Capítulo 14: Rumbo a un nuevo comienzo.
–Tú también Venusaur, utiliza tacleada– indicó el jefe.
Torterra ignoró las órdenes de Scott por completo y no hizo nada. La leve llovizna que caía comenzó a intensificarse. El viento de fondo resopló incrementando su fuerza cobrando mucha mayor potencia. Las gotas de lluvia comenzaron a caer en mayor cantidad reblandeciendo el suelo. Venusaur se acercó corriendo y tacleó a Torterra, sus pesadas patas se hundieron en el lodo restándole velocidad.
– Venusaur usa doble poder–
–Torterra, usa hojas navaja– dijo Scott asumiendo que aquel debía ser un ataque básico en los tipo planta.
Al escuchar las palabras del jefe Scott supo que Venusaur ya no resistiría por mucho más tiempo el continuo uso de aquel ataque. Poco a poco, al igual que el derribo de su Metang, el daño que causaba el ataque de doble poder hacía que el pokémon que lo usara sufriera parte del daño.
Venusaur uso el peso completo de su cuerpo para lograr mayor momentum y hacer retroceder a Torterra, quien gimió en señal de haber sido lastimado. Después de recibir el golpe en lugar de obedecer a Scott uso síntesis para curar parte del daño recibido. Por breves segundos, Torterra giró su cabeza y Scott pudo ver su enorme ojo. ¿Qué había en aquella mirada? se preguntó. Algo en ella se asemejaba a la de su padre. En ese momento sintió un profundo respeto al darse cuenta de que los pokémon, a pesar de que su nivel de razonamiento no se comparaba con el del ser humano, al igual que él tenían toda una historia que contar dentro de ellos. Poseían un alma, sentían, se alegraban, gozaban y que se entristecían al igual que cualquier ser humano. Al percatarse de esto le quedó en claro la similitud. Aquella pupila llena de cansancio no sólo reflejaba el daño sufrido en batalla, sino aquel generado por el pasar de los años; el de una larga y duradera existencia. Toda una vida pasaba frente a él, Scott no podía ver aquellos recuerdos pero sabía que estaban allí. Que aún permanecían lúcidos en la mente de Torterra. Lo entristeció el hecho de saber que el hombre con el que probablemente aquel pokémon había compartido la mayoría de ellos ya no estaba, pero encontró consuelo en saber que unos nuevos podrían ser generados.
–Sé que no confías en mi Torterra, tú no tuviste poder de decisión en lo que pasó. No te pido que deposites plenamente tu confianza en mí, únicamente te pido que me brindes la oportunidad para poder probarte que vale la pena trabajar en equipo. Wheler enfatizó la importancia de esto y tenía razón. Yo no lo conocí tanto como tú o como la oficial Jen. Es ahora que me doy cuenta de una verdad a la que había sido ciego desde que era pequeño. Si he aprendido algo de las batallas pokémon es que no son justas, los humanos sólo podemos guiar a nuestros compañeros en base al conocimiento que poseemos, pero ustedes en cambio son quienes realmente sufren los estragos. La naturaleza egoísta del ser humano es lo que nos ha orillado hasta este punto. Me pregunto qué es lo que harían los pokémon si fueran totalmente libres. No sé si las enseñanzas de la liga eran correctas o no, pero considero que eran acertadas. Es por eso que, si me lo permites, la promesa que te hago es que cuidaré de ti lo mejor que pueda. Buscaré la forma de cambiar las cosas, si no puedo balancearlas al menos trataré de hacerlas lo menos injustas posible. Otórgame esa posibilidad de probarme ante ti, si no me consideras digno, ó si en algún momento tú no estás de acuerdo conmigo, ni con mis decisiones, podrás marcharte–
El jefe al escuchar las palabras de Scott comenzó a reír, tomó a Scott por loco por hablarle a su pokémon, sin embargo, Torterra, asintió su cabeza en señal de haber comprendido lo que Scott le había dicho. En ese momento Torterra dirigió su vista hacia Venusaur, Scott supo que Torterra estaba listo para acatar sus órdenes.
