Capítulo 13: La batalla en las afueras de ciudad Carmín.

Scott quedó perplejo al oír el grito de Jen, pudo percibir la horrible preocupación que ella denotó en su voz. Aquel grito lleno de dolor se apoderó de su mente. Scott giró su cabeza y contempló a Wheler. Lo miró intentando escapar pero el andamio se vino abajo más rápido de lo que el teniente pudo quitarse. En ese crucial instante, Scott miró la sonrisa de resignación que le dirigió Wheler momentos antes de quedar sepultado. Scott no pudo dar crédito a lo que acababa de ver.

Una parte de él quería acercarse para ayudar al teniente pero otra parte de él permanecía inmóvil, incapaz de creer lo acontecido. Jen al ver esto bajó corriendo para intentar asistir a Wheler. El sonido de las pisadas de Jen hizo reaccionar a Scott, lo sacó del estado de conmoción en el que se encontraba. Se acercó a Wheler y se apresuró a quitar los escombros. Al remover un pedazo de metal desenterró la mano del teniente. Su mano estaba cerrada en forma de puño, aferrada a un objeto que Scott no pudo reconocer. Poco después vislumbró el cuerpo del teniente, se encontraba tirado boca arriba. Un enorme tubo de metal aprisionaba su cuerpo de pies a cabeza. La presión que el tubo ejercía sobre su pecho le impedía respirar. Scott intentó retirar el largo y pesado tubo del cuerpo del teniente pero no tuvo éxito. Sus dedos no tenían un punto de apoyo. Desesperado, sacó a sus pokémon y les ordenó ayudarlo. Entre los tres lograron un progreso pero no el suficiente como para levantar el tubo por completo. Al cuarto intento, le pareció escuchar la voz de Wheler. Sonaba débil y exhausta.

–Ya e-s tarde, cuí-dalo… –

Scott miró la mano del teniente. Wheler abrió su mano, una pokebola se deslizó desde su palma. Cayó directamente al piso y rodó por el suelo un par de centímetros hasta detenerse. En ese momento llegó Jen. Entre los dos removieron el tubo, desafortunadamente ya era demasiado tarde, Wheler ya no tenía pulso. Scott sintió un amargo sentimiento que le hizo darse cuenta de lo frágil que era la vida, él ya había experimentado esa sensación de vacío antes. Le quedó claro que era más doloroso ver morir a alguien que sentir la muerte en carne propia. Una parte de él, que desconocía hasta ese momento, emergió desde su interior. Se llevó consigo todas las dudas y miedos que tenía. En su lugar dejó una poderosa sensación de fuerza interna.

–Cuidaré bien de él, se lo aseguro– dijo Scott en voz baja segundos antes de contemplar a su alrededor.

La mayoría de los Rocket ya estaban esposados boca abajo contra el suelo, pero unos pocos aún seguían de pie. El oficial de gafas estaba metido en una batalla pokémon enfrentando al Primeape, parecía demasiado ocupado como para prestar atención a su entorno. Su compañero, el oficial de complexión robusta al que le gustaba fumar, acababa de terminar de esposar al jefe cuando miró a Scott y por el semblante que vio en él se percató de que algo terrible había sucedido. El jefe aprovechó la distracción e hizo gala de sus músculos quitándose de encima al oficial que lo custodiaba. A pesar de estar esposado, se las ingenió para empujar al oficial a un costado suyo, incapacitándolo. Junto a su guardaespaldas, corrió a toda prisa hacia la parte trasera de la fábrica. El Arcanine de Jen cayó como fiera sobre la espalda del guardaespaldas, impidiéndole escapar.

Jen miró a Scott y lo que él vio en ellos fue el auténtico reflejo de un profundo dolor. Una parte de él compartió el mismo sentimiento. Scott no llevaba tanto tiempo de conocer a Wheler como Jen, pero sí el suficiente para sentir la pérdida de un gran amigo y mentor. Tal vez por eso pudo saber que por dentro Jen estaba devastada. No se dejó engañar por su semblante serio. La cara de Jen no lo mostraba pero a él le quedó claro, la mujer que estaba frente a sus ojos deseaba justicia. Ahora más que nunca ella quería atrapar al responsable pero su deber era quedarse y asegurar que los demás detenidos permanecieran bajo custodia.

