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A un año de tu partida Sammy (Samantha Stone). Espero que tu familia y seres queridos hayan encontrado la paz y el consuelo en el tiempo. Tu partida nos entristeció a todos. Te extrañamos.
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Habían pasado unas cuantas semanas desde lo sucedido en casa de Sho y aún no había hablado abiertamente con él. Cómo podría hacerlo si estaba más confundido y perdido que un pulpo en un garaje. Aún tenía muy fijas en su mente las palabras de Sho: "hay algunas actitudes que me hacen sospechar que él tiene sentimientos por ella". Por supuesto que tenía sentimientos por ella, ¡por todos los cielos! Era la esposa de su mejor amigo, se lo había prometido en su lecho de muerte, cuando lo tuvo en sus brazos. Ella era su amiga. Kyoko era increíble. Y él la había visto transformase de una chiquilla en una mujer muy hermosa, perfectamente hermosa. Con su cabello negro, largo nuevamente, que resaltaba sobre esa preciosa piel de porcelana. Y esos ojos color miel cálida, en un frío día de invierno...
Se quedó helado, tieso cual paleta al darse cuenta de sus pensamientos... No, no, no —movió enérgicamente su cabeza de un lado a otro—. Todo era producto de Sho y de sus tonterías y conjeturas. Él no estaba enamorado de Kyoko y punto.
Estaba sentado en la mesa del restaurante esperando por ella. Le había hablado hace dos días pidiendo verlo con urgencia. ¿Qué habría pasado? ¿Hace cuánto no la veía? ¿Dos o tres años? De pronto una voz familiar se escuchó tras él.
—¿Yuto? —él puso los ojos en blanco al oír el apodo "cariñoso". Solo a ella se lo permitía y más que nada porque nunca pudo hacer que lo cambiara por otro. "Solo yo te diré así y nadie más" le había dicho ella una vez que se lo propuso. Se volteó hacia ella y al verla esbozó una enorme sonrisa.
—Miyuki-chan, qué gusto verte después de tanto tiempo —ella se acercó a él y le dio un fuerte abrazo. Nunca estuvo cómoda con las costumbres japonesas de no abrazarse y además le encantaba poner a Yashiro en problemas con eso. Después se sentaron a la mesa. A él le intrigó que ella tomara asiento a su lado y no enfrente, pero como era un caballero se guardó sus inquietudes para sí mismo. Después de todo ella siempre había sido una mujer de ideas muy distintas a la cultura japonesa y había estado viviendo en Londres durante los últimos años.
—Miyuki, Yuto, por favor, ¿desde hace cuánto nos conocemos? —dijo casi regañándolo.
Estuvieron platicando largo y tendido hasta que el camarero les trajo su orden. Durante la comida Yashiro estuvo tratando de averiguar el motivo por el cual ella lo había llamado con esa urgencia. Así que, cuando el mesero terminó de retirar sus platos, por fin se atrevió a preguntarle.
—Miyuki-ch... —el chan murió en sus labios cuando vio el ceño fruncido de su amiga—. ¿Qué ha pasado? Y sin rodeos, hemos platicado de todo, pero no me has dicho qué es lo que te tiene tan perturbada que me llamaste en cuanto llegaste a Japón pidiendo verme con tanta urgencia. Ella solo bajó la cabeza, inhaló y luego exhaló todo el aire de sus pulmones, fue tanto que Yashiro temía que se le aplastaran y le impidieran a ella respirar. Después levantó la cabeza y mirándolo a los ojos, le preguntó:
—Yuto, ¿quieres casarte conmigo? —Yashiro que estaba tomando un trago de su vino, se atragantó tanto que empezó a toser fuertemente. Cuando por fin pudo hablar y con lágrimas en los ojos, por el esfuerzo, la vio a ella, pálida y a la vez sonrojada, pero las palabras le vinieron a trompicones.
—¿Perdón? —parpadeó, se quitó los lentes y con un pañuelo se secó las lágrimas de sus ojos mientras esperaba la respuesta.
—Vaya, no creí que la idea te fuera a desagradar tanto, Yuto.
—Miyuki —se rascó la nuca mientras veía al techo, caray, nunca creyó que ella pudiera proponerle eso a él. Jamás—. No es que la idea me desagrade. O que la rechace abiertamente, pero por favor, me tomas desprevenido, tú y yo nunca hemos tenido ese tipo de relación —ella le miró con una expresión, como queriendo decir "¿En serio? ¿No te acuerdas?"—. ¡Oh!, por favor, eso no cuenta, éramos apenas unos niños.
—Tal vez, pero eso no quita que tú me diste mi primer beso y según yo recuerdo, fue fantástico —esta vez sí que lo hizo sonrojar. "Bien", pensó ella, "tengo que hacerlo".