– Venusaur debe estar al borde de la derrota Torterra, termina usando tacleada– indicó Scott.
–Muéstrale quién es más fuerte, ¡Venusaur usa tacleada también!– gritó el jefe.
Ambos pokémon se acercaron a toda velocidad, embistieron con todo lo que tenían a su adversario, colisionaron en un brutal choque de cabeza que los dejo frente a frente. La lluvia que caía sobre ellos parecía no importarles. Se pararon en dos patas y comenzaron un forcejeo de poder a poder. Mutuamente querían hacer retroceder al oponente, intentaban golpearse el uno al otro usando sus enormes cabezas. Tirando feroces patadas con las patas delanteras como apoyo en busca de algún punto que debilitara al rival y les otorgara la ventaja.
Ambos pokémon soportaron múltiples golpes. El sonido de los impactos del forcejeo retumbó como eco en el frío viento que soplaba a su alrededor creando nuevos y estrepitosos sonidos con cada golpe que se daban. Torterra, finalmente, encontró la debilidad que buscaba, una de sus patas delanteras azotó brutalmente contra el pecho de Venusaur. Venusaur resintió el golpe perdiendo el equilibro, retrocedió como pudo antes de volver a caer en sus cuatro patas. Torterra lo culminó, uso su dura y acorazada cabeza, para propinar un tremendo cabezazo sobre Venusaur que lo mandó al suelo. Cayó de lado y no se pudo volver a levantar.
–Regresa Venusaur. ¡Ve Golem!– exclamó nervioso el jefe al sacar a su cuarto pokémon. Entonces tras arrojar la pokebola se dio cuenta de que su mano estaba temblando.
Scott al ver que Golem se parecía a los de tipo roca le ordenó a Torterra usar hojas navaja. El jefe ni siquiera tuvo tiempo de ordenar nada. Se quedó pasmado contemplado cómo aquel ataque derrotó instantáneamente a su pokémon sin que éste pudiera tan siquiera moverse.
Al observar este escenario el jefe enfureció aún más, no podía dar crédito a lo que estaba viendo, ¿cómo era posible que sus pokémon estuvieran cayendo tan fácilmente? Esta pregunta inundó su mente con un sentimiento que hacía años no sentía. Estaba perdiendo, nuevamente estaba siendo opacado por aquella sombra del pasado que lo perseguía y que tanto lo hostigaba. Nuevamente comenzaba a sentirse débil y vulnerable, ¿de qué le servía todo su poder en ese momento?, ¿dónde estaban sus hombres que fielmente lo habían protegido durante tantos años?, ¿Quién era realmente aquel joven que estaba peleando contra él? Una vez más se enfrentaba a aquella desagradable sensación que sólo él podía darse el lujo de proyectar a los demás, pero en esta ocasión no era él quien la manipulaba, sino quien la sentía. Era una víctima más de aquel sentimiento llamado miedo, el cual lo hacía dudar de sus capacidades para sobreponerse a las adversidades que enfrentaba.
Un sonido en el fondo lo asustó, eran ladridos pero no eran ladridos ordinarios, pertenecían al Arcanine de Jen. Aquello significaba que iban por él y que no estaban lejos. Desesperado, sacó a sus dos pokémon restantes y los mandó atacar a la persona responsable de frustrar su escape. Un Aggron y un Claydol salieron respectivamente de las pokebolas e intentaron atacar a Scott pero Torterra intercedió por él recibiendo los ataques en su lugar. El jefe al ver esto, abandonó la pelea, le dio la espalda a sus pokémon y comenzó a correr. Dejo luchando por cuenta propia a sus pokémon mientras él intentaba de nueva cuenta escapar.