–Ve por el Scott… – dijo momentos antes de quedarse callada. Agachó la cabeza y culminó su frase.

–…no dejes que se escape– dijo con un tono de voz apenas audible.

Scott tomó la pokebola que Wheler le había entregado y la guardó en su bolsillo. Con paso firme salió apresurado detrás del jefe. Siguió las marcas de suela dejadas en el lodo hasta que le fue imposible seguirlas, el rastro desapareció. El terreno era demasiado grande como para ponerse a buscar exhaustivamente. En lugar de empezar a buscar como loco, Scott se frenó y se detuvo a pensar. No fue fácil, se dio cuenta de que su mente estaba atiborrada de emociones, lo cual le dificultaba pensar claramente. Aún sentía los estragos de la descarga de adrenalina. Su corazón estaba muy acelerado al igual que su respiración. Jadeaba constantemente como consecuencia por haber corrido tanto. Sin embargo, las energías que sentía lo obligaron a querer seguirse moviendo. Scott forcejeó internamente por combatir esta imperiosa necesidad, cerró sus ojos y se concentró en el silencio su alrededor. Entonces un pensamiento lúcido atravesó su mente, se le ocurrió que si ya no había huellas eso podía indicar que su objetivo estaba cerca.

A unos cuantos metros de frente, vio al jefe intentando escapar. Iba de espaldas en dirección hacia el muelle de ciudad Carmín.

–¡Detente ahí!– gritó Scott.

El jefe volteó y miró a Scott pero apresuró el paso.

–Ve Hope, detenlo– dijo Scott al sacar a Pikachu de su pokebola.

Hope corrió detrás del jefe y se preparó para atacarlo. El jefe miró de frente, observó impaciente el largo trecho que aún debía recorrer para llegar al muelle de Ciudad Carmín. Fastidiado, supo que tendría que deshacerse de su perseguidor, no podría escapar con alguien siguiéndolo tan de cerca. Se dio la vuelta y al ver al Pikachu aproximándose no tuvo más remedio que sacar a uno de sus pokémon para defenderse.

–Si un combate es lo que quieres, un combate es lo que tendrás– mencionó.

–¡Ve Golbat! Usa bomba de lodo– agregó.

Golbat se elevó en el aire batiendo sus alargadas alas. Fijó su vista en Pikachu y descendió en picada. Poco antes de llegar al suelo revoloteó cerca de su objetivo. De su boca salieron disparadas una ráfaga de esferas moradas, similares en velocidad a las de un proyectil, que impidieron a Pikachu atacar directamente al jefe. Pikachu esquivó las primeras tres esferas zigzagueando pero la cuarta lo alcanzó, el impacto lo obligó a detenerse. Recibió de lleno el resto de las esferas de Golbat.

–Hope, disminuye su velocidad. Atácalo con onda trueno– ordenó Scott.

Pikachu se recuperó del golpe, corrió hacia Golbat y aprovechó la velocidad que adquirió para dar un gran salto que lo suspendió en el aire. En esa fracción de segundo liberó su ataque. Una descarga eléctrica se dirigió hacia Golbat pero éste reaccionó elevándose en el aire. La descarga perdió fuerza conforme Golbat continuaba alejándose hasta el punto en que el ataque falló.

–Bien Golbat– felicitó el jefe. –Ahora usa tu doble equipo–

Golbat se desplazó de un lado a otro a gran velocidad, ésta fue tal, que ante los ojos de Scott pareció como si Golbat se hubiera multiplicado creando varios clones.

Scott, en ese momento, deseó haberle enseñado a su pokémon algún otro ataque que le pudiera haber servido bajo esas circunstancias pero ese no era el caso. Supo que tendría que encontrar la forma de arreglárselas con los cuatro ataques que Hope poseía.

