Capítulo 11: La prueba de Scott.

El teniente Wheler y Scott entrenaban en el lugar habitual, un patio techado ubicado en el último piso de la jefatura que tenía la apariencia de un viejo gimnasio. Wheler contempló a Scott, al verlo pensó en lo bien que había ido progresado. Desvió su mirada al suelo, unos cuantos metros eran lo único que los distanciaba. Ambos habían estado luchando con sus respectivos pokémon durante toda la mañana.

–Bien, veo que ya dominas lo básico del combate. Es hora de pasar a algo un poco más complicado. En el entrenamiento de hoy haremos algo diferente, ¿ves esta pequeña caja que sostengo en mi mano? Tu objetivo será quitármela, bastante fácil ¿no te parece? –

–Lo hace sonar fácil, pero estoy seguro que no lo será– intuyó Scott.

Scott miró al teniente, en él, vio la plena confianza que éste tenía reflejada en su rostro. Aquella sonrisa que parecía ir de oreja a oreja sólo podía indicar una cosa, que el teniente ya tenía un as bajo la manga. De un movimiento rápido, Scott corrió acortando drásticamente la distancia entre él y el teniente. Por la mente de Scott únicamente pasaba el pensamiento de ser lo suficientemente hábil y rápido para arrebatarle aquella caja de la mano. Sin embargo, las palabras del teniente lo distrajeron.

–¡Machoke, usa golpe kárate y apunta a su abdomen!– exclamó.

–¡Hope, ahora!– ordenó Scott.

Scott quedó sorprendido. « ¿Dónde está mi pokémon? » se preguntó pasmado al tiempo que miraba a su alrededor. Fue entonces que vio a Hope, estaba oportunamente a un costado del teniente Wheler; en un punto ciego. Un golpe ascendente, directo en el abdomen de Scott, lo hizo doblegarse. Debido al golpe cayó de rodillas y luego se apoyó con sus brazos sobre el suelo. Se inclinó de frente y comenzó a respirar lenta y pausadamente.

–Tu pokémon no fue lo suficientemente rápido para defenderte de mi Machoke y como consecuencia descuidaste tu entorno, así jamás podrás quitármela– aseguró Wheler.

Scott hizo una larga pausa, le tomó tiempo recuperar el aire que aquel golpe le había sacado.

–¿Se refiere a esa caja?– indicó Scott triunfante, señalando hacia su Pikachu.

Hope sostenía victorioso entre sus manos la pequeña caja que le había logrado quitar al teniente sin que éste se diera cuenta.

–¡Vaya! nada mal, nada mal en verdad. Jamás esperé que fuera a ser tu pokémon quien intentaría quitármela. Veo que lograste engañarme. La lección que te quería enseñar era la de un buen trabajo en equipo, pero veo que ya la conoces bien. Se nota que has progresado, no obstante, ponerte a ti mismo en riesgo es peligroso y no deberías hacerlo. Para eso sirven tus pokémon, lo ideal es que tú los utilices a ellos como distracción y no viceversa.

Por cierto, veo que tu Pikachu ha mejorado en estos últimos días, deberías entrenar también con tu otro pokémon. De nada te servirá un pokémon que sea fuerte mientras el otro se quede atrás– mencionó el teniente.

–En está ocasión fue mejor usar a Hope, ya que Bel es más lento y de momento no sabe realizar otro ataque que no sea derribo– aclaró Scott.

–Ya veo, muy bien entonces. Te alegrará saber que estás a un paso de enfrentarte a la capitana, lo último que me queda por enseñarte es un poco de defensa personal. Para ello te dejaré entrenando con mi Machoke, él ya sabe qué hacer. Será como boxear pero sin sangre y sin riesgo de contusiones. Descuida, tiene estrictas órdenes de medir su fuerza por tanto no te lastimará seriamente pero si te llega a golpear sí que te dolerá. Para este entrenamiento no necesitarás a tus pokémon, puedes regresarlos a sus pokebolas y dejarlos descansar. Enfócate en defenderte, no quiero que intentes golpear a Machoke, créeme además de que sería inútil; y de que terminarías lastimándote, no le lograrías hacer ni cosquillas. Regresaré en un rato para revisar tu progreso, suerte–

Wheler le dio la espalda a Scott, se dirigió a la puerta y abandonó el patio techado.

Scott miró entonces al Machoke que estaba frente a él.

–No seas muy tosco conmigo ¿de acuerdo? Sé que soy hombre pero ten en cuenta que mi físico no es tan bueno como el tuyo– indicó.

–¡Maachokeee!– respondió alegre el pokémon.

–De acuerdo, veamos lo que sabes... –

–Las batallas pokémon no son muy complicadas una vez que entiendes su dinámica aunque ciertamente su progreso ha sido notable. Creo que tiene talento, a este ritmo podremos empezar antes de lo planeado–

–Exacto– afirmó Wheler.

–Si Scott continua así pronto estará listo. Gracias por el informe teniente, ya puede retirarse– dijo la oficial mientras guardaba un sobre manila dentro del cajón de su escritorio.

