.

Apenas se había cambiado por su camisón de la pijama, después de despedirse de Yashiro. Lo había comprado exclusivamente para Shoda hacía unos cuantos meses, antes de que él se fuera de Londres y ahora... Se vio en un espejo, y suspiró. Si no lo iba a utilizar para conquistarlo, lo haría para hacerse sentir mejor ella misma. Todo se había vuelto un desastre después de la cena de su compromiso. Ahora Yashiro y ella estaban comprometidos oficialmente y de verdad. ¿Por qué se le tuvo que ocurrir pedirle ayuda a él? Una lágrima rodó por su mejilla y ella se la quitó furiosa con el dorso de la mano.

No solo había terminado todo con Shoda sino que también, para acabarle de rematar, había destrozado la única relación de su amigo. La reacción de Kyoko la había hecho creer que ella sentía algo más por Yashiro que lo que dejaba ver a los demás. Pero aun así, lo había alejado no solo de ella sino también del niño, a quien Yashiro amaba con toda su alma. Él le había dicho que las razones de Kyoko para que no lo viera eran porque el niño estaba muy enojado por su compromiso y le costaba mucho entender, y que tal vez la distancia y el tiempo lograran hacerlo comprender, pero ella creía que Kyoko también se estaba protegiendo después de haber perdido a su esposo, y en cierta manera la comprendía, pero aun así no podía perdonarle que lastimara de esa manera a Yashiro.

Los golpes en su puerta se hacían cada vez más fuertes e insistentes, logrando sacarla de su ensimismamiento. Se puso una bata de seda sobre el camisón y se dirigió a la puerta y vio por la mirilla a quien estaba del otro lado. Incrédula, la abrió.

—¿Qué haces aquí? Creí que ya te habías ido a Londres.

Él entró antes de responderle. La tomó de los hombros y la empujó para terminar de pasar sin soltarla. Con el pie cerró la puerta.

—No voy a permitir que hagas esto, ¿entiendes? —ella se soltó de su agarre y dio unos pasos para atrás para poder verlo a los ojos. Nunca lo había visto así de furioso.

—¿Esto? ¿Qué es esto? No sé a qué te refieres y por favor, vete porque no me gustaría que los vecinos le fueran con el chisme a mi prometido que otro hombre entra a mi casa después de que él se ha ido —se movió en dirección de la salida para abrirla y él se giró y en solo dos pasos estuvo tras ella con una mano en la puerta, muy cerca de su cabeza, impidiéndole abrirla.

—No. No me iré. Y me importa un bledo tu prometido —ella reaccionó con todo el dolor que tenía guardado por su indiferencia durante tanto tiempo y se volteó para verlo frente a frente.

—¿Qué es lo que quieres? ¿Es que ahora que hay otra persona interesada en mí es cuando te das cuenta de mi existencia? No soy un juguete al que puedas arrojar al closet cuando te aburres de él —él ignoró sus preguntas, la mano que tenía libre se la pasó por la cintura aflojándole el nudo de la bata. Subiéndola lentamente hasta llegar a la suave redondez.

—Dime, cuando él te toca, ¿sientes lo mismo que conmigo? ¿Te estremeces así? —Su mano iba ascendiendo hasta arrancarle a ella un gemido—. No creo que tu prometido te haga gemir como yo con tan solo un roce, una caricia y te estás derritiendo —si tan solo él supiera que Yashiro nunca la había tocado como él. La recargó en la puerta, apretándola contra su cuerpo y la besó. Con toda la furia que sentía, la rabia impuesta en ese beso—. No dejaré que te cases con él, tú eres mía, solo mía y no me gusta compartirte. Dilo.

La pasión frenética producida por la rabia, recién descubierta, la tenía obnubilada. Al no responder, él insistió.

—Dilo.

—¿Qué quieres que diga? —preguntó confusa, sus manos estaban haciendo magia en su cuerpo.

—Dime si a él le has entregado lo que a mí me has negado —sus ojos se abrieron y lo empujó tan fuerte como pudo.

—¿Qué? ¿De eso se trata todo esto? ¿De simple orgullo masculino? —Las lágrimas por tanto tiempo retenidas empezaron a salir sin que ella pudiera hacer nada—. Durante meses me has ignorado, me has hecho sentir menos que nada, cuando incluso me puse esa ropa para seducirte, ¿tú qué hiciste? ¿Eh? Me dejaste ahí sintiéndome sucia, peor que una mujerzuela. ¿Acaso creías que me iba a quedar ahí hasta que me convirtiera en un felpudo? Me vine a Japón para regresar a mi casa, y es aquí donde un buen hombre, un hombre honrado y maravilloso, me hace sentirme nuevamente yo y sexy... —Él no soportó verla triste, ver sus lágrimas rodar libres por su mejillas era algo más de lo que podía aguantar, así que se acercó a ella y la abrazó, besó su cara y con sus labios secó todas y cada una de las pruebas de su tristeza. La tomó en sus brazos y se fue a sentar con ella al sofá, la acomodó sobre sus piernas y sin soltarla empezó a hablar.