Su estrategia era simple, quería paralizar a Golbat para reducir su velocidad y así obligarlo a fallar posibles ataques que le dieran la ventaja a Pikachu. El problema en esta estrategia surgió al ver la velocidad y la evasión de Golbat, que eran superiores a los de Hope. Con esto en mente Scott supo que no le serviría usar el ataque más poderoso de Hope ya que Golbat tendría más probabilidades de esquivarlo y al mismo tiempo, terminaría desgastando inútilmente la energía de su pokémon. Si quería ganar debía ser paciente y esperar a la oportunidad perfecta.

Una gota de lluvia cayó sobre su rostro, fue entonces que miró al cielo y se percató de que las nubes se estaban aglomerando. Pronto comenzaría a llover, una situación que claramente lo beneficiaría; el movimiento de trueno ya no fallaría pero aún debía esperar. En ese instante un fuerte viento sopló haciendo resonar el metal de los montículos que rodeaban al complejo.

–Hope, prueba con atactrueno– indicó.

Pikachu reunió la energía en sus pequeñas mejillas rojas. Momentos después, liberó el ataque que Scott le pidió. La descarga eléctrica salió disparada desde su cuerpo directamente hacia Golbat, que resistió bastante bien a pesar de la desventaja que poseía ante los ataques tipo eléctrico.

Scott, al verlo, entendió que el nivel de Golbat era mayor; por ende los ataques de Hope no causaban el daño óptimo. Contempló la distancia entre ambos pokémon y entendió que ésta también desempeñaba un rol importante, mientras el Golbat mantuviera mayor distancia con respecto a Hope los ataques llegarían con menor potencia.

–¡Chupavidas Golbat!– indicó el jefe.

Golbat descendió velozmente cambiando constantemente de dirección para evitar así ser atacado. Se aproximó a Pikachu y abrió peligrosamente sus fauces.

–Es tu oportunidad Hope, usa descarga–

La músculos de Pikachu se contrajeron conforme la electricidad recorría su cuerpo. Sin embargo, Golbat logró llegar antes de que Pikachu estuviera listo. Atacándolo por la espalda, lo mordió a la altura del lomo. Pikachu liberó un sonoro gemido y acto seguido atacó. Golbat retrocedió herido, se alejó cuanto pudo de Pikachu, pero no sin antes haber recuperado parte de sus energías.

Varias gotas de lluvia comenzaron a caer sobre el campo de batalla. Una ligera llovizna se hizo presente acompañada de una suave brisa que movió el aterciopelado pelaje de Hope.

–Tu estrategia fue buena pero ya dejó de ser útil– mencionó Scott.

–Hope derríbalo, usa trueno– ordenó.

En cuanto Scott pronunció aquellas palabras el jefe entendió que su Golbat estaba en problemas. Las gotas de lluvia que caían sobre sus cabezas aumentaban la peligrosidad de los ataques eléctricos. La velocidad y la evasión de Golbat no servirían de nada contra un cielo nublado que ahora favorecía al adversario.

Hope se llenó de estática, cerró sus ojos y se preparó para el ataque. Inclinó su cabeza hacia delante y disparó una ráfaga eléctrica directamente hacia el cielo. La energía subió atravesando las nubes, momentáneamente dio la impresión de haberse disipado. Segundos después cayó sobre Golbat.

El jefe al observar el ataque tomó la pokebola de Golbat e intentó regresar a su pokémon pero se detuvo. El trueno impactó de lleno contra Golbat pero no lo desmayó. Golbat lucía cansado, estaba débil pero aún no lo suficiente como para desmayarse.

–Golbat, usa tu corte aéreo y acábalo–

Golbat descendió veloz en dirección a Pikachu, voló sobre su cabeza y, con ambas alas, generó una fuerte corriente de aire que mandó a Hope al suelo. Pikachu intentó resistirla pero la corriente fue más fuerte y terminó causando estragos.

–¡Remátalo con chupavidas Golbat!– exclamó el jefe.

–Intentémoslo una vez más Hope, utiliza trueno– ordenó Scott.