Wheler procedió a retirarse. Era de tarde, afuera estaba oscureciendo. El teniente se dirigió al patio techado y dio por terminado el día. Más tarde, aquella noche, Scott durmió como un bebé tan pronto como tocó la cama de su habitación.

Con el pasar de los días el ritmo del entrenamiento fue aumentando hasta el punto en que Scott aprendió a leer el lenguaje corporal del adversario. Se percató de que cuando alguien está por lanzar un golpe, la persona tiende a inclinarse, ligeramente, sobre el lado de su cuerpo que tirará el golpe. Era cuestión de ser perceptivo y de reaccionar con anticipación para poder bloquear o evadir el ataque. Claro que esto también dependía de la velocidad con la que el oponente lanzara dicho golpe. Tardó poco antes de que se le ocurriera que esto también podría serle útil en una batalla pokémon, pues el mismo principio aplicaba para los ataques; desafortunadamente esto dependía del tiempo de reacción en sí que tuviera el pokémon y no del entrenador. Dos días después, Wheler lo consideró apto para enfrentar a la capitana.

Temprano por la mañana, Scott y Jen estaban situados en el mismo lugar de entrenamiento. Un tenue rayo de sol se alcanzó a filtrar por entre uno de los agujeros que tenía el techo, brevemente deslumbró a Scott, quien poco después se hizo a un lado. Wheler estaba de pie, ubicado a un costado de las líneas que delimitaban las franjas de la cancha. Junto a él estaba el policía de pelo castaño, acomodándose sus gafas. Ambos estaban susurrando sobre apostar para ver quién ganaba.

–Les recuerdo que tienen trabajo por hacer– dijo Jen de manera autoritaria.

–¡Pero, capitana yo…!– intentó explicar Wheler.

–Sin peros teniente, es una órden. ¡Ambos fuera, ahora!– ordenó.

Wheler miró a su compañero, quien en silencio, estaba analizando los posibles resultados del combate. La palmada en su espalda, que acababa de recibir por parte de Wheler, lo desconcentró y lo hizo reaccionar. Ambos se desanimaron al entender que tendrían otro día de trabajo común y corriente. Los dos abandonaron el lugar para dirigirse hacia sus respectivas oficinas.

–Como posees dos pokémon nuestra batalla será simple, lucharé individualmente con cada uno de ellos, si los derroto a ambos tú perderás. Por el contrario, para vencerme deberás derrotar a mi pokémon, usaré uno solamente. Mi pokémon tiene mucha mayor experiencia en combate que los tuyos y por tanto sería injusto que no lo tomara a consideración, ¿no te parece?–

Scott pensó en que las condiciones dadas por la oficial Jen parecían injustas pero no lo eran, dada la experiencia que ella debía tener.

–¡Sal Arcanine!– anunció Jen.

« Un tipo fuego, en este combate no me convendría usar a Bel pero si no lo uso, no sabré que tipo de ataques es capaz de realizar ese Arcanine. ¿Lo haré o no lo haré? » pensó indeciso Scott. Le tomó algunos segundos decidirse.

–Ve Hope– indicó Scott al tiempo que arrojó la pokebola por los aires.

–Arcanine, empieza usando pirotecnia–

Arcanine se desplazó velozmente hacia un costado de Pikachu y liberó un fuerte gruñido. De su hocico, salió disparada una ráfaga de fuego que Pikachu no pudo esquivar. La llamarada envolvió a Pikachu por breves segundos y luego se disipó.

A pesar de que Pikachu recibió el daño a tan corta distancia, no mostró indicios de que lo hubiera resentido. Esto sorprendió a la oficial Jen pero no a Scott, él sabía que a su pokémon le gustaba mostrarse fuerte. Esto lo preocupó, pues era consciente de que Hope actuaba de esa manera cuando se sentía en desventaja.

–Hope, Atactrueno–

Pikachu aprovechó la corta distancia y se abalanzó sobre el cuerpo de Arcanine. Tan pronto como su cabeza hizo contacto con el lomo de su adversario liberó su ataque. Sus pequeñas mejillas rojas se iluminaron y soltaron la descarga. Arcanine gimió y luego retrocedió.

–Arcanine, usa rueda de fuego–

Arcanine tomó distancia, liberó un aturdidor aullido que inmediatamente erizó su pelaje. De su piel comenzaron a emanar llamas que revistieron su cuerpo. Con velocidad asombrosa se movió cerca de Pikachu y le regresó la embestida. El golpe le transmitió las llamas a Pikachu, pero nuevamente Pikachu lo resistió sin mostrarse afectado. La inercia del golpe lo hizo desplazarse unos cuantos centímetros hacia atrás.

–¡No puedo creerlo! Esta es la primera vez que veo a un pokémon soportar tan bien los ataques de mi Arcanine– comentó Jen asombrada.

Scott no dijo nada, se limitó a observar a su Pikachu y se dio cuenta de que debía pensar en algo, aunque no lo pareciera él sabía que Hope se estaba resintiendo y que pronto perdería si no encontraba la manera de lidiar con la velocidad de Arcanine.

Pikachu se hizo a un lado para intentar mantener una distancia segura pero Arcanine lo siguió de cerca.