—Sí, lo fue, pero eso fue hace mucho tiempo atrás y... tú eres para mí, una amiga, muy buena amiga, casi mi hermana. Después de ese beso supimos que no estábamos hechos para ser pareja. Si no recuerdo mal, fuiste tú la que me besó a mí. Así que ya ándate sin rodeos y dime la verdad. ¿Por qué quieres casarte conmigo? —ella solo suspiró cansinamente.
—Es por Shoda... —la expresión seria de él la instó a explicarse—, nos conocimos en Londres apenas llegué. Él se había ido a estudiar a Inglaterra y al terminar la carrera le ofrecieron un trabajo. Ahí fue donde lo conocí. Llevamos juntos mucho tiempo y siento que la relación ha caído en costumbre. Le he estado insinuando algo pero la verdad es que por mucho que yo haga pareciera ser que ya ni existo para él. Si estoy, bien y si no, también. Es como si a veces fuera invisible para él y en cuanto a... Puedo ponerme el babydoll más sexy que te imagines y él... —Yashiro levantó una mano haciéndole saber que no quería saber de ese tema. Estaba completamente sonrojado. Por todos los cielos, ¡él era un hombre!, e imaginar a una amiga suya, con su cuerpo envuelto en esas transparencias, bueno, él no era de piedra. Sorprendiéndose de que su cuerpo no había respondido a su amiga pero sí al imaginarse a alguien más en esas vestiduras, se reacomodó en la silla, cruzó las piernas y llevó un dedo a sus gafas.
—Perdón por la pregunta que te haré, pero, ¿por qué no dejas esa relación si ya no estás a gusto con él? —los ojos de su amiga se llenaron de lágrimas y él lo comprendió, a pesar de todo ella aún lo amaba—. Ya... entiendo. Pero, ¿qué tengo que ver yo en todo este asunto? Y, ¿por qué te me declaraste?
—Porque él va a venir a visitar a sus padres en unos cuantos días, resulta que ellos viven a escasa distancia de los míos, y quería ver si tú pudieras hacerte pasar por alguien enamorado de mí. Tal vez si él ve que hay alguien interesado en mí, a quien no le soy indiferente...
—Ajá y quieres ponerlo celoso... ya —¡Oh, dioses!, ella le estaba poniendo carita de cachorro perdido en la lluvia, ¡no, por favor!—. Antes de responderte si lo haré o no, contéstame algo tú a mí. ¿Qué pasará si él no te cela? Si él no reacciona y te dice: "por mí está bien, si él es tu felicidad, adelante". Estaba recordando una plática que había tenido con Kuon acerca de lo difícil que había sido su papel de Katsuki cuando aún no sabía que estaba enamorado de Kyoko y todas las pegas que le había puesto el presidente. Vio a su amiga retorcerse las manos hasta convertirlas en dos fuertes y apretados puños sobre su regazo. Con la cabeza agachada y lágrimas surcándole las mejillas, respondió.
—Si él llega a decir algo así, entonces lo dejaré. Querrá decir que nunca me quiso y que yo no significo nada para él. Sabré que no tengo nada más por lo que luchar en esta relación y lo dejaré libre —Yashiro acercó su mano a sus mejillas, primero una y luego la otra, y tiernamente le limpió las lágrimas. Le levantó el mentón para que pudiera verlo a los ojos.
—Lo haré y si ese bastardo te hace eso, primero lo golpearé hasta hacerle entrar en esa cabezota que ha dejado ir a una gran mujer. Que ha perdido lo mejor que pudiera haberle pasado en la vida y después te invitaré a ver una maratón de Juegos de Tronos en casa, (no es que él estuviera encantado con la serie pero sabía que a ella le fascinaba), con el helado de cerezas que tanto te gusta. Y hasta te dejaré ganarme en el Mahjong —entre lágrimas y resoplidos ella sonrió.
—Yo siempre te he ganado al Mahjong —ella lo abrazó fuerte, muy fuerte—. Gracias..., Yuki...
Él se sorprendió de oírle decir su nombre, diablos, ella estaba mal, realmente mal, si le decía por su nombre aunque fuera su diminutivo. No le importó ir contrario a las costumbres japonesas y también la abrazó acercándola más a su cuerpo tanto que pareciera que ni el aire podía caber entre ellos.
Una figura que estaba entrando al restaurante en esos momentos, al ver la tierna escena se quedó pasmada y antes de que la pareja pudiera percatarse de su presencia, se dio la media vuelta y salió de ahí.
Sin querer seguir viéndolos.
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Mutemuia y oxybry, gracias, ustedes saben a qué me refiero.