Scott al ver la injusta situación en la que se encontraba Torterra estuvo tentado a regresar al pokémon pero Torterra se lo impidió. Esquivó el rayo que emanó de la pokebola y continuó luchando; frenando los ataques de los dos pokémon que iban dirigidos hacia Scott, quien agradeció el gesto de Torterra y fue tras el jefe.
Corrió tan rápido como sus pies se lo permitieron, siguió el rastro del jefe hasta la zona en que terminaba el complejo. El muelle de ciudad Carmín ya no estaba tan lejos, se podía apreciar en el horizonte. La ciudad se veía más cercana, separada únicamente por un simple terreno baldío. Los edificios estaban justo enfrente de éste. Las personas parecían manchones negros debido a la distancia. « ¿A dónde se fue? » se preguntó Scott al darse cuenta de que el jefe ya no esteba.
Un sonido a sus espaldas lo distrajo, no tuvo de tiempo de reaccionar cuando de repente sintió un golpe por la espalda que lo mandó al suelo. Scott a duras penas logró meter las manos pero aquello no impidió que su cara se llevara un buen golpe. Tan pronto como su rostro impactó contra el suelo le entró tierra por los orificios de los ojos, generándole una terrible sensación de irritación. Una increíble fuerza lo tomó por la espalda y lo levantó colocándolo boca arriba. Scott se encontraba desorientado, no podía ver más que una simple silueta a pesar de que el hombre al que perseguía estaba frente a su nariz. Un golpe sobre el rostro lo desorientó aún más, el ardor que lo acompañó fue severo. Aquel no fue más que el primero de varios golpes que comenzó a sentir. Con cada golpe el ardor se hizo más fuerte, Scott intentó defenderse pero la fuerza de su atacante era mayor a la suya. Sintió un ensordecedor zumbido cuando uno de los golpes alcanzó su oído. Scott perdió rápidamente sus fuerzas, una parte de él quería que todo terminara.
Durante todo ese tiempo no pudo dejar de pensar en lo débil que se sentía por no poder defenderse de la fuerza física de su adversario. Pronto dejó de forcejear, los golpes cesaron pero luego sintió las manos de su atacante directamente sobre su cuello, oprimiéndolo. Recordó a Wheler y en la impotencia que experimentó al no poder salvar su vida. Entonces uno de los múltiples pensamientos que pasaban por su cabeza hizo eco dentro de su mente « Si no por mí, lo haré por él. Se lo debo a Wheler y al equipo »
Aquel sentimiento desconocido, que se había llevado sus dudas y miedos, regresó a él. Aquella fuerza interna lo revitalizó, lo obligó a no rendirse y a querer seguir luchando. Scott apretó sus puños, golpeó con fuerza el rostro de su atacante un par de veces pero sólo logró ladear su cabeza. Scott dirigió entonces una de sus manos hacia su cintura, sacó la primer pokebola que tocó y la arrojó a su costado. Con voz casi inaudible le ordenó a Bel usar su ataque de derribo en contra de su atacante. Metang envistió con fuerza contra el jefe. El golpe lo apartó del cuello de Scott y lo hizo caer de lado. Scott aprovechó la oportunidad, se rodó, se levantó del suelo y se limpió el rostro. Se quitó la tierra, el polvo y parte de la sangre que brotaba de su nariz y boca con el dorso del brazo. Luego se llevó las manos a su garganta y comenzó a toser. El jefe también se levantó, se dirigió a él con enojo.
–¡Tú lo arruinaste todo!– gritó furioso.
Scott lo miró, la irritación de sus ojos y el zumbido habían desaparecido. Ahora podía verlo claramente de pie bajo la luz de la luna.
–Fuiste un tonto al atacarme. Ya no hay escapatoria, mis pokémon y yo nos aseguraremos de ello. Haré que pagues cada una de las cosas que has hecho– manifestó Scott con una seguridad que hizo titubear al jefe.