Golbat voló peligrosamente cerca de su objetivo, intentó atacarlo de la misma forma en que lo había hecho anteriormente, por la espalda. Pikachu lo anticipó y volteó hacia su contrincante. Los colmillos de Golbat se clavaron levemente sobre el pecho de Pikachu, al sentirlo, Hope lo abrazó con fuerza. Se aferró a una de las alas de Golbat y mientras le impedía alejarse liberó su ataque; esta vez, en lugar de lanzarlo al cielo, lo lanzó directamente sobre el oponente. Golbat al recibir el ataque a tan corta distancia cayó derrotado.

Al jefe no le pareció lo que vio, frunció el ceño y regresó a su pokémon.

–Tuviste suerte, pero pronto se terminará… – indicó enardecido.

–¿Suerte? Dices. Veamos si opinas lo mismo después de que te derrote– mencionó Scott.

El jefe sacó su segunda pokebola, la arrojó.

–Sal Muk, usa triturar–

–Onda trueno Hope–

Pikachu se apresuró, se acercó a Muk. Lo rodeó al verlo estirar su fangosa mano, la cual se elevó por sobre su cabeza. El tamaño de su mano creció al doble del de su cuerpo, tras un movimiento rápido, la descendió triturando todo lo que se encontrara debajo. Pikachu lo esquivó y esperó hasta que su enorme mano tocó el suelo para atacarlo. La corriente eléctrica que Pikachu descargó paralizó a Muk.

–Muk, utiliza lanza mugre–

–Hope, usa otro trueno–

Pikachu empezaba a denotar fatiga, la manera torpe de moverse le hizo darse cuenta a Scott de que Hope estaba llegando a su límite. Muk sumergió sus manos en el lodo, sin embargo debido a su parálisis, no pudo culminar el ataque. Pikachu aprovechó la falla para reunir la energía necesaria para usar su movimiento. Le tomó más tiempo del usual pero liberó un poderoso trueno que hizo gemir a Muk.

–¡Pokémon inútil! ¡Deja de quejarte y usa onda tóxica!– exclamó impaciente el jefe.

–Hope, impactrueno–

Pikachu hizo lo que Scott le indicó. Soltó un impactrueno que alcanzó a Muk. Al sentirlo, Muk cerró sus ojos y abrió su boca. Una hedionda nube morada emanó de ésta tomando por sorpresa a Pikachu, que no pudo hacer nada para esquivar el ataque. La nube desapareció disipándose en el aire segundos después de haber alcanzado a Pikachu.

–Muk derrótalo de una buena vez, usa gas venenoso–

Muk abrió nuevamente su boca e inhaló el aire a su alrededor, su tamaño se incrementó al contener el aire dentro de su boca. Scott sospechó que aquello no era una buena señal, si no tenía cuidado Pikachu podía terminar envenenado. Regresó a Hope a su pokebola antes de que Muk terminara su ataque.

–¡Ve, Bel!– exclamó al arrojar la pokebola.

Tan pronto como Beldum salió, Muk abrió su boca liberando un extenso gas color morado que dificultó por pocos segundos la visibilidad de Beldum. El gas no tuvo ningún efecto sobre su nuevo adversario.

–Bel, derribo– ordenó Scott.

–Muk usa triturar–

Muk elevó su mano en el aire y ésta comenzó a aumentar su tamaño. Beldum al verlo se dirigió hacia Muk y arremetió con fuerza contra él. Uso su cabeza como si fuera un ariete para generar un mayor impacto. La textura fangosa de Muk redujo parte del daño pero no lo eliminó.

–Bel, otra vez derribo–

–Muk repite lanza mugre–

Después de recibir el impacto, Muk bajó su mano con ferocidad sobre su oponente. Beldum, al ser más lento que Hope, quedó atrapado entre la enorme palma de Muk y no pudo hacer nada para evitar el brutal golpe que culminó estampándolo contra el suelo. Muk levantó su mano y fue entonces que Scott vislumbró a Beldum flotando al ras del suelo. Lucía bien pero sin duda el ataque lo había dañado. Muk sumergió ambas manos en el lodo por breves instantes antes de sacarlas, al hacerlo, llevó varios pedazos de lodo directamente hacia su cuerpo. El fango de su superficie cubrió el lodo dándole la tonalidad característica de los ataques tipo veneno. Se acercó a Beldum y le arrojó con gran fuerza los pedazos recubiertos por el fango.