—Perdóname, por favor, perdóname. Esa noche, esa maldita noche donde lo eché todo a perder, te deseaba tanto, pero yo sabía que querías una boda y yo no podía pedirte matrimonio en ese momento. Verás, me ofrecieron trabajo en EUA. Esa noche te lo iba a decir. Tendríamos que estar separados unos meses para poder asentarme allá y pedir el permiso para que tú también te fueras, pero verte así me volvió loco. Me di cuenta de que no podía hacerte el amor esa noche y luego decirte adiós. Así que tomé la salida fácil y huí como un cobarde. No sabes cuánto me he arrepentido. Te amo, por favor, créeme. Perdóname. No quiero ni puedo perderte.

Ella veía el arrepentimiento en sus ojos, lo abrazó empezó a hablar.

—Shoda, yo... Tengo algo que confesarte —él le puso dos dedos en sus labios y negó con la cabeza.

—Yo... —su cara enrojeció y no supo cómo seguir hablando, pero al verla a los ojos decidió que no habría más mentiras entre ellos—. Yo fui a ver a Takarada-san para entender qué había sucedido ese día en la cena. Para saber por qué me habían invitado al compromiso. Takarada-san es un hombre muy suspicaz, si así se puede decir, antes de responderme me preguntó por qué me interesaba en ti, por qué quería saber lo de tu compromiso, cuando me terminó de confesar, me contó la verdad. No supe ni cómo comportarme, es decir, casi me hizo sentirme como un vil insecto que no merecía tu perdón. Tener que llegar a esos extremos para hacerme ver la realidad. Fui un completo imbécil, ¿verdad?

Ella iba a responder que solo un poco, o tal vez más que un poco, pero aun así lo amaba. Pero él la calló con una sonrisa.

—No, no contestes... Sé que lo fui. Ese hombre desnuda tus sentimientos con la mirada. Él sabía antes de que yo se lo dijera que te amo.

Las palabras flotaban dentro de su cabeza, él seguía acariciándola y eso le impedía pensar con claridad. Pero tenía que saber.

—¿Por qué si ya conocías que el compromiso entre Yuto y yo no era verdad, viniste hasta acá tan enfadado?

Shoda le colocó un mechón de cabello que se le había soltado tras su oreja, con mucha delicadeza.

—Porque estaba enfadado contigo por hacer esta farsa, pero principalmente conmigo mismo, por hacerte ir hasta este extremo para hacerme reaccionar y no solo decirte que te amo, sino lograr que me creas. Estaba furioso y celoso.

—¿Celoso? ¿De Yuto y de mí? ¿Por qué? —ella le acariciaba el cabello despeinado. Algo que le sorprendió. Él siempre lucía impecable pero ahora, su cabello lucía como si se hubiera pasado la mano por él mil veces. Se lo acomodó o por lo menos lo intentó.

—Porque siempre hablabas de él, con admiración. Nunca te vi una expresión como esa cuando hablabas de mí como lo hacías cuando hablabas de él. Soy un hombre y a los hombres no nos gusta que nuestra mujer hable de otro y menos enfrente de uno.

Ella sonrió y lo besó.

—Tonto, Yuto es como un hermano para mí. Siempre he podido confiar y contar con él. Por eso fue la opción más lógica. No tienes porqué encelarte, él ama a otra mujer. Y ahora creo que lo he echado a perder. Yuto se va en unos días a Londres. No sé cómo arreglarlo. Me siento muy mal por ellos.

—Lo sé. Takarada-san me lo dijo. Por eso vine a esta hora. Sabiendo que Yashiro-san no era tu prometido, podía yo comprometerte conmigo.

—¿Comprometerme contigo?

—Tú, mi querida Miyuki, no saldrás de este apartamento si no es para ir al registro civil mañana por la mañana, conmigo —enfatizó.

—¿Casarnos? —él sonrió y la besó.

—Sí, hablé con mi jefe y me dijo que solo casados podría yo llevarte conmigo a EUA sin necesidad de esperar por un permiso.

Al día siguiente Miyuki estaba ante el registro civil con Yashiro a su lado. Ella sonreía y se veía radiante. Shoda llegó y aunque no le hizo mucha gracia encontrar al antiguo falso prometido de su novia ahí, se relajó en el momento que Yashiro le tendió la mano con una sonrisa.

—Me alegro que ustedes hayan logrado resolver las cosas y será un honor para mí ser testigo en su boda.

—Gracias.

Unos días después la pareja se encuentra frente a la puerta de la residencia Hizuri. Al abrir la puerta, Kyoko se encuentra con la prometida de Yashiro tomada de la mano de otro hombre.

—Buenos días, Hizuri-san, hemos venido a hablar con usted acerca de Yukihito, ¿podemos pasar un momento?