En ese momento llegaron corriendo Jen y su Arcanine. Arcanine se abalanzó sobre la espalda del jefe dejándolo boca abajo contra el suelo. Jen se acercó y lo sometió por la fuerza. Colocó todo el peso de su cuerpo sobre su rodilla derecha directamente apoyada sobre la columna vertebral del jefe y con la fuerza que esto generó, lo obligó a doblar sus brazos sobre su espalda lo cual le permitió esposarlo. Hecho esto lo levantó y pidió por radio una patrulla.
Scott regresó a Bel a su pokebola, junto a Jen y al jefe, caminó hacia Ciudad Carmín. Al llegar esperaron a que la patrulla apareciera y tan pronto esto sucedió Jen se dirigió a Scott.
–Bien hecho Nathan– felicitó Jen a la par que introducía al jefe dentro de la patrulla.
–Nathan ¿eh?, si crees que el hecho de usar un nombre tan común en esta ciudad me impedirá buscar represalias estás muy equivocado. Marca mis palabras, no olvidaré tu nombre desgraciado. En cuanto pueda te buscaré ¡¿me oyes?! ¡Le pondré un precio a tu cabeza y haré que el equipo Rocket te cace!– dijo furioso antes de que la puerta de la patrulla se cerrara.
–No le hagas caso, me aseguraré de que eso no suceda– comentó Jen.
El vehículo arrancó y Scott miró a Jen.
–¿Qué hay de los demás miembros?– preguntó.
–Ya nos encargamos de ellos, la cárcel será su destino. Los interrogaremos y veremos qué es lo que saben. La información que nos den nos servirá para llevar a cabo otros operativos que poco a poco pondrán tras las rejas a todos los miembros importantes del equipo Rocket. Sí es verdad que hay varios jefes, daremos con ellos– contestó.
Scott se dio la vuelta dispuesto a regresar por Torterra.
–¿Buscas esto?– preguntó Jen amablemente mientras le entregaba a Scott la pokebola que lo contenía.
–Lo encontré mientras hacía que mi Arcanine siguiera tu rastro– explicó.
–Los otros dos pokémon que estaban peleando contra él serán confiscados y veremos qué hacer con ellos–
Scott tomó la pokebola, que contenía a Torterra, entre sus manos; dudó en aceptarla.
–Si el teniente te la entregó deberías conservarla, es lo que él hubiera querido. Esa pokebola contiene al primer pokémon que obtuvo Wheler en la región de Sinnoh. Su vida allá no fue fácil, su padre lo obligó a ser policía al igual que él. Desde pequeño, Wheler quiso ver y convivir con los pokémon de cerca, soñaba con llegar a entenderlos; esto realmente lo apasionaba. Desafortunadamente su padre no le permitió seguir con su sueño. A pesar de no ser un entrenador, el teniente se las ingenió para conseguir un Turtwig, éste pokémon en particular le gustaba mucho porque le recordaba a las tortugas, de las cuales él tenía varias como mascotas. Cuidó y atesoró a su pokémon a escondidas durante años. Lo entrenó y éste eventualmente respondió a los cuidados que Wheler le brindó evolucionando a Grotle y finalmente a Torterra. Al principio no fue difícil esconderlo, era un pequeño pokémon, pero a medida que fue evolucionando se le hizo imposible el poder seguirlo ocultando.
Cuando su padre se enteró se enojó con Wheler y lo obligó a deshacerse de su pokémon. Wheler no pudo hacerlo y tuvo que dejar encerrado a su pokémon por largos y prolongados periodos de tiempo para hacerle pensar a su padre que le había hecho caso. Esta situación terminó cuando se unió a las fuerzas especiales que requerían de los pokémon para poder llevar a cabo los arrestos. En su unidad tuvo una próspera carrera a lado de su Torterra y eventualmente terminó aceptando una oferta de trabajo aquí en Kanto, donde lo conocí. Durante todo ese tiempo siempre mantuvo a su Torterra cerca de él, lo conservó como un recordatorio de sus orígenes y de aquel sueño que alguna vez tuvo pero que jamás pudo cumplir–
Scott guardó silencio al escuchar la historia de Wheler, su muerte fue una pérdida que le hubiera gustado poder cambiar.