La compleja aleación de acero de Beldum no sólo lo protegió del daño, sino que también representó una ventaja que Scott podría aprovechar en contra de Muk. Beldum no desaprovechó la corta distancia que tenía con respecto a Muk, volvió arremeter con fuerza contra él. Esta vez, su dura cabeza penetró entre la fangosa textura de Muk tumbándolo. Muk liberó otro largo gemido antes de irse de espaldas contra el suelo.

–¡Maldición! ¡¿De qué me sirves si tus ataques no pueden contra él?! – exclamó el jefe molesto al percatarse de que los ataques tipo veneno no surtían efecto alguno ante los tipo acero.

–Usa triturar– ordenó.

–Bel, repite derribo– indicó Scott.

Muk intentó atacar pero su parálisis se lo impidió, una fuerte corriente eléctrica recorrió su cuerpo restringiendo su movimiento. Scott al ver a Muk, se percató de lo lento de sus movimientos; denotaba a leguas lo exhausto que se estaba sintiendo. Beldum arremetió por tercera vez a su adversario con el único ataque que sabía. El golpe de Beldum le dio en la cara a Muk mandándolo al suelo por segunda vez consecutiva pero esta vez Muk ya no pudo levantarse.

Bel comenzó a brillar, un aura blanca se apoderó de él. Cegó temporalmente tanto a Scott como al jefe. Duró poco y tan pronto como la luz se disipó Scott contempló como su Beldum había cambiado físicamente su forma, ahora era testigo de cómo un pokémon evolucionaba. Contempló orgulloso como Beldum se había transformado en un Metang. En ese momento deseó no haber dejado su mochila en la cajuela de la patrulla, sabía que cuando un pokémon evolucionaba aprendía nuevos ataques pero desafortunadamente para él, sin la pokedex que le había otorgado su padre, no sería capaz de saber cuáles eran los ataques que su pokémon acababa de adquirir.

El jefe regresó a su segundo pokémon, decido en no perder, mandó al tercero.

–Ve Venusaur –

Un enorme pokémon salió de la pokebola que el jefe arrojó, Scott se asombró al ver lo grande y lo pesado que lucía aquel pokémon.

–Danza de pétalos, Venusaur –

–Bel, utiliza derribo–

Venusaur agachó su cabeza, arqueando su lomo, apuntó la enorme flor, ubicada en su espalda, en dirección a Metang. La flor, de color rosa, comenzó a brillar. Se abrió ligeramente dejando brotar pequeños pétalos de diferentes colores que terminaron siendo arrastrados por el viento. Metang colocó sus brazos frente a él en forma de escudo y se preparó para atacarlo. El brillo de la flor en la espalda de Venusaur aumentó y, mucho antes de que Metang pudiera acercarse, el brillo culminó con un fuerte haz de luz que salió dirigido directamente hacia Metang. Una cantidad inmensa de pétalos salieron disparados junto al haz de luz generando un remolino alrededor de Metang, en el que cada pétalo golpeó su cuerpo a gran velocidad. Metang, tan pronto el remolino perdió su fuerza, se aproximó a Venusaur para embestirlo. El golpe hizo gemir a Venusaur pero éste reaccionó encerrando a Metang en otra danza de pétalos. Los cuales, dada su velocidad dentro del remolino, parecían hojas de navaja afiladas que a duras penas lograban arañar el plateado recubrimiento de Metang.

– Venusaur, usa tacleada–

–Continúa usando derribo Bel–

Venusaur intentó embestir a Metang pero parecía confundido, Scott comprendió que aquel debía ser un efecto secundario, ya que Venusaur terminó estampando su dura cabeza contra el suelo, lo cual lo lastimó. Bel se acercó por un costado de Venusaur, lo atacó a la altura de las costillas. Bel resintió parte del golpe y también tomó una pequeña porción del daño. Scott sabía que el movimiento de derribo devolvía siempre una pequeña porción de daño de vuelta al pokémon que usaba ese movimiento, pero de momento, no tenía otra opción. Ignoraba por completo los ataques que su pokémon, por haber evolucionado, ya era capaz de realizar.

