándo había comprado él esa colcha?

Le habían comentado alguna vez lo que era una migraña y aunque él nunca las había sufrido, el dolor que sentía en ese momento podía competir con una sin ningún miramiento. Estiró el brazo hacia la mesita de noche, tanteando donde pensaba él que estarían sus lentes, y por suerte, los encontró. No es que sin ellos fuera ciego como un topo, no para nada, pero, ¿para que estar tanteando si con ellos veía a la perfección?

Al levantarse, claro, después de tres intentos, ¿o serían cuatro? Mejor dicho, cuando el suelo dejó de dar a vueltas a su alrededor y pudo poner las dos piernas parejas, una a lado de la otra, sin sentir que lo que había cenado la noche anterior se le regresaba, se percató, antes no había podido, porque estaba muy concentrado en que el mundo dejara de girar, de que no traía nada más puesto que sus bóxers. Él jamás dormía desnudo, ejem, cuando estaba solo. Pero volviendo al tema anterior, ¿dónde estaba?

Se volvió a sentar sobre la cama, ¿qué diantres había pasado? Porque esa, definitivamente no era su habitación. No, no. Lo último que recordaba era ese beso. Buscó en la habitación y en un rincón, encontró ropa cuidadosamente doblada sobre una silla, un juego de pants, calcetines y playera y unos tennis. Eso le preocupaba muchísimo, porque aunque él era muy cuidadoso con sus cosas, si no recordaba ni dónde estaba, ¿cómo es que podía haberse quitado su ropa la noche anterior?, y más preocupante aún ¿qué le había hecho a ella? Porque no la encontró por ningún lado. Y si no fue él, ¿entonces quién? Tragó grueso. La frente se le perló de sudor intentando pensar qué había sucedido, pero mientras más intentaba, el dolor de cabeza más se incrementaba.

Pero tenía que saber, él era un hombre, hecho y derecho, así que a como pudo se dirigió al baño a ducharse, ya que un olor fuerte y penetrante le atravesó el cerebro y le provocó náuseas, más cuando se dio cuenta de que provenía de él. Se metió en la ducha, alcanzando una toalla que estaba dispuesta sobre el lavabo. Agradeció a los dioses que la ropa que le habían dispuesto estaba limpia porque si así olía él, no quería ni saber el estado en que había quedado la suya.

Salió dando traspiés de la habitación y se dirigió a dónde seguía escuchando voces. Una era masculina y la otra femenina. Se detuvo cuando las reconoció antes de que ellos pudieran verle.

—Dime, por favor ¿qué querías que hiciera? ¿Dejarlo botado allí en medio del bar? Si estaba hasta las manitas, siéndote sincero no sé ni cómo pude con él —dijo el hombre.

—No me refiero a eso y tú lo sabes, sino al motivo por el cual él terminó en ese estado tan lamentable, si no me hubieras llamado y dicho, no lo hubiera podido creer —ahora ella se escuchaba enfadada y conociéndola no quisiera estar en el lugar del otro—. Sigo esperando, quiero saber por qué.

—Yo... la besé —lo dijo casi susurrando pero si él que estaba apartado lo pudo escuchar, no tenía ni la más mínima idea de que ella lo había oído fuerte y claro. No tuvo que especificar a quién porque el gemido que escuchó de parte de ella le hizo saber que ella conocía la identidad de a quién había besado él.

—¿Que hiciste qué cosa? —ya casi podía verla, el color rojo inundando su bello rostro. Lo que a Yashiro no le quedaba claro era qué estaba haciendo ella ahí, con él a esas horas, en lo que suponía era el apartamento de él, y por qué el que él besara a Kyoko le suponía un problema entre ellos. ¿Acaso ellos...? Se sentía incómodo escuchando a escondidas pero no creía conveniente salir en ese momento. Pero sí que quería saber la respuesta.

—No es lo que piensas, porque no fue ese motivo que tú crees el que me llevó a hacerlo. Verás... Yo quiero mucho a Kyoko pero el amor que yo sentía por ella se fue transformando en un cariño de hermanos. Yo solo la veo así.

—Ajá, y crees que yo voy y me lo creo, ¿no? Pues yo no imagino a ninguno de mis muchos hermanos besándome de la manera que tuviste que haberlo hecho para que él se pusiera así.

—Nooo, por supuesto que no, por favor, cariño, escúchame —¿cariño?, vaya, si fuera el presidente ya tuviera el guión para una novela de amor, solo que ni era el presidente ni quería que esto (lo que fuera que esto fuera) se convirtiera en algo de dominio público y menos porque él estaba involucrado—. Se lo debo ¿está bien? Cuando Tsuruga y ella estaban trabajando juntos yo le puse muchas trabas porque sabía que él estaba enamorado de ella y que tal vez ella le correspondía, pero yo era egoísta e inmaduro y no quería dejarla ir. Así que ahora viendo toda esta situación, solo quiero ayudarla.

—¿Besándola?

—Sí, nooooooooo —se imaginaba al rubio pasando sus largos dedos entre los cabellos en muestra de enfado—. Es decir, desde hace un tiempo para acá hay algunas actitudes que me hacen sospechar que él tiene sentimientos por ella. Y solo quería comprobarlo.

¿Él? ¿Ese "él" era él? ¿Qué querían decir esos dos con eso?

—Quiero que ella vuelva a ser feliz. Y creo que él la haría. A ella y a Ren. Solo por eso lo hice. Créeme por favor.

—Ajá, y entonces el morete que tienes en ese ojo, es la respuesta a tu experimento —dijo señalando la parte donde el joven se estaba poniendo un hielo.

Fue entonces cuando a Yashiro se le vinieron en tropel los recuerdos de día anterior. "Yashiro-san, sepa muy bien que lo que estábamos discutiendo Kyoko y yo, es si debemos anunciar al público nuestra relación... —y dicho esto la besó frente a él". También recordaba que lo había separado bruscamente de Kyoko y la había sacado del camerino sin decirle una sola palabra, cerrando la puerta a sus espaldas y entonces hizo algo que nunca antes había hecho, le propinó un tremendo golpe a Sho haciéndolo trastabillar. Cuando el otro se recompuso lo tomó por la solapa y le dijo con voz clara y fuerte:

—¿Por qué la besaste?, ¿acaso ella es un juguete para ti?, ¿qué significa todo eso? —pero fue su respuesta la que lo volvió loco y lo puso mal.

—Porque yo sí me atrevo a hacerlo, porque es lo que quería hacer. La verdadera pregunta es, ¿por qué, si tú la amas, no lo haces?

Yashiro salió dando traspiés del camerino, dejó a Kyoko ahí viéndolo alejarse mientras la puerta del camerino se abría otra vez para permitir ver a Sho con un fuerte golpe en el rostro.

Lo último que recordaba era haberse metido en un bar, al que le gustaba ir, porque era tranquilo. Mientras pensaba en las palabras de Fuwa, imágenes de Kyoko sonriéndole, le venían a la mente. Los recuerdos de su viaje a Londres, donde pasearon y se divirtieron juntos, como si los tres fueran una familia... Y recordó también el dulce sabor de la primera vez que la llamó por su nombre. No supo más de sí mismo. ¿Cómo es que ahora se encontraba en el departamento de Fuwa-san?

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N.A. Hooolaaa, ya volví. Disculpen la demora, anduve un poco mala de salud, pero ya estoy por acá, trayéndoles un nuevo capítulo.

Mil gracias por seguir conmigo, por seguir esta historia y por sus reviews, que, aunque no pude contestarlos sí que los leí y me daré un tiempecito para responderlos.

kikitapatia