–Si tú te sientes culpable imagina como me siento yo, toda esta operación fue mi decisión. Él era alguien muy especial para mí. Compartíamos tantas cosas en común que ahora que ya no está hacen que me sienta vacía. En mi vida he visto muchas cosas Scott, por ello sé, que si la vida me ha enseñado algo, es que está bien lamentar las pérdidas pero está mal ahogarte en ellas mirando hacia el pasado. Porque te hace perder la perspectiva de tu presente–
Las palabras de Jen le recordaron a Scott la importancia de no dejar que las malas decisiones que uno toma en la vida afecten, de por vida, al presente.
–¿Qué hará si la situación no mejora oficial? Es decir, ¿qué tal que empeora?– manifestó.
–Si mal no recuerdo un niño de ocho años me recordó que vale la pena luchar por lo qué es correcto. No sé si cerrarán el departamento especializado en tácticas pokémon, pero lo que sí sé, es que no puedo vivir con miedo. Pelearé hasta el final, incluso si ese día llega–
Scott no supo como sentirse a ese respecto. La oficial Jen reflejaba esperanza ý eso era bueno pero él no podía dejar de preguntarse en lo que pasaría si la culminación de todos esos esfuerzos resultaran en vano. Tal vez el destino aguardaba una realidad cruel y diferente a la que él tenía en mente.
La oficial, como había prometido, le entregó a Scott un boleto de barco para viajar directamente a la región de Johto. Le dijo que a partir de ahí podría abrirse camino a otras regiones si él así lo deseaba.
–Esta es la despedida, ¿no es verdad?– preguntó Scott.
–Eso me temo, cuídate mucho Scott y buena suerte– dijo Jen despidiéndose.
Scott tomó el boleto que la oficial le extendió y estrechó su mano. Luego le dio la espalda y comenzó a caminar dispuesto a marcharse.
–Dime Scott, ¿aún quieres encontrar a la entrenadora de tu Pikachu? – preguntó la oficial.
Scott se detuvo y volteó para ver nuevamente a Jen.
–Claro que sí, le hice una promesa a Hope y pienso cumplirla– indicó.
–Ya veo, en ese caso tengo una última recompensa para ti, te será de bastante utilidad. Es información, pero antes de decírtela quiero que lo pienses bien. Las respuestas que estás buscando podrían no agradarte–
Scott lo pensó detenidamente pero terminó optando por escuchar la información que la oficial poseía.
–El nombre de la entrenadora a la que estás buscando es Madeline y fue vista por última vez en Johto. Fue reportada como desaparecida hace poco y su paradero actual es desconocido–
Hasta aquí he decidido terminar el fic, aclaro, tendrá continuación y llamaré a la segunda parte Hasta el final de la esperanza (Para que vean que no es cuento y que ya hasta en el título pensé). Prometo firmemente no irme de Hiatus ni descontinuar el fic. Continuaré escribiendo pero dado que ya no tendré tanto tiempo libre, como solía tenerlo, no puedo comprometerme a estar subiendo un nuevo capítulo cada semana. Por esa razón decidí que primero terminaría de escribir el resto de la historia y luego comenzaría a publicarla. No sé cuánto tiempo me tome pero en verdad créanme, planeo terminar esta historia. No puedo dar un lapso de tiempo porque quiero dedicarme a trabajar bien en los detalles. Si alguien está interesado en los avances ó updates los iré poniendo en mi perfil. No me canso de agradecer enormemente el apoyo de Sharoark por estar esperando cada semana pacientemente a que subiera un nuevo capítulo. De verdad te digo esto Sharoark, gracias a ti y a tus comentarios supe que el fic reflejó lo que quería que reflejara. Me ayudaste bastante, de igual manera si fuiste una de las personas que logró llegar hasta este punto te lo agradezco, espero haya sido de tu agrado y que me acompañes en el desenlace de este fic, nos vemos.