–Hope, onda trueno– se apresuró a decir Scott.

–¡Arcanine, derribo!–

La velocidad de Arcanine le permitió moverse más rápido. Arcanine acortó la distancia y aprovechó la velocidad que llevaba para dar un gran salto que le brindó mayor impulso. El comportamiento de Pikachu fue inusual incluso para Scott. Hope ni siquiera intentó moverse, en lugar de eso, hizo su cabeza hacia delante y esperó el momento del impacto. Arcanine uso la parte superior de su cabeza para arremeter con mayor fuerza a su objetivo a la par que descendía del salto. El impacto fue brusco, pero poco antes de recibir el golpe, Pikachu uso su ataque de onda trueno y llenó a su adversario de estática. Su ataque paralizó a Arcanine. Pikachu cayó al suelo y rodó un par de veces hasta que la fricción lo frenó. Scott miró a Pikachu y comprendió lo lastimado que se encontraba, pese a esto Hope se puso de pie y fingió no haber sufrido daños. Scott dudó sobre cómo proceder, pero optó por no arriesgar más a su pokémon.

–Has dado una excelente pelea amigo, regresa– dijo al presionar el botón de la pokebola en torno a su dirección.

Para su sorpresa, Hope esquivó el rayo rojizo que emanó de ésta, rehusándose a regresar. Scott en un principio pensó que su pokémon era demasiado orgulloso como para aceptar su derrota pero después, al recapacitarlo, lo comprendió. Se dio cuenta de que su Pikachu quería luchar contra Arcanine de igual a igual, no era cuestión de orgullo sino de honor. Al entender esto Scott sonrió ligeramente. « Qué pokémon tan interesante eres » pensó.

–Deberías entrenarlo más Scott, si tu pokémon se rehúsa a obedecerte podría convertirse en un problema– indicó Jen.

–No es que me esté desobedeciendo oficial, me está diciendo que quiere continuar con esto hasta el final. Ahora lo entiendo, ésta no sólo es una prueba para mí sino también para él, quiere ver que tanto ha mejorado con el entrenamiento y voy a respetar su decisión–

–Como desees– comentó Jen.

–¡Arcanine termina con esto! Usa erupción–

Arcanine corrió hacia Pikachu, sin embargo lo hizo más lento, su velocidad había disminuido considerablemente.

–Hope, usa trueno–

Pikachu se quedó quieto mientras contemplaba como Arcanine se acercaba. En ese instante Scott comprendió que el primero en acertar su ataque ganaría el duelo. La mirada de Arcanine reflejó una convicción por la victoria impresionante. « Está muy bien entrenado » pensó Scott al verlo. Aquellos ojos proyectaron una fuerza tremenda, Scott pudo sentir la esencia del fuego mismo a través de aquella mirada. Incluso, en ese preciso instante, pudo sentir el calor que emanaba de Arcanine.

« Es fuerte, pero Hope también lo es » recapacitó al tiempo que miró a su pokémon. Frente a los ojos de Scott lo siguiente sucedió en cámara lenta; contempló a Hope liberando su poderoso ataque. El aire alrededor de Hope se cargó de electricidad y se llenó de estática. Pequeños destellos intermitentes de chispas aparecieron a su alrededor. Arcanine corrió para embestir a Pikachu antes de que éste atacara, pero falló debido a su parálisis. Una de sus patas traseras no le respondió y terminó tropezando. Hope culminó su ataque, un rayo surcó el aire descendiendo sobre el lomo de Arcanine. La velocidad del ataque fue tal, que fue equivalente al de un relámpago. Arcanine forcejeó por levantarse pero no lo logró y terminó desmayándose.

La oficial Jen se tardó un poco en reaccionar.

–Arcanine, regresa– dijo finalmente.

–No recuerdo cuando fue la última vez que participé en una batalla tan interesante. Efectivamente, tienes talento. Es una lástima que ya no haya líderes de gimnasio, estoy segura que tú les habrías dado una batalla para recordar. Con un equipo completo serías del tipo de personas que habrían logrado llegar a la liga pokémon– manifestó Jen.

–Regresa Hope, te mereces un buen descanso– mencionó Scott.

Jen miró a Scott y vio en él la misma fuerza que había mostrado de pequeño. No le dijo nada pero dentro de ella sabía que si él continuaba con esa misma determinación lograría generar un verdadero cambio. Aquella imagen del entrenador que felicitaba a su pokémon era una que no veía hacía tiempo y ciertamente le agradaba ver.

–Bien hecho Scott– expresó Jen.

–Visualicé el panorama pero Hope fue quien peleó, él merece el crédito de esta batalla– afirmó él.

–No seas modesto, tú también lo hiciste bastante bien. Date parte del crédito a ti mismo. Acompáñame, es hora de que te diga que es lo harás exactamente– dijo la oficial antes de retirarse.

Jen se sintió satisfecha con el resultado, aunque una parte de ella resintió el haber perdido. Apartó ese sentimiento y llevó a Scott a su oficina. Allí le explicó los detalles de la operación. Luego le reveló que el operativo tomaría lugar dentro de dos días, por tanto le aconsejó descansar bien.