–Enséñale como golpear Venusaur, usa doble poder–

–Bel, repite derribo–

Venusaur aún parecía confundido pero acertó su golpe. Movió su pesado cuerpo en dirección a Metang y le propinó un tremendo empujón que, si Metang no hubiera sido del tipo acero, Scott estaría seguro que su pokémon no hubiera resistido. El impacto no sólo hizo resonar el recubrimiento de acero en el cuerpo de Metang, sino que también ayudó a Venusaur a restablecer una distancia segura. A pesar de haber resistido aquel golpe, Bel no lucía bien.

–¡ Venusaur termínalo con hojas navaja!– exclamó triunfante el jefe al ver el estado en el que Metang se encontraba.

Scott al escuchar aquellas palabras intentó retirar a Bel del combate pero las hojas navaja alcanzaron su objetivo mucho antes de que Scott pudiera retirarlo. Para su sorpresa, Metang resistió las hojas navaja antes de ser regresado a su respectiva pokebola.

Scott se sintió presionado al saber que ya no podría contar con Bel, si lo sacaba nuevamente y recibía otro golpe, lo más seguro era que sin importar la fuerza del ataque Bel ya no lo resistiría. Tomando esta situación en cuenta Scott optó por volver a utilizar a Hope, una parte él sabía que le estaba pidiendo demasiado a su pokémon, pero otra parte de él conocía a su pokémon. Su Pikachu aún podía dar un poco más.

–Ve Hope– pronunció Scott.

–Doble poder Venusaur – ordenó el jefe.

–Hope, ataca con un impactureno–

Hope estaba débil, Scott lo podía percibir. No obstante, Pikachu hizo lo que él le pidió. Se sobrepuso al desgaste y logró sacar una descarga que hizo estremecer a Venusaur. Venusaur, al sentirla, liberó un sonoro rugido de enojo y se dirigió hacia Pikachu. Hope intentó esquivarlo pero el cansancio que sintió le impidió quitarse a tiempo. Hope salió proyectado contra el suelo a una velocidad increíble que lo hizo rodar varias veces antes de que Scott lo detuviera. Scott lo tomó entre sus brazos y se disculpó por haberlo arriesgado de aquella manera. Lo regresó a su pokebola y tomó entonces la pokebola que Wheler le había dado.

« Lamento tener que llegar a esto, pero ahora representas mi única opción » pensó al verla.

–Sal– mencionó Scott al lanzarla.

Un enorme pokémon, similar en altura a Venusaur, aproximadamente de dos metros de alto; pero mucho más pesado, apareció frente a Scott. Su forma en general era similar a la de una tortuga y tenía un pequeño árbol ubicado en la parte posterior de su caparazón.

–Un Torterra… ya veo, con que ése era tu último pokémon. Sé de alguien a quien le interesaría tener uno, en cuanto te derrote tu pokémon vendrá conmigo– dijo el jefe mirando con especial interés al Torterra.

Gracias al jefe Scott ahora conocía el nombre del pokémon que estaba frente a él. Le pareció extraño que Wheler jamás lo hubiera usado durante el entrenamiento. Hasta donde Scott sabía, Wheler poseía dos pokémon y no tres. Le causaba curiosidad saber más sobre aquel pokémon. Sin embargo, sería algo que tendría que dejar para después, de momento debía concentrarse en el combate.

Por los colores verdes de Torterra, y por el pequeño árbol que cargaba en el caparazón de su espalda, Scott se imaginó que debía ser un tipo planta. Nuevamente se enfrentaba a un problema similar que al de su Metang. Desconocía los ataques que sabía el Torterra de Wheler, la pokedex sin duda le pudo haber ayudado en aquel momento. Scott aprendió la lección, decidió que no volvería a dejar algo tan importante olvidado dentro de su mochila.

–Torterra, usa tacleada– ordenó Scott pero inmediatamente se percató de que algo no estaba bien.